Finalmente Bella encontró el coraje para ir a hablar con Edward porque se merecía sinceridad y claridad de su parte.

Después de todo lo que habían pasado y sabiendo cómo sabía que iba a hacerle daño, lo mínimo que podía hacer era ser fuerte y dar la cara.

Cuando llegó Alice la estaba esperando y la abrazó como siempre con burbujeante alegría

— Cada día hueles peor Bella

— Algo que se agradece mucho — replicó Jasper a su lado.

— ¿El olor a perro mojado me hace menos apetecible Jasper?

— Absolutamente

— ¿Dónde está Edward?

— En su habitación — Alice le tomó la mano — ya lo sabe… lo he visto. Tu decisión.

— Pensé que no podías ver el futuro con Jacob

Respondió sabiendo que era inútil esconder nada.

— Y no puedo, pero si el de Charlie y estas ahí — sonrió con una pizca de nostalgia mezclada con alegría

— ¿Cómo está?

— No tan mal como esperaba — dijo Jasper — estoy controlando la situación.

— Gracias — le dijo — ¿Crees que estaría bien si subo a verle?

— No es un mal momento

Cuando llegó estaba acariciando las teclas de un piano con la mirada perdida y Bella la observó unos minutos pensando en lo que podía haber sido.

Se imaginó una eternidad con él, viajando, conociendo otras culturas, cientos de lugares, contemplando los cambios de la humanidad mientras ellos continuaban, siglo tras siglo.

Sí, podría haber vivido con él y ser feliz pero ahora entendía por que ellos hablaban de "nuestra nueva existencia" porque en realidad no estaban viviendo. Era una existencia fría, inmutable, sin sueños, sin calidez. Y Bella se daba cuenta ahora de lo mucho que ansiaba el calor, la vida, el sonido del corazón de Jacob cuando le abrazaba, la caricia de su aliento cálido… había tantas cosas que no conocía y que quería conocer… Ninguno de los Cullen había tenido elección, la única opción era la muerte o convertirse en un vampiro. Carlisle les había dado una nueva oportunidad cuando no tenían ninguna, pero ella la tenía. Una muy buena además.

Lamentó no haber escuchado antes a Edward cuando trató de explicárselo. Tal vez todos habrían sufrido mucho menos si no hubiera sido tan terca y egoísta.

— Puedes pasar Bella — la voz de Edward era clara y tan suave como siempre mientras continuaba tocando Claro de Luna.

— Me gusta escuchar cuando tocas. Lo haces muy bien

Él solo sonrió.

— He tenido mucho tiempo para practicar desde que empecé las clases de música en Chicago.

— Seguro que eras muy bueno.

— Oh sí, lo era — respondió sin falsa modestia —aunque en realidad quería ser soldado. No veía la hora de cumplir dieciocho años para unirme al ejército.

— ¿Así que tu sueño era ser soldado?

— Supongo que era un idealista.

Volvió a tocar unos minutos hasta que terminó la composición y paró. Después se quedó inmóvil, con los largos dedos sobre las teclas.

— Gracias por venir. Imagino que no es fácil tampoco para ti.

— Lo siento tanto Edward…

— En realidad es mi culpa — murmuró él — he intentado decirme a mi mismo todo empezó por abandonarte después de aquella entupida fiesta de cumpleaños. Luego pensé que tal vez comenzó antes, cuando rompí una de las leyes más importantes de mi raza, admitiendo lo que éramos ante ti…. — Seguía tan mortalmente quiero que era como contemplar una estatua que solamente movía los labios — pero después… cuando Alice vio ayer tu futuro a través de Charlie… — parecía tan triste que Bella sintió que se estremecía — me di cuenta de que en realidad nunca tuve ninguna opción.

— Edward…

— No, Bella. No me malinterpretes, no intento hacerte sentir mal, pero es verdad. No fuiste tú quien entró en nuestra vida si no yo quien quiso forzarse a entrar en la tuya y no es mi lugar. Hace mucho que mi sitio no está entre los vivos e hice mal en querer formar parte de un mundo que no me pertenece desde hace cien años.

