RbBlack: For you, por ser otra loca de este ship ;)


Al siguiente día, al anochecer, las manadas volvieron a las tierras de los Cullen como casi cada día para entrenar.

En aquella ocasión pudieron conocer a Alistair, el nómada solitario amigo de Carlisle que les había asustado en casa de Bella.

A Jacob le cayó especialmente mal en cuanto le conoció.

—Va a abandonar el barco en cuanto empiece a entrar el agua — le dijo a Edward.

— Sí — concordó él — está aquí por simple curiosidad, piensa irse antes de las primeras nieves.

Todos sabían que los Vulturis llegarían el día en que la nieve cubriera el suelo por primera vez. De hecho habían ya planificado quedarse varias noches antes, solo por si acaso, en el gran claro que usaban los Cullen para jugar al baseball y que Alice había visto en su visión

Su plan era evitar que se acercaran mucho a la ciudad y Demetri, su rastreador, les llevaría justo al lugar en el que se encontraran.

— ¿Habéis tenido noticias de Alice? — preguntó Bella.

Edward apretó los labios con frustración.

— Aún no.

— Nos preguntamos si se ha ido por lo que dijiste sobre qué Aro la desea en su guardia.

— Es posible. Carlisle también piensa que puede ser una posibilidad, que sin ella seamos menos… interesantes.

— Podría haber sido cierto antes — intervino Jacob — ahora tenéis a Rogue, al Profesor X, wonderwoman….

— ¡Jacob! — Bella le dio un codazo

— ¿Qué? Parecen una mezcla de Marvel y DC ¿Qué más da si la sanguijuela duende no está? Aquí hay un montón de gente que parece salida de los X Men ¿No habéis pensado que puede gustarle cualquier otro tanto o más que ella?

Edward le miró con fijeza.

No se para que me molesto

—No, tienes razón — Rosalie piensa igual.

Que bien, ahora la Barbie vampiro y yo pensamos igual.

— Si, a ella también le gustará saberlo

— ¿Sabes? Si Bella es capaz de sacar esa cosa que tiene escudando su cerebro y ponerla encima de nosotros ¿No te parece que después de cien años podrías empezar tu también a practicar eso de controlar tu don?

Igual podrías ser capaz de no meterte en las cabezas de todos a la buena de Dios… ¿O simplemente eres un cotilla?

Edward sonrió al escuchar sus pensamientos

— La verdad es que nunca había pensado en eso — dijo repentinamente interesado en la idea — tal vez sea posible. Sería un alivio no escuchar tantas voces en la cabeza

También para los demás sería un alivio no tenerte a ti en nuestras cabezas.

¿Cuántos días quedan para que el suelo se cubra de nieve? — Preguntó Bella de pronto.

— Pocos — dijo Edward — no queda mucho tiempo.

— Después de Navidad y antes de Año Nuevo — respondió Jacob

Apenas quedaba una semana para el veinticinco de Diciembre.

— Menos de dos semanas — murmuró Bella.

— Piensa en la fiesta de Año Nuevo que vamos a celebrar — dijo Jacob

— Si sobrevivimos

Jacob se tensó.

— Sobrevivirás — gruñó con voz gutural

— Coincido — constató Edward.

Ella les ignoró y se acercó a Esme y Carlisle.

— Parece feliz — dijo Edward a Jacob

— Lo es — respondió con una sonrisa

— Aunque no lo creas, lo cierto es que me alegra verla así. Al final tenías razón — añadió en un murmullo — en que serías capaz de hacerla feliz.

— Es como si el universo me hubiera creado solo para ella — respondió agachando la cabeza para mirarle a los ojos sin la acritud o el rencor habitual — yo sabía que sería así porque no podía ser de otra forma — inspiró con fuerza — mira, no lo llevé demasiado bien ¿ vale? Pero aquello no lo dije para cabrearte. Era solo la verdad. Aunque cabrearte era un extra.

— Ahora lo sé.

