N/A: Casi todo el capi es obra de SM, solo he encajado mi historia en él.
Ese día decidieron practicar cerca de la casa de los Cullen pero no junto a ellos.
Bella quería aprender a defenderse e intentó que Jacob la ayudara a hacerlo.
Lo cierto es que lo intentó, pero aunque trató de controlar su fuerza y su tamaño, la tiró al suelo a la primera de cambio.
—¡Bells! —la levantó del sueño, pasando las manos por su cuerpo en busca de posibles daños —¿Estás bien?Mierda, lo siento. Esto no es una buena idea.
—No, estoy bien —le dijo ella— Empecemos otra vez.
—No puedo.
—¿Qué quieres decir con que no puedes? Acabamos de empezar —él no
contestó—. Mira, sé que no soy nada buena en esto, pero no podré mejorar algo si no me ayudas.
—No necesitas mejorar en nada Bells… eres humana, no vas a luchar ¡No puedes luchar! ¿Qué podrías hacer contra una de esas sanguijuelas? —se pasó las manos por el pelo en un gesto de frustración —yo te lo diré. Nada.
Se quedó allí mirándola con el ceño fruncido y Bella saltó sobre él en plan juguetón. Jacob no hizo ningún gesto para defenderse, y ambos cayeron al suelo, ella sobre él besando su mandíbula.
—He ganado —anunció.
Sus ojos se entrecerraron, pero no dijo nada.
—¿Jake? ¿Qué va mal? ¿Por qué no quieres enseñarme?
Pasó todo un minuto antes de que hablara de nuevo.
—Simplemente, es que... no lo soporto. Pensar en ti, en el campo de batalla… intentando luchar con uno de esos monstruos… Bells, simplemente no soy capaz.
—Pero tengo que saber defenderme de alguna forma ¿No crees? Tengo que tener alguna oportunidad.
—La tendrás. A mí. Nadie te va a tocar mientras yo exista, Bells.
Él suspiró, exasperado. Tenía los ojos oscuros llenos de la más absoluta determinación.
—Quiero defenderme, puede que no sea un vampiro —de su pecho salió un extraño gruñido — ni un lobo. Pero ya que soy solamente humana, quiero ser una humana que pueda dar un puñetazo sin romperse la mano.
—Tienes razón, estaría bien que supieras defenderte —dijo finalmente —Pero no te puedo enseñar. Quizás Leah o tu amiga el duende.
—Alice —replicó ella.
—Lo que sea.
—Alice no está.
—Mejor, que sea Leah entonces.
—¿Pero por qué no puedes ser tú?
—No puedo mirarte de esa manera, analizándote como un objetivo, buscando todas las maneras en las que puedo matarte... —se estremeció—. Se me hace demasiado real. Además tampoco importa quien te enseñe mientras aprendas.
Ella puso mala cara, pero Jacob tocó su sobresaliente labio inferior y sonrió.
—Aunque te repito que no será necesario, porque conseguiremos que esos vampiros viejos y malolientes se larguen sin luchar
—Pero ¿¡y si no es así!?
— Lucharemos y te protegeré.
—Quiero aprender —repitió ella.
—Encuentra otro maestro entonces Bells.
Y eso fue todo lo que pudo conseguir ya que se negó a hacerlo y Bella no fue capaz de hacerle cambiar de idea.
Finalmente fue Leah quien la ayudó, decidiéndose por usar los métodos que ella había aprendido antes de su transformación en las clases de defensa personal a las que había accedido.
Las interactuaciones con los invitados de los Cullen también fueron interesantes en gran medida, ya que todos tenían aportaciones que dar y ayudaron a las manadas más de lo que habían creído posible en un principio.
Incluso algunos ofrecieron su ayuda a Bella porque Eleazar estaba muy intrigado sobre la capacidad de mejorar su don que tenía como humana.