— Edward…

— Tú destino nunca he sido yo. Si las cosas fueran como deberían, yo ya habría muerto antes de que nacieras y aunque no quería aceptarlo, el vínculo que te une a Jacob es… — alzó las cejas con asombro — nunca había visto nada igual. Sabía que era fuerte, puedo leer a Jacob como si fuera un libro abierto porque su capacidad para cerrar su mente es inexistente — Bella sonrió — pero no puedo leerte a ti, no imaginaba que te sentías igual que él.

— No he sido muy sincera con mis sentimientos… ni siquiera conmigo misma. Me ha costado mucho aceptarlos. Enamorarse de dos personas no es nada fácil, no lo recomendaría — dijo con una risa baja

— Sé que me quieres y eso me duele tanto como me alegra. Creo que ahora entiendo mejor a Jacob de lo que creí posible.

— Serás feliz, Edward. Lo sé

— La única felicidad sería contigo, Bella. Pero al menos podré vivir sabiendo que existes en este mundo.

— No, porque para ser feliz conmigo ambos deberíamos sacrificar demasiado, Edward. Yo debería dejar atrás mi humanidad, mi familia, a Jacob… sería un suicidio y ahora que he tenido tiempo para pensar en ello no creo que algo así sea la forma de empezar una vida. Además nunca te perdonarías por arrebatármela… los dos lo sabemos — Le agarró la mano en un cariñoso apretón — así que tú también dejarías atrás lo que queda de tu humanidad. Pero Edward, si algo he aprendido con la imprimación de Jake es que el destino existe y las cosas pasan por algo. Tu destino está esperando por ti — rió — y no será por tiempo. Antes o después te encontrará. Lo sé.

— Creí que lo había encontrado.

— Pero no era yo Edward, aunque ambos creímos que si… nos equivocamos y como has dicho antes, tú también lo sabes.

— Pareces tenerlo todo claro ahora. Es curioso, hace apenas unos días no podías comprenderte y estabas dividida en dos y ahora…

— Me di cuenta de que no puede existir Bella sin Jacob.

— Y si puede existir Bella sin Edward — terminó él.

Ella suspiró con tristeza

— Cuando te marchaste, pensé que tampoco podría. Pero Jacob me demostró que sí. En cambio cuando él se fue yo… ni siquiera tú conseguías que me sintiera menos rota.

— Eso duele — susurró él con una mueca

— Lo siento. Pero quiero ser sincera contigo, te mereces mi sinceridad porque Edward, de verdad te quiero.

— Lo sé — sonrió mirándola con tanto amor que ella se estremeció — me alegro que sea él ¿Sabes? Es un buen tipo

— Lo es. Y tú también lo eres.

— Pese a esto seguimos protegiéndote Bella, sigues siendo parte de la familia.

— Gracias.

— Siempre. Me pregunto si con el tiempo yo también hubiera logrado que te sintieras menos rota. Solo estuvo fuera unos meses…

— No — le miró con tristeza — Yo también me lo pregunté pero ahora sé que no. Lo siento.

— Está bien. Creo que deberíais venir mañana. Jacob y tú. Alice dice que esperamos a unos visitantes que deberíais conocer.

— ¿Quienes son?

— Trajimos respuestas sobre los metamorfos que pueden interesar a la tribu y la manada.

— ¿Avisamos a Sam?

Edward negó con la cabeza

— Esto lo hemos hecho por ti y tu compañero — dijo esto último con dolor, pero no parecía sentir rencor y Bella se dio cuenta de la maravillosa persona que era Edward Cullen. Siempre lo había sabido, pero ahora lo veía con más claridad y se sentía honrada de tenerle en su vida — Jacob tendrá después libertad para compartir el conocimiento con los suyos.

