Capítulo 8: Jóvenes Eternamente (Parte 1)

Un tres de noviembre de hacía ya diecisiete años, llegó al mundo de los magos un joven al que sus padres decidieron dar el nombre de la estrella más brillante de todo el cielo nocturno, Alfa Canis Maioris, comúnmente conocida como Sirio o Sirius.

Nombrar a sus miembros con las denominaciones de algunas de las estrellas y constelaciones más notables de la bóveda celeste había sido una tradición de la familia Black durante generaciones. No obstante, la elección de su nombre no había sido ni mucho menos casual, pues se debía en gran parte a que aquel recién nacido de grandes orbes grises, era la mayor esperanza de pervivencia de su apellido y con ella, del legado del ancestral linaje.

Hasta el nacimiento de su hermano Regulus, Sirius había sido el único Black varón nacido en su generación y como no podía ser de otra forma, en aquella sociedad arcaica y tradicionalista, tener hijos varones era lo único que garantizaba la continuidad en el tiempo del nombre de una familia, pues la tradición dictaba que las mujeres debían perder el suyo propio al desposarse, para adoptar así el de sus respectivos esposos.

Esa fue una responsabilidad que Sirius Black cargó sobre sus hombros desde el mismo momento en que fue consciente de ello. No en vano sus progenitores insistían en recordarle hasta la extenuación cuán especial era, y lo importante que sería en un futuro su estirpe para la subsistencia de su apellido, y para la conservación de la inmaculada pureza de la sangre que corría por sus venas.

A menudo se planteaba si había nacido en la familia correcta pues se sentía completamente desconectado de sus valores, creencias e ideas. Muchos habrían podido pensar que no era más que un adolescente rebelde, pero su permanente afrenta con la que era su familia de sangre nada tenía que ver con eso, sino más bien con el hecho de que odiaba todo aquello que representaban, y se negaba a convertirse en alguien que se pareciera mínimamente a lo que se suponía que debía ser y representar un Black al uso.

Y a pesar de todo, por ella se había metido de lleno en la boca del lobo.

Había renunciado a sus planes de futuro, a sus objetivos y metas vitales, supeditándose a la voluntad de la malvada y retorcida matriarca de los Black, a la que de tanto en tanto acostumbraba a llamar madre.

No obstante, por muy mal que estuvieran las cosas entre él y Alison en ese momento, no se arrepentía ni un ápice de su decisión. Después de todo, no solo había conseguido salvar al amor de su vida, sino que además gracias a su sacrificio, ambos vivirían libres y en paz, y sus hijos recibirían el amor que nunca antes habían tenido la oportunidad de experimentar ninguno de ellos. Sobre todo porque tenía claro como el agua que casarse con la rubia no implicaría en ningún caso adoptar los rancios ideales de ninguna de sus conservadoras familias.

Pero cumplir años inevitablemente implicaba que ese momento cada vez estaba más cerca.

Sirius suspiró perdido en sus propios pensamientos con la mirada fija en el techo. No obstante, antes de poder siquiera reaccionar, tres muchachos lo levantaron de la cama en volandas y empezaron a lanzarlo en dirección al techo, para inmediatamente a continuación recogerlo.

—Parad, chicos, parad — pidió Sirius, dejando escapar una sonora carcajada que inundó por completo cada rincón de la estancia.

Los jóvenes aceptaron a regañadientes, no sin antes lanzarle un par de veces más, antes de dejar nuevamente al moreno en tierra firme.

—¡Feliz cumpleaños, Padfoot! — exclamaron al unísono, mientras James le tiraba de las orejas, Remus daba palmaditas en su espalda y Peter tiraba de su camiseta zarandeándole ligeramente.

—Muchas gracias, chicos. Aunque me da la impresión de que os hace más ilusión mi cumpleaños que a mí — bromeó algo incómodo, aclarándose la garganta.

—¡Eso es porque aún no has visto los regalos ! — exclamó Peter emocionado.

—Eso, antes que nada nuestros regalos — exigió James separándose momentáneamente de su amigo para a continuación, entregarle una pila de paquetes envueltos de forma significativamente irregular.