Tenía la teoría de que, pese a que al convertirse en vampiros las cualidades de cada uno se ampliaban hasta transformarse en auténticos dones poderosos, algunos humanos poseían la capacidad de trabajar esas capacidades y potenciarlas lo suficiente como para utilizarlas de formas que podrían ser catalogadas de sobrehumanas.
Así fue como Bella se encontró siendo utilizada de cobaya con Kate y Zafrina quienes trataban de explicarle la forma de proyectar su don fuera de su cuerpo.
Eleazar sabía que, si se hubiera convertido en neófita, podría ser un escudo completo pero, aunque dudaba que una simple humana lo lograra, sería de gran ayuda si consiguiera hacer algo más que protegerse a sí misma, de modo que Bella trabajaba con Kate intentando proyectar su escudo interno fuera de su cerebro para proteger a otros.
Jacob no estaba feliz con la situación pero se mantenía al margen, usualmente mirando desde una distancia prudencial, atento a todo lo que ocurría por si tenía que intervenir en alguna situación.
Además él tenía la esperanza de que encontrara una manera de contribuir a la lucha que la satisficiera, pero que, a la vez, la mantuviera fuera de la línea de fuego.
Aunque resultó de lo más difícil. No había nada a lo que aferrarse, nada sólido con lo que poder trabajar. Solo tenía explicaciones extrañas que no llegaba a entender sobre como forzar ese escudo intangible fuera de ella.
Era como pelar para estirar una goma invisible que cambiaba de algo concreto a un vapor insustancial a cada momento.
Únicamente Edward se prestaba a ser el conejillo de Indias y recibía descarga tras descarga eléctrica de Kate, mientras Bella forcejeaba con incompetencia manifiesta con lo que había en el interior de su cerebro.
Era injusto que fuera Edward quien debiera sufrir una y otra vez bajo la descarga más "baja" que Kate era capaz de emitir, pero la única otra persona que se ofrecía a hacerlo era Jacob y no se atrevían a probar con él ya que no estaban seguros de cómo podría afectar la descarga al lobo.
Bella intentaba con todas sus fuerzas empujar el escudo alrededor de Edward, y, para asombro de todos, de vez en cuando lo conseguía, aunque poco después se desvanecía de nuevo.
Odiaba estas prácticas.
—¿No sería mejor probar con Zafrina? —preguntó tras la última prueba —así nadie tendría que sufrir, su don no duele.
—Eh —dijo Edward con la voz alegre, intentando ocultar cualquier evidencia de dolor en ella— Ése apenas me ha llegado, buen trabajo, Bella.
Bella inhaló con fuerza, intentando captar con claridad qué era lo que había hecho bien esta vez. Probó la goma elástica, luchando para que se mantuviera sólida mientras la estiraba hacia fuera de sí misma.
—Está bien, otra vez, Kate —resopló a través de sus dientes apretados. Kate apretó la palma de su mano contra el hombro de Edward. Él suspiró aliviado.
—Apenas lo he notado en esta ocasión.
Ella alzó una ceja.
—Pues ése no fue flojo.—Prepárate — y alzó su mano hacia Edward de nuevo.
Esta vez él se estremeció y se le escapó un siseo bajo entre los dientes.
—¡Lo siento!, ¡lo siento!, ¡lo siento! —canturreó Bella, mordiéndose el labio —¿Por
qué no lo he conseguido ahora?
—Estás haciendo un trabajo impresionante, Bella —comentó Eleazar que estaba allí cerca junto a Jacob—.Apenas llevas trabajando en esto un par de dí has conseguido hacer alguna proyección de vez en cuando. Ni siquiera esperaba que fueras capaz de hacer esto. ¿No opinas igual Kate?
La rubia frunció los labios.
—No lo sé. Es obvio que tiene una habilidad tremenda, es humana y sólo estamos empezando a puede hacerlo mejor, estoy segura. Creo que le hace falta un poco más de incentivo.
