Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
Capítulo 34
Todo mi ser se apoderó del reconocimiento de esa voz, una que no podía sacar de las profundidades de mi imaginación, sin importar cuanto lo intentara. Pero era él, esa era la voz de mi padre llamándome por mi nombre.
Mis ojos se abrieron a la brumosa oscuridad y… y a la luz dorada de una lámpara, y me di cuenta de que no estaba despierta. Estuve allí una vez más, empujada hacía la noche que terminó en gritos empapados de sangre.
—Amapola, sé que estás ahí abajo. Sal —llamó él— Necesito que vengas a mí, Amapola.
Con el pecho apretado, seguí el sonido de su voz, mis labios se movieron, pero la voz que salía de mí sonaba mucho más joven.
—¿Papa? Te estaba buscando.
—Me encontraste, como siempre —Las sombras palpitaron y se espesaron frente a mí, tomando forma. Era alto, la persona más alta que conocía— No deberías estar aquí, mi niña pequeña.
Lo mire fijamente, deseando poder ver su rostro con claridad.
—Quería ir contigo, Papá. No tengo miedo.
Pero lo estaba. Estaba temblando y me dolía la barriga.
—Eres tan valiente, pero no deberías estar aquí —Se arrodilló y ojos que coincidían con los míos ocuparon todo mi mundo— ¿Dónde está tu hermano?
—Con esa mujer que tenía galletas, pero yo quiero estar contigo y…
—No puedes ir conmigo —Unas manos frías aterrizaron en mis hombros y su rostro pareció recomponerse. Mandíbula cuadrada cubierta por varios días de vello. Mamá lo llamaba barba y a menudo se quejaba de ello, pero la veía frotando sus dedos cuando pensó que Sasori y yo no estábamos mirando. Nariz recta. Cejas oscuras. Ojos como pino— Tienes que quedarte aquí y mantener a salvo a tu madre y a tu hermano.
—¿Está es ella? —Preguntó otra voz desde la oscuridad.
Una voz extraña que no era completamente desconocida.
—Esta es mi hija —respondió Papá mientras miraba por encima del hombro antes de sonreírme, pero la sonrisa estaba mal. Demasiado apretada— Ella no lo sabe.
—Entendido —la voz vino de nuevo, todavía familiar.
No entendí lo que quería decir. Todo lo que sabía era que se iba a ir, y no quería eso.
—Qué linda flor —Las manos frías tocaron mis mejillas— Qué bonita Saku —Papá se inclinó, presionando sus labios contra la coronilla de mi cabeza— Te amo más que a todas las estrellas del cielo.
Mi respiración se atoró.
—Te amo más que a todos los peces del mar.
—Esa es mi chica —Gritos del exterior lo alejaron de mí— ¿Kurenai?—llamó a Mamá. Solo él la llamaba así.
Ella se alejó de las sombras, sus rasgos dolían cuando tomó mi mano en la suya fría.
—Tú deberías haber sabido que ella encontraría un camino hasta aquí —Ella miró detrás de ellos, hacía donde yo no podía ver— ¿Tú confías en él?
—Lo hago. Él nos va a llevar a un lugar seguro.
Papá se volvió hacía mí.
—Quédate con tu mamá, pequeña —Frías, manos frías tocaron mi cara de nuevo— Quédate con ella y encuentra a tu hermano. Volveré pronto a buscarte.
La niebla entró, llevándose a Papá consigo mientras se diluía. Podía escuchar su voz. Estaba hablando, pero no pude entender lo que decía. Empecé a seguirlo porque sabía que no volvería.
—No mires Saku. No mires hacía allá —dijo la voz de mamá mientras tiraba de mi mano— Debemos escondernos. De prisa.
Confundida, traté de verla mientras me guiaba a través del tenue vacío.
—Quiero a Papá…
—Shh. Debemos estar calladas. Debemos estar calladas para que Papá pueda venir a buscarnos.
Tropecé tras ella, tambaleando cuando ella se detuvo.
—Entra Saku. Necesito que entres y estés muy callada, ¿de acuerdo? Necesito que estés tan callada como un ratón sin importar qué. ¿Lo entiendes?
Negué con la cabeza.
—Quiero quedarme contigo.
