Capítulo 9: Jóvenes Eternamente (Parte 2)
James Potter descansaba tendido boca arriba sobre el fresco y húmedo pasto del campo de quidditch.
Hacía unos quince minutos que había dado por finalizado el entrenamiento, pero aunque la totalidad de su equipo y la mayor parte de espectadores habían abandonado ya el estadio, el muchacho permanecía allí tumbado sobre la hierba, con la vista fija en las escasas nubes que empañaban el impoluto azul del cielo sobre su cabeza.
El agotamiento que sentía era significativamente apreciable en su rostro, lo que en gran medida era consecuencia de los intensos y exigentes entrenamientos a los que había sometido a sus compañeros y a él mismo, con el objetivo de preparar apropiadamente al equipo para el inicio de la temporada de quidditch.
Además, la clase de pociones del día con el profesor Slughorn no había ayudado en exceso, pues estar dos largas horas inclinado sobre el llameante caldero preparando una poción de estímulo le había hecho flaco favor a su espalda.
El castaño entrecerró ligeramente los ojos para descansar un poco la vista, disfrutando del profundo silencio reinante en el estadio a esa hora de la tarde.
La temperatura había comenzado a descender de manera significativa, y los últimos rayos de sol de aquella tarde de noviembre, acariciaban con delicadeza sus mejillas calentándolas con su suave toque.
Probablemente, lo mejor sería retirarse a las duchas para quitarse el sudor que impregnaba cada centímetro de su uniforme y con ello evitar coger una pulmonía, pero estaba tan cansado que tener que tomar uno de los imbebibles brebajes anti resfriados que preparaba la señora Pomfrey con amargas raíces de mandrágora, le parecía infinitamente mejor opción en ese preciso instante, que ordenar a sus extenuados y recargados músculos que se incorporaran y emprendieran el camino en dirección a las duchas.
—Oye James, ¿podemos hablar un minuto? — irrumpió una voz ligeramente titubeante.
El muchacho abrió los ojos alertado por la presencia intrusa y se incorporó en apenas un segundo, olvidando por completo la fatiga que había experimentado hasta ese momento.
Lily Evans.
Lily Evans estaba parada frente a él, jugueteando con una goma de pelo que tenía enganchada en su muñeca a modo de pulsera.
Desde el incidente del despacho de la profesora McGonagall, la pelirroja no había vuelto a dirigirle la palabra y lo evitaba de manera deliberada. Tanto era así, que siempre parecía tener algo que hacer o algún sitio al que ir cuando se cruzaban en los pasillos, o cada vez que se percataba de que la distancia entre ambos era inferior a un par de metros.
Por esa misma razón, el merodeador había preferido darle su espacio y no presionarla, si en algún momento la joven quería hablar con él de lo sucedido, allí estaría para escucharla.
Tampoco era como si estuviera molesto con ella, más bien confundido.
En especial, por las indefinibles y sumamente intensas sensaciones que habían nacido en su interior como consecuencia del imprevisto beso.
Aún podía evocar con detalle el gustoso tacto de los suaves labios de la gryffindor acariciando los suyos con delicadeza, hasta el punto de que su nítido recuerdo lo perseguía, obligándole a rememorarlo una y otra vez, llegando incluso a invadir sus sueños tantas noches que incluso llegó a considerar seriamente la posibilidad de haberse vuelto completamente loco. Después de todo, no había sido más que un simple beso, ¿no?. El problema es que en ningún momento se sintió como un simple beso, sino más bien como puñeteros fuegos artificiales.
Sin embargo, había decidido no contar ni una palabra de lo sucedido a sus amigos. Se moría por hacerlo, Merlín sabía que sí. Pero, a decir verdad, después de la apresurada huida de la chica, no estaba muy seguro de que ella deseara poner al corriente a nadie más, por lo que optó por morderse la lengua oportunamente, en lugar de airearlo.
En otra situación quizás lo habría gritado a los cuatro vientos, pero no esta vez y no con ella.
