Fairy tail no me pertenece. La historia es de mi imaginación.

Advertencia: Solo mayores 18. Por favor, no imitar lo aquí escrito. SIEMPRE todo consensuado. Practiquen sexo seguro. Comuníquese con sus parejas.

Notas: Hola! Gracias a todos y cada uno de ustedes que leyeron esta historia y si siguen aquí, se merecen mi cariño.

Para aclarar esta historia aún cuenta con unos trece capítulos, más dos extras, aproximadamente.

No vuelvo con promesas de volver a publicar inmediatamente, pero sí con más consistencia. Revisen mi perfil para las siguientes fechas de publicación.

Y aquellos que dicen que los inspire a escribir, ¡Enseñenme! Me gusta leer.

Y al hijodesuputamadre que roba mi historia, me cago en tu abuela.


Capítulo XXI

It's confusing to the core

'Cause I know you want it


Los ronquidos de Natsu eran tan fuertes que se sorprendía que ningún vecino se quejara durante la noche.

Los dolores de cabeza no se habían detenido por días, y aquella mañana, escuchando los ronquidos de Natsu sentía el dolor nuevamente hacerse presente. Ese extraño sentir detrás de los ojos, la presión que le sofocaba y la rigidez sobre los brazos, le causaba más tensión en el cuerpo y malestar en general.

Podría salir y buscar la habitación de Wendy. Pero preferiría no escuchar el interrogatorio que le haría.

¿Qué es lo que has comido recientemente?

Nada, sería la respuesta.

¿Te has ejercitado correctamente en los últimos días?

Solo girar su propio cuerpo en su cama.

¿Has tomado suficientes líquidos últimamente?

No, el líquido de su cuerpo ha salido en lágrimas.

En aquellos momentos no podría soportar la expresión decepcionada de Wendy.

En ocasiones, cuando volvía a sentir ese dolor fantasma que le llegaba hasta los huesos, ese dolor causado por tantos golpes sobre la cadera, o tal vez, ¿Había sido a base de latigazos?, probablemente era la combinación de golpes que había recibido en su carrera como mago de Fairy Tail; la piel quebrada sobre la cadera de su lado derecho, ese punto sobre la curva que sus muslos pero justo en el coxis.

En alguna ocasión, Wendy sugirió quitarle aquella marca en varias ocasiones, pero Lucy siempre se negaba, alegando que prefería que sanara bien antes de preocuparse por su estética.

Le acomplejaba en un inicio, la piel quebrada y dura como si fueran pequeñas arañas que se aferraban a su piel y le causaban una cicatriz, que ella sabía que estaba ahí, Wendy sabía que estaba ahí, pero el mundo no sabía qué existía, pues al ser tan minúsculo, era casi imposible verlo en las fotografías que le tomaban.

Pero Lucy se preguntaba si Natsu lo había notado, se preguntaba si Natsu sabía que tipo de herida descansaba detrás de la piel sensible.

Lucy deseaba correr en ese momento y pedirle a Wendy que le quitara aquella herida de la piel, el dolor de cabeza, y el dolor intenso que acechaba su corazón.

En aquel momento se volvió a sentir como Lucy de hacía un par de años, recién abandonada por todos, sin Fairy Tail, con el corazón roto y sin Aquario.

Lucy deseaba que Natsu no estuviera ahí en el suelo, roncando tan fuerte, para poder llorar y llenar su dolor con satisfacción, para llamar a Loke y llorar entre sus brazos.

Era de madrugada cuando decidió dejar la cama de lado, fue su látigo quien hizo el trabajo de moverlo, pues tener la cabeza de lado y el cuerpo doblado era probablemente la razón por qué Natsu roncaba en ese momento más de lo usual.

Entre la media oscuridad de la habitación, le sujetó las manos, aprovechando el brillo de Fleuve d'etoiles para poder ver el contorno de los brazos, se aseguró de no hacerle daño.

Con la facilidad que le agregaba el látigo movió a Natsu lo suficiente para que estuviera recargado sobre la pared contraria a la entrada, bajo la ventana que dejaba entrar un poco de luz.

No habría modo de que volviera a dormir y observando el reloj de pared que marcaba las ocho de la mañana decidió tomar un baño para desayunar y tal vez, si alguna de las chicas se encontraba despierta, podrían visitar uno de los onsen.

Con tranquilidad y escuchando los suspiros de Natsu, acomodó la cama y las almohadas, buscó en su maleta la ropa que se pondría. Había armado la maleta tan rápido y sin mucha atención que no sabía la cantidad de días que estarían en aquellas vacaciones, por lo que al escoger una blusa sencilla y una falda se resignó a que tal vez tendría que comprar algo de ropa si la estadía se extendía.

Alargó el levantar por su cuerpo la camiseta que llevaba puesta cuando recordó que Natsu aún seguía en la habitación, suspirando y de vez en cuando roncando ligeramente. La cabeza caída de lado, con un poco de baba en el mentón, con los brazos incómodamente sujetados en la espalda por su látigo de resplandecía entre la media oscuridad.

Continuó levantando la blusa y moviendo las caderas para quitar el pantalón, dejó la ropa tirada por ahí y se adentró al baño, donde se dedicó a limpiar su cuerpo, su rostro y cualquier marca de alguna lágrima.

Cuando salió del baño tan solo diez minutos pasaron y la luz que se asomaba de entre la ventana le hacía añorar el calor de verano.

Envuelta en una toalla, se cepillo el cabello seco, decidió lavar hasta que fuera a los onsen, mientras observaba la figura de Natsu como lo había dejado, tal vez una pierna movida pero seguía igual.

Quería que se fuera.

Le molestaba saber que él estaba ahí solo para saciar su propia necesidad de culpa, pues era obvio que no le importaba el cómo se sintiera ella. De ser así, se hubiera presentado alguno de los días pasados en su departamento mientras su tristeza predominaba.

Necesitaba tiempo para crear una pelea o pensar en la justificación de una. Suspiro y buscando la fuerza en su interior, usó su pie izquierdo para mover la rodilla con la intención de despertarlo.

Sin sorprenderse que no se moviera, se inclinó sobre Natsu y le dio un par de palmadas sobre la mejilla para hacerlo despertar, después de la tercera, decidió usar más fuerza y dejarle la mejilla roja, el joven despertó por fin, apretando la mandíbula y flexionando los brazos, Lucy en el momento adivino que los instintos de supervivencia de Natsu se activaron.

—¡Pero que mierda te pasa!— gritó Natsu asustandola, por instinto dio varios pasos hacia atrás, sujetando con una mano la unión de las dos orillas de la toalla que la cubría— . ¡Aah! ¡¿Quién diablos me golpeó?!

Natsu siguió gritando, Lucy aún con el corazón acelerando busco algo para meterle a la boca para callarlo, la blusa que usó de pijama hecha una bola rápidamente había entrado a la boca de Natsu con rapidez, rozando los colmillos con los dedos. Entre gruñidos y palabras que no se entendían, él joven seguía quejándose, hasta que Lucy movió un poco más la cortina que cubría la ventana y dejó que la luz entrará aún más.

—Callate, alguien te va a escuchar— le dijo removiendo toda emoción de su voz, tratando de ser indiferente a su presencia, posiblemente fallando en el temblor que ella misma escuchó en su voz.

Pero no se podía engañar a sí misma, verlo ahí con los ojos bien abiertos y amarrado, despertaba algo en ella que no se había atrevido a compartir con el.

Una gran parte de sí, deseaba verlo de ese modo, vulnerable para ella, con sogas intercaladas alrededor de su cuerpo restringiendo todo movimiento, con una mordaza en la boca, ¿Y por qué no? Salivando alrededor de aquella mordaza.

Por supuesto, todo esto sin ropa.

—¿Mushi?— escuchó el intento de Natsu en decir su nombre, pero decidió ignorarlo.

Se acercó a la cama donde había dejado la ropa que se podría y tomando una decisión aún más aventurada, decidió colocarse la ropa ahí mismo, en lugar de esconderse en el baño.

