Cada vez parece que me tardo más. No es falta de inspiración, sino de tiempo.
Wolftelope: Katrina se quiere hacer la dura, nada más.
Gordon siempre fue de mantener el humor, aunque antes se tomaba las cosas con más calma.
Ya se va a saber lo de Zarianna, pero va a tardar.
Claro que no los quiere compartir. Lo más probable es que en la Tierra quieran monetizar todo.
Capítulo veinticinco
I Will Survive
At first I was afraid, I was petrified
Gordon comenzó a atender a Katrina como si fuera una reina. Iba a su habitación cada media hora para saber como estaba y preguntar si necesitaba algo hasta que Katrina se hartó y le dijo que cualquier cosa que necesitara, se la haría saber. No era que no le gustara la atención del melmaciano, pero se estaba sintiendo abrumada. No estaba acostumbrada a que la atendieran.
Todos iban a visitarla a su cuarto, lo que le resultaba un poco molesto. Brian quería ver si le habían puesto un yeso en su pierna y quería escribir sobre él. Ella no entendía por qué demonios quería el niño hacer eso, pero se lo permitió.
—Pero no lo apretes muy fuerte —le advirtió Katrina, mientras Brian garabateaba un "mejorate pronto" con un fibrón negro—. No quiero que rompas ningún circuito.
—¿Circuito? —preguntó Lynn, quien estaba allí también para hacerle compañía.
—El yeso es una imitación, nada más, para que parezca como la que usan los humanos. Debajo de él hay una placa de metal y dentro de ella hay una batería, circuitos y una especie de electrodos pegados a mi piel que envían estímulos eléctricos que van hasta mis huesos y ayudan a regenerarlos de manera más rápida —explicó Katrina.
Lynn y Brian la miraron asombrados, como si le estuviera contando algo de ciencia ficción. Solo que es real, pensó Katrina para sus adentros.
—Ni le menciones eso a mi papá —se rio Lynn—. Te hará mil preguntas.
—No puedo responder mucho de medicina alienígena, no es mi área. Cuando venga Fowler, le podrá preguntar todo lo que quiera. Estará muy feliz de que lo escuchen.
—¿Sabes cuando vendrá? —le preguntó Lynn de manera cautelosa. Brian no sabía nada de la enfermedad de su madre ni como se había lastimado Katrina realmente.
—Esta tarde.
—¿Para qué va a venir el doctor? —preguntó Brian.
—Para ver si mi pierna se está curando correctamente —mintió Katrina de manera automática.
Golpearon a la puerta.
—¿Me pueden abrir? —se escuchó la voz de Willie—. Vengo a traerle el almuerzo a Katrina.
Lynn abrió la puerta para dejar entrar a su padre, quien llevaba un plato con fideos y salsa de tomate.
—La comida está lista —les dijo a los niños—. No la hagan esperar a su mamá.
Los chicos se despidieron y salieron. Willie le puso la bandeja a Katrina en las piernas. Ella forzó una sonrisa al verlo. Se suponía que su habitación era un lugar tranquilo donde descansar y no le gustaba para nada que la gente entrara y saliera constantemente como si estuvieran en un baño público.
—Así que el doctor Fowler vendrá hoy—comentó Willie.
—Si, ya programó los nanobots.
—¿Nanobots? —preguntó Willie con los ojos brillantes. Rayos, vendría una catarata de preguntas médicas que ella no podría responder correctamente del todo.
—Si, pero no tengo mucha idea de su funcionamiento. El doctor Fowler te lo explicará con lujo de detalles —agregó con rapidez—. Pero te puedo asegurar que es un método muy confiable.
—¿Y el doctor Fowler lo ha hecho antes?
—Si, unas pocas veces.
Willie no parecía del todo convencido.
—Es mejor que la arcaica medicina humana —agregó—. Si va a morir de todos modos, ¿Por qué no arriesgarse? Ni siquiera te estás arriesgando en realidad. Es un procedimiento médico totalmente seguro.
O eso era lo que Alex le había dicho por el DCU el día anterior.
—Tienes razón, Katrina. ¿Crees que el doctor Fowler me dejará ver el procedimiento?
Katrina se encogió de hombros.
—No lo sé. Tal vez, si te quedas en un rincón y no lo interrumpes. Si quieres, sobórnalo con alguna golosina. Le enloquecen los dulces humanos, especialmente las barras de chocolate.
—¿Lo conoces bien?
—Mas o menos. Lo conocí aquí en la Tierra. Es mi medico asignado, así que he tratado con él muchas veces. Es un buen profesional, deja de preocuparte.