—Estaré justo aquí —Sus manos húmedas y heladas tocaron las mías— Necesito que seas una niña grande y me escuches. Tienes que esconderte…
Se escuchó un sonido, un grito que hizo que mamá… desapareciera por un momento.
—Tienes que dejarlo ir, bebe. Necesitas esconderte Saku… —Mamá se congeló.
El tiempo se detuvo mientras nos miramos la una a la otra. Su piel se adelgazó, revelando los delicados huesos debajo. Me encogí…
—Lo siento —susurró una voz.
Mamá fue apartada de mí. Tropecé tras ella, pero ya era demasiado tarde. No había nada más que niebla, y todo lo que quedaba era su voz, sus palabras —¿Cómo pudiste?
—¿Mamá? —Susurré, dando un paso adelante, incapaz de entender lo que dijo.
Qué bonita flor.
Qué bonita Saku.
Cógelo y míralo sangrar. Ya no es tan bonita…
Una mano agarró mi brazo, la piel más pálida que la mía, manchada de rojo mientras las hojas crujían como huesos secos, y un ruido sordo llenó el aire. Las sombras lo rodearon mientras tiraba de mi brazo, los bordes de su oscuridad cubriéndome, los bordes de su capa negra cubriéndome mientras tropezaba. Él también era alto, pero su rostro era una voz envuelta en tela.
Necesitaba ver su rostro. Necesitaba…
Fui empujada hacía los chillidos y los aullidos. Y la niebla, la niebla que estaba a mi alrededor y en mí. Eso comenzó a romperse y el estruendo creció debajo de mí en el suelo. Y una voz, una voz que sonaba como oro hilado y campanillas de viento susurraba "detente, detente, detente" una y otra vez. Pero no podía parar. Necesitaba ver su rostro. El hombre de la oscuridad se alejó, como un recuerdo deslizándose entre mis dedos. Lo seguí porque era importante. Este recuerdo. Porque alguien más había estado allí con Mamá. Alguien que no quería ser visto. Me tambaleé hacía adelante…
—Saku! —La voz fue una sacudida, un golpe de relámpago y mis ojos se abrieron.
La niebla se había espesado frente a mí, una masa que se arremolinaba y se agitaba. Las motos de oro parpadeaban dentro y fuera.
—No vayas más lejos —susurró la voz, una voz tan pura que era casi insoportable de escuchar— Lo que buscas no se encuentra aquí.
—Para —La niebla se solidificó, tomó forma y se volvió más dorada. Era alto. Ella era alta. Olas ondulantes de cabello del color del fuego se entrelazaron. Un rostro borroso, pero ojos del color de la plata fundida ardían a través de la niebla. A través de mí— Vete a casa. Toma lo que es tuyo y encontrarás lo que buscas allí. La verdad. Vete a casa.
—¿Quién eres tú? —Susurré— Quién…
Un brazo me agarró por la cintura sin previo aviso, atrayéndome contra un pecho cálido y duro. Hubo un olor a especias oscuras y pino cuando mis pies fueron barridos debajo de mí, y caímos, aterrizando con fuerza en el suelo.
—Saku. Dioses. Saku —Sasuke me dio la vuelta en su regazo, una mano palmeando mi mejilla. Él respiraba con dificultad, su pecho subía y bajaba rápidamente mientras zarcillos de niebla flotaban sobre su rostro demasiado pálido— Queridos dioses, Saku, ¿qué demonios estabas haciendo?
—Yo...
Miré a mí alrededor, sin ver nada más que una espesa niebla y Naruto parado sobre nosotros, mirando detrás de mí y respirando tan pesadamente como Sasuke. La confusión me invadió.
—¿Qué diablos estabas haciendo? —exigió Sasuke de nuevo, dándome una sacudida. Su respiración era agitada, formando nubes rápidas con el frío— Podrías haber… te habrías roto, Saku. Roto y destrozado de una manera que nunca podría arreglar.
No entendía de qué estaba hablando, pero se veía... parecía que nunca lo había visto antes. Aterrorizado. Ojos amplios y luminosos, incluso en la niebla, los planos y ángulos de su rostro desnudos.
Apretó mis mejillas con sus manos enguantadas.
