Siete años antes

A las afueras de Shaftesbury

Apareció varios metros lejos del pueblo en llamas. Podía escuchar los gritos desesperados de quienes habían quedado encerrados en las casas, o cercados por los mortifagos.

No entendía que estaba pasando, cuando desapareció con Harry todos los mortifagos ya no estaban. Pero ahora, parecían haber reaparecido multiplicados.

La angustia que sentía la hacia torpe, el dolor que le oprimía el pecho no la dejaba avanzar y su cabeza estaba dando tantas vueltas alrededor del recuerdo del cuerpo de Ginny que no podía pensar con claridad. No podía actuar en estas condiciones. Era completamente inútil.

Pero es que había perdido tanto en tan poco tiempo. Sus mejores amigos se habían ido y jamás volverían. No importaba cuanto se pudiese arrepentir Harry por haber asesinado a Ginny, nunca podría siquiera volver a mirarlo a la cara.

Los sonidos provenientes del pueblo amortiguaban los cercanos. Escondida entre unos arbustos mal cuidados se debatía entre ir a salvar a cuantos pudiese o volver al cuartel e informar lo que estaba pasando.

Absorta en sus pensamientos, no se dio cuenta que se acercaban a ella. No capto los movimientos hasta que fue demasiado tarde y una luz roja cegadora la dejo inconsciente en medio de las hojas.


Cuando volvió en sí le dolía todo el cuerpo. No tenia ni la más mínima idea de donde estaba. Apenas podía abrir los ojos, pero por el aroma a podrido, no estaba ni cerca del pueblo o el cuartel.

Cuando por fin abrió los ojos del todo, se horrorizo al darse cuenta que estaba en medio de una gran sala, rodeada de escalofriantes figuras cubiertas de negro con máscaras ocultando sus rostros.

La habían atrapado.

Comenzó a sudar frío, temblaba fuertemente, y fue cuando se dio cuenta que no podía abrazarse a sí misma porque estaba con las manos atadas sobre su cabeza, colgando del techo. Sus pies apenas tocaban el piso y estaba segura que si se movía, realmente dejaría de pisar suelo firme.

Todo daba vueltas a su alrededor, las risas de los mortifagos le provocaban náuseas que no podría aguantar demasiado tiempo. El corazón le latía tan rápido que en cualquier momento dejaría de hacerlo definitivamente. Eso sería mucho mejor que estar a merced de un grupo de asquerosos mortifagos.

La noción de su cuerpo la llevo al límite de la desesperación, pero rápidamente pudo respirar profundo al darse cuenta que llevaba las mismas ropas con las que había salido... ¿horas? ¿días? No tenia idea.

- ¡Vamos sangre sucia! - un grito se escucho desde su derecha.

- ¡No eres tan valiente cuando estas en nuestras manos ¿no?! - otro desde la izquierda, seguido de un montón de risas.

- Si no fuera una asquerosa sangre sucia, podría haberme pedido un turno con ella – escuchó desde su espalda, mientras un hombre bajo y gordo comenzaba a rodearla lentamente. Cuando estuvo frente a ella, se sobresaltó cuando un golpe realmente fuerte le dio vuelta la cara. La calidez de la sangre corriendo por su mejilla la hizo temblar. – Estás a nuestra disposición asquerosa rata, y te haremos sufrir como no tienes idea -

El nudo en su garganta se hizo más profundo dificultándole respirar. Las lágrimas que valientemente quería aguantar, salieron a borbotones por sus ojos, empapando su rostro y lavando la sangre que no paraba de salir. Un sollozo escapó y se sintió tan malditamente vulnerable que deseo morir en ese mismo instante. Cualquier cosa antes que ser su juguete.

El golpe de un rayo de luz roja la hizo gritar como jamás había hecho. El dolor se filtro por cada recodo de su cuerpo, como si infinidad de agujas estuvieran pinchando hasta la mas ínfima de sus células. Gritó, como una cobarde, pero es que quien pudiera aguantar un crucio en silencio era realmente insensible. Era el dolor más fuerte que había sentido en toda su vida. Tanto que terminó desmayándose.


No supo cuantas horas o días habían pasado entre que estaba despierta o inconsciente.

Se deleitaron torturándola. No solo a base de maldiciones, sino que al más puro estilo muggle, cosa que la sorprendió. Utilizaron navajas para cortar su ropa y su cuerpo. Disfrutaron viendo su "sucia sangre" correr por su piel, curándola una y otra vez cuando las heridas eran demasiado profundas. No sentía nada ya al llevar tanto tiempo colgando. Probablemente terminaría perdiendo las manos si no se liberaba pronto.