Lo ocurrido entre ambos, fuera o no resultado de un impulso de la joven ocasionado por la tensión reinante, había sido especial y mágico para él, y en consecuencia, no deseaba compartir un sentimiento tan íntimo con nadie más que con ella
—Por supuesto — declaró en respuesta con una sonrisa amable dibujada en los labios, a la vez que daba unas palmaditas en el suelo invitándola a sentarse junto a él.
La chica asintió no demasiado convencida y se dejó caer sobre el pasto.
—Creo que te debo una disculpa por lo del otro día. Yo...no sé qué me pasó — trató de explicar con la mirada fija en el suelo, a la vez que arrancaba una brizna de hierba y jugueteaba distraídamente con ella entre los dedos.
—No me extraña que te disculpes, lo que hiciste estuvo bastante feo — coincidió James, en manifiesto tono de broma.
No obstante, la pelirroja se sentía tan apurada por haberse dejado llevar por sus impulsos en lugar de actuar de manera racional, que ni siquiera notó que el merodeador no hablaba en serio, y levantó de golpe la mirada, profundamente desconcertada por su respuesta.
Pero para su sorpresa y tranquilidad, él no parecía en absoluto enfadado, más bien la observaba curioso, con una sonrisa amable permanentemente dibujada en el rostro.
—Sí, sin lugar a dudas estuvo muy feo que me dejaras ahí tirado con todos esos expedientes, ¿tú sabes el tiempo que tardé en ordenarlos todos yo solo? — bromeó nuevamente, tratando por todos los medios de quitar hierro al asunto.
Lily respiró aliviada e inmediatamente a continuación, golpeó el hombro de James con el dorso de su mano, fingiendo haberse molestado con él por su falta de seriedad, aunque infinitamente más tranquila gracias a sus palabras.
—Estoy hablando en serio — negó tratando de ponerse seria.
Labor en la que falló estrepitosamente, dicho sea de paso.
Aún se sentía algo avergonzada por lo incómodo de la situación, no obstante no pudo evitar que una tímida sonrisa se dibujara en su rostro como consecuencia de la divertida ocurrencia del gryffindor.
A menudo se planteaba si el joven parado frente a ella sería capaz algún día de tomarse algo en serio, pero siendo completamente sincera, en ese preciso instante no podía sino sentirse agradecida porque el merodeador no le hubiera dado mayor importancia a su súbito, inesperado e increíblemente inconveniente beso, o como a ella le gustaba llamarlo, estado de locura transitorio.
—Yo también hablo en serio, creo que como mínimo me debes un masaje, acabé con la espalda completamente destrozada después de tres horas clasificando y guardando expedientes — bromeó nuevamente el muchacho, llevándose teatralmente la mano a los riñones.
Sus ojos avellana despedían un brillo especial y una simpatía, que sumados al cálido tono de sus palabras y a la comicidad de su interpretación, inevitablemente hicieron reír a la pelirroja.
—Así no hay quien se disculpe — se quejó mordiéndose con fuerza el labio inferior para tratar de ahogar una carcajada.
—Es que no me va demasiado lo de hablar en serio. Pero, en referencia a eso que tanto te preocupa, por mí está bien. A veces las cosas sencillamente pasan, no debes machacarte por ello, simplemente te dejaste llevar y eso es muy humano — opinó James con sinceridad, con los ojos fijos en los de ella.
Lily levantó la vista para tratar de desentrañar la indescifrable expresión que se había instalado en el rostro del castaño. No tenía ni la menor idea de que había significado para ella lo sucedido, ni mucho menos la razón por la cual había sentido la imperiosa necesidad de chocar sus labios contra los de James, pero el hecho de que él fuera tan enigmático en sus respuestas, inevitablemente logró confundirla más aún. Aunque para ser justa, tampoco podía pedirle un informe detallado de sus impresiones respecto a algo que él ni tan siquiera había buscado o propiciado.
—De igual forma, lo siento, no debí hacerlo.
—¿Por qué?. Es decir, no estuvo mal del todo, ¿no? — se aventuró a decir el muchacho con valentía.
La joven le observó interrogante, a la vez que sus rosadas mejillas se teñían involuntariamente de un rojo intenso.
