Capítulo 18: ¿Qué tal se te da el juego de las escondidas? (Parte 2)
James Potter caminaba junto a Lily por el oscuro e inhóspito pasadizo que conducía a la bodega de la famosa tienda de golosinas Honeydukes. El sonido de sus pasos rebotaba contra los gruesos muros de piedra inundando con su rítmico eco la totalidad del túnel que se extendía frente a ellos. La temperatura era ligeramente inferior a la presente en el exterior del castillo, como si aquel desapacible pasadizo funcionara como un enorme refrigerador, completamente inmune al calor que emanaba el incesante trasiego de alumnos por el resto de pasillos de la mágica escuela.
No obstante, James no tenía ni una pizca de frío, más bien si su temperatura corporal continuaba en ascenso, terminaría por arder en llamas, y con la mala suerte que acostumbraba a acecharle, transformándose en consecuencia, en una reluciente y escamosa salamandra de fuego. Cosa que sin lugar a dudas, lo descartaría como aspirante a interés romántico de Lily Evans, y pondría en peligro su pellejo a ojos de su prima, en especial teniendo en cuenta la enorme cantidad de aplicaciones que tenía la sangre de salamandra como ingrediente para una ingente cantidad de pociones.
¡¿En qué hipogrifos estaba pensando?! — reflexionó en tono de reprimenda, golpeándose instintivamente la frente con la palma de la mano.
Lily observó confundida su gesto y en consecuencia, James tragó saliva y sacudió la cabeza tratando de alejar tan disparatados desvaríos de su mente, y centrarse en disfrutar del plan que tanto se había esforzado en organizar para la pelirroja. Esa misma pelirroja que de manera súbita se había colado permanentemente en sus pensamientos, y que cada día que pasaba, avanzaba a pasos más agigantados en la conquista del corazón que jamás pensó que nadie pudiera llegar a acelerar del modo, en que su contacto con la nívea piel de la chica de ojos esmeralda lo hacía.
—¿Y bien? ¿Cuál es nuestro plan para hoy? — preguntó la muchacha rompiendo el silencio que los acelerados y erráticos pensamientos de ambos habían provocado desde el descenso a través del tobogán del pasadizo.
James no pudo evitar que una tenue sonrisa se dibujara en sus labios, sonrisa que no pasó ni mucho menos desapercibida para la chica que caminaba junto a él.
—Vas a tener que esperar un poco más para descubrirlo, Evans — replicó divertido con la vista fija en la punta de su varita, cuya luz alumbraba tenuemente el camino empedrado por el que transitaban.
Sin embargo, a pesar de que en ningún momento se volvió para mirar a la gryffindor, pudo visualizar con claridad cómo la chica rodaba los ojos ligeramente molesta por su respuesta, y secretamente disfrutó de tener en su mano la capacidad para sorprender a aquella muchacha que siempre se había caracterizado por adelantarse dos pasos a cada uno de los movimientos del merodeador, y en especial, porque hubiera sido ella misma quién dotándolo de su confianza, lo hubiera dejado ponerla en tal aprieto.
—No sé si te lo había dicho alguna vez pero, para futuras ocasiones...odio las sorpresas — refunfuñó la muchacha, frotando instintivamente las palmas de las manos entre ellas, tratando de generar algo de calor por mínimo que fuera.
Al castaño como no podía ser de otra forma, no le pasó desapercibido este gesto y antes de que la chica pudiera decir una palabra más, tomó una de sus manos y enlazándola con la suya la introdujo en el bolsillo de su chaqueta, compartiendo con ella un poco de su elevado calor corporal.
Lily pareció algo sorprendida al principio, pero cuando el calor transcurrió a través de la áspera piel de las manos del chico, forjada con el duro agarre de las toscas escobas de quidditch que habían pasado por sus manos año tras año de intensos entrenamientos y extenuantes partidos, al delicado dorso de las suyas, se sintió extrañamente reconfortada con el cálido contacto, por lo que obvió siquiera mencionarlo.
—Nadie odia las sorpresas, solo te sientes intranquila porque es algo que escapa completamente a tu control, además, supongo que la reputación que me precede en lo que a travesuras y estrambóticos planes se refiere no me convierte precisamente en la persona más confiable del mundo — continuó el muchacho en tono comprensivo, sin sentirse en ningún momento ofendido por la posibilidad de que esa última fuera la razón real de los nervios de la chica.
Lily detuvo sus pasos en seco y con ella los de James, cuya mano permanecía entrelazada a la suya, y lo obligó a mirarla a los ojos.
—Confío en ti — aseveró con una sinceridad tan profunda e inquebrantable que al gryffindor no le quedó más remedio que creerla, dejando que la luz de su confesión arremetiera con fuerza contra su pecho — Es solo que no veo tan simple la parte de ocultarnos a ojos de todos en un pueblo multitudinario inundado de alumnos que fácilmente podrían reconocernos, y por si eso no fuera poco, entre ellos se encuentran nuestros queridos amigos — suspiró a la vez que rompía el contacto visual con el muchacho y reanudaba la marcha de ambos.
