Capítulo 22: El muro invisible que nos separa
James Potter removía con ahínco sus Cherri Owls tratando de ahogarlos en el tazón de leche posado frente a él. Tanto era así, que las delicias azucaradas habían dejado de ser crujientes, para transformarse en una masa amarillenta de consistencia pastosa no demasiado apetecible. No obstante, tampoco es que el merodeador tuviera demasiado apetito aquella mañana, la intriga por el paradero de su mejor amigo, que no sólo no había vuelto a dar señales de vida desde la noche anterior, sino que además se había llevado con él el mapa del merodeador haciendo del todo imposible localizarlo, le había quitado el hambre de un plumazo. Sobre todo porque encontrar a Sirius sin el mapa, habría sido casi como buscar un knut extraviado en las oscuras aguas del Lago Negro.
Sin embargo, lo que más le molestaba de su ausencia no era ésta en sí, Sirius había desaparecido cientos de veces con motivos más o menos decorosos, pero en todas y cada una de dichas situaciones había mantenido a James al día de sus planes, y ese era precisamente el motivo por el que se sentía algo inquieto, y en cierto modo decepcionado. Sirius y James siempre habían sido como dos bowtruckles en una rama, prácticamente hermanos, y aún así, el moreno no había confiado en él para contarle lo que quisiera que tuviera entre manos.
—¿Y esa cara? — preguntó Remus al aire interrumpiendo sus pensamientos y haciéndole levantar la cabeza de golpe del tazón.
Unas ojerosas Sarah y Lily se dejaron caer sobre el banco frente a ellos. La castaña luchaba por mantener los ojos abiertos mientras apoyaba la cabeza sobre el hombro de su amiga, mientras que la pelirroja por su parte, encadenaba un bostezo tras otro a la vez que tomaba el frasco de Jalea de Fresaloca con el que untar las apetecibles tostadas que a su llegada se habían materializado en su plato como por arte de magia.
—No hemos dormido prácticamente nada, Ali no apareció ayer por nuestro dormitorio, nos hemos pasado la noche en vela esperándola — explicó Sarah con desesperación dejándose caer sobre la mesa.
—Juro que si no viene a la primera clase pienso secuestrar su cofre de pociones y pedir un rescate por él — prometió la pelirroja, mientras con una mano rebuscaba entre las páginas de su manual de Transformaciones, la redacción sobre la transformación de gusarajos a buñuelos que les había encargado la profesora McGonagall, y con la otra se llevaba a la boca una de las crujientes tostadas.
James, Peter y Remus intercambiaron sendas miradas de sospecha que no pasaron ni mucho menos desapercibidas para las chicas.
—¿Qué pasa? — preguntó Sarah confundida.
James miró una vez más a Remus antes de disponerse a hablar.
—Es que...— empezó antes de interrumpirse para aclararse la garganta — Sirius tampoco ha dormido en nuestro cuarto esta noche — explicó a la vez que su imaginación volaba en busca de no tan inverosímiles teorías.
Automáticamente, Sarah y Lily intercambiaron una mirada incrédula, antes de volver de nuevo la vista en dirección a los muchachos.
—¿Crees que están juntos? — se atrevió a preguntar Sarah a James.
Le costaba creerlo pero después de todo, no era la primera vez que su amiga había mentido en relación a sus encuentros secretos con el merodeador.
—Yo...no sé, no creo, quizás sí físicamente, pero ayer Sirius estaba muy raro, vino a la habitación a buscar algo y luego se marchó como alma que lleva el fénix en busca, según él, de algo que "había olvidado en la clase de Defensa contra las Artes Oscuras" — explicó James con retintín haciendo el gesto de las comillas con los dedos.
No obstante, antes de poder seguir elaborando teorías al respecto, fueron interrumpidos por una apurada Alison Potter, cuya apresurada entrada hizo que no fueran realmente conscientes de su presencia, hasta que la muchacha estaba ya sentada en la banca de madera junto a sus amigas.
—¡Pero qué nargles...! — maldijo James volcando el tazón de cereales del susto.
Una mueca de asco se dibujó en la cara de la rubia al ver su viscoso contenido desperdigado por la mesa del comedor, pero rápidamente desvió la mirada de la superficie de madera y la volvió en dirección a los chicos.
—Antes de que sigáis con vuestras apasionantes hipótesis sobre el affaire secreto que tenemos Sirius y yo, al que damos rienda suelta en el armario de las escobas, me ha pedido que os pida disculpas de su parte por no avisaros de que no volvería anoche, cuando nos fuimos ninguno pensó que no dormiría en su cama — explicó la rubia a la vez que se masajeaba las sienes.
Las caras de estupefacción de los allí presentes eran como para plasmarlas en un lienzo embrujado y colgarlas en la Gran Escalera.
—Anoche, mientras Sirius y yo hablábamos en la Sala Común, Evan Rosier vino a buscarme — empezó.
Para ese momento Lily ya se había atragantado con su café y Sarah le daba golpecitos en la espalda para tratar de ayudarle a expulsar el líquido de sus pulmones.
—Esto se pone mejor por momentos — opinó James señalando con una fresa a su prima, antes de llevársela a la boca y zampársela de un bocado. Estaba claro que disfrutaba con los cotilleos casi tanto como cierto ilustre director.
