Según le contó Jacob, la reunión de los mapuches con los quileutes fue muy instructiva y aprendieron muchas cosas que desconocían, cosas que les ayudarían a entender todo lo que hasta ahora no sabían.
A Quil le preocupaba que Claire no creciera mientras él fuera un lobo, pero Catriel les había explicado que el vínculo no lo da solo la imprimación por sí misma si no la aceptación. Por eso, les había contado Jacob, el día que Bella por fin aceptó su amor y le dio el suyo pudo sentir que algo había cambiado entre los dos. Al parecer finalmente se habían unido de verdad.
También les enseñó cómo encontrar a su lobo, explicándoles que no era un gen que despertara con la presencia de los fríos, sino que cada uno de ellos podía aprender a llamarle sin que tuviera que llegar a ser un trauma para los jóvenes.
En aquel punto los quileutes estaban un poco divididos entre quienes creían que debían enseñar a las nuevas generaciones las posibilidades de su herencia y los que pensaban que no era necesario.
Según Jacob algún día todas esas elecciones recaerían sobre ellos y tenía claro que no iba a dejar que la verdad se escondiera tras la leyenda. Estaba cada vez más orgulloso de quién era y quería que siguiera siendo así.
Todos se maravillaron al pensar que la elección de envejecer iba a ser únicamente suya y que, aunque todos coincidían en que la inmortalidad no era lo que buscaban, estaba bien saber que podrían tener unas vidas algo más largas que las de un humano común.
—¿Sabes qué? —le preguntó a Jacob esa noche mientras ambos estaban tumbados en la cama de ella
—No ¿Qué?
—Si me quedaba alguna duda de lo mucho que te quiero hoy se ha ido del todo.
Él tenía los labios apoyados en su frente y Bella pudo sentir como sonreía. Le besó en el pecho desnudo.
—¿Ah sí? ¿Y eso por qué?
—Porque me da igual si nuestra vida dura doscientos años o cincuenta mientras estemos juntos.
Le escuchó tragar saliva y se sintió en paz cuando sus brazos la apretaron un poco más y acarició su frente con la nariz.
— Te quiero Bells —dijo en voz muy bajita —con imprimación y sin ella, nadie ha querido tanto a alguien como yo te quiero a ti.
Ella se revolvió entre sus brazos, salió de debajo de la manta y se tumbó sobre él sintiendo como se endurecía bajo su cuerpo.
—Bésame Jake —sonrió sobre sus labios y le besó suavemente.
Él tembló y acarició sus costados sobre la camiseta de él que estaba usando de pijama, subiendo las manos por su espalda hasta tomar su nuca para mantenerla quieta.
—No sé si es una buena idea —murmuró con voz ronca.
—¿Por qué?
Jacob inspiró hondo y se removió incómodo tratando de evitar que la parte más dura de su anatomía se frotara contra ella.
—Oh —Bella sonrió —yo no creo que sea mala idea —le besó de nuevo, usando la lengua para perfilar su labio inferior.
Jacob gimió.
Mierda, pensó sin poder evitarlo, si ella estaba haciendo lo que él creía que estaba haciendo iba a tener un problema.
—Shhh —Bella volvió a besarle, besos castos y suaves en su mandíbula y barbilla —no queremos que Charlie se despierte.
—Bella —sujetó su cabeza para mirarla a la tenue luz de la luna que entraba por la ventana —si seguimos con esto no sé si voy a ser capaz de parar yo…
Ella mordió su labio y él gruñó. Un gruñido bajo y primitivo, tan carnal que Bella sintió que la humedad se concentraba en un único punto de su cuerpo. Apretó las piernas inconscientemente pero vio cómo las fosas nasales de Jake se abrían y supo que se había dado cuenta de que estaba mojada y excitada.
—Joder —masculló con la voz ronca — me deseas —constató con incredulidad al darse cuenta de lo cierto que era esa aseveración.
—Sí —respondió ella aunque sabía que no era una pregunta.