Se sentía el calor en su pecho en cuanto dejó caer la toalla al piso y se inclinó para tomar la ropa interior, metió cada pierna con lentitud en la prenda y la subió moviendo las cadera del mismo modo, pensando en lo ridículo que se vería el movimiento pero siguiendo la ilusión de que causaba algo en Natsu. No se molestó en ver a Natsu mientras él seguía hablando entre la prenda en su boca, en lugar de escupirla y poder hablar con claridad.

Entró en la falda y dio un pequeño saltito para ayudar a la prenda a subir sobre los muslos y quedar apretada sobre el trasero. Tomó la blusa y se giró hacia Natsu, tratando de olvidar la vergüenza y la acción tan osada que acababa de realizar.

—Voy a desayunar, y cuando vuelva, no quiero que estés aquí, Natsu— observó como finas las cejas rosadas se juntaban, sabía que aquella acción representaban su molestia y que si no tuviera la boca llena de su prenda, se quejaria negándose a ir.

Pero debía mantenerse firme ante su decisión. Si quería negarse y mostrar indiferencia no podría mostrar debilidad en ningún momento, a pesar de que aún deseaba llorar por el dolor que seguía anidado en su corazón.

Se colocó la blusa que dejaba ver una parte de su vientre entre la falda y la blusa, se colocó los zapatos y tomó sus llaves y se dirigió a la puerta.

—Hablo con verdad Natsu, no te quiero aquí, quiero pasar tiempo con mis amigas— salió de la habitación sin dignarse a verlo, entregando sólo indiferencia, sintió su labio temblar cuando cerró la puerta detrás de sí y caminó con decisión hasta el restaurante del hotel.

La noche anterior todo el lugar había pasado como un movimiento rápido sin fijarse en nada, no no sabía muy bien en qué parte del pueblo estaba ese hotel ni la distribución del mismo pues el dolor de cabeza y los nervios de ver a Natsu después de tanto tiempo, le impidieron notar los detalles del lugar.

En su camino observó los cuadros que adornaban las paredes y los decoración que le gustaba que podría tomar de inspiración para su propio departamento.

Tuvo que pedir ayuda a un empleado que se encontró por ahí para poder dar con el restaurante y grande fue su sorpresa al encontrarse a Erza ya sentada, con varios platillos a su alrededor, pero con su rostro sobre la mesa y los brazos cayendo sobre los lados.

—Buenos días, Erza— le saludó al sentarse frente a ella.

—Ah… Lucy— tan solo dijo medio levantando la cabeza y suspirando con fuerza. La joven cerró los ojos y con mucho esfuerzo se sentó con la espalda recta en su silla.

—¿Cómo te sientes?— le pregunto tomando uno de los platillos con fruta, sabiendo que en el estado en el que estaba Erza no comería mucho, la había visto en otras ocasiones en ese estado, buscando llenar los vacíos que tenía con cosas materiales, dígase comida como en este caso, como alcohol como la noche anterior y muy probablemente en los próximos días varias compras de ropa por montones.

—Aun estoy ebria— Lucy podía oler el alcohol en el cabello pelirrojo.

—Ya veo que se divirtieron anoche— Erza alzó los hombros como tratando de no contestar ante el comentario; Lucy se sentía ligeramente incómoda ante la falta de respuesta — ¿Te gustaría ir al onsen después de desayunar? Te ayudaría a sentirte mejor.

—Suena bien— dijo la joven.

Volvió a sentirse el aire ligeramente incómodo mientras ambas probaban bocados de su respectivo plato. Observó a su alrededor y no se encontraba mucha gente, se escuchaba el ruido de varias mesas ocupadas por parejas y los gritos de la cocina.

Era la primera vez que decidían hospedarse en ese hotel, no sabía quién lo había escogido, ni sabía detalle alguno de aquella vacaciones, pero en ese momento su mente le pedía un descanso. Suspiro cansada y decidió tan solo seguir la corriente de lo que fuera que sus amigas decidieran hacer de actividades.

—No tengo tanta hambre, ¿Vamos ya?— comentó Erza poniéndose de pie. Lucy se imaginó que ya estaba la cuenta pagada, pues la joven comentó a caminar hacia la salida, Lucy rápida detrás de ella. Dejaron varios platillos sin tocar y Lucy solo había consumido la fruta, su estómago se removió culpable de dejar aquella comida.

—¿Quieres ir al onsen del hotel o uno fuera?— preguntó Erza deteniéndose en el lobby.

—Donde quieras— respondió juntando las manos, dejándole el control de las decisiones a ella.

—Vayamos al de aquí, no tengo muchos ánimos de ir fuera.

Después de entrar al área de las aguas termales, Lucy entendió por qué se decidieron por aquel hotel. Era como entrar a un edificio completamente diferente al del resto del hotel, todo un poco más tradicional, puertas de madera, telas cubriendo, piso de madera que se encontraba caliente bajo sus pies. No se veía mucha gente en la entrada y el recibimiento fue rápido, tal vez al ser tan temprano los demás huéspedes no acudían a las aguas termales.

Siguió a Erza hacia el área de mujeres, varios casilleros de metal le recibieron, dejó sus zapatos y sus llaves y llevó su llave única hacia la nueva habitación que le guiaba Erza.

Se sorprendió al ver que era un privado demasiado acogedor, el olor a agua les recibió y la humedad le pedía quitarse las prendas antes de que se incomodara más. En el recibidor estaban las batas y ropa extra que pudieran necesitar, canastos para dejar sus prendas, varias botellas de bebidas, articulos de limpieza y por alguna razón un cuadro con un modo robando comida de un canasto que adornaba la pared; cerraron la puerta con llave detrás de ellas y procedieron a desnudarse.

Cientas de veces había visto a Erza sin ropa y todas y cada una se impresionaba de su cuerpo.

La piel llena de heridas de batallas, las pecas sobre las caderas y los hombros, la diferencia en su piel donde se mostraba el efecto del sol, el cómo se mostraba siempre con superioridad, tan diferente a ella misma, que siempre con un poco de timidez esperaba a ser la última en quitarse la ropa.

Pero ahí solo estaban ella dos y Erza, quien podía dejar la vida en sus manos.

Como siempre, para cuando dobló y colocó toda su ropa en el canasto, Erza ya estaba sentada frente al baño, sosteniendo una regadera sobre su cabello y con la cabeza en las rodillas.

Lucy se sentó a su lado, comenzando a mojar sus brazos y piernas, para enjabonarse con más atención. Las rodillas y los tobillos, se observó en el pequeño espejo frente a ella, sintió un escalofrío y lo esquivo. Siguió enjabonando sus pechos y los hombros.

Erza seguía mojando tan solo su cabello mientras seguía encorvada.

Lucy lavó su cabello, con tranquilidad evitando pensar en Natsu.

—¿Quieres que lave tu cabello, Erza?— preguntó una vez terminó de remojar su cabello y se hacía un moño en la base del cuello, el agua escurría por su espalda bajando por todo el camino, pero ignoró la sensación al sentir la humedad del lugar por igual.

—¿Lo harías?— preguntó la pelirroja en tono resignado.

Movió su pequeño banco de madera y se sentó detrás de ella y comenzó a separar el cabello, con delicadeza, le movió la cabeza hacia atrás y le dejó recargar su espalda sobre sus rodillas.

La piel tibia le hacía sentir cosquillas y ansiedad al esperar una piel hirviendo como la de Natsu.

No, Natsu no estaba ahi.

Erza cerró los ojos cuando le comenzó a masajear la cabeza con delicadeza y lentitud el producto para lavarle el cabello. Después de todo aquel lugar era privado y solo estaban ellas dos, hacía mucho que no pasaban tiempo a solas, Lucy se permitió observar a Erza con más detenimiento.

Observó los párpados de Erza moverse aún cerrados, como suspiraba, las largas pestañas y la fina nariz, en el ángulo en el que se encontraba, le permitía ver todo su cuerpo, desde los pechos alzados, hasta el vientre, siguiendo hasta los dedos de los pies moviéndose como si la pelirroja estuviera disfrutando de una canción.

Usualmente era Mirajane quien les llegaba a lavar el cabello, al ser la más maternal y con la mayor paciencia de deshacer nudos, siempre aceptando cuando ella se ofrecía a las atenciones.