James volvió a sonreír pero esta vez para sí mismo.
Confiaba en él, Lily Evans confiaba en él, y esas simples palabras significaron tanto para el muchacho que su estómago se encogió como si ascendiera por la más empinada de las montañas rusas y la caída fuera inminente, inundando de adrenalina cada una de sus terminaciones nerviosas.
—Bueno en ese caso me siento algo mejor, al menos confías en mí lo suficiente para dejarte arrastrar a una aventura de merodeadores, lo cual no sé si dice demasiado en favor de tu cordura — bromeó tratando de serenarse y quitarle hierro al asunto.
Las comisuras de los labios de la chica se elevaron inevitablemente como consecuencia de sus palabras.
James Potter era la típica persona a la que en ocasiones matarías sin miramientos, pero a la que de igual forma, a menudo abrazarías con tanta fuerza que los latidos de su corazón acabarían por convertirse en los tuyos.
—Bueno, aún estoy a tiempo de arrepentirme y hacer compañía al alma en pena que vaga por los terrenos de Hogwarts, también conocida como Alison Potter — bromeó observándolo de reojo.
James dejó escapar una sonora carcajada.
—De eso nada, ya se percibe el olor a jarabe de caramelo desde aquí, lo que indica claramente que es demasiado tarde para darse la vuelta — apuntó con agudeza mientras inspiraba el dulce aroma que inundaba el pasillo frente a ellos, cuyo techo estaba coronado por la trampilla que daba acceso a la bodega de la tienda de golosinas.
—Tienes razón, mataría por tomar uno de esos ahora mismo — coincidió imitando al muchacho, mientras su estómago rugía con fuerza cuando el delicioso olor que desprendían los humeantes calderos llenos con la dulce mezcla inundaba sus fosas nasales — ¿En que has pensado para ocultarnos? — preguntó mientras se le hacía la boca agua, señalando la trampilla con la punta de su varita.
—¿Qué tal se te da el juego de las escondidas? — preguntó con una sonrisa ladeada, a la vez que sacaba del bolsillo interno de su cazadora dos frasquitos de cristal rellenos de un líquido de apariencia pantanosa y los agitaba frente a su rostro.
—No me puedo creer que te hayas atrevido a hacerlo, sabes que si alguna vez Alison se entera, te meterá en una marmita y te cocerá a fuego lento hasta que supliques clemencia — advirtió Lily a la vez que frotaba las palmas de las manos contra la tela robusta de sus vaqueros, tratando de eliminar por completo el polvillo blanquecino que se había adherido a su piel en su ascenso por la destartalada escalera que comunicaba el pasadizo con la bodega de la tienda de golosinas.
—Para ser completamente sincero, no pude resistirme, robar a Slughorn habría sido infinitamente menos divertido, y no hables en singular, tú eres mi cómplice, la cómplice más atractiva con que pudiera soñar alguien — puntualizó en tono travieso, consiguiendo que en consecuencia la pelirroja pusiera los ojos en blanco, al notar como retazos de la fachada zalamera que acostumbraba a adoptar el merodeador hacía acto de presencia — El riesgo tiene su parte divertida, además, me enorgullece anunciar que al menos por un día, te has convertido en una merodeadora más — añadió con orgullo, chocando su hombro contra el de la chica juguetonamente.
Una tímida sonrisa se dibujó en los rosados labios de Lily.
No obstante, a pesar de que el emotivo comentario del merodeador había hecho que por un momento su corazón diera un saltito de alegría, la emoción por pasar la tarde junto al chico que en ese último tiempo la había hecho sonreír tantas veces que hasta había perdido la cuenta, fue rápidamente sustituida por la losa de culpa que a diario trataba de sepultar la irradiante felicidad que se había apoderado de su estado de ánimo durante los últimos meses.
—Nos va a matar, no solo has entrado en nuestro cuarto y has rebuscado entre sus cosas sin permiso, sino que además le has robado algunos botecitos de su preciada colección de pociones, y yo te lo he permitido — aseguró llevándose las manos a la cara algo angustiada por la retahíla de mentiras que había tenido que decirles a sus amigas en ese último tiempo, como consecuencia del secreto que tan celosamente compartía con el castaño.
—Si se lo hubiera pedido se habría enterado de nuestros planes, es demasiado inteligente para pasarlo por alto y demasiado curiosa como para quedarse con la duda. Vamos pelirroja, tampoco es para tanto, te tengo a ti para vigilarme — replicó el muchacho, tomando con delicadeza las manos de la chica para obligarla a mirarlo, a la vez que guiñaba un ojo tratando de infundirle algo de confianza.
—Está bien — aceptó Lily dejando escapar un largo suspiro — Si nos atrapan al menos habrá merecido la pena — trató de convencerse a sí misma acomodándose instintivamente el bajo del jersey.
