ADVERTENCIA: El siguiente capítulo contiene material violento sicológico y explícito que puede herir la sensibilidad del lector. Se recomienda discreción.
Capítulo 3
Durante la cena, Lana escuchaba animadamente a Lucy sobre lo ocurrido entre Haiku y su novio, cuando de reojo notó a Lola decaída removiendo la sopa con su cuchara.
—Lola, vamos. Ponle atención a Lucy. Estoy segura de que no querrás perderte de este chisme.
Su gemela suspiró antes de ponerse de pie.
—Perdón. Ya me siento llena. Iré a terminar mi tarea.
Los padres no le dijeron nada permitiéndole marcharse a su habitación a pesar de haber tocado apenas su cena. Podían entender el porqué de su actitud. Ya habían transcurrido dos días desde que la policía al día siguiente de la última vez que vio a su amigo, había tocado a la puerta del hogar para hacerle algunas preguntas rutinarias, sobre qué tan cercana era al muchacho Winston y lo que sabía de este y pudiese ser de ayuda para su búsqueda, siendo ya oficial su desaparición desde la mañana en que se suponía debió de ir a la escuela. Lola no pudo serles de ayuda para que pudieran averiguar dónde localizarlo.
—¿En serio no van a decirle nada? —Lincoln indignado le increpó a sus padres quienes avergonzados desviaron la mirada.
—Ya hemos hablado con ella, Lincoln —le explicó su madre—, pero ya no hay mucho que podamos hacer por Lola más que rezar para que tengamos noticias de su amigo y de que se encuentre bien. Eso sería lo único que podría reconfortarla.
Lucy suspiró.
—¿Y si nunca llegan a encontrarlo?
Hasta Lisa pareció compungida ante la posibilidad. El mayor de los hijos en la casa negó con un gesto.
—No podemos ser tan negativos. Estoy seguro que tendremos noticias de Winston y estas serán positivas, pero si no es así, lo siento por la familia de Winston, pero es Lola quien me preocupa —se levantó de la mesa tras ser el primero en terminar de comer—. Con permiso.
Una vez que dejó los trastes en el fregadero de la cocina, subió a la segunda planta determinado a ayudar de un modo u otro a su hermana.
Se detuvo frente a la puerta la cuál tocó sin recibir respuesta, más allá del gimoteó compungido que alcanzó a escuchar del otro lado.
—¿Puedo pasar?
Ella no le respondió y no cesó su llanto. Lincoln suspiró.
—Voy a pasar, Lola.
Se lo advirtió por cortesía para evitar verla en una situación embarazosa, como en paños menores, no es que le molestara el encontrarla así, por el contrario, era lo que esperaba, pero por supuesto no iba a mostrarse tan evidente al respecto.
Adentro encontró a su hermana tirada boca abajo sobre su cama llorando a lágrima viva con la ropa puesta, la falda perfectamente acomodada y con la cara oculta contra una almohada
El muchacho se sentó en la cama junto a ella aguardando unos minutos antes de comenzar a acariciarle el cabello.
—Me duele verte de esta manera, Lola. Puedo darme cuenta de lo mucho que quieres a Winston.
La jovencita lo miró de lado. Su maquillaje se le había corrido manchándole las mejillas acentuando sus ojeras.
—No entiendo qué es lo que pudo sucederle. Se lo dije a la policía. Winston no tenía motivos para huir de casa hasta donde sé, ni era de esa clase de chicos que se meten en problemas con nadie… como me hubiera gustado.
Esto sorprendió a su hermano.
—¿Hubieras querido que tuviera esa clase de dificultades?
—¡Por supuesto que no! Pero… si eso hubiera ocurrido así, quizá podría entender entonces por qué desapareció, de otra manera no tengo nada como la policía y… no puedo evitar sospechar que algo realmente malo le pasó.
Lincoln miró por la ventana y Lola pensó que tal vez estaba considerando como ella la posibilidad de que algo siniestro le hubiese sucedido al muchacho del que se sentía enamorada.
—Royal Woods es un pueblo muy tranquilo.
—Tal vez el que se lo llevó no sea de Royal Woods. En la televisión he visto documentales de robachicos que no viven en los lugares donde secuestran a sus víctimas.
Lincoln se vio visiblemente alarmado cuando su hermana le soltó eso de repente.
—¡Cielos, Lola! No deberías ver esa clase de programas.
—Tengo trece, no tres. —Le recordó con cierto fastidio.
—No me refería a eso. Sé que eres muy madura para tu edad —y al decírselo le masajeó los hombros desnudos con sus manos—. Pero en vista de las circunstancias, no quiero que te hagas ideas que te puedan afectar. ¿Entiendes? Te lo digo no por regañarte, sino porque me preocupo por ti.
Las caricias que Lincoln le hacía eran agradables. Apoyó sus brazos contra su cara para buscar una posición más cómoda. En cuanto Lincoln comprendió lo que hacía, bajó sus manos para extender su masaje por el resto de la espalda.
—Eso… se siente bien, Linky.
—Pensé que era lo que necesitabas. Puedo notar que lo ocurrido con Winston te ha estado dejando muy tensa, eso es algo que podría perjudicar tu salud. Debes de permanecer sana. Estoy seguro de que tu amigo no querría verte así por su culpa.
Ella gimió comenzando a sentirse adormecida.
—¿Cómo es que siempre sabes qué decir, Linky?
—Ya deberías de saberlo. Soy el hombre del plan.
Y mientras que Lola con los ojos cerrados parecía perderse en la placentera sensación que su hermano le provocaba en la espalda, este sin despegar la vista de su trasero, planeaba alguna manera de poder ver bajo su falda.
—¿Puedes tronarme un poco sobre la base de la espalda? —ella le pidió repentinamente—. Siento como si tuviera un nudo justo ahí.
—Claro. Pero abre las piernas, así podré dispersar mejor la dolencia.
Por un momento Lola dudó en hacerle caso, después de todo llevaba falda, sin embargo, reflexiono rápidamente que sólo se trataba de su hermano quien se lo había pedido de forma muy casual, ni que se tratara del pervertido de la clase que todo el tiempo babeaba tanto por ella como por su gemela, o también por varias de sus amigas.
Dado que se tardó en responder, Lincoln temió haber cometido un error al tentar su suerte, cuando de pronto las piernas de Lola se separaron una de la otra manteniendo su postura relajada. Lincoln no dejó de oprimir su espalda aplicando poca fuerza, al mismo tiempo que se deleitaba mirando la tanga rosa pálido que se asomaba debajo.
De pronto se preguntó qué tan grande sería el problema en el que podría meterse si comenzaba a masajearle los suaves y carnosos glúteos. Si ella le recriminaba por hacerlo, ¿conseguiría evadir el asunto diciéndole que todo era parte del masaje? Lentamente sus manos dejaron de oprimir la base de la columna, para bajar a los lados de la estilizada cintura, después poco a poco fue dirigiéndose justo a…
—Esto está muy mal.
Lola se movió y nervioso Lincoln le quitó las manos de encima, seguro de que ella comenzaría a hacerle una serie de acusaciones por su indebido comportamiento.
—A… ¿a qué te refieres, Lola?
La jovencita se sentó a su lado. No parecía molesta, sólo muy desdichada.
—Yo estoy aquí, cómoda en mi habitación contigo disfrutando de tus mimos, mientras Winston está allá afuera perdido, y no sabemos si tiene un techo sobre su cabeza, si ha comido algo, o siquiera si se encuentra… vivo.
La presa fue abierta y se echó a llorar en los brazos de su hermano, quien no dudó en abrazarla estrechamente acariciando su dorado y sedoso cabello, permitiéndole desahogarse todo lo que quisiese durante todo el tiempo que le hiciera falta, mismo que se prolongó por cerca de diez minutos en los que nunca la apartó de su lado.
Cuando finalmente la jovencita pudo calmarse, alzó su mirada hacia su hermano, quien quedó conmovido y a la vez dolido por su semblante desdichado. Le acarició la mejilla suavemente con un dedo y le peinó el cabello con otro, mientras se perdía en sus dulces y hermosos ojos azules. Lola se ruborizó sin saber qué decir después de aquel curioso momento compartido con su hermano, a quien percibió como un protector leal, capaz de renunciar a un brazo por ella. Lincoln la besó en la frente y le dio un corto abrazo antes de separarse y decirle:
—Iré a buscar a Winston.
—¿Qué?
—Dije que iré a buscar a Winston, o al menos lo intentaré.
Se puso de pie, mientras Lola no dejaba de mirarlo con perplejidad.
—Lincoln… no es…
—¿Necesario? Creo que en estos momentos se necesita de toda la ayuda posible para encontrarlo. Tal vez no logre mucho, pero no me sentiré bien estando aquí sin hacer nada, solo viéndote sufrir, cuando quizás pueda hacer alguna diferencia.
Lola no pudo evitar levantarse y correr hacia su hermano, abrazándolo estrechamente, apoyando su cabeza a la altura de su pecho.
—Eres el mejor, Linky —gimió compungida—. Gracias.
—Está bien, Lola. Está bien.
Le peinó sus rubios cabellos con una mano y apoyó el mentón sobre su cabeza, aprovechando el momento para aspirar el muy dulce y embriagante aroma que emanaba.
—¿Puedo acompañarte?
—Se está haciendo tarde. Tal vez mañana y más temprano después de la escuela. Por ahora me sentiría más tranquilo si me esperaras aquí con las demás, porque después de lo que le pasó a Winston, tendría miedo de que ahora algo malo te ocurriera a ti también.
Minutos después, Lincoln se despidió de su familia tras avisarles lo que haría y, como muchos voluntarios que se ofrecieron cuando la noticia se dio a conocer, salió de casa esperando encontrar al muchacho o alguna pista de su paradero que pudiera ayudar a las autoridades en su búsqueda.
Si bien Lola fue quien más apreció el gesto de su hermano, con este también hizo sentir muy orgullosos a sus padres al ver que su hijo era todo un miembro activo más de la querida comunidad que había en el pueblo. Incluso las hermanas presentes no pudieron evitar verlo como una especie de héroe, y las hermanas mayores también se sentirían orgullosas de él, al igual que se preocuparían por Lola cuando por teléfono se enteraran de los pormenores ocurridos en Royal Woods.
—Linky, llévate esto por si tienes hambre en el camino.
Lana, que apenas se enteró de los planes de su hermano había desaparecido dirigiéndose hacia la cocina. Regresó con una bolsa en la que puso un emparedado que ella misma le preparó con lo que tenía a su alcance, junto con una caja de jugo y un Twinkie de vainilla.
"Un almuerzo de niños", pensó Lincoln conmovido por el gesto de su hermana. En agradecimiento, le dio un beso en la frente.
—Muchas gracias, Lana.
Pensó que quizás también ella sería tan atractiva como su gemela si cuidara mejor su higiene, se vistiera mejor, se arreglara y cuidara su imagen, pues aunque no mucho, eran notorios los dos o tres kilos extra que tenía en comparación con Lola.
De este modo Lincoln salió de su casa, saludando con una mano al señor Grouse quien, a su edad ya no se movía con la misma vitalidad a la que Lincoln se había acostumbrado a verlo durante su infancia. Se lo había encontrado cuando este llegaba con algunos víveres en una bolsa propia a su hogar.
