Notas importantes de la autora:

Aviso: esta historia también está en AO3 y en Wattpad. La pueden encontrar con el mismo título y todas las plataformas están al día con este último capítulo. Mi user en AO3 es Chemicalfairy y en Wattpad tengo el mismo usuario MiraiMoonlight.


Episodio 16

Usagi no recordaba que usar la teletransportación se sintiese como si la estuviesen despedazando átomo por átomo. Al entrar a aquel portal sintió como si un rayo la hubiese alcanzado, electricidad corriendo por sus venas, y no pudo evitar contraer su cuerpo hacia ella misma como un acto reflejo de protección. Escuchó a lo lejos las voces de sus guerreras llamándole de vuelta pero no había manera de salir de allí y entonces trató de encontrar a Seiya; justo lo había vislumbrado cuando perdió la conciencia.

No supo en qué momento recuperó su cuerpo pero, al despertar, lo primero que pudo sentir fue el tacto de la tierra entre sus dedos. Antes de abrir los ojos intentó mover un poco más sus manos, sus brazos, sus piernas, su cuello. Se colocó boca arriba y entonces finalmente levantó sus párpados. Frente a ella podía ver las copas de unos árboles enormes, repletos de flores naranjas y que se alzaban hacia un cielo color salmón. Se tomó un segundo para sentirse maravillada pues las flores eran increíblemente bonitas y el paisaje, aunque muy parecido a un bosque terrícola, era simplemente maravilloso.

¿De verdad se encontraba en otro planeta? De pronto la realización de que eso pudiese ser posible la abrumó.

—¿Seiya? —llamó al mismo tiempo que se iba incorporando lentamente. Ahora sentada sobre aquella hierba morada intentó buscarlo a su alrededor—. ¡¿Seiya?!

Cuando se puso de pie notó también que su transformación había desaparecido y se regañó mentalmente por no haber pensado en usar jeans aquel día. Poco a poco empezaba a entender su situación: había saltado al túnel de teletransportación para seguir a Seiya a un planeta desconocido y en donde las Starlights habían sido atacadas cruelmente. Miró su broche con aprehensión, dudosa de volver a llamar su transformación. ¿Y si descubría que nuevamente no funcionaba? ¿Y si usarlo la ponía en peligro? ¿Por qué era incapaz de pensar en las consecuencias de sus actos antes de realizarlos? ¿Por qué sólo podía actuar a través de impulsos? ¿Dónde estaba Seiya? ¿Qué debía hacer? Se mordió con fuerza el labio inferior al mismo tiempo que todas aquellas preguntas flasheaban en su cabeza.

Guardó su broche dentro de su pequeña bolsa de mano que había sobrevivido al viaje intergaláctico (desde hace años que ya no acostumbraba a colocarlo en su atuendo), se sacudió la tierra de su falda de tablones y entonces recordó que afortunadamente había traído su comunicador.

—¿Alguien puede escucharme? —habló hacia su muñeca—. Soy Usagi.

—Us…Usag… v..vo..y…a —algunos sonidos parecidos a palabras entrecortadas le respondieron unos minutos después.

—¿Qué? —Usagi puso su comunicador sobre su oído para intentar escuchar más claramente pero la interferencia era demasiada, ni siquiera podía estar segura de quién era la voz que intentaba contestarle—. No puedo entender nada.

—Bus…a a…al...ra…int…ca…a

Usagi suspiró resignada y entonces simplemente decidió empezar a caminar.

─── ・ 。゚ : *. .* : ゚. ───

Usagi supuso que ya tenían que haber pasado horas pero simplemente no tenía manera de comprobarlo. La luz que lograba colarse a través de los frondosos árboles de flores se había mantenido constante y aquello no daba ningún indicio de algún atardecer. Pensó que tal vez debía agradecer que la noche no la había alcanzado aún pero de todas maneras no podía evitar sentirse intranquila.