—Tenemos dos dosis para cada uno, eso nos da al menos para un par de horas de diversión, luego trataremos de acoplarnos bajo la capa de invisibilidad durante el camino de vuelta, ¿te apuntas? — preguntó con una sonrisa esperanzada, a la vez que tendía el botecito de cristal en dirección a la chica.
—Qué remedio — suspiró la muchacha, tomando con manos temblorosas el recipiente antes de que tras una corta cuenta atrás, ambos vaciasen el nauseabundo contenido de un trago en sus gargantas.
Tras llenar hasta los topes los bolsillos de los abrigos de sus dulces favoritos, lo que por supuesto incluía como no podía ser de otra forma varitas de regaliz, ratones de azúcar chillones, babosas de gelatina y píldoras ácidas, los muchachos abandonaron la confitería, y con las manos entrelazadas se dirigieron en dirección al establecimiento más concurrido del pequeño pueblecito.
La taberna de las Tres Escobas estaba llena hasta la bandera de alumnos de todos los cursos desde tercero, y algún que otro de sus parroquianos más valientes, a los que no parecía importarles ni lo más mínimo el alboroto causado por los jóvenes estudiantes. Como no podía ser de otra forma, las robustas mesas de roble, se encontraban cubiertas casi en su totalidad por los recipientes de peltre que contenían las diferentes bebidas que ofertaba el establecimiento, desde burbujeantes jarras de su clásica cerveza de mantequilla, hasta rebosantes copas de hidromiel caliente con especias, e incluso algún que otro vaso de delicioso jarabe de cerezas con gaseosa. El bullicio de las intrascendentes conversaciones inundaba el ambiente creando un aura de júbilo y divertimento que recorría cada rincón de la acogedora taberna.
James arrastró a Lily hasta una de las mesas situada en la esquina posterior de la sala, resguardando sus confesiones de posibles oídos indiscretos.
—No sería una salida a Hogsmeade en condiciones sin una visita, por breve que sea, a las Tres Escobas, ¿no te parece? — sonrió con amabilidad antes de disculparse para ir a hacer un pedido a la barra.
Lily jugueteó impaciente con el corchete de la manga derecha de su abrigo, abrochándolo y desabrochándolo una y otra vez.
Podría engañarse pensando que sus nervios no tenían otro motivo que el terror a ser descubierta, pero nada más lejos de la realidad, nunca había tenido dudas acerca de lo que debía hacer o decir en cada momento, pero desde que los caminos del merodeador y ella se habían acercado, le sucedía mucho más a menudo de lo que le habría gustado admitir.
Confiaba en James, le había costado pero haberlo conocido de la forma en que había tenido la oportunidad de hacerlo disipó por completo cualquier duda que hubiera podido tener con respecto al muchacho. No, ese no era el problema. Él problema era simple y llanamente ella. ¿Qué tal si a raíz de su acercamiento el merodeador descubría que no era tan inteligente, ni tan interesante como le hubiera podido parecer en un primer momento?. ¿Y si metía la pata hasta tal punto que sus sentimientos hacia ella cambiaran radicalmente?. Si se lo hubiera preguntado, estaba segura de que él habría jurado y perjurado que eso jamás podría llegar a pasar, pero salvo que te apellides Trelawney el futuro no acostumbra a estar demasiado claro, y ni aún haciéndolo, está nada del todo asegurado.
Aunque pensándolo bien, seguramente no eran más que sus estúpidas inseguridades martillando una vez más su cabeza, nada nuevo en el horizonte.
James apareció a los pocos segundos con unas humeantes tazas de cerámica y las posó sobre la mesa. El dulce olor a chocolate caliente sobre el que flotaban pequeñas nubecitas de azúcar de color rosado inundó el ambiente.
—Pocos lo saben, pero las Tres Escobas tiene uno de los mejores chocolates calientes que existen, y como tienes un poco de frío pensé que sería mejor opción que una congelada cerveza de mantequilla. No les quedaba demasiado, pero Rosmerta acostumbra a hacer lo imposible por los clientes que muestran un poco de amabilidad, estoy seguro de que es lo mejor que le ha pasado nunca a esta taberna — sonrió a la vez que tomaba asiento frente a la muchacha.
—Gra...gracias, huele de maravilla — agradeció la pelirroja posando las manos sobre la taza para calentarlas — Y estoy de acuerdo, es con diferencia el negocio que mejor funciona en el pueblo, y sin duda tiene que ver con que es ella quien lo regenta — coincidió Lily con una sonrisa, moviendo el chocolate con una de las cucharillas plateadas que había traído James junto a las bebidas.
—Y sabe aún mejor, ya lo verás — prometió el muchacho entusiasmado, esperando impacientemente la reacción de la chica, mientras tomaba su propia taza y soplaba sobre el contenido para atemperarlo ligeramente.
Lily lo imitó y tras dar un pequeño sorbo, posó la taza sobre la mesa nuevamente.
—Aún no me creo que te hayas tomado la poción, eres más intrépida de lo que imaginaba — observó James divertido, examinando con atención la apariencia de la chica sentada frente a él.