—¿A dónde vas, Loud? ¿Vas a ver a tus amigos o a tu novia?
Lincoln sonrió. Los años no le habían quitado al buen hombre lo entrometido que a veces era.
—Ninguno. Voy a tratar de hacer mi aporte buscando al amigo de Lola.
El anciano suspiró, perdiendo todo su buen ánimo.
—Sí. Estoy enterado de eso. Terrible. ¿Sabías que las primeras veinticuatro horas son las más cruciales? Francamente, no creo que ese chico siga con vida.
El peliblanco frunció el ceño.
—Por favor, no mencione eso delante de Lola. No quiero que se sienta peor de lo que ya lo está.
—Está bien. Descuida. Pero es lo que creo. Igualmente te deseo suerte, Loud.
—Gracias, señor Grouse. Crucemos los dedos y esperemos lo mejor. Personalmente quiero creer que aún está vivo y solo será cuestión de tiempo antes de que alguien lo encuentre.
El anciano lo vio subir en su coche y marcharse. Le pareció que el muchacho pecaba de optimista, pero internamente deseó que en efecto tuviese razón.
—Te has convertido en todo un hombre, Lincoln Loud. Un buen hombre.
De corazón creía lo que acababa de decir.
Lincoln siguió recorriendo el pueblo con determinación, visitando los lugares donde los adolescentes solían pasar su tiempo y preguntando entre ellos por Winston. Mientras conducía y se detenía en diferentes puntos, interactuaba con los jóvenes preguntando por él sin resultados, recibiendo palabras de aliento para su hermana y para él mismo en su búsqueda. La comunidad se mostraba solidaria y preocupada por la desaparición de Winston, y muchos expresaban su apoyo a través de Lincoln.
A medida que avanzaba la tarde y se acercaba la noche, Lincoln continuó su esfuerzo incansable por encontrar información que pudiera ayudar en la búsqueda. A pesar de la gravedad de la situación, él mantenía una actitud positiva y agradecía sinceramente cada muestra de apoyo y aliento que recibía de las personas con las que hablaba.
En cada conversación y encuentro, Lincoln dejaba en claro que no se rendiría y haría todo lo posible para encontrar a Winston.
—No deberías de tomarte tantas molestias, muchacho.
Le decía una oficial cuando se detuvo a saludarlo y comprendió lo que estaba haciendo. Lo conocía tanto a él como al resto de su familia, especialmente a la madre a la que años atrás había detenido repetidamente, siendo lo que ella esperaba para tener algo de tiempo libre de su familia realizando delitos menores.
—No me gusta quedarme de brazos cruzados cuando una de mis hermanas está en dificultades, y el que Winston lo esté, hace que una de ellas se sienta mal.
Al igual que el señor Grouse, la mujer pensó que era ya todo un hombre por las acciones que realizaba. Habiendo tantos jóvenes descarriados por ahí, y vaya que lo sabía bien al haber arrestado a más de uno, Lincoln además de tener un expediente relativamente limpio, era lo que ella consideraba un verdadero ciudadano ejemplar y al que aspiraba muchos otros vieran como un modelo a seguir.
—Bien. Te deseo suerte, chico. Pero ya lo sabes, cualquier pista que consigas o lo que descubras relacionada con el caso, inmediatamente comunícate con nosotros para notificarnos.
—Delo por hecho.
De esta manera Lincoln continuó moviéndose de lugar en lugar preguntando y saludando a las personas mostrándose como alguien preocupado por el muchacho desaparecido.
Conforme se iba haciendo más de noche y todos los comercios iban cerrando, y ya no se veía tanta gente en las calles, Lincoln condujo su coche casi por las afueras del pueblo.
La ruta que de pronto estaba siguiendo lo llevó a la vieja granja Sullivan, muy alejada de todo, siendo si acaso cercana a la granja de los Hunnicut sólo por pocos kilómetros, teniendo que salirse de la carretera para llegar hacia esta, pues aunque había un sendero que la conectaba con la misma, prefirió andar el coche sobre el terreno natural donde los neumáticos no dejarían huellas distinguibles.
Cuando frenó ocultando el vehículo entre una arboleda muy tupida, suspiró cansado por toda la actividad que había realizado, entonces tomó la bolsa con el almuerzo que Lana le había dado y descendió.
Mirando a su alrededor al mismo tiempo que al suelo esperando no tropezarse con nada ni con nadie debido a la oscuridad, se dirigió hacia el granero. Estaba por abrirlo cuando se detuvo para tomar un poco de aire lamentando el no haberse traído un cubrebocas como mínimo.
Finalmente ingresó en el lugar encendiendo un generador de electricidad que para su suerte aún funcionaba en parte, entonces encendió la luz la cual se quedó titilante.
Con la mirada inspeccionó a su alrededor. Adentro todo estaba sucio, apestaba a animal muerto, estaba lleno de manchas de humedad, sangre seca y ruidos producidos por los insectos comiéndose la madera, el poco heno o la basura que había, o sencillamente se mantenían revoloteando por ahí.
Se dirigió hacia un gran montículo de paja en el fondo que comenzó a deshacer con las manos. A diferencia de la vez anterior, Winston no lo asustó al hacerlo suponer que se había muerto. El muchacho desde el inicio gimió y se movió un poco antes de abrir los ojos.
Aletargado y sintiendo todo el cuerpo adolorido tanto por la postura como por la situación en la que se encontraba, se tomó su tiempo antes de despertar del todo y comprender lo que sucedía, cuando de pronto notó a Lincoln frente a él sonriendo con los ojos muy abiertos observándolo.
—Buenas noches príncipe azul. ¿Dormiste bien?
Debido a la fuerte impresión que le causó, el muchacho sentado en el suelo se impulsó tratando de ponerse de pie, solo para detenerse a medio camino, resbalar y caerse mientras sentía un tirón en uno de sus brazos. Ambos los tenía extendidos y atados fuertemente a la viga atravesada en el pilar contra el cual estaba recargado, mientras que sus piernas estaban atadas juntas con la misma cuerda sujetándola de un extremo a la misma viga, dejando poco más de un metro de largo suelto para que pudiese más a menos extenderlas. Gimió intentando gritarle y expresar algo con una mirada aterrada, pero de su boca amordazada no salió ni una palabra. Lincoln se preguntó si estaría implorando ayuda o lanzándole groserías.
—¿Dices que dormiste como un bebé? Tal vez eres más resistente de lo que imaginaba —le dijo fingiendo asombro—. No sé cómo lograste soportarlo. Personalmente, creo que en tu lugar me habría sentido tan incómodo a como nunca me he sentido en toda la vida de sólo imaginar el calor que debiste aguantar durante el día y el frío por la noche, sin mencionar esta peste. De verdad, este sitio huele peor que la porqueriza de un amigo mío en su granja para cerdos. En serio, huele como… como a excremento fresco.
Con desagrado, Lincoln olfateó a su alrededor, notando que en efecto, el olor hediondo era aún más penetrante que la última vez que visitó ese lugar para ver a Winston. De repente, temió que no fueran los únicos en visitar ese sitio últimamente como había previsto. Quizás algunos indigentes habían tomado el lugar para habitarlo temporalmente, y eso explicaría el fuerte olor. Lincoln olfateó con más detenimiento descubriendo con asombro la procedencia de aquella peste.
—¡Pero qué asco, muchacho! ¿En serio te hiciste encima? ¿Acaso sigues siendo un bebé? Si tenías tantas ganas, pudiste haber ido a la parte de atrás del granero. ¿Y así pensabas acercarte a mi hermana? Lamento romperte el corazón muchacho, pero Lola no está interesada en los chicos que se comportan como niños de parvulario, ¿sabes?
A pesar del terror que estaba experimentando, Winston miró con furia a su captor, lo cual le pareció divertido a Lincoln.
—¿Y por qué me miras así? No soy yo quien sufre de incontinencia. En serio muchacho, qué asco. Me quitaste el apetito. Es una lástima —de la bolsa que llevaba sacó el emparedado que Lana le había preparado y los ojos de Winston se abrieron con anhelo—. Ahora no podré disfrutar esto. Tiene muy buena pinta. Fue hecho por Lana, la gemela de Lola, aunque supongo que no eres tan tonto como para no saber quién es ella, ¿o sí? Hace emparedados excelentes, con mucha mayonesa, mortadela, jamón, lechuga fresca, tomates, aguacate, mostaza, todo con la misma marca de pan integral que mi papá usa en su restaurante, y te diré que mi padre solo usa ingredientes de la mejor calidad. Es una delicia como pocas.
Lincoln se preguntó si la humedad que notaba en la mordaza de Winston ya estaba ahí antes de que llegara o si el chico había comenzado a salivar.
—¿Y ahora qué se supone que haga con esto? ¿Tirarlo? Sería una lástima desperdiciar un bocadillo tan bueno. ¿No lo quieres tú?
El chico parecía tragar saliva con dificultad para enseguida intentar toser de una forma muy extraña por el modo en el que estaba maniatado y amordazado. Lincoln hizo cuentas. Si ayer lo retuvo en la mañana y era probable que tomó un desayuno en su hogar antes de esto, y por la hora se había saltado también las comidas de ese día… ¡Cielos! Tenía que sentir cierta admiración y respeto por él si en efecto consiguió mantenerse vivo por más de día y medio sin probar bocado o beber nada.
—Sí. Tengo la sospecha de que tú lo quieres, ¿no es cierto?
Lincoln dio un par de pasos adelante reduciendo la distancia entre ambos. Ansioso, el chico sin parpadear no apartó la vista de Lincoln ni por un segundo, tensándose cuando este le puso las manos encima detrás de su cabeza buscando el amarre de la mordaza, cuando cayó al suelo, enseguida el chico escupió el trapo sucio lleno de saliva frente a Lincoln que además le había puesto adentro. El peliblanco tuvo que retroceder para no mancharse con este, ni con el probable vómito que sospechó Winston arrojaría tras hacer un par de arcadas, de las que al final todo lo que le salió fue algo de saliva.
El peliblanco aguardó unos segundos a que el rubio terminara de toser, cuando lo hizo, le preguntó.
—¿Quieres el emparedado sí o no?
Respirando agitadamente por la boca, él no le respondió, limitándose a verlo con horror y consternación.
—¡Dios! Sólo di algo, muchacho.
Winston jaló aire e inesperadamente, al menos para Lincoln, comenzó a gritar muy débilmente, siendo todo lo que podía dar.
—¡Ayuda! ¡Que alguien me ayude! ¡Por favor! ¡Ayúdenme!
Lincoln movió la cabeza de un lado a otro con decepción. Si los decibeles de Winston al menos hubieran alcanzado la mitad de lo que cualquiera de sus hermanas podría generar, se habría sentido preocupado por la atención que el chico podría atraer de las granjas vecinas cercanas, a pesar de que la más próxima estaba a casi un kilómetro y medio de distancia. Pero el tono del chico era muy débil, lamentable y patético, difícilmente alguien que por casualidad pasara por la carretera podría escucharlo. Se preguntó si así era como Winston normalmente gritaba cuando lo necesitaba, o si la falta de energía debido al hambre, la sed o el hecho de haber estado amordazado durante más de un día había afectado sus cuerdas vocales.
