Llorar por tí


8

El salón en la residencia Kuno estaba adornado elegantemente con flores detemporada, el suave acompañamiento de música en vivo deleitaba a los presentes -aunque pocos aún- reuniéndose en grupos según se conocieran o quisiesen entablar vínculos.

El motivo de la reunión se encontraba todavía en su alcoba, terminando los últimos toques de su aspecto. Acicaló las hebras onduladas de su cabello color ébano, retocando también la sombra rosada sobre sus ojos redondos y encantadores. A su espalda, estaba una de sus grandes amigas eligiendo pendientes para ella.

—Estos te quedarán estupendos para hoy —Azusa se acercó con un par de aretes de oro para colocarlos cerca de su oreja—, definitivamente. Me gusta como te quedan.

—Entonces tomaré esos —Kodachi aceptó las prendas para sujetarlas a sus lóbulos. Se sentía realmente animada con esta reunión, era la primera vez en mucho tiempo que varios de sus antiguos amigos venían a verla. Le agradaba bastante la idea de ponerse al día con tantas personas— ¿Tú qué piensas Akane?

La recién nombrada levantó la vista del celular, se encontraba sentada en la cama de Kodachi enviándole mensajes a Ranma, desde que empezaron su relación él siempre se tomaba la molestia de preguntar por su día y aquello le provocaba ternura.

Con cuidado examinó el aspecto de su amiga, pasando por su coleta alta, sus ojos grisáceos y el fabuloso vestido turquesa brillante ceñido a su cuerpo con relieves por debajo de los hombros descubiertos; y sonrió—. ¡Te queda fabuloso! ¿Con qué zapatos vas a combinarlo?

—Pensaba llevarlo con los peep toe blancos.

La de cabello azulado levantó el pulgar con total aprobación—. Se verá estupendo —reiteró comenzando a hacerle fotografías con su celular. Kodachi notó las intenciones iniciando a lanzar besos desde la silla—. Me gusta como te ha quedado el vestido.

—¿Verdad que si? Cuando me lo mostraron en la tienda sentí que era una señal para mi cumpleaños. Además el color está divino.

Las tres amigas continuaron charlando incluso mientras salían de la alcoba. Azusa y Kodachi crecieron en el mismo barrio de Akane -Nerima- y la tres se conocieron gracias a las reuniones de té a las que asistían las mujeres a cargo de ellas, desarrollando una amistad longeva. Además, de alguna manera se involucraban en el ámbito deportivo y las tres brindaban enseñanzas en su rubro.

Azusa era patinadora de hielo profesional. Tenía una pista de patinaje en Shinjuku e impartía clases privadas. Después de ganar una medalla de plata en El Campeonato de los Cuatro Continentes de Patinaje Artístico Sobre Hielo en la categoría de parejas con su compañero Mikado Sanzenin, la promoción le vino sola. Continuó algunos años más en las competiciones, ganando otros premios pero decidió que su verdadera vocación estaba en el puesto de entrenador.

Por su lado, Kodachi era directora de San Baco, una de las escuelas exclusivas para chicas que su padre le delegó. La institución era una academia de élite para la gimnasia artística. La misma mujer era una gimnasta sobresaliente que compitió y ganó diversas competencias nacionales e internacionales desde su niñez. Sumado el respaldo de su padre -el director Kuno- se coronaba como una de las mejores academias del ámbito, tenía miles de alumnas esperando una oportunidad por ingresar.

Y Akane lideraba las academias de Artes Marciales Tendo. Eran un total de cinco escuelas repartidas por todo el país con cupos relativamente limitados. Aunque la demanda no era extraorbitante como el caso de Kodachi, todavía existían numerosos postulantes que nunca dejaban una vacante en las inscripciones. Además una de sus academias estaba implementado modelos educativos para personas con capacidades diferentes. Abarcando un campo poco explorado.

El trío caminó hasta las escaleras antes de que Azusa y Akane se adelantaran. Merodearon alrededor comprobando la asistencia llamando la atención de todos—. Hola, buenas noches ¿Podrían acercarse un poco? —Azusa tomó el liderazgo sosteniendo su celular entre las manos. La concurrencia se percató de ellas comenzando a formar un círculo alrededor del peldaño arranque—. En nombre de la anfitriona, quisiera agradecer a todos por su asistencia en este día tan especial. Hoy, nuestra hermosa Kodachi está de fiesta. Por favor recibámosla con un aplauso.

Dichas estas palabras, ambas chicas señalaron hacia el desembarco de las escaleras, donde estaba de pie saludando con la mano. A pesar de hacer esto todos los años, Kodachi adoraba las presentaciones de sus amigas. Los flashes no tardaron en bañarla desde los periodistas admitidos en la celebración. Sonrió ampliamente descendiendo cada escalón con elegancia.

Kodachi no sólo era directora de San Baco, también tenía un montón de influencia y acciones en diferentes empresas de entretenimiento. Revistas, programas de televisión, blogs, entre otros, eran altamente influenciados por ella y su equipo.

La multitud continuó su ronda de aplausos hasta que ella empezó a saludar de forma individual. Ninguno de sus invitados era un extraño por lo que se tomó la molestia de conversar un poco con cada uno. El grupo fue moviéndose hacia afuera mientras Akane se alejaba un poco, ella no pertenecía a los lugares llenos de cámaras o micrófonos.