Tenía el cabello castaño peinado en suaves ondas hasta la parte superior de los hombros, largas pestañas que enmarcaban unos grandes ojos de color ambarino y carnosos labios con un ligero subtono rojizo.
Su apariencia distaba mucho de la real, pero esa era la idea, tratar de pasar desapercibidos, y adoptar el rostro de un par de hufflepuff que en cada salida a Hogsmeade acostumbraban a permanecer de forma perpetua en la biblioteca del castillo, había sido una más de sus brillantes ideas, que rogaba con todas sus fuerzas que diera el resultado esperado.
Sin problemas, ni apresuradas escapadas de por medio. Ansiaba disfrutar de ese tiempo junto a Lily, sorprenderla, que lo pasara bien y él fuera el responsable de crear un recuerdo en la memoria de la chica que la hiciera sonreír inevitablemente cada vez que lo trajera a su memoria. Por nada del mundo quería fallarla, y haría lo imposible por qué a pesar de sus nervios ese día fuera mágico para ambos, pero especialmente para ella.
—Me ofendes, no te imaginas la de cosas que las chicas y yo hemos hecho para tratar de fastidiaros, solo te digo que no es la primera ni la última poción multijugos que tomo — reconoció Lily orgullosamente tamborileando las yemas de los dedos sobre la mesa.
—Secretos inconfesables en la primera cita, me gusta — reconoció James intrigado apoyando la mejilla sobre la palma de su mano, impaciente porque la pelirroja continuara con su relato.
—No es nuestra primera cita — puntualizó.
—Es nuestra primera cita oficial — añadió el chico, haciendo que la gryffindor desviara la mirada y sus mejillas se tiñeran de un ligero tono rojizo, a juego con los labios de la muchacha a la que como consecuencia del plan de James había suplantado.
—Vale, aceptamos calamar gigante — concedió la muchacha volviendo a centrar sus grandes orbes verdes en los ojos avellana del chico.
—Entonces, sorpréndeme, ¿de cuál de las calamidades de las que hemos hecho responsables a los slytherin teníais vosotras la culpa? — preguntó en tono divertido.
Muy probablemente lo que estaba a punto de contar la chica no habría resultado atractivo para la mayor parte de las personas, en especial siendo él la víctima de tales jugarretas, pero la verdad es que no podía apartar los ojos de ella, y le divertía sobremanera que en contraposición a lo que las apariencias pudieran hacer creer, eran mucho más afines de lo que pudiera parecer a simple vista.
—¿Recuerdas cuando Wilson canceló la cita contigo porque de repente tenías un aliento horrible que no se iba con nada?, ¿tanto que la profesora Merrythought te expulsó de clase para no tener que aguantar el hedor? — tanteó Lily entrecerrando los ojos, a la vez que se mordía el labio inferior con fuerza tratando de reprimir una carcajada —Confieso que las chicas y yo te echamos un poco de poción de aliento de perro en el tazón de PixiePuffs cuando no mirabas — terminó con un ligero deje de culpabilidad.
—¿Qué? ¿Fuisteis vosotras? Tuve que lavarme los dientes con asquerosa infusión de gurdirraíz durante una semana para librarme del olor — reclamó tratando de aparentar indignación mientras se cruzaba de brazos.
No obstante, una sonrisa divertida no tardó en dibujarse en su rostro.
—Vamos, no te enfades, vosotros pusisteis polvos bulbadox en nuestros pijamas y estuvimos rascándonos sin parar durante semanas — contraatacó, haciendo que la sonrisa del merodeador se ensanchara más aún.
—Lo hemos pasado bien eh — rememoró James con nostalgia mientras una sucesión de imágenes relativas a todos y cada uno de los encontronazos que había tenido su grupo con Lily y el resto de las chicas discurría por su memoria.
—Me preocupa tu concepto de diversión — apuntó la muchacha inevitablemente divertida, disfrutando como él de los innumerables recuerdos compartidos que atesoraban.
—No, pero hablando en serio, por entretenidas que pudieran ser nuestras peleas, prefiero esto — musitó con valentía el muchacho, posando su mano sobre la de la chica.
—Ya, yo también, eres completamente diferente a como pensaba — reconoció en voz alta, poniéndose voluntariamente en una posición de vulnerabilidad frente al gryffindor.
—Tú también — coincidió el chico acariciando el dorso de su mano con las yemas de los dedos.
Sin embargo, el idílico momento fue interrumpido abruptamente, haciendo que ambos separaran las manos en acto reflejo, cuando un ruidoso grupo ocupó la mesa situada junto a la de ellos, sobre todo porque sus escandalosos ocupantes no eran otros que Peter y Sirius junto a sus citas.
En un primer momento, Lily no pudo evitar que una reveladora expresión de pavor se apoderara de su rostro, no obstante la sonrisa tranquilizadora de James no tardó en recordarle que no había de qué preocuparse, pues en ese preciso momento no eran ellos mismos físicamente hablando.
