¡Hola! Sí, estoy aquí otra vez, eso significa que he hecho alguna locura. Y efectivamente, aquí la traigo muahaha Tenía muchas ganas de SaboLu, y bueno, este es el resultado.

Ojalá os guste. Los que conozcáis mi humor por mi otro shot bizarro "Sin sorpresas no se puede vivir (literalmente)" preparaos para algo similar. Los que no, preparaos a secas XD

¡Disfrutad la lectura!


Luffy no se lo podía creer. Aquél monstruo marino les había traído un regalo del cielo que ahora aterraba en su barco, resultando ser una de sus personas favoritas. ¡Sabo estaba allí, cayendo del cielo con su gracia y su elegancia natural!

—¡Saboooo!—gritó Luffy, sonriendo ampliamente y notando las comisuras de sus ojos húmedas. Aún no se acostumbraba a la idea de que después de diez años de ausencia, pudiera volver a tocar y sentir a su hermano de brindis, con quien había compartido tantas alegrías de infancia y tantos sueños. Tantas promesas que aún estaban por cumplirse, y que con su reaparición se habían vuelto a enderezar con más motivación que nunca.

Sabo aterrizó en el barco de los Mugiwara junto a su pandilla. Luffy aún no había conocido a ninguno de los nakama de Sabo, y se moría de ganas de saber con quién compartía sus sueños.

—¡Hola de nuevo, Luff...!—el saludo jovial de Sabo quedó interrumpido cuando vio que unos brazos se enrollaban en su cuerpo. Los ojos del rubio se abrieron con sorpresa, mientras que más de un mugiwara ya volteaba los ojos al saber cómo seguiría la cosa.

Y efectivamente, los brazos del capitán de los Mugiwara se enrollaron por todo el cuerpo de Sabo, sin dejarse ni un solo rincón por abrazar, y cuando Luffy tuvo suficiente, se impulsó hacia él.

—¡Sabo, cuánto tiempo!—chilló Luffy con ilusión mientras volaba hacia él, y al mismo tiempo que la cara de Sabo empalidecía.

Chocó contra Sabo de una manera cómica, con las piernas en su cuello y la cabeza apoyada en los rizos rubios ajenos.—¡Te echaba de menos!—se quejó, apretando el agarre.

—Ya lo veo—contestó Sabo, con muchas dificultades para hablar por la falta de aire. Se sentía como la presa de una serpiente, que primero asfixian a sus víctimas y luego se las tragan lentamente.—Yo también te echaba de menos.

Luffy amplió –si era posible- su enorme sonrisa.

—¿Seguro?—preguntó, mirándolo con una mezcla de alegría y esperanza.

—¿Cómo no voy a echar de menos a mi hermanito pequeño revoltón? —respondió Sabo con otra sonrisa.

Luffy le sonrió, un gesto menos eufórico que los anteriores, con un deje de ¿decepción? ¿Confusión? ¿Qué era?

Robin alzó una ceja y se frotó la mejilla con su dedo índice. Una de las comisuras de sus labios se levantó. Zoro se la miraba desde el mástil mayor, donde estaba apoyado observando toda la escena con una cerveza en la mano. Negó con la cabeza y la bajó sonriendo. Algo estaba pasando allí para que el detector de sospechas de Robin se pusiera en marcha. A él se le escapaba, desde luego, no percibía ningún peligro entre los nuevos pasajeros del barco. El monstruo marino estaba definitivamente muerto, y no detectaba ninguna presencia desconocida. A veces coincidía con las corazonadas de la arqueóloga, pero aquella no parecía ser una de esas ocasiones en las que tenían que temer por su vida.

Pero tenía curiosidad por saber de qué iba todo.

—¡Luffy, lo vas a ahogar!—se quejó Nami. Y es que Sabo estaba de color gris, y parecía estar al borde del desmayo.

—Nos gustaría mantener a nuestro comandante con vida, mugiwara—murmuró Karasu, el hombre cuervo, que pese a su seriedad se apreciaba un aire distendido y casi divertido en sus palabras.