O tal vez era que ya estaba agotada y necesitaba una razón para detenerse.

Caminar sin rumbo no era una de las actividades favoritas de Usagi. Le parecía un tanto aburrido; ella más bien prefería salir con sus amigos a beber alguna malteada o realizar algún paseo al parque de diversiones. Además, tampoco estaba acostumbrada al silencio y a la soledad, ambas eran situaciones que, a decir verdad, le aterraban. Tal vez por eso había decidido dedicarse a ser profesora en un jardín de niños, los momentos silenciosos y solitarios no existían en ese trabajo.

Afortunadamente su tren de pensamiento fue interrumpido cuando notó un camino marcado en la hierba. Al seguirlo por algunos minutos llegó a un pequeño valle en donde encontró las ruinas de lo que probablemente había sido una villa: el acomodo urbano y el estilo de las casitas de piedra le recordó a algunas postales de pequeños pueblos europeos medievales que había visto en libros. Se fue adentrando en las callecitas destruidas y repletas de piedras pertenecientes a las estructuras desechas de lo que alguna vez habían sido construcciones.

Recordó lo poco que Seiya le había contado: Kinmoku había sido seriamente dañado por Galaxia y sus secuaces y las reconstrucciones habían resultado ser complicadas de llevar a cabo. Se preguntó si acaso estaba parada en algún pueblo destruido en aquella batalla y pensar en ello le causó que un escalofrío la estremeciera por completo. Ver eso era la representación de sus más terribles pesadillas pues la Tierra había estado demasiado cerca de sufrir el mismo idilio varias veces.

¿Dónde estaban todos?

Se sentó en una pila de piedras que parecía más o menos estable y miró nuevamente hacia el cielo color rosado. Ahora que había salido del bosque se dio cuenta de porque el día no parecía terminar: un sol parecía tocar el horizonte mientras otro, de menor tamaño, empezaba a alzarse. Aquello le distrajo de sus pensamientos pesimistas, totalmente maravillada de ser testigo de aquel fenómeno que en la Tierra no existía. Fue entonces interrumpida por un repentino sonido a sus espaldas:

—¡Odango!

La voz de Seiya resonó clara a lo lejos y cuando volteó encontró su figura corriendo hacia ella, esquivando todas las piedras en su camino. Usagi también se puso de pie y corrió hacia él, completamente aliviada de finalmente haberlo encontrado.

—¡Seiya! —En cuanto estuvo a su alcance se lanzó a sus brazos, aferrándose a su cuello con fuerza.

—¿Por qué me seguiste? —reclamó Seiya, sin dejarla de abrazar y besándola en las mejillas con desesperación—. Fue muy tonto, Usagi.

—Lo sé, lo sé —le respondió sonriendo—. No se que sucedió, solo me lancé, solo quería alcanzarte.

Seiya deshizo el abrazo para poder verla a los ojos y con sus manos colocadas en los costados de su rostro observó a Usagi de manera absorta. Y entonces le sonrió:

—Gracias —le susurró—, pero si planeas hacer alguna locura tienes que decírmelo antes para hacerlas juntos. Estaba tan preocupado por ti, Odango. Lo último que recuerdo fue verte entrar al portal, los gritos de tus amigas y tu rostro desapareciendo justo frente a mí.

Nuevamente Seiya la atrajo a su pecho y besó su frente.

—¿Estás bien?

—Sí, solo estoy cansada.

Seiya la observó para realmente comprobar que estaba de una sola pieza. Aprovechó el momento para acomodar tiernamente tras su oreja algunos cabellos rebeldes.

—¿Tu transformación?

Usagi levantó los hombros sin dar más explicaciones y Seiya asintió sin hacerle preguntas. Empezaron a caminar juntos fuera del pueblo y no habían avanzado tanto dentro del bosque cuando escucharon ruidos acercándose a ellos. Rápidamente Seiya le instruyó a esconderse detrás de unas enormes rocas justo a tiempo antes de que una comitiva de soldados reales marcharan frente a ellos.

