Queridas lectoras, no tengo ni la menor idea de como pediros disculpas por haber tardado tanto (eufemismo de llevar no sé ni cuantos meses sin subir nada) en publicar. Las circunstancias y situaciones de mi vida son han sido las más fáciles ni las mejores, y cuando ya estaba algo más inspirada perdí a una de las personas más importantes de mi vida el día de Navidad.
Creo que podréis entenderlo y yo sinceramente, lo único que espero es que os haya gustado y hayáis disfrutado del capítulo porque lo he escrito con el corazón.
Va dedicado a todos aquellos que habéis perdido a alguien que era imprescindible, a quien quién queríais con todo vuestra alma y que aún estáis aprendiendo a vivir con el vacío que ha dejado en vuestras vidas.
Como bien dijo mi querido Sirius Black...
"Quien nos quiere no nos abandona jamás"
Capítulo 21: Hermanos de sangre
Cuando Alison Potter cruzó el umbral de la puerta de la sala común, el "apuesto slytherin" parado frente a ella no era ni mucho menos Regulus Black, por lo que los nervios que hasta ese momento había sentido por tener que enfrentarse a lo que fuera que quisiera decirle el muchacho se esfumaron de un plumazo, dando paso a la más absoluta de las decepciones, que no tardó en ser sustituida por una involuntaria mueca de confusión.
—Pareces decepcionada, ¿acaso esperabas a alguien más? — cuestionó Evan elevando una ceja en gesto divertido.
—No, la verdad es que yo...—intentó explicar la rubia, aún tratando de recuperarse de la sorpresa que le había supuesto la inesperada visita del slytherin — En fin es igual, ¿qué haces aquí, Evan?, ¿Pa...pasa algo? — indagó con impaciencia, tratando de averiguar el porqué de la presencia del chico en la torre de Gryffindor.
Por un momento Alison habría jurado que los ojos de Evan se habían oscurecido y su gesto se había vuelto mucho más serio del que hasta ese entonces estaba acostumbrada a ver. Parecía molesto, o incluso ofendido por sus palabras, pero a fin de cuentas no lo conocía tanto como para aventurarse a asegurar algo tan tajante como eso, sobre todo porque su expresión se relajó en apenas un segundo, y esa súbita rabia que la rubia creía haber detectado en su mirada, pareció disiparse como si nunca antes hubiera estado ahí. Quizás hubieran sido imaginaciones suyas, después de todo, de un tiempo a esa parte todos en el castillo estaban un poco paranoicos y completamente a la defensiva.
—Si, pero hay que darse prisa, necesito que me sigas sin hacer preguntas, lo único que nos faltaba es que alguien se entere y acabemos todos castigados — apremió tendiendo su mano en dirección a la chica.
Alison dudó visiblemente desconfiada
¿Para qué la necesitaría Rosier a esas horas de la noche? Aún no se fiaba del todo de él, pero sus palabras sonaban completamente sinceras, un marcado deje de preocupación había invadido por completo su rostro, y aunque trataba de disimular, la muchacha se percató de que sus manos temblaban ligeramente como consecuencia de los nervios.
No parecía el tipo de persona que acostumbraba a saltarse las normas, o si lo hacía jamás le habían pillado, más bien los rumores que corrían al respecto revelaban un expediente intachable, sin mácula alguna, por lo que la rubia pensó que quizás ese podría ser el motivo de su inquietud.
Pero si estaba en lo cierto, ¿por qué diantres había ido a buscarla en mitad de la noche y por qué mandrágoras atesoraba con recelo los motivos que le habían llevado a hacerlo?.
No tenía la menor idea, lo que estaba claro es que si no aceptaba seguirlo a ciegas se quedaría con la duda y no sería capaz de conciliar el sueño en toda la noche, así que de perdidos al caldero. Su insana curiosidad le había puesto en peligro más de una vez, pero en esta ocasión su intuición le decía a gritos que si se negaba, acabaría por arrepentirse y no habría vuelta atrás.