Le recordaba a los tiempos cuando vivía en la Mansión de su padre y Spetto le lavaba el cabello, mientras le contaba historias de su madre tratando de quitarle la soledad de su partida.

Le recordaba la muchas veces que le había lavado el cabello a Natsu sobre su bañera, escuchándolo quejarse en un inicio pero disfrutando el ligero masaje que le dejaba, todo aquello antes de que comenzará a tener sexo y aquellos pequeños momentos de intimidad se perdieran.

No.

No iba a pensar en Natsu.

—Lista— le dijo después de realizar un moño similar al suyo pero el de Erza sobre la corona de la cabeza y dejarla un momento para que ella se lavara.

Lucy se dirigió a la segunda sala, que se encontraba en el exterior, el vapor que salía de entre las rocas la recibió. Entró con rapidez para evitar el frío, el agua estaba a buena temperatura y ahí afuera solo se escuchaba el ruido del viento, del agua caer entre las piedras y su propia respiración.

Podía ver la copa de un árbol sobre la abertura, pero las paredes de madera le impedían ver lo que había a los lados, si eran más habitaciones privadas o públicas.

Pero por la falta de ruido sabía que no se encontraba nadie alrededor.

El viento sopló causándole un escalofrío sobre los hombros, juntó las rodillas y colocó su mano sobre la piel que cubría las costillas. Aquel pedazo de carne irritado por el constante abuso de su uñas estaba sanando al ser olvidado la mayoría de los días en que estuvo en reclusión en su departamento.

Suspiro con cansancio y dejó que sus hombros entrarán al agua.

El calor del agua y el vapor la hacían sentir tranquila, de un extraño modo recordando a Natsu.

Cuando el sudor se comenzaba a acumular sobre el cuello, debajo de su cabello húmedo, Erza abrió la puerta y salió a paso lento y hombros caídos.

El agua se junto a sus pies mientras tardaba un momento en entrar al agua, como replanteando si deseaba estar ahí o no, aquello hizo sentir a Lucy una duda de inseguridad.

—Erza, ¿Estas bien?— le preguntó resignada de verla tan decaída, algo inusual en ella, quien a pesar de los malos momentos siempre se le veía serena, como si sobre llevará la vida un paso a la vez.

Lucy se imaginaba que después de todo lo que había vivido, Erza disfrutaba la vida a plenitud.

—Soy una horrible persona, Lucy— aquello no fue lo que esperaba escuchar.

La pelirroja terminó de entrar al espacio, se sentó un poco lejos de Lucy, subió ambos codos sobre la orilla de piedra para que sus dedos rozaran el agua al mismo tiempo que sus pezones sobresalen ligeramente de la orilla del agua.

Ligeramente avergonzada buscó el rostro de Erza.

No era la primera vez que analizaba el cuerpo de Erza, lo acababa de hacer cuando se bañaban, pero siempre debía recordarse que la admiración que sentía por ella solo era eso, admiración.

Le gustaba admirar el cabello rojo que siempre parecía brillar y a pesar de en ocasiones verle lleno de tierra y sudor, jamás se veía con un solo cabello fuera de lugar.

Admiraba cómo las armaduras siempre le creaban una figura envidiable y era como si ella fuera hecha para usar armaduras en lugar de ropa común, como si lo majestual fuera heredado de Irene.

—Claro que no lo eres, Erza— le aseguro tratando de animarla. Tal vez ella no estaba en su mejor momento, pero no deseaba ver a su amiga en ese estado.

Pasaron varios minutos de silencio entre las dos, Erza mirando al cielo y Lucy observando sus rodillas escondidas en el agua. Movió dedos sobre el agua y jugueteó un poco con su propia piel sintiendo como la fatiga de los días en que solo había llorado en cama se esfumaba lentamente.

—Cuando te vi anoche… desanimada, triste… una parte de mi, se alegro— confesó Erza.

Y dentro de Lucy, su corazón, dolió.

—No se que pasó— declaró Erza ignorando a Lucy— Que fue lo que te puso en ese estado.

No quería escuchar lo que fuera a decir. No quería seguir pensando en la traición que sentía al escuchar a una de sus amigas más cercanas, decir que se alegraba por su miseria. Sintió el ardor detrás de los ojos que le amenazaba las lágrimas por salir, pero comenzó a parpadear rápido para evitarlas.

Erza volvió a respirar y giró su cuerpo completo hacia Lucy. Ahora tenía los codos sobre los muslos y las manos jugueteaban en el agua, cruzando las piernas.

Lucy le miró a los ojos, como buscando el por qué Erza, le decía aquellas cosas que le estaban haciendo daño, sentía su mandíbula temblar y el ardor en los ojos era más fuerte.

Se negaba a llorar frente a ella y demostrar lo débil que era, lo frágil que eran sus emociones en ese momento, que permitía que unas palabras le volvieran a romper el corazón.

Pero en esta ocasión, sentía coraje. Coraje hacia Erza, coraje hacia Natsu y coraje hacia sus propias emociones incontrolables.

—Te tengo tanta envidia. Tienes todo Lucy, eres famosa, tienes un hogar, no sólo un departamento, un hogar. No se que te paso, pero verte tan … destrozada, la parte egoísta en mi se alegro, pues tal vez, por fin vendrías a mi para cuidar de ti— Erza jadeo un poco y Lucy pudo escuchar lo que podía ser un sollozo, las pocas veces que había visto llorar a Erza se quedaron en su mente y definitivamente no deseaba que esa ocasión fuera una de ellas.

—Erza— susurró, mordiéndose los labios y buscando abrazar su propio cuerpo, que a pesar del calor que había en las aguas, sentía frío al escuchar a su amiga.

—Tu eres mi mejor amiga… pero yo no soy la tuya— declaró Erza, ahora siendo ella quien mantenía la mirada fija en Lucy. Lo fino de sus ojos, el brillo inusual en el ojo falso, esa mirada que en ocasiones era usada para asustar a los villanos más temibles, ahora la veía con tristeza.

—Tengo que competir con Levy y Cana. Ellas son tus mejores amigas— Erza alzó la mano y levantó dos dedos como si hiciera una lista— Hablas más con Mira que conmigo, hablas con Yukino que con migo. Y ni hablemos de Natsu, nadie puede estar antes que él… siento que perdí tu amistad lentamente.

Lucy cerró los ojos y se permitió dejar que una lágrima cayera sobre el rostro.

El coraje quedó a un lado, ahora sentía vergüenza por sí misma al darse cuenta lo mucho que había hecho a un lado a Erza, aquella persona que decidió trabajar en el mismo equipo a pesar de ser el miembro más débil, una de las primeras personas que habían tomado su amistad cuando en un inicio era una desconocida. Erza, quien le contaba toda su vida con confianza, la mujer que siempre solía invitar a su departamento aunque solo fuera a tomar vino, a platicar, hablar de los problemas amorosos de Erza y burlarse de Gray y Natsu.

Empezaba a darse cuenta de lo mucho que dejó de hacer con Erza.

—Por eso te envidio — Lucy trató de limpiar su rostro con el agua caliente, pero las lágrimas seguían bajando lentamente.

Aquello era lo último que necesitaba, verse vulnerable frente a Erza.

—Erza, yo no sé qué decir— ambas esquivaban la mirada de la otra— Lo siento, Erza.

Al decir aquello las cejas rojas se alzaron y abrió los ojos.

—¿Cómo? — dijo sorprendida Erza.

— Disculpame, he sido una mala amiga— Lucy se acercó un poco más a ella buscando sus manos para poder sujetarlas entre las suyas, pues la vergüenza de abrazarla le ganaría a pesar de lo abierta que era Erza. Busco en su mente las palabras correctas para solucionar aquel malentendido— No fue mi intención alejarme de ti. Eres mi amiga, te quiero demasiado pero… no se que paso.

Erza comenzó a mirarla con emoción, con más suavidad en los ojos y fue ella quien soltó sus manos y busco los hombros de Lucy para sujetar.

—Acabo de decirte que te tengo envidia y tú te disculpas, Lucy— Erza hizo una mueca con la boca, como si también quisiera llorar.