Después de unos minutos finalmente sintieron que aquel grupo estaba ya lo suficientemente lejos para poder salir de su escondite y de vuelta al camino principal. Pasaron por los restos de algunas solitarias casitas, igualmente destruidas, y entonces Seiya la encaminó hacia los adentros de una pequeña cueva en la colina.

Usagi tenía su mano entrelazada con la de él mientras ambos andaban a tientas a través de aquel pasadizo oscuro. Finalmente llegaron a otra cámara que ya estaba mejor iluminada; Usagi notó que había unos artefactos parecidos a antorchas que colgaban de las paredes pero la luminiscencia no provenía del fuego sino de unas esferas incandescentes.

Por alguna razón le parecía sumamente fascinante conocer cómo las cosas funcionaban en otro planeta. Kinmoku parecía tener una gran similitud con la Tierra, algunas plantas eran muy parecidas y también sus habitantes habían construido artefactos y pueblos muy parecidos a los de las civilizaciones terrícolas. De alguna manera tenía esta idea en su cabeza de lo que podía ser un planeta alienígena, una percepción alimentada por todas las películas que había visto al respecto, pero Kinmoku estaba lejos de aquella imagen de un lugar desolado, lleno de cráteres y de criaturas verdes con ojos negros y antenas.

Era como la Tierra y en ella vivían seres iguales que ella. Aquella realización solo le hizo empatizar aún más con la situación de Kinmoku y se sintió aún más decidida a ayudar en lo que pudiese; incluso se regañó a si misma por no haber intentado comunicarse desde aquella primera vez que la princesa Kakyuu y las Starlights partieron de Japón.

Después de atravesar aquella primera cámara se adentraron a otro pasillo corto y llegaron a otra estancia de mayor tamaño. En ella Usagi pudo observar a otros habitantes de Kinmoku que obviamente la miraban increíblemente extrañados.

—¿Ellos viven aquí?

—Sí.

—¿Por qué no vuelven a sus pueblos?

—Porque no es seguro —otra voz les contestó a sus espaldas. Seiya tomó con fuerza la mano de Usagi al encontrarse frente al líder de la comuna en donde se encontraban—. ¿De verdad eres tú, Fighter?

Seiya bajó su mirada un tanto apenado. Jamás se había mostrado en Kinmoku con aquel cuerpo pero sin su Star Yell no podía recuperar su identidad de senshi.

—Soy yo.

—¿De verdad estabas en la Tierra? Healer dijo eso pero no estoy seguro de creerle por completo. ¿Cómo pudiste volver… en ese estado?

—Es una larga historia, Jared —Seiya intentó acabar con la conversación. Tenía una prioridad más importante que ya no deseaba postergar—. Hablando de Healer, ¿me podrías llevar a ella?

Jared los guió a través de diversos túneles y cámaras interconectadas. Mientras caminaban Usagi pudo notar como cada espacio estaba delimitado por actividades; en algunos cocinaban, en otros dormían e incluso pasaron a través de una cámara que tenía unos cuantos niños jugando en ella. No pudo evitar pensar que algunos de esos niños no habían nacido aún antes del ataque de Galaxia, ¿sería acaso que aquellas cuevas eran lo único que conocían? Aquel pensamiento nuevamente la volvió a entristecer.

Finalmente llegaron a otra cueva en donde encontraron a Healer siendo vendada por otra mujer. Los ojos de la Starlight se abrieron como platos al notar la presencia de su ex compañero y un silencio aplastante se extendió por todo el lugar.

—Seiya… ¿Usagi?

Seiya se acercó a zancadas hacia ella y la envolvió en un abrazo que al principio Healer no recibió de la mejor manera, quedando congelada, pero segundos después se dejó caer sobre los hombros de Seiya y lo rodeó con sus brazos. Usagi se emocionó hasta las lágrimas cuando escuchó a ambos gimotear sobre el otro.