—¿Estás segura? —preguntó tragando grueso
Bella se abrazó a él buscando su boca ciegamente y Jacob pensó que esa era toda la confirmación que necesitaba.
La entrega de ella fue la chispa que prendió la yesca hasta convertirla en una llamarada que los hizo arder por completo.
La tomó de la cintura sin dejar de comerse su boca con besos hambrientos y húmedos y tiró de la camiseta hacia arriba para tocar su piel.
Bella jadeó y el pecho de Jacob retumbó con un gruñido gutural cuando le ayudó a desprenderse de la ropa en un fluido movimiento que la dejó desnuda a excepción de las pequeñas braguitas.
—Espera —él la tomó de las manos y la separó de su cuerpo mirándola hasta que enrojeció —eres perfecta —dijo en un susurro reverencial recordando cuándo la vio de perfil días atrás e incapaz de creer que fuera suya ahora y estuviera allí, ofreciéndose a él por completo.
Despacio, como si temiera que ella fuera a apartarse si hacía movimientos bruscos, sus enormes manos resbalaron por los costados de su cuerpo. Bella se estiró, temblando y él tocó cada una de sus costillas como si fueran las teclas de un piano hasta sujetar su espalda agarrando sus hombros para mantenerla inmóvil.
—He soñado tantas veces con esto —murmuró besándole la clavícula y la parte alta del pecho —te he imaginado miles de veces —pasó la lengua por la piel ligeramente salada y aspiró el aroma a fresa que era solo suyo, mezclado con una tenue fragancia picante por la excitación.
—Jake…
El nombre apenas fue un siseo que se cortó bruscamente en el instante en que le sintió lamer su pezón derecho antes de enroscar en él su lengua y absorberlo en las cálidas profundidades de su boca.
Bella se mordió los labios y arqueó la espalda empujándose contra él, gimiendo al sentir cómo sus dientes marcaban ligeramente el contorno de su areola antes de que sus labios juguetearan de nuevo con el sensibilizado pico haciéndola temblar.
No pudo evitar buscar sus ojos y cuando le vio, mirándola mientras succionaba su pecho, con esos ojos oscuros que contenían miles de promesas, sintió que esa parte de su cuerpo que ansiaba ser llenada por él, se sentía vacía y empapada, lista para darle la bienvenida.
Y Jacob también se dio cuenta porque soltó su pecho y buscó de nuevo su boca en un beso devastador que la hizo perder por completo la cabeza.
—Jacob —gimió cuando la levantó de su regazo y la tumbó en la cama poniéndose sobre ella con cuidado de no aplastarla con su peso.
—Shhh —dijo él imitándola —no queremos que Charlie se despierte —susurró besándole el punto justo por encima del ombligo —tienes que estar muy muy callada —hundió la punta de la lengua en la pequeña hendidura y sonrió cuando ella saltó, sorprendida —¿Crees que puedes estar en silencio, Bells?
La miró, ampliando su sonrisa al verla con la mirada perdida y los labios húmedos y entreabiertos, enrojecidos por sus besos.
Besó de nuevo la piel de su estómago y metió las manos bajo su espalda cuando se arqueó, acariciándole las nalgas y enredando los dedos en las tiras de sus bragas para tirar de ellas hasta que dejaron de ser un impedimento.
Esperaba, realmente esperaba no hacer el mayor de los ridículos con su completa falta de experiencia, por eso había decidido volverla completamente loca de todas las formas posibles antes de dejar que le tocara porque en el momento en el que pusiera sus manos en él iba a terminar antes de haber siquiera empezado.
Sin dejar de mirar su rostro, atento a cualquier signo de desagrado o incomodidad, dejó que sus labios besaran la parte alta de su pubis y aspiró su olor.
Maldito infierno, era posible que no necesitara que le tocara para correrse en los pantalones como un idiota.
Ella gimió y Jacob masajeó sus nalgas, dejando que sus dedos resbalaran entre ellas hasta llegar a ese lugar que a su juicio era la misma puerta al paraíso, y la toco.