— No me alegra hacerte daño. A lo mejor antes me habría hecho feliz — añadió con una sonrisa irónica — pero ahora no. Solo quería que lo supieras.

Edward pensó que no era el mejor momento para recordarle a Jacob que podía leer su mente por lo que ya lo sabía así que simplemente asintió y le observó mientras iba junto a Bella y se quedaba tras ella en silencio.

Era por eso que todo dolía menos de lo que pensaba que dolería. Jacob Black era perfecto para ella, tan perfecto que incluso él lo había aceptado como tal.

Además hablaba con sinceridad, Edward sabía que había dicho cada palabra de corazón. El tiempo había cambiado la percepción que Jacob tenía de los Cullen hasta el punto de verlos como personas en lugar de cómo monstruos. Había escarbado en sus pensamientos, aunque no estaba muy orgulloso de la forma en la que había vulnerado su intimidad, pero necesitaba entenderle de verdad y se había dado cuenta de que les veía como una familia real.

Esme le recordaba a su madre y la miraba a veces con añoranza, le gustaba su paciencia, su tranquilidad y el amor con la que hacía todo y se preocupaba por todos. Admiraba a Carlisle como líder y como padre, además aunque se metía constantemente con Alice le había cogido mucho cariño. Creía que Emmet era un tío muy guay aunque no acababa de perdonar a Jasper que hubiera estado a punto de morder a Bella y sentía cierta animadversión hacia Rosalie pese a que se divertía con las pullas que ambos se lanzaban mutuamente. Incluso se había sorprendió al leer en su mente que a él le veía como un tipo amable, educado y tranquilo y que incluso también había llegado a pensar que, en otras circunstancias podría haber sido su amigo.

Además lo que sentía por Bella no parecía ser de este mundo, era tan profundo, tan cosido en su alma, que Edward se dio cuenta de que su propio amor por ella no era tan fuerte y tan absoluto. Se preguntó si acaso se había equivocado creyendo que era el amor de su vida y la razón de su existencia ¿Era posible que el no poder leer su mente hubiera sido un aliciente para sentirse intrigado y que el propio misterio hubiera sido el detonante? Nunca se había tenido por una persona superficial, viniendo como venía de otro tiempo en el que todo era distinto, quizás se había dejado llevar y se había enamorado del amor.

No lo sabía y suponía que tardaría un poco en saberlo. Pero aunque la quería y sabía que la recordaría siempre, empezaba a creer que tal vez tenía razón, que a lo mejor su destino estaba ahí, aguardándole. ¿Que eran cien años si podía encontrar eso que había visto en Jacob?

— Hemos terminado por hoy — Estaba diciendo Carlisle — ¿Hijo?

— Sí — Edward se acercó a ellos — el día después de Navidad acamparemos en el claro. Avisa a las manadas.

— No creo que la manada de Sam quiera esperar allí — dijo Jacob con sinceridad

— ¿Y la tuya?

— Ahí estaremos.

Carlisle le puso la mano en el hombro en señal de agradecimiento y Jacob ni siquiera se inmutó.

— Gracias Jacob.

— No — respondió él — gracias a vosotros.

El día de Navidad llegó antes de lo que esperaban. Además de Jacob, se habían unido Sue, Seth, Leah, Billy y Embry ya que su madre estaba pasando las festividades con su prima en la reserva Makah.

Bella se dio cuenta de lo maravilloso que era tenerlos allí, sobre todo a los lobos, con sus cuerpos grandes y cálidos atestando el salón y la cocina, ayudando a colgar adornos al árbol, riendo y tarareando villancicos, destilando vida de una forma maravillosa.

Pensó, con una pizca de tristeza, en lo distintos que eran de los Cullen. Ellos eran fríos, tranquilos, suaves en sus formas y maneras. Era posible que al llevar tantos años en el mundo las cosas no tuvieran la misma fuerza o simplemente que la ilusión se perdiera en el camino.

En cambio allí, rodeada de la manada y la familia, Bella se sintió más viva que nunca.

Todo era bastante caótico.