—Fui una mala amiga Erza— volvió a declarar Lucy— Hemos pasado tantas cosas juntas que no fue correcto alejarme de ese modo.

—Lucy, yo entiendo, hemos pasado tanto que yo también me aleje de ti— le soltó los hombros y llevó sus manos hasta las rodillas haciendo el agua mover a su alrededor— La guerra no fue suave con nadie, todos perdimos mucho.

—No quiero alejarme mas de ti, Erza— Lucy se acerco un poco más a Erza, dejando de lado el coraje y la tristeza— Quiero que seamos mejores amigas, te necesito.

—Eres imposible de no quererte Lucy— Erza suspiro con cansancio y dejó de ver a Lucy.

Giró un poco su cuerpo, soltando los hombros y con el cansancio, se rasco la cabeza haciendo que unos cuantos cabellos se soltaran del moño que le había hecho Lucy.

Se quedaron en silencio una vez, un poco incómodo, solo un poco.

Lucy decidió copiar la acción de Erza y girar su cuerpo para poder recargar la espalda sobre la piedra caliente. Desde hacía rato se había acostumbrado al calor del agua y hasta cierto punto pensaba que podía disfrutarla más caliente.

Tal vez su termómetro interno estaba fallando a causa de Natsu, él sentir su calor corporal tan constante le había acostumbrado al cambio.

Dejó que su cabeza se acomodada sobre la orilla de de la piscina

—¿Hay algo que te gustaría contarme?— preguntó Lucy mirando hacia el pequeño techo de aquel lugar, podía ver la humedad del lugar y la acumulacion de gotas sobre la orilla gracias al vapor del lugar.

—Hay demasiado que contar— suspiro Erza repitiendo la misma acción que Lucy— Pero no te quiero molestar con ello, además, parece que tu eres quien más necesita hablar.

En realidad Lucy no deseaba hablar con Erza sobre Natsu. Lo comento con Levi porque obviamente Levi iba a enterarse de algún modo, cuando la joven le cuestionó estando aún embarazada, le había chantajeado para que le contara sobre su amorío con Natsu. Lucy no podía negarle nada.

Y Cana se había enterado en una noche después de una fiesta en el gremio donde se auto invitó a pasar la noche en su departamento y en su necedad de borracho, contó el secreto que guardaba.

Desde aquel entonces había mantenido a ambas ligeramente actualizadas de la situación, excepto en lo último acontecido, a pesar de la corta insistencia de Cana en saber qué había pasado mientras viajaban a Hakobe.

—Mejor yo despues, dime que pasa Erza.

Erza suspiro con mucha fuerza, alzando el pecho y frunciendo el ceño, abría y cerraba la boca, como buscando las palabras para decir lo que le molestaba en ese momento.

—Es … es complicado. Jellal…— Lucy entendió entonces lo que sucedía. En los últimos tiempos, lo único que orillaba a Erza en los extremos en sus actitudes, era Jellal.

En varias ocasiones la había escuchado quejarse de Jellal, sobre su falta de comunicación, de su rechazo a quedarse más allá de un par de días en Magnolia cuando visitaba, la insistencia en que nadie se enterara cuando visitaba a Erza, la poca correspondencia y más que nada la carencia de una promesa hacia Erza.

—¿Ahora que hizo?— preguntó fingiendo molestia tratando de aliviar la pesadez del momento.

—Nada— Lucy junto agua sobre sus manos y la uso para dejarla caer sobre sus hombros evitando el frío de la briza.

—¿Entonces?

—No ha hecho nada, por que no se nada de él— Erza se comenzó a hundir lentamente en la piscina.

—Pero, ¿No lo viste en el festival?, ayudó a Yukino y a mi.

—Se fue antes de que me pudiera alcanzar— Lucy entendía ahora la frustración de Erza — No se donde esta, no he podido hablar con él, ¡Ni se nada de él desde hace meses! Ni sabia que les ayudaria en el festival. Ni tú ni él me dijeron nada.

Una vez más Lucy sintió culpabilidad.

—Lo siento Erza, no pensé que no sabrías nada, con Anna de visita y el ir y venir a casa de Natsu yo…

Erza hizo un sonido de burla al escucharla mencionar a Natsu.

—¿Sabes Lucy?, me gustaría tener con Jellal, lo que tienes con Natsu— Erza le sonrió de un modo muy confianzudo, alzando las cejas.

—¡Yo no tengo nada con Natsu!— Lucy casi gritó sentándose con la espalda recta sobre la piedra del suelo, juntó las manos sobre el pecho tratando de esconder el sonrojo de vergüenza que se le formaba en la piel.

—Tienes lo que sea que tienes con Natsu— declara Erza— Tienes a Natsu a tu lado.

—Yo no tengo a Natsu— declara Lucy interrumpiendo su pequeño monólogo pero con voz baja y muy sutil, tratando de ocultar los nervios de su voz.

—Claro que lo tienes— Erza volvió a suspirar y movió su cabeza para observar el cielo de aquella mañana con más facilidad — ¿Crees que no me di cuenta?, ¿Crees que no vi como comenzaron a mirarse?, ¿Cómo cambiaron al estar uno en presencia del otro?

—No, Erza, no es lo que crees.

—Lucy, no soy estúpida— le dijo de un modo un poco brusco haciéndola saltar en su lugar —Tienes a Natsu comiendo de tu mano y tú lo niegas, frente a mi , ¿Acaso olvidas que yo crecí con él? Lo he visto crecer y se cuando algo lo hace cambiar.

—Natsu no ha cambiado.

—Claro que ha cambiado, tal vez tu no lo veas, pero es tan diferente contigo que con nadie más— Erza alzó una mano para quitarse un cabello que había caído sobre su frente —Siempre está contigo, si alguien más se acerca, él aparece, es como si nunca pudiera dejarte sola — Erza dio su punto de vista pero al mismo tiempo alzó las cejas sugestivamente — Además he visto como te toca.

— ¡El no me toca!— se justificó rápidamente pero Erza comenzó a reír a carcajadas.

— Entonces, ese moretón que tienes, ¿Quien lo hizo?— con el dedo índice Erza le pinchó sobre la marca de la mordida que Natsu le había hecho la última vez que estuvieron juntos, que a pesar de que Virgo colocara pomada, la marca aún seguía.

La vergüenza la inundó y se negó a decir palabra, pues no habría nada que detuviera a Erza de saber todo. Pero Lucy no podía traicionar el acuerdo que tenía con Natsu aunque era muy probable que ese contrato ya no continuará.

Aunque ya le había contado un poco a Cana. Y a Levi. no podía seguir contando las intimidades con todos.

—Entiendo que no me quieras contar. Eres buena persona, pero si sigues negando lo que tienes de frente, en algún momento va a pasar algo que te lo quite — Lucy suspiro soltando la presión de no contarle a Erza.

No le daban más vueltas a los temas que ambas deseaban evitar, por lo que después de estar un buen rato metidas en las aguas termales, Erza decidió retirarse a tratar de dormir lo que por la noche no había logrado. Lucy la dejó irse primero y quedarse tan solo un poco más, disfrutando del calor del agua, extrañando el calor de Natsu y su presencia.

Mientras caminaba por los pasillos que la llevarían a su habitación, pudo ver a Mirajane caminar a su dirección. La joven alzó la mano y le saludó con una gran sonrisa.

—Cana consiguió entradas a una fiesta, ¿Quieres ir?— le dijo al estar cerca, sin importarle mucho saludar.

—Claro que sí— dijo rápidamente sorprendida de la falta de un saludo de Mira y la prisa con la que hablaba.

— Bien, nos vemos en su habitación cerca de las 8 de la noche— y con ello se despidió de Lucy siguiendo su camino, como buscando algo entre los pasillos adyacentes.

Entró a su habitación escasa de la presencia de Natsu.

Dejó sus llaves sobre el buró y se quitó los zapatos, deseaba aprovechar la falta de Natsu para dormir; pues el baño y el calor del agua, le había terminado de adormecer. Estiró los brazos hacia el cielo y escuchó su espalda tronar. A pesar de que aún tenía el cabello húmedo, no deseaba perder más tiempo y prefería dormir.