—No me hace falta preguntar quién los ha envuelto — rió Sirius, guiñando un ojo en dirección a James.

—No seas especialito, lo que importa es lo que hay dentro, no el papel — refunfuñó el castaño, impaciente porque su amigo se decidiera de una vez a retirar los envoltorios.

Sirius desenvolvió uno a uno los paquetes, descubriendo en su interior cuatro entradas para los Chudley Cannons, una foto firmada por el golpeador Joey Jenkins, varias ranas de chocolate, una caja de grageas Bertie Botts de las de todos los sabores, una edición especial de Quidditch a través de los tiempos y una botella de Agua alegre, oportunamente sustraída por James aquel verano del mueble bar de su padre.

—Muchísimas gracias, chicos. Pero no teníais que haberos molestado tanto, es demasiado — agradeció Sirius en un hilo de voz.

Aunque le costara reconocerlo, aún le emocionaban de manera significativa detalles como aquellos, sobre todo porque antes de Hogwarts nunca había experimentado algo como eso. Hasta el momento en que esos tres muchachos irrumpieron en su vida, claro está. Y es que a pesar de no compartir ni una sola gota de su sangre, para el moreno los merodeadores eran su familia. Lo que inevitablemente le hizo plantearse que en ocasiones, hallamos nuestro verdadero hogar en los lugares más insospechados.

Después de todo, la sangre no siempre lo es todo, en especial en ausencia de amor.

—Y eso no es todo, Padfoot. Ya verás la fiesta que te espera el fin de semana. No todos los días mi mejor amigo cumple diecisiete años — celebró James, tomando con cariño a Sirius por los hombros.

—En realidad aún te queda un regalo — informó Remus señalando en dirección al escritorio del moreno, donde descansaba una caja de color negro azabache de buen tamaño adornada con un lazo rojo escarlata.

—¿De quién es? — interrogó confundido, observando con detenimiento a sus amigos.

Los muchachos se encogieron de hombros.

—Cuando despertamos ya estaba ahí — explicó Peter.

El moreno se acercó con cautela y sin pensarlo demasiado, tiró de uno de los extremos del lazo para desatarlo, levantando a continuación la tapa.

En el interior de la misma encontró una chaqueta de cuero completamente nueva, un vinilo del grupo musical Spellbound, un cofre de madera con muestras de pociones variadas debidamente etiquetadas, y una cajita negra de terciopelo de tamaño medio.

Sirius abrió la misteriosa cajita, hallando en su interior algo que inevitablemente le hizo sonreír. Era un bonito collar de perro con un colgante en forma de hueso en el que habían grabado en perfecta caligrafía Hocicos en la parte delantera, y devolver a la familia Potter en caso de extravío, en la trasera.

—Creo que es más que evidente quién lo envía — rió James, gratamente sorprendido por el ingenio de su prima.

¿Por qué no se le había ocurrido a él antes? Era un detalle realmente especial, a la par que divertido.

—¿Si?. Yo no estaría tan seguro después de lo de la fiesta — murmuró el merodeador, encerrando de manera instintiva el colgante en la palma de su mano.

—¿Qué pasó en la fiesta? — preguntó James notablemente confundido.

Cierto. No les había contado nada a los chicos de lo de Liss, e intuía que la conversación que tendrían a continuación sería del todo menos agradable pero como se suele decir, de perdidos al caldero. Después de todo, tarde o temprano se acabarían enterando.

—Antes que nada, me excusaré diciendo que soy gilipollas de remate y que estaba muy borracho — trató de decir Sirius, entrecerrando los ojos avergonzado.

—Al grano — intervino Remus en tono serio, cruzándose de brazos.

—Besé a Liss frente a la rubia para que ella me viera — reconoció por primera vez en voz alta, mordiéndose con fuerza el labio inferior.

Las caras de sus amigos pasaron de la sorpresa a la ira en apenas unos segundos.

—¿Qué hiciste qué? — exclamó James enfadado, empujando a su amigo impulsivamente.

Instantáneamente, Remus se situó entre ambos muchachos, tratando de evitar la más que evidente confrontación que se avecinaba.