Alison rodó los ojos antes de seguir hablando.
—Bueno, pues me buscaba porque había encontrado a Reg inconsciente y no sabía a quién más acudir, el resumen corto a partir de ahí es que Sirius nos siguió y al final, después de conseguir que Regulus se recompusiera, ambos nos hemos pasado la noche cuidándolo — finalizó atropelladamente, antes de beberse de un solo trago el café frente a ella.
La cara de asombro de los presentes se había ido incrementando a medida que avanzaba el relato pero ninguno se atrevía a romper el hielo, o bueno, así fue hasta que finalmente James se decidió a preguntar sobre el paradero de su amigo.
—Se ha quedado para hablar a solas con él, ya sabéis, de hermano mayor a hermano pequeño, el plan de abordarlo ambos no parecía la mejor de las ideas, y estábamos tan preocupados que necesitábamos sí o sí sacarle algo de información. Es que si vierais como lo encontramos…estuvimos a punto de llevarlo a la enfermería — suspiró — No sabemos qué le pasó o que tomó exactamente, pero al principio ni siquiera éramos capaces de hacerlo reaccionar, estaba completamente inconsciente, para seros sincera…nos hemos llevado un buen susto — terminó la rubia antes de volver a sumergirse en sus propios pensamientos.
—Ojalá Sirius consiga sonsacarle algo — deseó Lily a la vez que posaba la mano sobre la espalda de su amiga para tratar de reconfortarla.
Sarah no tardó en imitar a la pelirroja, y ambas envolvieron con sus brazos a la rubia.
Sabían cuán importante era Regulus para Alison, y aunque no acababan de entender del todo su extraña relación, esto no era ni mucho menos un impedimento para que llegaran a empatizar con ella y entendieran el grado de preocupación que ésta sentía por el estado de su amigo.
Y los chicos tampoco se quedaron atrás, pues no tardaron ni treinta segundos en levantarse de su banca y unirse al abrazo colectivo, bajo las estupefactas miradas del resto de alumnos que desayunaban a esa hora en el Gran Comedor y no acababan de entender esa repentina muestra de cariño, en especial los de Sexto Curso, que al igual que ellos, tenían Historia de la Magia con Binns a primera hora de la mañana y solo tenían ganas de ahogarse en sus propias tazas de café.
Cuando Regulus Black abrió los ojos aquella mañana, su hermano Sirius ojeaba a conciencia la portada del último número del Profeta recostado sobre una de las butacas de la sala, las profundas ojeras que adornaban su rostro delataban su evidente falta de sueño, no obstante, contra todo pronóstico, su semblante serio delataba que a pesar de no haber dormido más que unas horas, estaba fresco como una Col Masticadora China, absurdamente lúcido, y dispuesto para la larga e improductiva reprimenda de hermano mayor con que seguramente pretendía obsequiarle.
Y el hecho de que no hubiera ni rastro de Alison Potter por allí, daba una buena pista de ello.
Por lo que tras armarse de valor para afrontar lo que quisiera que viniera, trató de incorporarse en la medida en que le fue posible. Sin embargo, un intenso dolor de cabeza le golpeó de lleno al intentar levantarse.
Para ese momento, Sirius ya se había percatado de sus intenciones, por lo que no tardó ni un segundo en acercarse para tenderle un vaso de agua fresca y un vial de un brebaje verdoso, que el slytherin intuyó que debía ser poción para aliviar la resaca, seguramente cortesía de su amiga rubia.
Regulus puso el vial sobre sus labios y vació el contenido en su garganta, esbozando una inevitable mueca de asco en el momento que el líquido cenagoso, alcanzó sus papilas gustativas.
—A grandes males, peores remedios — bromeó Sirius tratando de romper el hielo.
El slytherin le observó escéptico.
Estaba claro que Alison y Sirius habían hablado, y ella le había pedido que tratara de acercarse a él obviando las maneras explosivas que habitualmente tenía de reaccionar.
—Creo que no era así — comentó simplemente, antes de dar un largo trago al vaso de agua.
Sirius asintió y tomó asiento en el borde del sofá que ocupaba Regulus.
—¿Cómo te sientes? — preguntó.
Regulus rió sin gracia.
—Como se me hubiera pasado por encima el Autobús Noctámbulo
—Lo bueno es que te lo pensarás dos veces antes de volver a probar lo que quiera que tomaste anoche — tanteó Sirius tratando de tirar de la lengua a Regulus y que su hermano finalmente soltara prenda.
—Oh de eso puedes estar seguro — corroboró Regulus manteniendo la mirada a su hermano, consciente de la retahíla de maldiciones y advertencias que no tardarían en escapar de su boca.
Pues siendo honestos, por mucho que le hubiera podido instruir Alison sobre la mejor forma de acercarse, Sirius era como un hipogrifo en una cacharrería, y pensar que podría mantener a raya su temperamento era algo del todo utópico. Aunque, debía admitir que era más que evidente que lo estaba intentando con todas sus fuerzas. Y quizás, en otra situación, Regulus lo habría valorado positivamente y habría acabado abriéndose y confesándole como se sentía al respecto. Posiblemente incluso le habría pedido ayuda. Pero ya era demasiado tarde para eso, había vendido su alma al diablo y no había marcha atrás, ni esperanza alguna para él.