—Te dije que no te alejaras.
—Yo... yo no lo hice —le dije— Estaba durmiendo, estaba soñando. Escuché... escuché a mi padre llamarme por mi nombre…
—Maldita niebla —gruñó Naruto, agitando una mano con enojo a través del espeso blanco.
—No. No. Fue un sueño, pero era real. Quiero decir, fueron fragmentos de la noche en que los Craven atacaron. Alguien...alguien más estaba allí al final —Empecé a alejarme, pero Sasuke me detuvo— Estaba vestido, envuelto en una capa y estuvo allí esa noche —Me retorcí en el agarre de Sasuke— Estaba tratando de ver su cara. Si tan solo pudiera ver su rostro, sabría quién es. Yo solo…
Mis labios se separaron mientras miraba a la nada. No era un vacío simplemente ausente de luz. Era un final. Una vasta nada aguardaba más allá del borde de un... acantilado.
—Oh, Dios mío —susurré, estremeciéndome al darme cuenta de lo cerca que había estado de dar un paso hacia... la nada.
—Fue la niebla —dijo Sasuke, su tono demasiado suave mientras guiaba mi mirada afligida de regreso a la suya.
—Ella me detuvo —susurré.
—¿Qué?
—¿No la viste? Ella me detuvo. Oh mis dioses.
Sasuke pasó el pulgar por mi mejilla, a lo largo de la cicatriz.
—Nadie más estaba aquí. Solo eras tú y la niebla.
—No. Había alguien más —Miré por encima del hombro, hacia el vacío— Escuché su voz. No dejaba de decirme que me detuviera y luego apareció frente a mí —Me volví hacia Sasuke— Ella estaba ahí. Donde hay... no hay nada. Ella me dijo que no siguiera adelante. Que la verdad no estaba aquí. Me dijo que me fuera a casa y que... —Empecé a temblar y no podía parar—… Tomará lo que era mío. Y que aprendería la verdad.
—Está bien —me aseguró Sasuke, pero la mirada que intercambió con Naruto dijo exactamente lo contrario— Regresemos al campamento.
—¿No la viste?
—No, Princesa —Besó mi frente— Solo te vi a punto de… —Se interrumpió— Sólo eras tú.
Mientras Sasuke me ayudaba a ponerme de pie, sabía que el sueño había estado removiendo las capas del tiempo, revelando piezas enterradas durante mucho tiempo por el trauma. Y sabía que no había estado sola. Alguien... o algo me había impedido caminar por la ladera de la montaña. Empezamos a…
El estruendo que escuché antes regresó, esta vez más fuerte. Naruto maldijo cuando Sasuke se lanzó hacia mí. Antes de que pudiera decir una palabra, me levantó en sus brazos y corrió, corrió lo más lejos que pudimos antes de que pareciera perder el equilibrio. Mi corazón se congeló cuando la niebla se dispersó. Lanzada a un lado, el brazo de Sasuke se apretó a mí alrededor mientras caíamos sobre Naruto. Me agarró, nos agarró, mientras nos apretábamos contra un árbol que vibraba y traqueteaba como un juguete infantil. Las hojas doradas sacudidas libremente se deslizaron hacia nosotros, hasta la tierra que tembló y gimió.
—¿Qué está pasando? —Jadeé, una mano agarrando las capas de Sasuke y Naruto.
Sasuke se volvió hacia mí, pero no pude oír lo que decía por encima del retumbar. En cualquier momento, sentí que toda la montaña se abriría y nos tragaría enteros. Mis ojos muy abiertos se encontraron con los suyos mientras mi corazón tronó.
Y luego se detuvo.
Las hojas dejaron de caer cuando los árboles se calmaron y el suelo se calmó.
—¿Se terminó? —Susurré después de varios momentos de silencio.
—Creo que sí —Sasuke tragó saliva mientras su mirada se elevaba hacia donde Naruto se estaba poniendo de pie lentamente detrás de mí. Entonces sus ojos se encontraron con los míos de nuevo— ¿A quién dijiste que viste? ¿Quién te detuvo?
—No sé quién era, pero era una mujer —le dije— ¿Por qué?