Billy y Charlie reían y hablaban en voz muy alta brindando por alguna de sus tonterías mientras Sue, a su lado, terminaba los últimos toques al puré de patata. Tocó con cariño distraídamente el hombro de Charlie y él le besó en la mejilla sin dejar de reír por lo que estaba diciendo su amigo.

Cerca del árbol, en el suelo, Embry molestaba a Leah que estaba sentada en el sillón intentando terminar un puzzle que habíamos comenzado a medio día moviéndole las piezas Seth estaba tratando de colocar ramas de acebo cerca de la chimena mientras Jacob alimentaba el fuego con un tronco seco.

La mirada de Bela se quedó prendida en él y poco a poco la algarabía de su alrededor dejó de escucharse.

Solo podía oír los latidos de su propio corazón mientras le observaba, con su cuerpo grande y su sonrisa cálida.

De pronto, como si supiera que le estaba observando, él clavó en ella sus ojos oscuros y se levantó, su sonrisa desapareciendo lentamente en la medida en que se acercaba.

— ¿Te gusta lo que ves? —preguntó divertido al llegar hasta ella y acariciarle la mejilla con la yema del índice.

—Mucho —respondió con la voz ronca

Él perdió la sonrisa del todo y aspiró el aire con brusquedad, sus pupilas dilatándose al momento.

—Mierda Bells —carraspeó y se sacudió un poco —si sigues así esta va a ser una cena muy complicada.

Ella rió, le echó los brazos al cuello y le dio un beso suave.

—Estoy… feliz.

Él abrazó su cintura.

—Bien, me alegra oír eso.

—He decidido que hoy no voy a pensar en mañana —sus palabras sonaban firmes y seguras —es Navidad, una muy especial además —se apretó más contra él —la primera Navidad contigo, la primera Navidad con tu manada, la primera Navidad de Sue y Charlie… creo que es algo demasiado importante como para pensar en lo malo.

—¿Sabes Bells? Siempre te he querido, incluso en tu época más emo…

—¿Emo?

Él rió bajito

—Reconoce que a veces eras un poco… —puso una mueca extraña, con los ojos en blanco y los labios escurridos para abajo —pero esta Bella me gusta mucho más.

—¿Emo? —volvió a repetir ella dándole un pellizco.

—Te queda bien el optimismo —le dio un beso en la nariz —lo próximo será verte vestida de rosa o amarillo.

Ella se echó a reír, le cogió de la mano y tiró de él.

—No te quedes esperando de pie. Ahora ¿Qué tal si me ayudas a preparar la mesa?

La noche fue fantástica.
Bella usó su cámara de fotos para retratar cada uno de los momentos sabiendo que sería un buen recuerdo para ella y un bonito regalo para Sue y Charlie el año próximo.

Comieron, brindaron, bebieron y rieron con las anécdotas de Billy y Charlie. Hablaron de Harry, del pasado, del futuro e incluso de las manadas sin que a su padre le dieran espasmos musculares.

También hubo tiempo para los regalos, ya que decidieron dárselos por la noche y Bella nunca se había sentido tan parte de algo como se sintió en esos momentos porque los presentes que intercambiaron no eran diamantes, ni coches, ni siquiera cosas con un valor material excesivo, pero era, por el contrario, maravillosos.

Sue había tejido bufandas y jerséis para todos y hasta había hecho una manta muy hermosa para Leah, por su parte Billy talló a Charlie la figura de un enorme lobo en madera y le dijo que era, desde ese momento, un miembro más de los quileutes, lo que hizo que el ambiente se volviera emocional durante un rato. También había hecho un nuevo dije de madera a Bella para que pusiera en la pulsera junto al que Jacob le había dado tiempo atrás, era un corazón, el corazón del lobo, le dijo colgándolo a su lado.

Todos recibieron regalos similares, Jacob además había arreglado una moto para Seth, una muy parecida a las que hizo para nosotros. A Leah le regalamos entre todos un viejo coche. Billy y Charlie se lo habían comprado a uno de los ancianos de la reserva de Makah y entre todos habíamos buscado las piezas faltantes para que Jacob lo pusiera a punto y Sue lo decorara por dentro como mejor le pareció.