Bella se quedó mirándola con incredulidad.
Se escucharon murmullos entre el público que se había ido reuniendo mientras practicaban. Al principio sólo habían sido Jacob, Eleazar, Carmen y Tanya, pero luego se había pasado por allí Garrett y más tarde Benjamin y Tia, Siobhan y Maggie y ahora incluso algunos de los lobos estaban mirando fijamente a través de los matorrales.
Los espectadores estaban de acuerdo con Eleazar, pensaban que lo estaba haciendo bastante bien para ser una simple humana.
—Kate... —le advirtió Edward cuando algo nuevo se le pasó por la cabeza a ella, aunque ya estaba en movimiento. Se apresuró hacia el margen donde estaban los demás.
—Jacob—dijo Kate — ¿Quieres venir a ayudar a tu novia?
—No —gruñó Bella.
Edward le tocó el brazo de modo tranquilizador, pero se lo quitó de encima con una sacudida justo cuando Jacob se acercó.
—No, y es un no rotundo, Kate —masculló bella —tú misma has dicho que no sabes cómo puede afectarle a un lobo.
Jacob se acercó hasta donde estaba Bella y le pasó el brazo sobre los hombros. Ella se acurrucó automáticamente contra su cuerpo y presionó la cabeza en el hueco justo debajo de su cuello. l
—Tal vez puedo ayudar, Bells.
—No —replicó ella, retrocediendo con rapidez. Kate había dado un paso deliberado en su dirección, con su mano extendida delante de ella.
—No lo hagas Kate, apártate
—No
El miedo se extendió por el pecho de Bella, haciendo que todo cobrara mayor nitidez, incluso ahora era capaz de sentir la elasticidad de ese escudo invisible con mayor exactitud, y se dio cuenta de que más que una banda elástica era una capa fina, una película delgada que le cubría de los pies a la cabeza. Con el más absoluto terror y la ira rugiendo a través de ella, tuvo una mejor percepción de él, un control más estrecho de su presencia. Lo estiró a su alrededor hasta sacarlo al exterior de su cuerpo, y envolvió a Jake con él en el instante en el que Kate le tocó.
No ocurrió nada.
—¿Sientes algo? —preguntó la rubia a Jacob.
—Nada.
Ella entrecerró los ojos y lo volvió a tocar. Bella supuso que estaba subiendo la intensidad de la potencia.
—Kate —gruñó, descansando la mano en la parte más estrecha de la espalda de Jacob —para ya.
—¿Crees que podrías incluir a Edward en ese escudo? —preguntó de nuevo.
—No lo sé.
Frunció el ceño, todavía podía sentir el escudo como una lámina fuerte y flexible alrededor de ella misma y de Jacob. Probó a empujarlo más lejos, forzándolo alrededor de Edward.
—Inténtalo—le dijo a Kate— toca a Edward.
Ella puso los ojos en blanco, pero revoloteó hacia delante y presionó su palma contra el hombro de Edward que no parecía demasiado feliz con la idea.
—Nada —dijo él finalmente y todos percibieron el alivio y la sonrisa en el tono de su voz.
—¿Y ahora? —preguntó Kate.
—Nada todavía.
—¿Y ahora? —esta vez se notaba el sonido de la tensión en su voz.
—Nada en absoluto.
Kate gruñó y dio un paso hacia atrás.
—¿Podéis ver esto? —preguntó Zafrina con su voz profunda y ruda, mirando con intención a los tres. Su inglés tenía un acento extraño, y sus palabras se acentuaban en los lugares más inesperados.
—No veo nada que no debiera ver —repuso Jacob
—¿Y tú Edward? —inquirió Zafrina de nuevo.
Él sonrió y sacudió la cabeza.
El miedo de Bella se había desvanecido casi por completo y apretó los dientes, jadeando con más fuerza mientras seguía empujando contra el escudo elástico; parecía que se iba haciendo más pesado cuanto más lo estiraba. Tiraba hacia atrás, intentando encogerse hacia dentro de nuevo.