—Oye Sirius, si tienes algo que decir sería genial que lo hicieras cuanto antes porque tengo clase de Pociones y no me gustaría llegar tarde — le apremió sabiendo cuanto lo irritaría su comentario.
Sirius lo observó con incredulidad antes de levantarse del sofá y darle la espalda, a la vez que enterraba las manos en su cabello tratando por todos los medios de mantener la calma. Cosa que evidentemente le estaba costando Merlín y ayuda.
—Mira Reg, quiero entenderte y ayudarte, de verdad que quiero, pero la verdad es que me lo pones muy difícil — le recriminó incapaz de morderse la lengua.
Regulus lo observó impasible.
—En ningún momento te he pedido que lo hicieras — replicó encogiéndose de hombros.
—No claro, no me lo has pedido, pero ayer Alison y yo te salvamos la vida, no tengo la menor idea de a qué cojones estás jugando, pero a mí no me engañas, lo de ayer no era un poco de alcohol de más, así que no hace falta que trates de mentirme a la cara porque puedo ser muchas cosas pero estúpido no es una de ellas — bramó Sirius completamente fuera de sí.
Regulus negó con la cabeza y se masajeó las sienes.
—Que lástima que eso no sea tu problema — escupió con desgana.
Sirius rió sin gracia.
—No sé qué te está pasando Regulus, y estoy preocupado por ti, estamos preocupados por ti — se corrigió — ¡Tan difícil es entender eso! ¡Me importas y quiero protegerte! — espetó gesticulando con las manos.
—"Estamos" — recalcó Regulus dejando escapar una carcajada cargada de amargura.
A esas alturas a Sirius poco le faltaba para sacar su varita y hacer entrar en razón a su hermano a base de flipendos.
—Sí, Reg, sí, Alison te quiere, y ayer estaba preocupadisima por lo que pudiera pasarte, se ha pasado la noche en vela para asegurarse de que estuvieras bien — le recriminó con frustración.
Y esas palabras de Sirius inevitablemente lo removieron tanto por dentro que tuvo que poner todo de su parte para no echarse a llorar como un niño pequeño. Sabía de sobra que lo que decía su hermano era completamente cierto, de hecho era una gran parte del motivo por el que había tomado la decisión que había tomado. La amaba con todo su corazón y le hervía la sangre solo de pensar en que su hermano pudiera llegar a poner en duda sus sentimientos por la gryffindor. El no sabía nada, siempre se lo habían dado todo sin tener siquiera que esforzarse, independientemente de su comportamiento o sus salidas de tono, Sirius podía hacer y deshacer a su antojo, mientras él se quedaba recogiendo el desastre que dejaba a su paso y tratando de compensar sus meteduras de pata con intachable obediencia, sacrificando para ello sus propios deseos e inquietudes.
—Nunca lo pondría en duda — replicó tajante — Me refería más bien a ti, no hace falta que finjas ser el hermano mayor perfecto que se preocupa por mí, Alison no está delante para que necesites impresionarla — atacó el slytherin envenenado de frustración y envidia.
Y en ese preciso momento Sirius desistió.
—Siento mucho que te joda lo de Ali, Reg, si pudiera elegir que no nos hubiéramos enamorado de la misma chica, créeme que lo haría, porque aunque pienses que me das igual, la realidad es que siempre vas a ser mi hermano y te quiero como no te imaginas. Pero no nos corresponde a ninguno de los dos elegir por ella o decirle lo que debe o no hacer. Y me da igual lo que digas, o lo hiriente que puedas ser, no vas a conseguir que deje de preocuparme por ti. Así que adelante, ve a Pociones, pero te advierto que como vuelva a pasar algo como lo de anoche, las explicaciones tendrás que dárselas al director Dumbledore, no a mí — zanjó antes de abandonar la sala sin volver a mirar atrás.
—¿Podemos hablar?
Dos palabras que sonaron como un jarro de agua fría, el inicio de un salto a ciegas hacia el abismo más profundo, pero sobre todo, un punto de inflexión que separaría para siempre sus caminos, situándolos en bandos contrapuestos de una cruenta guerra que recién comenzaba a gestarse.
Pero no podía retrasarlo más, debía poner tierra de por medio entre ambos, si nada le conectaba a ella, si perdía su amistad, afecto y confianza, nadie podría usarlo como arma contra la muchacha.
Entregarse en su lugar no parecía un precio tan alto a cambio de su seguridad, después de todo era algo que tarde o temprano habría acabado pasando, solo estaba adelantando lo inevitable, encaminándose voluntariamente hacia el destino que hace tiempo otros habían escrito para él.
¿Siempre hay elección? Puede que sí pero...¿a qué costo?, y más importante aún, ¿estás dispuesto a pagarlo y vivir con las consecuencias de tus acciones?. Regulus Black no.
Y quizás habría deseado ser más como Sirius, el héroe que sacrifica todo aquello que ama con tal de salvar al mundo porque eso es lo que debe hacer, buscar el bien mayor. Pero el pequeño de los Black era algo más egoísta, y por muy poco empático que pudiera sonar, las víctimas colaterales poco importaban si aquellos a los que amaba estaban sanos y salvos, incluso aunque él acabara convirtiéndose en una de esas mismas víctimas colaterales, más pronto que tarde.
