Día 15/8:

Role Reversal


Corría todo lo que sus piernas le permitían. El aire escapaba de sus pulmones con rápidas exhalaciones, su corazón latía a más no poder y su cuerpo llevaba tiempo diciéndole basta pero sabía que no podía detenerse. Si lo hacía, aquel horrible demonio centauro le alcanzaría y se la comería viva.

Kagome saltó para esquivar una de las raíces que sobresalían del suelo y cuando sus pies volvieron a tocar tierra firme, a punto estuvo de perder el equilibrio; pero consiguió mantenerse erguida y siguió corriendo. Cada vez se iba adentrando más y más en el bosque y temía perderse entre tanto boscaje, sin embargo, tenía que intentar darle esquinazo al centauro de alguna manera.

Oía sus cuatro patas corriendo tras ella y conforme el tiempo pasaba y los metros se sucedían, más cerca se iban escuchando. Kagome ahogó un jadeo. A este ritmo la alcanzaría en cualquier momento, no podían compararse sus dos piernecitas (ejercitadas, sí, por el caminar diario y las peleas) con el cuerpo robusto de un medio caballo; indudablemente la balanza jamás se caería a su posición.

Lo mejor que podía hacer era encontrar un sitio en el que guarnecerse, al menos hasta que el demonio pasara de largo y ella pudiera volver en busca de ayuda. Ni siquiera tenía un arma a la que echar mano. ¡Mierda!

Buscó frenéticamente a su alrededor cualquier lugar y un gemido bajo de alivio escapó de sus labios cuando descubrió un pequeño terraplén unos metros más allá desde donde se oía el discurrir un río. Si saltaba, quizás el sonido del agua y su olor la camuflarían por un tiempo.

No dudó.

Rápidamente cambió la dirección en la que estaba corriendo y tampoco vaciló en el momento que llegó al límite de la tierra y saltó.

Casi gritó.

Porque el agua que había escuchado no pertenecía a un río, sino a una pequeña cascada que había a un lado, y adónde ella había caído no había más que barro. Genial, gimió para sí. No era lo mejor, pero podía servirle de algo. Conteniendo una mueca de asco, se zambulló en el barro hasta que su cuerpo quedó casi por completo manchado. Esperaba que esto también escondiera por un tiempo su rastro.

Aguardó, conteniendo la respiración, mientras las pisadas rápidamente se iban acercando adónde estaba ella. Hubo un momento en el que lo escuchó prácticamente a su lado, pero después de pasar los segundos más aterradores de su vida, el demonio terminó pasando de largo.

Kagome contuvo un suspiro.

Cuando estuvo segura de que se había alejado lo suficiente como para no escucharla, rápidamente se puso en marcha. Sabía que su mejor opción era seguir el río para seguir camuflando su olor, así que caminó en dirección contraria al pequeño riachuelo. A pocos metros de allí descubrió que se prolongaba a un recoveco, tapado por una cortina de helechos, y se alegró de ese hecho. Quizás ese podía ser un buen lugar para retomar el aliento y descansar un poco.

Se adentró en la cueva y después de caminar unos metros, descubrió que en lugar de un cueva, era más bien un lugar de paso, pues al otro lado había un hermoso y magistral prado, lleno de hermosas y olorosas flores, robustos y enormes árboles y un cristalino y caudaloso río. Y en medio de ello... había una torre. Una alargada y altísimo torre hecha de piedra blanca.

¿Qué era aquel lugar? ¿Y quién vivía en la torre?

Cuando llegó a la altura de dicha construcción, se quedó por un momento admirándola. Entonces, se sobresaltó cuando advirtió cómo caía algo de arriba. ¿Tal vez del cielo?

Dio un paso hacia atrás y sus ojos se abrieron como plato cuando descubrió que era... ¿pelo? Un larguísimo y lustrísimo pelo albino caía desde lo alto de la torre, como una sugerente y para-nada-normal invitación

No supo qué le motivó a hacerlo, pero Kagome se aferró al cabello y después de dar un par de tirones para asegurar su estabilidad, empezó a escalar por aquella cuerda natural.

Llegó a lo que parecía ser una ventana y sin dudarlo se adentró en aquella torre.

Cuán grande fue su sorpresa cuando descubrió a un hermoso y sorprendido hombre de piel nívea, increíbles ojos dorados y... ¿unas lindas orejas perrunas?, que era dueño del extensísimo cabello albino.

¿InuYasha?

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~o~o~o~o~

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—¿Sabes que te verías muy gracioso de Rapunzel?

—¿Rapu-qué? De verdad, Kagome, en tu tiempo tenéis unas cosas más raras...

—Es Rapunzel, y es el nombre de una princesa de mi tiempo. En cierta manera tenéis la misma inocencia y curiosidad por el mundo. Aunque ella es porque ha estado toda su vida encerrada, aislada del mundo, y tú... bueno, porque vienes del pasado. En realidad...

—No sé quién carajo es la Rapu esa, pero estoy segura de que no nos parecemos en nada.

—¡Sí, ya verás! Un día que estemos en casa te lo enseñaré. Escucha, que sí hay más semejanzas ahora que lo pienso: Ella estuvo toda su vida encerrada en una torre, y tú has estado por cincuenta años sujeto a un árbol. Además, Rapunzel es liberada y consigue ver el mundo gracias al intrépido (y guapísimo) Fynn o Eugène, y yo soy la que te quitó la maldición. Hacemos un buen dúo, como ellos. Puedo ser tu Eugène y tú mi Rapunzel.

—... Te juro que no sé que carajos dices, mujer, pero en el caso de que tuviera que elegir ser alguien, yo sería el Fini ese, no la mujer cautiva. ¡Recuerda la cantidad de veces que te he salvado!

—Bueno, sí, tienes razón, pero en este caso concreto fui yo o Eugène más bien quién liberó...

—¡Que no! ¡No pienso ser una niña idiota que se dejó encerrar sin hacer nada!

—¡Pero tendrás morro! ¡Mira quién lo dice!

—¡Además, estamos hablando tonterías! ¡Preséntame ahora mismo a ese imbécil y te diré quién es mejor!

—¡No le llames imbécil, tonto! ¡Es un buen hombre que se preocupó por Rapuzel y le ayudó a cumplir su sueño...! ¡Así como yo te estoy ayudando a ti a buscar los fragmentos y convertirte en un demonio completo!

—¡QUÉ NO SOY ELLA! ¡NO LO DIGAS MÁS!

—¡¿POR QUÉ?! ¡¿QUÉ HAY DE MALO, EH?! ¡¿TE NIEGAS SOLO PORQUE ES UNA MUJER O QUÉ?!

—Bueno, no, yo...

—¿ENTONCES? ¡¿ES QUE CREES QUE POR EL SIMPLE HECHO DE TÚ SER HOMBRE Y ELLA UNA MUJER NO PODÉIS SER PARECIDOS?!

—No, no, yo... escucha, Kago-

—Me cansas, InuYasha. ¡Me hartas mucho! ¡Siéntate!

Plaf

·

Sé que estoy pidiendo mucho para un hombre de la Era Medieval, pero siempre consigue tocar mi fibra sensible e irritarme, no sé cómo lo hace...


Nota del autor: Para la realización de este capítulo se ha necesitado revisionar la película de Enredados para darle un mayor realismo a la historia. Se aconseja a todo aquel que no la haya visto que lo haga, lo agradecerá profundamente.