—Mira James, sé que la he cagado a lo grande y he jodido todo, no me hace falta que vengas tú a decirme cuánto me he equivocado, créeme soy más que consciente de ello — declaró, sin apartar la mirada de la del castaño.

James bufó enfadado.

—Eres un niñato, Sirius — opinó Remus negando con la cabeza, incapaz de creer que su amigo hubiera hecho algo como eso.

—Ya lo sé. Pero, ¿qué queréis que os diga?. Estaba completamente cegado por los celos, sobre todo después de ver cómo salía de ese cuarto donde tantas veces me ha arrancado la ropa acompañada de mi hermano — explicó completamente avergonzado — ¿Y sabéis lo peor?. No podía estar más equivocado. Solamente estaba allí curando a Regulus de una paliza que le habían dado Nott y otros slytherin — rió sin gracia, alborotándose nerviosamente el cabello.

—¿Por eso lo del lunes por la mañana? — preguntó con cautela Peter atando cabos.

—Sí, Nott está tratando de silenciar a Regulus por algún motivo, y mi querido hermano ha pensado que sería buena idea meter a Alison en medio — bufó — Por no hablar de que le ha mentido diciendo que lo de Nott ha sido porque los slytherin piensan que tiene algo con ella — explicó negando con la cabeza, sin creer aún que la rubia se hubiera tragado algo tan absurdo como eso.

—¿Qué qué?. Por supuesto que no es por eso — señaló James con obviedad.

—Debe saber algo de lo que se cuece en las mazmorras y quieren asegurarse de que mantenga el pico cerrado y no suelte prenda — comentó Remus, llevándose la mano a la barbilla pensativo.

—Exacto.

—Aún así, Sirius. ¿De qué coño vas? — reclamó James enfadado recordando el inicio de la conversación — Liss se cargó vuestra relación para haceros daño a ambos. Y después de verte desde el curso pasado lamentándote y llorando por las esquinas porque la habías perdido, ¿me vienes ahora con esto? — preguntó con incredulidad, fulminando a su amigo con la mirada.

Le quería tanto que lo consideraba su propio hermano, pero de ninguna manera podía justificar sus actos.

—Ya lo sé, Prongs. Te he dicho que era un idiota — concluyó dejándose caer nuevamente sobre la cama, a la vez que se cubría el rostro con las manos.

—Idiota se queda corto, Padfoot. Te juro que ahora mismo tengo ganas de partirte la cara por lo que le has hecho a mi prima. Te dije que no había nada entre ellos — le recordó, señalándole inquisitivamente con el dedo.

—Lo sé y no te haces una idea de cuánto me arrepiento, sobre todo teniendo en cuenta que puedo dar gracias si vuelve a mirarme a la cara, pero te prometo que lo voy a solucionar — aseguró dejando escapar un suspiro, sin tener ni la menor idea de cómo hacer lo que acababa de prometer a su amigo.

—Más te vale — dijo James en tono serio.

—Pero hay algo que tenéis que saber — se aventuró el moreno.

Los chicos le observaron con curiosidad sin pronunciar palabra.

—Creo que no se reduce todo a lo que Regulus sabe y puede contar, tengo el presentimiento de que Alison también está en los planes de Nott por algo que escuché el día del enfrentamiento en el Gran Comedor que no me gustó ni un pelo — relató Sirius, observando con seriedad a sus amigos.

—¿Qué dijo? — preguntó Peter con curiosidad, antes de que James pudiera hacerlo.

—Dijo de forma bastante soez que estaba ansioso porque la atraparan, ¿creéis que se refiere a él…? — preguntó temeroso.

—No lo sé, Sirius. Si lo piensas fríamente no tendría mucho sentido, después de todo mi prima es sangre limpia y de buena familia — trató de razonar James, significativamente preocupado por las palabras de su amigo.

—Es posible que Nott haya perdido el juicio del todo, pero parecía bastante convencido de sus palabras — insistió el moreno tragando saliva.