Si Natsu estuviera ahí, le sacaría el cabello con rapidez.

Para cuando despertó, con la vista medio nublada, el cabello aún húmedo y la ropa mal puesta, el reloj de la pared marcaba las 6 de la tarde, el sol estaba casi oculto y la habitación a oscuras.

No sabía bien a qué hora había vuelto de las aguas termales, tampoco sabía cuando había dormido, pero había sentido esa extraña comodidad de dormir en cama ajena.

No podía negar que el frío la sacudió al despertar y la soledad le hacía sentir más melancólica.

Cuando hubo terminado de vestirse y arreglar su cabello completamente, se debatió entre sí llevar sus llaves o dejarlas. Estaba tan acostumbrada a llevarlas a todos lados que el hecho de pensar en alejarse de ellas en ese momento no le parecía una idea que le agradará.

Tan solo saldrían de fiesta, nada fuera de lo común.

Tal vez era la soledad y el vacío que se hizo como en casa en su corazón que no deseaba estar alejado de aquellos que velaron sus lágrimas.

Tomó el cartucho y lo puso sobre el muslo después de colocar dentro la llave de su habitación, muy cerca de la entrepierna, con cuidado acomodo el broche hacia un lado donde no le hiciera daño durante la noche y terminó por bajar la orilla del vestido para cubrirlo.

Se observó detalladamente en el espejo, cabello bien peinado, vestido limpio, pestañas con rimel y labial en los labios. Pará combatir el frío y no arruinar la imagen del vestido, le pidió a Virgo una blusa de mangas largas, de tela transparente que no hacía más que cubrir los hombros y terminar en la orilla del vestido. Del mismo modo, no deseaba que las demás no vieran la cicatriz que aún se mantenía en el hombro. No cargaba perfumes a la maleta pues no había considerado que fuera a necesitar, después de todo, hacía tiempo que había dejado de usar, pues a Natsu le molestaban los olores tan potentes, prefería aquellos que fueran hechos con productos naturales y no químicos.

Se pellizcó la mano al pensar nuevamente en Natsu.

No, esa noche no pensaría en Natsu. Estaba fuera de su vocabulario ese nombre. No existía esa persona.

Cerró la puerta detrás de sí y se encaminó a buscar la habitación de Cana.

Al acercarse, supo rápidamente cuál habitación era la suya pues podía escuchar bastante ruido de dentro. Tocó un par de veces la puerta y no recibió respuesta, pues él ruido seguía y las voces eran más fuertes que su tocar.

Volvió a insistir con más fuerza y la puerta se abrió solo unos cuantos centímetros. Pudo ver la cara de Cana y en el fondo a Erza riendo sentada en la cama.

—Contraseña— le dijo con voz mecánica. Erza volvió a reír.

—No se cual es la contraseña— suspiro Lucy y se dio cuenta de que sus amigas ya habían comenzado a beber, más allá del ligero sopló de alcohol que le daba el aliento de Cana, podía ver a Erza tomar una botella y tomar directamente de ella.

—Contraseña incorrecta —volvió a hablar Cana en voz mecánica.

—Dejame entrar—Lucy trató de empujar la puerta para entrar pero Cana la comenzó a empujar del mismo modo.

Fue hasta que Cana perdió el equilibrio que se resbaló que Lucy pudo entrar.

—Ganó Lucy— festejo Erza desde la cama donde la visualizaba.

Casi todas estaban ahí. Mira y Juvia, Levi quién suponía había llegado ese día junto con Lissana. Sherria y Wendy se encontraban ahí también pero ellas vestidas con pijama.

—¡Vámonos!— gritó Cana sentada desde el suelo a un lado de la puerta que cerró Lucy tras de sí —Llegó Lucy, es hora de irnos.

Después de asegurarse de que Wendy y Sherria se irían a dormir directamente, y de que Lucy tomará par tragos de Fireball, la bebida preferida de Natsu, para estar a la par de las demás chicas, se unieron a las calles donde la demás personas que vacacionaba también comenzaba a llenar en busca de fiesta por la noche.

Lucy se vio en la necesidad de tomar de la mano a Erza mientras seguían a Cana, pues la pelirroja se distraía por cualquier anuncio que pasaban y Cana se quejaba cada vez que se separaban.

—Vamos, vamos— les acarreaba mientras les contaba cómo conoció al dueño de la fiesta mientras compraba alcohol —Y le dije, yo llevo a mis amigas.

—¿Entonces no conoces al que te invitó?— le preguntó Mirajane.

Lucy la observó por un momento y se dejó deslumbrar del bonito vestido color morado que llevaba puesto la modelo. Sintió un ligero deje de envidia al verla, como cualquier cosa que usará le quedaba a la perfección.

—Claro que no, pero esas son las mejores fiestas, donde no conoces a nadie— alegó con alegría Cana, dando la vuelta en una esquina entra varias casa, que Lucy suponía era de las personas que vivían en la pueblo, pues se habían estado un poco de la zona turística y el ruido de los lugares y personas había disminuido.

—Ya llegamos— celebró Cana.

Llegaron a una gran bodega, donde aún afuera podían escuchar la música retumbar en el lugar.

—Recuerden si alguien se pierde, nos vemos en este árbol— dio la indicación Mira siendo la más cuerda en ese momento.

—Si, capitán— se mofó Erza haciendo un saludo con la mano libre, pues Lucy se negaba a soltarla.

Cuando se acercaron con el cadenero, Cana se encargó de hablar con el joven, que Lucy supuso era joven, pues era alto, calvo y llevaba una mala cara de pocos amigos que Lucy supuse venía con el trabajo. Cuando entraron, no encontraban espacio donde caminar pues cientos de cuerpos se movían sin preocupaciones, Cana fue la indicada a ir por bebidas mientras las demás buscaban una mesa o un lugar donde estar.

—Vamos a bailar, Lucy— le dijo Erza jalando de la mano mientras se acercaba más hacia donde la gente bailaba.

—Espera— Lucy tuvo que gritar para que su voz se escuchará sobre el ruido —Espera a que venga Cana.

Como si la llamara, Cana llegó con una chica, vestida completamente de negro con botas muy altas y cabello de color verde, ella llevaba una charola con varios shots de alcohol. Todas tomaron uno y notaron que había varias rondas más esperándolas.

—Por una buena noche— brindaron todas.

Después de aquello, la mente de Lucy viajaba por el lugar, tomaron más y se habían reído aún más.

Varias habían decidido bailar entre la gente, había vuelto a tomar y Lucy se sentía libre.

Su mente estaba libre de preocupaciones,olvidó todas las inquietudes que le acechaban y se preocupaba por bailar, sin importar lo ridícula que se pudiese ver, ¿Quién la juzgaba? Nadie, por qué no conocía a nadie ahí.

En varias ocasiones, sin proponérselo se había alejado de las demás mientras bailaba, pero volvía a ellas buscando el llamativo cabello de sus amigas.

Cantó con gusto varias canciones con Juvia y volvió a tomar una bebida compitiendo con Levi, quien festejaba el poder volver a tomar alcohol, pues el solo hecho de parir dos hijos le había dejado sin ganas de querer tomar o estar de fiesta.

La noche siguió para Lucy en un borrón, gente bailando a sus alrededores, música que no conocía tan fuerte que tenía que gritar, bastante alcohol en las venas. En varias ocasiones varios hombres se le habían acercado, buscando bailar con ella o tocarle la cintura.

Ella se alejaba discretamente ignorándolos, pues ninguno tenía las manos hirviendo que más le gustaban.

En ocasiones, repetidas se podría decir, Lucy llegaba a pensar si su admiración por Erza era sólo eso, admiración o si una pequeña parte de ella estaba enamorada de ella. Bueno enamorada era algo fuerte, pues no podía comparar lo que sentía por Natsu, por lo que sentía por Erza.

Pues a Natsu a pesar de los dolores y lágrimas que le causaba, no veía un futuro donde él no estuviera a su lado, de un modo sentimental o de amistad.