No parecía estar bromeando como de costumbre, más bien daba la impresión de estar hablando completamente en serio. Por un momento, su característica seguridad en sí mismo y habitual arrogancia, habían sido sustituidas por una chispa de inseguridad, instalada en lo más profundo de sus ojos color avellana. Quizás después de todo no fueran tan diferentes, ambos lo suficientemente valientes como para lanzarse contra las fauces de un dragón, pero de igual forma, incapaces de sacar a relucir esa valentía para sincerarse respecto a sus sentimientos, por miedo a mostrar la más mínima señal de debilidad delante del otro.
James desvió por un momento la mirada de los ojos de la chica superado por la tensión, y tras aclararse la garganta, volvió nuevamente a sonreír, recuperando su habitual seguridad y desparpajo.
—Y ahora, hablando de lo realmente importante, ¿Cómo piensas compensarme por haber cumplido el castigo íntegramente mientras tú huías de la escena del crimen como alma que lleva el diablo? — tanteó divertido entornando los ojos.
Con tan solo una frase, el merodeador había conseguido disipar por completo la tensión que hasta ese momento había reinado en el ambiente, dándoles a ambos un más que necesario respiro.
Lily olvidó por un instante las dudas e inseguridades que la martilleaban.
—¿Qué tenías en mente? — concedió en tono divertido, arqueando una ceja con desconfianza.
James sonrió complacido y sin dejar pasar un segundo más, se levantó de un salto del suelo, tendiendo una mano en dirección a la gryffindor para ayudarla a levantarse.
—Tengo entendido que nunca has montado en escoba — señaló a la par que tiraba de la muchacha.
—No — respondió ella tajante con cara de pavor, mientras negaba enérgicamente con la cabeza tragando saliva.
—Por favor, Evans, de verdad que lo pasé muy mal aquella tarde, creo que me ha causado incluso ciática crónica — se quejó el joven llevando nuevamente la mano a la parte baja de su espalda, a la vez que fingía una exagerada mueca de dolor.
La pelirroja rodó los ojos.
—Si tuvieras ciática no podrías moverte y mucho menos dirigir un entrenamiento de quidditch — señaló divertida.
—Por favor — insistió James haciendo pucheros, mientras juntaba las palmas de las manos a modo de súplica.
—Está bien — acabó cediendo la gryffindor como consecuencia de su insistencia, no sin antes dejar escapar un largo suspiro.
Estaba segura de que acababa de perder completamente el buen juicio del que hasta ese preciso momento había acostumbrado a presumir, aventurándose a hacer algo que inevitablemente pondría en riesgo su integridad física sin necesidad alguna. Lily Evans tenía un irracional pánico a las escobas, sobre todo si éstas estaban suspendidas en el aire a varios metros del suelo y por esa misma razón, no acababa de comprender qué diantres le había impulsado a aceptar la temeraria proposición del castaño.
James sonrió complacido y cogió su escoba para, a continuación, pasarla entre sus piernas.
—Ven — indicó tomándola suavemente de la mano para guiarla.
La muchacha estaba temblando como un flan, tanto que fue capaz de sentir su inseguridad a través de su toque. Por lo que, sin siquiera pensarlo apretó su mano con ternura tratando de infundirle algo de confianza. Quizás no hubiera usado palabra alguna, pero de igual forma el mensaje era claro, haría todo cuanto estuviera en su mano para que estuviera segura, disfrutando al máximo de su primer viaje en escoba.
La chica respiró hondo y pasó con indecisión uno de sus pies por encima del palo situándolo entre sus piernas. No obstante, en cuanto notó como comenzaban a elevarse ligeramente sobre el suelo del campo, movida por el pánico, envolvió con fuerza sus brazos alrededor de la cintura de James y cerró los ojos en acto reflejo.
El castaño sonrió al notar el agarre de la chica y comenzó a incrementar la velocidad de ascenso, deteniéndose cuando se encontraban suspendidos a aproximadamente unos diez metros del suelo.
—Abre los ojos, Lils.
Lils. Era la primera vez que el castaño se dirigía a ella con ese apelativo cariñoso con que solían nombrarla sus amigos más cercanos, pero contra todo pronóstico no sonó extraño o incómodo viniendo de sus labios, sino más bien familiar, casi como si el merodeador se hubiera dirigido a ella siempre de ese modo.
