Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Hay alguien en tu casa" de Stephanie Perkins, yo solo busco entretener y que más personas conozcan este libro.
Capítulo 28
Bella se agachó en el momento en que el cuchillo se clavaba con un ruido sordo en la calabaza que tenía detrás de la cabeza.
Corrió para salvar la vida.
Huyó por el sendero que iba abriendo por delante de ella la gente despavorida, una línea recta entre las plantas de maíz. Sus zapatillas de deporte chapoteaban en el barro agitado mientras David se chocaba contra tallos gruesos que no se habían caído todavía.
Bella salió de golpe del laberinto a una avenida enorme. Parecía y olía como una feria ambulante abandonada. Botellas de plástico de refrescos, perritos calientes, churros a la americana, mazorcas asadas… todo tirado y pisoteado en medio de la prisa por escapar. Percibió el olor a fritanga mezclado con el hedor a estiércol al pasar corriendo por delante de los cercados eléctricos: cabras enanas, una cebra encorvada, coyotes escuálidos. Los animales caminaban de aquí para allá entre berridos y aullidos.
A su espalda las pisadas se oían cada vez más fuertes. Bella miró hacia atrás justo en el momento en que David estaba lo bastante cerca como para alcanzarla. Ella lo esquivó y se desvió rápidamente para enfilar a toda velocidad hacia la enorme piscina de maíz. Al otro lado se veía el aparcamiento.
En una decisión instantánea saltó al interior. El maíz rebosó por el borde como el agua de una piscina de verdad. Aterrizó a plomo sobre el grano.
Los puntos del brazo herido se le saltaron, y los músculos que utilizaba para nadar se notaban débiles por la falta de práctica, pero estaba subiéndole la adrenalina. Al ponerse de pie, comprobó que el maíz le llegaba casi hasta la pelvis. Inició una dura carrera en busca de ayuda.
El aparcamiento se veía abarrotado de coches y camionetas, y todos intentaban salir a la vez. Bella gritó a la gente, agitando el brazo no lesionado en el aire, pero el vocerío y los pitidos ahogaban sus llamadas de socorro.
Al mirar hacia atrás, descubrió a David al acecho junto a la piscina de maíz, a la espera de ver lo que hacía ella para obrar en consecuencia. Él trepó al borde y se dispuso a saltar.
Pero no vio lo que observó Bella detrás de él.
David se desplomó hacia delante y quedó tendido de bruces sobre el grano por un golpe en la cabeza de un esqueleto de hierro típico del arte folclórico. Su cuerpo yacía inmóvil.
A Bella le sobrevino una sensación de alivio inesperada.
—¡No estás muerto!
—No —respondió Alec—. No lo estoy.
Llevaba la americana de tweed manchada de barro, nieve y sangre.
Agarró el esqueleto decorativo por la médula espinal y lo utilizó para señalar a David.
—¿Y él?
Se inclinaron los dos hacia el cuerpo, con temor a acercarse más de la cuenta.
—No lo sé —contestó Bella desde el centro de la piscina—. No lo creo.
Alec avanzó con paso vacilante y se echó atrás enseguida.
—A la mierda esto —dijo, soltando el esqueleto—. ¡Nos vemos al otro lado!
Y se lanzó a la carrera para bordear el perímetro a toda prisa.
Bella sintió que la mente le instaba a correr.
Las tripas, en cambio, le decían entre dientes que David estaba vivo.
Vio a su abuela en la cama del hospital. Oyó a Nya gritar en mitad de la noche. Sintió a Edward caer al suelo sobre ella.
Una figura encapuchada salió tambaleante de detrás de un reloj de pie.
Una figura encapuchada salió tambaleante de detrás de un reloj de pie. Una figura encapuchada salió tambaleante de detrás de un reloj de pie…
—¿Qué haces? —La voz de Darby sonó apagada—. ¡No!
El aparcamiento seguía atestado de gente, y había un atasco
monumental en la carretera. Bella no oía ninguna sirena. Si ella huía,
David podría matar a otra persona.
Seguro que lo haría.
Bella avanzó a duras penas hacia su cuerpo abatido. Al ver que tenía las manos vacías, buscó con desesperación hasta que lo vio: un bulto de caucho negro asomaba entre el grano amarillo.
Se lanzó a por el mango, que resbaló al ponerse David boca arriba.
Tenía la mirada perdida como si estuviera grogui. Se alzó sobre él. Le sudaba la mano. Notó el cuchillo más pesado de lo que esperaba, más pesado que el de sus recuerdos.
David comenzó a pestañear mientras recobraba la conciencia, y levantó la mirada hacia ella. La hoja brilló con el destello lejano de la luz estroboscópica. Se veía larga, afilada y despiadada.
—No lo llevas dentro —dijo él.
—Tú no me conoces —respondió ella.
David no la conocía, pero Bella sí se conocía a sí misma. Y ninguno de los dos era un monstruo. Ella era un ser humano que había cometido una terrible equivocación. Y él, un ser humano que había planeado aquellas acciones atroces.
Tu te quedarás aquí para siempre, había dicho él. Y yo me iré.
Al ver a David a sus pies, se dio cuenta de que se trataba de Osborne.
Todos los que integraban la lista de David estaban destinados a marcharse, ya fuera porque tenían planes de futuro ambiciosos o, como en su caso, porque nunca habían pertenecido a aquel lugar.
Criarse en un pueblo como Osborne hacía que fuera difícil abandonarlo.
Resultaba fácil verse atado a la familia, a la tierra o a la comunidad. Todo el mundo dependía de los demás para sobrevivir. Hacía falta ser una persona con un empuje y una ambición extraordinarios para romper el patrón.
Lauren, Mike, Demetri, James, Angela, Rosemarie… todos ellos tenían aspiraciones. Despuntaban por encima de sus compañeros. Bella también había tenido sus aspiraciones, pero eso David no lo sabía. Solo la veía como alguien que estaba allí de paso.
Por eso la había preferido a Alec, o incluso a Edward. Ellos soñaban con otros lugares, pero para alguien que no los conociera bien, quizá daban la sensación de estar destinados a quedarse allí anclados. Puede que parecieran demasiado pasivos. Pero resultaba imposible saber qué tenía una persona en su interior, o cómo podía cambiar con el paso del tiempo.
Hacía años la madre de Bella había sido lo bastante ambiciosa como para marcharse de Osborne, pero tan pronto como se había ido, se había atado a un sitio nuevo. No había cambiado en absoluto. Tal vez por eso se sentía molesta ante su hija. Cuando la miraba, veía la pérdida de su libertad, y era demasiado egoísta para darse cuenta de lo que había ganado.
David tenía previsto entregarse. Sabía que lo enviarían al Centro Penitenciario Estatal de Tecumseh, la misma cárcel de máxima seguridad que Emmett había visitado hacía irnos días por motivos de trabajo. Edward le había dicho que se hallaba a solo dos horas y media de allí.
Por un instante —todo aquello pasó por su mente en un instante fugaz— Bella sintió tristeza por David. Su gran y ambicioso plan… era de lo más pequeño.
Huir de casa no cambiaba el hecho de que una persona tenía que seguir viviendo consigo misma. Era una lección que Bella había aprendido, aunque quizá su madre nunca lo hubiera hecho. El cambio provenía de dentro y se daba en el transcurso de un largo período de tiempo, y con mucha ayuda de las personas que te querían. El problema de David no era Osborne. Para Bella, Osborne había sido reconstituyente. El problema de David era ser un psicópata.
El problema de David era David.