Quería preguntar muchas más cosas pero decidió que podía ser paciente porque ya no era tan importante lo que tuvieran que contar. Su decisión no cambiaría.

— Vendremos mañana entonces.

— Por la mañana. Por la noche empezarán los entrenamientos.

Cuando volvió a tocar el piano, Bella se fue sin mirar atrás dejando que las tristes notas quedaran tras ella.

— ¿Estas nervioso? ¿Por venir a su casa?

Bella y Jacob caminaban cogidos de la mano hacia la casa de los Cullen.

Él se pasó la mano libre por el pelo y resopló.

— Bells este sitio está lleno de chupasangres y además apesta. Literalmente — arrugó la nariz — ¿Crees que sería posible hablar fuera? No quiero imaginar lo que puede ser estar encerrados con esta peste.

— Tampoco a mi me apetece que tú olor se quede dentro de mi casa, chucho — espetó Rosalie desde la ventana — Están en el patio delantero

Jacob soltó la mano de Bella y cuando ella le miró interrogante él se encogió de hombros.

— No me cae tan mal — susurró — supongo que me puedo permitir el lujo de ser amable… más o menos.

Y ella entendió. No quería hacer daño a Edward y sabía, por su propia experiencia, que si les veía tocarse y darse muestras de su intimidad, le dolería.

Aún le amó más por eso y quiso subirse sobre él para demostrárselo.

— Estamos aquí — Edward apareció en la esquina y miró un instante de más a Jacob. Bella imaginó que había oído todo y trataba de entenderle. Espero que Jake no estuviera pensando demasiado alto — ¿Por qué estás recitando la tabla periódica Jacob?

Bella se mordió los labios para no sonreír

— Aún quiero ir a la universidad, exámenes y eso — gruñó.

— ¿Ahora?

— Todo esto de ser lobo me ha retrasado y me estoy poniendo al día.

Edward hizo una mueca similar a una sonrisa y les guió hacia dónde estaban Carlisle, Esme, Jasper y Alice junto a unos extraños.

Jacob se tensó y se quedó quieto.

— No son vampiros — dijo entre dientes.

— No. No lo son — confirmó Alice.

Jacob olisqueó intentando capturar el aroma

— Sois como yo.

— Me llamó Catriel — dijo uno de ellos — y él es mi hijo, Aluhe.

— ¿Hijo? — Bella les miró con asombro ya que parecían tener la misma edad, no más de veinticinco años, aunque teniendo en cuenta que Jacob también podría aparentar esa edad no estaba segura — ¿Cuántos años tienes?

— Ciento uno — dijo él primero — él es más joven.

— Ochenta — su voz era más ronca que la de su padre.

— No lo entiendo — Bella tragó saliva mirando a Jake con preocupación.

— ¿Recuerdas que te dije que no envejecíamos si seguíamos convirtiéndonos en lobo? — ella asintió — Supongo que ellos no han dejado de entrar en fase y por eso no envejecen.

—Exactamente.

—Pero tienes un hijo —intervino Bella —¿Y tu esposa?

—¿Por qué no nos sentamos? —Preguntó Carlisle señalando unos bancos que rodeaban una bonita mesa.

—Sí —Bella se sentó, agradeciendo el detalle. Bien sabía que los demás no necesitaban esas comodidades pero ella, con las piernas temblorosas, sentía que estaría mucho mejor sentada.

Jacob se acomodó a su lado y, aunque no la tocaba de forma afectiva, tuvo cuidado de pegarse a ella lo suficiente para que sus brazos y sus piernas estuvieran en contacto con la intención de tranquilizarla con su presencia.

Ayudó. Bastante.

—Venimos de las tribus mapuches de Sudamérica —comenzó diciendo el padre — aunque sería más conciso decir de los pikumche ya que nuestro pueblo está al norte, cerca del Aconcagua. Nuestra gente, siempre ha podido conectar con su espíritu lobo y usar esa unión mística para tomar su forma y proteger a nuestra tribu —miró a Jacob — ella —dijo señalando a Alice — me ha contado que los Quileutes también son como nosotros aunque al parecer no convivís con vuestro espíritu de la misma forma.