Y por eso mismo decidió colocarse a sí mismo en el tablero de ajedrez.
—Si vienes a sermonearme, te gustará saber que ya se encargó de hacerlo esta mañana Sirius — replicó a modo de saludo, elevando la vista en dirección a la muchacha parada frente a él.
Alison le observó visiblemente preocupada manteniendo la mirada fija en sus ojos verdes, casi parecía que tratara de atravesarlo, de entrar en su cabeza, en su corazón, saber lo que pensaba y sentía en ese preciso momento.
El ambiente se sentía enrarecido, hablaban de una cosa pero parecía otra bien distinta, la antesala del caos, de la decepción, del dolor, de una inesperada despedida.
—No, en realidad, no pretendía sermonearte, no soy tu madre, Reg, solo estaba preocupada y quería saber si te sentías mejor — admitió bajando al final la mirada algo avergonzada por mostrarse tan asustada cuando el chico parecía estar como nuevo.
Quizás intuía lo que se avecinaba o quizás no, pero claramente había sido capaz de percibir la incomodidad reinante, algo que nunca antes había sucedido entre ambos, la incapacidad para leer al otro y casi tener que sacar las palabras con sacacorchos.
—Estoy perfectamente, tan solo fui a una fiesta y se me fue un poco de las manos la diversión — mintió.
La rubia levantó la vista nuevamente y le observó incrédula.
—¿Se te fue de las manos? — repitió elevando las cejas, incapaz de creer lo que acababa de escuchar.
—Eso he dicho
Alison bufó.
No obstante, antes de complicar las cosas más tomó aire, contó hasta diez y cambió por completo el chip. Su idea tal y como había prometido no era ni mucho menos reñirle, estaba preocupada por él y necesitaba que Regulus supiera que sí estaba sucediendo algo podía confiar en ella, que pasara lo que pasara estaría ahí para él.
—Reg, yo solo...
Pero antes de que pudiera continuar hablando el muchacho la interrumpió.
—¿Qué es esto, Ali? ¿Qué estamos haciendo? — cuestionó, dando alas a aquellas palabras que habían permanecido presas de su garganta durante demasiado tiempo.
—¿Esto? — preguntó confundida.
Regulus asintió antes de levantarse y situarse cara a cara para enfrentarla.
—Estoy cansado de jugar, Alison, esto que quiera que haya entre nosotros, esta conexión, nos está destrozando a ambos y ya no puedo más — admitió en tono de derrota — Soy consciente de que quieres a Sirius y quieres estar con él, he observado como lo miras, y no quiero ni tu compasión, ni tú lástima ni mucho menos tu amistad, no quiero que seáis la parejita feliz que cuida del pobre hermano pequeño y descarriado, soy un hombre, no un niño, y no necesito que nadie me salve, Alison — escupió tajante, volcando todo su dolor y frustración contra la única persona que le había brindado una amistad real, sin intereses de por medio, y con quién se había sentido lo suficientemente cómodo como para mostrarse tal y como era, hasta el punto de enamorarse irremediablemente de ella.
En el momento en el que las palabras abandonaron su boca sintió romperse a la muchacha parada frente a él. Alison Potter siempre había tenido fama de ser alguien a quien las cosas no le afectaban en exceso, al menos de cara a la galería, odiaba mostrarse débil, dolida o dañada, pues en su opinión solo tenían la capacidad para hacerte daño aquellos a quienes les das tu confianza, tu corazón.
Era casi como si con tu afecto les entregaras la llave para destruirte por completo, y ella, le había entregado esa llave en bandeja de plata a Regulus Black. La persona a la que creyó su confidente, ese amigo que nunca pensó necesitar pero que se volvió imprescindible y que en muy poco tiempo se hizo un hueco en lo más profundo de su corazón. Un hueco que dejaría un vacío difícilmente salvable.
Una corriente de aire gélido azotó a los muchachos con ímpetu, casi como una metáfora del muro helado que se había instalado entre ambos, convirtiéndolos en completos desconocidos en apenas unos segundos.
Y como acostumbra a pasar cuando nos hieren, el orgullo venció a la preocupación y Alison no pudo más que asentir.
—Está bien, Regulus, si eso es lo que quieres, no volveré a importunarte con mi complejo de salvadora — prometió la muchacha en tono firme, antes de darse la vuelta para dirigirse de vuelta al castillo con el corazón roto en mil pedazos.
—¿Has visto esto? — susurró Sirius, deslizando el ejemplar del diario el Profeta por el pupitre de la clase de Historia de la Magia en dirección a James.
El castaño pareció despertar de golpe de la ensoñación en la que se encontraba inmerso y tomó el diario entre sus manos para leer el titular que encabezaba la portada.
Familia muggle asesinada en las inmediaciones de la villa de Hogsmeade
El día de ayer, una pareja que transitaba por uno de los caminos que conduce a la villa de Hogsmeade encontró los cuerpos sin vida de los cinco miembros de una familia muggle en las inmediaciones del pueblo.
En cuanto recibieron el aviso un equipo de la Oficina de Aurores fue enviado a la zona para investigar el suceso.
