Día 14/8:
Valentine's / White Day
Oía de fondo la monótona voz del profesor James, quién impartía con solemnidad la clase del día: los verbos irregulares. Kagome estaba a punto de golpearse la cabeza con su pupitre, y estaba segura de que el caos que generaría su acción sería mucho más divertido (para todos e incluso para ella) que aquella agónica última hora de estudios.
Solo media hora más y podré irme a casa a descansar... pensó llevándose las manos mentalmente a la cabeza.
Bueno, "descansar". Eso, en su idioma de estudiante a tiempo parcial y viajera del tiempo / sacerdotisa en proceso / buscadora de fragmentos / cazadora de demonios a tiempo completo, significaba que cuando llegara todavía tenía que hacer las compras de última hora, preparar la maleta para el día siguiente y hacer la comida que pensaba llevarse al pasado. Sí, mínimo no apoyaba la cabeza en la almohada hasta altas horas de la madrugada.
Y mañana InuYasha estaría en su casa, metiéndole prisa, incluso antes de que piaran los pájaros con el amanecer...
Definitivamente, las ganas de chocar la cabeza contra la mesa se incrementaron.
—Tks, Kagome.
La voz provenía de detrás de ella. Alegrándose de tener un mínimo entretenimiento para esos últimos minutos que se le estaban haciendo excepcionalmente eternos, Kagome se aseguró de que el señor James estuviera distraído apuntando en la pizarra y giró el tronco ligeramente.
Se encontró de cara con la sonrisa pilla de su amiga Eri.
—¿A quién piensas regalarles los chocolates que hemos hecho en clase de cocina?
Kagome necesitó un par de segundos para ubicarse: es verdad, hoy era San Valentín y como cada año, en su clase del hogar se habían dedicado a cocinar un pequeño corazón de chocolate. Entre el trajín de recoger y el intercambio de clase había conseguido librarse de las preguntas de sus amigas, pero al parecer, la suerte no estaba del todo consigo.
¿Cómo le digo que la primera persona que se me viene a la mente es un medio demonio gruñón que no conoce qué es San Valentín y que seguramente desprecie mi regalo, diciendo que sería mejor que le regalase un buen tazón de ramen?
Hum, sí, un poco difícil.
Pero al parecer Eri no estaba buscando la respuesta que Kagome creía, porque sin darle tiempo a pensar mucho más, se inclinó hacia delante y bajó el volumen un poco más antes de seguir hablando:
—He estado hablando con Yuka en el intercambio y ya nos hemos inventado una excusa para que puedas irte de vuelta con Hojo... tú sabes, los dos a solas. Entretendremos a sus amigos y a Ayame y te dejaremos vía libre— culminó su brillante idea con un guiño de ojos.
Kagome tan solo pudo parpadear. ¿Hojo?
Sus ojos se movieron solos hacia el mencionado, y cuál fue su sorpresa cuando lo encontró ya mirándoles furtivamente desde su asiento de última fila. Cuando sus miradas se cruzaron, él le sonrió nerviosamente y bajó la cabeza.
Kagome se preguntó vagamente si en aquella reunión secreta había habido un tercer miembro no mencionado.
—Bueno, Eri— murmuró todavía confundida con los últimos acontecimientos— yo no... yo no...
¡Booom!
Un fuerte golpe alertó a todos, en especial a Kagome, quién se giró hacia el frente de la clase.
Al parecer hoy es el día de las interrupciones. Espero que está sea buen-
Cuando se giró, deseó que el mundo se abriese a sus pies y se la tragase entera.
Porque ahí estaba InuYasha, sí, el mismísimo InuYasha, quién con una patada había tirado la puerta abajo. Tenía la espada en la mano, su enorme e imponente Tessaiga, y las orejas perrunas... sus adorables y no-normales orejas perrunas al descubierto.
E iba gritando a los cuatro vientos:
—¡¿Dónde está el desgraciado de Hojo?! ¡Decidme quién es que deseo batirme en un duelo con él! ¡Y que sepa que como haya comido un mísero gramo de cocholate de Kagome le abriré las tripas y se las arrancaré de cuajo! ¡Decidme quién es!
En ese momento, Hojo se puso en pie bajo la atenta mirada de toda la clase, el señor James y demás alumnos que se amontonaban en el pasillo. Kagome se sintió morir cuando, al girarse, descubrió que este también tenía una espada en la mano.
InuYasha sonrió con verdadero placer antes de arremeter contra él.
·
~o~o~o~o~
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—InuYasha...
—¿Qué?
—Tú... ¿Sabes qué es San Valentín?
—¿Qué? ¿San qué? ¿Quién carajo es ese? ¿Un demonio de tu tiempo?
—Eh... no... no precisamente...
—¿Entonces?
—Da igual. Tonterías mías.
—No, ahora me lo dices. ¿Quién es? ¿Y por qué me estás mirando así?
—No importa, de verdad.
—Kagome, ¿quién es el San Ventura ese? ¡Eh, no te rías!
—Perdón, perdón. Es que... No es nadie, te lo prometo. Cosas mías.
—¿Y entonces por qué me lo has preguntando? Sigues mirándome raro... ¡Keh! No pienso callar hasta que me lo digas, que lo sepas.
—¿No?
—No.
—Bien. InuYasha...
—¡Nooo, esper-!
—Siéntate.
Plaf.