—Que a nadie le dé un ataque de pánico —advirtió Zafrina al pequeño grupo de espectadores—. Deseo ver cuánto puede extenderlo.
Todos los presentes emitieron un jadeo de sorpresa —Eleazar, Carmen, Tanya, Garrett, Benjamin, Tia, Siobhan y Maggie—, todos menos Senna, que parecía estar preparada para el comportamiento de Zafrina. Los ojos de los demás parecían ahora desenfocados, y sus expresiones llenas de ansiedad.
—Alzad la mano cuando recuperéis la visión —les instruyó Zafrina—. Vamos, Bella. A ver a cuántos puedes cubrir con el escudo.
La respiración de ella salió como un resoplido. Kate era la persona que tenía más cerca además de Edward y Jacob así que apretó las mandíbulas y empujó de nuevo, intentando extender la lámina protectora elástica que se resistía lo más lejos posible. Centímetro a centímetro la condujo hasta Kate, luchando con la reacción que se producía con cada fracción de terreno que ganaba. Sólo observaba la expresión llena de ansiedad de Kate mientras trabajaba, y gruñó por lo bajo con alivio cuando sus ojos pestañearon y se concentraron.
Alzó la mano.
—¡Fascinante! —Murmuró Edward, casi sin aliento—. Es como un cristal de una sola cara. Puedo leer lo que todos están pensando, pero ellos no me pueden alcanzar aquí dentro. Y soy capaz de escuchar a Kate, aunque no lo era cuando estaba en el exterior. Apuesto a que Kate podría lanzarme una buena descarga ahora, porque está dentro del paraguas. Pero, por otro lado, no logro escuchar a Bella. Mmm, a ver, a ver... ¿Cómo funciona esto? Me pregunto si…
Continuó mascullando para sus adentros, pero Bella dejó de escucharle, apretó los dientes de nuevo, luchando por extender el escudo hacia Garrett, que era el que estaba más cerca de Kate.
También alzó la mano.
—Muy bien —dijo Zafrina—. Ahora…
Pero habló demasiado pronto. Con un grito ahogado sintió como el escudo se encogía como una goma elástica que se ha estirado en exceso y recobraba de modo brusco su forma original.
Jacob comenzó a temblar a su lado cuando experimentó por primera vez la ceguera que Zafrina había conjurado para los otros.
—Pararemos —replicó Zafrina y los espectadores se relajaron cuando les permitió ver de nuevo.
—Gracias —Bella se dejó caer contra Jacob que la cogió en brazos y la apretó contra su torso.
—Kate — llamó Garrett mientras los otros murmuraban y se dispersaban con ligereza, molestos por el momento de ceguera, y la vulnerabilidad a la que habían estado sometidos.
Garrett, alto y de pelo color arena, era el único inmortal sin don que parecía atraído por las sesiones de práctica.
—Yo no lo haría, Garrett —le advirtió Edward.
Garrett continuó avanzando hacia Kate a pesar de la advertencia, con los labios fruncidos en una mueca especulativa.
—Dicen que puedes tumbar a un vampiro de espaldas.
—Sí —admitió ella. Y después, con una sonrisa ladina, removió juguetona los dedos en su dirección—. Qué, ¿sientes curiosidad?
Garrett se encogió de hombros.
—Es algo que jamás he visto, y parece un poco exagerado…
—Quizá —repuso Kate, con el rostro de repente serio—. Quizá sólo funciona en los débiles o los jóvenes. No estoy segura. Vaya, y tú pareces bien fuerte. A lo mejor sí que puedes resistir mi don —extendió la mano en su dirección, con la palma hacia arriba, en una clara invitación.
Torció los labios con una sonrisa ladina.
Garrett sonrió ante el reto, y tocó su palma con el dedo índice, muy seguro de sí mismo.