Con Erza sentía un fuego al verla, admiraba lo inteligente y valiente. En muchas ocasiones se encontró a sí misma observándola de un modo en que sabía muchos hombres la miraban.

Las ocasiones en las que había besado a Cana, tan solo para reforzar su amistad, entre bromas, estando ambas obviamente muy ebrias, no había sentido nada emocional ni físico. Siempre se hallaba preguntándose qué sería besar a Erza.

La música cambió y ella siguió bailando, alzando la orilla de su vestido un poco más sobre los muslos.

Tan solo era, llámese un capricho. Tal era tanta su admiración por ella que deseaba limpiar su piel con la lengua.

A Natsu no le gusta compartir. Extrañaba besar a Natsu.

Natsu besaba tan bien. Sabía cómo le gustaba que le mordiera los labios y cómo le gustaba sentir su lengua sobre el suelo de la boca. Le encantaba cuando Natsu le besaba con demasiada saliva en la boca, que cuando se alejaban un poco aún seguían conectados por los líquidos.

Del mismo modo en que disfrutaba los montones de saliva saliendo de su propia boca para envolver su pene.

Tal vez era el alcohol que tenía en la sangre, pero en ese momento deseaba tener ahí a Natsu, para restregarse sobre él y después para follárselo del modo más sucio que jamás había hecho.

Cana se encontraba camino a ellas con otra bebida. Ella le había contado sobre cómo se hallaba con suerte al haber conseguido un descuento con el camarero del bar, prometiéndole que alguna de sus amigas le enseñaría los pechos al final de la noche. Lucy río a carcajadas al escuchar la historia mientras Erza le regañaba, argumentando que no prometiera lo que no iba a cumplir.

Probablemente pasaba de la media noche. Perdió de vista a Juvia y a Lissana. Levi y Mirajane seguían en la fila del baño.

Todas estaba bien.

Probablemente era la falta de comida en los últimos días y el estado letárgico al que se estaba actualmente auto impuesto, que sentía el alcohol de aquella nueva bebida, subir a su cabeza con más rapidez que los otros que entraron a su sistema.

¿Cuántos llevaba? ¿Tres o cinco?

Nunca había sido buena para tomar y jamás pensaría llevarle el ritmo a Cana, quien vio tomar media botella antes de salir de su habitación y parecía tan fresca como si hubiese tomado tan solo agua.

Erza seguía bailando llamando la atención con su cabello moviéndose a todos lados. Se veía majestuosa.

—Lucy, Lucy— le llamó Cana tocándole el hombro y acercándose a su oído para que la escuchará entre la música — Venga, coqueteale a alguien para que nos dejes subir al segundo piso.

—No— rió volviendo a tomar su bebida — Hazlo tú.

—Hazlo anda, tú le gustas a todos— volvió a decirle Cana.

—¿Qué pasa?— preguntó Erza casi gritando tratando de incluirse en la conversación. Acercó su rostro al de ella y Lucy pudo observar las largas pestañas cubiertas de rimel.

—Que le hable con el cadenero para que nos dejen subir al segundo piso, no quiere, yo le digo que lo haga, ella le gusta a todos— Lucy se mareo un poco con la explicación de Cana. Erza comenzó a asentir con la cabeza, una vez más, haciendo volar el cabello a su alrededor.

—Le gustas a todos— confirmó Erza aún bailando.

—No le gustó a todos— se defendió y busco con la mirada a Levi.

—¡Claro que sí!— volvió a decir a Cana.

—En especial a Natsu— declara Erza y tomó un poco de la bebida de Lucy, sujetando su mano con fuerza para guiar el vaso a sus labios.

Lucy frunció el ceño fingiendo indignación por el robo de Erza.

—No le gusto a Natsu— declaró y ambas jóvenes comenzaron a reír a carcajadas en su cara, con falsa exageración. Erza se secó las falsas lágrimas y Cana siguió riendo mientras negaba con la cabeza.

—¡Podrías pedirle que te limpie los pies con la lengua y estoy segura que lo haría!— declaró Erza sujetándose el vientre mientras hacía a un lado el cabello que se le pagaba a la frente.

—¡Claro que no!— volvió a decir escandalizada. Trató de tomar su bebida pero se encontró con que Erza se lo había terminado en aquel robo.

—Claro que sí, puedo apostarlo— Erza alzó una mano para cerrar el trato que ofrecía a nadie en particular pero que Cana tomó la mano asintiendo con la cabeza repetidamente.

—Si, si, seguro que es algo que haría Natsu— afirmó Cana.

Lucy no estaba tan segura, pues nunca había pensado en usar los pies para algo sexual.

—Olvidenlo— les dijo y se alejó rumbo a la barra, dejando a sus amigas riendo a carcajadas.

Se metió en la fila y le pidió al camarero que le diera su bebida favorita. Mientras el joven preparaba el vaso con bastante alcohol, Lucy recargó los codos sobre la barra observando a los alrededores.

A su lado había personas hablando, no podía distinguirles bien, entre ropa oscura y luces que se movían, se le dificultaba el saber nada. Podía ver a lo lejos que a Cana y a Erza se le unían Juvia y Lissana.

Suspiro con fuerza.

Aceptaba, que había pasado toda la tarde evitando a Lissana.

Tenía la misma mirada que Mirajane cuando deseaba investigar algo y saber la habladurías del momento. No deseaba hablarle, ya que si hablaba con ella, recordaría a Natsu y no deseaba perder sus pensamientos en él.

"Si no te gusta …"

No debía seguir por ese camino de pensamientos. Lissana era su amiga y ella podía estar con quien quisiera, eso incluía a Natsu. Sintió náuseas por un segundo, borró el pensamiento de su cabeza antes de que se expandiera y busco al camarero ansiosa de recibir su bebida.

—¿Qué tomas?— la repentina llegada de un hombre a su lado la hizo saltar ligeramente. Su pecho chocaba con su brazo izquierdo, era alto y tenía una voz muy gruesa y profunda.

Lucy no se dignó a verlo.

Igual que con los otros que se le acercaron mientras bailaba, ignoró las atenciones, pero aquel no se movía y seguía esperando una respuesta.

—¿No hablas?— le volvió a preguntar aquel tipo y en esa ocasión se acercó un poco más a su oído, sintió un fría mano tocarla por la cadera.

Lucy con rapidez se giró un poco y colocó su mano sobre el pecho de aquel tipo alejándose.

—No, gracias— dijo tratando de alejarlo más.

—Venga, te invito un trago— sintió su mano bajó un poco más, hacia su muslo.

Lucy recordó sus llaves sobre el muslo. Terminó de darse la vuelta y alejarse, observando rápidamente su rostro, notando los ojos de color verde.

Sentía que los había visto antes.

Olvido la bebida que pedio y busco a las demás. Encontrándose caminando hacia un espacio vacío cerca de una pared. Se acercó y alcanzó a escuchar cómo Cana les hablaba de otra fiesta a la que había sido invitada, tratando de convencer a todas de irse de ahí.

—¡Vamos!— gritó entusiasmada Erza y Lucy decidió seguir gritando lo mismo.

La noche siguió entre caminatas por callejones cantando y bailando sus propias canciones, riendo y disfrutando del momento con todas.

Posiblemente amaneceria pronto cuando decidieron que era momento de volver al hotel, pues entre la euforia del momento y el alcohol, varias no podían sostenerse.

Lucy aún tenía en los labios el sabor a la última bebida que había tomado de un solo trago, la canela le ardía en la garganta y agradeció que había practicado en muchas ocasiones con Cana, el no vomitar lo tomado. Los zapatos estaban en su mano desde que antes de llegar al hotel había decidido comprar algo de comer, no estaba muy segura que había sido lo que comió, pues lo había compartido a mordidas con Juvia y solo deseaba volver a su habitación para dormir.

Cana y Levi tenían su habitación en el mismo pasillo, por lo que Lucy fue la primera en abandonar el pequeño grupo que acababa de despedirse de una Mirajane que llevaba a Erza en su hombro.

Ambas se burlaron de Lucy mientras tardaba en abrir la habitación para poder entrar. En su defensa, tenía la vista nublado del cansancio y las piernas estaban por fallarle. Era muy probable que el día siguiente necesitará que alguien le recordara que había sucedido durante la noche.