—Shishishishi—rió Luffy, aflojando un poco el agarre para dejar respirar al rubio, que seguía sonriendo pese a la tortura que estaba sufriendo.—¿Por qué habéis venido?

—Por fin preguntas—interrumpió Belo Betty, una chica alta y despampanante, que fumaba un cigarrillo.—Os estabais a punto de meter en una de nuestras bases secretas, si te parece poco, mugiwara—le reprendió.

—Luffy, nos pillaste por sorpresa cuando íbamos hacia una misión. Queríamos salir por una de nuestras entradas pero estaba cerrada por el barco. Luego vimos que estabais siendo atacados por ese monstruo, y el resto ya lo sabes—resumió Sabo.

Luffy asintió y luego se le iluminó la cara.

—¡Ya que estáis aquí, quedaos a almorzar!—instó, desenrollándose por fin de Sabo y buscando con la mirada a su cocinero—¡Sanji, haz comida para todos!

—¿Te crees que soy un camarero de un buffet libre o qué, idiota?—se quejó Sanji, pero se calmó rápidamente encendiéndose un cigarro.—¿Os quedáis o no?—preguntó a los invitados.

—Quedaos, no hemos podido hablar tranquilamente desde que os reencontrasteis, ¿verdad?—propuso Nami, mirando a ambos hermanos y seguramente preguntándose (igual que con Ace) de dónde venía la consanguineidad, porque ella no la encontraba (tampoco sabía que el lazo iba mucho más allá de la sangre, y que el pacto lo habían sellado con un brindis con sake).

—¡Eso, queremos conocer al SUPRRRR aniki de nuestro SUPRRR capitán!—animó Franky, uniendo sus brazos de robot.

—Sí, acabamos de salir de un lío y es un buen momento antes de que entremos en el siguiente—suspiró Sanji.

—No digas eso, aún tiemblo al recordar esos monstruos gelatinosos—tembló Ussop.

—Solo de recordarlo se me pone la piel de gallina, aunque no tengo porque solo me quedan los huesos YOHOHOHO—añadió Brook.

Sabo estaba riendo, le gustaba mucho lo bien avenidos que eran los mugiwara.

—Os agradezco la invitación, sois todos muy amables y me encantaría poder hablar tranquilamente con todos vosotros para conocer bien la tripulación de mi hermano—contestó Sabo con calma, aún estirando los brazos y girando la cabeza para petarse las cervicales—Pero hoy no podrá ser, tenemos planes muy importantes para llevar a cabo. Sin embargo, espero que la próxima vez las circunstancias sean otras y podamos llegar a conocernos bien.

Luffy había hecho una mueca.

—Luffy, no te metas en demasiados problemas, aunque ya sé que no te puedo pedir mucho porque lo harás igualmente—le sonrió Sabo, acercándosele para despedirse. Luffy había hinchado las mejillas y protestaba silenciosamente, pero dejó de hacerlo cuando se vio rodeado por los brazos fuertes de Sabo y su cuerpo tan caliente abrazándolo. Con las manos temblando, Luffy correspondió al abrazo, notando otra vez los ojos picarle con fuerza. De repente quería llorar y no sabía por qué.

—Nos veremos pronto—le susurró Sabo al oído, a lo que Luffy sonrió otra vez con alegría. También se puso rojo sin motivo.—Tenemos muchas conversaciones pendientes.

Luffy apretó el agarre al cuerpo de Sabo y hundió su cara en el pecho del otro. Abrazar a Sabo era como estar en la cabeza del león del Thousand Sunny, como estar con sus nakama alrededor de una mesa y brindar por sus aventuras, como flotar en una nube, como comer filete de ternera cada día, como desembarcar en una nueva y emocionante isla.

—Prométemelo—lloriqueó el capitán de los mugiwara. ¿Quién iba a decir que sus compañeros estarían viendo al alegre e irrompible Monkey D. Luffy haciendo una escena de hermano asustado y dependiente? —Promete que nos veremos pronto, Sabo.

—Lo prometo—murmuró, y le apretó una última vez antes de dejarlo libre y empezar a andar hacia sus compañeros. Luffy tuvo trabajo sonándose los mocos que caían por su nariz. —Gracias por la hospitalidad, amigos de Luffy.