Sin embargo, el contacto físico con Rosier no era ni mucho menos lo que más le apetecía en ese preciso momento, por lo que fingió ignorar la mano tendida en su dirección y avanzó hasta situarse a la altura del slytherin, que no pudo evitar que un deje de decepción se dibujara en su rostro. No obstante, se recompuso rápidamente y sin más dilación, caminó a paso decidido en dirección a las mazmorras, seguido muy de cerca por la rubia.
El chasquido producido por el retrato de la 'Dama Gorda' al abatirse, clausurando la sala común, hizo saltar a Sirius de su asiento como si de un resorte se tratara y correr en dirección a su dormitorio, subiendo de dos en dos los desgastados escalones de piedra.
Como un huracán, sin previo aviso ni delicadeza alguna, abrió la puerta de golpe, consiguiendo que Peter diera un respingo y el resto de sus amigos levantaran rápidamente la vista en su dirección en acto reflejo. Pero antes de que alguno tuviera siquiera tiempo de abrir la boca para preguntar, Sirius se dirigió hacia la mesa de James y comenzó a revolver con urgencia los papeles que inundaban el escritorio del muchacho.
—Padfoot — pronunció el castaño a modo de pregunta, hablando también por Remus y Peter, que al igual que él se incorporaron de la cama confundidos por la extraña actitud de su amigo.
Pero en lugar de contestar, Sirius continuó revolviendo la mesa hasta localizar la esquina de un grueso pergamino amarillento, oculta tras la tapa de un envejecido ejemplar de 'Alicia en el país de las maravillas' que al parecer James había tomado prestado de la Biblioteca.
El moreno apuntó con su varita en dirección al pergamino y susurró 'Juro solemnemente que esto es una travesura', tras lo cual, comenzó a desplegarlo con premura, tratando de localizar tan rápido como le fuera posible el pasillo del séptimo piso, en el cual, tal y como había previsto, unas pequeñas huellas se desplazaban en dirección a la Gran Escalera con el letrero 'Alison Potter' escrito sobre ellas.
Aunque probablemente nadie lo creyera si trataba de explicar que esa invasión a la privacidad de la rubia no había tenido como motivación los celos, la realidad era que los celos nada tenían que ver en ese arranque de impulsividad del merodeador, sino más bien el horrible presentimiento de que algo no encajaba. ¿Su hermano trataba de evitar a toda costa a Alison y de repente la buscaba a altas horas de la noche en la sala común de Gryffindor?. Tenía que haber sucedido algo realmente grave para que esa situación pudiera siquiera llegar a producirse, y eso no hacía más que incrementar sus temores.
Temores que no pudo sino confirmar cuando descubrió que el letrero que encabezaba los pasos que caminaban junto a la muchacha no rezaba 'Regulus Black' sino 'Evan Rosier'.
Evan Rosier siempre le había dado muy mala espina, no porque lo hubiera visto hacer o decir nada reprobable, sino más bien porque todo en él parecía perfecto, y la experiencia le había demostrado que cuanto más opulento o lustroso aparentaba ser algo, más secretos escondía bajo la alfombra. Así al menos era con los Black, de cara a la comunidad mágica era una familia de intachable reputación y un modelo en relación a la pureza de la sangre, pero la realidad de lo que sucedía entre los muros de las ancestrales y lujosas viviendas era bien distinta. Magia oscura, prejuicios, repudio de todos aquellos que pensaran diferente, aún portando la misma sangre, maltrato, incesto, y un sin fin más de atrocidades que sobrecogerían a cualquier persona mínimamente cuerda.
Por eso no confiaba en Evan. Y aunque había aprendido por las malas que no era quién para cuestionar las amistades de Alison, y prometido tanto a la muchacha como a él mismo no volver a hacerlo jamás, no podía evitar que el repentino, y en apariencia desinteresado, acercamiento del slytherin a la chica le preocupara, sobre todo porque Rosier no parecía el tipo de persona que dejaba nada al azar. Por supuesto había obviado manifestar sus reservas sobre el chico en voz alta, lo que por otro lado no era ni mucho menos óbice para que lo vigilara muy de cerca y estudiara cada uno de sus movimientos.
—Prongs, me llevo la capa de invisibilidad, ¿vale?. En seguida vuelvo — avisó apresuradamente, a la vez que se agachaba para sacar la prenda de la bolsa que descansaba tras el cabecero de la cama de James.