—Porque ese era un dios —dijo Naruto con voz ronca— Regresando a su lugar de descanso.
En la primera hora de nuestro viaje fuera de las montañas Skotos, la magia de la niebla se disipó. Los árboles de Aios formaron un techo dorado brillante mientras descendíamos de la montaña, y pude quitarme los guantes. En la segunda hora, consideré quitarme la capa. Las temperaturas en constante aumento deberían haber levantado mi ánimo, pero mi mente todavía estaba en ese acantilado empapado de niebla. No tenía idea si el hombre encapuchado de mi sueño o sus palabras eran reales o una alucinación. La última parecía la explicación más probable cuanto más tiempo estaba despierta. Nunca antes había caminado sonámbula y no recordaba haberme levantado. Eso le dio crédito a la magia de las montañas que me atacaban, pero algo o alguien me había detenido. Y Naruto había sugerido que había sido la propia Aios.
Miré hacia los árboles oscuros. ¿Podría haber sido realmente la diosa? Eso parecía demasiado fantástico para creerlo.
—¿Quieres comer algo? —Preguntó Naruto, sacándome de mis pensamientos.
Sasuke me había hecho la misma pregunta hacía no más de treinta minutos, pero mi estómago estaba lleno de nudos como para comerme más que unas pocas rebanadas de tocino que Sasuke me había ofrecido esa mañana.
—Si quieres algo de beber, avísame —dijo Sasuke, y asentí.
Durante toda la mañana, ambos habían intentado entablar conversación conmigo o ahogarme en comida y bebida. Yo solo... mi mente estaba en demasiados lugares, en el pasado y en el futuro.
—He estado pensando en cuando lleguemos a Atlantia —anunció Sasuke no mucho después— Necesitamos reanudar esas lecciones de equitación. Vas a necesitar más de uno si planeas ir a la capital de Solis en tu propio caballo.
La emoción me invadió.
—Me gustaría eso.
—Estoy seguro de que Aoda lo disfrutaría —Sasuke guio al caballo por una curva estrecha— Probablemente esperará visitas diarias de ti. Aunque, probablemente yo no sea feliz —continuó— Me gustas aquí.
—Realmente espero que ustedes dos no se conviertan en una de esas parejas que constantemente se susurran cosas dulces el uno al otro —murmuró Naruto.
Arqueé las cejas.
—Desde que nos casamos, ella ya me ha dicho que me calle… ¿cuántas veces? Estoy bastante seguro de que también ha amenazado con apuñalarme o golpearme desde entonces.
No recuerdo ninguna de esas cosas.
—Bueno —dijo Naruto— Esas son buenas noticias.
—Pero todavía me vas a escuchar susurrar cosas —Los labios de Sasuke rozaron la marca de la mordedura curativa— Solo cosas extremadamente sucias.
—Cállate —dije.
Sasuke se echó a reír mientras su brazo se apretaba a mí alrededor, pero vi la mirada de Naruto deslizarse sobre mí hacia Sasuke, y sentí que el Príncipe asentía detrás de mí. Naruto se adelantó, yendo lo suficientemente lejos como para que apenas pudiera distinguir la forma de él y su caballo. Me tensé, sabiendo que no había otra razón para las acciones de Naruto que darnos espacio.
Viajamos en silencio durante un par de minutos y luego Sasuke dijo:
—Anoche no fue culpa tuya. Fue la niebla. De alguna manera, se activó y te persiguió. No debería haberte gritado después. Lo siento.
La sinceridad en su tono me sorprendió lo suficiente como para volver la cabeza hacia la suya.
—No pensé que me gritaras. Estabas solo...
—¿Qué?
—Estabas asustado.
—No estaba asustado. Estaba jodidamente aterrorizado —admitió— Cuando nos dimos cuenta de que te habías ido, supimos que no sería fácil rastrearte en la niebla. No sé cómo te encontramos tan rápido, pero gracias a los dioses lo hicimos. Infiernos —Tosió una risa seca— Quizás los dioses realmente tengan algo que ver con que te encontráramos.
—¿De verdad crees que fue a quien vi? ¿Aios?
—¿Honestamente? —Su aliento tocó mi mejilla— Todos sentimos que la tierra temblaba, y Jiraya nos mostró su aprobación. Parece que les gustas, Princesa.