—Ya, cállate —le pidió Lincoln agitando sus manos de manera dramática y rodando los ojos, fingiendo una exagerada súplica—. Por favor, detente. Seguro harás que en menos de diez segundos el FBI y la CIA rodeen el lugar, entrando desde helicópteros por las ventanas y disparando por todos lados.
A pesar de sus burlas, Winston no le hizo caso y continuó gritando hasta que su voz se volvió más ronca, tuvo un acceso de tos y finalmente no pudo seguir, sin haber logrado aumentar el volumen lo suficiente como para presentar una verdadera amenaza para Lincoln.
Pasado un rato y después de recuperarse de la tos, Winston enmudeció y solo empezó a gimotear mientras miraba el suelo.
—¿Ya terminaste? —Inquirió Lincoln con irritación.
Winston alzó la vista, con los ojos llenos de lágrimas y una gran angustia. Lincoln consultó su reloj y echó un vistazo a su alrededor.
—Parece que la policía está tardando en llegar. Tal vez, mientras escuchaban tus gritos, les dio hambre y pensaron en detenerse para tomar un bocadillo, ¿no crees?
Sin pensarlo dos veces, Lincoln le dio un mordisco al emparedado. Entonces, Winston jadeó y con una voz pastosa y débil le suplicó:
—¡Dámelo!
Lincoln bufó divertido.
—¿Sí lo querías? ¡Vaya! Cómo se supone que iba a saberlo si cuando te pregunté si lo querías no me dijiste nada. No soy adivino, pedazo de tonto.
—Te… tengo hambre… lo… lo quiero.
Lincoln suspiró indeciso.
—¿Por qué?
—Me… me muero… me duele… todo.
Lincoln le dio un golpe ligero en la cabeza, y aunque fue suave, Winston gimoteó como solía hacer él cuando su hermana Lynn le pegaba en el hombro.
—¡Por favor! Se dice "por favor", maleducado. Supongo que todo lo que Lola decía de ti, de que eras bien portado, eran puras mentiras. No sabes ni lo más básico acerca de los buenos modales.
—Por favor… suéltame.
Se echó a reír.
—Está bien. Ese fue un buen intento, amiguito. Sólo por eso te mereces una recompensa.
Apenas Lincoln acercó el emparedado a la boca de Winston, el chico se lanzó hacia él y le dio un gran mordisco.
—¡Rayos, chico! Solo toma el emparedado. Deja mis dedos en paz. ¿Quieres jugo?
Lo sacó de la bolsa y Winston casi se atragantó por pasarse con prisa el bocado, antes de volverse a acercar para atrapar con la boca la pajilla que Lincoln le había incrustado a la cajita y sorber todo el contenido en apenas diez segundos.
—Tú sí que tenías hambre. ¿Quieres terminarte el bocadillo?
Winston abrió la boca para recibir un segundo bocado, pero cuando Lincoln se lo acercó, como si jugara con un bebé haciéndole el avioncito, lo retiró antes de que lo atrapara, para comerse él mismo lo que quedaba, salvo el lado donde el chico lo había mordido primero.
—Lo siento. También tengo hambre, no he comido nada desde la cena hace unas dos o tres horas. ¿Tienes idea de lo duro que es pasar hambre por tanto tiempo?
Lincoln esperaba verlo molesto por su burla, pero el muchacho se limitaba a verlo suplicante.
—Por favor… déjame ir… no le diré a nadie si me dejas ir.
Lincoln confundido le preguntó.
—¿Qué es eso que dices que no le dirás a nadie si te dejo ir?
—Todo.
—¿Qué es "todo" precisamente? Con esa clase de respuestas consigues que me pregunte cómo llegaste a la secundaria siquiera. Respóndeme bien, que no te entiendo.
—No… no le contaré a nadie de lo que… lo que me hiciste.
Hubo un silencio el cual Lincoln tuvo que romper tras actuar como sí hubiese estado esperando a que Winston continuara hablando.
—¿Y qué se supone que te hice?
El pobre chico estaba temblando.
—Que… me secuestraste.
Lincoln con ambas manos se palmeó la cadera.
—¿Y cómo esperas que te crea que no se lo contarás a nadie cuando acabas de contármelo a mí a la primera? Se nota que no eres muy bueno para guardar secretos, chico.
Todo se lo decía riéndose, lo que provocaba que Winston sollozara al ver aminoradas sus posibilidades de salir de aquel predicamento.
—Por favor… quiero ver a mi mamá.
Y Lincoln frenó sus burlas sintiéndose repentinamente incómodo ante la súplica que el muchacho le hizo, pensando en su propia madre que hace pocas horas le había dicho al lado de su padre que estaba muy orgullosa de él por sus acciones al tratar de buscar al mocoso que tenía en frente. Tomó consciencia que más allá de sentirse decepcionada de enterarse sobre lo que había hecho, horrorizada sería decir poco. Todo esto Winston pareció notarlo sintiendo que tal vez aún existía un atisbo de esperanza para él de regresar con su familia.
—Eres… ¡Deja de actuar como un niño que llama a su mamá! ¿No se supone que eres un hombre?
Sus acusaciones no sonaban sinceras y se escuchaban como un intento desesperado de mantener su papel de villano… ¿pero acaso era el villano? ¿Era algo malo querer apartar a Lola de ese chico inútil, oportunista y bueno para nada?
"¿Es en serio, Lincoln?" Parecía reprocharle su consciencia. "Secuestraste a un muchacho de trece años en un granero dejándolo sin nada que comer durante casi dos días mientras su familia, además de tu hermana, se están muriendo de la preocupación por no saber dónde se encuentra. ¿Y en serio crees que eres el héroe de esta historia?"
—Aún soy… soy un niño.
El que el mismo chico confirmara lo que él le echó en cara sacudió el interior de Lincoln que cada vez estaba horrorizándose más por sus acciones. Tras quedarse callado perdiéndose entre sus pensamientos, Winston carraspeó buscando suavizar un poco su garganta y preguntarle.
—¿Por qué me hiciste esto?
—Ah… Lola y tú… eso.
No estaba seguro de cómo explicarle lo que lo impulsó a actuar como lo hizo. Sin embargo, llegando a sus propias conclusiones, Winston gimió e iracundo le espetó.
—¡Lola! ¡Entonces… entonces todo esto que me hiciste fue porque todo lo que quería era salir con tu hermana!
Parecía sorprendido por la revelación, no es que en todo el largo tiempo en el que estuvo desesperándose al no encontrar el modo de salir de ahí por mucho que lo intentara jalando y estirando sus brazos, manos y piernas sin conseguir otro resultado que no fuera el sentir que se torcía los huesos y músculos, que se rozaba o cortaba la piel, al mismo tiempo que tenía retortijones por contener las ganas de ir al baño hasta no poder aguantarse más y hacer todo ahí mismo encima, sintiendo después sus tripas ahora vacías resentidas por la falta de alimento. Esa y muchas teorías se había formulado, siendo entre otras posibilidades que más le aterraban, como el que Lincoln fuese un degenerado que quería violarlo, o parte de un grupo de traficantes de órganos que llegarían por él en cualquier momento para sacarle todo, o por supuesto, un vulgar secuestrador que quería hacerse rico pidiendo un jugoso rescate que dejaría en la calle a su familia, que por mucho que le doliese prefería que se tratara de esto último siendo quizá lo menos peor de todo. Pero que en realidad todo se trataran en efecto de celos de hermano, la única posibilidad que descartó al considerarla tan insignificante comparándola con las otras…
Lincoln que no se tomó a bien el modo en que repentinamente le alzó la voz, trató de retomar el control.
—¡Oye! Vas cuidando el tono en el que me hablas. Aún no decido qué hacer contigo ahora que veo que quizás aprendiste tu lección, porque lo hiciste, ¿verdad?
Todo el estrés que Winston se había generado por no dormir bien, pasar hambre, dolor, aburrimiento, frío, calor, la peste a su alrededor y de sí mismo, estallaron sin filtro sin medirse nada, incluso su voz pareció elevarse a cuando intentó pedir ayuda.
—¡Eres un maldito estúpido hijo de perra! ¡Sólo por tu hermana me hiciste esta mierda, maldito sicópata! ¡En serio me jodiste por esa tontería tan insignificante!
Y toda la bravura de Winston se disolvió por el puñetazo que Lincoln le asestó de lleno en el rostro. Entonces Lincoln miró a su alrededor, no con burla, sino genuinamente preocupado por que alguien los hubiese escuchado, tanto fue así que se levantó en el acto dejando al chico y saliendo del granero.
Ya afuera, Lincoln de nuevo inspeccionó los alrededores sintiéndose muy nervioso. Se dirigió hacia su auto pensando en ponerlo en marcha a la primera señal de detectar a alguien, cuando se dio la vuelta por un curioso ruido. Parecía que alguien estaba gritando muy a lo lejos, tal vez ni siquiera habría escuchado eso si no estuviera concentrándose en tener agudizado el oído. Con sorpresa se dio cuenta que aquello provenía del granero que contenía bastante bien el ruido que Winston estaba haciendo al gritar por ayuda otra vez. Se sintió bastante aliviado y regresó de nuevo adentro.
El ruido se incrementó cuando abrió la puerta, pero Lincoln estaba confiado que al cerrarla una vez más nada se escucharía como sucedió con todo y que estuvo relativamente cerca del lugar momentos atrás.
Winston continuaba berreando por ayuda, hasta que Lincoln le pegó un fuerte puñetazo en el estómago que lo hizo perder la voz y expulsar el poco aire que aún conservaba adentro debido a los gritos que estuvo pegando.
—¡Ya cállate! Eres un fastidio —miró el techo y las paredes del granero—. No es que me moleste que en serio alguien te escuche, ¿Por qué sabes algo? ¡Nadie vendrá por ti! En este lugar sacrificaban animales, por lo que imagino el propietario anterior debió de insonorizarlo para no fastidiar a la gente con el escándalo que estos hacían antes de pasarles en cuchillo de lado a lado.
Y para ejemplificárselo mejor, lo tomó por el cuello obligándolo a alzar la cabeza y recorrer el mismo con sus dedos simulando que estos eran cuchillas con el que se lo estaba rajando. Winston comenzó a llorar, pero esta vez Lincoln no se conmovió, todo lo que sintió fue coraje y en cierta manera gracia por esto.
—¿El niño se va a poner a llorar de nuevo? Parece que ya se te bajó el valor de hace un momento, ¿cierto? ¿Dices que lo que tenga que ver con mi hermana es algo insignificante? ¡Tarado! —le dio un golpe en la cabeza con mayor fuerza—. ¡Que te quede bien claro! ¡Mis hermanas son lo más importante en mi vida! Más que mis padres, más que mis amigos, son ellas, por eso es que siempre estoy al pendiente de ellas, de qué es lo que hacen y con quién salen, ¿comprendes?
Temblando por su estallido, Winston asintió más que nada por darle de su lado para que lo dejara en paz, pero Lincoln con brusquedad le tiró del cabello molesto por su respuesta.