Y entonces, con un grito ahogado que aun así resonó con fuerza, se le doblaron las rodillas y salió disparado de espaldas, hasta que golpeó con la cabeza en un trozo de granito que se rompió con un agudo chasquido.
—Ya te lo dije —masculló Edward.
Los párpados de Garrett temblaron durante unos segundos y después abrió los ojos como platos. Se quedó mirando a Kate, que tenía grabada en el rostro una sonrisita de suficiencia, mientras otra sonrisa vagabundeaba por el rostro de él, iluminándolo.
—Guau —dijo.
—¿Lo has disfrutado? —le preguntó ella con cierto escepticismo.
—No estoy loco —rió Garrett, sacudiendo la cabeza mientras se levantaba con lentitud desde su posición de rodillas—, ¡pero ha sido toda una experiencia!
—Vaya —dijo Bella murmurando al oído de Jake —creo que ahora entiendo por qué siempre está cerca cuando practicamos.
—¿Le gusta Rogue?
—Deja de leer comics —masculló Bella con una risita —pero sí, me parece que sí ¿Edward?
Él solo les dedicó una media sonrisa y se fue detrás del resto.
—Creo que hemos terminado por hoy. Estás cansada.
—Agotada, en realidad.
—No veo el punto de todo esto Bells ¿De verdad crees que puedes estar en el campo de batalla con todos? Esos locos creen que eres un vampiro ¿Qué pasará cuando vean que sigues siendo humana?
—Carlisle cree que puede hablar con ellos, ya sabes, hablarles del tratado, de la alianza con las manadas y de nuestro vínculo. Si logra hacerles escuchar….
— ¿Crees que Alice se ha ido para evitar que la vean y luchen para llevársela?
— Yo también lo he pensado. A lo mejor ha visto algo… o cree que si no está con los demás hay más posibilidades de conseguir hablar con los Vulturi.
—Eso tiene mucho más sentido que el que vengan hasta aquí para acabar con las manadas. Seamos o no enemigos naturales ¿No es absurdo todo este lio?
—Sí, pero si su intención es en realidad terminar con el aquelarre de los Cullen…
—Ya, solo han utilizado la excusa que necesitaban para acabar con ellos.
—Sí, eso es lo que creo.
—Bueno, sea como sea las manadas lucharán.
—¿Incluso para protegerles?
—Incluso para eso —dijo terminante —después del tiempo que hemos pasado con ellos, me he dado cuenta de que… en fin —parecía que decir cada palabra era doloroso — son una familia, una familia de verdad, como la familia en la que yo crecí… puede que sean unos chupasangre porque la vida les ha puesto ahí, hacen lo mejor que pueden con lo que tienen, supongo.
—Te caen bien —Bella rió.
—Cállate.
—Tú tampoco estás mal —escucharon decir a Edward en la distancia, devolviendo a Jacob sus palabras de un par de días atrás.
—Vete a la mierda sanguijuela —masculló Jake.
La risa de Edward se oyó a lo lejos y Bella sintió una calidez especial en el pecho al ver a Jacob sonreír en respuesta.
Puede que ese chico que la tenía entre los brazos fuera su alma gemela, su mejor amigo y el amor de su vida, pero en su corazón siempre habría un lugar especial para Edward Cullen y eso, era un hecho que Jacob había aceptado como parte de ella, aceptando a la vez la misma existencia aquella familia de vampiros a los que tanto quería.
—Esta noche habrá una hoguera en la Push ¿Quieres que vayamos?
— ¿Acaso no debes ir como alfa?
Él se encogió de hombros
—Sí, pero no voy a ir sin ti.
Ella sonrió volviendo a apoyar la cara en su pecho mientras él caminaba hacia el coche.
—Entonces iremos. Sabes que puedo caminar ¿No?
—Sabes que me gusta llevarte ¿Verdad?