—Eres el alfa — intervino el hijo alzando una ceja —lo huelo en ti

Jacob sonrió con ironía.

—Podría decirse —masculló sin ganas.

—Os contaré mi historia —siguió diciendo el padre — ya que este extraño aquelarre de vampiros ha accedido a ayudarnos yo también os ayudaré a cambio.

Bella quiso preguntar cómo iban los Cullen a ayudar a esa gente, pero Edward hizo un gesto negativo con la cabeza y calló.

—Hace más de un siglo, un extraño ser al que nuestras leyendas nombran libishom, se asentó en nuestras tierras de Arauco y entonces nuestros espíritus tomaron el control de los cuerpos de los hermanos que habitaban allí y vinieron a proteger el hogar. Ese ser malvado se instaló finalmente cerca del Aconcagua donde mi tribu tenía un pequeño asentamiento y también allí nos convertimos en el lobo y el lobo se convirtió en nosotros. Desde entonces somos los protectores de nuestra gente y luchamos contra ellos.

—¿Hay muchos? —preguntó Jacob.

—No siempre. Van y vienen, aunque uno siempre permanece.

—Grupos nómadas —intervino Jasper —por lo que pudimos comprobar hay un único vampiro allí.

—Pero es algo extraño —continuó Alice —no está solo pero parecía haber con él algo… diferente. Ni humano ni vampiro.

—¿Es eso posible?

Carlisle se encogió de hombros.

—Nunca había oído nada igual.

—Esa es la ayuda que prestaremos a los mapuches cuando terminemos aquí —dijo Edward.

—Es posible —intercedió Aluhe —lo sé porque uno de ellos es descendiente de mi esposa.

—¿Uno de los vampiros? —preguntó Bella

—No, porque no es un vampiro… exactamente.

Carlisle parecía horrorizado por la información, al igual que los demás.

—No conozco toda la historia —continuó Aluhe — pero hace unos cincuenta años, una de sus sobrinas fue violada por el vampiro y dio a luz una hija. Ella no es del todo humana, pero tampoco es como vosotros.

—¿Es inmortal?

—Lo parece, al menos.

—Dios mío —susurró Edward.

—Ese vampiro que permanece en nuestras tierras no solo se alimenta de nuestra gente, también viola a nuestras hijas y las obliga a morir dando a luz a esos híbridos.

—¿Por eso seguís siendo lobos? —preguntó Jacob quién estaba más interesado en la tribu mapuche los chupasangres.

—Sí.

—Jacob está interesado en conocer lo que sabéis sobre la imprimación —dijo Edward leyéndole la mente.

Él hizo una mueca de disgusto pero no dijo nada más.

— No sé qué es eso — respondió Catriel

—Es lo que vosotros llamáis Peumayen —Alice tradujo —Lugar soñado.

—Oh sí —Catriel asintió —mi esposa es mi peumayen igual que la esposa de mi hijo es el suyo.

—Hablas en presente —dijo Jacob sin comprender — pero tienes más de cien años ¿Cómo es posible? —repentinamente pensó en Leah —¿Son lobas?

—No —en aquella ocasión respondió Aluhe

—No lo entiendo —murmuró Bella.

—Tú eres su peumayen —Catriel la miraba con intensidad señalando a Jacob y ella asintió aunque no era una pregunta si no la constatación de un hecho —estarás con él mientras él esté aquí —respondió con sencillez.

—¿Cómo es eso posible?

—¿Cómo es posible que un humano se convierta en un lobo? —respondió Carlisle —Hay muchas más cosas de las que somos capaces de comprender en el mundo.