La pelirroja obedeció al instante.
A medida que sus ojos se iban abriendo, comenzó a visionar poco a poco las impresionantes, aunque imponentes, vistas que se divisaban desde aquella considerable altura.
—¿Preparada para dar una vuelta? — preguntó visiblemente ilusionado, girando ligeramente la cabeza hacia atrás.
—Creo que sí — accedió la gryffindor no demasiado convencida de sus palabras, a la vez que evitaba por todos los medios dirigir la mirada hacia la parte inferior.
No es que tuviera vértigo, pero la perspectiva de caer desde esa altura era tremendamente aterradora.
James asintió y aumentó moderadamente la velocidad, surcando el despejado cielo anaranjado del atardecer a lomos de su Sagitta Celeris 1900, con Lily Evans a su costado.
Los muchachos sobrevolaron cada recoveco del castillo y sus extensos terrenos, deleitándose con la espectacular imagen que divisaban desde la altura. La pelirroja no había tenido nunca antes la oportunidad de ver de aquella forma el precioso castillo de estilo gótico medieval en el que se alojaban durante el curso escolar, así como los frondosos terrenos aledaños al mismo.
Recorrieron cada patio, rodearon todas y cada una de las Torres dentro de los límites, e incluso sobrevolaron la espesa arboleda del bosque prohibido, para acabar deteniéndose sobre las aguas del lago negro, donde James descendió prácticamente hasta el nivel del agua, para que Lily pudiera acariciarla con el dorso de su mano.
Cuando habían recorrido prácticamente la totalidad del terreno, James llevó a la chica de vuelta al estadio, tan lento como le permitía su escoba. No deseaba que el viaje acabara pero no tenía mucho más que enseñarle, y por lo tanto, ninguna buena excusa que les mantuviera en el aire.
—Gracias por el viaje, creo que ha sido una de las mejores experiencias de mi vida — reconoció Lily, con el corazón aún latiendo a mil por hora como consecuencia de la adrenalina.
—Ha sido un placer, puedes pedirme que te dé una vuelta siempre que quieras, eres una gran copiloto — sonrió el merodeador, a la par que desviaba la mirada instintivamente como consecuencia de los nervios.
Y tras sus palabras, la joven se acercó a él con decisión y estampó brevemente sus labios contra la mejilla del gryffindor a modo de agradecimiento, antes de darse finalmente la vuelta para regresar al castillo.
James se tocó la mejilla donde apenas hacía unos segundos habían estado los labios de la pelirroja y con renovadas energías, y una chispa de ilusión en lo más recóndito de su corazón, comenzó a andar en dirección a los vestuarios, más que dispuesto a disfrutar de una reconfortante ducha.
Lily por su parte no sabía muy bien qué sentir, un torrente de adrenalina había inundado cada célula de su cuerpo, disipando por completo el paralizante temor que la había invadido ante la perspectiva de su primer viaje en escoba. Y es que no podía estar más feliz, había vencido dos de sus mayores miedos en una misma tarde y no podía estar más orgullosa de sí misma.
No sabía a ciencia cierta si lo del castigo había sido un ataque de locura transitoria, o había algo más detrás de su impulsivo beso, pero en cualquier caso, debía reconocer que cada día que pasaba James mecreoperfecto Potter le agradaba más. Y es que en ese último tiempo se había sorprendido al descubrir en el merodeador un muchacho divertido, atento, considerado, honesto, amigo de sus amigos y un sin fin más de cualidades positivas que jamás pensó poder adjudicar a alguien como él.
Se sentía tan cómoda a su lado, que por un momento deseó con todas sus fuerzas que aquel primer viaje en escoba hubiera durado eternamente.
La noticia de que habría una fiesta para celebrar el cumpleaños de Sirius Black corrió como la pólvora por todas y cada una de las estancias del castillo. Raro era el alumno que no hubiera suplicado a cualquiera de los cuatro merodeadores por una invitación.
No obstante, después de la accidentada fiesta de Halloween y con la profesora McGonagall al acecho, los muchachos habían decidido que lo mejor sería celebrar una fiesta íntima en su dormitorio, en la que por supuesto habría un aforo lo más reducido posible. Después de todo, una habitación sería sin lugar a dudas mucho más fácil de controlar e insonorizar que una sala común al completo.