—Vale, pues la vigilaremos para mantenerla segura y a salvo — planeó James pensativo — Eso sí, intentad por todos los medios que no sé de cuenta de lo que estamos haciendo, con lo cabezota e independiente que es, no creo que le haga demasiada gracia tenernos de guardaespaldas — previno el castaño, con una sonrisa tímida dibujada en el rostro.

—¿Y Regulus?. ¿Dudas de él? — se atrevió a preguntar Remus con tacto.

Después de todo, a fin de cuentas seguía siendo el hermano de Sirius.

—Para ser completamente sincero, no sé qué pensar, pero después de la que se ha liado, creo que si le aconsejo a Alison que se aleje de él, igual me deja sin descendencia — señaló Sirius chasqueando la lengua.

—Tienes razón — concedió James — Pues entonces, simplemente vigilémoslos de cerca a ambos — propuso encogiéndose de hombros.

El resto de muchachos simplemente asintieron, más que dispuestos a poner en marcha el plan desde ese mismo momento.


Alison Potter caminaba a paso apresurado en dirección al patio de la Torre del Reloj cuando de improviso, al tratar de cruzar la puerta que conducía al claustro, se encontró de frente con la persona a la que menos ganas tenía de ver en ese preciso momento.

La rubia agachó la cabeza dispuesta a esquivar cualquier tipo de posible conversación, pero la muchacha parada frente a ella no parecía muy dispuesta a dejar pasar por alto su encuentro.

—Potter, ¡Qué bien que te encuentro aquí!. Espero que puedas decirle a tu prometido por mí que disfruté enormemente de lo de la fiesta, no pensé que alguien pudiera besar tan increíblemente bien — pronunció Liss, recreándose en cada palabra, con un notable tono de satisfacción.

Alison levantó la cabeza de golpe para enfrentar sus ojos a los de la morena.

No se acobardaría ni dejaría pisotear de nuevo, eso no era propio de ella. Y menos aún, por una persona que tenía la misma profundidad que un vaso de agua.

—Mira Liss, escúchame con atención porque solo te repetiré esto una vez. Sé muy bien lo que intentas, pero te aseguro que no lo conseguirás, así que deja de gastar tu tiempo y el mío. Si Sirius fue lo suficientemente tonto como para estar contigo después de lo que nos hiciste, el problema es suyo no mío. Así que cualquier comentario, pregunta o sugerencia se los haces a él — sonrió con falsedad, sin apartar ni un ápice la mirada de la de la chica — Mantente alejada de mi — avisó desafiante antes de pasar de largo, dejando a la morena significativamente rabiosa plantada en el umbral de la puerta.

Alison avanzó unos pasos más en dirección a la imponente fuente que coronaba el centro del patio. Para su suerte estaba prácticamente desierta, a excepción de un par de alumnos de Ravenclaw, y el moreno de ojos verdes al que había estado tratando de localizar, y por el cual estaba allí en ese preciso momento.

—Reg, ¿podemos hablar un momento? — pidió la rubia con la mirada perdida, a escasos metros de su amigo.

Regulus, que estaba sentado en uno de los bordes de la fuente, enfrascado en un extenso tomo de Numerología y gramática que descansaba sobre sus rodillas, levantó rápidamente la vista y la observó con detenimiento.

Su visita no parecía ser casual ni augurar nada bueno pues a la muchacha le temblaban las manos de forma significativa y estaba más pálida de lo habitual.

—Por supuesto — contestó rápidamente, a la vez que apartaba su bolsa para dejar un asiento libre a su lado para ella.

Alison se dejó caer sobre el borde de piedra bajo la atenta mirada del muchacho, y dejó escapar un largo suspiro antes de volver a hablar.

—¿Si te pregunto algo crees que podrás ser completamente sincero conmigo? — preguntó en tono serio, fijando la mirada en los ojos del joven.

Regulus pudo distinguir entonces que los orbes color zafiro de la chica estaban ligeramente llorosos ese día, aunque no podía decir con seguridad si su mirada desprendía tristeza o ansiedad.

—Puedo intentarlo — tanteó algo escueto, asustado en parte por la extraña actitud de su amiga.