Santo Dios, la tocó y quiso gritar al sentir esa pegajosa humedad que hizo que las puntas de sus dedos resbalaran quedando completamente empapadas.
—Joder Bells —espetó apretando los ojos con fuerza para tratar de mantener el control —estás tan mojada… —se lamió los labios sintiéndolos repentinamente secos y la miró.
—Lo… lo siento —replicó con el rostro completamente encendido.
—¿Lo sientes? —volvió a lamerse los labios, anticipando su sabor —ni siquiera en mis sueños más calientes…
Sin llegar a terminar esa frase, hundió la lengua entre sus labios mayores y gruñó con deleite al probarla por primera vez. Su piel era suave y resbaladiza y se abría como una flor al sol cada vez que su lengua profundizaba en la pequeña hendidura.
Jacob simplemente se perdió en ella. Se perdió en su olor, en su sabor, en la forma en la que sus músculos internos le apretaban una y otra vez, en el modo en que su cuerpo respondía al toque de sus dedos, a la caricia de su lengua.
Bella se sacudía sobre el colchón, tratando de encontrar la forma de respirar mientras su cuerpo dejaba de pertenecerle.
Jacob le abrió las piernas para acomodarse mejor entre ellas y le subió los muslos hasta que se apoyaron sobre sus anchos hombros. Bella apretó los talones en la musculosa espalda, arqueándose más hacía él y se agarró a las sábanas intentando controlar los temblores que sacudían todo su cuerpo.
—Sí —susurró Jake metiendo muy despacio uno de los dedos entre sus pliegues mirando como se abrían para recibirlos. Lo sacó un poco, fascinado por el brillo de la humedad que quedaba en su piel rojiza y lo metió de nuevo, sintiendo los músculos internos de ella apretarse rítmicamente a su alrededor. —eres perfecta —dijo una vez más buscando con su lengua el pequeño nudo inflamado que palpitaba de necesidad.
Puede que fuera virgen y que nunca hubiera tocado a una chica de esa forma, pero Jacob había tenido acceso a la mente de la manada y a una buena cantidad de información de revistas e internet. No lo había hecho nunca pero era muy rápido aprendiendo y muy muy bueno con las manos.
Con sus dedos y su lengua no tardó en conseguir que Bella se derramara en su boca, temblando bajo su cuerpo, mordiendo la almohada para no gritar mientras se convulsionaba en un orgasmo interminable.
Mientras las olas del éxtasis continuaban rompiendo contra ella una y otra vez, Jacob se desnudó y se tumbó a su lado acariciando con ternura sus pechos, su estómago y sus piernas mientras la tranquilizaba.
—Te quiero —susurró Bella arrodillándose en el colchón para mirarle —eres hermoso —pasó las manos por los definidos músculos de sus pectorales y delineó cada abdominal, mirando con asombro el resto de su cuerpo.
Ya le había visto desnudo una vez cuando apareció sin ropa en su puerta, pero ahora… ahora estaba muy muy excitado y no pudo evitar buscar su mirada con un poco de aprensión.
—Jake… —se mordió el labio algo aturdida y tragó saliva — ¿Crees que es… que es posible?
Él rió con alegría y tiró de ella hasta que estuvo completamente tumbada sobre su cuerpo.
—No solo será posible cariño, será perfecto —besó sus labios y con cuidado la giró hasta que su espalda se hundió en el colchón —estoy hecho sólo para ti ¿Recuerdas?—volvió a besarla y la instó a rodearle las caderas con las piernas, abriéndose a él.
Se miraron cuando sus sexos entraron en contacto y contuvieron la respiración a la vez, incapaces de moverse ni de hablar, contemplándose mientras Jacob se mecía contra ella.
Su miembro, duro y caliente, se frotó contra los empapados labios de Bella una vez, dos. De pronto, la gruesa punta se encajó en la ceñida abertura y él bajó su rostro hasta que sus frentes se tocaron.
Estaban sudorosos, temblando de anticipación, perdidos en ese momento que era solo suyo.