Albern Fenwick, actual Jefe de la Oficina de Aurores, declaró al diario 'El Profeta': " Hemos destinado todos los recursos de que disponemos para localizar al responsable o responsables de esta horrible masacre, este crimen no quedará impune, y así se lo he comunicado de primera mano al Primer Ministro muggle, Leonard James Callaghan. Aún no sabemos con certeza de qué forma llegaron a Hogsmeade, ni cómo fueron asesinados. No obstante, los cuerpos de todos ellos presentan signos de haber sido maltratados con magia negra de alto nivel, por lo que las teorías que barajamos van orientadas en ese sentido. Y hasta ahí puedo adelantar, serán informados del resto de avances que vayamos realizando en la investigación. Buenas tardes."
Tom Padgett, testigo presencial del suceso, manifestó al diario: "Fue horrible... Mi mujer y yo estábamos paseando cuando vimos los cuerpos tendidos sobre el pasto completamente cubiertos de sangre, es descorazonador, ¡¿quién puede hacerle algo así a personas inocentes?!".
Las misteriosas desapariciones y muertes en extrañas circunstancias tanto de muggles, como de magos que han apoyado abiertamente los derechos de éstos no dejan de sucederse de un tiempo esta parte y desde la redacción no podemos evitar preguntarnos, ¿Está realmente el Ministerio haciendo todo lo posible para protegernos del famoso mago oscuro que los rumores aseguran que cada vez está consiguiendo más adeptos para participar en su lucha, o siguen obcecados en que son habladurías sin sentido?. ¿Deberíamos empezar a pensar en buscar la forma de defendernos por nosotros mismos dada la ineptitud de las autoridades?
Seguiremos informando al respecto
Mathias Cattermole, redactor del diario 'El profeta'
—Este tío tiene razón, para el momento en que el Ministerio decida tomar cartas en el asunto ya será demasiado tarde — opinó James contrariado — Puede que no quieran que cunda el pánico y la gente se vuelva demente pero esto está llegando demasiado lejos, al actuar así los están dejando completamente desprotegidos, son un blanco fácil — añadió con marcada frustración.
—Eso mismo pensé yo — concordó el moreno — Esto es un mensaje, una declaración de intenciones — opinó poniendo el dedo sobre la portada del periódico — Y no creo que lo que le pasó ayer a Reg fuera casualidad, no sé hasta qué punto están involucrados los slytherin pero pondría la mano en el fuego porque tienen todas las papeletas para ser el origen de los "extraños" accidentes que han tenido lugar en el castillo últimamente con los nacidos de muggles. Creo que deberíamos hacer algo — propuso con mirada cómplice.
—¿Algo cómo…? — preguntó James confundido.
—Algo como prepararnos para lo que se avecina, una vez lo hablamos y al final quedó en agua de borraja, pero creo que deberíamos proponérselo en serio a los chicos, planificarlo y empezar a aprender magia defensiva a conciencia por nuestra cuenta, en un duelo a muerte no creo que lo que hemos aprendido en las lecciones de Defensa contra las Artes Oscuras nos fuera de demasiada ayuda, debemos ir un paso por delante. Sobre todo porque si hay una guerra yo tengo muy claro el lado del que voy a luchar, y los mortífagos no tienen fama de jugar limpio, aprovecharán cualquier oportunidad para dañarnos tanto como les sea posible, hasta la muerte si tienen la oportunidad, no conocen la piedad — declaró Sirius completamente convencido de sus palabras.
James asintió.
—Tienes razón, tenemos que estar preparados, porque si como dices al final hay una guerra me tendrás luchando a tu lado hasta mi último aliento, y pateando algún que otro trasero de mago tenebroso — prometió el gryffindor con decisión.
Una sonrisa cómplice se dibujó en los labios del moreno, siendo replicada casi al momento por otra gemela en el rostro de James.
—Esta noche frente al tapiz de Barnabás el Chiflado, avisa a las chicas, yo me encargo de informar a Peter, Remus y Carol — planeó Sirius, en un susurro, antes de que ambos centraran nuevamente su atención en la soporífera lección sobre la Huelga de las gárgolas que tuvo lugar en el año mil novecientos once.
—Hola
—Hola — correspondió Alison levantando sus ojos azules en dirección a la conocida voz.
Frente a ella se encontraba parado Evan Rosier con las manos escondidas en los bolsillos de la túnica y una sonrisa amistosa dibujada en el rostro.
—¿Estás bien? — preguntó.
Y sin más preámbulo se sentó en el banco de piedra junto a la muchacha.
Alison suspiró.
No quería hablar de Regulus con sus amigos, no quería contarle a Sirius las hirientes palabras con que le había obsequiado su hermano. Ni mucho menos seguir llorando por algo que ni tan siquiera estaba en su mano arreglar, Regulus había tomado una decisión y ella no podía más que aceptarla. Después de todo, no puedes obligar a alguien a permanecer a tu lado en contra de sus deseos, en especial si eso le está dañando.
Pero Evan se sentía como alguien completamente imparcial, sabía que no la juzgaría por sus acciones, pero tampoco se pondría de su parte independientemente de los hechos únicamente por la relación de amistad que los unía, cosa que inevitablemente, sí sucedería con sus amigos.
—Creo que soy una mala persona, Evan. He hecho mucho daño a alguien que quería muchísimo por mero egoísmo, y no tengo la menor idea de cómo hacer para arreglarlo — confesó la chica mientras una lágrima salada resbalaba por su mejilla.