Me mordí el labio inferior.
—Sé que no crees que mi sueño fuera real…
—Yo no dije eso. Creo que la niebla se te metió en la cabeza, pero eso no significa que lo que viste o escuchaste no fuera un recuerdo real. Podría haber sido real y podría haber sido la niebla. Ambas cosas. De cualquier manera, lo que pasó anoche no fue culpa tuya.
—Pero ni tú ni Naruto estuvieron a punto de caer por un acantilado —señalé.
—Eso no significa que no nos viéramos afectados.
—¿Lo estabas?
Se quedó callado y luego dijo—: Tuve sueños extraños anoche.
—¿Cómo qué?
Esta vez, estuvo en silencio por más tiempo.
—Soñé que estabas... estabas en la jaula en la que estaba retenido.
—Oh —Mi estómago se hundió.
—Y yo... no pude liberarte —Se movió detrás de mí como si no se sintiera cómodo, y de repente deseé estar cara a cara.
Mi corazón se retorció en mi pecho.
—Eso no va a suceder.
—Lo sé, pero la niebla todavía se alimenta de mi miedo —Su mano apretó mi cadera— Y me convenció de lo contrario. Así fue como me desperté y descubrí que te habías ido, jadeando por aire con incredulidad.
Por qué la niebla lo llevaría a soñar con tal cosa me inquietó mucho.
—Naruto se despertó como si estuviera siendo perseguido por sus propios fantasmas, aproximadamente al mismo tiempo. Creo que la niebla nos llegó a los dos mientras dormíamos y por eso no teníamos idea de que te habías despertado y te habías ido.
¿Era por eso que ninguno de los dos parecía haber sabido que todos habíamos estado acurrucados juntos más temprano en la noche?
—Lo que hizo la niebla no fue personal, y tu susceptibilidad no fue tu culpa. Debería haber sido más consciente. Debería haber esperado que algo así sucediera.
—Parece que tenías las manos ocupadas.
—Eso no es excusa. Debería haber controlado mejor la situación.
Lo miré de nuevo por encima del hombro, vislumbrando su dura mandíbula.
—Dejando a un lado las compulsiones, no puedes controlarlo todo.
—¿Quién lo dice?
—Lo digo yo.
Apareció una sonrisa.
—Bueno, me tienes ahí. No puedo controlarte. Si pudiera, sospecho que la vida sería más fácil, pero para ser honesto, ni siquiera quiero intentarlo. Mantienes las cosas... intrigantes.
Él y esa maldita palabra. Con los labios curvados, me di la vuelta.
—¿Princesa?
—¿Qué?
—Vi eso. Esa pequeña sonrisa —Se inclinó, hundiendo su barbilla contra el costado de mi cuello— ¿Por qué hay veces que todavía me ocultas tus sonrisas? —Su pecho se elevó con una respiración pesada mientras se sentaba— Tienes una hermosa sonrisa. Eso y tu risa. Y tú... nunca te reíste lo suficiente como antes, pero cuando lo hiciste...
Cerré mis ojos.
—Cuando lo hiciste, fue como el momento en que la maldita niebla finalmente se despejó. Como cuando los primeros rayos de sol atraviesan las nubes después de una fuerte tormenta —dijo sin una pizca de vergüenza— Tu risa es tan hermosa como tu sonrisa, ¿y cuando te lo dije fue como escuchar algo familiar? No fue una mentira.
Dejando escapar un suspiro tembloroso, abrí los ojos. Las hojas de oro brillaban aún más ahora.
—Yo... yo no sabía que todavía estaba haciendo eso, y me pregunto si lo hice antes que tú. Sonreír y reír no era nada bueno para una doncella, según el Duque.
—Quiero matarlo de nuevo.
—Yo también —murmuré.
Continuamos viajando un poco, Naruto todavía estaba lo suficientemente adelantado como para que yo no pudiera verlo mucho. Pensé en lo que había visto anoche, lo que realmente recordaba.
—¿Recuerdas la noche en que dije esa rima espeluznante mientras dormía?
—No es algo que pueda olvidar —respondió secamente.
—Mi padre solía decírmelo.