—¡Qué vas a comprender tú si eres hijo único! ¡Y ya deja de llorar! ¿Quieres que te de verdaderos motivos para que lo hagas?
Winston se sorbió la nariz, aunque parte de sus mocos terminaron por escurrirse debajo de la misma, lo que hizo a Lincoln fruncir el ceño sintiéndose asqueado por esto.
—Ma… mamá. —Gimoteó el muchacho pareciendo más un niño que el adolescente que era.
—Y sigues llamando a tu "mami". Gran hombre que resultaste ser para Lola —de pronto a Lincoln se le ocurrió algo perverso, aparte por supuesto de todo lo que había hecho hasta ahora—. Pues lamento decirte que aunque te liberara, ya nunca podrás ver a tu madre, Winston.
Este lo miró confundido, aun tratando de sobrellevar el maltrato físico al que Lincoln lo estaba sometiendo.
—¿Qué? ¿De… de qué hablas?
Mientras estuvo investigando al muchacho antes de secuestrarlo, escuchó rumores acerca de que la madre de Winston asistía a sesiones con un psiquiatra, aunque los motivos los ignoraba.
—Tu madre se suicidó.
La palidez que de por sí Winston tenía, de golpe se acentuó más.
—¿Qué? —Musitó con un hilo de voz.
—Que se mató, y por si te lo preguntas, fue por tu culpa y la de tu papá.
—Mi… mi papá… ¡No es cierto! —trató de reponerse desesperado—. ¡Estás mintiendo!
—Cree lo que quieras. Me da lo mismo. Sólo te estoy contando lo que hizo cuando —mucho después le sorprendería todo lo que improvisaría en ese momento—, cuando la policía les dijo que probablemente eras tú el niño muerto que el día anterior a que te trajera aquí, quemé y aventé al río. Lo dejé irreconocible, sin piel, ya casi en los huesos. Un chico de trece años de tu estatura y complexión. Así que… se pierde un niño y al siguiente día encuentran a otro sin identificar. La policía sólo sumo dos y dos y ya te imaginarás el resto.
Winston tragaba saliva repetidamente y para estas alturas ya no se sorbía los mocos, dejaba que estos corrieran con el mismo flujo que sus lágrimas, a la vez que temblaba lleno de horror y pánico. Lincoln hacía grandes esfuerzos por no reírse ante lo absurdo que le parecía que el tonto se estuviera tragando aquél cuento que fuera de terminarlo, continúo inspirado en el mismo.
—Tu papá se enojó muchísimo con ella. Le pegó delante de todos cuando les dieron la noticia gritándole que fue su culpa por no cuidarte como debió. Esa noche dicen que hizo sus maletas y se fue de la casa a quien sabe dónde, incluso se dice que lo hizo acompañado de una chica…
—¿Sandra? —El muchacho lo interrumpió preguntándole horrorizado.
Lincoln no tenía idea de quién era esa. ¿Alguna amante de su padre por el que quizá tuviera problemas con su esposa y por ello esta iba a terapia tal vez? Manteniéndose dentro de su personaje, Lincoln sólo mostró sorpresa para preguntarle.
—¡Sí! Creo que se llama Sandra, ¿la conoces? El punto es que tu mamá no se presentó a trabajar y cuando alguien fue a buscarla a su casa para asegurarse que se encontraba bien, pensando que se estaba encargando de los preparativos para "tu funeral", encontró la puerta abierta y a ella en el baño con las venas abiertas.
Winston de forma histérica comenzó a gritar repetidamente "¡No es cierto, no es cierto, no es cierto!" al mismo tiempo que se mecía en su lugar sin importarle que se estuviera lastimando las muñecas debido al amarre. "¡Pero qué tonto!" pensaba Lincoln imaginando que le había hecho un gran favor a su hermana al sacar a ese papanatas tan crédulo de su vida.
—Yo sólo estoy contándote lo que sucedió mientras no estabas. Me da igual que me creas o no. Posiblemente mañana tal vez consigan dar con tu papá para que por lo menos vaya al cementerio junto a Sandra para ver cómo sepultan a su esposa e hijo juntos… aunque… ¿y si te cortara un dedo y me las arreglara para ponerlo entre las cosas de tu padre? Eso ayudaría bastante a la policía para resolver quien "te quemó" y por qué. Hay hombres muy perversos en este mundo que hacen lo que sea para volver a comenzar su vida desde cero, sobre todo si ya tienen una amante con la que pueden volver a hacerlo todo de nuevo.
Winston pareció quedarse sin voz. Así como Lincoln, ni siquiera el muchacho estaba seguro de cuál parte de todo ese plan le horrorizaba más, si perder un dedo o que por este inculparan a su padre por algo que no hizo, más allá de darle otro impulso a su madre de matarse, porque sí, aunque Winston no dejara de negarlo, las palabras tan convincentes en el relato de Lincoln sin huecos hasta donde podía entenderlo lo habían convencido de que era verdad lo que le contaba. Además, esto explicaba el por qué… nadie lo había encontrado aún.
—¡No! ¡Por favor no lo hagas!
—Lo siento. Que algo tengo que hacer para cubrir mis huellas por lo del otro chico.
—Y entonces, pese a sus tragedias personales, Winston tuvo una gran duda sobre aquella parte del relato.
—¿El otro chico? ¡Y ese quién era!
Lincoln que no tenía nada preparado para eso, pues se lo había inventado todo sobre la marcha para que Winston entendiera el por qué podía irse despidiendo de la posibilidad a que la policía continuara buscándolo, estaba por decirle que se metiera en sus asuntos o que no le importaba, cuando una vez más esa mente criminal que hasta el día en que atropelló a los chicos que agredieron a Meli desconocía poseía, se le ocurrió algo para aderezar el asunto.
—Con lo hermosa y sensual que es Lola, ¿en serio crees que eras el único pretendiente que tenía? ¡Rayos! No. La basura abunda por todos lados y a aquella, Lola la recogió del internet. Creo que el muchacho le había dicho a Lola que la iría a visitar de sorpresa tras escaparse de su casa y hacer autostop hasta llegar aquí. La pobre encima de que desapareciste, le sentó mal que el otro chico también la dejara plantada al no aparecer cuando le expliqué que nunca se presentó, pues se suponía que yo debía ir por él para recogerlo y llevárselo, algo que hice, al menos lo primero. El país es muy grande y sin indicios sobre por dónde se estuvo moviendo al no venir en autobús y con su cadáver sin reconocer dentro de tu ataúd, creo que la tendrán más difícil que contigo para que siquiera acierten en averiguar en cuál estado o pueblo quedó.
Winston gimoteó pensando en ese desdichado muchacho, a lo que Lincoln extrañado, le preguntó.
—¿Y por qué lloras por él? ¿No escuchaste la parte en que te dije que también él quería algo con Lola? Supuse que me agradecerías por hacerte la competencia a un lado. Debiste de estar ahí cuando estaba por subir a mi auto y lo golpeé en la cabeza con un martillo, y sólo para asegurarme de haber terminado con él, le puse una bolsa de plástico en la cabeza para asfixiarlo.
Winston miró con horror la bolsa de la que Lincoln había sacado el jugo y el emparedado, provocando que este se echara a reír.
—Por supuesto que no era esta, no seas estúpido. Se la dejé puesta cuando lo llevé a una de las cuevas en las colinas cercanas al bosque, donde lo rocié con gasolina y le prendí fuego, por supuesto. No iba a dejar evidencias. ¿Has olido a una persona quemándose? Olía igual que un cerdo cuando es cocinado en una fogata, hasta me abrió el apetito y me tenté a probar un poco sólo por curiosidad.
Se relamió los labios y Winston gimoteó pensando que encima de sicópata, ese tipo era un caníbal que había probado la carne humana, carne de un chico de trece… como él… y le había gustado.
—Así que, de nada —Lincoln concluyó—. ¿En serio sientes pena por el otro al que Lola parecía querer más? Digo, Lola hablaba mucho de ti, pero ni la mitad de todo lo que parloteaba siempre acerca del otro.
Tal vez en circunstancias distintas, a Winston el asunto no le hubiera hecho gracia y hubiese pensado en alguna manera de ganarse la atención absoluta de Lola, quizá midiéndose con el otro chico para demostrarle que era mejor que él, pero ante lo que le sucedió…
—Sólo era un niño.
—Un niño que seguramente le pasó por la cabeza revolcarse con mi hermana… como a ti. Eso es algo que sencillamente no puedo permitir, amiguito.
Winston negó con la cabeza.
—No. Yo no… nunca...
—¡Oh, vamos! ¿Vas a decirme que todo lo que deseabas a tus cochinos trece años de adolescente, era tener una relación casta, pura e infantil con mi hermana como en los cuentos de hadas? Me daba cuenta perfectamente de cómo la veías, del mismo modo en que el otro chico y yo lo hacíamos, así que no te las des de santurrón mojigato que aún cree que lo que tiene entre las piernas sólo le sirve para orinar.
A Winston no le importaban las acusaciones de Lincoln. Sí, era verdad que en más de una ocasión había fantaseado con Lola, incluso con Lana si era sincero, a veces con ambas al mismo tiempo por ser igualmente hermosas, pero era Lola con quien tenía mayor afinidad a diferencia de la gemela a quien era consciente que le sería imposible seguir el paso o siquiera comprender sus gustos. Cierto que en más de una ocasión en el despertar de su adolescencia se había masturbado pensando en ella, cuando en esas competencias en las que participaba usaba esos bikinis de infarto, pero nada de eso le importaba en esos momentos ante la noticia de que su madre había muerto y su familia había quedado irremediablemente destruida.
—¡Y eso qué! —el chico le espetó al peliblanco sin que la tos o nada lo interrumpiera—. ¡Qué importa ya si eso es cierto si te fuiste hasta el extremo con esto! ¡Mataste a un niño y me secuestraste a mí sólo porque…! Porque… ¿Por qué tú ves del mismo a tu propia hermana?
El entendimiento lo aturdió, tanto como a Lincoln el que se diese cuenta. El peliblanco se puso de rodillas para quedar a su altura y obligarlo a levantar la cabeza de nuevo tirándole por el pelo.
—Sí. Lo admito. ¿Es lo que quieres escuchar? No quiero que ningún mentecato se le acerque a mi hermana, porque la quiero sólo para mí. Quiero su corazón, su amor… sus besos, sus caricias, su aroma, su suavidad. Al igual que tú… ¡ah! Y el otro… ¡La quiero en mi cama solo para mí!
Y Winston temió ahora ya no sólo por él, o su familia, aunque lo ocurrido con su madre seguía muy presente.
—Vas… ¿vas a violarla?
La primera respuesta que le dio Lincoln fue una bofetada en la cara, entonces se puso de pie y le propinó un puntapié en el estómago y Winston sintió que el emparedado amenazó por subir por su garganta y salir del mismo lugar por el que entró.