Esa noche Sue nos comunicó que le habían autorizado a contarle a Charlie la verdad acerca de los quileute.
Cuando Bella y Leah bromearon con ella sobre el por qué de esa autorización, Sue se sonrojó y, tartamudeando, les dijo que se metieran en sus propios asuntos y que ya hablarían con nosotras cuando llegara el momento de hacerlo.
Billy sonrió al otro lado de la hoguera y les guiñó un ojo antes de comenzar a narrar nuevas leyendas traídas desde las tribus mapuches del Aconcagua.
La manada Uley se encontraba a la derecha de Billy. Sam y Emily se sentaban juntos en un tronco, tomados de las manos mientras escuchaban las historias, Jared y Kim hacían otro tanto recostados en el suelo mientras Paul y los más jóvenes estaban de pie tras ellos.
Por su parte, la manada Black era otro asunto. Jacob estaba sentado en el suelo con la cabeza recostada sobre el regazo de Bella que jugaba con su pelo distraída, Leah, al lado de ambos, bromeaba con ella de cuando en cuando cuchicheando por lo bajo mientras Seth y Quil jugaban con Claire y Embry escuchaba con atención cerca de todos ellos.
Cuando las historias terminaron Emily se acercó a saludar a Bella y estrechó sus manos entre las suyas con cariño.
—Ahora sí que eres una chica lobo —dijo con alegría —siento todo lo que pasó… los chicos a veces son un poco primitivos ¿Verdad? Ni Kim ni yo pensamos que tuvieras culpa de nada, quiero que lo sepas. Aunque ahora ya no formen parte de una manada, supongo que en cierto modo siguen siendo hermanos ¿no crees? espero que no se abra una brecha entre nosotras.
—Claro que no —replicó Bella sin acritud
—Siento todo lo ocurrido —Sam se acercó a Emily y habló seriedad — lamento haber pensado lo peor de ti y no haberte dado el beneficio de la duda.
—No pasa nada. Tampoco es que yo lo hiciera demasiado bien, así que supongo que estamos en paz. De todas formas, admíteme un consejo, Sam —continuó antes de que se fueran — Deberíais hablar con Leah, hablar con ella de verdad. Creo que no eres consciente del daño que le hicieron tus teorías sobre la imprimación. Todo eso de la procreación y tal. La has tenido en tu manada mucho tiempo, siendo la ex novia despechada y celosa que vivía amargada y os hacía la vida imposible a todos con sus pensamientos negativos, su carácter y su imposibilidad de perdonar. ¿Alguna vez os habéis parado a pensar en lo que siente ella estando enamorada de ti y sabiendo que jamás volverás con ella haga lo que haga? La quisiste Sam y tú también Emily. Ella solo necesita tiempo y comprensión.
Sam frunció el ceño y durante un segundo Bella pensó que la mandaría a la mierda, pero al final solo asintió en reconocimiento.
—Hablaré con ella. Gracias.
—Eso ha sido interesante —Dijo Jacob abrazándola por la espalda —nadie se atreve a hablar así con Sam.
—Bueno, menos tú ¿No? Tú le tiraste sus órdenes de alfa a la cara —respondió con una risita.
—¿Se las tiró? —Embry, que estaba cerca, silbó y se carcajeó — le soltó su propia orden de alfa y por un momento todos pensamos que Sam agacharía las orejas.
—El hijo de Ephraim Black no ha nacido para seguir al de Levi Uley —añadió Quil imitando la voz grave de Jacob
—No lo sé Sam —siguió Embry —pero hay algo de lo que sí estoy seguro…
—Bella es mi compañera y la protegeré de todo y de todos… incluso de vosotros —terminó Seth que también había llegado a su lado.
Jacob, ligeramente abochornado, les lanzó una mirada iracunda.
—Perderos todos por ahí —dijo señalando a la arboleda — ¿Es que ninguno tiene que patrullar esta noche?