James y Peter se encargaron de repartir las invitaciones entre los miembros del equipo de quidditch de Gryffindor, Remus de entregárselas a algunos de sus compañeros de clase más cercanos, y finalmente, Caroline se asignó a sí misma la labor de invitar a las chicas.
Y aunque el resto de merodeadores no estaban demasiado convencidos de que las muchachas quisieran acudir después de todo lo sucedido, la castaña les aseguró que conseguiría que asistieran como que se llamaba Caroline Rose, no sin antes dirigirse a ellos con el cariñoso apelativo de 'magos de poca fe'.
A decir verdad, Caroline había permanecido algo separada del resto de las muchachas desde el principio del curso por razones más que evidentes, o al menos lo eran para ella. La castaña era la mejor amiga de Sirius y no deseaba bajo ningún concepto incomodarlas, ni que pudieran pensar que se había acercado a ellas para obtener información de primera mano que más tarde poder transmitirle al moreno.
—Hola chicas, ¿tenéis un momento? — saludó la muchacha, acercándose hasta donde se encontraban sentadas Lily y Sarah, en uno de los rebordes del muro en el patio del viaducto.
El citado patio era uno de los más populares entre los alumnos de todas las casas de Hogwarts para pasar el tiempo entre clases, especialmente jugando a Gobstones, un popular juego mágico con piedras especiales similar al juego muggle de las canicas.
El patio del viaducto, también conocido como patio de entrada, estaba conformado por un claustro de piedra de forma rectangular, parcialmente pavimentado en forma de cruz, cubierto por una columnata abierta que lo rodeaba y coronado por dos torres de control que flanqueaban la entrada al castillo a través del viaducto del que recibía su nombre.
Las muchachas interrumpieron inmediatamente su conversación, y regalando a la chica una sonrisa amable, tendieron la mano para invitarla a sentarse junto a ellas.
—Hola Carol — saludaron al unísono ambas jóvenes, ligeramente sorprendidas por la cercanía de la gryffindor, con la que desde el inicio del curso apenas habían cruzado más de dos palabras seguidas.
—Siento interrumpiros — se disculpó algo apurada.
—No nos pidas perdón, en realidad estábamos deseando que te decidieras a acercarte, te hemos echado mucho de menos — confesó Lily con ternura, envolviendo con cariño los hombros de la castaña con su brazo derecho.
Sarah asintió suscribiendo una por una las palabras de su amiga.
—Siento no haberme acercado, es solo que pensé que quizás Alison no se sentiría demasiado cómoda con mi presencia y no quería molestarla — explicó algo avergonzada entrecerrando los ojos.
Lily y Sarah la observaron con incredulidad.
Jamás habrían imaginado que la muchacha se sentía de esa forma, pues de haberlo hecho indudablemente se habrían acercado y si no lo habían hecho, era precisamente porque pensaban que su lejanía se debía a que la castaña se sentía más cómoda en presencia de los muchachos, por lo que no querían ponerla en la tesitura de tener que estar con ellas por compromiso.
—¿Alison? ¿Hablamos de la misma Alison Potter?. Porque ella te echa de menos tanto o más que nosotras — intervino Sarah elevando las cejas sorprendida, a la vez que se levantaba para situarse al otro lado de Caroline y abrazarla también.
—Es solo que pensé que como Sirius y yo somos amigos… — trató de explicar.
—Sirius es Sirius y tú eres tú — interrumpió en tono tajante Lily, a la vez que levantaba un dedo en dirección a Caroline, tratando de dar énfasis y seriedad a sus palabras.
—Lily tiene razón, y te advierto que si vuelves a decir que nos molestas o incomodas en mi presencia, convenceré a tus compañeras de cuarto para que te manden a dormir a la caótica e intransitable habitación de los merodeadores durante una semana — prometió Sarah, diluyendo involuntariamente la seriedad de su amenaza a medida que sus labios y mejillas formaban unos visibles y adorables pucheros.