—¡Que carajos te pasa! —le gritaba su captor—. ¿Violarla? ¡Es mi hermana, imbécil! ¡Por supuesto que no haré algo como eso! —entonces sonrió con malicia volviéndosele a acercar—. Voy a seducirla, a enamorarla, a hacerle ver que no existe nadie mejor en el mundo que yo para que voluntariamente se entregue a mí como jamás ella hubiese siquiera pensado en hacer con un pelele como tú del que parece ya haberse olvidado, ¿Por qué sabes qué? Lola se fastidió que la policía fuera a preguntarle acerca de ti cuando al inicio te estuvieron buscando, diciéndonos en casa que lamentaba el haberte conocido por los problemas que terminaste ocasionándole.
Winston bajó la cara y vomitó sintiendo que no podía más con todo el castigo que estaba recibiendo, tanto el físico como el mental. Lincoln no estaba tan complacido como esperaba estarlo. Sentía que algo más faltaba. Paseó alrededor dentro del granero hasta que vio tiradas en un rincón unas tijeras realmente grandes y oxidadas, quizá eran de jardinería, pero le venían bien para lo que de pronto planeó al tomarlas.
—Bien, Winston. Fue un placer charlar contigo. Pero tengo cosas por hacer, por ejemplo, poner en marcha la operación: "Hacer los arreglos para que inculpen a tu papá y quizás también a su amante por haberte matado" —pareció dudoso un momento—. Creo que ese es un nombre muy largo para eso. ¿No me das alguna sugerencia para acortarlo?
El chico cabizbajo musitó algo que Lincoln no alcanzó a escuchar, por lo que de nuevo y llevando las tijeras se le acercó.
—No te escuché nada. ¿Qué dijiste?
Enseguida retrocedió por el escupitajo lleno de saliva, sangre y algo de vómito que Winston le arrojó a la cara de lleno.
—¡Dije que te vayas a la mierda maldito degenerado enfermo!
Sin pensarlo, Lincoln tomó un trapo que vio en el suelo para de manera desesperada limpiarse esa cosa, sólo para con asco y hacer arcadas, tarde se diese cuenta que era el mismo que le había metido ayer a Winston en la boca.
—¡Carajo! ¡Maldito mocoso! ¿Crees que esto es gracioso? Pues te tengo un chiste mejor. Vas a ver cómo te ríes.
Rodeó al chico de modo que este no pudo ver qué era lo que Lincoln ahora estaba haciendo. Entonces sintió como estaba tocando su mano derecha y con desesperación temiendo que cumpliera la amenaza que le había hecho, contrajo fuertemente sus dedos en puños para impedir que los tocara.
—¡Deja de moverte, amiguito! ¡Así no podré arrancarte tus cochinos dedos!
Era difícil tomar siquiera uno con la firmeza necesaria para pasarle las tijeras y cortarlo, por lo que Lincoln se rindió pensando en qué otra cosa hacer. A un lado vio un amplio trozo de madera tan grande como un bat de beisbol, pero mucho más grueso que debió ser parte de una de las vigas derruidas. Lo cargó impresionado por el peso tras soltar las tijeras en el suelo. Winston vio lo que hacía y con temor pensó: "¡Va a matarme aplastándome la cabeza con esa cosa!". Lincoln lo alzó en alto, por lo que, con miedo, todo lo que chiquillo hizo fue cerrar los ojos y esperar a reencontrarse con su madre.
Cualquier cosa que hubiese estado obstruyendo la garganta del chico, terminó por salir expulsada ante el tremendo gritó que emitió cuando con la madera Lincoln le aplastó la mano derecha rompiéndole los dedos.
—¡Te dije que te daría motivos para gritar y llorar! ¿No es cierto? —Le espetó agitado por el esfuerzo que había hecho, sin embargo, aún le quedaban fuerzas para repetir el proceso—. ¡Y esto es sólo para asegurarme de que hayas terminado por aprender la lección!
Aunque con poca menos fuerza, el siguiente golpe asestó su mano izquierda arrancándole otro grito de dolor por sentir el modo en que los dedos se le doblaron en ángulos nada naturales.
Mientras Winston aullaba de dolor, Lincoln agitado por el esfuerzo jadeó antes de arrojar aquel madero a un lado. Entonces se apoyó contra la pared hasta recuperar el aliento. Los gritos de Winston iban cediendo, aunque no del todo, su llanto por el contrario se había vuelto más constante al punto que escucharlo se figuraba más al de un niño de seis que a un adolescente de trece.
—¡Basta! —Lincoln le ordenó gritándole—. Me está cansando el escándalo que estás haciendo. Esto fue por tu culpa. Si sólo hubieras cooperado.
—Por… por favor. ¡Ya déjame!
—Lo haré… en cuanto me des lo que necesito.
—¡Por favor, no! —se dio cuenta de cómo Lincoln volvió a tomar las tijeras—. ¡Mis papás…! ¡Mi papá tiene dinero! ¡Te daremos lo que quieras, pero por favor no lo hagas!
A pesar de que Lincoln no tuvo problemas en tomar uno de los dedos rotos del chico en esta ocasión, provocándole un nuevo pinchazo de dolor, detuvo lo que estaba por hacer justo cuando ya tenía el dedo entre las oxidadas hojas de las tijeras, por lo que Winston insistió creyendo haber conseguido hacer que su captor cambiara de parecer.
—Mu… mucho dinero. Lo… lo convenceré de que nos mudemos, muy lejos. Nu… nunca volveré a hablarle a Lola. Di… diré que nunca le vi la cara a quien… quienes me hicieron esto, que eran muchos y… y que me contaron que fueron ellos quienes mataron al otro niño.
No era la posibilidad de hacerse rico lo que obligaba a Lincoln a desistir. Darle una paliza al mocoso, ya fuera con sus manos o con parte de una viga de madera era una cosa, pero… cortarle un dedo era algo que sonaba tan fácil de decir, pero si lo hacía… habría mucha sangre, además que intuía que la acción de provocar una amputación, cortar carne y hueso no sería algo precisamente bonito.
—Todo… todo lo que quieras. Mi mamá… tenía un seguro de vida. No sé de cuánto, pero… ¡será tuyo! Puedes… puedes decirle a la policía que me encontraste aquí y… yo les diré que me rescataste… ¡Te haré quedar como un héroe! ¡Serás el héroe que me rescató y nunca le diré la verdad a nadie!
Esto último Lincoln lo sopesó poniéndole atención finalmente. Podría convertirse en el héroe de Lola de aquí por siempre. Sonaba tan perfecta la manera en que Winston lo planteaba. Era una pena que el plan sonara tan absurdo como para siquiera considerarlo, en especial por la parte de que le había mentido al chico acerca sobre lo que le ocurrió a su familia, junto con lo del niño ficticio muerto. Además, algo de lo que le mencionó lo asqueó tanto al punto que contrario a lo que Winston esperaba, lo motivó a seguir adelante aumentando más la puesta.
—¿Es en serio, mocoso? Te acabo de contar que tú madre se mató y ya estás pensando en el dinero de su seguro de vida para tu beneficio. ¿Sabes qué? siento que ya no sólo le haré un favor a Lola, sino también al mundo, pequeña basura.
En esta ocasión no dudó y los alaridos de Winston volvieron a crecer conforme Lincoln imprimía todas sus fuerzas para cerrar las tijeras alrededor del dedo meñique derecho del chico hasta conseguirlo y que este cayera al suelo.
Mientras Winston aullaba de dolor con la cara descompuesta tan roja como sus ojos, Lincoln tomó con curiosidad el dedo evitando la sangre que manaba de la mano del chico. Sin el resto de la mano no le parecía un dedo genuino. En realidad, no sintió el asco, miedo o repulsión por sí mismo que esperaba sentir cuando lo hiciera. De hecho… el acto en sí le había resultado extrañamente satisfactorio.
Con una sonrisa, se volvió hacia Winston, cuyo aspecto era en efecto de alguien que acababa de experimentar la mayor experiencia traumática de su vida.
—Vamos, amiguito. No fue tan malo. En lo personal creo que fue divertido. ¿no quieres que lo intentemos de nuevo?
El chico aturdido por un dolor que no creyó que en efecto podría ser peor al que había experimentado hasta hace un minuto, no le respondió, teniendo dificultades para procesar lo que estaba sucediéndole.
—Tomaré eso como un sí. El que calla otorga, ¿sabes? Mi cuñada solía decírmelo de vez en cuando desde que nos conocimos, eso fue años antes de que nuestros hermanos se casaran. Un dicho mexicano o algo así.
Finalmente, Winston salió del shock cuando Lincoln a continuación procedió a cortarle el siguiente dedo. Ya no sólo la mano le dolía, también la garganta por los gritos que profería hasta quedarse afónico. Quiso suplicarle de nuevo que parara, pero no podía, pues además de que Lincoln estaba concentrado en cortar sin cuidado la piel y huesos con esas condenadas tijeras por las que decenas de animales pasaron hasta oxidarse tras ser abandonadas, comprendiendo por qué nadie se molestó en rescatarlas, Lincoln estaba tan concentrado en su labor que seguramente no hubiese puesto atención a Winston incluso si este hubiese podido articular algo que no fueran sólo gritos agónicos.
El peliblanco encontraba una extraña fascinación al imprimir la fuerza necesaria en las tijeras conforme cortaban y machacaban los huesos de los dedos hasta desprenderlos, así como la sangre que salía de las heridas, siéndole interesante del acto el hecho de no experimentar ninguna clase de remordimiento o repulsión como lo hizo al sólo pensar en realizarlo. Nada de eso ocurrió con ninguno de los cinco dedos de la mano derecha, tampoco con los que llevaba de la izquierda, con todo y las dificultades qué también tuvo con el pulgar de esta como los tuvo con el de la otra.
Sólo un poco más de fuerza y el pulgar cayó al suelo para hacerle compañía al resto de los dedos.
Lincoln se quedó observando las heridas destinadas a convertirse en muñones con atención hipnótica, mientras que y a pesar de haber terminado, Winston se retorcía sangrando de las muñecas en sus intentos de zafarse. El crujido que hizo uno de sus hombros durante el brutal castigo cuando estuvo retorciéndose, le hizo sospechar a Lincoln qué se había dislocado un brazo.
Suspirando fue recogiendo los dedos uno a uno hasta tener los diez dentro de la bolsa de plástico tras sacar el twinkie que se le había olvidado que tenía aún dentro, donde también intentó guardar las tijeras sin éxito, pues eran muy grandes como para caber. Con desagrado, se dio cuenta además que junto a parte del escupitajo de Winston qué no se pudo quitar y se había secado ya, su ropa estaba cubierta con sangre. Le preocuparía el cómo solucionaría eso al llegar a su casa, si no fuese por la concentración que el amigo de Lola de pronto le atendía con urgencia.
—Caray, amiguito. No sé qué me pasó si te soy honesto. No quería todos tus dedos en realidad, sólo necesitaba uno para… tú sabes, inculpar a tu padre y eso. Tal vez cause más efecto si pongo uno en su coche, además de en tu casa, su trabajo, incluso podría poner uno en el bolso de Sandra para inculparla a ella también, ¿qué dices? ¿No te gustaría que inculpara a su amante también tu muerte sólo para darle un escarmiento?