—Mírame —susurró empujando ligeramente y gimiendo cuando sintió que sus músculos se abrían lentamente, ansiosos por recibirle —no dejes de mirarme Bells.
Despacio, saboreando cada segundo de esa primera unión, fue entrando en ella, amando la forma en la que se apretaba a su alrededor como un puño, ordeñándole con cada inconsciente movimiento que le instaba a penetrar más profundamente.
—¡Jake!
Se tensó durante un instante y él le besó la punta de la nariz, calmándola con su ternura.
De un solo empujón se hundió en ella por completo y se quedó quieto allí, buscando su boca para ahogar el grito que pugnaba por escapar de su garganta.
Bella le abrazó, arañándole la espalda de forma inconsciente y el mundo dejó de existir.
—Por favor — dijo ella arqueándose hacia él —por favor
—Sí —Jacob le levantó las nalgas con las palmas de las manos y salió de ella despacio, dejando que se acostumbrara a su tamaño y su intrusión —Oh dios mío —susurró cuando ella tembló por dentro apretándole una y otra vez —Joder Bells…
La vio cerrar los ojos y rendirse a él, abandonándose al placer que encontraba entre sus brazos, absolutamente perdida en el éxtasis de nuevo.
Sintiendo su corazón a punto de explotar en el pecho, Jacob buscó su clítoris con la yema del pulgar y entró en ella de nuevo, suave y profundo, una y otra y otra vez.
Sin poder contenerse, sus embestidas fueron cada vez más bruscas y rápidas y, cuando ella se tensó un segundo antes de que el orgasmo la arrasara, se volvieron directamente salvajes y arremetió contra ella hasta que su propio éxtasis le arrolló dejándole absolutamente sacudido física y emocionalmente.
Estremeciéndose, sin salir del todo de ella, rodó para no aplastarla y la colocó sobre su cuerpo.
Se quedaron allí, piel con piel, jadeantes y sudorosos, completamente perdidos en un abrazo cálido y tembloroso.
Se mantuvieron en silencio, cada uno de ellos asimilando todo lo que había ocurrido, saboreando ese momento perfecto y único que habían compartido, incapaces de dejar de acariciarse mientras volvían poco a poco a la realidad.
Jacob pasaba la mano por la columna de Bella, sonriendo al sentir como se erizaba su piel con cada pasada de sus dedos y ella dejaba pequeños besos en el pecho de él, dibujando arabescos en su hombro.
—Ha sido…—susurró dando otro beso en su pectoral.
—Perfecto —terminó él sin poder evitar la sonrisa de su voz.
—Sí —ella también sonrió y dio un respingo cuando el miembro de él que estaba semierecto en su interior, se movió un poco, endureciéndose de nuevo —¿Jake?
—Lo siento —murmuró él aunque no parecía nada avergonzado.
—¿Eso es normal?
—Déjame pensar, estoy dentro de la mujer que amo, después de haber pasado el momento más increíble de mi vida, con ella desnuda sobre mí… sí, es muy normal.
—Pero ¿Qué hay de todo eso del tiempo de recuperación?
—Cariño… —el rió bajito —soy un lobo. Me recupero muy muy deprisa —susurró.
Soltó un gruñido cuando ella apretó sus músculos internos y le aferró con fuerza, endureciéndolo aún más.
—Bells… —dijo en tono de aviso. Ella volvió a hacerlo —estás jugando con fuego.
—Bien —respondió ella levantando la cabeza para mirarle —porque creo que quiero quemarme.
Jacob pasó el resto de la noche demostrándole lo rápido que podía recuperarse y que arder juntos era, seguramente, el mejor de los planes.
A la mañana siguiente Bella se despertó con los rayos del sol sobre la piel desnuda de su espalda Era bastante tarde, quizás más de las nueve y le sorprendió no haber escuchado a Charlie irse más temprano.
Ronroneó contenta. Sabía con exactitud dónde estaba, en su habitación, después de haber pasado la mejor noche de su vida.