—Vale, vale — aceptó Caroline elevando las palmas de las manos en señal de paz — En realidad, antes de que me bombardearais con crueles amenazas que muy probablemente pondrían en riesgo mi salud, sin las vacunas antirrábicas pertinentes, me había acercado para invitaros a la fiesta de cumpleaños de Sirius de este sábado — tanteó mordiéndose el interior de la mejilla con nerviosismo — Entiendo que quizás no os apetezca mucho venir, pero si os decidís, a los chicos les gustaría mucho que asistierais.
—No se yo, no quiero acabar castigada de nuevo en el despacho de McGonagall — replicó Lily algo escéptica, no demasiado convencida de que esta vez todo saliera como estaba planeado y sin castigos de por medio.
—Oh no, esta vez será algo más íntimo, unas veinte o veinticinco personas en el cuarto de los chicos. Por supuesto haremos un hechizo de extensión para no estar todos como plimpies en lata. Además, por alguna razón que desconozco, James me dijo que te recordara el increíble esfuerzo que hizo con los expedientes, y que lo tuvieras en cuenta a la hora de decidir si ir o no a la fiesta y arrastrar contigo a su prima — recordó de pronto la castaña.
Lily bufó, aunque en el camino se le escapó una sonrisa involuntaria.
—Será idiota — murmuró entre dientes, notablemente divertida por el intento de disuasión empleado por el gryffindor.
Sarah y Caroline la observaron durante unos segundos algo confundidas, e inmediatamente después se miraron alternativamente, sin entender absolutamente nada de lo que pasaba en ese momento por la cabeza de su amiga pelirroja.
El sábado por la noche los muchachos se escabulleron a toda prisa en dirección a su dormitorio en cuanto finalizó el horario de cena, para poder así preparar todo lo que necesitarían para la fiesta.
Ya estaba todo prácticamente listo, pero aún quedaban los últimos detalles por ultimar, lo cual se traducía básicamente en preparar la barra de las bebidas, conjurar el tocadiscos que pondría banda sonora a la fiesta durante toda la noche y desperdigar algunos confetis, globos y serpentinas de colores por toda la estancia.
Sirius había pedido a los muchachos que la fiesta no fuera más que una reunión tranquila de amigos, con buena música y algunas cervezas, pues a decir verdad, después de todo lo sucedido las últimas semanas, no estaba de ánimo para muchas fiestas, aunque fuera para celebrar su cumpleaños. No obstante, como no podía ser de otra forma, James había decidido ignorar deliberadamente los deseos del moreno, pues en palabras del gryffindor 'sólo se cumplía diecisiete años una vez y era casi una obligación moral celebrarlo por todo lo alto'.
El hechizo de extensión conjurado por Remus había funcionado de maravilla, agrandando de manera significativa el espacio disponible en el dormitorio, lo que sumado al hecho de que James había hecho desaparecer temporalmente las camas y el resto de muebles de la habitación, convirtió la estancia en un lugar óptimo para celebrar la fiesta. No obstante, el control del aforo planeado, no había sido tan exhaustivo como se hubiera podido esperar, por lo que al menos una decena de alumnos que no habían sido invitados lograron colarse, provocando que el espacio que en un primer momento parecía suficiente, se viera significativamente reducido hasta dar la impresión de no caber ni una varita más.
Sirius tomó una cerveza de la improvisada barra que habían montado en uno de los extremos de la habitación y se separó del resto de sus amigos para salir a tomar un poco el aire a la terraza, que como consecuencia del hechizo de extensión, había sustituido a la minúscula ventana del dormitorio.
—Buenas noches, forastero — saludó una voz femenina a su espalda, antes de situarse a su altura.
Tanto el muchacho como la intrusa, mantuvieron durante unos segundos la vista fija en el horizonte, observando como las estrellas coloreaban parcialmente el cielo nocturno, iluminando junto a la luna creciente las frondosas copas de los árboles de hoja perenne que rodeaban el castillo.
—¿A qué debo el placer, bella dama? — preguntó el merodeador, dando un breve sorbo a su botellín, a la vez que se volvía para mirarla.
—No podía perderme tu cumpleaños. ¿Me das un poco? — pidió la muchacha, señalando la cerveza del merodeador.
Sirius asintió antes de pasarle la botella de vidrio.