El chico asintió con un deje de sospecha en el rostro.
—¿Quieres que...? — trató de preguntar.
No obstante, antes de poder si quiera terminar de formular la pregunta, Sirius le interrumpió.
—No, no te preocupes. Es una tontería, olvidé algo en la clase de Defensa contra las Artes Oscuras y necesito ir a buscarlo — mintió descaradamente desviando la mirada de la de su amigo, antes de dirigirse a la puerta y salir tan apresuradamente como había entrado, no sin antes escuchar un '¿Y a este que billywig le ha picado ahora?' de boca de James.
Esquivar a los prefectos que deambulaban por las distintas plantas no fue demasiado complicado, a fin de cuentas, no era ni mucho menos la primera vez que Alison se escabullía a altas horas de la noche entre los muros del castillo sin ser detectada. No obstante, sin lugar a dudas, lo peor con mucha diferencia fue el vestíbulo, pues además del hecho de que la rubia no acostumbrara a llegar tan lejos en sus escapadas, solía ser el lugar que más prefectos concentraba por metro cuadrado, sin apenas lugar para esconderse.
Sin embargo, contra todo pronóstico Evan se movía como pez en el agua, parecía conocer de memoria sus itinerarios, por lo que esquivaron sin demasiada dificultad a todos los que se cruzaron mínimamente en su camino, alcanzando en tiempo récord las escaleras que conducían a las mazmorras.
Pero justo cuando la chica se disponía a preguntar nuevamente hacia dónde se dirigían, unas voces provenientes del final del pasillo alertaron la presencia de una pareja de prefectos que se aproximaban en su dirección, por lo que de improviso y sin darle siquiera tiempo a reaccionar, Evan tiró con fuerza de la mano de Alison, obligándola a esconderse junto a él tras una de las estatuas que decoraban el somero corredor.
Para cuando la muchacha quiso darse cuenta, su cuerpo se encontraba atrapado entre el muro de piedra y el firme pecho del slytherin y el chico cubría su boca con la palma de la mano, impidiéndole emitir ruido alguno.
Por un momento el terror más absoluto la invadió, los ojos congelados del chico, fijos en los suyos, la observaban con severidad. Una seriedad que provocó que su cuerpo se encogiera y la hiciera sentir pequeña y completamente indefensa. Por un momento un reflejo de diversión elevó ligeramente las comisuras de los labios del moreno y en consecuencia a la rubia se le heló completamente la sangre. ¿Le divertiría verla así de asustada?.
Había confiado en alguien que ni tan siquiera conocía, ignorando todas y cada una de las señales de alerta y una vez más le pasaría factura.
Pensó en sus opciones, quizás podría darle un rodillazo y cuando la hubiera soltado al fin gritar en busca de ayuda, puede que un ataque sorpresivo dejara al muchacho fuera de juego y le ayudara a zafarse de él. Después de todo no tenía muchas más alternativas, Evan la superaba por mucho en altura y fuerza, y dada su cercanía, la opción de defenderse con su varita quedaba totalmente descartada, pues antes de que pudiera siquiera tratar de extraerla de su túnica, él descubriría sus intenciones y la inmovilizaría sin miramientos.
Pero sus elaborados planes de huida se desvanecieron cuando de improviso Evan la soltó y separó su cuerpo del suyo de golpe.
—Creo que ya se han ido, démonos prisa antes de que vuelvan — la apremió Evan haciéndola sentir completamente ridícula.
Su insana paranoia un día iba a acabar con ella provocándole un ataque cardíaco.
Alison sacudió la cabeza tratando de despejarla de descabellados y conspiranoicos pensamientos y siguió a Evan en dirección a los lavabos masculinos.
En cuanto el slytherin abrió la puerta y la chica vio a Regulus tendido en el suelo junto a los lavabos completamente inconsciente, corrió en su ayuda.
La rubia se dejó caer sobre el suelo junto al muchacho y comenzó a golpear con suavidad sus mejillas tratando de espabilarlo, sin embargo salvo por un ligero balbuceo el slytherin no dio señales de recuperar la conciencia.