Evan tomó la mano de la rubia.
Su tacto era extrañamente reconfortante, y quizás en otro momento habría pensado que permitir esa cercanía entre ambos no era la mejor de las ideas, pero en ese instante estaba tan desconsolada que no podía importarle menos.
—No podrías ser una mala persona ni aunque lo intentaras con todas tus fuerzas — dijo Evan en respuesta presionando ligeramente la mano de la gryffindor en señal de apoyo.
Alison negó enérgicamente.
—No me conoces tanto como para decir eso — sollozó incapaz de contener por más tiempo las lágrimas que se encontraban aprisionadas en sus ojos. Mostrar debilidad era algo que prácticamente nunca se permitía a sí misma.
—Te conozco lo suficiente como para hacerlo. Ayer saliste corriendo sin pensarlo para ayudar a tu amigo, sin importar las consecuencias que pudiera tener para ti, creo que eso no te convierte precisamente en una mala persona — opinó el chico esbozando una sonrisa tímida.
Alison bufó.
—Algunos opinan que hago ese tipo de cosas por mi complejo de salvadora, que los sentimientos de los demás me dan igual, que solo me importan los míos — escupió con sarcasmo ahogada en sus propias lágrimas.
Evan asintió y su semblante cambió de sonriente a serio en apenas un suspiro.
-—"Algunos" son gilipollas — replicó el moreno — Y quizás su propio egoísmo no les permite ver más allá de su nariz — aseguró con un marcado tono de rabia en sus palabras.
Y en ese momento Alison, ya algo más calmada, sonrió a Evan y se secó las lágrimas.
Que irónico que el muchacho únicamente se hubiera acercado en busca de información sobre lo sucedido la noche anterior, y en su lugar, contra todo pronóstico, hubiera logrado acercarse más aún a Alison Potter y ganarse su confianza. Irónico sobre todo porque la rabia que impregnaba sus palabras nada tenía que ver con los sentimientos de la chica, sino más bien con que el necio de Regulus Black había sido tan iluso de pensar que alejando a su amiga podría llegar a salvarla de él.
—Oye Ali, necesito hablar contigo — irrumpió James como si de un huracán se tratara.
—¿Tiene que ser ahora mismo? — preguntó confundida, dando a entender que en ese preciso momento estaba ocupada.
Después de que Evan se hubiera acercado a hablar con ella y la hubiera consolado, dejarle plantado con la palabra en la boca para atender una de las ocurrencias de su primo, era del todo desconsiderado.
—No te preocupes, ve, de todas formas tengo que volver a la Sala Común para terminar la tarea. La profesora McGonagall no ceja en su empeño de atemorizarnos con los É.X.T.A.S.I.S a base de miles de redacciones de Transformaciones y exámenes sorpresa — intervino Evan, a la vez que se levantaba del banco de piedra dispuesto a marcharse.
Alison le dirigió una sonrisa de disculpa y agradecimiento, que el moreno correspondió con un asentimiento de cabeza, ante la estupefacta mirada de James Potter que, en ese preciso momento, creyó estar viviendo una realidad paralela.
—¿Y bien? ¿Qué era tan importante? — reclamó la rubia cruzándose de brazos con cara de pocos amigos.
James sonrió inocentemente con cara de no haber roto nunca un plato.
—Mi señor, el chico Rosier ha escrito finalmente. Informa de que todo está dispuesto según planeó, solo es cuestión de tiempo que la chica caiga en nuestra trampa — anunció Bellatrix con un marcado tono de satisfacción.
Sabía cuánto complacería a su Señor Oscuro que lo que habían orquestado tan meticulosamente fuera viento en popa y ser ella, su más fiel sierva, quién se encargase de comunicar la buena nueva no era más que la guinda del pastel.
Voldemort, que así había empezado a hacerse llamar como un preludio del reino de terror que pretendía establecer bajo su yugo, sonrió siniestramente complacido por sus palabras.
—Bien Bella, en ese caso, ya sabes lo que debes hacer, lo de esos repugnantes muggles no fue más que el inicio, debemos hacernos notar, que sepan lo que les espera si se niegan a someterse. El Ministerio de Magia cree que no hay motivo para alarmarse — declaró dejando escapar una carcajada amarga — Si supieran que ya estamos dentro…estúpidos necios — escupió con una marcada mueca de asco.
—Todos ellos son unos sucios traidores a la sangre, la vergüenza de los de nuestra especie, pero se arrepentirán de cada palabra y acción que emplearon para defenderlos por encima de los suyos, después de todo la letra con sangre entra, y nosotros vamos a bañar el mundo con su sangre — juró, manifestando una vez más su inquebrantable lealtad.
Su Señor Oscuro sonrió una vez más antes de acercarse a ella complacido y tomar de su mano el abrecartas que portaba.
En la sociedad mágica las mujeres habían sido un cero a la izquierda durante siglos, especialmente en aquellas familias que orgullosamente habían manifestado ser sangre pura, sin hacer nada por su status de sangre que no fuera presumirlo, haciendo por supuesto oídos sordos a las aberraciones que había estado permitiendo el Ministerio desde hacía décadas. Defenderlo nunca había sido una opción para esos cobardes. Y allí estaba ella, una muchacha de poco más de veinte años, mucho más comprometida con la causa que cualquiera de los hombres que se jactaban de ser descendientes de intachables líneas de sangre y de lejos mucho más valiente y leal que ninguno de ellos.