El problema era como hacerlo. Estaba hora tras hora rodeada de mortifagos, hombres lobos que ansiaban devorar su carne, e incluso algunos vampiros rondaban cerca, salivando por su sangre derramada. Sin contar con la serpiente de Voldemort que estaba ahí, hora tras hora, cada vez que despertaba. Custodiándola.

Lo más humillante había sido orinarse en frente de todos. Sintió que todo su cuerpo se derretía cuando no pudo aguantar y todos estallaron en risas, gritando cuan asquerosa era. Jamás se había sentido tan degradada como lo había hecho en ese momento. Su alma se había roto en pequeños pedacitos al darse cuenta que no tenía escapatoria, y quizás así seria su vida.

Porque no la dejarían ir ni morir. La alimentaban en pequeñas cantidades para evitar que se desmayara, la curaban y, a pesar de todo, limpiaban su orina o vómito.

Solo quería que le soltaran las manos y poder hacerse bolita en el piso, y alejarse de toda la maldita guerra que ya tanto le había quitado. Quería volver a casa de sus padres y olvidarse del mundo mágico. Sentía que estaba luchando una guerra que ya no le pertenecía.

Quería renunciar.

En medio de sus tribulaciones, un silencio profundo envolvió el ambiente. Podía imaginarse porque, y si era honesta, había esperado este encuentro desde que la habían llevado ahí. Casi se había sentido insultada. Mal que mal, era Granger, la sangre sucia amiga de Potter.

Pero jamás nada la preparó para lo que sus ojos veían o lo que su corazón comenzó a sentir en ese momento. Si se había sentido derrotada antes, ahora solo quería que le lanzaran un avada.

La imagen de Lord Voldemort era imponente por si sola. Con su piel pétrea, sus ojos rojos y cada deformidad en su rostro, que alguna vez fue hermoso. Con la forma en que caminaba como si estuviera levitando. Era todo lo que podrías haber imaginado de un señor oscuro y tenebroso. Era en toda su expresión un mago malvado.

Pero el joven que iba a su lado, alguna vez había sido toda la expresión del bien, el amor y la bondad. Sus ojos verdes, como los de su madre, siempre habían entregado tanto a quienes lo rodeaban. Pero ahora estaban tan dolorosamente vacíos que le dolió el alma como si una navaja cortara desde dentro. Dios, había comenzado a llorar sin parar, sollozando como una niña por su pérdida.

- Hermione... - escucho el jadeo del chico que alguna vez fue su hermano, su familia. Por quien habría dado su vida. Y que ahora estaba de pie junto al hombre que le había quitado todo, como si nada nunca hubiese pasado.

- Harry... ¿Qué...? -

El crucio que le llego por la espalda la hizo gritar y jalar las cadenas en sus muñecas. Podía sentir la sangre seca desprenderse de la piel, dejándolas en carne viva. Ya que más daba. Se había equivocado al creer que un crucio era lo peor que podía sentir.

La traición. Ese era el dolor más grande que el ser humano podía soportar. Confiar en alguien ciegamente, entregarle tu vida, solo para ver como la lanzaba a la basura por sus propios intereses. Traicionando todo por lo que habían luchado.

- Esto no es parte del trato Tom... - entre jadeos, sus jadeos, podía escuchar la voz de Harry hablando con Voldemort. "Tom". Como si fueran íntimos amigos. - Déjala ir. -

Unos momentos de silencio y de pronto cayo al piso como un peso muerto. Porque es lo que era. Su cuerpo estaba completamente muerto, no reaccionaba a ninguna orden que le diera, como levantarse y correr. Solo se quedo ahí, tirada, inerte, respirando con dificultad, pensando en que haría ahora.

El dolor de pronto se fue transformando en ira, furia, rabia de la más pura. Dudaba que alguno de los presentes alguna vez hubiese sentido tanto enojo como el que estaba sintiendo ahora. Las emociones que brotaban de su pecho la estaban carcomiendo.

Pero en medio de su piscina de sentimientos, se dio cuenta que acababan de perder la guerra. No había razón para seguir peleando si los dos principales contendientes al final habían llegado a una tregua, a un acuerdo que solo beneficiaba a un lado.

Si Harry se unía a Voldemort, entregaría la cabeza de todos los que conformaban a la Orden. Enviaría al matadero a todos los que alguna vez lo dieron todo por él y la causa. A su familia. Los Weasley. Habían perdido a su hija y ahora, el chico que habían querido como uno más del clan, los iba a traicionar.