Para esas alturas Evan ya se había acercado hasta donde se encontraban y descendido a su altura para examinar al chico.
—Lo encontré así, no lograba despertarlo y la verdad es que no se me ocurrió a nadie más a quién acudir. No sé que ha tomado pero si los profesores lo encuentran así se meterá en un buen lío. Eres su amiga y realmente buena en pociones, pensé que quizás entre los dos podríamos encontrar una solución para ayudarlo sin que acabe castigado y escriban a sus padres para informarlos — trató de explicar Rosier.
Alison levantó su mirada de la de Regulus y la dirigió hacia Evan.
Parecía sincero, y por descontado, tanto o más preocupado que ella por su amigo.
Que tonta había sido dudando de él, cuando la realidad es que solo quería ayudar a Regulus.
Estúpida. Estúpida. Estúpida.
—Tienes razón, si lo encuentran así y ha tomado algo que no debía un castigo puede ser lo mínimo que le espere, quizás incluso piensen en expulsarlo. Pero de todas formas, si no conseguimos despertarlo y descubrir que ha tomado o que le ha pasado, vamos a tener que llevarlo a la enfermería, ¿me ayudarías? — pidió Alison posando su mano sobre la frente de Reg.
—Por supuesto, lo que necesites — contestó rápidamente Evan.
—Está ardiendo, hay que bajarle la fiebre, ¿podrías ayudarme a moverlo hasta las duchas?
—Cla…— trató de decir Evan.
No obstante, justo cuando estaba a punto de aceptar y seguir las instrucciones de Alison una profunda voz irrumpió en el baño, rebotando contra los azulejos de las paredes.
—Ya puedes irte, Rosier. Yo ayudaré a Alison con mi hermano — atajó un ceñudo Sirius en tono severo, a la vez que se acercaba hasta donde se encontraban los muchachos.
Evan se tensó.
Ante la expectativa de una posible pelea entre ambos que acabaría por alertar a alumnos, prefectos y profesores, Alison cortó de raíz la silenciosa guerra de miradas que mantenían los muchachos, sobre todo porque bien poco importaban ahora mismo sus egos dañados cuando Regulus estaba tan mal y había que encontrar una solución cuanto antes.
—Muchas gracias por avisarme, Evan. Vuelve a la sala común, en cuanto sepa algo te aviso — prometió la rubia a modo de súplica.
—No tienes nada que agradecerme, hice lo que debía — dijo en forma de despedida.
Alison asintió a modo de agradecimiento y finalmente el slytherin se levantó del suelo y emprendió su camino de regreso a la sala común, no sin antes pasar tan cerca de Sirius que por poco hace chocar su hombro con el del moreno.
En apenas segundos y antes de que la rubia pudiera siquiera decir nada, Sirius tomó a su hermano de debajo de los brazos, elevándolo hasta posarlo sobre su hombro derecho y se dirigió hacia uno de los cubículos de las duchas, seguido muy de cerca por la rubia.
—Coge la alcachofa, tenemos que conseguir que le baje la temperatura — indicó Sirius dejando con delicadeza a Regulus en el suelo del cubículo con la espalda apoyada en la pared.
Alison obedeció y rápidamente descolgó la ducha sin terminar de atreverse a accionar la llave.
—No te preocupes, más tarde lo secaremos y conseguiremos unas mantas, pero es importante que consigamos despertarlo — explicó Sirius ante la manifiesta reticencia de la chica a regar al indefenso slytherin con agua helada.
Alison abrió finalmente el grifo y tanto el pelo como la ropa de Regulus comenzaron a empaparse, lo que provocó que inevitablemente el muchacho comenzara a tiritar, mostrando al fin un indicio de movimiento, y por tanto, de conciencia.
—Sirius — pronunció con los ojos aún cerrados.
Sirius y Alison intercambiaron una mirada fugaz, antes de que la chica accionara rápidamente la llave para cerrarla, y el moreno se agachara hasta situarse a la altura de su hermano y lo tomara por las manos.
—Sí, Reggie, soy yo. Estoy aquí
—Fue…— trató de decir el chico.