—¿Estás bien? ¿Qué sucedió? ¿Te duele mucho?

—Tonto… ¡Claro que no estoy bien!

—Se recuperará —de pronto la mujer que estaba terminando de vendar a Healer intervino y le lanzó una sonrisa tímida a ambos cuando la miraron un tanto ofendidos de que hubiera interrumpido su momento.

Seiya entonces volteó hacia donde Jared y Usagi estaban de pie.

—¿Podrían dejarnos solos un momento?

—Claro —Jared respondió y empezó a encaminarse hacia la salida. La mujer también abandonó su tarea para poder salir.

—¡Uy, tú no, Usagi! —Healer mencionó cuando notó que la rubia se había dado la vuelta para dejarlos también, Seiya rio con nerviosismo—. ¿Qué se supone que está haciendo ella aquí?

Usagi se acercó a Healer y la abrazó también al mismo tiempo que Seiya retomó la tarea que la mujer había dejado: acabar de vendar la cintura de la Starlight.

—¡Estoy tan feliz de volverte a ver! —Usagi exclamó contenta, Healer afortunadamente también le devolvió el abrazo aunque mostró una mueca de dolor cuando ella le apretó con demasiada fuerza—. Estábamos tan preocupados.

—Estaré bien, ya escucharon a Dajka-san. Ya, enserio, ¿qué estás haciendo aquí, Usagi?

—Supuse que necesitarían ayuda para encontrar a Maker.

—¿Y cómo demonios lograste…?

—Cómo siempre las Sailor Senshi del Sistema Solar nos siguen sorprendiendo. Ellas me ayudaron a volver y Odango se coló de último momento.

—Eso me recuerda que debo contactar a las chicas, deben estar preocupadas.

Healer observó a ambos como si estuvieran dementes y antes de seguir preguntando más cosas decidió rendirse y enfocarse en lo verdaderamente importante: poner a Seiya al tanto de todo lo que había pasado desde que se había ido.

─── ・ 。゚ : *. .* : ゚. ───

Mamoru volvió a revisar su celular con aprehensión en búsqueda de novedades. El turno en el hospital se le estaba haciendo eterno y, lo peor de todo, es que no estaba siendo capaz de brindarle el cien por ciento de su atención a sus pacientes. Enfadado se encerró en el cuarto de descanso y se dejó caer en la cama agotado: su cabeza iba a explotar y podía jurar que todos sus músculos estaban hinchados. Sentía como si una gripe mortal estuviese a punto de atacarle pero él sabía que aquellos síntomas no eran más que un reflejo de su preocupación.

En su mente volvió a reproducir el momento en que Usagi entró en aquel túnel de luz y, en un abrir y cerrar de ojos, desapareció de los jardines del templo Hikawa. No había sido capaz de reaccionar a tiempo, nadie de los presentes aquel día, pero se juzgaba a él mismo con particular dureza; aún si ya no compartía ninguna relación con Usako, su trabajo siempre iba a ser cuidarle, incluso de sí misma, y sentía que había fallado terriblemente.

Tal vez había dormitado apenas unos minutos cuando su celular vibró con una notificación de mensaje. Rápidamente abrió los ojos, que fueron casi cegados al tratar de mirar la pantalla brillante de aquel aparato, y trató de leer el recado de Setsuna.

"La princesa se ha logrado comunicar finalmente. Parece que llegó con bien a Kinmoku y se encuentra con Seiya. Prometió mantenerse en contacto."

Casi al mismo tiempo que terminó de leer aquel mensaje de texto, Ami entró a la habitación.

—¿Ya recibiste el mensaje de Setsuna?