Jacob recibió una nueva caja de herramientas, además de una pieza que llevaba meses buscando para el nuevo coche antiguo que estaba intentando restaurar.

Bily y Charlie recibieron aparejos de pesca e incluso les conseguimos una pequeña casita unos días cerca de Dosewallips State Park para que fueran con Sue a participar en una pequeña competición de pesca que había la siguiente semana.

—Estaréis de vuelta antes de Año Nuevo —Bella habló antes de que su padre pudiera decir nada —lo hemos arreglado en tu trabajo.

Sue y Billy intercambiaron una mirada. Aunque Charlie sabía sobre los lobos y los vampiros, ninguno había querido hablarle del problema que se avecinaba porque sabían que no sería capaz de pensar más que como el jefe de policía que era y se pondría en peligro tratando de ayudar.

—Maravilloso —Billy sonrió —me apunto, claro.

—Y yo —dijo Sue apoyando un brazo sobre los hombros de Charlie.

—Bueno, si lo ponéis así no puedo negarme —Charlie soltó una carcajada y junto a su amigo comprobaron los aparejos, hablando ya del próximo viaje.

—Ven —Jake hizo a Bella levantarse del sofá y la llevó hasta el árbol, cerca de la chimenea, donde se sentó con ella —tengo algo para ti —sonrió sacando del bolsillo una pequeña bolsa —tranquila, no son joyas, ni nada así —dijo con ironía ya que ambos sabían que estaba lejos de poder comprar algo de eso.

Le tendió la bolsa y Bella sacó una pulsera de tela, la puso sobre su palma y la miró con placer.

—¡Es preciosa Jake! ¿La has hecho tú? —preguntó con una sonrisa pícara que él no entendió.

Jacob parecía azorado cuando la tomó entre sus dedos. Era ancha e intrincadamente trenzada con bonitos colores.

—Sí —sonrió con una mueca —es así como se hace, quiero decir, debía hacerla yo… —se calló un instante como si intentara buscar la forma de decirlo. Carraspeó y se decidió finalmente — Esta es la versión quileute de un anillo de compromiso y me gustaría mucho que decidieras llevarlo. Tranquila —dijo hablando con rapidez —no estoy diciendo… quiero decir sí lo quiero pero no ya de ahora, y como te dije llegará el día que busque un anillo y…

—Jacob —Bella puso la mano sobre la suya sobre la pulsera.

— ¿Si?

Estiró la mano en la que llevaba la pulsera con los dijes de madera y sonrió.

—Claro que quiero llevarla —se mordió el labio con los ojos repentinamente humedecidos —¿Me la pones?

La indecisión del apuesto rostro de Jacob se esfumó de golpe y volvió a sonreír mientras ataba la pulsera en la muñeca de ella. Cuando terminó, levantó la mano y besó el punto en el que su pulso latía bajo los hilos.

— Siempre —murmuró Jacob

—Siempre —repitió ella.

No necesitaron decir nada más.

—Yo también tengo algo para ti —Bella metió la mano debajo del árbol y sacó un sobre.

—Vaya, déjame ver eso.

Bella rió ante la ilusión infantil que demostraba por todo y se puso nerviosa cuando vio como su expresión se quedaba en blanco y empalidecía al ver la pulsera, igual a la de ella.

—Bueno yo… hace tiempo vi a Emily y le pregunté y… luego hablé con Billy y… —frunció el ceño confundida —sé que no es común para un hombre pero pensé que tal vez…

—¿Qué? —sacudió la cabeza mirándola a los ojos como si estuviera saliendo de un trance —no, quiero decir ¡Si! —rompió a reír, estiró los brazos y sujetó sus mejillas para darle un beso tosco y perfecto —es perfecta, yo nunca… yo no… joder Bella —volvió a reír —creo que no sé que decir.