—¿Quién ha sido Reg? — exigió Alison preocupada.
—Fue…fui yo. Estaba jugando al quidditch con…co…con la escoba de juguete en el salón y rompí el jarrón de mamá — sollozó.
La rubia y el gryffindor intercambiaron una mirada confusa.
—No quería hacerlo —gimoteó nuevamente — Pe…pero ahora lo sabrá…lo sabrá y castigará a Kreacher por mi culpa. La última…la última vez me hizo mirar mientras lo hacía, un cruciatus tras otro…por…por favor ayúdame — terminó antes de romper a llorar, aún con los ojos completamente cerrados.
—¿Está soñando? — preguntó Alison en apenas un susurro.
Sirius negó.
—Son alucinaciones.
Pero antes de que la rubia pudiera decir nada más, Regulus volvió a balbucear.
—Ayúdame por favor, her…hermano
Sirius apretó con fuerza las palmas de sus manos con una mezcla de rabia y preocupación tratando de reconfortarle.
—No te preocupes, Reg. Le diré que he sido yo quién lo ha roto — prometió.
Un silencio sepulcral inundó la estancia.
—Pe…pero te castigará a ti —susurró Regulus tratando de contener un sollozo.
Sirius negó y se sentó junto al chico tomándolo por los hombros.
—Soy tu hermano mayor Reg, siempre estaré ahí para protegerte — prometió.
Las lágrimas ya hacía tiempo que habían abandonado los ojos de la rubia y discurrían en cascada por sus mejillas. Y su pesar no solo tenía que ver con la preocupación por el estado de Reg, sino más bien porque en ese preciso momento fue completamente consciente de cuán difíciles y desdichadas habían sido las infancias de los hermanos Black, y de qué forma tan horrible sus vivencias a tan temprana edad les habían marcado para siempre.
Y pensó en Sirius, en su sonrisa cada vez que sus tíos lo acogían y trataban como a un hijo más, el colegio, sus amigos, eran su vía de escape, su verdadera familia, que curiosamente nada tenía que ver con la sangre. Y pensó en Regulus, el pequeño de los Black había tratado por todos los medios de ser perfecto, de suplir el vacío que acostumbraba a dejar su hermano, pero, ¿a qué costo?. Debía sentirse increíblemente solo, sin nadie a quien acudir o pedir ayuda, sin amigos de verdad, y con una familia que no dudaría en borrarlo del árbol familiar ante la más mínima duda o traspié.
A veces la sangre era solo eso, sangre.
Tejido conectivo líquido de color rojo que circulaba por las venas y arterias. Biología pura y dura, nada más que eso.
La familia era otra cosa. Amor, comprensión, cariño, respeto, y un sin fin más de ingredientes que creaban lazos irrompibles entre las personas.
Los pensamientos de la rubia fueron rápidamente interrumpidos cuando Regulus abrió los ojos de golpe.
El slytherin se deshizo del abrazo del moreno y gateó hacía el desagüe antes de comenzar a vaciar sobre él todo el contenido de su estómago al completo.
Alison corrió en dirección a los lavabos y tras conjurar un vaso de cristal, lo rellenó con agua fresca, mientras Sirius ayudaba a su hermano a levantarse del suelo, tras lo cual lo tendió en dirección a Regulus.
El chico lo tomó con manos temblorosas, tiritaba y parecía tan débil que por un momento la rubia pensó que no podría soportar su propio peso mucho más tiempo.
—¿Qué hacemos con él? ¿Lo llevamos a la sala común de Gryffindor? — consultó Sirius no demasiado convencido de su plan, sobre todo teniendo en cuenta que introducir un slytherin en la sala común de gryffindor era como poco un sacrilegio —Debemos conseguir que entre en calor, y vigilarlo. Está claro que ha vomitado la mayor parte de la mierda que haya tomado esta noche, pero en caso de que se pusiera peor habría que llevarlo a la enfermería — suspiró con marcado tono de preocupación.
—Tengo una idea mejor. Lleva a Reg al séptimo piso con la capa de invisibilidad, pasaré por las cocinas para conseguir algo que le asiente el estómago y quedamos en diez minutos frente al tapiz de Barnabás el Chiflado.
