Debería darme vergüenza por siempre empezar los comentarios con una disculpa.

Lo siento :')

Pero volviendo al tema, a esta historia solo le quedan tres capítulos más y me enorgullece decir que uno de ellos ya está prácticamente listo.

Muchas gracias a todos los que leen este delirio, en especial a Hazuki :) no tienes nada que agradecer, tú no sabes lo feliz que yo me siento en el trabajo al leer tus comentarios, así que yo te lo agradezco a ti. Sin más comentarios, les dejo el siguiente cap.

Fiesta de té con la Araña

7mo. Día Primera Parte

Una Reunión Incómoda

Mataría a Illumi.

Oh. Claro que lo mataré…

Se saboreó los labios al imaginarse desmembrando partes de su cuerpo y la sangre borbotear hasta entintar el piso.

Lo mataría. Y lo disfrutaría….

Y después incendiaría el maldito legado de su familia -toda la montaña de ser necesario- los volvería cenizas, polvo en el viento.

Y se reiría cómo el maniático que era durante todo el proceso.

Pero por ahora…

Se deslizó fuera de su nido de almohadas -cortesía de Gon- y se levantó de la cama. Busco irritado enseres para poder darse un baño y se encerró en la pequeña habitación. Era un puto asco. Igual o peor que hace cuatro años, cuando creyó que había perdido a Alluka. Ahora -contra todo pronóstico- puede recuperarla, volver a tenerla entre sus brazos, oír su risa. Cerró los ojos, embargado por miles de sentimientos recientemente redescubiertos. Irá, enojo, alivio, culpa, frustración.

Alluka

Se metió a la regadera sin templar el agua. Ocupa espabilar. Tres días habían pasado desde que Kalluto le soltara la verdad de su traición. Arrugó la cara con molestia. ¿Por qué carajos Kalluto había callado por tanto tiempo? ¿Fue porque decidió huir de la escena con él a cuestas sin enfrentar a Illumi? ¿Por qué no era rival contra su hermano?

Kalluto y Alluka tuvieron que rebajarse a tratos sucios con Illumi para darme un poco de libertad… No confiaron en que yo podría hacerme cargo…

Se talló el rostro cansado, cerrando la llave de la regadera. Una vez terminado su aseo y vistiendo ropas limpias se sentó en la cama a esperar, Gon no debe tardar mucho en…

"¡Killua! ¡Oh, estás despierto! ¡Traje el desayuno!"

Quiso sonreír, pero no pudo. Gon era un amor en todos los sentidos, se había ocupado del desastre que era sin quejarse. Sin reclamarle. Sin exigirle. ¿Acaso lo veía como una retribución por su ayuda para huir de la Brigada? Si es así lo agradece, pero la idea le hizo doler el corazón.

"Uhm. Si…"

Tomó el pan tostado con tocino cuando Gon puso la bandeja a su disposición, pero le supo a cartón seco en la boca por más delicioso que estuviese.

Observó a Gon mascar feliz un poco de fruta al otro lado de la pequeña mesa de té, totalmente ajeno a sus delirios mentales. A sus problemas. Y se preguntó, quizás por primera vez, que era lo que Gon esperaba de él.

"Gon. Hay algo que debemos hablar"

Gon entorno los ojos en su dirección, mascando más lento, pero obsequiándole toda su atención. Asintió metiendo un pedazo de sandía en su boca.

"Escucha. Yo… -y se detuvo, con el miedo burbujeando desde su estómago y subiendo hasta su corazón aplastándolo sin piedad. No quería arrastrar a Gon a otra misión suicida, no después de ser atrapado y torturado por la Brigada. Illumi no sería tan amable, Illumi lo mataría. ¿Con qué cara podría pedirle que le ayudara a recuperar a Alluka? ¿Entonces perdería a Gon? Bajo su cabeza, ocultando su mirada irritada de esos ojos atentos, aguantando las lágrimas- yo sé que quizás… esperabas que iniciáramos aventuras divertidas los dos solos, pero…"

Dejó la tostada a medio comer en el plato. Había perdido el apetito.