—Sí —respondió Mamoru, que ya se sentía un poco más tranquilo que antes pero no completamente aliviado aún. Usako no dejaba de estar en un planeta desconocido—. Supongo que son las mejores noticias que podremos tener pero sigo sin poder quitarme esta sensación de inquietud —dijo, frotándose las sienes.

Ami asintió, comprensiva, al mismo tiempo que se sentó a su lado.

—Entiendo como te sientes pero tenemos que confiar en que Usagi puede cuidar de sí misma. Y no está sola, está con Seiya.

Mamoru dejó escapar un suspiro. Aquello tampoco le tranquilizaba pero por razones muy diferentes.

—Lo sé, está con Seiya.

Ami notó el error en su comentario e intentó remediarlo al posar una mano reconfortante sobre el hombro de Mamoru, quien agradeció el gesto antes de ponerse de pie y volver a salir al piso del hospital a continuar sus deberes.

La peliazul entonces se quedó en la habitación de descanso, aún sentada en la orilla de la cama que Mamoru había ocupado momentos antes.

Volvió a leer el mensaje de Setsuna y también volvió a reproducir el momento en que Usagi había seguido a Seiya. No iba a mentir, se sentía un poco enfadada y decepcionada de su amiga. ¿Cómo había sido capaz de irse así? ¿Por qué no pensó en Mamoru, en ellas, en su familia? Definitivamente era lo más egoísta que había visto a Usagi hacer y aquello la tenía con sentimientos encontrados sobre su princesa.

Ami generalmente no pensaba demasiado en el futuro, al menos no más allá de lograr obtener su grado de especialidad como pediatra. Lo conocía de la misma manera que el resto de las chicas y no estaba en desacuerdo con cumplir aquel papel, después de todo su principal razón de ser era servir y proteger a la princesa lunar, y además adoraba a Usagi y al resto de las chicas por lo que una eternidad a su lado no sonaba para nada terrible.

¿Entonces que estaba causando que Usagi tomara las decisiones tan drásticas que estaba tomando?

—¿No es obvio? —le preguntó Minako después de que Ami externara aquella duda en voz alta, más tarde cuando se encontraron todas de nuevo en el templo Hikawa.

Makoto y Rei también observaron dudosas a la rubia que solo giró los ojos, no podía creer que el resto de las chicas no pudiera verlo.

—Se enamoró de Seiya, duh. ¿No vieron cómo se miraron cuando se encontraron en el jardín? ¿No los viste aquella noche en el club, Mako? Por Dios, se comían con la mirada.

—Eso es un poco exagerado ¿no lo crees? —Makoto intentó bajarle la intensidad a las palabras de Mina—. Usagi y Seiya siempre han tenido esta, mmm, ¿química? Sí, química especial, entre ellos.

Rei retiró la mirada de su grupo de amigas y la enfocó en la chimenea que habían prendido para mantenerse calientes aquella noche de invierno. El fuego siempre la calmaba.

—¿Qué pasa Rei? —Ami preguntó, aun un poco escandalizada de la conclusión de Minako.

—Nada. Es solo que… Usagi y Mamoru eran el cuento de hadas perfecto —suspiró un poco intranquila, no estaba segura que decir pues realmente estaba pensando en voz alta—. Si ellos no pueden hacerlo funcionar, si Usagi se enamoró de alguien más teniendo a Mamoru, entonces ¿cuál es el sentido de todo? —terminó aquella pregunta riendo un poco sarcástica.

—Rei… —Makoto se sorprendió del punto que su amiga traía a la mesa. De alguna manera también se sentía insegura, como si el amor no fuera algo definitivo o seguro y aquello le asustaba también.

—Cuando pasa, pasa.

Nuevamente todas las miradas se volvieron a Minako, que solo pudo atinar a subir los hombros para restarle importancia a todo el asunto.