Sasuke se puso rígido detrás de mí.
—¿Dilo de nuevo?
—No la última parte, la parte de recoger la flor y verla sangrar —le dije— Todavía no sé quién dijo eso. Podría haber sido el Duque o alguna parte retorcida de mí. No lo sé, pero la primera parte, la bonita parte de la amapola. Olvidé eso. Él me diría eso. ¿Cómo podría olvidar eso?
Su brazo se curvó más fuerte.
—No lo sé, pero los malos recuerdos siempre parecen tener una forma de ser recordados sobre los buenos.
¿No era esa la verdad?
—¿Soñaste con tu padre?
—Lo hice. Recordé haberlo encontrado esa noche. Al menos, creo que lo hice —Mi frente se arrugó— No, estoy segura de que fuera real. Lo estaba buscando. Así me encontró mi madre. Solía llamarla Kure —Esa era otra cosa que había olvidado.
—¿No era ese su nombre?
—Su nombre era Kurenai.
—Ese es un nombre hermoso —dijo, y lo era— ¿Cuál era de tu padre?
—¿No lo sabes?
—No. Solo sabía que tu nombre era Sakura al principio, y me llevó muchísimo tiempo descubrir que tenías un hermano. Y así fue como supe tu apellido —me dijo—Para ser honesto, no investigué a tus padres. No pensé que hubiera una razón para hacerlo.
—Si lo hicieras, dudo que te haya dado alguna indicación de que yo era... medio Atlántica —Todavía sonaba extraño decir eso— Su nombre era Asuma, pero mi madre lo llamaba Asuma o... o Lion.
—León —repitió— Me gusta eso. Encaja que un León tenga una hija tan feroz.
Sonreí entonces, y solo supe que Sasuke lo había visto porque presionó sus labios contra la comisura de mi boca. Se sintió como un agradecimiento.
Su brazo me apretó.
—Pero volvamos a los dioses que parecen gustarte. Jiraya básicamente nos dio su bendición. Si esa fue Aios anoche, y dioses, podría haber sido ella, se despertó para garantizar tu seguridad —dijo, y había un poco de asombro en su voz— Voy a repetir esto, Princesa. Un dios se despertó de cientos y cientos de años de sueño para protegerte. Hasta donde yo sé, eso no es algo que haya sucedido antes.
Mi pulso se aceleró.
—Entonces, ¿por qué pasaría ahora? ¿Por qué iban a intervenir por mí? —Tan pronto como me dejó esa pregunta, las palabras de la Duquesa Teerman volvieron a mí. Eres La Elegida. Mentiras. La Duquesa Teerman solo había dicho mentiras— Quiero decir, no soy especial.
—Voy a tener que estar en desacuerdo con la idea de que no eres especial. Tú lo eres para mí y lo eres para los Reinos de Atlantia y Solis —dijo Sasuke— Juntos podemos cambiar el ahora y el futuro. Esa no es la única razón por la que eres especial, pero podría ser la razón por la que atrapaste los ojos dormidos de los dioses. —Tomó mi mano izquierda en la suya. Nuestras palmas marcadas se encontraron y hubo una extraña sacudida de energía— Los dioses te favorecen. De cualquier manera, esta es una buena noticia, Saku.
Pasé mis dedos por los suyos.
—Si los dioses me aceptan, ¿cómo no pueden hacerlo tus padres? ¿Cómo puede tú…? —Me contuve— ¿Cómo puede nuestra gente no?
—Exactamente —Besó mi mejilla.
Y por primera vez desde que comenzó todo esto, surgió la esperanza. Esperanza real de que sería posible ganar la aceptación de sus padres, de la gente. Que estarían a nuestro lado ahora cuando regresáramos a Solis para liberar a su hermano y ganar territorio. Que estarían a nuestro lado después, cuando regresáramos. Y si un día me convertía en más que una Princesa.
Una ligereza me invadió, una calidez que hizo imposible que esa frialdad regresara.
Seguimos cabalgando hasta que finalmente alcanzamos a Naruto, y no pasó mucho tiempo antes de que los árboles de hojas doradas moteadas por el sol dieran paso a un verde exuberante. Entonces supe que habíamos pasado la montaña y estábamos realmente en el borde del actual Reino de Atlantia.