"Necesito ir por mi hermana. ¡Necesito sacarla de ahí! Mi hermano mayor es un monstruo y… y, yo jamás podría pedirte que vinieras conmigo, que te pongas en peligro… yo no…"

Calló al sentir una mano posarse en su hombro. Levantó el rostro hacia esos ojos miel que tanto le habían fascinado desde el primer momento hace tantos años, encontrando la misma determinación absoluta que vio cuando se reencontraron solo unos días atrás.

"Killua. ¡Salvaremos a tu hermana! ¡La traeremos con nosotros y no dejaré que nadie vuelva a separarlos! Por eso no te preocupes… no me iré de tu lado. Y no dejaré que te vayas del mío"

Parpadeo confundido. Con el corazón hinchándose de… ¿Felicidad? ¿Dicha? ¿Amor? Abrió la boca intentando buscar una respuesta, volviéndola a cerrar de inmediato. Las lágrimas se deslizan silenciosas por sus mejillas ante la inmensidad de sus sentimientos.

"Gon… Alluka es una niña especial, demanda muchos cuidados y… y el resto de mi familia es asquerosamente fuerte. Será peligroso…"

Quiere golpearse el rostro por minar sus oportunidades con Gon. Pero ocultarle información le sabe a traición. Y vaya que ahora sabe de traiciones.

"¡No me importa! ¡Me quedaré con Killua! -gritó Gon con fiereza, levantándose de su asiento para sentarse junto a él, tomando su rostro entre sus manos y besando sus labios con cariño, espantando sus inseguridades y sus miedos. No pudo evitar derramar la dicha que embargaba su alma en una sonrisa queda y Gon limpio cada una de sus lágrimas con besos suaves, suspiró con felicidad- además…"

¿Además?

Observó a Gon a un suspiro de distancia con la curiosidad picándole. Los ojos dorados se habían vuelto vacíos por un momento, dándole un aspecto curiosamente aterrador. Trago saliva.

"...estoy ansioso por conocer a tu hermano. Hay una cosa o dos que debo dejarle en claro…"

Y el resto de la frase se perdió. La sonrisa de Gon lucía amenazante, pero él sólo sentía una protección salvaje a su alrededor, se sentía tan seguro entre sus manos. Le beso nuevamente pasando sus brazos por el cuello del otro y tirando de él hacia su cuerpo, arrastrándolo con él hacia la cama. Suspiró sintiendo el peso encima suyo.

Podría acostumbrarme a esto…

Mordisqueó los suaves labios y paseó sus manos por la ancha espalda. Gon ya se había acomodado gustoso entre sus piernas, restregando sus caderas con firmeza, arrancándole jadeos retumbantes entre besos fogosos. Su "amigo" había sido todo un caballero los últimos días, cada mañana le conseguía el desayuno y se quedaba a su lado hasta hacerlo comer. Y cada noche le abrazaba contra su pecho, besando su coronilla en medio de palabras dulces. En ningún momento lo había presionado y eso le llena de ternura.

No eran las mejores condiciones. No con su mente distraída en Alluka y los cuatro años lejos de ella. Pero definitivamente eran mejores que hace unos días, siendo cautivos entre edificios destruidos y amenazas silenciosas, bajo futuros inciertos. Con un pie en la tumba. Quizás…

Quizás podamos pasar a la siguiente base…

Sonrió cuando deslizó sus manos hacia el frente y bajo la ceñida ropa, rasguñando juguetón la piel cálida del vientre de su compañero en su camino a sus pantalones, arrancando más de un jadeo. Se relamió los labios cuando la boca de Gon le abandonó, alejándose de su rostro y enterrándose en el hueco de su cuello. Jalo la tela hacia arriba buscando quitarle la camiseta, pero un gruñido bajo le detuvo.

"Si la quitas no me hago responsable… -podría jurar que sus ojos brillaron ante la advertencia, tentado de orillar a Gon hasta ese punto salvaje y frenético. Se acomodo mejor debajo suyo, sintiendo como la lengua traviesa de su ¿Pareja? le saborea el cuello- Killua… eres delicioso…"

Abrió la boca dispuesto a sugerir que otras partes de su cuerpo podría probar pero un sonido molesto les interrumpió. Gon corto el beso en su cuello reticente, hurgando entre los bolsillos de su pantalón con las caderas aún pegadas a las suyas, presionando con fuerza, negándose a apartarse.