—El lunes después de lo de Nott tuve una conversación con Sirius. No la que piensas — se corrigió rápidamente a sí misma, antes de que Regulus pudiera decir nada más.

—Vale, pues dispara — contestó el slytherin en respuesta encogiéndose de hombros.

—¿Me mentiste al decirme que la paliza te la habían dado por pensar que tenías algo conmigo? — interrogó con valentía, analizando con detenimiento cada gesto, por sutil que fuera, con que el muchacho reaccionara a su pregunta.

—Ali… — murmuró Regulus descolocado, sin saber muy bien cómo contestar.

—¿Me mentiste o no me mentiste? — inquirió, tratando por todos los medios de evitar rendirse al tono suave del pelinegro.

—Sí — suspiró — Bueno no exactamente. Sólo te oculté parte de la información — aclaró rápidamente, dejando escapar un largo suspiro.

Alison desvió la mirada enfadada por su respuesta y bufó.

—Se supone que somos amigos, Reg. Y los amigos no se mienten — reclamó a la vez que se cruzaba de brazos, notablemente molesta porque después de todo Sirius hubiera estado en lo cierto en lo que a Regulus se refería.

—Tienes razón, pero es complicado — concedió, a la vez que la tomaba de la mano con delicadeza.

La gryffindor se sorprendió al principio, pero no se retiró de su contacto, esperando pacientemente a que continuara con su relato.

—Hay cosas que no puedo contarte, Alison. Y se que te mueres por saberlo, pero no es algo que tenga que ver conmigo y no puedo ir divulgando secretos que no me pertenecen — explicó con sinceridad, acariciando con suavidad el dorso de la mano de la rubia.

—Si lo dices por lo de los estúpidos tatuajes de serpiente que tienen en el brazo, ya lo sé todo y... — trató de decir Alison de carrerilla con frustración.

Pero la joven no pudo seguir hablando por mucho más tiempo, pues antes de poder siquiera darse cuenta, tenía la mano de Regulus sobre su boca.

—No puedes decir eso a gritos y menos aquí, Ali — regañó, observándola con seriedad antes de volver a soltarla.

—¿Ese era el gran secreto, Regulus? — preguntó molesta — Porque a mí solo me parecen un par de niñatos jugando a ser mayores — se burló, dejando escapar un bufido.

—Alison, todo esto es infinitamente más peligroso de lo que te imaginas y a ambos nos queda demasiado grande — trató de advertirle, sin rastro de diversión en su tono de voz, ni mucho menos en su rostro — No tienes ni la menor idea de la magnitud real de todo esto — exclamó con desesperación llevándose las manos al cabello.

La rubia le analizó con detenimiento y por primera vez dudó de su irracional valentía.

—Pero… — pronunció en un hilo de voz.

—Pero nada, estás nadando en arenas movedizas y ni siquiera eres consciente de ello. Esto no es un juego, Ali. Así que por favor, no vuelvas a tratar de entrometerte entre Nott y yo. Somos amigos pero no necesito que me defiendas, he sobrevivido solo todos estos años y sé cómo manejar la situación, si te metes no haces más que tensar aún más las cosas y ponerte en riesgo a ti misma. Me destrozaría saber que en algún momento estás en peligro por mi culpa — negó tapándose el rostro con las manos, a la vez que apoyaba los codos sobre sus rodillas.

—Perdona, tienes razón — suspiró arrepentida — Reconozco que no lo pensé demasiado, solo lo vi molestarte y después de lo que te hicieron, me hirvió tanto la sangre que no pude evitar intervenir — explicó, tomando las manos del slytherin para apartarlas de su cara.

Había metido la pata hasta el fondo.

—Lo sé, pero Nott es peligroso, no te haces idea de cuánto. Así que lo mejor es que te mantengas tan lejos de él como te sea posible — pidió en tono suplicante — De todas formas no es una orden ni mucho menos, sólo te estoy advirtiendo porque me importas — aclaró con una sonrisa tímida, dando un golpecito cariñoso en la nariz de la rubia.

Alison suspiró y asintió.

—¿Puedo abrazarte? — preguntó haciendo pucheros, arrepentida de haber pensado mal de su amigo.