—Está bien — terminó por aceptar el moreno sin acabar de entender nada — James me va a matar por esto pero…— pronunció antes de sacar de su bolsillo el mapa del Merodeador, desvelar sus secretos con la varita y tenderlo en dirección a la chica.
Alison lo tomó confundida sin acabar de entender nada, hasta que sus ojos se posaron sobre el mapa dibujado y al fin entendió muchas de las cosas que hasta ese entonces habían sido una incógnita para ella y el resto de sus amigas.
—Así no te pillarán los prefectos. Pero guárdame el secreto, por favor.
La rubia le observó con agradecimiento y asintió enérgicamente antes de emprender su camino en dirección a las cocinas.
Cuando llevaban unos cinco minutos esperando frente al tapiz indicado, una apresurada Alison Potter llegó al fin hasta donde se encontraban parados los muchachos con las mejillas completamente coloradas por la carrera y las manos y brazos cargados de aperitivos, lo que hizo sonreír a Sirius.
Regulus continuaba estando algo aletargado, mientras apoyaba la mayor parte de su peso sobre el hombro de su hermano.
—No hacía falta que saquearas las cocinas — bromeó el moreno haciendo resoplar a la gryffindor.
No obstante, una tímida sonrisa se dibujó inevitablemente en los labios de la chica que fingiendo ignorar sus palabras, recorrió tres veces el pasillo frente al tapiz de Barnabás el Chiflado, lo que por un momento hizo pensar a Sirius que la rubia había terminado por perder la cabeza. No obstante, en el preciso instante en el que dos enormes portones se dibujaron sobre la hasta entonces despejada pared, sus dudas se disiparon de un plumazo.
—Creí que los merodeadores conocíais cada rincón del castillo — apuntó Alison divertida, disfrutando del gesto de sorpresa que se había instalado en el rostro del moreno, a la vez que giraba el picaporte del portón que daba paso a la estancia.
Al otro lado del mismo, aguardaba una acogedora salita presidida por una enorme chimenea de piedra caliza. Las serpenteantes llamas crepitaban en interior de la misma acallando con sus sutiles chasquidos el silencio reinante.
Un par de cómodas butacas y un confortable sillón descansaban frente a las llamas, y bajo los mismos, como no podía ser de otra forma, una gruesa alfombra de lana. Además la sala contaba con numerosas estanterías llenas hasta los topes de toallas, mantas e incluso alguna que otra cesta de mimbre con dulces y aperitivos.
—¿Dónde estamos? — preguntó Sirius incapaz de disimular su asombro al ver como la puerta por la que acababan de ingresar a la estancia desaparecía ante sus ojos, siendo sustituida nuevamente por un sólido e infranqueable muro.
Alison sonrió.
—Sean bienvenidos, queridos huéspedes, a la extraordinaria Sala de los Menesteres, comúnmente conocida como 'la sala que viene y va' — informó a la vez que invitaba a los muchachos a adentrarse en la misma.
Sirius ayudó a Regulus a llegar hasta donde se encontraba el sillón, y tras un par de quejidos y algún que otro balbuceo el pequeño de los Black se acostó sobre el mismo.
El moreno se dejó caer sobre la butaca situada a su derecha sin despegar en ningún momento la mirada de su hermano menor.
Alison por su parte, cogió una de las mantas y cubrió con ella a Regulus, tras lo cual se sentó en una orilla del sillón en el que se encontraba recostado y después de intentar espabilarlo un poco con un par de golpecitos en las mejillas, lo obligó a incorporarse para tomar un poco de caldo caliente de pollo, al que había incorporado unas gotitas de poción reconstituyente.
A regañadientes, y con el mero objetivo de que lo dejaran descansar en paz, el slytherin se bebió todo el contenido del tazón en apenas tres sorbos y tras hacerlo volvió a recostarse nuevamente.