No abrió los ojos. Se sentía demasiado feliz como para cambiar nada, no importaba lo poco que fuera. Los únicos sonidos eran los del murmullo de las hojas de los árboles agitadas por el viento y las respiraciones y latidos de ambos.
Se encontraba cómoda, incluso bajo el frío de la mañana de Forks. La piel caliente de Jake era el antídoto perfecto contra el clima. Tumbada, atravesada sobre su pecho cálido , ceñida apretadamente por sus brazos, se sentía muy a gusto, muy natural.
Se preguntó con pereza cómo había podido estar tan ansiosa pensando en su primera vez. Todos aquellos miedos le parecían ahora por completo estúpidos. Porque realmente había sido perfecto.
Los dedos de Jacob recorrían suavemente el contorno de su columna, y supo que se había dado cuenta de que estaba despierta. Mantuvo los ojos cerrados y apretó aún más los brazos en torno a su cuello, ciñéndose para acercarse todavía más a él.
Él no dijo nada; sus dedos seguían deslizándose arriba y abajo por la espalda femenina rozándola apenas mientras trazaba delicados dibujos sobre su piel.
Bella se dijo que se habría sentido del todo feliz si hubiera podido quedarse allí para siempre, sin perturbar para nada el momento, aunque el cuerpo de Jake tenía otras ideas.
Se echó a reír al escuchar su estómago impaciente.
—¿Qué es lo que resulta tan divertido? —murmuró él, todavía acariciándole espalda. El sonido de su voz, seria hizo que Bella abriera los ojos.
La primera cosa que vio fue la piel bronceada de su garganta, el arco de la barbilla sobre su rostro y la mandíbula tensa.
Se apoyó sobre el codo para alzarse y observar su semblante.
Jacob tenía los ojos clavados en el techo y no la miró pero la expresión de su rostro produjo una conmoción en Bella que se sacudió
— Jake — dijo con un pequeño y extraño temblor en la garganta—.¿Qué te pasa? ¿Qué es lo que va mal?
—¿Acaso necesitas preguntarlo? —su voz sonaba dura.
El primer instinto de Bella, producto de toda una vida de inseguridades, fue preguntar qué era lo que había hecho mal. Pensó en lo que había ocurrido, pero no pudo encontrar ninguna nota desagradable en el recuerdo. Todo había sido mucho más perfecto de lo que siempre había imaginado puesto que ambos habían encajado como Jacob había dicho, dos piezas fabricadas precisamente para eso, para formar las partes de un todo. ¿Acaso no era una prueba más de lo mucho que se pertenecían?
No era capaz de pensar en nada que le hiciera sentirse de esa manera, molesto.
¿Quizás había vuelto a hablar mientras soñaba? ¿Le habría hecho daño de nuevo sin pretenderlo?
De pronto, el dedo de Jacob suavizó las líneas de preocupación que se habían formado en la frente de ella.
—¿En qué estás pensando? —murmuró.
—Estás enfadado y no entiendo por qué. ¿Es que yo...? —no pudo terminar la frase.
Sus ojos se entrecerraron.
—¿Yo? ¡Tú!¿Estás muy enfadada, Bella?
—¿enfadada? —repetió con voz aguda
Él alzó una ceja con los labios apretados formando una tensa línea.
— Ni siquiera lo pensé… ninguna de las veces. Dios mío he sido un imbécil, perdóname.
De pronto ella se enfadó un poco, porque él estaba ensombreciendo la más perfecta de todas las mañanas con sus tonterías .
—¿Y cómo ha sido que has llegado a esa conclusión? Nunca, en toda mi vida, me he sentido mejor que hoy.
Él cerró los ojos.
—Bella… anoche no usamos nada .
Ella no se movió en absoluto.
—Ninguna de las veces — añadió poniendo el brazo sobre su rostro. — Lo siento mucho.
—¿Jake?
No respondió.