—Gracias a ti por tu amabilidad—contestó Nami, que aún seguía asombrándose por ver tal cortesía en alguien pariente de su alocado capitán. —Siempre seréis bienvenidos.

Sabo sonrió, y miró a Robin, que estaba de pie junto a la barandilla de la borda, con Chopper agarrado firmemente entre sus piernas. Aquél hombre vestido de cuervo le daba miedo.

—También me gustará poder hablar contigo, Robin.—añadió guiñándole un ojo a la arqueóloga. Ella le sonrió cálidamente, y asintió.

—Me gustará mucho saber de ti y de Koala. Dale recuerdos de mi parte.

—Lo haré—dijo.

—¡La próxima vez que nos vemos pescaremos con Chopper y Ussop, cazaremos un monstruo marino y haremos un festín de piratas para celebrarlo!—decidió Luffy—¡Está decidido!

—Ahora nada le hará cambiar de opinión, que lo sepáis—gruñó Zoro, bostezando.

Con una última sonrisa, Sabo y los suyos desaparecieron tan rápidamente como habían llegado.

Nami suspiró.

—¿En qué lío nos tenemos que meter ahora?


Habían bebido mucho, y las botellas de alcohol seguían vaciándose generosamente tan rápido como llegaban en aquella abarrotada mesa llena de carne, pan y fruta. El Thousand Sunny estaba amarrado en el pequeño muelle de la isla Okama, el imperio de Ivankov y sede general del ejército revolucionario. Dentro del barco no quedaba rincón suelto y todo estaba lleno de gente bailando, charlando o bebiendo.

En uno de esos rincones, a oscuras y sin intención de ser encontrados, estaban dos siluetas acostadas una encima de la otra; vasos y ampollas de alcohol yacían a un lado, abandonadas.

—Estamos siendo poco prudentes—susurró Robin entrecortadamente mientras notaba los dedos de Zoro acariciándole la espalda para llegar a su sujetador—Hemos bajado la guardia, Zoro—la boca del espadachín reseguía la clavícula de la mujer, como si estuviera estudiando todos los relieves de su piel. Estaba demasiado concentrado en Robin como para pensar en nada más.—Todo el mundo está…—tuvo que callar porque la lengua de Zoro se metió en su boca sin preguntar, aunque no pudo evitar perderse en su locura y rendirse a aquél beso ardiente. —…Borracho—acabó por decir.—También hemos bebido mucho…

Robin se sentía suficientemente lúcida para tomar perfectamente una decisión como la que requería aquella situación, pero la bebida le había hecho bajar la guardia y su sentido de supervivencia no dejaba de alertarla de un posible peligro. De hecho, pocas veces conseguía sentirse segura.

—Te deseo—murmuró Zoro, mirándola penetrantemente. Robin no veía en su mirada la confusión de la embriaguez, sino que en sus ojos se reflejaba la determinación que siempre demostraba, ningún rastro de alcohol que sus venas de hecho transportaban. —Nos merecemos bajar la guardia por una vez, Robin.

Robin estaba eufórica. El vino había ayudado, sin duda, en otra ocasión no se hubiera dejado arrastrar tan fácilmente entre los brazos de Zoro. No habría correspondido a sus insinuaciones en medio de la cena, junto a sus nakama y a los demás invitados, por favor. ¿Y lo del baño? Se habían escabullido como dos adolescentes para besarse como si fueran a desaparecer de la Tierra y solo tuvieran cinco minutos para despedirse. Definitivamente el vino había ayudado a que ambos terminaran en un rincón del barco para tener sexo sin ser vistos.

Aunque quizás, y solo quizás, el hecho de que Zoro la volviera loca también tenía algo que ver con eso.

Ellos estaban desaparecidos, pero es que nadie estaba lo suficientemente lúcido como para notarlo. En la proa algunos escuchaban un concierto a tres dirigido por el violín de Brook y con las actuaciones de Ussop y Chopper, que cantaban y bailaban al ritmo de la música. En la pecera, Sanji estaba dándose el lote con la reina de las Okama, Carol. Lo que hacía el alcohol.