Cerró los ojos y no pasaron ni dos minutos antes de que su respiración se hiciera más pesada y cayera completamente rendido. Había luchado por mantenerse despierto desde su conversación con Evan, pero gracias a Alison y su hermano al fin estaba a salvo y eso le permitiría descansar para coger nuevamente fuerzas y recomponerse. No estaba seguro de que efectos secundarios y no tan secundarios tendría la cantidad de veneno que había ingerido para su organismo, pero con suerte haber vaciado por completo su estómago, junto con el brebaje preparado por Alison bastaría para curarlo. Después de todo, Evan no había querido matarlo, al menos no por el momento, su sucia treta no había sido más que una contundente advertencia.
—¿Crees que estará bien? — preguntó Alison con un marcado deje de preocupación, sin apartar en ningún momento la vista del slytherin.
—Me gustaría poder asegurarte que sí, que simplemente se le fue un poco de las manos la diversión, pero sinceramente creo que hay mucho más detrás, Regulus es bastante hermético en lo que a sentimientos se refiere, dudo mucho que en caso de necesitar ayuda llegara a pedirla, y mucho menos a mí, siente no poder solucionar los problemas por sí mismo como un fracaso del que avergonzarse — explicó Sirius dejando escapar un suspiro.
Alison reflexionó durante unos segundos antes de dirigir su mirada en dirección al moreno.
—¿Crees qué todo esto es por mi culpa? — se atrevió a formular, no demasiado convencida de querer saber la respuesta a esa pregunta.
Sirius por su parte la observó confundido antes de negar enérgicamente con la cabeza.
—Alison, esto que le está pasando, está muy lejos de ser un desengaño amoroso, creo que Reg se siente entre la espada y la pared, porque a pesar de querer genuinamente a mi familia, ¡Merlín sabe por qué! — dijo irónicamente gesticulando con las manos — Empieza a darse cuenta de que no está de acuerdo con todo lo que se cuece entre los muros de la ancestral mansión Black. Pero supongo que aún así acata cada aspecto porque no está dispuesto a renunciar a todo y mandar a mis padres, tíos y primas a freír calabazas. Supongo que siente que en caso de hacerlo, a diferencia de mí, no tendría a nadie más — y tras pronunciar estas palabras fijó con intensidad sus ojos en los de la chica.
Alison le mantuvo la mirada por un momento antes de volverla en dirección a Regulus con compasión, que en ese momento, sumergido en el mundo de los sueños, por primera vez parecía tranquilo, relajado, humano. Y sobre todo, muy lejos de la imagen de muchacho inaccesible, callado y reservado que acostumbraba a mostrar con prácticamente la totalidad de las personas. Regulus había sido criado como el sustituto en un primer momento, pero cuando Sirius comenzó a torcerse y desviarse del camino marcado, el papel del slytherin ya no solo consistía en mantenerse a la sombra del heredero legítimo, sino también en compensar todas y cada una de sus impertinencias y desafíos esforzándose hasta la extenuación en ser el mejor en todo aquello que tenía realmente importancia. Y por supuesto, en ese cometido no había espacio para el miedo y las dudas.
—Pero a pesar de todo — volvió a hablar Sirius — Creo que vuestra amistad ha sido sumamente positiva para él, le ha hecho cuestionarse cosas que de otra forma quizás ni se le hubieran pasado por la cabeza y eso es algo del todo extraordinario.
—¿De verdad lo crees? — preguntó en tono de duda la chica, a la vez que luchaba con todas sus fuerzas para que las lágrimas que contenía no se escaparan de sus ojos.
Sirius la observó durante unos segundos y tras hacerlo se levantó de su asiento y comenzó a caminar en dirección a la puerta lentamente a la espera de que la muchacha lo acompañara.
Alison no tardó en seguirlo impaciente por obtener una respuesta honesta.
Ambos atravesaron las grandes puertas de la estancia en dirección al pasillo, y nada más hacerlo Sirius se recostó sobre el muro de piedra y tras rebuscar en los bolsillos de sus pantalones sacó un encendedor y un paquete de cigarrillos y encendió uno mecánicamente, no sin antes ofrecer la caja en dirección a la rubia, que con un gesto negativo de la cabeza rechazó su ofrecimiento.
Tenía las mejillas completamente enrojecidas y su corazón latía desbocado en el interior de su caja torácica, con una mezcla entre impaciencia y terror. Por algún motivo necesitaba que alguien reafirmara sus acciones, que no había estado actuando tan mal después de todo, que algunos de sus pasos, aunque vacilantes, habían ido en la dirección correcta.
