Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Asesinato para principiantes" de Holly Jackson, yo solo busco entretener y que más personas conozcan este libro.
Capítulo 16
Ahora la puerta era diferente. La última vez que ella había estado allí, haría unas seis semanas, era marrón. Ahora estaba cubierta de una capa irregular de pintura blanca, bajo la cual se veía aún un poco del anterior color más oscuro.
Bella volvió a golpear con los nudillos, esta vez más fuerte, y esperó que la oyeran por encima del molesto sonido de la aspiradora que venía desde dentro.
El sonido cesó de repente, dejando en su lugar un silencio en el que persistía un ligero zumbido. Luego se oyeron unas pisadas fuertes. La puerta se abrió y una mujer bien vestida con los labios pintados de un rojo jugoso apareció ante ella.
—Hola —dijo Bella—, soy una amiga de Mike, ¿está en casa?
—Ah, hola —sonrió la mujer, revelando, al hacerlo, una mancha de pintalabios en uno de los dientes. Se echó hacia atrás para dejar pasar a Bella—. Sí que está, pasa...
—Isabella —sonrió ella al entrar.
—Isabella. Sí, está en el salón. Gritándome por pasar la aspiradora mientras él juega a algún combate mortal. Parece ser que no puede esperar y jugar más tarde.
La madre de Mike condujo a Bella por la entrada y a través de un arco hacia el salón.
Él estaba repantingado en el sofá, con la parte de abajo de un pijama de cuadros escoceses y una camiseta blanca, agarrado al mando y presionando furioso los botones.
Su madre se aclaró la garganta.
Mike levantó la vista de la pantalla.
—Eh, hola, Bella Apellido-Raro —dijo con su profunda y refinada voz, luego volvió la vista a la pantalla—, ¿qué haces aquí?
A Bella casi se le escapa una mueca, pero la disimuló con una sonrisa falsa.
—Pues no gran cosa. —Se encogió de hombros de forma despreocupada—. Solo me pasé a preguntarte cuánto conocías de verdad a Sid Prescott.
El juego se detuvo.
Mike se incorporó, miró a Bella, luego a su madre, luego a Bella otra vez.
—Bueno —dijo su madre—, ¿a alguien le apetece una taza de té?
—No. —Mike se puso de pie—. A mi cuarto, Isabella.
Pasó por delante de ellas y se dirigió a la gran escalera de la entrada, con los pies desnudos apresurándose por los escalones. Bella lo siguió, tras hacer un rápido gesto educado en dirección a su madre. Al llegar arriba, Mike ya sujetaba la puerta abierta de su habitación y con un gesto le indicó que entrara.
Bella dudó, con un pie aún en el aire sobre la alfombra recién aspirada. ¿Sería seguro estar a solas con él?
Mike hizo un gesto impaciente con la cabeza.
Su madre estaba en el piso de abajo, pensó Bella, no podía pasarle nada. Posó el pie en el suelo y entró en la habitación.
—Gracias por el numerito —dijo él cerrando la puerta—. Mi madre no tenía por qué saber que he vuelto a hablar sobre Sid y Billy. La mujer es como un sabueso, una vez que agarra algo no lo suelta.
—Un pitbull —corrigió Bella—, esos son los que no sueltan las cosas.
Mike se sentó en su colcha granate.
—Muy bien. ¿Qué quieres?
—Ya te lo he dicho. Quiero saber cuánto conocías de verdad a Sid.
—Ya hemos hablado de esto —dijo recostándose hasta quedar apoyado sobre los codos; echó una mirada por encima del hombro de Bella—. No la conocía demasiado.
—Mmm... —Bella se reclinó contra la puerta—. Solo eran conocidos, ¿no? Eso es lo que me dijiste.
—Sí, eso es. —El chico se rascó la nariz—. Te voy a ser sincero. Estoy empezando a encontrar tu tono un poquito molesto.
—Bien —replicó ella siguiendo los ojos de Mike hacia un tablón en la pared, lleno de pósteres, notitas y fotos—. Y yo estoy empezando a encontrar tus afirmaciones un poquito falsas.
—¿Cómo que falsas? —preguntó él—. No la conocía demasiado.