Ella respiró con alivio y le puso la pulsera repitiendo el gesto que él había hecho antes solo que ella le besó la palma de la mano.

Jacob parecía no poder dejar de mirar la pulsera que rodeaba su gruesa muñeca como si no fuera capaz de creérselo.

—Es el mejor regalo que nadie me ha hecho jamás —dijo en un murmullo enronquecido

—Oh Jake…

—Lo significa todo Bella.

Ella se subió a su regazo y se acurrucó contra él y se quedaron allí, con el crepitar del fuego y murmullo de los demás de fondo, disfrutando de la compañía y la calidez de la chimenea, el olor del pino y los dulces que Sue estaba terminando de hornear.

—Me alegra formar parte de esta manada —dijo Leah de pronto que se había acercado a ellos dejándose caer cerca.

—A mí también —Embry se tumbó en el sofá con la mitad de las piernas fuera.

—Os tengo que recordar que fui el primer miembro —Seth llegó mordisqueando un trozo de bizcocho que traía en la mano.

—Eso es porque no es una manada en realidad —Bella les miró a todos, extrañando un poco que Quil no estuviera allí esa noche — es una familia.

Ninguno de ellos le discutió sus palabras.

Al finalizar la cena, Billy, que había bebido un poco más de lo debido, decidió pasar la noche en casa de Charlie y como Sue también se quedaría, el resto decidió dejarles allí y marcharse a la Push.

En un primer momento Charlie abrió la boca para decir algo al respecto ya que sentía que, como padre, era su obligación hablar cuando su única hija le decía a bocajarro que iba a pasar la noche en casa de su novio, solos. Pero Sue le agarró la mano y le susurró algo al oido que hizo que cerrara la boca después de suspirar quedamente.

Seth se marchó en su nueva moto y Embry decidió que iría con él mientras una muy orgullosa Leah se montaba en su coche.

—Es extraño pero a la vez maravilloso— dijo Bella mientras Jacob y ella caminaban cogidos de la mano, ambos con sus pulseras quileutes, hacía el coche de él.

—¿El qué?

—Todo esto, estar así. No pensé que fuera posible.

Él beso sus manos unidas y siguió andando con pasos tranquilos.

—Yo sí —encogió sus anchos hombros —a lo mejor es el momento en el que debería soltar algo así como "te lo dije"

—Definitivamente no es el momento —murmuró ella con una risita.

—Ah, pero es que te lo dije —rió él —te dije que lo nuestro habría funcionado sin esfuerzo, tan fácil como respirar.

—No Jake —interrumpió —no digas "habría" por favor —susurró muy bajito —lo nuestro funciona sin esfuerzo, tan fácil como respirar —corrigió mirándole de soslayo —¿Sabes? Ese día, cuando volví a casa —sacudió la cabeza conteniendo las lágrimas — lloré tanto que pensé que me ahogaría, no podía respirar y me convencí de que era lo que tenía que hacer, de que algún día te imprimarías y todo estaría bien para ti —jadeó —incluso te dije que tal vez me pondría celosa….

—Lo recuerdo — la voz de él estaba ronca y llena de emociones, pero hacía mucho que había decidido dejar atrás el dolor y simplemente lo recordaba como algo sucedido tiempo atrás — te dije que no te hicieras ilusiones y que siempre tendrías un remplazo si lo quisieras.

—Incluso después de que mi corazón dejara de latir…

—Bueno, añadí que dependería de lo mal que olieras —arrugó la nariz —no eres consciente de la peste que echan Bells.

Ella emitió un sonido mitad sollozo mitad risa.

—Me dijiste que eras capaz de manejar las sombras, pero no de luchar contra un eclipse.

—Creíste que seguía jugando, pero lo dije en serio, no quería seguir siendo quien te dividiera en dos. Ese día me di cuenta de que pese a que no soy completamente humano, siempre habrá fuerzas más poderosas que yo.

—Y aún así, aquí estamos

—Supongo que al final los eclipses son fenómenos temporales. Tú dijiste que yo era tu sol ¿No? El sol siempre vuelve a aparecer al final.