—Claro que sí, gran jefe —Leah, que desde las sombras había visto todo, se puso al lado de él — mientras tú retozas con Bella, los demás iremos a trabajar un rato.
—Nada como ser el jefe —masculló Embry con falso enfado.
—Dejadnos en paz.
Jacob la tomó de la mano y la arrastró hacia la casa dejando atrás las burlas de sus amigos.
—¿Así que ibas a enfrentar a todo y a todos por mí? —preguntó Bella cuando llegaron a la casa y se sentaron en un viejo sillón cerca del garaje que había sido testigo de tantas tardes de charlas y risas.
—¿De verdad necesitas que responda a eso? —Jacob le abrió los brazos y ella se acurrucó en ellos.
—No —sonrió mirando las estrellas mientras escuchaba el arrullo de los latidos fuertes de su corazón —En realidad siempre he sabido que lo harías, incluso cuando pensabas que nunca estaríamos juntos.
—Quería estar contigo. Más que nada en el mundo —apoyó la cabeza en el respaldo del asiento y contempló también el firmamento —no me siento orgulloso de cómo pensaba y cómo me sentía en esos momentos —Bella se limitó a escuchar, consciente de que él parecía querer desahogarse de alguna forma —me sentía furioso, herido, incapaz de entender el por qué de nada. Quería matar a Edward, pero a la vez no podía hacerlo porque no quería hacerte daño. Ese día te empujé hasta que me besaste porque quería que te dieras cuenta de que también me querías. Esperaba… —suspiró con pesar —supongo que esperaba que un milagro ocurriera y que el vínculo de la imprimación te dijera ¡Ey Bells! Estoy aquí… pero no pasó y todo fue incluso peor.
—Sí que ocurrió —interrumpió Bella
—Bueno, pero yo no lo sabía —jugó con su pelo hablando en el mismo tono tranquilo —una parte de mi quería ser egoísta, decirte lo que había ocurrido, contarte que me había imprimado de ti y esperar a que no se, te diera pena o algo —rió con pesar —estaba un poco desesperado. Pero al final, como te dije, la compulsión hace que quieras ser lo que ella necesita que seas y parecías necesitar un amigo… pero joder Bells… me fui porque no era capaz de controlar mi rabia, quería despedazar a Edward. No porque le quisieras —se calló un segundo —bueno quizás también por eso. Pero lo peor era que estaba dispuesto a matarte para que fueras como ellos, para conservarte…Yo estaba dispuesto a perderte pero no sabía si era capaz de soportarlo.
—En realidad Edward no quería que muriese… eso era un problema, claro.
—Sí, sé que no quería pero al final deseaba tanto estar contigo que decidió darte lo que le pedías… y no estaba bien. Lo siento Bells, pero no lo estaba, sé que le quieres y hasta puedo decirte que, aunque me molesta mucho, no me cae tan mal, pero eso era un error de los gordos. Eras como una niña malcriada que quiere algo a toda costa y él estaba dispuesto a dártelo si accedías a las condiciones que te ponía ¿Quieres ser un vampiro? Genial, no me hace gracia pero cásate conmigo y lo consigues… ¿Cómo podía quedarme ahí viendo eso? No era normal.
Bella se quedó en silencio sin saber muy bien qué decir.
—Lo cierto es que ahora todo ha cambiado. Soy capaz de verlo todo desde otro punto de vista y sé que tienes razón. Es… difícil asumir todo lo que dices pero sé que es cierto.
—Aún así lo habría hecho —dijo al cabo de un rato
—¿El qué?
—Enfrentarme a todo y a todos por ti.
Y ella lo sabía. Por eso le besó en el hombro y se abrazó a él en silencio, agradeciendo a la deidad que fuera que le hubiera puesto en su camino y le hubiera abierto los ojos antes de cometer la mayor equivocación no de su vida, si no de su existencia.