—Interesante —dijo Bella—. He hablado con un testigo que fue a una fiesta destroyer en la que tú y Sid estuvieron en marzo de 2012. Y es interesante porque esta persona dice que aquella noche os vio un par de veces a los dos solos, y parecían estar muy a gusto juntos.
—¿Quién dijo eso?
Otra mirada furtiva al tablón.
—No puedo revelar mis fuentes.
—Ay, Dios. —El chico lanzó una carcajada profunda y gutural—. Tú estás enferma. Sabes que no eres una detective de verdad, ¿no?
—Estás evitando la pregunta —dijo—, ¿se veían a espaldas de Billy?
Mike se rio otra vez.
—Era mi mejor amigo.
—Esa no es una respuesta. —Bella se cruzó de brazos.
—No. No me estaba viendo con Sid Prescott. Como ya te dije, no la conocía demasiado.
—Entonces ¿por qué mi testigo los vio juntos con una actitud que le hizo pensar que tú eras el novio de Sid?
Mientras Mike ponía los ojos en blanco por toda respuesta, Bella aprovechó para echar un vistazo al tablón. En algunos lugares, las notas garabateadas y los papeles se superponían unos encima de otros, con trozos ocultos y bordes arrugados. Fotos de Mike esquiando y haciendo surf destacaban en la parte de arriba. Un póster de Reservoir Dogs ocupaba la mayor parte del tablón.
—No lo sé —dijo—. Fuera quien fuese, se equivoca. Probablemente estuviera borracho. Una fuente sin credibilidad, se podría decir.
—Vale.
Bella se alejó de la puerta. Dio un par de pasos hacia la derecha, luego retrocedió otro par de pasos, de forma que Mike no se diera cuenta de que estaba moviéndose hacia el tablón.
—A ver si aclaramos esto, entonces. —Dio otro par de pasos, acercándose más y más—. ¿Dices que nunca tuviste una conversación íntima con Sid en una fiesta destroyer?
—Pues no sé si nunca —dijo Mike—, pero no como tú estás insinuando.
—Vale, muy bien. —Bella levantó la vista del suelo y la dejó a un par de metros del tablón—. Y ¿por qué no dejas de mirar hacia ahí? —Se volvió y empezó a hojear los papeles del tablón.
—Eh, para.
Bella oyó crujir los muelles de la cama cuando Mike se levantó.
Ella siguió buscando con los ojos y las manos a toda velocidad entre las listas de cosas por hacer, nombres de empresas tachados, títulos escolares, panfletos y antiguas fotos de un joven Mike en el hospital.
Fuertes pisadas detrás de ella.
—¡Eso son cosas privadas!
Y entonces vio una pequeña esquina blanca de papel, remetida debajo del póster de Reservoir Dogs. Tiró de él y desenganchó el papel justo cuando Mike le estaba cogiendo el brazo.
Bella se volvió hacia él, los dedos del chico se le clavaban en la muñeca. Y ambos miraron el trozo de papel que ella tenía en la mano.
Bella se quedó con la boca abierta.
—Me cago en la puta. —Mike le soltó el brazo y se pasó la mano por el pelo.
—¿Solo conocidos? —preguntó ella agitada.
—¿Quién te crees que eres? —le espetó Mike—. No puedes tocar mis cosas.
—¿Solo conocidos? —insistió ella agitando la foto impresa ante la cara de Mike.
Era Sid.
Una foto que ella misma se había sacado en un espejo. Sobre un suelo de azulejos rojos y blancos, con la mano derecha levantada cogiendo el móvil. Ponía morritos y miraba fuera de cámara; no llevaba nada más que unas braguitas negras.
—¿Te importaría explicármelo? —preguntó Bella.
—Déjame en paz.
—Ah, bueno, igual prefieres explicárselo primero a la policía. Lo entiendo. —Bella lo miró y fingió encaminarse hacia la puerta.
—No flipes —dijo Mike mirándola con sus cristalinos ojos azules—. Eso no tiene nada que ver con lo que le pasó.
—Que lo decida la policía.
—No, Isabella. —Se interpuso en su camino hacia la puerta—. De verdad que esto no es lo que parece. Sid no me dio esa foto. La encontré.
—¿La encontraste? ¿Dónde?
—Estaba tirada en el instituto. La encontré y me la quedé. Ella nunca lo supo. —Había una nota de súplica en su voz.