—No tienes que preguntarlo — sonrió envolviéndola entre sus brazos, a la vez que apoyaba la barbilla sobre su cabello dorado.

Un intenso olor a camomila inundó sus fosas nasales, y por un momento imaginó estar tendido sobre el pasto de un campo sembrado de flores silvestres.

—Necesitaba uno de estos — admitió Alison acurrucándose en el pecho de su amigo.

Regulus desprendía un intenso aroma a perfume masculino caro, con ligeras notas de madera y un leve toque de menta fresca.

—Y por favor, Ali. Trata de hacer entrar en razón al incauto de mi hermano, no quiero que le pase nada malo y no deja de meter las narices donde no le incumbe — pidió cuando al fin se separaron, observando con intensidad los ojos de la gryffindor.

—Nuestra relación no es precisamente la mejor ahora mismo, pero haré lo que pueda — aceptó dejando escapar un largo suspiro.

Regulus la observó algo confundido.

Después de la conversación que había tenido con la rubia en las mazmorras, estaba prácticamente seguro de que las cosas mejorarían entre ella y su hermano de manera significativa, no que irían a peor.

—¿Recuerdas la fiesta de Halloween a la que te invité y no quisiste ir? — preguntó entrecerrando los ojos.

El slytherin asintió.

—Bueno, pues tu querido hermano tuvo la genial idea de besar a Liss en mi cara, en venganza por encontrarnos en aquel cuarto — relató Alison entre dientes, imaginando las mil y una formas en que si pudiera mataría al merodeador con sus propias manos por ser tan desesperadamente inmaduro e impulsivo.

Aunque, a decir verdad, tampoco es que ella fuera precisamente la más indicada para hablar.

—Pero tú le dijiste… — trató de decir Regulus, sin poder dar crédito a las palabras de su amiga.

—Iba a hacerlo, el idiota se me adelantó — resopló Alison molesta.

—Voy a matarlo. Será gilipollas… — bufó Regulus enfadado, planteándose seriamente la posibilidad de arrastrar a Sirius hasta el patio para ahogarlo en esa misma fuente hasta conseguir hacerle entrar en razón.

—Bienvenido a mi mod permanente — rió sin gracia.

—Ven aquí — dijo automáticamente Regulus, envolviendo nuevamente con sus brazos a la joven —¿Y has pensado ya qué harás? — se atrevió a preguntar, con la barbilla apoyada en su sedoso cabello.

—Sí, no merece la pena llorar sobre la poción derramada, así que he decidido que voy a recuperar el tiempo que he perdido tratando de salvar esta relación condenada al fracaso — suspiró en tono de derrota — ¿Algún amigo al que quieras presentarme? — preguntó en tono de broma.

—Uno o dos, pero tengo entendido que no te gustan demasiado los slytherin — rió Regulus, golpeando su hombro con el de la chica con cariño.


Tras una jornada intensa de clases, Regulus se dirigió con premura hacia el pasillo norte de la Torre de Gryffindor, convencido de que como solía ser habitual los miércoles sobre esa hora de la tarde, encontraría allí a Sirius, esperando a que su amigo del alma James Potter terminara de cambiarse para dirigirse juntos al entrenamiento de quidditch.

—Feliz cumpleaños, hermano — carraspeó Regulus, haciendo notar su presencia.

Sirius levantó rápidamente la vista en su dirección y observó con detenimiento a su hermano pequeño.

Era la primera vez desde que habían ingresado a Hogwarts que Regulus se dirigía directamente a él en un sitio público, donde el resto de estudiantes podían alcanzar a verlos con facilidad.

Años atrás, Regulus y Sirius habían estado muy unidos. Pero desde que su madre se había empecinado en moldear a Regulus a su antojo, cansada de los continuos desafíos de su primogénito y viendo peligrar el futuro de la familia Black, la relación entre ambos se había acabado resintiendo inevitablemente con el transcurrir del tiempo.