—El amor simplemente pasa. Seiya y Usagi se conocieron en un momento clave y aquello hizo florecer algo entre ellos dos. Estoy segura que si no se hubieran conocido por primera vez cuando Mamoru estuvo ausente las cosas no hubieran escalado a estas alturas. Y bueno, ¿de qué nos sorprendemos? Usagi siempre ha cometido locuras por las personas que ama, esa es su naturaleza.

—¿Dices que Usagi se enamoró de Seiya desde aquella época? No lo sé, Mina, ha pasado tanto tiempo. ¿Por qué hasta ahora se decidió hacer algo al respecto?

—Usagi no era feliz, Ami —Rei respondió un poco avergonzada de estar desmenuzando la vida privada de su amiga—. Mamoru y ella tuvieron muchos problemas después de su regreso y después vino todo el cambio de la preparatoria a la universidad.

—No sabía sobre lo de Mamoru-san —Makoto respondió un tanto apenada de no haber notado las señales. Ahora se sentía un poco culpable de no haber apoyado más a su amiga durante esa época.

—¿Ven? Cuando pasa, pasa. Seiya volvió justo en este momento en que Usagi estaba más, uhm, predispuesta a corresponderle. No estoy segura si Usagi se enamoró de él hace años, pero no me sorprendería en lo absoluto saber que así fue y las cosas simplemente renacieron.

Rei asintió al comentario de Mina, aunque sin muchos ánimos. No es que ella estuviese especialmente encariñada con el futuro que conocían pero saber lo que sucedería de alguna manera le causaba tranquilidad y ahora, si realmente Usagi estaba dispuesta a sacrificar su destino por Seiya, eso abría un panorama enorme y Rei no era fanática de las probabilidades. Tal vez esa era la maldición de las que podían ver el futuro, necesitaba sentirse en control todo el tiempo.

O tal vez era que si Usagi y Mamoru ya no estaban juntos finalmente tendría que hacerle frente a aquellos sentimientos que había guardado en una cajita dentro de su cabeza hacía muchos años. No quería pensar en ellos, le dolían demasiado, pero era inevitable que su cabeza no empezara a imaginar escenarios tontos simplemente porque ahora todo podía ser posible.

—Yo solo sé que debemos de apoyar a Usagi —Makoto rompió el silencio que ya se había instalado por algunos minutos—. Es nuestra princesa y no debe ser sencillo estar en su lugar. Incluso si se enamoró de Seiya, como dice Mina, no debió ser fácil decidir dejar a Mamoru y todo lo que eso implica.

Afortunadamente las cuatro seguían estando de acuerdo en ese punto.

─── ・ 。゚ : *. .* : ゚. ───

Healer había tratado de realizar un resumen sobre todo lo que había pasado desde el momento en que Seiya había salido de la atmósfera de Kinmoku: el Consejo había votado para brindarle a Hoshi, su líder autonombrado y el querido primo de la fallecida princesa Kakyuu, un montón de facultades y poderes para tomar decisiones sin ningún tipo de control. Desde ese momento la corona enfocó toda su energía y recursos en aumentar el armamento y el tamaño de la milicia. Healer sabía que aquello se había salido de control cuando había demasiados soldados armados en las ciudades y pueblos y empezaban a sonar casos de agresión y uso excesivo de la fuerza con la excusa de "generar seguridad". Poco a poco también Healer fue notando cómo Hoshi fue aislando a ella y a Maker de decisiones importantes a pesar de que Kakyuu siempre las había tomado en cuenta.

—La mañana antes del ataque me sentía tan paranoica. Sabía que algo estaba sucediendo, sabía que estábamos en peligro. No debí dejar a Maker sola —se lamentó Healer.

Usagi tomó la mano de la Starlight en señal de apoyo. Le dolía verla tan quebrada, tanto física como emocionalmente.

—¿Han logrado tener alguna pista o información de Maker? —preguntó Seiya, enfurecido por todo lo que había escuchado.

Era oficial, odiaba a ese tipo.