—Es una unión de almas —Aluhe se acercó a Bella —mi esposa es machi en mi tierra. Intermediaria de este mundo y el mundo de los espíritus. Ella es capaz de ver. Dice que cuando un lobo encuentra su peumayen, hay una cuerda invisible que une sus almas —se tocó el pecho donde estaba su corazón — me duele su ausencia aquí. Seguirá doliendo hasta que vuelva a casa.

—Cuando empieces a envejecer ella lo hará contigo —confirmó Jacob finalmente

—Eso es

—¿Qué hay de tus hijos?

—Ellos son como yo —dijo Aluhe —no es necesario el peligro para encontrar a tu lobo. Los quileutes habéis perdido la sabiduría. Os la mostraré si quieres. Cualquiera de vosotros puede encontrar su espíritu.

—¿Cualquiera?

—Cualquiera que descienda de uno.

—¿Y tus hijas?

—Ellas también.

—¿Lobas? —Jacob se envaró en su asiento —Creíamos que las mujeres no se convertían en lobo.

—¿Por qué no? —preguntó Catriel sin comprender —mi esposa lo hace.

Bella y Jacob se miraron, fascinados.

—¿Podríais acompañarnos a la reserva? —Jacob se puso en pie —me gustaría que conocierais a mi padre.

—Será un honor —dijo Catriel cediendo el paso a Jacob

—¿Quieres venir? —Jacob se acercó a Bella para preguntarle en voz baja.

—Es mejor que vayas como alfa, ya sabes… ¿Crees que podría hablar con Leah? Sé que no puedes decirles nada hasta que hables con Billy pero…

—No, está bien. Ve con ella, seguramente reúna a la manada un poco más tarde ¿Te parece si vamos a tu casa?

—Sí, Charlie no llegará hasta la noche

—Estaré allí con los demás a primera hora de la tarde. Mandaré a Leah aquí, espérala.

Cuando se marchó seguido de los mapuches Bella se giró a mirar a los Cullen.

—No es bueno ¿Verdad?

—¿El qué? —preguntó Carlisle

—Que haya un vampiro creando híbridos en Sudamérica.

El patriarca sacudió la cabeza aún incrédulo.

—No sabía que eso era siquiera posible.

—Ni nosotros tampoco —Stefan, que estaba subido a un árbol cercano —habló desde una de las ramas.

—Nunca en toda mi existencia había oído hablar de algo así —concordó Vladimir.

Alice miró a Edward y Bella pudo ver cómo entre los dos pasaba algún mensaje que nada más que ellos podían comprender.

—Tengo que hablar contigo —dijo de pronto Alice a Esme entrando en la casa para que su madre la siguiera.

—Ve con ella Jasper —intervino Edward.

Antes de que Bella pudiera preguntar, el aullido de un lobo se escuchó en la espesura.

—Supongo que es Leah.

Edward se concentró un instante y asintió.

—Hora de irme entonces —miró a Edward y señaló hacia donde Alice se había ido —quizás pueda llamar luego.

Él sonrió.

—Hazlo.

Salió trotando hacia el coche, con cuidado de no tropezarse con sus propios pies y cuando llegó encontró a Leah dentro sentada en el asiento del copiloto en su forma humana.

—Jacob me ha dicho que venga a hacer de niñera —dijo Leah

—No es cierto —replicó Bella entrando en el coche.

—Puede que no lo dijera así pero es la lectura.

—En realidad le pedí que te dijera que vinieras.

—¿En serio? —Leah la miró arqueando una ceja — vale, nos estamos llevando mejor y eso, pero creo que aun no estamos cerca de hacer una fiesta de pijamas.

—Uy no sé — sonrió —si tu madre y mi padre siguen haciéndose ojitos igual acabamos en eso antes de lo que crees.

Leah la contempló con fingido horror y ambas rieron.

—¿Por qué estabais aquí? A Jacob se le hace duro venir, aunque si estás tú sin él lo pasa realmente mal. En el fondo sé como se siente. Aunque ahora es mucho mejor.

— ¿Ahora?