—Sí, y no ha sido el único en quien has influido positivamente — dijo finalmente sin un ápice de duda fijando sus ojos en los de ella.
—Sirius — intentó decir la muchacha.
—No, déjame terminar, por favor. Creo que nunca he tenido la oportunidad de agradecerte el apoyo que me has brindado, más allá de nuestras idas y venidas, nuestros tiras y aflojas, desde que nos dimos la oportunidad de conocer al otro, siempre has estado ahí para mí, para escucharme o aconsejarme cuando lo he necesitado, para tirarme de las orejas o ponerme límites si era necesario, jamás me has fallado. Sé que muchas veces me he comportado como un auténtico gilipollas contigo, sobre todo por lo de Reg, y creo que no hace falta que diga que estabas lejos de merecerlo, estaba enfadado, celoso y tenía miedo de perderte. Pero es mi hermano, y a pesar de que tengamos una relación complicada, lo quiero, y también me siento increíblemente agradecido contigo porque hayas estado ahí para él, lo hayas protegido y cuidado, porque hayas sido para Reg una amiga de verdad, un apoyo, alguien con quién pudiera ser el mismo y abrirse. Eres luz, Alison Potter. Y tu luz se siente como un lugar seguro para mí, esa es la realidad. Y no sé si al final acabaremos por casarnos, o si en caso de hacerlo eso significará algo más que un juramento inquebrantable, pero me da lo mismo, lo único que sé y necesito saber en este preciso momento es que te quiero en mi vida, porque el hogar está donde están aquellos que te importan y a los que quieres, y cuando estoy contigo me siento como en casa. Te quiero, Ali.
Si su corazón hacía apenas unos minutos parecía estar a punto de escaparse de su pecho, ante las palabras del moreno se ralentizó de golpe. Nada había sido sencillo entre ambos, se habían esforzado hasta la extenuación en complicar las cosas, y las numerosas mentiras, verdades a medias y la incapacidad absoluta para mostrarse transparentes ante el otro por miedo a ser dañados no había sido más que un lastre y la consecuencia directa de la ansiedad e incertidumbre que los dominó durante mucho tiempo. Pero ya se había acabado, Sirius se había desnudado ante ella, metafóricamente hablando claro está, y ahora era su turno.
—Di algo, por favor — murmuró el moreno en tono suplicante al ver que el tiempo tras su declaración pasaba y no había reacción por parte de la chica.
Pero Alison no emitió palabra alguna, en su lugar, acortó el espacio entre ambos sin dar siquiera tiempo a Sirius a reaccionar, y tras tirar el cigarrillo del chico al suelo y apagarlo contra las losas de piedra, lo tomó por el cuello de la camisa y estampo sus labios contra los de él.
En un primer momento, el moreno sorprendido no supo reaccionar a su contacto, pero en cuanto fue realmente consciente del toque de los suaves labios de Alison sobre los suyos, al fin enredó sus brazos alrededor de la cintura de la muchacha para atraerla más hacia sí mismo. No existía gesto alguno que pudiera mostrar de forma tan pura y fehaciente sus sentimientos, tan intenso y anhelante que casi parecía el primer beso entre ambos, y en cierto modo así era, pues fue el primero con absolutamente todas las cartas sobre la mesa y al descubierto, el primero mostrándose completamente transparentes ante el otro, sin escudos ni barreras ni distancia, y por tanto el primero realmente honesto.
—Si tantas ganas tenías de que me callara no tenías más que decirlo — bromeó Sirius divertido contra los labios de la rubia.
Alison se separó unos centímetros para observar al moreno con una ceja enarcada.
—Tienes razón, en ocasiones eres un poco gilipollas — replicó — pero para que conste, yo también te quiero, Sirius Black — terminó guiñándole un ojo.
Sirius sonrió de medio lado y con decisión, dio un paso en dirección a la chica, enterró las manos en su sedoso cabello y la atrajo nuevamente hacia su boca, haciéndola soltar un gemido de sorpresa.