—¿Qué os gustaría tomar, chicas? — preguntó Peter en un marcado tono servicial — Sirius y yo iremos a buscar las bebidas — aseguró con una sonrisa nerviosa, obligando al moreno a levantarse de la mesa de un tirón, no obstante, a pesar de ponerse de pie tal y como le había exigido su amigo, el moreno lo hizo con una desidia que hacía patente su completa falta de entusiasmo, y tras recibir el pedido de las chicas, ambos muchachos se dirigieron hacia la barra del local.
—No lo puedo creer, es tan guapo. Tiene ese aspecto tan sexy y desenfadado de estrella de rock que me da ganas de desmayarme. ¿Has visto esos ojos? — comentó emocionada, celebrando su suerte por ser de las pocas afortunadas que podían decir que en ese último tiempo habían tenido una cita con Sirius Black.
—Tranquilízate un poco, si sigues con ese nivel de entusiasmo lo vas a asustar, además estás inundando la mesa de babas — bromeó haciendo ademán de cerrar la boca de su amiga, que desde que los chicos se habían marchado, había adoptado un perpetuo gesto distraído que acompañaba a los ojos embelesados de la muchacha.
A James se le escapó una carcajada que trató de disimular como pudo con una fuerte tos que alertó a todas las mesas cercanas, haciendo que tanto las chicas como el resto de clientes le observaran durante unos segundos con extrañeza.
Las mejillas de Lily adquirieron una tonalidad rojiza y sin sonido en sus palabras vocalizó un apresurado 'vámonos ahora'.
James la frenó cuando la muchacha hizo ademán de levantarse de la mesa. Quería seguir escuchando un poco más, sobre todo porque la conversación de las muchachas comenzaba a ponerse interesante.
—¿Crees que la habrá olvidado ya? — preguntó distraídamente con los ojos fijos en el moreno.
—Teniendo en cuenta el anillo que decora su dedo anular yo diría casi con seguridad que no, pero, ¿qué más da?. Disfruta de la cita y olvídate de eso, ya verás como lo pasamos genial — prometió la muchacha con una amplia sonrisa, apretando la mano de su amiga con calidez tratando de animarla.
—La vida no es justa — se quejó la muchacha haciendo pucheros.
No obstante, la conversación fue interrumpida cuando en ese preciso momento Peter y Sirius llegaron con cuatro cervezas de mantequilla, recibiendo en consecuencia una sonrisa inocente por parte de las muchachas.
Lily aprovechó el despiste de James para incorporarse y tirar de la mano del chico obligándolo a levantarse de igual forma, el muchacho aceptó a regañadientes y tras chocar deliberadamente con Sirius y que el moreno lanzara un 'ten más cuidado' cargado de apatía, ambos abandonaron la taberna en busca de su siguiente aventura.
El aire sacudió con fuerza el cabello de Lily cuando puso un pie fuera de la taberna, los inviernos en Hogwarts sin duda eran con diferencia los más bonitos de los que había vislumbrado en ningún otro de los lugares en los que había estado, pero también eran los más fríos. Podías sentir como el clima helado, en combinación con la humedad que emanaba del Lago Negro, calaba los huesos hasta el tuétano, haciéndote desear no asomar la nariz por encima de las mantas de las habitaciones más tiempo del estrictamente necesario, lo que por supuesto descartaba salir al exterior. No obstante, el aburrimiento siempre acababa por ganar la batalla al frío, por lo que no había otra que tratar de abrigarse lo máximo posible y armarse de valentía para soportar las temperaturas extremas. Desde luego, un clima no apto para pusilánimes o frioleros patológicos.
Por suerte, a esas alturas la nieve había desaparecido casi por completo, permitiendo que los débiles rayos de sol calentaran sutilmente los senderos, haciendo ascender un par de grados la temperatura, pero la temporada de vientos azotaba con intensidad el poblado, el castillo y los terrenos aledaños, por lo que resguardarse de los mismos continuaba siendo una opción más que recomendable durante los primeros meses del año.
—¿Preparada para nuestra próxima parada? — preguntó James, mientras movía rítmicamente su brazo hacia delante y hacia atrás y con él el de Lily, amarrado al suyo por la palma de la mano.
Desbordaba felicidad, tanto que no recordaba haberse sentido tan pleno desde hacía mucho tiempo.
Ya habían visitado la mayor parte de los negocios del pueblecito, incluyendo como no podía ser de otra forma la tienda de artículos deportivos Spintwitches, la librería Tomes and Scrolls, e incluso la verdulería The Magic Neep, donde Lily había comprado algunas zanahorias para darle los tallos al conejito que recientemente había adoptado una compañera de Gryffindor, y que debido a su simpatía y desbordante adorabilidad, había acabado por convertirse en la mascota de la casa.
—Nunca — respondió divertida.
—Siempre querrás decir — sonrió James — Próxima parada Zonko, allá vamos — dijo elevando las manos de ambos y dirigiéndolas hacia la conocida tienda de artículos de broma haciendo reír a la muchacha.