Gold Rock era exactamente como esperaba. Una roca grande y redonda que relucía dorada a la luz del sol. Minato y otros dos grupos ya estaban allí. Konohamaru comenzó a saludar en el momento en que nos vio.
—Me alegro de ver que lo lograste —dijo Kiba, inclinándose desde donde estaba junto a su caballo— Y tú.
La última parte estaba dirigida a mí y recordé los celos de Sasuke. Entonces detuve mi sonrisa.
—¿Qué hay de mí? —Preguntó Naruto, desmontando.
—¿Debo mentir y decirte que estoy emocionado? —Respondió el Atlante, con un deje de sonrisa en su rostro.
—Me haría sentir como si mi vida estuviera completa, Kiba.
—¿Neji y Iruka aún no han llegado? —preguntó Sasuke mientras se dejaba caer. Me alcanzó mientras decía— Supuse que nos ganarían a todos.
—No han llegado todavía —respondió Minato, luciendo cansado mientras se apoyaba en la roca— Pensé que nos habrías ganado aquí.
—¿Sí?
Minato asintió mientras cubría un bostezo con el dorso de la mano.
—No puedo esperar para volver a familiarizarme con mi cama —dijo con un suspiro mientras comenzaba a desabrochar los botones de mi capa— De todos modos, espero que la noche haya sido menos agitada para todos ustedes.
—No pasó nada de interés con nosotros —dijo Sasuke, encontrándose con mi mirada mientras apartaba mis manos. Comenzó a manipular los pequeños botones y una cantidad de gratitud se levantó. No por desabotonarme la capa, sino por no mencionar lo sucedido— ¿Qué hay de todos ustedes?
—Sueños extraños —murmuró Minato mientras nos miraba, me miraba.
—Como si eso fuera todo —comentó Kiba mientras se subía las mangas de la túnica— Supongo que ustedes sintieron eso anoche, el temblor de toda la montaña.
Sasuke asintió, pero no dio más detalles. Sentí que la atención de Minato se concentraba en nosotros, todos los lobos que estaban presentes, en realidad, mientras Sasuke doblaba mi capa y la colocaba en una de las alforjas. Llegó el resto de nuestro grupo. Ninguno de ellos parecía haber dormido bien, y era extraño ver a Hidan en su forma mortal y tan sumiso mientras finalmente continuamos. La hierba irregular dio paso a colinas onduladas que eran de un verde exuberante y vibrante, y no pasó mucho tiempo antes de que deseara haberme puesto la túnica sin mangas.
Levantando una mano, me limpié una fina capa de sudor de mi frente.
—¿Hace calor así siempre? No me quejo si lo es.
—Hace calor aquí, cerca del mar —respondió Sasuke, y miré a mí alrededor, preguntándome de qué masa de agua hablaba— Pero más al interior, cuando te acerques a las Montañas de Jiraya, verás más cambios estacionales y temperaturas más frías.
Empecé a preguntar dónde estaba este mar cuando las vi. Columnas de piedra blanca, elegantes y relucientes, que se extendían tanto hacia el cielo que, si hubiera habido nubes, hubieran llegado más allá de ellas. Un movimiento en mi pecho me dejó sin aliento.
—¿Los pilares de Atlantia? —Susurré.
—Sí —La voz de Sasuke era suave en mi oído.
Una sensación de asombro se apoderó de mí, una que fue más profunda que la curiosidad a medida que nos acercábamos. Podía ver surcos oscuros en ellas, marcas en un idioma que nunca había visto antes. Los pilares eran más que simples marcadores o incluso el lugar de descanso de Theon y Lailah. Estaban conectados a una pared de la misma piedra, lo que parecía ser piedra caliza y mármol. Era tan alto como cualquier Rise y continuaba más lejos de lo que podía ver. Llegamos a la cima de la colina y vi entre los dos pilares, viendo lo que esperaba. Pequeños bultos se elevaron por toda mi piel mientras un zumbido parecía vibrar en mi sangre en un himno olvidado hace mucho tiempo.
La barbilla de Sasuke rozó el costado de mi cuello, seguido por sus labios.
—Bienvenida a casa, Princesa.
