Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Asesinato para principiantes" de Holly Jackson, yo solo busco entretener y que más personas conozcan este libro.


Capítulo 17

Bella se desconectó de la conversación de los demás y se fijó en los ruidos de la cafetería. Las patas de las sillas al moverse y las risas de un grupo de chicos adolescentes cuyas voces fluctuaban desde un grave tenor hasta un chillón soprano. El acompasado deslizamiento de las bandejas de comida en los mostradores, al coger las ensaladas o las tazas de sopa, armonizado por el crujido de los paquetes de patatas fritas y los chismes del fin de semana.

Bella lo vio antes que los demás y lo saludó indicándole que se acercara. Sam se aproximó a la mesa con dos sándwiches en las manos.

—Hola, chicos —dijo deslizándose en el banco al lado de Tori y atacando ya su sándwich número uno.

—¿Qué tal el entrenamiento? —preguntó Sam.

Sam la miró receloso, con la boca ligeramente abierta que dejaba ver en su interior un masacrado chicle.

—Bien —masculló—. ¿Por qué eres tan agradable conmigo? ¿Qué quieres?

—Nada —se rio Bella—, solo te estoy preguntando qué tal el fútbol.

—No —intervino Theo—, viniendo de ti, eso es demasiado amable. Buscas algo.

—No busco nada —aseguró ella encogiéndose de hombros—, a no ser la paz mundial y la condonación de la deuda externa.

—A lo mejor es un tema hormonal —dijo Sam.

Bella giró la manivela invisible de su mano para izar el dedo medio hacia su amigo.

Ahora estaban todos pendientes de ella. Esperó cinco largos minutos a que el grupo iniciara una conversación sobre el último episodio de esa serie de zombis que todos estaban viendo, con Harry tapándose los oídos y tarareando alto y desafinado ya que él aún no había visto ese capítulo.

—Oye, Sam —intentó Bella otra vez—, ¿sabes ese amigo tuyo del equipo de fútbol, George?

—Sí, creo que sé quién es mi amigo George del equipo de fútbol —dijo, con fingido tono de asombro.

—Sale con esa gente que aún hace fiestas destroyer, ¿no?

Sam asintió.

—Sí. De hecho, creo que la siguiente fiesta es en su casa. Sus padres están de viaje en el extranjero para celebrar su aniversario o algo así.

—¿Este fin de semana?

—Sí.

—¿Crees... —Bella se inclinó hacia delante y apoyó los codos en la mesa— ... crees que podrías conseguir que nos invitaran?

Todos sus amigos se volvieron para mirarla asombrados.

—¿Quién eres y qué has hecho con Isabella Swan-Black? —preguntó Tori.

—¿Qué? —Se encontró a sí misma poniéndose a la defensiva, con unas cuatro contestaciones absurdas ya preparadas, listas para salir—. Es nuestro último año de instituto. Pensé que podría ser divertido ir todos juntos. Es el momento ideal, antes de que empiecen las fechas de entrega de trabajos y los simulacros de examen final.

—Eso ya suena más a isabellada —sonrió Harry.

—¿Tú quieres ir a una fiesta en una casa? —preguntó Sam con intención.

—Sí —respondió ella.

—Todo el mundo va a estar apelotonado, la gente se droga y vomita y duerme en cualquier sitio. El suelo está sucísimo —dijo Sam—. No te pega mucho, Bella.

—Suena... ilustrativo —dijo—. Y sigo queriendo ir.

—Vale, de acuerdo. —Sam dio una palmada—. Iremos.


Bella paso a la casa de Edward cuando volvía del instituto. Él le sirvió un té solo y le dijo que no hacía falta que esperase un instante para que se enfriase porque le había echado un poco de agua fría.

—Vale —dijo al fin moviendo la cabeza en consecutivos gestos de asentimiento y negación al tratar de procesar la imagen de Sid Prescott, la bonita castaña de carita redonda, como una traficante de drogas—. Entonces ¿piensas que el tipo que le proporcionaba las drogas podría ser un sospechoso?

—Sí —contestó ella—, si eres lo suficientemente depravado para andar vendiendo drogas a niños, desde luego que creo que podrías tener cierta inclinación a cometer asesinatos.

—Sí, tiene lógica —asintió—. Pero ¿cómo vamos a encontrar a este traficante?

Bella posó la taza y le clavó la mirada.

—Me voy a infiltrar —anunció.