—Pues yo no lo siento. Yo... no sé ni por dónde empezar. Soy tan feliz, que me daria exactamente igual si esto tuviera consecuencias pero no va a tenerlas.
Movió el brazo y sus ojos oscuros la contemplaron con recelo.
—¿No las tendrá?
—No — Ella le miró divertida — me recetaron la píldora hace un año para regular los ciclos menstruales.
El alivio inundó el rostro de Jacob aunque siguió serio.
— Eso no me quita culpa. Ni siquiera lo pensé
— Yo tampoco lo hice, está bien, nos volvimos un poco locos.
Jacob apoyó la mano en su mejilla y la besó.
— Algún día querré que esos niños que vimos sean reales — susurró entre besos — cuando llegue el momento apropiado.
— Llegará — ella sonrió.
— Me alegra que no sea hoy — dijo Jacob con una risita — me gustaría poder terminar los estudios y quizás tener la posibilidad de mantenerlos antes de que lleguen.
— A mi también — apoyó la cara en su cuello y lo besó — ni siquiera tengo aún universidad.
—¿Sabes? Iremos allí juntos y después regresaremos aquí. Quizás pueda poner en marcha un taller, Dios sabe que Forks necesita uno con urgencia.
— Oh bien. ¿Vamos a jugar a poner normalidad en nuestra vida caótica? Ok. Yo podría trabajar con Charlie. Abigail está a punto de jubilarse y alguien tiene que llevar esa oficina. O tal vez poner una librería. Así no habría que ir hasta Port Angeles.
— ¿Viviríamos en La Push? ¿O podríamos construir una casa aquí, cerca de Charlie?
— La Push — dijo Bella sin dudar — eres el jefe Jacob. Tienes que estar allí.
— Claro, me había olvidado de las responsabilidades.
Los dos se echaron a reír y el estómago de Jacob rugió de nuevo.
— Demasiado ejercicio — dijo ella mordiéndole el hombro — creo que necesitas que te alimente — dijo saltando de la cama y recogiendo del suelo la camiseta de él para ponérsela de nuevo — te toca hacer el café.
Cuando finalmente Jacob se fue a ver a su padre, Leah llegó a patrullar pero en lugar de quedarse por los alrededores entró en la casa y se sentó en una silla de la cocina.
— ¿Alimentarias a una loba hambrienta? Jacob me ha mandado aquí sin desayunar.
— Hay galletas y quedan salchichas y bacon
— ¿El gran jefe dejó comida?
Bella se sonrojó al recordar que dejaron a medias el desayuno para subir corriendo hasta la ducha y…
— ¡Oh madre mía! — Leah dejó la taza de café en la mesa y se llevó las manos a la boca — ha ocurrido ¿No? — se rió con deleite — nuestro Jacob es todo un hombre ahora — volvió a reírse
— Me va a matar si se entera que lo sabes — dijo Bella
— Swan, en el mismo momento en que entre en fase él solito lo va a pensar.
Eso avergonzó aún más a Bella al pensar en Quil, Embry y Seth sabiéndolo también.
— ¿Qué hay de la intimidad?
— Es una mierda sí — replicó Leah antes de morder una galleta — ¿Y qué tal fue? Venga no pido detalles, pero no puedo estar dentro de tu mente como en la de él. ¿Del uno al diez?
— Cien
— ¿Tanto? — levantó y bajó las cejas — bien por Jake
— Corta el rollo.
Bella se fue riéndose hacia la escalara.
— Si vas a hacer de niñera ¿Qué tal si me acompañas a Port Angeles? Odio ir de tiendas pero necesito comprar algunos libros.
— Bueno, mejor eso que estar olisqueando vampiros y meando entre matorrales ¿Sabes lo horrible que es hacer pis siendo un lobo? — se estremeció — aunque comer en forma de lobo es lo peor.
— Pues intentaremos ser sólo dos amigas yendo de compras hoy. Nos merecemos algo de normalidad.
Y mientras se marchó a cambiarse Leah pensó, con asombro, que en realidad si estaban haciéndose amigas.