—Está bien, juguemos a las diez preguntas, pero dejémoslas mejor en cinco, no quiero que me conozcas tanto en la primera cita, prefiero dejarte con la intriga de querer saber más — propuso James a la vez que guardaba sus manos enrojecidas por el frío en los bolsillos traseros de sus pantalones.
—Incertidumbre más bien — precisó la pelirroja, provocando que el muchacho le sacara la lengua en consecuencia.
—También se dice así. Así que señorita Evans, empecemos por una facilita, si pudieras tener un super poder, ¿Cuál sería? — Lily negó con la cabeza sin terminar de comprender el sentido de esa pregunta — No se permite cuestionar las preguntas del otro — añadió el muchacho leyéndole el pensamiento.
—Es que es una pregunta trampa teniendo en cuenta que poseemos la capacidad de hacer magia y por ende, casi cualquier súper poder — cuestionó elevando las palmas de las manos como si fuera lo más evidente del universo.
—Está bien, si no quieres contestar trataré de averiguarlo, más divertido aún. Imagino que no será volar porque casi te desmayas sobre mi escoba y no fue precisamente por estar abrazada a mis tonificados abdominales. Siento que odiarías leer la mente de las personas porque confías en la bondad de la gente y al hacerlo perderías la fe en la humanidad. Tampoco creo que sea la capacidad de volverte invisible porque siempre he escuchado que quienes ansían ese poder solo lo pueden querer para hacer cosas malas y tu eres la bondad personificada — meditó llevándose un dedo a los labios pensativo.
—Dijo el que tiene en su poder una capa de invisibilidad, que acostumbra a usar para hacer travesuras y molestar a los slytherin — apuntó la muchacha negando una vez más con la cabeza.
—Cierto, pero estamos hablando de ti, no de mí. Así que con las opciones que quedan me aventuraré a pensar que sería algo como controlar los elementos o la naturaleza, sin varita claro, o hablar con los animales o algo similar — se aventuró a decir James no demasiado seguro de su respuesta.
—Nunca me lo había planteado, pero supongo que sería genial poder hacer esas cosas sin tener que aprender doscientos hechizos o pociones para conseguirlo — razonó — ¿Cuál escogerías tú? — preguntó con curiosidad.
—Teletransporte sin duda — respondió con seguridad.
—Sería genial, sobre todo teniendo en cuenta que no existe ningún mecanismo mágico para teletransportarse. Oh, espera, sí que lo hay, ¿te suena la aparición? — ironizó Lily.
—Cierto, casi tanto como que en Hogwarts no puedes aparecerte, que aún ni hemos aprobado el examen, y que cuando aterrizas tienes tanta estabilidad como si te hubieras bebido de una sentada dos botellas de whisky de fuego — contraatacó rápidamente el muchacho.
Era más que evidente que era algo a lo que sin duda se había dedicado a darle vueltas.
—Tienes tu punto en eso —admitió la chica consiguiendo que una sonrisa victoriosa se dibujara en el rostro de James — Me toca. ¿Tú libro favorito? — preguntó algo insegura de que esa fuera la mejor pregunta que pudiera hacerle al muchacho.
Había tantas cosas que le gustaría saber sobre él, tantas preguntas sin respuesta, pero en parte James tenía razón, lo divertido era disfrutar del camino, descubrirlas a medida que conoces a la otra persona.
—¿Se puede tener de favorito una de esas cosas? — preguntó ganándose en consecuencia una mirada asesina por parte de la gryffindor — Vale, vale, era una broma — se disculpó notablemente divertido —Supongo que sería "Anarquía lupina: Por qué los licántropos no merecen vivir" — dijo muy serio sin poder evitar que unos segundos después y tras una mirada escéptica por parte de la muchacha estallara en sonoras carcajadas.
Lily por su parte golpeó con fuerza el hombro del chico en forma de regaño.
—No digas eso ni en broma, pobre Remus — le reprendió, cuando la imagen de su amigo sufriendo por el rechazo que le suponía su condición cruzó su mente.
—Era solo una broma inocente, lo prometo — dijo levantando la palma de la mano solemnemente — Pues supongo que 'Doce formas infalibles de hechizar a una bruja' — continuó bromeando, haciendo perder la paciencia a la muchacha.
O al menos eso parecía porque en el fondo se estaba divirtiendo como nunca antes, tanto que a esas alturas le dolía el estómago de todo lo que James había conseguido hacerla reír.
—Desisto, eres imposible — negó.
—No, no por favor, Lils, me he levantado gracioso esta mañana pero prometo portarme bien a partir de ahora — juró en tono suplicante — No leo mucho pero supongo que es 'Quidditch a través de los tiempos', aunque imagino que es lo esperado. ¿Y el tuyo? — dijo devolviéndole la pregunta.
—Es un libro muggle, tengo serías dudas de que lo conozcas, pero todo sea por satisfacer tu curiosidad. Se llama 'Alicia en el país de las maravillas' — respondió encogiéndose de hombros.