—Ahora que estáis juntos —la miro de reojo —porque lo estáis ¿No? quiero decir os vimos y todo eso aunque no tiene porque significar nada, pero él está asquerosamente feliz y tal.

Bella sonrió abiertamente.

—Lo estamos, sí.

Leah dejó escapar el aire que había estado conteniendo con lo que no podía ser otra cosa que alivio.

—Bien.

Al cabo de un rato, mientras Bella conducía hacia su casa, Leah volvió a hablar.

—Hasta el otro día era difícil para mí porque… tú eras su Sam ¿Entiendes? Todo cuanto él deseaba pero no podía tener. Incluso peor porque Sam está feliz y sano y yo le amo lo bastante como para desearle esa felicidad —suspiró con tristeza — aunque no quiero estar cerca para verlo, claro y mucho menos sentirlo. Pero tú no estabas feliz y querías morir, Bella… Además yo no estoy imprimada de Sam… por lo que mi agonía no parece tan absoluta.

— ¿Es necesario hablar de esto? —preguntó Bella tragando el nudo de su garganta —sé que me equivoque, mucho y que lo pasó mal. Sé que es cobarde por mi parte pero no quiero recordarlo

—Tranquila, solo quiero que comprendas, nada más. Aunque no lo creas no nací para ser una arpía despiadada, antes era una tía de lo más legal. Lo que pasa es que cuando pierdes al amor de tu vida y además te conviertes en un muerto genético… en fin, no ayuda a tener un buen carácter.

— ¿Un muerto genético? No te entiendo.

—Supongo que Jacob no te lo ha contado —rió — normal, ninguno de ellos se siente cómodo ante la mención de mis "asuntos femeninos" salen por piernas con el rabo entre las piernas. Aunque todos lo saben, claro.

—¿Saben qué, Leah?

— Durante el mes posterior a mi incorporación a la manada, me di cuenta de que no podría quedarme embarazada, no a menos que se ponga en marcha alguno de esos artificios religiosos al estilo de la inmaculada concepción, pero a lo bestia. Yo solo he estado con Sam y poco después de entrar en fase me di cuenta de que mi periodo no venía. Al principio me asusté pensando que podía estar embarazada —rió sin humor —¿Te imaginas? Sam imprimado de Emily y yo embarazada de él… habría sido la guinda del pastel. Pero poco tiempo me di cuenta de que no había ningún bebe y con el paso de las semanas simplemente comprendí que mi cuerpo no iba a seguir con los patrones biológicos normales.

—Oh Leah…

—¿En qué me convierte eso entonces? ¿Cambié por culpa del gen de la lincantropía? ¿O me convierto en loba porque hay algo mal en mí? Me dijeron que soy la única loba de la historia ¿Es porque no soy lo suficiente mujer? Pero hay más —volvió a reír y se tocó el pelo corto — ¿Sabes cual es la razón de la imprimación según Oh el gran y sabio Sam Uley?

—Sorpréndeme.

—Perpetuar el linaje. Genial ¿No? Asegurar la siguiente camada de lobeznos. Todo ese rollo de la supervivencia de la especie y el control genético.

—Vaya, eso no tiene mucho de místico ¿No? —preguntó Bella pensando en la conversación que había tenido con los mapuche un rato antes.

—No mucho, más bien es algo como: Te sientes atraído por la persona con mayores posibilidades de transmitir tu gen lobo. ¿Sabes que quiere decir eso Bella? Que yo habría atraído a Sam si fuera válida. Pero no fue así de modo que algo falla en mi, a pesar de mi maravillosa línea de ascendencia soy solo un monstruo que no vale nada. Un punto muerto genético.

—Eso es una gilipollez —espetó Bella de pronto — Eso es solo una teoría de Sam y puede que le ames, pero déjame decirte que Sam Uley no es el más listo de su casa. La imprimación es un hecho sin motivo conocido… que sepamos.