Eso se debía en gran parte a que Walburga Black se había esforzado durante años en plantar la semilla de la discordia entre sus dos hijos, para evitar así que Sirius pudiera influenciar de manera negativa a Regulus con su rebeldía, logrando con éxito separar los caminos de ambos hermanos de la forma más cruel y maquiavélica posible.

Regulus tendió un pequeño paquete con el envoltorio de color esmeralda en dirección a su hermano.

—¿Por qué no me dijiste lo de Nott? — preguntó con desconfianza Sirius, tomando a regañadientes el regalo de manos del slytherin.

—No es nuestro estilo, ya sabes que nosotros no acostumbramos a funcionar así. Además, intuía que ahora mismo no era tu persona favorita en el mundo precisamente — suspiró, dejándose caer en el banco junto a él.

—No sé ni qué responder a eso — bufó el moreno, apoyando la cabeza sobre la fría piedra de la pared del pasillo.

—¿De verdad te molesta tanto que Alison y yo seamos amigos? — cuestionó con seriedad.

—A mí no me engañas, Reg. He visto cómo la miras...— replicó en respuesta Sirius incorporándose, mientras fijaba sus congelados ojos grises en los ojos verdes de Regulus.

—Oyes flipendos y no sabes dónde — bufó el slytherin molesto desviando la mirada, a la vez que se recostaba sobre la pared imitando la postura de su hermano.

—Perdona si no te creo...—rió Sirius sin gracia, que empezaba a estar cansado de esa conversación en particular y del drama en general.

—Vale, hipotéticamente pongamos que tienes razón. ¿En qué te afecta eso a ti?. Eres consciente de lo enamorada que está Alison de ti ¿no? — reclamó Regulus, agitando con frustración los primeros mechones de su cabello.

Sirius bufó.

—¿Y eso a qué viene ahora?.

No tenía demasiadas ganas de hablar de Alison y menos aún con Reg, ya había recibido una buena reprimenda por parte de sus amigos y lo último que necesitaba era recibir una de su hermano también.

—Viene a que la estás cagando a lo grande con ella. ¿Liss? ¿En serio, Sirius? ¿En qué pensabas? — inquirió el slytherin negando con la cabeza.

—Claramente no pensaba — replicó el gryffindor en respuesta rodando los ojos.

—¿Te cuento algo?. Sé que Alison me mataría si supiera que te he dicho esto, pero dado que ambos tenéis la misma comunicación que una ameba moribunda, lo haré de igual forma. Así que te agradecería discreción — apuntó entrecerrando los ojos, en parte arrepentido por revelar el secreto de su amiga.

Sirius asintió.

—Iba a decirte la verdad la noche de la fiesta. Hablamos de eso aquella tarde y había conseguido que se decidiera a hacerlo — relató, tratando de controlar la rabia que sentía como consecuencia de la inmadurez de su hermano.

—¿Qué verdad? — interrogó Sirius sin entender ni una sola palabra.

—Que si te dejó no fue por la apuesta ni por Liss ni por nada de eso. No te voy a engañar, al principio creyó que la habías traicionado, pero con el tiempo se dio cuenta de que eso no tenía demasiado sentido dadas las circunstancias. Pero justo cuando iba a acercarse para tratar de solucionarlo contigo, recibió una carta de sus padres informándole de que su compromiso era inminente y pensó que lo mejor era dejar las cosas tal cual estaban, era la mejor forma de romper contigo antes de que fuera demasiado doloroso para ambos — explicó con tranquilidad, analizando la reacción de su hermano ante sus palabras.

Sirius observó a Regulus con incredulidad.

—¿Me lo estás diciendo en serio?.

No había ni un ápice de broma en el rostro del slytherin.

—¿Tú qué crees? — preguntó Regulus en respuesta, elevando las palmas de las manos.

—Tengo que hablar con ella — declaró Sirius, levantándose de un impulso del banco.

No obstante, antes de poder hacerlo por completo, Regulus tiró de la manga de su túnica obligándolo a sentarse de nuevo.

—Ni se te ocurra. Has metido la pata hasta el fondo, no puedes acercarte sin más y decirle qué. 'Oye Alison que lo de Liss era una broma'. Sé que igual te jode escuchar esto, pero ahora mismo necesita tiempo para estar sola y no estaría de más que tú hicieras lo mismo. Además, vete haciendo a la idea de que es bastante probable que esté con otras personas, entre las que por supuesto NO me encuentro yo — remarcó.