—Mi querida Bella, ten por seguro que purgaremos el mundo de inservibles y pusilánimes. Esto no ha hecho más que empezar, cuando hayamos acabado nadie se atreverá a poner en duda nuestra supremacía — prometió mientras jugueteaba con el abrecartas, demasiado cerca del rostro de la chica.
Sin embargo, ella no sintió ni una pizca de miedo, esas palabras sonaban como música para sus oídos, y no había nada que deseara más en el mundo que entregar la vida a su causa, complacer todos y cada uno de sus anhelos . Y estaba decidida a hacerlo.
Por eso mismo, haciendo alarde de su locura, se aproximó aún más a su señor, haciendo que en consecuencia el abrecartas se incrustara en la nívea piel de su cuello.
Unas gotas de sangre recorrieron su garganta, a la vez que otras impregnaban parcialmente la hoja del abrecartas.
Voldemort sonrió antes de pasar el dedo por el filo y llevárselo a los labios, degustando la sangre de la chica, que lo observaba embelesada.
No obstante, antes de que esta pudiera decir más, sacó su varita y con un golpe de la misma cerró la herida que ella misma se había infligido.
—No debemos malgastar sangre tan valiosa como la tuya, querida Bella — le aleccionó, antes de darle la espalda y volver su atención nuevamente a los asuntos que le requerían.
—Me estás diciendo que llevas como veinticuatro horas conociendo la existencia de esta sala y no has creído necesario hablarnos de ella — preguntó James en tono de reproche, incapaz de cerrar la boca del asombro.
Lily, Alison y Sarah intercambiaron una mirada cómplice. Los merodeadores siempre habían parecido estar un paso por delante y saber cada secreto o pasadizo que escondía el castillo. Hasta ahora, claro está. Por primera vez sabían algo que ellos desconocían. Minipunto para el equipo de las chicas.
Y es que la Sala de los Menesteres estaba dotada de una magia del todo única, atendía a las necesidades de cada usuario que la visitaba, transformándose y abasteciéndose en función de éstas. Y como no podía ser de otra forma, esta no iba a ser una excepción, por lo que en esa ocasión se había convertido en una extensa estancia completamente despejada donde poder practicar hechizos cómodamente. No obstante, la sala no estaba ni mucho menos vacía, una de las esquinas de la misma contaba con extensas estanterías color caoba, llenas hasta los topes de libros sobre Defensa contra las Artes Oscuras. Junto a ellas descansaban un par de maniquís de entrenamiento, así como detectores de tenebrismo, una torre de confortables pufs donde tomar asiento, y alguna que otra butaca.
—Igual estaba demasiado ocupado tratando de ayudar a su hermano, ¿no crees que eso era más importante? — lo regañó Caroline.
James le sacó la lengua en respuesta consiguiendo que la castaña rodara los ojos, antes de acercarse y alborotarle el cabello tratando de hacerlo rabiar.
—Genial, ya sabemos que tenéis cinco años, ¿Podemos empezar? — apremió Alison, que no veía la hora de regresar a su dormitorio y recuperar las horas de sueño perdidas.
—¿Por qué?, ¿Tienes prisa por ver a tu novio Rosier? — molestó James en tono de burla.
Alison fulminó con la mirada al gryffindor.
—Punto número uno: Rosier no es, ni será mi novio. Punto número dos: Aunque lo fuera no entiendo cómo eso podría ser algo de tu incumbencia, James. Y punto número tres y último: Creo que estamos aquí para hablar de algo mucho más importante que tu delirio de la semana — le recordó la rubia enarcando una ceja.
James sonrió divertido.
Después de todo, que ahora la relación con su prima fuera mucho mejor que la que habían tenido nunca, no implicaba en absoluto que de vez en cuando no pudiera chincharla rememorando viejos tiempos.
—Ali tiene razón, Prongs. Nos habéis reunido aquí por un buen motivo, así que manos a la obra — apremió Remus, a la vez que con un toque de varita distribuía los pufs en forma circular en el centro de la sala.
Todos ellos tomaron asiento casi en el acto y tras aclararse la garganta, Sirius se dispuso a hablar.
—Bueno como podréis imaginar por la apariencia de la sala, esto es una especie de espacio para entrenar Defensa contra las Artes Oscuras, no sé si habéis leído el Profeta de hoy pero las cosas van cuesta abajo y sin frenos y no tiene pinta de que el Ministerio tenga intención de hacer nada, así que si, creo que más pronto que tarde habrá una guerra. Puede que en un año, puede que en cinco, pero solo es cuestión de tiempo — declaró, haciendo que inevitablemente todos sus amigos tragaran saliva, e intercambiaran sendas miradas de inquietud.
Todos ellos eran conscientes de que las palabras de Sirius acabarían antes o después en convertirse en una realidad, y quizás el hecho de ser aún unos críos, protegidos bajo las alas de sus padres y profesores, les había mantenido un poco al margen del conflicto que se estaba gestando y que irremediablemente acabaría enfrentando a la comunidad mágica, porque así funcionan las cosas, ¿no?.
