Ciérrate la boca con candado, nadie tiene que conocer tus secretos.


Los dioses han aceptado que se les ha ido un poco la mano conmigo en estos primeros tres días en el barco, o eso es lo que creo, no le encuentro otra explicación de porque estos últimos cuatro días han pasado con tanta tranquilidad, voy a sencillamente dar por hecho de que ahora me tienen un poco más de pena y que por eso no han habido ni ataques ni pesadillas tan horribles.

Vale que de vez en cuando las heridas de la espalda empiezan a sangrar de momento a otro y sin nada que lo provoque –por el momento mi única teoría esto ocurre cuando me acercó demasiado al ojo de la caja, pero en varias ocasiones ya he desmentido esa teoría–, pero la cosa es que nada exageradamente malo ha ocurrido. Hemos detenido por completo los entrenamientos con espada porque la posibilidad de que empiece a perder sangre mientras estamos peleando sencillamente no es agradable en lo más mínimo, por lo que por estos últimos cuatro días sencillamente nos hemos centrado en el tema de la puntería. No hemos hecho grandes progresos, sí soy completamente honesta, sigo horriblemente agotada y la energía se me acaba preocupantemente rápido.

Mi única esperanza es que estas heridas desaparezcan cuando la misión termine, ya ni siquiera se me ocurre descubrir de dónde diantres salieron, ya no me interesa. La última vez que forcé al destino a darme alguna respuesta terminé teniendo el peor ataque de pánico de toda mi vida y con cicatrices mágicas que se abren cuando les sale de las narices.

No he encontrado absolutamente nada Plexipo y Pandión, he rebuscado todo lo posible sin el nombre de su padre, pero sencillamente es imposible encontrar absolutamente nada. Hiccup también me ha estado ayudando pero ayer, luego de estar horas con la cabeza metida en los libros, me hizo darme cuenta de algo que me quitó por completo toda esperanza: eso niños seguramente son tan insignificantes que los historiadores ni siquiera están seguros de cómo se llaman y lo más probable es que sí hay algo de ellos sería con otros nombres.

Estoy sencillamente tumbada sobre la cubierta, enojada con la vida, enojada con la misión, enojada con Quíone, enojada con Afrodita, enojada con absolutamente todo lo que rodea en estos momentos. Con el corazón bombeando locamente porque sé que nos queda tan solo un día para salir del continente y encontrarnos cara a cara con el océano Pacífico, Hiccup me ha comentado que seguramente podamos movernos más rápidamente por el océano, por lo que no tenemos que preocuparnos mucho por las reservas de alimentos y todo eso... lo cual ya de por sí no me preocupaba mucho porque últimamente no tengo nada de apetito.

Contando todos los intentos de hoy día, desde que le confesé a Hiccup que estaba guardándole secretos he intentado contarle lo de ese maldito ojo y lo de las voces unas cincuenta y tres veces, he intentando contárselo de cualquier manera posible, diciéndoselo de golpe, explicando lentamente la situación, llevándolo a que vea la caja, llevando la caja a él, he intentando de todo, pero siempre me detengo por completo antes de actuar, siempre tengo todas emociones ajenas deteniéndome, intentando convencerme de que un hijo de Poseidón no es digno de confianza alguna, intentando convencerme de que Hiccup no era en lo absoluto diferente que al resto de sus hermanos o a su padre.

Creo que lo comprendo, creo que lo estoy entendiendo poco a poco.

Primero, quiero creer que la mujer de los primeros dos sueños es Cleóbula, quiero creer que acabar encerrada en una jaula es el destino del que la profecía me advertía, que acabaré como ella si no cumplo mi misión. Plexipo y Pandión son sus hijos, los tuvo con ese otro hijo de Poseidón que los torturó, ella lo maldijo al enterarse, lo maldijo y le dijo que toda su familia lo maldecía.

Esas voces, jóvenes y viejas, femeninas y masculinas, llenas de ira, rencor y dolor... ellos son su familia, ellos son la familia materna de esos niños, esa familia que también maldecía a ese hijo de Poseidón y que por tanto no confían en ninguno otro, por eso quieren detenerme de hablar con Hiccup, porque no pueden creer que un hijo de Poseidón pueda ser diferente al monstruo que lastimo de esa manera a esos niños, a quienes seguramente eran sus nietos, sobrinos, primos... no pueden perdonar, no pueden confiar.

Les entiendo, realmente les entiendo, y voy a tener que soportarlos porque sencillamente no tengo manera de intentar convencerles de que Hiccup es diferente a todos ellos.