La chica le dio un largo trago a la cerveza, preparándose mental y físicamente para la conversación que estaba por tener con el joven parado junto a ella.
Desde que Lily y Sarah le habían contado lo de la fiesta, la gryffindor había dado muchas vueltas a si debía o no acudir pero, a decir verdad, siendo completamente sincera, gran parte de ese tiempo de reflexión lo había empleado en tratar de reunir la valentía suficiente para hacerlo, pues asistir significaba inevitablemente tener que enfrentar al merodeador y a los manifiestos problemas entre ambos. No tenía sentido ni lógica alguna ir para luego no atreverse siquiera a dirigirle la palabra a Sirius, además, después de todo, era su cumpleaños y siendo una persona tan importante para ella, no habría podido perdonarse nunca ser tan orgullosa como para elegir no estar presente.
—Gracias por venir, rubia. Sé que probablemente no me creas, pero significa mucho para mí que estés aquí — reconoció el moreno con franqueza.
La rubia se volteó para observarle con detenimiento, fijando sus ojos azules en él.
No había ni rastro de broma, sarcasmo o diversión en sus ojos, solo sinceridad.
—¿Por qué parece que no somos capaces de tener una conversación normal sin una buena dosis de drama de por medio? — interrogó pensativa, dejando escapar un largo suspiro.
—¿No es lo que hacemos ahora? — preguntó él, notablemente confundido por sus palabras.
—Sí, pero tú me entiendes. Me refiero a que desde el curso pasado no hemos dejado de pelear como el kneazle y el crup a cada momento y la verdad es que ya estoy un poco cansada de tanto drama y discusiones sin sentido.
—Yo también — reconoció volviendo nuevamente la vista al horizonte — Creo que deberíamos darnos un respiro mutuamente y tratar de hacer una tregua — opinó Sirius, devolviéndole una mirada profunda, en la que se hacía palpable su agotamiento y frustración por la complicada situación entre ambos.
La chica le observó dudosa, analizando su expresión. No terminaba de convencerse de que eso fuera a funcionar pero no perdía nada por intentarlo, por lo que tendió la mano en dirección al moreno.
—¿Amigos? — propuso.
—Amigos — concedió él.
No obstante, en cuanto sus manos hicieron contacto, la electricidad recorrió cada célula de sus cuerpos con intensidad, como una descarga de adrenalina, haciendo que ambos separaran sus manos de golpe en acto reflejo y las volvieran a posar sobre la barandilla.
Pues como suele pasar con las conexiones especiales, cualquier mínimo contacto por pequeño que sea, enciende de nuevo las ascuas de algo mágico que nunca terminó de apagarse, y que con la mínima chispa, hace volar por los aires todas las barreras mentales y físicas que tanto te habías esforzado en construir alrededor de tu corazón.
—Y para que conste, siento mucho lo de Liss, y bueno, evidentemente aún más lo de Regulus, fui un capullo integral — se disculpó Sirius aclarándose la garganta con nerviosismo — Además, soy consciente de que no tengo derecho alguno a decirte con quién puedes o no estar si no estás conmigo. Aunque, tampoco te voy a mentir, agradecería infinitamente que si te tengo que ver con otra persona, esa persona no fuera mi hermano pequeño — añadió medio en broma, medio en serio.
Alison rió.
—Si, la verdad es que fuiste un poco capullo —coincidió divertida, guiñandole un ojo para quitarle hierro al asunto — Pero lo he estado pensando y al igual que tú, tampoco tengo derecho a enfadarme por lo de Liss, si quieres estar con ella es tu decisión — suspiró con la mirada fija en la del gryffindor.
—En realidad tenías razón sobre ella — suspiró Sirius arrepentido — Sólo la besé para hacerte daño, sé que fue muy inmaduro por mi parte y no tengo justificación alguna. Hay veces que simplemente no sé por qué hago las cosas que hago, estaba tan enfadado por lo de Reg que me dejé llevar por un impulso y metí la pata hasta el fondo — reconoció avergonzado, desviando la mirada hacia la loza del suelo.
La muchacha asintió.