— Ammm, ¿y de qué trata? — interrogó James con curiosidad.
— Es de una niña llamada Alicia que un día se cae por un agujero, y tras hacerlo encuentra al otro lado un mundo de lo más extraño y peculiar, totalmente diferente al que conforma su realidad. Mi padre me lo leía cuando era más pequeña — explicó con nostalgia, mostrando un pequeño retazo de esa Lily tan vulnerable que evitaba mostrar a los demás.
—Suena interesante, casi habla de tu vida, salvo que en lugar de caerte por un agujero recibiste una carta de aceptación a Hogwarts — observó James comparando ambas historias.
—Nunca lo había pensado de ese modo — reconoció Lily distraídamente, a la vez que trataba de analizar las similitudes.
—¿Oye esos no son Remus y Sarah? — preguntó el muchacho con una sonrisa pícara, interrumpiendo sus pensamientos abruptamente —Vamos a seguirlos — propuso en tono de súplica.
—No, no, no y rotundamente no — negó leyéndole la mente —Ya he comprado todas las papeletas para que Ali no me hable nunca más si se entera de que he sido cómplice de tu asalto a su cofre de pociones, no quiero que mi otra mejor amiga me odie también — explicó con obviedad la chica.
—Por fi, prometo que voy a ser bueno, solo ver, oír y callar, mi Bertha Jorkins interna me lo exige fervientemente — suplicó empleando la técnica de la mirada de escarbato adorable para tratar de ablandar a la gryffindor.
—Estaaaaaá bien, pero por esto me debes como mínimo tres de tus varitas de regaliz — negoció la pelirroja.
Si se iba a jugar el pellejo de esa forma que menos que un poco de azúcar para compensar.
—Empiezo a pensar que eres adicta a los dulces, ¿has pensado en apuntarte a golosos anónimos? — bromeó tendiéndole la mano —Puedes darlo por hecho — aceptó, y en cuanto Lily estrechó su mano contra la del chico, James aprovechó para tirar de ella en dirección al salón de té de Madame Tudipié, donde hacía apenas escasos minutos habían visto entrar a Sarah y a Remus.
Y todo habría ido como la seda, se habrían sentado en una mesa lo suficientemente alejada como para evitar sospechas, pero lo suficientemente cerca como para escuchar la conversación de sus amigos, sino fuera porque tuvieron la mala suerte de que no era una simple cita, era una cita doble con Amos y Caroline. Y antes de que pudieran retroceder en dirección a la puerta de salida, James escuchó como Amos pronunciaba el apellido de la persona cuyo rostro lucía en ese preciso momento.
—¡Branstone! ¡Qué alegría verte por aquí!. Pensaba que tú territorio era la biblioteca — bromeó a modo de saludo.
De espaldas a ellos James se mordió el labio y miró a Lily con ojos de disculpa, a la vez que se daba la vuelta para corresponder el saludo del hufflepuff.
—Diggory — saludó haciendo un gesto con la cabeza, a la vez que Lily agitaba tímidamente la mano.
—No sabía que vendríais. Pensé que habías dicho que os quedaríais en la biblioteca haciendo la redacción de Transformaciones.
—Si, es que acabamos antes de lo previsto y Holly quería comprar algo de tinta en la Casa de las Plumas, y después pensamos en pasar a tomar algo — improvisó James rascándose la nuca.
—Eso es genial, en ese caso, sentaros con nosotros — invitó — No sé si conocéis a Caroline, Sarah y Remus, son de Gryffindor — presentó y ambos muchachos agitaron la mano a modo de saludo.
—Pues es que justo nos íbamos ya — se apresuró a decir James.
—Pero si acabáis de llegar — comentó Amos confundido.
—Cierto, pero acabo de recordar que quedé con MacDuff para jugar al quidditch — inventó el muchacho, esperando que esa respuesta fuera satisfactoria y que el hufflepuff no pusiera más impedimentos para dejarlos marchar.
No sabía que hufflepuff de los que conocía eran amigos del muchacho al que había suplantado, pero al menos sabía con seguridad que MacDuff estaba en el equipo de quidditch de Hufflepuff por lo que le pareció que sería buena idea mentarlo.
—No te he visto jugar al quidditch en la vida, pensé que tenías miedo a las alturas — comentó con extrañeza, sin terminar de creerse lo que acababa de decir James.
—Si, es que estoy tratando de vencer mis miedos, ya sabes lo que dicen 'Hay que coger al hipogrifo por las plumas' — explicó encogiéndose de hombros.
—¿No era por las alas? — interrogó confuso el hufflepuff.
—Eso. Bueno nosotros ya nos vamos, encantados de conoceros — sonrió nerviosamente, mientras empujaba a Lily de camino a la puerta para tratar de zafar del lío en que los había metido a ambos lo antes posible.
Pero cuando el frío del exterior les golpeó de lleno, al fin respiraron tranquilos.