En el comedor Franky murmuraba entre sueños, acurrucado en un banco. Sabo y Luffy estaban sentados en la mesa, hablando en susurros.

El capitán de los mugiwara no se había querido separar ni un segundo de Sabo, ni siquiera cuando Ussop y Chopper le habían propuesto formar parte del concierto, algo que normalmente sin duda habría atraído toda su atención. Pero no en aquél momento, cuando tenía tanto que hablar con él.

—No me puedo creer que hicieras todo eso en Impel Down, Luffy—dijo Sabo, impresionado. Llevaban horas contándose sus aventuras pasadas, con todo lujo de detalles. Había que aprovechar la ocasión.—Siempre supe que llegarías lejos—aseveró. Se miraron fijamente durante unos segundos, suficientes para que Luffy se perdiera en los ojos oscuros y penetrantes del rubio. ¡Tenía tanto que decirle!

—No pude haberlo hecho sin mis nakama—contestó el mugiwara, sonriendo. Sabo le sonrió.

—Sois una familia muy unida, estoy muy feliz por ti, hermanito. Me enorgullece ver que has encontrado tu sitio en el mundo—dijo con entusiasmo, pero su rostro se tiñó de tristeza momentáneamente—Lo único que no me podré perdonar nunca es no haber estado a tu lado para ayudarte, para ayudaros a los dos cuando me necesitabais…—susurró, dolido.

Luffy hinchó las mejillas, molesto, y su única reacción fue abrazar fuertemente a Sabo, escondiendo su cabeza en el pecho del rubio y sintiéndose instantáneamente feliz cuando los brazos lo rodearon con la misma fuerza.

—Ahora estás aquí—contestó Luffy—Es mi sueño hecho realidad—susurró, muy flojito pero aún así Sabo lo oyó, y se puso en alerta, separándole de él.

—Tu sueño es ser el rey de los piratas—le recordó.—Esa es la meta que voy a ayudarte a conseguir cueste lo que me cueste, hermanito.

Luffy le miró con intensidad.

—Yo… Quiero…—empezó.

—¿Qué?

—Quiero que estés conmigo—dijo Luffy.

—No voy a desaparecer nunca más, Luffy, ya te lo prometí. Y pienso cumplirlo.—le aseguró Sabo, intentando sonar convincente.

—¡No lo entiendes! ¡Eres mi familia, Sabo!—se quejó Luffy.

Sabo le tapó la boca e hizo un sonido con la boca para hacerlo callar.

—Despertarás a tu amigo…

Luffy parecía muy molesto.

—¿Qué te pasa Luffy? ¿Qué es lo que no entiendo?

—¡Quiero que me veas cuando me convierta en el Rey de los piratas!—confesó el moreno.

—¡Y voy a estar! ¡Voy a verlo en los periódicos y seré el primero en felicitarte!—Sabo pensó que había dicho algo agradable, pero la cara de mortificación de Luffy y el ceño fruncido lo dejaron totalmente confuso.

—¡No lo entiendes!—volvió a decir Luffy. Sabo estaba perdiendo la paciencia, algo que no se permitía hacer nunca, ni siquiera con Luffy.

—¿Qué es lo que no entiendo?

—¡Quiero que estés allí! ¡Que lo veas con tus ojos, porque estés a mi lado! ¡Eres mi persona favorita en el mundo, Sabo!—gritó Luffy, fuera de sus cabales.

Sabo seguía sin entender por qué Luffy estaba tan alterado y por qué le decía que no entendía sus sentimientos. Se sentía dolido y tenía la sensación que Luffy le estaba echando en cara una ausencia de muchos años que no podría arreglar nunca.

—Luffy…

El alboroto despertó a Franky.

—¿Qué son esos gritos?—murmuró mientras se frotaba una mano por la boca para quitarse la baba acumulada. Al cabo de unos segundos de que nadie contestara, se fijó bien en las dos personas que estaban sentadas en la mesa, ambos con miradas raras en la cara.

—P-Perdón, Franky, no queríamos despertarte—se disculpó Sabo. Luffy seguía con su perorata y sus ojos seguían clavados en el rubio.