—¿Sabes qué? No volveremos a hablar de esto ¿De acuerdo? —dijo muy seria parándose frente a él. Echó la cabeza hacia atrás para poder mirarle a los ojos —yo la cagué, a lo grande pero debe existir un Dios ahí arriba y aún así aquí estas… quiero seguir adelante y dejar atrás todo eso. Me cuesta mucho pero…

—Yo lo dejé atrás cariño —se agachó para besarla en la frente — y te perdoné hace mucho. Eres tú la que se siente culpable pero no deberías, te quiero y que estés aquí, que me quieras —levantó sus manos unidas — que lleves esto… no olvides el pasado, pero déjalo donde tiene que estar.

—Sí —ella apretó los labios —puedo hacerlo.

—Genial ¿Nos vamos? Creo que tal vez podamos celebrar la Navidad otra vez, pero ahora solo los dos —dijo en un susurro pecaminoso —además empiezo a tener unas terribles ganas de besarte y si lo hago no voy a poder parar.

Ella entró al coche riendo y se pasó todo el trayecto tentándole con caricias maliciosas y susurros calientes que nadie hubiera esperado de la seria y tímida Bella Swan. Pero estar con Jacob era, como él había dicho, fácil y se sentía cómoda y lista para dejar salir cualquier parte de ella. Podía ser vergonzosa, salvaje, atrevida, cobarde, valiente… daba igual, podía ser todas esas cosas y no importaba.

Así que se dejó llevar, metiéndole la mano por la cinturilla de los pantalones para aferrar su miembro dolorosamente endurecido, le acarició, le apretó y le dejó temblando de necesidad por lo que, cuando por fin la dejó caer rebotando sobre el colchón, el control de Jake había desaparecido tiempo atrás y Bella se estremeció de anticipación al verle allí, sobre ella como un oscuro dios griego, con los ojos negros de deseo y el cuerpo tenso. Se veía como un bárbaro y su mirada era posesiva y terriblemente sensual.

— Te deseo —dijo con esa voz extraña y ronca. Ahora estaba hablando con la parte más salvaje de Jake, con la parte más animal gobernada por su lobo —desnúdate Bella.

No se movía, simplemente estaba de pie, desnudo, mirándola sin apenas parpadear. El Jacob juguetón, tierno y alegre que tan bien conocía se había replegado dejando paso a una faceta de él apenas conocida, una faceta que la volvía completamente irracional y le hacía hervir la sangre.

—Puedo olerte —volvió a decir él —estás mojada y excitada ¿Verdad? Demuéstramelo Bells, desnúdate para mí.

Y ella lo hizo.

Ese "Bells" le recordó que este era Jacob, que ellos podían ser lo que quisieran ser tras la puerta de su dormitorio, que no había límites si estaban juntos porque no querían que los hubiera y, además, tenía razón, estaba excitada, mucho más de lo que le gustaría reconocer.

Él inspiró hondo cuando quedó completamente desnuda y levantó una mano temblorosa.

—Ven —susurró con algo más de suavidad.

Cuando se acercó a él arrodillada en la cama, Jacob la alzó para que le rodeara las caderas con las piernas. Gimieron cuando sus cuerpos se apretaron en íntimo contacto, la humedad de Bella acurrucando la dureza de Jake.

—Siempre —volvió a repetir él, igual que había hecho cuando le dio la pulsera.

—Siempre —ratificó ella.

Entró en su cuerpo con una súbita embestida y ella se agarró a su cuello, jadeando por la sorpresa.

Se unieron de forma primitiva, carnal. Se devoraron el uno al otro olvidando todo lo que no fueran sus cuerpos resbaladizos, su deseo y su amor.

No sabían que les depararía la siguiente semana, pero iban a pasar juntos todo el tiempo que pudieran hasta que el destino les encontrara y después… después dejarían todo en manos del destino, al fin y al cabo, éste había sido más que benévolo con ellos hasta el momento.