—Te voy a matar — amenazó Lily tratando de recuperarse del susto.
—Eso será si me pillas antes, una carrera hasta la Casa de los Gritos — anunció mientras empezaba a correr dejando atrás a la chica.
Lily no tardó ni un segundo en imitarlo y comenzar a correr tras él sin dejar que su cabeza analizara si era o no buena idea, se dejó llevar por lo que sentía en ese preciso momento.
Y lo que sentía eran las hojas crujiendo bajo los zapatos, las miradas de extrañeza de los viandantes, sus pulsaciones cada vez más elevadas y la sensación de estar disfrutando como si volviera a tener diez años y su única preocupación fuera pasarlo tan bien como le fuera humanamente posible.
James se detuvo frente al camino de entrada, apoyando las palmas de las manos sobre las rodillas tratando de recuperar el aliento.
Lily no tardó en llegar hasta donde se encontraba pero en lugar de frenarse, continuó corriendo en dirección al chico para derribarlo, haciéndoles rodar a ambos colina abajo por el manto de hojas que cubría el terreno.
La combinación entre ellos era un revoltijo de risas, ropa húmeda y algún que otro rasguño sin importancia, pero cuando al fin frenaron y quedaron uno sobre el otro, verde contra avellana, un profundo silencio envolvió ese instante capturado a través de la retina de ambos muchachos y grabado perpetuamente en el álbum de recuerdos de sus memorias. Y aunque ellos aún no lo sabían, estaban muy lejos de hacerlo, siempre serían ellos, Lily y James, unidos por un vínculo prácticamente irrompible con la fuerza más fuerte que existía en el universo, el amor.
El muchacho volvía a ser él mismo, por lo que Lily dedujo que de igual forma ella también había recuperado su apariencia habitual, cosa que confirmó cuando el chico enredó sus dedos en uno de sus mechones pelirrojos sin apartar su mirada de la de ella.
Y aunque no le hubiera hecho falta ninguna excusa, James sacó como pudo la varita de su bolsillo y la agitó sobre la cabeza de una confusa Lily tendida sobre él.
La chica echó la cabeza hacia atrás con curiosidad, observando cómo una frondosa mata de muérdago, cortesía de la varita del merodeador, brotaba sobre ellos. Las ramitas de la planta crecían a una velocidad vertiginosa entrelazándose unas con otras, mientras las pequeñas bolitas blancas prendidas de las mismas, bailaban a pocos centímetros de sus cabezas.
—Podías haberme besado sin muérdago de por medio — apuntó volviendo su mirada a la de él.
—Lo sé — admitió — Pero quería que este día fuera inolvidable — confesó a la vez que posaba su mano sobre la mejilla de la muchacha y acto seguido la atraía en su dirección.
El detalle de quién había terminado por romper la distancia entre ambos uniendo los labios a los del otro fue un aspecto que ninguno de los dos pudieron dilucidar, y aquella tarde, tendidos sobre el terreno que rodeaba a la espectral Casa de los Gritos, tanto Lily cómo James se dieron cuenta de que esa sería la primera de muchas citas inolvidables.
—Lo he pasado de maravilla — confesó Lily a modo de agradecimiento, mientras cruzaban los terrenos de Hogwarts en dirección al castillo.
—Y yo, aunque la próxima cita la organizas tú porque yo ya me he quedado sin ideas — reconoció James con una sonrisa satisfecha.
—Trato hecho, aunque espero que sepas que tampoco te diré nada, te llevaré a ciegas todo el tiempo, para darte a probar un poco de tu propia medicina — advirtió sacándole la lengua.
—Incansablemente vengativa, me gusta. Además, de otra forma pensaría que alguien me ha dado kneazle por lebrílope y no eres mi pelirroja, la chica de hipnotizantes ojos verdes que ha conseguido doblegar el corazón del más cotizado jugador de Quidditch del equipo de Gryffindor — recitó poéticamente llevándose la mano al pecho con solemnidad —Aún trato de entender cómo alguien tan increíble e inteligente como tú ha aceptado una cita con el alborotador por excelencia de la clase — bromeó desviando la mirada con un deje de vergüenza, haciendo patente que realmente consideraba a Lily demasiado buena para alguien como él.
—Eres mucho más que eso — aseguró la muchacha posando su mano sobre la mejilla del chico para obligarlo a mirarla.
—Puede, pero con que tú lo sepas es más que suficiente — sonrió complacido por sus palabras, mientras su pecho se hinchaba de orgullo porque la pelirroja al fin tuviera un buen concepto de él, o al menos mejor del que había tenido hasta no hace mucho.
—Eres sumamente intenso e insoportablemente dramático, James Potter — bromeó golpeándole el pecho sin dejar de sonreír.
El gryffindor como no podía ser de otra forma correspondió su sonrisa.
—¿Lils? ¿James? ¿Qué hacéis aquí? — irrumpió una voz, cargándose por completo el aura de paz que se había instalado entre los muchachos.