—Abre la puta puerta, Lucy, que no es tan difícil— se quejó Cana recargada sobre la pared mientras tenía la cabeza recargada en el hombro de Levi quien ya se encontraba medio dormida.

—Eso intento— se quejó Lucy. Cuando logró abrir la puerta gritó festejando, despertó a Levi quien decidió irse de ahí en busca de su propia habitación, pues entre murmullos se quejaba sobre el ruido que hacían.

Al entrar, dejó que sus zapatos cayeran a un lado de la puerta y tambaleándose un poco cerró la puerta, con llave.

—¿Lucy?— se giró rápidamente lista para sacar una llave para defenderse del perpetrador de su habitación.

—¿Qué haces?— preguntó al ver como Natsu encendió la lámpara alumbrando su rostro medio dormido.

—Te estaba esperando— Natsu se talló uno de los ojos mientras bostezaba.

Lucy sonrió sintiendo su ego subir al escuchar sus palabras. Dejó que su espalda se recargara sobre la puerta, encajando en su cadera la cerradura, no le importo mucho pues su atención estaba enfocada en el hombre frente a ella que se había puesto de pie, después de hacer a un lado las cobijas de la cama.

—Te dije que te fueras— Lucy sabía, a pesar de la gran ingestión alcohólica, que debía de seguir con su indiferencia ante Natsu. Podría no estar completamente con todos sus sentidos afinados, pero estaba segura que en ese momento, Natsu se veía como el hombre más hermoso del mundo.

—Aún no hemos hablado— Lucy ignoro aquello, movió su cuerpo sobre su propio eje mientras se mordía los labios sin dejar de observar detalladamente a Natsu. Sin chaleco, sin sandalias, con el cabello revuelto por culpa de la almohada, los pantalones sobre la cadera y la bufanda a un lado de la almohada.

Lucy estaba satisfecha por el hecho de que Natsu seguía buscándola.

Se acercó un par de pasos alejándose de la puerta que le servía como centro para evitar que se cayera.

—Vamos a pretender, Natsu— le dijo mientras daba varios pasos más ignorando las manos que se habían alzado trataban de detenerla.

—Basta Lucy, estás ebria — Lucy rió un poco pues era evidente lo que deseaba y sabía lo mucho que le desagradaba a Natsu lidiar con ella mientras se encontraba ebria.

—Vamos a pretender que no nos conocemos, que es la primera vez… que nos vemos— Lucy se acercó un poco más y se vio en la necesidad de inclinar la cabeza para poder seguir viendo a Natsu a los ojos. Dio un paso más y sintió la punta de sus pechos rozar el pecho desnudo de él.

Parpadeo varias veces tratando de evitar que la imagen de Natsu siguiera moviéndose.

—Nos conocimos en un bar… en una fiesta— descuidadamente con una mano busco el broche que sujetaba sus llaves sobre el muslo, gracias a la acción su vestido se levantó aún más; la mirada de Natsu bajo para ver la acción y Lucy sonrió al verlo tragar saliva, dejo el cartucho sobre el mueble que sostenía una lámpara, la única luz presente en el momento— Y simplemente quisimos coger, ¿Te parece?

—Lucy— le llamó volviendo a verla a los ojos, está vez Lucy se encontraba inclinada un poco para buscar por la orilla del vestido y tocar los hilos de la ropa interior.

Los ojos de Natsu bajaron otra vez, para verla deslizar la tanga sobre los muslos y uso uno de sus pies para dejarla caer por ahí.

—No, no, no— murmuró colocando un dedo sobre sus labios secos— Nos acabamos de conocer, yo no te dije mi nombre.

Sabía que estaba arrastrando las palabras, pronunciando las palabras con un silbido y con mucha fuerza.

—Pero yo sí te conozco— quitó la blusa que le cubría los hombros y buscó el tirante del brazo izquierdo y comenzó a bajarlo, dejando descubierta la orilla de sus pechos —Eres el gran Salamander, el gran mago de Fairy Tail.

Soltó su brazo del tirante y busco el otro. Los ojos de Natsu seguían sus manos mientras se humedecia los labios, Lucy deseo morderlos con fuerza.

—Qué suerte la mía. Voy a tener una experiencia con un mago— Lucy parpadeo varias veces observando el rostro de Natsu.

Las finas cejas que envidiaba estaban muy pegadas. Tenía una mueca en la boca y sus puntiagudos ojos se juntaban parpadeando de forma nerviosa.

Siempre era lo mismo. Cada vez que ella tomaba, Natsu hacía ese gesto en el rostro, como si no la soportará en ese estado. Usualmente se sentiría culpable, rechazada tal vez, pero en ese momento se encontraba tan ebria que no le importaba. No lloraría solo porque Natsu no la quería.

Habían hecho un trato para satisfacer sus perversiones y lo iba a cumplir.

Tomó la orilla del vestido y comenzó a bajarlo, primero se descubrieron los pechos, después la cintura y se ayudó de los muslos para terminar de quitárselo, se vio en la necesidad de sujetarse del hombro de Natsu para evitar no caerse pues su equilibrio se encontraba comprometido desde hacía rato que por sus ojos aquello que no focalizaban y pareciese que se movía con insistencia.

Podía sentir los ojos de Natsu inspeccionando su cuerpo como siempre hacía cada que la veía desnuda. Ella se preocupó en quitarle la ropa a él.

Con las palmas inspeccionó el vientre y el abdomen, sintió los pectorales y los pezones, subió las manos acariciando los hombros mientras restregaba su propio cuerpo sobre el.

Por primera vez, Natsu se dejaba guiar por sus peticiones.

Él se inclinó un poco para ayudarle a quitar la prenda, dejó caer el chaleco junto al vestido olvidado en el suelo y con rapidez, Lucy le tomó del cinturón y lo jalo aún más a ella, la piel caliente Natsu le causó escalofríos al sentirla directamente en los pezones.

Le sonrió con los ojos entreabiertos, ambos rostros más cercas, podía sentir el aliento de su respiramiento rápido sobre las mejillas.

—Pero que suertuda soy— susurró sobre su boca. Podía sentir los labios de Natsu sobre los suyos tan cerca como sentía su erección sobre el vientre —Un mago para mí sola.

Se río evitando la boca que comenzaba a buscarla.

No lo besaría, pues besarlo significaría caer en sus caprichos nuevamente y ella decidió no llorar porque Natsu no la quería.

—Lucy— le llamó con una vez tan llena de sensualidad que no pudo evitar juntar las piernas, pues sentía la humedad de su ser comenzar a fluir.

—El gran mago sabe mi nombre— Natsu se inclinó más sobre ella mientras Lucy inclinaba su columna evitando sus labios.

Comenzó a sentir la respiración húmeda sobre el cuello cuando se resignó a que no la besaría en los labios.

—El mago sabe mi nombre… es todo, no sabe que soy… soy una reportera— continuó la historia ficticia que estaba formando mientras deshacía el broche del pantalón.

Sintió las manos de Natsu por fin sujetando su cadera.

Con eso supo que al final se había resignado ante sus atenciones.

Tal vez si lo tenía comiendo de su mano.

—Tal vez solo quiero sacar información del gran mago— la lengua de Natsu comenzó a sentirse húmeda y rasposa sobre su cuello, movió su cabeza hacia un lado para facilitarle el movimiento y con ello sintió la limpieza sobre la clavícula.

Sintió como la olfateaba pero no le importó. La costumbre a aquella extraña acción de Natsu era ya normal en su libro.

—Saber sus sucios secretos— tocó la cremallera de los pantalones mientras sentía las manos subir hasta la cintura y sujetar con más fuerza. Sintió todo el aire de su cuerpo abandonarla mientras un hueco en el estómago le excitaba de emoción.

—Secretos— volvió a decir metiendo una mano entre la ropa buscando el pene erecto que tanto se frotaba sobre su vientre a través de la ropa.

Volvió a sentir que olía sobre la curva de sus pechos y jadeo un momento al sentir la lengua volver a limpiar. Era como si le estuviera limpiando el sudor.