—¿Estarás conmigo?—insistió, haciendo caso omiso de su nakama recién despertado. En aquél momento lo único que le interesaba era que Sabo entendiera sus motivaciones.

—Luffy, no te entiendo, no sé dónde quieres llegar con todo eso—dijo Sabo, cada vez más agobiado por la situación.

—Jooooo, no lo entiendes, quiero que cacemos un monstruo marino y luego ir a la selva y tirarnos en lianas y comer cocos y luego luchar contra unos tigres de esos con cara de mono y…

—Luffy, eso ya lo hicimos cuando éramos niños—le dijo Sabo, perdiéndose aún más. Luffy hinchó las mejillas, preparado para hablar otra vez, y si volvía a decirle "no lo entiendes" juraba que saltaría por la borda para no oírle más. A veces Luffy podía llegar a ser insoportable.

—Em, aniki Sabo—interrumpió Franky agarrándole el hombro a Sabo, que estaba a punto de sufrir un ataque de ansiedad—creo que Luffy te está pidiendo una ¡SUPRRRRR! cita.

Sabo enrojeció de pies a cabeza, si eso era posible.

—¿U-una cita?—murmuró, atropellándose con sus propias palabras.

—¿¡Que qué?!—gritaron media docena de voces, alertadas por los gritos de los dos hermanos. Entre ellas estaba la de Zoro, quien tenía la cabeza de Robin apoyada en su hombro y bajó la vista impresionado al recordar aquél gesto de la morena que captó su atención meses atrás cuando Sabo aterrizó en el Thousand.

—¿Lo sabías?—le preguntó. Ella sonrió misteriosamente, su media melena aún desordenada por las caricias y los roces.

—Intuir es una palabra más precisa.—contestó. Zoro negó con la cabeza y sonrió, besándola brevemente.

—Cortaos un poco—les susurró Nami, pero en realidad les estaba sonriendo con complicidad.

—¿Se llama así querer mucho a una persona?—preguntó Luffy dejando a todo el mundo de una pieza y llevando a Sabo a un grado de ansiedad peligroso para su corazón.—Si es así, quiero una cita de esas—dijo, sonriendo ampliamente.

—No—interrumpió Nami, desde el marco de la puerta de la cocina, con una sonrisa maquiavélica en los labios—Se llama "quiero tener sex…"

—¡SUFICIENTE!—gritó Sabo, interrumpiendo a duras penas a la peliroja, que se lo pasaba de lo lindo riéndose de aquellos dos idiotas.

—¿Pero me querrás mucho, Sabo? ¿Comerás cocos conmigo?—insistió Luffy, agarrando el cuello de Sabo e ignorando que el rubio estaba más rojo que un tomate y que parecía al borde del colapso—¿Tendrás una cita conmigo? ¿Sabooo?

—Eso Sabo, ¿comerás cocos con Luffy?—repitió Nami. Sabo empezaba a encontrar irritante aquella muchacha.—Zoro y Robin también comen muchos cocos y son muy felices.

Zoro frunció el ceño y cerró los ojos, aguantándose un instinto homicida que le quería convencer de rebanarle el cuello a la bruja de su nakama. No lo hizo porque la risa cristalina de Robin le bajó la adrenalina, calmándole. "Bruja", murmuró.

Luffy, en cambio, pareció muy animado con aquella precisión, y asintió con énfasis mostrando su acuerdo con su nakama.

—¡Quiero comer cocos con Sabo como Zoro y Robin!—bramó, por si no había quedado claro.

Todo el mundo entendió lo que quiso. Y claro, instantáneamente todos los presentes en la sala, todos amigos, estallaron en risas y en júbilos cánticos de apoyo a la recién pareja.

Sabo se cubrió la cara por la vergüenza de tener a ambas tripulaciones observando el momento más estrambótico y surrealista de su vida. Pero no podía evitar sentirse eufórico y liberado. Estar junto a Luffy era lo que más quería en esta vida, ¿por qué no intentarlo ahora? ¿Por qué no lanzarse ahora que tenía una confesión de Luffy, algo que nunca hubiera esperado escuchar ni en sus mejores sueños?