Willie asintió lentamente.
—Me iré a comer, antes de que se enfríe tu comida y la mía.
Willie se fue y Katrina se acomodó para comer. Al primer bocado, se dio cuenta enseguida que Gordon era el que había cocinado. Era el que mejor cocinaba en la casa sin contarla a ella misma. No quería ofender a Kate, pero la comida de la humana era mediocre.
Tal vez las atenciones que le daban no eran algo tan negativo después de todo.
El doctor Fowler llegó a las cuatro de la tarde, acompañado de Russell, pero este último se marchó enseguida, alegando que tenía algo que hacer y que volvería a buscarlo cuando todo hubiese terminado. El médico llevaba un maletín plateado que llevaba con mucho cuidado, como si tuviera una bomba.
—Iba a llegar antes, pero tenía papeleo —le explicó a la familia que se había reunido en la sala. Lynn, Brian, Kurtis y Augie estaban en el desván, jugando. No tenían por qué saber nada. Incluso Katrina estaba ahí, con unas muletas que ella odiaba profundamente usar.
Willie miró la maleta con una mezcla de curiosidad y ansiedad.
—¿Ahí está la cura? —preguntó.
—Si —sonrió Fowler, con orgullo—. No me tardaré mucho, me llevará una hora.
—Parece que tienes una bomba más que una cura —bromeó Alf.
—Algo así. Esto se usó para aniquilar a los marcianos —respondió el doctor con indiferencia.
Los ojos de Alf se abrieron de golpe, como un ciervo iluminado por los faros de un coche.
—¿Esa cosa es…?
—Exacto —se entusiasmó, ignorando por completo la reacción de Alf —. Es muy versátil. Se usa para eliminar basura inorgánica, como arma de destrucción masiva y… como medicina en algunos casos puntuales como este.
—¿Le vas a poner… esa cosa en el cuerpo de Kate? —preguntó, totalmente serio. Willie ya estaba comenzando a cuestionarse todo el asunto.
Katrina se adelantó un poco.
—Alex, él estuvo en Marte —le explicó.
—Oh —el doctor Fowler carraspeó—. ¿Eras militar?
—Si —respondió con sequedad.
—Entiendo. Yo fui médico de guerra, pero estuve poco tiempo porque recibí una herida en la pierna por la onda expansiva de una bomba y luego me ofrecieron trabajo aquí apenas….
—Muy bonito, pero no le vas a inyectar esa cosa —lo interrumpió Alf.
Alex sonrió de modo condescendiente.
—Es un método muy seguro y yo supervisaré todo. No es la primera vez que lo hago. Puedes estar ahí mismo si eso te hace sentir mejor.
Alf lanzó un gruñido.
—¿Sabes cómo parar todo si algo sale mal? —preguntó.
—Por supuesto —respondió, con serenidad—. No soy un inconsciente.
—Bien, entonces.
Alex se dirigió a Kate.
—Usted puede ir al dormitorio y sacarse la parte superior de la ropa —miró a Willie—. Necesito que sea mi asistente. Normalmente no lo necesito, pero solo cuento con mi equipo portátil y Katrina no puede ayudarme así como está.
—Cla-claro —tartamudeó Willie., entusiasmado y aterrado a la vez.
Willie, Alex, Alf y Katrina fueron al dormitorio matrimonial, donde Kate ya estaba desvestida y acostada en la cama. Parecía un poco incómoda al ver tanta gente allí, en un estado tan vulnerable.
—¿Tienen que estar todos aquí? —preguntó ella, cohibida.
—El señor Tanner me tiene que asistir, el señor Shumway quiere asegurarse de que no la mate en el proceso y Katrina… ¿Oye, por qué estás aquí?
—Le prometí a Gordon que estaría aquí.
—Bueno, eso explica todo. Bien, empecemos.
El doctor Fowler abrió la maleta y Willie pensó que saldría humo y que dentro solo habría un frasco, como en las películas, pero había varios artículos extraños que no podía identificar. El médico sacó un objeto alargado, de unos cuarenta centimentros de largo y tal vez diez de ancho. Tenía varios botones y una línea que dividia el objeto a lo largo.
El doctor Fowler apretó un par de botones y dividió el aparato en dos por la línea divisoria. Fue como desenrollar una especie de papiro moderno. Había una especie de papel transparente en medio, pero no se veía como papel, era como una lámina de vidrio muy delgado y flexible.
—¿Qué es eso? —preguntó Willie, fascinado.