—Tampoco es como si yo hubiera sido muy madura últimamente y quiero que sepas que también lo siento. Soy consciente de que las cosas entre ambos no están en el mejor punto ahora mismo, pero me importas mucho más de lo que crees y lo que más deseo es verte feliz —confesó con una sonrisa tímida.
Sirius sonrió.
—Yo también te aprecio y deseo que seas feliz, pero no se lo digas a James o pensará que me he vuelto un blando — bromeó el moreno, dejando entrever su característica sonrisa ladeada.
En ese momento se moría por ser completamente sincero con Alison y decirle que para él, ese ideal de felicidad no existía ni tenía demasiado sentido sin ella en la ecuación, pero no lo hizo. Hacerlo habría sido increíblemente egoísta e injusto para ambos, y deseaba hacer las cosas bien por una vez.
Ambos debían madurar y poner en orden sus ideas, quizás en un futuro volvieran a reencontrarse, pero hacer uso de la información que le había dado Regulus para acelerar la llegada de ese momento, habría sido jugar sucio y él no era así. Si Alison volvía a su lado, sería porque realmente se había dado cuenta de que le quería y deseaba estar con él por ella misma. Y si no lo hacía, bueno en ese caso, al menos viviría viéndola lograr sus sueños como su amigo y compañero de vida, siempre a su lado apoyándola.
—Por cierto, me encantaron tus regalos, aunque no sé si debería sentirme ofendido por lo del collar perruno — bromeó Sirius enarcando una ceja.
—No seas mentiroso, sabes que te ha encantado — rió Alison, orgullosa por el ingenio y originalidad que había demostrado al elegir sus regalos.
—Puede, pero lo negaré si se lo cuentas a alguien.
La rubia sonrió complacida.
—Pensé que tendrías más problema con las pociones — bromeó.
—O no, puedes estar segura de que esas las probaré antes con James, si aprecias la vida de tu primo ya puedes ir corriendo a avisarle que no se las tome — replicó divertido, iluminando su rostro con una amplia sonrisa.
—Idiota — rió Alison, dejando escapar una sonora carcajada de entre sus labios a la vez que golpeaba su hombro con el de Sirius.
—Sabes que sí. Pero reconoce que te encanta — apuntó divertido.
—Por encima de mi cadáver, antes le daría un beso a un dementor — replicó ella entre carcajada y carcajada, siendo acompañada por la suave risa del merodeador.
En torno a las tres de la madrugada, cuando la fiesta estaba en su máximo apogeo, comenzó a sonar a todo volumen 'Forever Young' de Alphaville y los merodeadores y las chicas se reunieron en el central de la pista de baile para cantar a voz en grito, a la vez que entrelazaban sus brazos por detrás de los hombros de sus amigos, mientras el resto de invitados a la fiesta bailaban y saltaban a su alrededor haciendo los coros.
Forever young, I want to be forever young
Do you really want to live forever?
Forever, and ever
Forever young, I want to be forever young
Do you really want to live forever?
Forever young
La imagen no podía ser más mágica e idílica, era la representación gráfica del amor y el cariño que había nacido entre esos ocho muchachos. Casi sin darse cuenta se estaban convirtiendo en una familia, que cada día que pasaba estaba más y más unida. Y aunque en esos momentos aún no lo sabían, esos lazos que estaban forjando serían fundamentales para afrontar los duros tiempos que vendrían y con ellos los desafíos a los que no tardarían en tener que enfrentarse, pero si algo era seguro es que al menos lo harían juntos.
Esos ocho jóvenes eran algo más que la primera imagen que los demás tenían de ellos y que los reducía al rebelde sin causa, la más valiente de las gryffindor, el arrogante de buen corazón, la indómita atrayente, el sabio con serios problemas de autoestima, la inteligente más introvertida, el perpetuo inseguro y la osada más juiciosa. Pues al final del día, no eran más que adolescentes normales con miles de virtudes y defectos aprendiendo a vivir, que recién empezaban a entender lo que implicaba crecer y hacerse adulto.
Apunte: Soy consciente de que 'Forever Young' de Alphaville salió en el año 1984 y en la historia es 1976, pero sé que me perdonáis la incongruencia porque la canción iba perfecta con la escena y tenía que ser esa si o si 3