—¿Encontraste tirada en el instituto una foto de Sid desnuda? —Bella ni tan siquiera intentó ocultar su incredulidad.
—Sí. Estaba en la parte de atrás de un aula. Te lo juro.
—¿Y no le dijiste a Sid ni a ninguna otra persona que la habías encontrado? —preguntó Bella.
—No, simplemente me la quedé.
—¿Por qué?
—No sé. —Su voz subió un poco—. Porque está buena y quería tenerla. Y luego me dio mal rollo tirarla después de que... ¿Qué? No me juzgues. Fue ella la que se sacó la foto. Quería que la vieran así.
—¿Esperas que me crea que te encontraste por casualidad esta foto de Sid desnuda, de una chica con la que te veían muy juntito en las fiestas...?
Max la cortó.
—No tiene nada que ver una cosa con otra. No estaba hablando a solas con Sid porque estuviéramos juntos ni tengo esta foto porque estuviéramos juntos. No estábamos juntos. Nunca lo estuvimos.
—Entonces ¿sí que estabas hablando a solas con Sid en aquella fiesta destroyer? —preguntó Bela triunfalmente.
Mike se llevó las manos a la cara y se frotó los ojos.
—De acuerdo —dijo en voz baja—, si te lo cuento, ¿me dejarás en paz de una vez? Y nada de policía.
—Depende.
—Vale, de acuerdo. Conocía a Sid más de lo que dije. Bastante más. Desde antes de que empezara a salir con Billy. Pero no estábamos juntos. Estaba comprándole.
Bella lo miró confusa, con la mente volviendo sobre sus últimas palabras.
—¿Comprándole... drogas? —preguntó con suavidad.
Mike asintió.
—No drogas duras, ¿eh? Solo maría o alguna pasti.
—Hos... curidad. Espera. —Bella levantó un dedo para detener el mundo y darle a su cerebro tiempo a pensar—. ¿Sid Prescott vendía drogas?
—Bueno, sí, pero solo en las fiestas destroyer o cuando íbamos a discotecas y cosas así. Solo a alguna gente. Unos cuantos. No es que fuera una traficante. —Mike se detuvo—. Estaba pasando para un traficante de la ciudad, le hacía de puente con los del instituto. A los dos les convenía.
—Por eso siempre tenía tanto dinero —dijo Bella. Las piezas del puzle encajaban en su cabeza con un clic que casi podía oír—. Y ¿ella consumía?
—No. Creo que solo lo hacía por el dinero. El dinero y el poder que le daba. Yo diría que le divertía hacerlo.
—¿Billy llegó a saber que ella pasaba droga?
Mike se rio.
—Uy, no —dijo—, no, no, no. Billy siempre odió las drogas, eso no habría acabado bien. Sid se lo ocultaba; se le daba de lujo guardar secretos. Creo que los únicos que lo sabían eran los que le compraban. Pero siempre me pareció que Billy era un poco ingenuo. Me sorprende que nunca lo averiguase.
—¿Cuánto tiempo llevaba haciendo eso? —preguntó Bella, sintiendo que una chispa de siniestra excitación prendía en su interior.
—Ya llevaba un tiempo. —Mike levantó la vista hacia el techo; movía los ojos como si repasara sus recuerdos—. Creo que la primera vez que le pillé hierba fue a principios de 2011, cuando ella aún tenía dieciséis años. Había empezado en esa época más o menos.
—Y ¿quién era el traficante de Sid? ¿A quién le compraba ella las drogas?
Mike se encogió de hombros.
—No lo sé. Yo solo le compraba a Sid y ella nunca me dijo quién le proporcionaba la mercancía.
Bella se desinfló.
—¿No tienes ni idea? ¿Nunca compraste drogas en Kilton después de que asesinaran a Sid?
—No. —Se encogió de hombros otra vez—. No sé nada más.
—Pero habrá gente que siga tomando drogas en las fiestas destroyer, ¿no? ¿Dónde las conseguirán?
—No lo sé, Isabella —dijo Mike recalcando sus palabras—. Ya te he dicho lo que querías saber. Ahora quiero que te vayas.
Él se acercó y le quitó la foto de la mano. Su pulgar apretó la cara de Sid y el papel se arrugó en su apretado y tembloroso puño. Un pliegue partió en dos el cuerpo de la chica cuando él dobló la foto para guardarla.