—Un mini scanner portátil —explicó el médico—. La vez anterior traje uno más grande, pero esta vez no será necesario, ahora que sé que el cáncer no se ha esparcido a ningún lado.
El doctor Fowler tocó más botones y la hoja transparente se iluminó como si fuera una pantalla.
—Con esto podemos ver el cuerpo en capas. Sistema nervioso, circulatorio, digestivo… En este caso, anularé los órganos y los huesos, ya que me estorban.
Willie podía ver los músculos, los nervios, las venas de manera increíblemente nítida. Tenía una mezcla de fascinación e impresión al mismo tiempo.
—Quiero que sostengas esto a la altura de su pecho —le explicó el doctor Fowler—. Ten cuidado de no tocar los botones e intenta no moverlo mucho.
El médico buscó más cosas dentro de su valija. Primero tomó una botella de alcohol en gel para limpiarse las manos. Luego sacó una pequeña caja metálica que contenía una jeringa con una aguja larga.
—No me gusta usar inyecciones, es algo muy arcaico —explicó, mientras le aplicaba lo que parecía alcohol en la zona de inyección—. Pero en este caso es la manera más directa, dado al lugar donde el tumor está localizado.
—¿Qué usan en lugar de agujas? —preguntó Willie.
—Depende el caso, te lo explicaré luego. Ahora sostén firme el escáner.
El doctor Fowler introdujo la aguja. Pudo sentir que Alf hizo una inspiración mientras la larga aguja iba entrando. Willie veía como ingresaba hasta casi tocar el tumor y luego una especie de puntos negros salió de la punta de la aguja.
—Listo —el doctor Fowler sacó de su bolsillo una especie de pantalla pequeña, pero muy delgada y la puso sobre la mesa de luz—. Voy a apagar el escaner, ya no lo necesito. Puedo monitorear desde adentro con los nanobots.
El doctor tomó el escaner de las manos de Willie, lo apagó y lo puso de vuelta como estaba. Se sentó en una silla al lado de Kate y tomó la pequeña pantalla.
—¿Ya está? —preguntó Kate—. No siento nada.
—Te puse anestesia. Solo tengo que monitorear un par de horas. Me gustaría quedarme todo el día, pero no puedo.
—Pero estará bien, ¿no? —preguntó Alf.
—Oh, por supuesto. Ya pueden retirarse si quieren. Esto será muy aburrido.
—No, de hecho a mi no me aburriría para nada —refutó Willie—. Tengo mucho interés en la medicina alienígena.
Alex parpadeó, sorprendido.
—¿De verdad te interesa?
Katrina carraspeó.
—Cuidado, Alex.
—No diré nada confidencial, Katrina, lo prometo. Si me disculpan, aquí somos muchos seres y me siento claustrofóbico. Fuera.
Katrina y Alf no tuvieron más opción que irse. Willie se inclinó y apretó la mano de Kate.
—Todo va a salir bien, cariño. Lo prometo —le dijo para tranquilizarla, pero también se lo decía para si mismo.
—No me gusta nada que le haya inyectado… esa cosa.
Katrina puso un poco los ojos en blanco y echó la cabeza hacia atrás en el sillón. Entendía perfectamente a Gordon, pero ya era la milésima vez que escuchaba lo mismo. Debia armarse de paciencia si no quería partirle la muleta en la cabeza.
—Gordon, te entiendo, te juro que si, pero ese tipo de nanobots es multiuso. Lo que haga alguien con el es lo que lo hace "bueno" o "malo".
Gordon lanzó un resoplido.
—Mientras esas cosas no se coman viva a Kate… —murmuró entre dientes.
Katrina optó por no responderle y se inclinó para beber la taza de café que estaba sobre la mesa ratona. Se le dificultó un poco, ya que tenia la pierna enyesada sobre la mesa, pero logró tomarla y bebió un sorbo.
—Creo que no te he preguntado sobre tu terapia. ¿Larry sigue viniendo? No lo he visto.
—Es que tu estás encerrada en tu cuarto —le respondió Gordon—. Viene una vez a la semana, aunque está insistente en que quiere venir dos. Ni que estuviera tan loco.
—Nadie piensa eso, pero si quiere venir más días, por algo…
Sintió unos pasos y se giró para ver a Alex entrando a la sala, con una sonrisa de oreja a oreja.
—Listo, ya está curada —anunció—. Levantará un poco de fiebre, pero los nanobots son biodegradables, así que no es peligroso para la salud. Dejé un par de medicamentos aptos para humanos por si la fiebre resulta ser un problema. Ya llamé a Russell para que venga a buscarme. ¿Me podrían servir un café?