No podía dejar que eso pasara. Ellos unidos eran demasiado fuertes. Había demasiado poder mágico en esa habitación, haciendo casi imposible poder vencerlos. El juego se desequilibraba totalmente.

Podía escucharlos hablar, como Harry le explicaba un poco del funcionamiento de la Orden. Donde estaban algunas de las casas de seguridad y quienes estaban a cargo. Los estaba entregando en bandeja de plata.

Como si ellos le hubiesen hecho algo. Como si lo hubiesen dañado, cuando lo único que habían hecho había sido quererlo y apoyarlo en las buenas y en las más malas. Él había matado a Ginny, él los había herido primero. Y ahora era él quien se quería vengar de todos.

Era un estúpido, un estúpido niño.

Pero no los dejaría. A pesar de que su cuerpo estaba derrotado, su mente y su magia estaban intactos.

A veces era bueno ser una devoradora de libros. En especial de la Sección Prohibida. Y de magia oscura. Nadie lo sabia, pero había memorizado tantas maldiciones como encantamientos había podido. Lo único que se prometió a si misma fue jamás utilizarlos por nada. Por muy oponentes que fueran en el campo de batalla, no era una bárbara como ellos y no los haría sufrir las peores muertes que podrían haber imaginado.

Pero esta situación era diferente. Ameritaba que los detuviera. Y por mucho que quisiera matarlos a ambos, si, incluyendo a Harry, tendría que hacerlo con uno primero, y el otro tomaría ventaja para acabar con ella.

Había un hechizo dando vueltas por su cabeza. Pero estaba inconcluso. Sabia como llevarlo a cabo porque lo había ensayado con varias criaturas mágicas. Pero no sabia como sería hacerlo con dos magos extraordinariamente poderosos. La única ventaja, es que no se darían cuenta de lo que estaba pasando hasta que fuese demasiado tarde.

Tomando todas sus fuerzas comenzó a recitar muy, muy despacio las palabras que cobraron vida en lo profundo de su centro. Su magia vibro y pudo sentir como su cuerpo entero le reclamaba el esfuerzo. Respirando profundamente, o tanto como sus costillas rotas le permitieron, continuo con su hechizo, mirando directamente a Voldemort.

Las vibraciones de la magia picaban su piel. Se sentía como si fuera una botella de agua siendo llenada. Se mantuvo estática en el piso, haciéndoles creer a todos que estaba demasiado débil para actuar.

Por el rabillo del ojo vio el movimiento de un mortifago dando vueltas, sintiendo su mirada fija en ella. Si alguien se daba cuenta de lo que estaba haciendo, estaría pérdida.

Con un suspiro sintió la ultima gota de magia asentarse en su cuerpo. Era increíble como ambas magias parecían luchar por hacerse un espacio en su interior. Jamás pensó en lo que esto significaría para su cuerpo. Pero ya daba igual. Aunque el pensamiento de su muerte llego a su cabeza sin importancia, de pronto se dio cuenta que no sabía que pasaría con la magia si fallecía. ¿Volvía con su antiguo dueño? ¿Se quedaba con ella, estancada? No había llegado tan lejos en su investigación, y ahora se daba cuenta de que esto podría haber sido un tremendo error.

Y lo confirmó cuando Voldemort alzó su mano, dispuesto a usar su magia con ella.

- Para que veas que estoy dispuesto a detener esta muerte innecesaria Harry, que te quiero a mi lado y no contra mi – quiso hacerla levitar hasta él, pero no pudo.

El silencio abrumador y la furia palpable que emanaba de él, fue suficiente para que al menos una docena de mortifagos abandonaran la sala.

- ¿Qué...? ¿Qué esta pasando? - claramente no entendía nada.

Y era el momento en que tendría que actuar con Harry. Podría haber dejado su magia intacta, pero sentía que debía hacerlo. Su amigo, ex amigo, ya no era el mismo. Por mucho que le doliera, la magia oscura lo había corrompido. Si Voldemort no tenia magia, Harry podría aprovechar la oportunidad y tomar el control del mandato fallido del señor oscuro.

No podía dejar que ninguno de los dos tuviera el poder para hacer y deshacer en el mundo mágico. No podía.

Así que mientras Voldemort gritaba y peleaba consigo mismo para hacer magia sin resultados, comenzó su hechizo sobre Harry.

Apenas había avanzado cuando los ojos verdes se posaron en ella. La conocía. Era el único que la conocía y sabia de lo que era capaz. Debería haberse quedado quieta y en silencio, pero si se detenía ahora, perdería todo lo que había logrado con la magia de Harry. Debía terminar aunque le costara la vida.