—Hemos preguntado a otros grupos rebeldes pero sabes bien que estos sujetos tampoco son los más comunicativos ni confiables. No sé qué creer, Seiya.

—¿A qué te refieres?

Healer lanzó una mirada rápida hacia la entrada de aquella sección y se acercó a Seiya para poder hablar en un volumen más bajo. Usagi también tuvo que inclinarse para escuchar mejor.

—Jared tiene mi broche y se rehúsa a regresármelo a menos de que le jure lealtad a este grupo. Y sabes perfectamente que no puedo hacer eso, Seiya, pero en este estado me es imposible hacer algo al respecto.

—Seiya, ¿estas personas son de fiar? —Usagi cuestionó genuinamente preocupada de poder estar sentada en la boca del lobo.

—Las cosas son más complicadas que eso, Odango. Kinmoku ya tenía demasiados problemas antes del ataque de Galaxia. Verás, todos los habitantes de este planeta somos descendientes de los primeros pueblos que vinieron desde otros astros a vivir a Kinmoku y a sus satélites. Hace muchísimo tiempo, cuando apenas este planeta empezaba a ser habitado, se llegó a un acuerdo entre los diversos grupos que aquí vivían: el poder máximo sería la figura de quién pudiese tomar posesión del Cristal de Fuego. ¿Recuerdas que te conté de él?

—Sí, mencionaste que era uno de los cristales cósmicos. Kakyuu era su dueña.

Healer continuó con la historia:

—El cristal ha pasado entre distintas generaciones y diferentes familias, aunque todas siempre descendientes de aquel primer rey de Kinmoku. Podrás entonces entender que históricamente los grupos originales que llegaron a habitar Kinmoku no se han sentido realmente representados; sin embargo quién ostentaba el poder del Cristal de Fuego siempre fue una persona justa, por eso las cosas se mantenían en una especie de tensa calma.

—¿Y qué pasó con el Cristal de Kakyuu? ¿Quién lo tiene? ¿Dónde está?

—Está en el palacio pero nadie de la familia real ha podido tomar posesión de él —explicó nuevamente Seiya—. Es por eso que después de la muerte de Kakyuu se formó el consejo.

—Sin embargo este es el momento que por tanto tiempo otros grupos han estado esperando y Hoshi lo sabe. No dejará que nadie se acerque al cristal, aún tiene la esperanza estúpida que algún día responderá a alguien de la familia real.

Seiya bufó. Si de algo estaba seguro ahora, después de escuchar la historia de Healer, es que Hoshi deseaba aquel poder solo para él, con o sin cristal.

Usagi entendió también lo complicado del asunto. Debían tener cuidado pues en cualquier momento, y a la menor provocación, la guerra por el Cristal de Fuego se desataría entre diversas facciones. En aquel momento odió con todo su ser aquel artefacto y también pensó en el cristal que ella poseía, que en el pasado también había sido la causa de terribles guerras y batallas que incluso habían acabado con el legendario Milenio de Plata. Le aterraba pensar que Kinmoku podría experimentar aquel terrible destino también.

Lo único de lo que estaba convencida es que debían encontrar a Maker y tal vez las Starlights pudieran abogar por medidas más pacíficas para encontrar al próximo dueño del cristal. Sabía que posiblemente era un plan un tanto irreal o iluso pero había notado la manera en que las personas que habían encontrado en su camino miraban a Seiya: confiaban en él, estaba segura. Las Starlights habían colocado su vida en la línea para recuperar su planeta después del ataque de Galaxia y eso debía brindarles algún tipo de respeto para que el resto de las personas las escucharan, supuso.

Usagi sacó el cristal de plata de su broche y entonces se dirigió a Healer:

—Primero lo primero, intentemos mejorarte.

Y casi sin ningún tipo de esfuerzo, Usagi empezó a usar la energía curativa de su cristal para sanar las heridas de la maltrecha senshi platinada.


En AO3 ya vamos en el cap 18 lol