¡Buenas a todos! Después de tanto tiempo sin aparecer propiamente dicho, aquí os dejo una historieta de un momento bastante primerizo, por decirlo de alguna forma, pero que hasta ahora no se me ocurrió subirlo (ok, diré la verdad, es que me dio pereza y/o habían otras historias que eran más importantes para entender algunos momentos de la historia principal).

Primer contacto con la Scyphozoa sucede durante el ataque en Kadic del capítulo 58 de Code Frontier. A menos que seas nuevo por aquí, se supone que está más que superado ese capítulo xD.

CONTEXTO

Mientras el grupo defiende Kadic de la amenaza de los esbirros de Xana-Lucemon, Timy se reúne con Ace tras asegurarle a William que le ayudaría. Sin embargo, la aparición de cierto monstruo cambia momentáneamente los planes de la digimon del tiempo.

¿Qué hizo para ayudar a William a vencer a su clon? ¿Cómo lidiaron con el más temible monstruo de XANA? O más bien... ¿qué pasó para que el grupo acabara encontrando a dos pequeños digimons usando a la peligrosa criatura como si fuese un parque de atracciones?


Ace negó una y otra vez cuando Timy regresó de vuelta al punto donde se ocultaban. Antes de que ninguno de los dos pudiese decir nada, un movimiento a espaldas de ambos les llamó la atención lo suficiente como para olvidar lo demás. Los dos a una, alzaron las manos y bloquearon la extraña figura que pretendía acercarse a los terrenos de Kadic donde el grupo peleaba contra los esbirros de Xana-Lucemon.

—Por qué poco —suspiró el gato plateado.

—Eh, esto no es un digimon —señaló la dorada —. Y tampoco se parece a los bichos con los que se enfrentan los demás…

—Bueno, por ahora la podemos dejar así y esperamos a que vengan…

—Eso es aburridísimo —bufó la dorada.

—Sigo pensando que es mala idea que luches —negó Ace.

—No voy a mostrarme, tranquilo —dijo —. Ábreme un portal a casa.

—¿Estás segura?

—Sí —asintió —. Y déjalo abierto.

—¿Estás segura? —repitió Ace.

—Que sí. A ver, si hay alguien lo paralizo un poco y listos —se encogió de hombros.

—Tú siempre lo solucionas todo de la misma manera —suspiró —. Anda y entra.

—¡Gracias!

De un salto, Timy atravesó el portal entre los dos mundos, volteando la vista a un lado y a otro para asegurarse que no había nadie alrededor. Tras una palmada, el digicódigo empezó a rodearla haciéndola digievolucionar.

—Y así, las cosas son más fáciles.

—Sabes que no puedes cruzar aquí así, ¿verdad?

—Sí, lo sé —asintió CrossTimemon rodando las muñecas —. Por eso necesito una ayudita más por tu parte.

—Supongo que no tengo opción… Es para ayudar, así que no me opongo del todo —suspiró antes de abrir un pequeño vórtice ante su hermana —. Aguántate con ese tamaño.

—Ace, aquí no me caben las cadenas —negó la digimon.

—Puedes dirigirlas desde ahí hasta el lugar a través de ese agujerito —señaló —. Total, estamos en línea recta con el lugar donde pelean.

—¿Sabes lo largas que tengo que hacerlas entonces? —dijo cruzándose de brazos —. El tío Slay no sabe por dónde va a llegarle mi ayuda —dijo moviendo un dedo a un lado y a otro negativamente.

—Vale, te ayudaré con eso también —suspiró Ace —. Pero todo tiene un precio.

—Te cedo el postre de dos semanas —dijo apretando los puños.

—Me parece bien —asintió.

—¡AH!

—¿Qué pasa? —preguntó sobresaltado el plateado.

—¡AHORA ES EL MOMENTO PERFECTO! —exclamó.

—¡Mira que eres tonta! —protestó moviéndose rápidamente —. ¿Por qué no prestas atención a las cosas?

—¡Me has entretenido tú! —exclamó haciendo aparecer dos cadenas en sus manos.

—Ya, claro, ahora será culpa mía —dijo entrecerrando los ojos —. Anda, rápida.

—¡Voy! —exclamó lanzando las cadenas.

Por varios segundos, Ace observó cómo CrossTimemon mantenía con fuerza las cadenas hasta que, sin previo aviso, se destensaron. Con una sonrisa, la digimon tiró de ellas y las recogió de nuevo al Digimundo.

—Y con esto, mi misión ha concluido —dijo.

—Enhorabuena, has sido de gran ayuda —dijo sin entonación alguna Ace.

—A la próxima seguro que podrás ayudar tú —dijo CrossTimemon.

—No me importa no actuar, ¿sabes? Ya habrán ocasiones en el futuro, cuando no sea tan peligroso.

—Eres un sosainas, hermanito —se burló la digimon, caminando tranquilamente hacia el vórtice que mantenía ambos mundos abiertos.

—Tengo algo de sentido y no me arriesgo más de la cuenta con lo peligrosa que es la situación actual del Digimundo.

—Nadie me ha visto, así que no hay que temer —dijo. Nada más cruzar el vórtice, la digievolución se deshizo —. A demás, los digimons que pueden rondar por ahí son de los buenos —dijo.

—Ya. Pero te recuerdo que somos un secreto. Se – cre – to, ¿entiendes?

—Aún me sorprende que nadie nos conozca en el Digimundo…

—Papá y mamá dijeron que era mejor para todos que nos quedásemos escondidos hasta ser mayores.

—¿Y cuándo se supone que seremos mayores? —preguntó Timy.

Ambos se miraron por varios segundos antes de voltear la vista a la figura aún atrapada. El sonido de la batalla era lo único que se oía en el lugar, aunque a ninguno de los dos preocupaba.

—Oye, esa cosa… —empezó Timy.

—¿Y si intentamos acabar con ella nosotros?

—Pero quizás hace como todos los monstruos de Xana-Lucemon.

—Cambia nuestro tiempo —dijo seriamente Ace —. Así podremos probar todo el tiempo posible para matarla.

—Entendido —aceptó.

Una cúpula dorada envolvió a los dos junto a la medusa de XANA. Ambos la miraron con cierto nerviosismo, ansiosos por ver por dónde empezar con sus intentos de acabar con el monstruo.

Por casi una hora, ambos estuvieron buscando la mejor opción para hacer aparecer datos en aquella criatura, aunque ninguno de los dos sabía con certeza si aquello era posible. Cansados, se sentaron en el suelo y miraron alrededor.

—¡Es indestructible! —exclamó Timy.

—Alguna forma ha de haber de eliminarla —dijo Ace —. Quizás no hemos mirado bien… Quizás si… ¡TIMY! ¿QUÉ HACES? —exclamó

—Estoy aburrida —dijo trenzando los tentáculos de la Scyphozoa.

—¿Y por eso estás juguetando con ese bicho?

—Está totalmente paralizada. Nuestros poderes juntos son capaces de eso y mucho más —dijo dando tirones a los tentáculos trenzados —. Listo.

—¿Y ahora qué haces?

—¡Un columpio! —exclamó feliz.

—¡Espera! —exclamó acercándose rápidamente —. Pongámosla aquí, así se mantendrá más recta —dijo empujándola hacia un árbol.

—¡Qué bien! —exclamó dando palmadas.

—Ahora sí. Adelante, señorita —dijo antes de saltar sobre la cabeza de la Scyphozoa.

—¡YUPIIIII!