Por una vez, Regulus se sintió el hermano mayor en lugar del pequeño.

Sirius lo pensó unos segundos antes de darse cuenta de que su hermano tenía razón. Debía darle espacio a la rubia, y quizás con suerte, ambos conseguirían solucionar sus problemas con el tiempo y en consecuencia, las aguas acabarían volviendo a su cauce.

—Está bien, pero me tienes que prometer algo.

—Por supuesto, para eso estoy después de todo, para servirte — bufó Regulus en respuesta, molesto por su atrevimiento.

¿Con qué cara se atrevía su hermano a pedirle algo después de tratarlo así?. Pero claro, después de todo era Sirius Black y la modestia escaseaba en su diccionario personal.

—Cuídala por mí — pidió en tono suplicante.

—Me parece increíble que me pidas algo como eso cuando prácticamente le has dicho a la cara que poco me falta para ser un puto mortífago — espetó el slytherin notablemente enfadado cuando el recuerdo de su conversación con Alison se materializó en su memoria.

—¿No lo eres? — contraatacó el gryffindor escrutándolo con la mirada.

—Por supuesto que no — contestó ofendido, a la vez que se remangaba la camisa del uniforme dejando a la vista sus impolutos antebrazos — ¿Por quién me tomas?. Se supone que me conoces — reclamó, apartando la vista de la de su hermano.

—Con nuestra familia yo ya no supongo nada — concluyó Sirius en respuesta, cruzándose de brazos.

—Entiendo que odies a mamá y a papá, pero te aseguro que ninguno de los dos me lo ha pedido, ni mucho menos yo quiero serlo por voluntad propia. Eso sí, ya se lo he dicho a Alison, pero te lo repito a ti también, no estaría de más que ambos dejarais de provocar a Nott, no está bien de la cabeza y el que duerme en la sala común de Slytherin soy yo, no vosotros — le recordó con fastidio, aún significativamente dolido por su notable falta de confianza en él.

Sirius le observó unos segundos antes de contestar y cambió por completo su actitud con respecto a su hermano.

—Tienes razón — concedió, palmeando su espalda con cariño — ¿Ya estás bien?. Me preocupé bastante cuando Alison me contó lo que te habían hecho. No me acerque porque ya sabes lo gilipollas y orgulloso de mierda que soy, además ella me aseguró que ya estabas totalmente recuperado. Pero lo que le dije a Nott iba en serio, si vuelve si quiera a rozarte quiero saberlo — insistió, fijando su mirada en la de Regulus para que se percatara de que estaba hablando completamente en serio.

—Sabes que ya no tengo cinco años ¿no? — bufó el slytherin, sin poder evitar que una tímida sonrisa se dibujara en su rostro.

—Puede, pero sigues siendo mi hermanito pequeño — dijo alborotándole el cabello — A Alison le encantaría ver esto eh? — bromeó.

—Quieres callarte ya y abrir de una vez tu regalo — replicó Regulus, poniendo los ojos en blanco.

El merodeador retiró el envoltorio para descubrir el curioso objeto contenido en su interior. Una peonza de plata con placas de un cristal violáceo incrustadas en todas las caras de la misma. Había visto cientos de esos objetos pero en su mayoría de juguete, este parecía de una calidad excepcional y tenía el sello de la familia Black grabado en uno de sus laterales.

—Es un chivatoscopio — declaró Sirius, observando con detenimiento el objeto.

Los chivatoscopios o falsoscopios eran detectores de Artes Oscuras, que emitían estridentes ruidos, silbidos y se iluminaban si cualquier magia oscura o perversa actuaba cerca de quien la sostenía.

—Muy agudo — señaló Regulus en tono sarcástico.

—¿Por qué me regalas esto, Reg? — interrogó, sin entender muy bien el propósito del regalo de su hermano.

—¿Y por qué no? — replicó Regulus en respuesta, encogiéndose de hombros.