Ha estado cuidando de mí de una manera algo exagerada estos últimos días. Le entiendo, de verdad que le entiendo, se ha llevado un buen susto con todo lo que ocurrió, si algo similar le ocurriera a él estaría con el corazón en la boca las 24/7, por eso ni siquiera he sido capaz de pedirle que se tranquilice un poco, el cuándo esas heridas volverán a abrirse es imprevisible y es un hecho de que estoy mucho más débil que antes, tiene buenas razones para estar pendiente todo el tiempo, pero no quiero que se termine agobiando con mi estado, lo último que quiero es que mi sufrimiento llegue a él.

He estado pensando mucho también en el tema de casarnos, he estado a punto de morir un par de veces y terminar en los Campos Asfódelos solo por no haber tenido tan siquiera la oportunidad de terminar está misión no me hace mucha gracia que digamos. Casarme con Hiccup significa que tendría grandes posibilidades de acabar en el Valhala, y si tengo que elegir entre perder la conciencia, todos mis recuerdos y trabajar eternamente para que Hades se haga más rico o entrenar hasta el fin de los mundos donde finalmente moriré eternamente... pues creo que prefiero la segunda opción. Y no es solo por dónde acabaré, sino porque realmente no creo que haya ninguna diferencia si nos casamos o no, sería raro tener que corregir a la gente que es mi esposo y no mi novio, pero realmente no sería la gran cosa, es cierto que no estoy pensando qué es lo que realmente aquello significa para él, sé que en algún momento tendré que pensar en eso.

Por el momento quiero estar enojada, por el momento no tengo nada más que hacer a parte de preguntarme por qué diantres tengo que ser yo quién pasé por todo esto. Yo no pedí ser una semidiosa, yo no pedí ser la única hija de la maldita diosa que decidió ponerse del lado de Gea para rebelarse en contra del Olimpo, yo no pedí la amenaza constante de terminar como esa pobre mujer de la antigua Grecia, yo no pedí nada de esto ni me lo merezco, sencillamente no entiendo por qué yo entre todas las personas de este mundo tengo que pasar por toda esta tortura.

¿Por qué Cleóbula y sus hijos son tan importantes? ¿Qué relación tiene conmigo? ¿Quién diantres es en verdad y por qué el hecho de que su matrimonio con un hijo de Poseidón no haya funcionado tiene que afectar a mi propia vida y relación? ¡Nada tiene sentido!

–¡Vaya! –la voz de Hiccup es lo único que logra sacarme de todos mis pensamiento, me siento de golpe para ver qué es lo que pasa–. ¿Todo bien? –me pregunta mientras con el dedo señala mí alrededor. Frunzo un poco el ceño por la confusión para después mirar el suelo.

Gruño cuando me doy cuenta que toda mi rabia se había traducido a un montón de hielo congelándolo absolutamente todo. Me paso una mano por el rostro mientras bufo, mucho más molesta que antes. Necesito un par de intentos para que finalmente el hielo me haga caso y se disuelva lo antes posible, lo último que necesito es que mis poderes empiecen a fallar.

Suspiro antes de mirarlo fijamente a los ojos. –Es solo que... hay tantas cosas en mi cabeza, estoy enojada con todo el mundo y no sé cómo lidiar con todo lo que está ocurriendo –le explico lo mejor posible mientras acepto su mano para levantarme.

–¿Estás enojada conmigo? –me pregunta con un tono que no sé identificar si es bromista o serio, me limito a tirar un poco de él para dejar un corto beso en su mejilla.

–No –le respondo forzando una sonrisa, acariciando su otra mejilla–, contigo nunca.


Estoy sentada en el suelo mientras Hiccup trenza mi cabello con delicadeza, es relajante tenerlo jugueteando levemente con mi cabello, realmente son sus caricias y sus mimos lo que me está ayudando a librarme un poco de todas esas voces en mi tonta cabeza que no piensan dejarme en paz con respecto a la poca confianza que debería tener en él. Esas voces no tienen ni la más mínima idea de lo que están hablando, no saben quién es él, no saben todo lo que ha hecho durante toda su vida para alejarse de todo lo que ser hijo de Poseidón llegaba a significar.

Hiccup era bueno y comprensivo, era paciente y protector, era sincero y confiable. Hiccup Haddock era su propia persona, no el esclavo de Idylla, no la violencia y la lujuria personificadas, no el aprendiz de las mortales melodía, mucho menos otro hijo más de Poseidón. Hiccup Haddock era su propia persona y su personalidad sería la misma con ese dios como su padre o sin él.

Quería convencerme de que ese también era mi caso. De que era muchísimo más que solo la hija de Quíone. Pero cuando me preguntaba que había hecho yo además de ser la repudiada del Campamento Mestizo, la hija de un legado de Afrodita con el corazón destrozado, la hija de la traidora del Olimpo... pues realmente no había absolutamente nada más...

Era la novia de Hiccup Haddock, y aunque quiero sencillamente apechugar y aceptar que eso es todo lo que puedo ser por el momento, mi parte feminista me dice que seguramente hay mucho más, que definitivamente no puedo ser solo la novia de.