Una vez más Winston no parecía atender las palabras de Lincoln por el shock sufrido, ni siquiera lo miraba, su expresión era la misma de alguien que tuvo una muerte muy dolorosa y traumática, pero el hecho de que respiraba aceleradamente con el pecho agitándose impedía que pudiera pasar por un fiambre.
—¡Oye, Winston! ¡Te estoy hablando!
Para que lo atendiera, Lincoln le pegó otra bofetada. La cara del muchacho se hizo de lado por la fuerza con que le pegó, pero su expresión apenas y varió.
—¿Winston?
Le pegó del otro lado del mismo modo. La mueca del chico a Lincoln le recordó a la expresión de los peces muertos en exhibición en la pescadería del puerto donde en ocasiones acompañaba a su padre durante ciertas temporadas.
—¡Rayos! ¡Ya lo rompí!
Le apuró más el hecho de que Winston ya no tuviera consciencia para atenderlo, que el daño que le provocó en sí mismo.
—Vamos, amiguito. Respóndeme. Si lo haces, te daré un twinkie.
Mientras esperaba en vano alguna reacción por parte del muchacho, Lincoln se preguntó qué tanto podría moverse e intentar huir si sencillamente lo liberaba, después de todo lo había dejado impedido al quitarle los diez dedos de las manos, que sentía era casi lo mismo a si se las hubiera cortado por completo. Lamentó no tener nada con qué cauterizar las heridas, pues no descartaba la posibilidad de que se desangrara hasta morir.
—Veamos. Te daré una oportunidad, chico.
Confiado en que no le costaría trabajo someterlo si se echaba a correr, con las puntas de las tijeras consiguió tras unos minutos reventar los amarres que le hizo en ambas muñecas, ocasionando que el chico se resbalara y cayera al suelo como un costal de papas.
—¡Oh, vamos! Te estoy dejando ir. Arriba esos ánimos. ¿Piensa en lo que Lola te diría si te viera así en estos momentos?
Los labios de Winston se movieron, pero Lincoln no pudo entenderle. No estaba seguro si el chico trataría de escupirle de nuevo, por lo que en esta ocasión de forma amenazante primero le colocó una de las puntas de las tijeras abiertas sobre su cuello antes de acercar su oído a la boca de este dándole a entender lo que sucedería si volvía a hacerse el gracioso.
—¿Qué dijiste, muchacho?
—Quiero ver… a… mi mamá.
Lincoln resopló con fastidio.
—¿Qué parte de que está muerta no te quedó clara?
—Quiero… ver a mi mamá. —volvió a musitar con voz apagada.
Lincoln se preguntaba si Winston había olvidado lo que conversaron. A su ver se estaba comportando como un niño pequeño queriendo que le dieran lo imposible o… quizá le estaba pidiendo que lo "llevara" con su mamá acabando con su vida finalmente. Se inclinó a pensar principalmente en esta posibilidad.
—Voy a proponerte algo, niño. Quítate tú solo la soga de los pies y te dejaré ir con tu papá… o te enviaré con tu mamá si eso es lo que de verdad quieres, ¿te parece? Ten, te prestaré las tijeras.
Puso las mismas sobre las piernas de Winston donde se les quedó viendo por más de un minuto entero en lo que Lincoln comenzaba a impacientarse, cuando finalmente el chico dirigió sus manos a estas tratando de tomarlas con las palmas, siendo completamente inútil al no tener dedos con qué sujetarlas, y careciendo de las fuerzas de cualquier forma por el dolor en ambas manos por las recientes pérdidas.
Tras varios intentos qué a Lincoln le parecieron un tanto patéticos, Winston frustrado y deshecho volvió a llorar cuando por última vez las tijeras se le resbalaron de sus palmas sin encontrar ningún modo de sujetarlas. Lincoln sospechó que, de haberle dejado conservar por lo menos dos dedos para poder maniobrarlas, quizá no hubiera intentado soltarse. Seguramente habría usado la oportunidad para intentar atacarlo, o por el contrario habría intentado "imitar" a su madre acabando con su propia vida.
Mientras suspiraba de manera lenta y pausada, Lincoln apartó las tijeras y sujetó a Winston por las muñecas, pese a su flojo intento de "manotearlo" para que lo dejara en paz.
—Ya. Tranquilo, chico. Te seré franco. Por mucho que me gustaría quedarme y ver qué tan lejos llegas en el estado en el que estás incluso si te desatara las piernas, la verdad es que ya es tarde y no quiero preocupar a nadie en mi casa por no volver. Digo, dos chicos sufrieron "un percance" últimamente, por lo que no quiero "matar" de la preocupación a nadie por mi culpa, ¿entiendes? ¿He?
Con el codo le pegó en el costado como si buscará su complicidad en el chiste que pudo ser menos que gracioso para Winston, lo que hizo a Lincoln negar con un gesto mientras procedía a atarlo nuevamente con los restos de la soga sin esforzarse la gran cosa en hacerlo tan bien como la primera vez.
—Hasta mañana, príncipe azul. Si tengo tiempo te traeré algo de comer. Sabes, soy una buena persona, un ciudadano modelo y cosas así, me lo dicen todo el tiempo, por lo que como muestra de mi gran generosidad y para que veas que ya no hay rencores entre los dos…
Tomó el twinkie, lo sacó de su envoltura y trató de meterlo dentro de la boca de Winston quien, pese a sus negativas de recibirlo, Lincoln se las arregló para que abriera la boca para introducirlo todo de golpe y volver a amordazarlo.
Realmente roto, Winston no opuso ninguna clase de resistencia cuando Lincoln volvió a cubrirlo con paja.
Una vez que salió y apagó todo, se dirigió a su coche, Lincoln se vio invadido por el aire fresco y puro del valle, el cual pareció limpiar sus pulmones de toda la suciedad que amenazó con contaminarlo allá adentro. La sensación fue vigorizante.
Lincoln se fijó en la bolsa de plástico que llevaba cargando, la cual, tras abrirla, en su interior contempló los dedos de Winston. No comprendió por qué le fascinaron tanto cuando se los cortó, o por qué no le parecieron desde cierto sentido reales. Era evidente que se trataban de diez pequeños dedos humanos, mismos que él cortó con las tijeras que llevaba en la otra mano. De pronto le parecieron vulgares y escabrosos.
Tiró la bolsa y las tijeras a un lado para apoyarse contra un árbol donde comenzó a vomitar impresionado por lo que fue capaz de hacerle y decirle al mocoso con una faceta suya que no conocía ni él mismo.
Se hizo dos preguntas para las que no tenía ninguna respuesta inmediata. La primera era acerca de cómo cubriría sus pasos. Ya había hecho muchos méritos ante su familia y frente a casi todo el pueblo mostrándose como el ciudadano modelo preocupado que, tratando de ayudar a la policía, por su hermana fue en búsqueda de su amigo, pero se estaba llevando evidencia de su crimen y no podía permitirse eso.
Lo segundo era todavía más delicado. ¿Qué haría con Winston? Dudaba que el chico pudiera resistir mucho ante las condiciones en que lo dejó, o siquiera el considerar realmente el mantenerlo mucho tiempo con vida.
Aunque pensaba en sólo subir a su auto, marcharse y ocuparse de eso otro día dada la hora que era y lo exhausto que ya se sentía, decidió actuar de una vez. No recordaba cuántos días Liam había mencionado que la compañía a quienes su familia contrató para la limpieza del lugar les tomaría prepararse para ir a hacer el trabajo. Bien podría ser la siguiente semana o la segunda, bien podría ser mañana y no podría arriesgarse que así fuera y estos sorprendidos encontraran a un mocoso de doce años con los dedos mutilados muriéndose de inanición, quizás con las pocas fuerzas y cordura necesarias para delatarlo.
Recorrió el granero por afuera, hasta encontrar más cuerdas viejas en la parte de atrás junto con algunas lonas rotas realmente grandes un tanto quebradizas que no le costó cortar para hacerse con una parte de buen tamaño.
Suspirando, volvió a entrar al granero tras encender otra vez el generador.
Cuando encendió la luz, para su sorpresa Winston no estaba donde lo dejó. El muchacho de alguna manera y pese a la precaria situación en la que se encontraba, había conseguido zafarse de los amarres de sus manos, aunque sus muñecas estaban rojas y llenas de cortes, siendo que su brazo izquierdo estaba adicionalmente en un ángulo muy extraño, quizá debido a que tiró tanto de este para soltarse que se lo había dislocado. La mordaza la llevaba al cuello y el twinkie a medio comer estaba en el suelo.
El chico se encontraba afuera del montículo de paja sobre el suelo arrastrándose hacia la puerta hasta donde le permitía la cuerda que lo sujetaba de los pies. Había hecho un desastre y reguero de sangre por todas partes principalmente debido a las heridas de sus manos. Lincoln no entendió cómo es que no se había muerto ya desangrado.
El chico se paralizó cuando se encontró a Lincoln frente a él, quizás había pensado que tendría todo el tiempo del mundo para encontrar el modo de liberar sus piernas (aunque como Lincoln, ni a él se le ocurría cómo hubiese podido hacerlo) para así poder correr hasta dar con alguien que pudiese ayudarlo.
—¡Rayos, amiguito! —le decía Lincoln con la cuerda enrollada en uno de sus hombros sujetando al mismo tiempo la lona doblada bajo su brazo—. Este giro no me lo esperaba. Sabes, si hubieras intentado hacer esto ayer, seguramente en estos momentos ya estarías en casa con tu mamá viva y también tu papá quien, aunque se lamentaría el haber perdido la excusa para abandonar a tu madre por Sandra, quizás también se hubiera alegrado de verte. Sabes, eres un flojo. ¿Ya para qué siquiera te tomas la molestia de intentarlo? No es que sirva de algo a estas alturas.
Winston comenzó a sollozar, mitad afectado por las duras palabras de Lincoln haciéndolo sentir mal por no haber luchado como debió hacerlo cuando tenía mejor salud y estaba completo, como también por ver frustrado su muy desesperado y doloroso plan de escape.
—Qué… ¿qué vas a hacerme ahora?
Lincoln se inclinó frente a él para susurrarle mientras lo miraba lascivamente.
—Voy a violarte.
El muchacho se sobresaltó e intentó ponerse de pie apoyando las manos contra el suelo, sólo para gemir de dolor, resbalar y caerse al mismo tiempo golpeándose en el mentón, mientras que, a causa del esfuerzo al apoyarlas, sus manos sangraron todavía más de donde antes sus dedos estaban. Lincoln comenzó a carcajearse como si hubiese visto la escena más graciosa de su vida.
—¡Debiste ver tu cara! ¿En serio te lo creíste? ¿Es que crees que soy un marica o algo así? —se sintió incómodo por usar aquella palabra, después de todo los padres de quien fuese su mejor amigo hasta que se mudaran tras terminar la secundaria lo eran y siempre le agradaron. Se dijo a sí mismo que no estaba haciendo realmente daño a nadie y que la palabra la usó sólo para tomarle el pelo al mocoso ese que no merecía ninguna clase de misericordia—. Lamento decepcionarte, pero no lo soy, así que no te emociones que no te haré nada de eso. Lamento romperte el corazón.