No podía rechazar esa oportunidad.


La mañana siguiente Sabo se despedía de Luffy junto a sus compañeros revolucionarios.

Sabo nunca se había sentido tan intimidado por nadie. Se había jurado muchos años atrás, después de verse en el espejo al sobrevivir de aquellas lenguas de fuego, que nunca se dejaría pisotear de nuevo por nadie. Los mugiwara podían actuar como auténticos depredadores cuando sentían que su capitán podía estar en peligro. Tan bien recibido que se había sentido el primer día que los había conocido, y ahora se sentía dentro de una jaula.

—No te olvides de llegar puntual, Luffy es de los que pierde fácilmente la paciencia por según qué cosas y cambia de opinión—alertó Ussop.

—A ver si vais a dejar de ser mi One True Persons…—añadió Nami.

—Es "Pairing"—le corrigió Morley, el gigante okama.—One True Pairing, "OU-TI-PÍ".

Nami le miró con cara de "¿Y tú por qué sabes eso?".

—Mi Ou-ti-pí está entre los supernovas, cari—le explicó a Nami, que le miró con una cara que en milisegundos pasó de la sorpresa al más puro interés cotilla.

—Un día hablaremos tú y yo de esto largo y tendido—decidió la pelirroja.—Y no quedará cabo suelto.

Todos los mugiwara, excepto Luffy y Chopper, que no se habían enterado de qué iba el asunto, tuvieron el mismo pensamiento: "no tengo ninguna duda".

—Sé que Sabo no nos defraudará, es muy buena persona—apoyó Robin, retomando el pressing Sabo a favor del rubio.

—¿Luffy y Sabo han quedado para comer cocos?—preguntó Chopper a la morena, quien sonrió.

Los demás estallaron en risas.

—Sí, Chopper, han quedado porque hace mucho tiempo que no se han visto, desde que eran pequeños, y quieren conocer todas las aventuras que ha vivido el otro—le explicó Robin—y quizás quieran compartir muchos más días juntos para crear nuevos recuerdos.—aclaró, remarcando la palabra "nuevos", a lo que Chopper abrió los ojos emocionado. Por su parte, Sabo notó la aparición de sudor por todo su cuerpo.

—Seguro que tendrán una SUPRRRRR cita—celebró Franky moviendo las caderas.

—No tengo nada que decir—murmuró Sanji, aún intentando procesar su propia experiencia amorosa de la noche anterior.

—¿Quién aguantaría a Luffy en una cita?—se preguntó Zoro, frunciendo el ceño.

—Yohohohoho, cuando me lo han contado me ha saltado el corazón por la sorpresa—dijo jovialmente Brook—¡Pero qué digo si se me fosilizó hace más de veinte años!

—Igual que tu cerebro—contestó Nami.

—¡Nos vemos, Sabo!—gritó Luffy, riendo animadamente y dirigiendo su enorme sonrisa hacia Sabo.

El rubio se relajó. Seguía estando acojonado, pero el futuro no estaba escrito, y tenían todo el tiempo del mundo para equivocarse y rectificar.

—¡Te recogeré a las siete!

Todo era aún incipiente y lleno de expectativas por cumplir, pero nadie tenía dudas de que aquellos dos llegarían lejos en sus respectivas ambiciones. Y que lo harían juntos.


Bueno, he intentado acabarla con una frase normal, como si no estuviera ligada a una ida de olla total xD pero juro que la idea inicial no contemplaba toda esa locura de Nami pervirtiendo al pobre Luffy ni el fanservice ZoRobin que he metido por aquí muy gratuitamente. Peeero no he podido evitarlo, demasiado tiempo sin beber de ese magnífico OTP. Por cierto, pido disculpas por el chiste de Ou-Ti-Pí XD Que se me va, en serio.

En fin, me alegra haber podido contribuir a esa pareja tan crack y tan estupenda (no lo contemplo como incesto, algo que sí me pasa con el AceLu, no sé por qué), así que espero que si no le habíais dado una oportunidad, eso ayude un poco, hehe

¡Seguimos!

Y cuidaos mucho, mucho. Lo necesitamos más que nunca.

Gynee