Todo eso lo dijo casi sin respirar.
—Que vaya Willie. Yo a duras penas llego a la mesada de la cocina —se desentendió Gordon.
—Ve a hacerle el maldito café —gruñó Katrina.
Gordon se levantó, refunfuñando algo como "siempre me mandan a la cocina", y se fue a la cocina. Alex se sentó al lado de Katrina.
—¿Cómo está tu pierna?
—Bien. A veces me duele un poco.
—Oh, es normal, no te preocupes. Mientras tanto disfruta de estar sin trabajar y de que te mimen un rato. Estos humanos deben considerarnos algo así como dioses.
Katrina chasqueó la lengua.
—No exageres tanto. Seres superiores como mucho.
—Como sea, disfruta tu tiempo, pero ten cuidado con la mezcla letal del sedentarismo y la comida chatarra.
—Lo sé, Alex, gracias.
—Ah, oye. ¿Estás peleada con Russell?
Fue una suerte que Gordon volviera con el café, porque Katrina no quería tocar el tema con Alex (ni con nadie).
—Café negro como el alma de un politico —anunció, poniendolo sobre la mesa y soltando una breve risotada. Katrina fingió un bostezo.
—Me voy a acostar un rato —anunció—. Estoy muy cansada.
Katrina se levantó y fue hacia su habitación. Tiró las muletas a un lado y se acostó en la cama. Odiaba estar lisiada, pero solo era algo temporal, un suspiro. Cerró los ojos e intentó dormir un rato, pero no duró mucho.
—Hola, Katrina.
Russell había llegado. Katrina abrió los ojos, pero no lo miró. No se habían hablado desde la ultima vez que se vieron.
—Hola —musitó ella.
—Oye, lo siento, no debí mencionarla —dijo, sentándose en el borde de la cama—. Sé lo mucho que te molesta.
Katrina gruñó, pero estaba empezando a bajar un poco la guardia. Era difícil no hacerlo cuando su amigo sonaba como un niño pequeño que quería disculparse con su madre por decirle algo hiriente.
—Yo… te traje helado de chocolate —musitó.
Katrina se incorporó un poco. Maldito helado de chocolate, era su debilidad. ¿Por qué la comida humana era tan rica? Especialmente las cosas dulces. Casi le arrebató de las manos el pequeño pote y la cuchara que convenientemente traía para empezar a comerlo.
—Ni creas que me estás comprando con esto —dijo, entre cucharada y cucharada.
—Ni me ha cruzado por la cabeza.
Katrina sonrió un poco mientras saboreaba el helado. Russell volvió a carraspear.
—Quiero que sepas que todo lo que dije es porque realmente me preocupo por ti. En tu vida has hecho muchas cosas que han podido llevarte a la cárcel.
—Lo sé y prometí que me encaminaría… cosa que no va tan bien como me gustaría.
—Pero esta es la primera vez que lo haces porque te preocupas por alguien, por amor.
Katrina frunció el ceño.
—Amor es una palabra fuerte.
—¿Cómo lo llamarías entonces?
Katrina resopló y se metió una cucharada grande de helado en la boca para no responder, lo cual le terminó congelado la boca y llevando una punzada de dolor directo a la cabeza.
—¡Cerebro congelado! —se rio Russell, mientras ella escupia el helado dentro de tarro y se masajeaba la cabeza—. Tengo entendido que no todos la tienen.
—Gracias, acabo de descubrirlo.
Golpearon a la puerta.
—¡Hey, Russell, deja a tu novia tranquila y llévame a la Central! —dijo Alex.
—Mi novia es Mandy.
—Da igual, pero ya ven.
Russell se levantó.
—Te veré otro día —se despidió.
—Te espero. No es como si me fuera a algún lado.
Russell se fue y Katrina volvió a tomar el helado, esta vez en cucharadas más pequeñas. Todo estaba saliendo bien.
Si se exceptuaba algún cabo suelto.
El departamento de Katrina estaba ubicado en San Diego. Llevaba varios meses vacío y la última vez que ella había estado ahí había sido cuando se había reunido con Alex para hablar sobre Kate. No había regresado desde entonces y no había planes de que nadie más entrara a ese departamento más que para pagar las facturas.
Mientras Katrina comia helado en la casa de los Tanner, un hombre estaba en su departamento, recorriéndolo de manera metódica. Pasó un dedo enguantado por la mesa polvorienta de café.
—Katrina, Katrina… ¿En que demonios te has metido?