Winston escupió de lado al sentir la sangre acumulándose dentro de su boca. Entre la abundante saliva teñida de rojo iba uno de sus dientes frontales superiores. El peliblanco movió la cabeza de un lado a otro.
—¿Es que ahora pretendes parecerte a Lola cuando era una niña? Vaya que eres patético.
—¡Ya no me importa tu hermana! —rugió con los ojos cerrados tirado en el suelo boca abajo—. ¡Me arrepiento de todo! ¡Pero por favor ya déjame! ¡Haz lo que quieras con ella! ¡No me importa!
Lincoln sintió coraje por lo que escuchó.
—Creí que Lola te importaba.
—¡Pues ya no me importa un carajo!
Ahora había cosas en su vida que le importaban más. Su madre estaba muerta y su padre había huido con su maldita socia. Había perdido todos los dedos de las manos. Tenía hambre, sueño, sed, pues con lo que Lincoln lo alimentó no le valió de mucho. Estaba solo y destruido, todo por culpa de tratar de involucrarse con su mejor amiga desde la infancia, la cual resultó que su hermano era un demente incestuoso y sicópata que le había jodido la vida sólo por celos.
El chico sintió como Lincoln lo tomó por los pies para cortar la cuerda que lo unía a la viga en la que estuvo atado de brazos. Con desesperación, trató de patalear esperando conectarle un golpe en la cara para poder zafarse de él, por lo que Lincoln le dio algunas nalgadas, pero al no surtir efecto para que se calmara, metió entre sus piernas la mano bien abierta escandalizando a Winston cuando de forma descarada atrapó sus genitales sobre su ropa. "¡No bromeaba! ¡Realmente me va a vio…!" sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Lincoln fuertemente trató de cerrar su mano aplastando en ella su pene y testículos por espacio de un minuto en el que tensó su cuerpo poniéndolo rígido al mismo tiempo que su rostro se volvía tan rojo que Lincoln pensó que una vena podría explotarle en la cabeza.
Cuando lo soltó, Lincoln asqueado talló repetidamente su mano contra el suelo lleno de paja y madera maloliente, prefiriendo que apestara a granero abandonado en lugar de a orines y algo de excremento. Había olvidado que el chico se hizo repetidas veces encima mientras lo mantuvo cautivo. Al menos había funcionado, pues Winston además de callarse había aflojado su cuerpo, por lo que ya no parecía capaz de moverse nada, respirando muy entrecortadamente.
A la nueva cuerda Lincoln ató por en medio la que aún Winston llevaba manteniendo así sus piernas unidas entre sí. El otro extremo lo arrojó por encima de una de las vigas colgantes principales que atravesaban el granero a lo ancho, hasta que cayó por el otro lado.
—Sabes, no me hace ninguna gracia el saber que mi hermana nunca significó nada para ti. Te faltan bolas, niño. Supongo que te di mucho crédito al esperar que me contestaras algo como "¡Nunca será tuya! ¡Primero pasarás sobre mi cadáver antes de que le toques un pelo! ¡Te mataré! ¡Daré mi vida por protegerla!" o esas cosas que a Lola le encantan de las películas donde el chico enamorado lucha contra toda adversidad por la mujer que ama.
Si pudiese hablar de no ser porque se quedó afónico y aún le palpitaban dolorosamente los testículos, Winston le diría que esto era la vida real y no una estúpida telenovela, aunque tal vez lo mejor era quedarse callado, pues parecía que cualquier cosa que saliera de su boca sería la excusa que Lincoln buscaría para continuar torturándolo.
—Aunque supongo que el héroe de la historia en realidad soy yo —Lincoln continuó hablándole— y tú eres el obstáculo que debo de combatir para poder estar con Lola, la mujer que amo.
Winston estaba atónito tanto por su condición como por las pruebas que Lincoln le daba de su locura. Lola sólo tenía trece al igual que él. No era una mujer, era una niña, él también lo era, pero a ese chico que con sus dieciocho años ya era legalmente un adulto, poco o, mejor dicho, nada le importaba. Entonces la cara del chico se raspó contra el suelo, al mismo tiempo que sus piernas eran estiradas hacia arriba, todo cuando con mucho esfuerzo, Lincoln comenzó a tirar la cuerda con la que lo ató por el otro lado.
Lincoln hizo un gran esfuerzo para tirar y tirar pues, aunque Winston no es que pesara tanto, se hacía complicado hacer que la cuerda se moviera al pasar por la viga, la cual crujía mucho cada vez que la cuerda la recorría. El peliblanco temió que no aguantara mucho y a medio camino la viga se partiera y Winston, cuya cadera comenzaba a elevarse pese a los intentos de mantenerse en el suelo tratando de sujetarse de algo manoteando sin más a su alrededor, gemía temiendo lo que ahora podría ocurrirle.
Minutos después, Lincoln con el cuerpo suspendido de Winston colgando a poco menos de un metro del suelo dejándolo de cabeza, ató el extremo sobrante de la cuerda a la viga en la que antes lo retuvo, esta vez teniendo mayor cuidado y dedicación como cuando le hizo el nudo de las piernas para evitar que se soltara y cayera de cabeza al suelo abriéndosela… no es que eso lo considerara algo tan malo.
Winston continuó manoteando en el aire unos segundos hasta que dejó de hacerlo al ver la sangre aún gotear de sus cortes. La cabeza le dolía ahora casi tanto como sus genitales al sentir que toda la sangre de su cuerpo volvía a concentrarse ahí, aunque esta vez ya no por dolor. A Lincoln lo veía invertido como todo a su alrededor debido al ángulo en el que se encontraba. Se sentía tan desorientado, que le costó trabajo entender qué era lo que veía. Fue hasta que su captor se acercó cuando comprendió que este había recogido de vuelta el madero con el que le rompió a golpes los dedos antes de amputárselos.
—Bueno, Winston. Esto fue muy divertido. No voy a mentirte, en serio y a pesar de que antes me imaginaba que sería un dolor en el trasero el tener que pasar contigo más de cinco minutos a solas, lo cierto es que disfruté mucho nuestro encuentro.
Hizo una pausa para permitirle al muchacho que le dijera algo, pero este sólo lo miraba aterrado sintiendo que se estaba asfixiando con la sangre, que de no ser por la posición en la que se encontraba, le saldría en ese momento por la nariz. Lincoln negó con un gesto.
—Esta es la parte donde presumiendo tus buenos modales, si de verdad los tuvieras, dirías: "Gracias, Lincoln. Yo también me la pasé muy bien. Lamento que no podamos compartir más momentos juntos ahora que acepté que es contigo con quien Lola merece estar tras que me hicieras comprender que perdía mi tiempo esperando algo de ella por ser un pedazo de basura indigno siquiera de sus pies. Es cierto lo que todos dicen. ¡Eres la mejor persona del mundo! ¡Lola será tan feliz de estar a tu lado!"
Winston hizo una arcada y enseguida agitó la cabeza cuando la sangre y la saliva le resbalaron de la boca hacia la nariz. Sin perder su sonrisa, el joven adulto movió de un lado a otro la cabeza.
—En serio nunca vi los buenos modales de los que Lola tanto nos presumió en casa que tenías. En fin. Como la persona tan amable que soy, voy a concederte un deseo. ¿Recuerdas cuando me pediste que te dejara marcharte o que te permitiera irte con tu mamá?
Abriendo tanto sus ojos inyectados en sangre, que sintió podían literalmente salirse de sus cuencas, Winston no necesitó que Lincoln siguiera escupiendo sus estupideces para comprender lo que sucedería a continuación.
—Bueno, amiguito. Aunque me habría gustado tanto como a ti continuar por uno o dos días más nuestros jueguitos, la verdad es que ya estoy muy cansado y creo que lo mejor para los dos es que te deje ir.
Lincoln hubiese querido ver la expresión anhelante llena de felicidad en la cara de Winston al decirle esto último, hacerlo imaginarse un escenario donde cortaba la soga, lo subía a su auto y lo llevaba con sus amorosos padres, por nunca creer las mentiras que le dijo, sintiéndose por el contrario decepcionado al ver la resignación absoluta ante lo que en realidad iba a hacerle, incluso y le sorprendió, notando un genuino anhelo porque lo hiciera, todo con tal de terminar con la pesadilla.
—Entonces, pues… adiós amiguito.
Con toda su fuerza Lincoln echó para atrás sus manos cargando de vuelta el pesado madero y Winston cerró los ojos fuertemente rogando para sus adentros que el golpe en su cabeza fuera certero, para que al abrirlos a quien viese fuera a su amorosa madre aguardando para recogerlo y partir juntos en paz. No se esperó el tremendo y doloroso golpe con el que Lincoln le rompió las piernas cuando arrojó el madero contra ellas que hasta lo terminó soltando.
Mientras el pobre chico chillaba de dolor, el peliblanco maldijo al sentir que una astilla se le había clavado en una mano cuando se le resbaló el madero. ¡Vaya que ardía! Se tomó su tiempo para examinarse y sacar a la condenada de su palma izquierda, mientras que detrás de él, Winston se sacudía vociferando gritos, lastimándose más por forzar a sus piernas a moverse inutilizadas de las pantorrillas para abajo.
—¡Cállate! —Lincoln le gritó—. Me clavé una astilla y no creo que te hagas siquiera una idea de lo mucho que duele. Mocoso desconsiderado. Parece que tus padres no hicieron ningún buen trabajo al enseñarte empatía por las dificultades de los demás.
Poco a poco consiguió sacarse la astilla, tras darse unos segundos para recuperarse, fue a tomar de nuevo el madero, se preparó y Winston esta vez sin tener nada en mente concentrado únicamente en el intenso dolor que amenazaba por explotarle su enrojecida cabeza, dejó de pensar en sus piernas cuando sintió todas las costillas de su lado izquierdo ser destrozadas por el siguiente golpe.
Por fin el chico se calló. Lincoln respiró de forma agitada pensando que todo ya había terminado, llevándose una sorpresa cuando al acercarse, notó como los párpados y la boca entreabierta de Winston temblaban, en realidad todo su cuerpo lo hacía cuando prestaba atención, haciendo aparte el movimiento del cuerpo de un lado a otro por la cuerda que lo sujetaba a la viga del techo que rechinaba y crujía bastante en cada balanceó.
—¡De qué rayos estás hecho, niño! ¿De acero?
Winston no respondió, ni siquiera parecía ver a Lincoln a pesar de tenerlo frente a él de cabeza. Si en ese preciso momento un doctor apareciera rescatándolo, buscando por todos los medios posibles para ayudarlo, antes de sacar conclusiones debido a todos los órganos internos que tenía dañados, como el pulmón que fue perforado por las costillas, el estómago contraído, o la opresión del corazón, primero concluiría que el chico había entrado en un estado catatónico del que nunca saldría, aún si conseguían tratarlo milagrosamente de todo lo demás, condenado a ser un vegetal por el resto de su vida.
—Oye, Winston. ¿Sigues ahí?
Lincoln chasqueó sus dedos frente al rostro del muchacho sin obtener respuesta más allá del tembleque continuo.
—¡Rayos, ahora sí te rompí!