Aparece un supuesto salvador con promesas para todos aquellos que creían que sus voces no eran escuchadas, se presenta como la panacea, una solución. Y por primera vez esas personas se sienten valoradas y escuchadas, sienten que importan. Y ese supuesto mesías, aprovecha esas desavenencias o rencillas para enfrentar a la sociedad y generar el caos más absoluto. De esta forma, sin que aquellos de los que se ha servido hayan tenido siquiera tiempo de darse cuenta de sus verdaderas intenciones, instaura un reino del caos, del que se convierte en el líder supremo, haciendo y deshaciendo a su antojo. Y todos aquellos que una vez le apoyaron porque creyeron un altavoz para sus ideales, acaban exactamente igual que el resto, prisioneros de sus designios, en un juego del que difícilmente podrán escapar. Al final, no importa si tienes diecisiete años o cincuenta, porque no luchar implica inevitablemente perder.
—No sé vosotros pero yo no pienso quedarme de brazos cruzados, quiero luchar y para poder hacerlo deberíamos tener las herramientas necesarias para ser capaces de oponer resistencia. Os aseguro que no nos enfrentamos a aficionados, la mayoría de ellos dominarán la magia de combate a la perfección, en especial la magia negra y a esto hay que añadir que no tienen escrúpulos. Así que James y yo hemos pensado que en nuestros ratos libres podríamos entrenarnos unos a otros para estar mínimamente preparados para lo que se avecina. ¿Os apuntáis? — finalizó tímidamente el moreno.
Nunca antes se había sentido tan inseguro y vulnerable pero en cierto modo necesitaba demostrar de qué lado estaba, que lo que hiciera o apoyara su familia nada tenía que ver con él, que trataría de compensarlo, de protegerlos de los que pensaban como ellos.
Alison fijó su mirada en la del chico y asintió tratando de infundirle valor, era casi como una forma de agradecerle que hubiera dado ese necesario paso por todos.
—Yo me apunto — declaró Lily decidida irrumpiendo el momentáneo silencio que se había instalado en la sala.
James intercambió una sonrisa cómplice con la muchacha cargada de orgullo.
Lily Evans siempre había sido fuerte, valiente, decidida, de férreos valores, ese tipo de persona que jamás permanecía callada ante las injusticias. Y ese era precisamente uno de los motivos por los que el gryffindor la admiraba tanto, incluso antes de su acercamiento, antes de que florecieran sus sentimientos por ella, cuando decía odiarla, deseaba secretamente ser un poco más como ella. Por lo que, el hecho de que se hubiera comprometido en esa lucha no podía sorprenderle menos.
—Contad conmigo — continuó Remus.
—Y conmigo — añadió Caroline esbozando una dulce sonrisa — Aunque si no os importa me gustaría decírselo también a Amos — tanteó.
—Por supuesto — aceptó Sirius — Está más que invitado — asintió complacido por la acogida que había tenido su propuesta.
—¿Sarah? — preguntó entonces Remus en dirección a la muchacha.
—¿Acaso había alguna duda?. Necesitáis alguien que preste atención mínimamente en clase — bromeó guiñando un ojo a su otra mitad.
—Creo que es más que evidente que una experta en pociones también será imprescindible — se unió Alison, compartiendo una fugaz mirada cómplice con Sirius.
—¿Peter? — preguntó finalmente James.
—Podéis contar conmigo — aceptó el castaño, armándose de valor como nunca antes en su vida.
—En ese caso, ya está decidido. Ali, puedes ir corriendo a los brazos de Rosier — volvió a pinchar James divertido.
Sirius puso los ojos en blanco.
—Creo que lo mejor sería que empezáramos a practicar cuanto antes — pareció meditar la rubia — Observad chicos, estáis a punto de presenciar un maleficio de piernas unidas perfectamente ejecutado — informó elevando su varita en dirección a James.
No obstante, para cuando hubo pronunciado Locomotor Mortis, el merodeador había conseguido desviarse de la trayectoria del hechizo con relativa agilidad. Sin embargo, en el último momento el equilibrio le jugó una mala pasada y cayó de bruces contra el suelo, consiguiendo que se desatara una carcajada general entre los presentes, y se dibujara una sonrisa satisfecha en el rostro de su prima.
Lily no tardó en acercarse y tender una mano en su dirección para ayudarlo a levantarse.
—Parece que te hayas propuesto morir hoy — bromeó la pelirroja divertida, observando cómo el muchacho se sacudía el polvo de la túnica.
—Oh, es solo que me tomo muy enserio el entrenamiento, después de todo una Alison Potter cabreada es casi como enfrentarse a una manada de feroces Dugbogs. Además, ¡Qué sería de la vida sin un poco de riesgo! — bromeó el gryffindor guiñándole un ojo.
La pelirroja negó con la cabeza inevitablemente divertida.
—Espero que cuando te vacíe un frasco de brebaje bocazas en la Cerveza de Mantequilla no vengas llorando implorando mi ayuda — le advirtió en tono de broma.
—Sabes que nunca haría tal cosa — replicó con una sonrisa pícara dibujada en los labios.
La pelirroja negó con la cabeza a la vez que golpeaba con cariño el pecho del chico, que como no podía ser de otra forma, no dejó de sonreír en ningún momento.