Con las manos tras la espalda siguió de lejos al resto, encontrando una silueta familiar en medio de la gente afuera. Sonrió reconociendo ese cabello trenzado sin evitar su sonrisa. Había descubierto lo divertido que podía ser conversar con él. A veces podía hacerla reírse por las diferentes anécdotas de su carrera que empezaba a conocer mejor. Por raro que pareciera, le causó genuina curiosidad su día a día.

Antes, cuando vivían en el mismo vecindario, sabía prácticamente todo de él. En gran medida por la relación preestablecida por sus padres, dándose cuenta del cambio drástico en su persona. Ya no se parecía al muchachito con un ogi de entrenamiento zarandeando maniquíes de karate.

—Kodachi, feliz cumpleaños —lo escuchó decir cuando ella estuvo cerca. Ranma tomó la iniciativa de saludar a una de sus viejas amigas de la infancia con alegría.

—¿Pero qué tenemos aquí? Nada menos que la estrella de talla internacional: Ranma Saotome —ella se detuvo para recibir sus felicitaciones, de paso bromeando un poco—. Gracias por asistir Ranma. Has estado tan ocupado últimamente que no pensé verte hoy. Bienvenido.

—Gracias a ti por la invitación. La fiesta quedó espectacular.

—Bueno, dale gracias a mis organizadoras —Kodachi señaló atrás, donde se encontraban Azusa y Akane. El muchacho sonrió a ambas al tiempo que alzaba la mano. Aunque no demostró ningún favoritismo, todavía quiso mirar un poco más a su novia.

¡Aaah, qué dulce sonaba eso!

Kodachi rápidamente fue abordada por otros invitados, obligándola a avanzar—. Entonces espero que te diviertas. Nos veremos más tarde.

—Por supuesto. De nuevo felicidades.

El contingente siguió caminando incluida Azusa, sin embargo Akane decidió quedarse a lado de Ranma—. Hola ¿Cómo estás? —inquirió como si momentos antes no hubieran estado intercambiando stickers en su chat.

El muchacho duplicó el tamaño de su sonrisa—. Hola —un poco nervioso levantó dos copas de licor ofreciéndole una—. En este momento bastante a gusto —refirió a la presencia de ella—, todo quedó increíble, tal vez deba contratarte como organizadora para la próxima fiesta de mi cumpleaños.

Ante el cumplido, ella ocultó una sonrisa tras los nudillos—. Qué va. Azusa organizó la mayoría, para estas cosas soy un desastre —Ranma demostró su desacuerdo con un gesto de escepticismo—, en serio. A mi jamás se me habría ocurrido toda la decoración. Si quieres que quede así de grandioso, tendrás que hablar con Azusa.

—Me gusta la música de fondo. Apuesto a que eso lo elegiste tú.

La de cabello azul abrió los ojos con sorpresa, no esperó que él diera exactamente con su sugerencia para la celebración— ¿Eres una especie de adivino?

—Podría decirse. —Ranma lo intuyó por la música que había oído algunas veces en la oficina de Soun. Naturalmente heredó ese gusto a su hija.

La celebración continuó. Al haber diferentes figuras del medio artístico y deportivo, Ranma no tuvo que preocuparse por ser el centro de atención, Akane había desaparecido con Azusa hacía unos momentos dejándolo para charlar con otros invitados.

Al final, ella terminó enviándole un mensaje para reunirse cerca del vivero de la mansión; al no ser la primera vez que estaban ahí, no le costó nada dar con el sitio. Cuando ingresó por las puertas de cristal pudo verla jugando con algunas flores, su travieso cabello largo se escapaba de su oreja cuando se agachaba a tomar una bocanada de los geranios. El corazón de Ranma brincó lleno de emoción, quería verla mucho más tiempo y quedarse con esa imagen hasta la siguiente ocasión en que pudieran encontrarse.

Akane percibió la presencia en la puerta, sintiéndose un poco avergonzada por su comportamiento ausente corrió hacia su encuentro. La mujer lo contempló un poco, intentando hacerse a la idea de que este hombre era su novio. Intentando no ser demasiado obvia con lo que iba a decir, niveló la voz—. Gracias por el almuerzo del otro día.

Ranma sintió las mejillas calientes—. Ni lo menciones. Tu comida durante la cena fue mucho mejor.

Akane ocultó uno de sus mechones tras la oreja, era agradable escuchar que le gustó su cocina—. Es muy lindo de tu parte —hablando, rebuscó en el bolso extrayendo una pequeña tarjeta—, espero te guste y te sirva sobre todo; no entiendo mucho de estas cosas así que…

Él aceptó la pequeña tarjeta abriendo la tapa, al hacerlo encontró un gracias escrito en el anverso acompañado por un plectro negro con letras doradas. Los ojos azules de Ranma brillaron llenos de emoción, sin poder creer que Akane hubiera comprado esto para él. Para otros podría no significar demasiado pero en su caso, sentía una especie de apoyo a sus sueños—. Es perfecta. Gracias de verdad —sin pensarlo mucho, se aventuró a proponer—: ¿Te gustaría ir a comer conmigo un día de estos?

Akane parpadeó. ¿Estaba proponiéndole una cita?—. ¿Puedo escoger el lugar?

—Por supuesto.

Continuará…