Lo vio acercarse a paso lento, con su mirada cargada de odio. ¿Qué le había hecho para merecer esa mirada? Con el corazón en miles de pedacitos latientes, apresuro el hechizo, hablando mas rápido.

- ¿Qué estás haciendo? - la tomo del cabello con tanta brusquedad que tuvo que detenerse. Pero no lo hizo por más de unos segundos, y esta vez no siguió en voz baja. - Detente Hermione – la zarandeo por el cabello hasta que la lanzó sobre el frio mármol.

- ¿Qué esta haciendo? - la desesperación de Voldemort se filtraba en su voz. ¿Qué es un mago tenebroso sin magia? Un simple muggle.

- ¡Te dije que te detuvieras! - Harry saco su varita y la apunto directo a la cabeza. - No me obligues Hermione -

No se detuvo ni cuando las palabras comenzaron a formarse en los labios del joven que alguna vez amo. La esperanza de que de pronto la varita cambiara de dirección hacia Voldemort no la abandono jamás.

- … bra -

Nada. La más absoluta nada.

No tuvo tiempo de pensar en como se sentía con toda esa magia ondeando en su cuerpo, cuando Harry se abalanzó sobre ella y presionó sus manos contra su cuello haciendo presión.

El aire se volvió espeso y no lograba hacerlo entrar. Comenzó a jadear y a pelear por un poco de oxígeno. La rabia con la que Harry la estaba asfixiando, como con fuerza levantaba su cabeza y la hacia rebotar contra el mármol, no era nada comparado con como se estaba sintiendo ser asesinada por tu familia. Al menos a Ginny la había matado rápido y sin que se diera cuenta.

A ella la estaba mirando a los ojos, transmitiéndole cuanto la odiaba y deseaba que muriera.

Estaba completamente entregada en sus manos, comenzando a perder la batalla del conocimiento, cuando el aire entro de pronto rápido y en ráfagas que apenas podía controlar. El cuerpo de Harry choco contra una pared lejana y cayo rendido. Voldemort gritaba sin saber que hacer. Ningún mortifago se movió. ¿Qué iba a hacerles ahora sin magia para doblegarlos?

El mortifago que había visto rondando se acercó a ella y en un pestañeo, la vertiginosa sensación en su estomago la hizo vomitar. Estaba demasiado débil.

- Maldita sea, que asco – escuchó al hombre decir mientras caían en un viejo cobertizo. ¿Dónde demonios estaban ahora?

Como le fue posible se arrastro lejos de quien la había salvado, pero que podría ser su propio verdugo.

- Quédate quieta, no se si hay alguien alrededor – susurró observando a su alrededor. La máscara no le dejaba en claro donde estaban sus ojos, así que solo asumió que estaba vigilando. Intentó alejarse de nuevo, pero él la detuvo por el tobillo – Granger, quédate quieta. -

Se quito la capucha y la máscara. La sorpresa la dejo de piedra. Draco Malfoy la observaba con sus grises ojos maniacos, agitado y sudoroso. Podría haber pensado en cualquier persona que la hubiese "ayudado", menos en Malfoy.

- ¿Qué... ? - su voz estaba ronca y le dolía hablar, tragar e incluso respirar. Se llevo las manos al cuello y toco el lugar donde Harry había presionado con todas sus fuerzas.

La había querido matar. A ella. A su mejor amiga.

- Te iba a matar – respondió el rubio soltándola y sentándose contra la pared.

- ¿Y eso... a ti qué? - pregunto con dificultad. Hizo lo mismo que Draco, observando donde habían aparecido. No era un lugar que mínimamente reconociera, y al parecer él tampoco.

- ¿Qué mas da? Te salvé – se puso de pie con su metro ochenta sobre ella, mirándola con cualquier cosa menos el odio que solía profesarle. - Tenemos que ver donde estamos y buscar un lugar para escondernos. Mientras, explícame que diablos hiciste con la magia del señor oscuro y Potter -

Poco podía hacer para explicarle lo que había hecho, más que decir que era magia muy, muy oscura y antigua. Jamás creyó que recurriría a algo así, y mucho menos como lidiar con todo lo que esto significaba.

Lord Voldemort y Harry Potter querrían su cabeza, tenia una bomba mágica en su interior que en cualquier momento podría estallar, y estaba en medio de quién sabe donde con Malfoy.

Las cosas estaban saliendo mucho mejor de lo que esperaba.