—Jacob piensa como tú —parecía decirlo con cariño —pero la realidad es que tengo veinte años y ya soy menopáusica.

—La realidad es que ahora mismo no estás envejeciendo y por eso tu ciclo menstrual no existe —replicó Bella con total certeza al recordar su conversación con Rosalie y lo que sabía de biología —Leah mientras sigas siendo un lobo claramente no quedarás embarazada pero no eres un bicho raro.

—Eso no lo sabes —puso el freno de mano delante de la puerta de su casa y se giró a mirarla — pero yo sí. Vamos dentro. Quiero contarte algo.

Un rato después y delante de una taza de café, Leah aún estaba pálida.

—¿Y dices que son lobas?

—Eso nos contó. De hecho Catriel, que parecía el líder, aunque como no puedo olerlos no lo sé, dijo que su mujer era como él. Y han tenido hijos, Leah.

—Pero ella no seguirá siendo loba…

—Da igual, supongo que si está imprimada de él —frunció el ceño —¿Crees que se habrán imprimado mutuamente? ¿Será eso posible?

—¿Una doble imprimación? Suena un poco fuerte ¿No?

Ambas rieron.

—Vaya, tal vez puedan enseñarnos muchas cosas —dijo Leah —igual debería ir hasta Chile y probar a mirar a todos esos mapuches… a lo mejor uno de ellos es mi alma gemela.

—¿Cuántas más tribus como la tuya habrá ahí fuera? El mundo es mucho más grande de lo que imaginamos.

—Sí —inspiró hondo —no necesito vivir cien años Bella, ni imprimarme de un lobo. Me basta con saber que la posibilidad existe, que no estoy rota.

Bella recordó el tiempo en el que ella pensaba igual, que no era suficiente, que era un bicho raro, que estaba quebrada.

—No estás rota y un día vas a darte cuenta. Yo también sé de lo que hablo.

Se miraron durante un rato hasta que Leah rompió a reír.

—¿Sabes? Igual sí podemos pasar a la etapa de fiestas de pijamas, no estás tan mal.

—Ni tú tampoco.

—Aunque no creo que a Jacob le haga mucha gracias que ocupe yo el otro lado de la cama pudiendo ocuparlo él… —murmuró con voz pícara.

Bella enrojeció.

—Solo dormimos

—Oh créeme, lo sé, si no fuera así mi mente estaría llena de imágenes que no quiero tener.

Bella se llevó las manos a la cara

—¿Eso es así? Oh Dios mío ¿Quieres decir que si… bueno que cuando nosotros…

—No tiene por qué, pero Jacob es terrible ocultando sus pensamientos y tú eres el centro de todos y cada uno de ellos… creo que tiene un problema enorme. Ninguno de los otros pensaba tanto en sus imprimaciones como él en ti.

—Espero que aprenda a controlar eso por mi bien… y por el suyo

—¿Ah si? —su sonrisa era ladina —¿Eso quiere decir que estás pensando en pasar al siguiente nivel con nuestro pequeño gran alfa?

—¡Leah!

—¿Qué? Tengo ojos, Bella, Jacob está bueno —la otra abrió los ojos como platos — tú lo sabes y yo lo sé, en realidad cualquiera con ojos en la cara lo sabe — y sois jóvenes, sanos, llenos de hormonas y os queréis… sería ridículo que no te hirviera la sangre cuando estáis juntos.

—Bueno yo… no puedo creer que estemos hablando de esto —dijo completamente avergonzada.

—No estamos hablando en realidad.

—Eres terrible —rió y se levantó para llevar el plato al fregadero

—Él piensa en ti en ese aspecto y mucho

—Oh señor no quiero oírlo —se tapó los oídos y comenzó a canturrear

—Solo quiero que sepas que cuando tú estés lista va a ser el primero en el juego —replicó riendo

Bella le tiró el trapo a la cabeza.

—Ya están aquí —dijo al captar la presencia de la manada con su oído sobrenatural.