Con la mano izquierda tomó la orilla del pantalón y los boxers para comenzar a bajarlo sobre su cadera. Le ayudó moviendo los pies, usando el movimiento para dejar su rostro entre los pechos. Lucy sintió en su mano como el pene brincaba al estar su rostro en los pechos.

Cuando los pantalones tocaron el piso, ella se soltó de su agarre por sorpresa y le empujó por los hombros obligándolo a dar varios pasos hacia atrás cayendo sobre la cama.

Lucy se apresuró a subir del mismo modo sobre él, brincando ambos sobre la cama. Su cabello danzó ante el brinco y una risa muy fuerte salió de sus labios.

—Parece que el mago quiere lo mismo que yo— cuando se sentó, sintió el pene erguido sobre su vulva que húmeda y entusiasmada estaba lista para recibirlo en cualquier momento.

Volvió a sentir las manos sobre la cadera, obligándolo a sentarse con más fuerza sobre él.

Abrió más las piernas y sus pies rozaban los muslos de Natsu. Gadeo descaradamente al sentir el pene frotar sobre los labios, movió las caderas discretamente disfrutando de la fricción que se creaba entre los dos.

En ese momento olvidó las palabras que Cana en algún momento de la noche le acaba de decir. Basta de darle acceso, basta de darle amor, basta de entregarse sin dudar cada vez que se lo pidiera.

Pero no se estaba entregando, era Lucy quien le estaba exigiendo en ese momento. Volvió a jadear con fuerza cuando sintió una mano moverse hacia el vientre buscando el clítoris con el pulgar.

Lucy tomó la mano entre las suyas y apretó con fuerza, aún que sabía que a él no le molestaba la acción.

—Lucy por favor— aquello se volvió música para sus oídos. Escucharlo rogar mientras la voz se le cortaba y de su pecho sonaba como un gruñido, le hacía emocionarse aún más.

En un segundo bajo de la cama y tambaleándose recordando todo el alcohol que ingirió busco por el suelo entre la luz de la lámpara, la tanga que había descartado antes.

Una vez más se sentó sobre él, esta vez sobre su pecho. Natsu le tomó de los muslos con los dedos muy cerca de su vagina, abriendo las nalgas en su camino. Ella se inclinó sobre él y le sujetó la mandíbula.

—Abre grande— susurró y rozó los colmillos mientras metía la prenda en su boca.

Si volvía a escucharlo rogar terminaría por ser ella quien le rogara.

El mayor problema que Lucy Heartfilia tenía en ese problema, era que Natsu hacía mucho ruido.

No le mal entiendan, ella adoraba esos ruidos que hacía Natsu en sus momentos más íntimos, los susurros con voz ronca, los gruñidos que parecía proceder de su caja torácica semejante a un dragón, los gemidos que soltaba de vez en cuanto, en especial cuando esta enmisimado fallandola.

Se sentó una vez más sobre el vientre, buscó el pene con una mano y lo frotó sobre los pliegues. Tuvo un escalofrío al sentir la cabeza del grande frotar sobre el clítoris.

Gimió con fuerza cuando por fin siguió el camino hacia su vagina.

En ese preciso momento, Lucy no sabía que era el sonido que estaba haciendo Natsu, si gemía o se quejaba, no entendía ni tenía la preocupación de resolver el misterios de cómo, a pesar de tener una pantimedia hecha una bola metida en la boca seguía haciendo ruidos que Lucy aseguraba, se escuchan hasta el pasillo del hotel.

Tenía que admitir que su ego seguía tocando el cielo al escucharlo y observar de frente, las facciones de su rostro experimentando el placer que le provocaba.

Del mismo modo que aquella forma de estar sentada sobre él, con las piernas abiertas recibiendolo, moviendo las caderas con suavidad y en ocasiones fuerza necesaria para sentir los huesos de su cadera sobre la piel suave que separaba los muslos de las nalgas.

Se encontraba extrañando tanto sentirlo dentro que en un inicio se olvidó que no se encontraban en su habitual situación donde podían gritar y hacer todos los sonidos que desean al estar aislados en la casa de Natsu.

Lucy fantaseaba de estar en una situación similar, pero con Natsu amarrado de ambas manos y pies.

Del mismo modo que ella tenía la fantasía de encontrarse inmovilizada de todo el cuerpo sin capacidad de hablar pero siendo utilizada para el satisfacer, preferentemente, de Natsu.

Pero fue ella quien decidió buscar su propio placer en ese momento.

— Cállate — le había vuelto a decir, mientras por dentro sentía el pene de Natsu brincar de gusto al ser tratado de aquella manera.

Natsu podría quejarse verbalmente, pero Lucy sabía que también lo estaba disfrutando.

Sin tener que realizar acción, siendo utilizado, observando el cuerpo de Lucy frente a él, moverse con sensualidad.

Lucy se imagina que Natsu sentía el erotismo del momento, pues cada vez que sentía sus pechos se asentaban sobre la piel expuesta de sus pectorales. Ella estaba disfrutando tanto aquello que, poca de su preocupación estaba en Natsu, él podría encontrarse con dolores sobre la mandíbula y no le importaría.

Ahí volvía a estar, ese brillo dorado entre las líneas de su ojo, como si aquel verde bosque fuera muriendo lentamente y el ese degradado dorado fuera a cubrir toda la pupila.

Lo había visto en muchas ocasiones, en las cuales Natsu se volvía más … intenso, dominante y salvaje. Como aquella ocasión que le mordió sobre el hombro y le limpiaba con la lengua la sangre que brotaba de la piel quebrada, aún sin dejar de follarla con intensidad ante cada lengüetazo.

Esa sombra dorada que se movía a través de las pupilas, Lucy sabía que Natsu estaba a punto de eyacular dentro de ella, lo sentía en el movimiento de caderas que realizaba el tratando de simular sus propios movimientos.

Lucy quería gozar de un orgasmo después de el agotador ejercicio que estaba realizando, el ardor en los muslos, y el quejido de su cadera al estar soportando su peso, el cansancio en los brazos, sujetaba entre sus manos el cabello de Natsu y usaba sus hombros para sostenerse, los músculos le pedían con insistencia que terminará ya con dicha actividad.

Pero su mente se negaba, se negaba a darle la satisfacción y el gozo de dejarlo terminar dentro de ella, prefería buscar su propia satisfacción primero y tal vez, tan solo tal vez, ayudarle.

Después de todo, eso hacían, ayudarse el uno al otro, aquel había sido la primera línea de su acuerdo.

A pesar del malentendido que Lucy había pasado, donde ella pensaba que Natsu sentía algún tipo de sentimientos románticos por ella.

Ilusamente se había ensimismado con la idea.

Si, definitivamente había sido tan solo una idea que se creó.

Gimió nuevamente al sentirlo mover la cadera mientras apretaba aún más entre los dedos los muslos.

Sintió el calor en el vientre, enroscó los dedos de los pies y el familiar sentimiento de vacío en el vientre le anunciaron que todo el movimiento estaba por dar frutos.

Las manos de Natsu se movieron hacia sus pechos, con las manos hirviendo apretó la piel, mientras sujetaba entre los dedos los pezones erectos. Disfruto del movimiento, que desató el clímax en sus adentros.

Sintió lágrimas en la orilla de los ojos, y entre su estado embriagado detuvo sus movimientos para dejarse caer sobre el cuerpo de Natsu, jadeaba con fuerza aun con las piernas sujetando con fuerza la cadera de Natsu.

Las ganas de dormir en ese momento eran más grandes que el querer ayudar a Natsu terminar del mismo modo que ella. Una parte de ella no deseaba ayudarle. Fue aquella parte menos consciente la que ganó en ese momento; usando la poca fuerza que le quedaba se alzó para dejarlo salir de su vagina para moverse y dejarse caer a su lado.

Lo escucho moverse a su lado pero no le puso atención. Tan solo observaba el techo ligeramente iluminado por la lámpara, no deseaba sobrepensar el momento ni buscar detalles ni señales donde no había.

El día de mañana lidiaria con las consecuencias de aquella decisión.


Gracias por leer.