¿Cuáles habían sido sus últimas palabras antes de ponerse a gritar? Francamente las había olvidado, algo que Lincoln lamentó. ¿Fue otra súplica por su vida? ¡Bingo! "¡Pues ya no me importa un carajo!" refiriéndose a su amada Lola, el muy atrevido.
—Bueno —Lincoln suspiró volviendo a poner en alto el madero—. Esto es todo, amiguito.
Poniendo todo su esfuerzo en el siguiente golpe tras comprobar que Winston estaba hecho de un material más duro del que imaginó, Lincoln le rompió el cráneo permitiéndole finalmente descansar en paz. Uno de los ojos del muchacho se salió de su cuenca. La mandíbula rota le resbaló de lado, y la sangre goteó con mayor intensidad de su boca.
Durante una travesura que a Lincoln no le gustó mucho realizar en la secundaria, pero que igual hizo por seguirle el juego a Rusty, destrozó con un bat de béisbol una calabaza gigantesca. Reconocía que esto había sido mucho más satisfactorio, con todo y que la acción le recordó mucho a ese suceso, con todo y el ruido durante el impacto de algo muy sólido crujiendo al romperse, con la suave materia en su interior saliendo revuelta. También lo relacionó con una piñata en la que participó para romperla durante la última fiesta de cumpleaños de su cuñado.
Soltó el madero y Lincoln se permitió un momento para descansar dándole la espalda a Winston y alejándose al otro extremo del granero.
Escuchó un ruido detrás de él y aterrado volteó creyendo durante un cuarto de segundo que el chico estaría moviéndose todavía vivo, a pesar de tener la cabeza aplastada de un lado, cuando la viga de la que estaba colgado finalmente no resistió más y se vino abajo tirando el cadáver del chico, y aplastándolo tras caerle encima.
Lincoln permaneció unos segundos paralizado ante esta imagen, antes de apresurarse a salir del granero y recorrerlo por afuera mirando a sus alrededores. Muy a lo lejos alcanzó a escuchar a un perro ladrar y a su dueño gritarle que dejara de molestar. Se quedó por espacio de cinco minutos alerta por si alguien aparecía atraído por aquel escándalo que había sido mayor a cualquiera de los gritos que Winston había proferido. Nada.
—Mira ahora al señor "mala suerte" en este momento, Lynn.
El alegre pensamiento de Lincoln vino acompañado de una imagen donde a su hermana le daba el mismo tratamiento que a Winston, lo que lo horrorizó de sí mismo al instante.
—¡Maldito loco! —se reprendió a sí mismo—. ¡No hay justificación alguna para que siquiera te atrevas a imaginar hacerle eso a ninguna de tus hermanas o a ninguna persona, idiota!
Tras estar en paz consigo mismo, regresó adentro. Contempló una vez más el estado en el que el muchacho quedó, con la viga encima de él y sus talones tocando lo que le quedó de la nuca por el modo en que su espalda se dobló con la caída.
—En fin. Manos a la obra, que no se está haciendo precisamente más temprano.
Lincoln estacionó su auto a varios kilómetros de la granja, donde cinco días después la compañía de limpieza encontraría dentro del granero el desastre de la viga rota, la sangre seca por todos lados de la que les habían hablado debido al maltrato al que por mucho tiempo sometieron a los pobres animales que tuvieron los anteriores propietarios, tanto en las porquerizas, los gallineros, un corral de ovejas interno, la caballeriza y en medio del granero donde sospecharon degollaron a un cerdo. El trabajo sería medianamente complicado, pues mucha de la sangre había sido absorbida por la madera y la paja. Mantendrían la sospecha de que algún vagabundo días atrás había ingresado ahí para dormir y usar como una letrina el lugar. Muchas cosas fueron reemplazadas o reforzadas, como la viga donde por más de un día Winston estuvo retenido en contra de su voluntad.
Por casi una hora, con dificultad Lincoln cargó por el valle con el cadáver de Winston bien envuelto y amarrado dentro de la lona sobre su hombro, mientras que en su mano libre llevaba la bolsa de los dedos de Winston y un bidón con gasolina que solía cargar por si algún día se le olvidaba llenar el tanque y así tener un refuerzo parte evitar quedarse varado por ahí.
El año pasado y tras la muerte de un desafortunado campista, el departamento de control de animales por meses había conseguido reubicar a todos los osos cercanos de la zona hacia un área todavía más apartada del pueblo. Lincoln recordó ahora con cierto humor cómo por poco se había librado de uno junto a Clyde, de cuando niños intentaron imitar lo que vieron en un programa de Rip Hardcore. Recordaba el suceso tan bien, como la ubicación de la cueva del oso, que fue a donde llegó soltando el cadáver en el suelo de piedra, donde prosiguió a abrir la lona con las tijeras hasta descubrir a Winston, iluminando en todo el momento sus acciones gracias a la lámpara de su celular que tenía metido al frente del borde de su pantalón para así tener las manos libres para ponerse a trabajar.
—No sé qué allá del otro lado si es que en realidad haya algo —Lincoln le habló al cuerpo—. Pero si lo hay y te dice que no podrás reencontrarte con tu madre porque en realidad sigue viva, de seguro te sentirás muy decepcionado… o feliz… ya ni sé. Espero que de cualquier modo te tomes la broma con humor.
Aventó encima del chico la bolsa con sus dedos, y a continuación procedió a rociar el bidón con gasolina sobre el cuerpo. Tras dejarlo vacío, arrojó con fuerza las tijeras encima de Winston, por lo que sorpresivamente la punta terminó clavada dentro del ojo que aún conservaba reventándolo.
—¡Genial! Esos son diez puntos por lo menos. ¿Por qué nunca me pasa algo así cuando hay alguien presente? —se río un poco—. Bueno amiguito, te diría que lo siento, que no quería llegar a tanto y bla, bla, bla, pero la verdad es que… no me arrepiento de nada, además y si lo piensas bien, te darás cuenta de que todo esto —se palmeó los costados moviendo la cabeza de un lado a otro— tú mismo te lo buscaste.
Se alejó un poco antes de sacar unos cerillos que fue encendiendo y arrojando contra el cuerpo. De un modo cómico retrocedía pensando que una gigantesca llamarada surgiría, o que había usado tanta gasolina que la cueva estallaría, pero no pasó nada de eso, de hecho, el cerillo se apagó antes de tocar a Winston. Esto ocurrió varias veces hasta que en el séptimo intento donde Lincoln comenzaba a desesperarse, finalmente consiguió que la pequeña llama se conservara al encontrarse con el chico, creciendo en menos de dos segundos en una llamarada enorme que comenzó a consumir al chico.
Lincoln a toda prisa salió antes de asfixiarse con el humo que no tardó en alzarse por todo el lugar. Ya afuera se apresuró a recoger piedras para colocarlas alrededor de la entrada hacia la cueva para evitar que el fuego saliera y se propagara, deseando darse prisa antes de que a lo lejos alguien divisara el humo notificándoles a las autoridades sobre el mismo temiendo que se tratara de un incendio forestal.
Minutos después, cuando colocó la última piedra con la que creyó ya bastaría, se marchó a toda prisa del lugar prestando finalmente atención a los mensajes y a las llamadas perdidas de su preocupada familia por la hora que era mientras que él seguía afuera.
—¡Lincoln! —respondió su madre al instante en que le marcó— ¡Cariño, nos tienes a todos preocupados! ¡Dónde estabas!
—Lo siento, mamá. Se me ocurrió que Winston podría estar en Hazeltucky o que un par de conocidos que tengo ahí podrían saber algo. Lamento haberlos preocupados.
—¿Pero tú estás bien?
—Sí, descuida. Ya voy camino a casa.
—Mira, todos aquí estamos preocupados, pero más Lola que la tengo a mi lado. Deja que te la pase.
El chico tragó saliva aguardando unos segundos, cuando la voz de su madre fue sustituida por la de su amada hermanita.
—¡Lincoln! ¿Estás bien?
Sonrió conmovido por su voz cargada con preocupación.
—Sí, Lolita. Perdón por preocuparlos. Me tomó más tiempo de lo que me imaginé.
—Gracias al cielo que por fin hablaste. ¡Pensaba que a ti también te…! —gimió y Lincoln se sintió muy culpable por no haberse comunicado antes— lo siento.
—Está bien, Lola. Todo fue culpa mía.
—¿Encontraste a Winston o alguna pista de él?
Por el espejo retrovisor, Lincoln dio un vistazo rápido a la humareda que a lo lejos vagamente se distinguía. Tal vez no tardaría en consumirse, pues no había nada flamable en esa tumba de rocas donde abandonó al chico. Suspiró antes de contestarle.
—Lo lamento, Lola. No encontré nada.
Ella gimió, por lo que el chico se apresuró a tratar de animarla.
—¡Oye! Arriba esos ánimos. No hay que perder la fe, ya te lo había dicho. Tal vez aún no sepamos dónde está, pero al menos ya sabemos dónde no está, lo que acortará los lugares para que puedan buscarlo. Vamos, que aún no ha pasado mucho tiempo, por lo que todavía existen muchas oportunidades de dar con él.
Tras hacer un ruido que Lincoln identificó como que acababa de sorberse la nariz, le respondió.
—Gracias, Linky. Gracias por todo lo que hiciste por Winston y por mí.
Él sonrió complacido. Sí. Todo lo que le hizo a Winston fue por ella y no dudaría en volverlo a hacer de ser necesario.
—Fue un placer. ¡Ah! Lola… —dejó salir el aire que contuvo antes de terminar de hablar—, te amo.
Hubo un silencio prolongado. Lincoln se la imaginó quizás confundida por haberle dicho aquello que le salió del corazón y preguntándose en qué contexto se lo dijo. Ya estaba temiendo que le colgara en el mejor de los casos, desconcertada por sus palabras y esto en el mejor de los casos en el que no lo llamara de pronto "asqueroso" o algo así, a lo que Lincoln tenía ya preparada una réplica de que se lo había dicho como hermano, cuando ella finalmente le contestó.
—Yo también te amo, Lincoln.
Tras prometerle que no tardaría en llegar, se despidió, colgó y se puso a pensar en una manera de sortear a su familia para llegar directamente al baño, donde permanecería media hora aseándose a consciencia, saliendo después envuelto en una toalla con su ropa dentro de una bolsa de plástico… cuyo contenido guardaría hasta que tuviera la oportunidad de quemarlo también.
Cerca de dos semanas después, un grupo de exploradores aficionados darían con la cueva encontrando los huesos dispersados e incompletos que los lobos de la zona no se comieron. Aunque se sospecharía que pertenecían al chico desaparecido, no se confirmaría hasta días después de examinarlos gracias a los registros dentales. No podrían determinar el origen de las viejas tijeras chamuscadas sin huellas dactilares debido al fuego, más allá de ser el objeto punzo cortante con el que perdió los dedos.
La muerte de Winston pasaría a ser uno de los tantos grandes misterios sin resolver del país, y el único en Royal Woods.
Los padres del chico ante la pérdida estarían más unidos que nunca, lamentando la muerte de su hijo y sin llegar jamás a tener una respuesta de lo que le sucedió esa mañana cuando desapareció al ir a la escuela.