Nuevamente intento hablarle del ojo oculto, pero la boca se me cierra de golpe porque estoy segura de que si no aprieto con fuerza los labios aquellos gritos que me revientan la cabeza se me escaparán de la boca.

Es Hiccup quien logra hablar. –Ya está –avisa con un tonito que deja muy en claro lo orgulloso que estaba de sí mismo, no puedo evitar soltar una risilla, como si los gritos de mi cabeza en verdad no estuvieran ahí. Me levanto entonces del suelo para sentarme sobre su regazo, con las piernas a cada costado de su cuerpo.

Sus manos empiezan un lento viaje desde mis muslos hasta el inicio de mis pechos, se desvían para acariciarme por unos segundos la espalda y luego aferrarse tercamente en mi cintura. Abrazo su cuello mientras aprieto los labios para no dejar escapar ningún suspiro ni gemido. Él se inclina hacia mí para llena mi cuello de besos húmedos y lentos, es entonces que no puedo evitar que uno que otro sonido vergonzoso se haga paso por mis labios para ser escuchado a la perfección.

Hemos estado haciendo cosas de este tipo desde lo que ocurrió ese día. Si te preguntan no he sido yo, pero podría asegurar que esta repentina necesidad de su atención en un contexto sexual es puramente culpa de la pesada de Afrodita. Quiero que me toque, quiero que bese todo mi cuerpo, quiero recobrar algo de confianza luego de sentirme tan asqueada por todas esas marcas que el capricho del destino ha dejado en todo mi cuerpo sin que yo me lo mereciera en lo absoluto, hasta ahora –y sí, sé que es sencillamente una horrible idea– he estado recuperando esa confianza mediante la atención de Hiccup, pidiendo sus toques, pidiendo sus caricias, rogando por sus besos y esas miraditas que me hacen sentir lo único en su mundo.

¿Me estoy hipersexualizando? Sí ¿Esto es siquiera mínimamente sano? Definitivamente no.

¿Voy a detenerme en algún punto cercano? ...

Voy a detenerme en algún punto en el futuro... eso es algo... quiero creer que es algo.

Siento como de momento a otro me sujeta para dejarme recostada en la cama bocarriba, se me vuelve a escapar un par de suspiros a la par que sus besos van bajando poco a poco, con algo de duda incluso, pasa por mi clavícula, por el espacio entre mis pechos, por todos los centímetros que puede tomar de mi vientre. Se detiene solo cuando se ve obligado a bajarse se la cama y tirar un poco de mí para acercarme al borde.

Sus manos se colocan entre mis piernas y yo permito que las abra. Sus besos se reparten por mis muslos antes de que sus manos se desvíen para desabotonar mis shorts y empezar a bajarlos.

–Te amo, copito –me dice en su susurro mientras sus manos acarician mis piernas.

Araño las sabanas y trago saliva, dejando mi mirada en el techo porque en cierto punto sé que sencillamente no soy capaz de mirarlo a los ojos. Tomo aire y le respondo que también lo amo, que lo amo muchísimo, de verdad que lo hago pero mi cabeza me repite una y otra vez que la forma en la que lo necesito últimamente no es tan sana como solía serlo.

Ejem... creo que no tengo por qué contarte lo que pasa a continuación.


.

.

.

.

Me gusta pensar que ser un semidiós no solo te da pequeñas ventajas mentales y físicas, sino que también hace que ciertos problemas mentales o físicos puedan llegar a ser más probables, no porque sus entornos faciliten estos problemas, como la vez que comenté que seguramente los hijos de Afrodita seguramente desarrollan TCAs, sino digamos que viene más de su propia naturaleza. Me imagino que los hijos de Niké son más propensos a sufrir del síndrome del impostor o complejos de inferioridad, que los hijos de Ares tienden a problemas de ira y trastornos bipolares, que para los hijos de Hefesto desarrollar alguna discapacidad física es muy probable, que los hijos de Atenea tienden a desarrollar ansiedad a niveles inhumanos, entre otros ejemplos.

Por lo que sí, como headcanon tengo que los hijos y legados de Afrodita suelen hipersexualizarse como estrategia de afrontamiento (coping mechanism) luego de eventos traumáticos. Creo que su autoestima es extremadamente delicada, no en el punto de que no se aprecien a sí mismos, sino que creo que con el más leve cambio en su cuerpo que ellos no desearan todo su mundo se les puede venir encima... y, bueno, el tema de las heridas de Elsa es un cambio monumental para ella.

Si os preguntáis, no, Hiccup no sabe que esta repentina actividad sexual viene de las inseguridades de Elsa. Si os preocupáis cómo están teniendo sus momentitos luego de haber bromeado tanto por la falta de condones... pues, el sexo no tiene que ser falocéntrico.

¿Os voy a dar una escena NSFW/smut en condiciones? ... Ya veremos... ya veremos.