Vio con molestia el pequeño aparato infernal que había interrumpido su diversión. ¿Quién había llamado en tan mal momento? La mueca disgustada de Gon no le pasó desapercibida antes de contestar -para molestia suya- pero cuando estaba por alejarse, Gon le detuvo con una mano en el hombro y una chispa de algo que desconoce en su mirada.

"¿Hola? ¡Kurapika! Oh, no, no, ya estaba despierto"

Levantó una ceja cruzándose de brazos. Gon yacía erguido sobre él, con una mano en su hombro reteniéndolo y sus caderas entre sus piernas. La mirada miel fija en su cuerpo. Pero estaba hablando por teléfono con un tal Kurapika. Rodó los ojos con molestia cuando Gon retiró sus caderas con una sonrisa incipiente…

¿Que está planeando este estup-?

Respingó al sentir la primera embestida contra él. La vergüenza le besó las mejillas.

¿Pero qué…?

"¿Acaban de llegar? ¿Qué hotel? Oh. Si, si, ubico bien cuál es…"

Jadeo cuando una segunda embestida le empujó. Más fuerte y duro. Haciendo su cuerpo retroceder contra la cama y volver a su posición cuando Gon se alejó. Se llevó las manos a la boca cubriéndola y afilo la mirada hacia el chico que conversaba con los ojos caramelo y mirada viciosa clavada en él.

"Si. ¿Como cuánto tiempo…? Mmm… entonces unos diez minutos. Si, me parece bien…"

Otra embestida. Y otra. Y otra más. Cerró los ojos arqueando su espalda. Cubrió con más fuerza su boca. Gon golpeaba y se restregaba con su excitación en todo su esplendor mientras hablaba por teléfono con modulaciones de voz a penas perceptibles.

Es un pervertido…

"¿Leorio viene contigo verdad? Sí, sí. Una disculpa por hacerlos venir tan de repente. Si. Era algo urgente…"

Abrió los ojos con sorpresa cuando de un movimiento Gon le arrancó las manos de la boca, sujetándolas torpemente sobre su cabeza en una posición muy parecida a cómo llegó a tenerlo en su habitación durante su encierro. Le temblaron las piernas ante otra embestida particularmente fuerte. Mordió sus labios intentando retener el gemido que se desliza caprichoso por su garganta y el orgullo le frena.

Gon, felizmente travieso y ligeramente vanidoso, presionó su teléfono entre su oreja y hombro, dejando libre su mano para deslizarla bajo su espalda y hacia su trasero, levantando sus caderas hacia él volviendo el contacto mucho más íntimo. Delicioso. Candente. Delirante. ¡Oh, Dios!

"¡Ah!"

No se pudo contener. No cuando lo agarraban así. No cuando se le restregaban así.

"...si, uhm. Los veo pronto entonces…"

"Ah. ¡Ahh…!"

"No. No. Es la tele. Nos vemos en diez"

Las lágrimas se le acumularon en las esquinas de los ojos y todo se volvió borroso. Se sentía tan bien como Gon movía sus caderas. La sensación de sometimiento ante él. Y todo mientras alguien más los oía…

"¡Ahh! ¡Ah, Dios!"

Quizás también soy un pervertido…

"Si ¡Si!... ¡Nos vemos! ¡Adiós!"

Y al fin colgó. Soltando su trasero solo para tomar su teléfono y lanzarlo sobre la cama lejos de ambos, hundiendo nuevamente su rostro en su cuello y la mano bajo sus caderas.

"Oh, Killua…"

Las embestidas se volvieron más rápidas y erráticas, con deseo contenido y mal controlado. La mano sobre sus muñecas se afianzó y una nueva mordida le atenazó la parte sensible de su cuello.

"¡Go-on!"

Le abrazó con fuerza las caderas y se estiró rozando su pecho con el de él. Estaba tan duro que pronto comenzaría a delirar entre burdas groserías y peticiones suplicantes.

"Ya quítame el pantalón…"

Siseó con molestia. No había sido una súplica, pero si lo había dicho -para su vergüenza- demasiado apurado. ¿Habría sonado deseoso?

"Oh, bebé… qué más quisiera yo, pero debemos estar en un restaurante en cinco minutos…"

¡Espera! ¡¿Qué?!

Abrió abruptamente los ojos que antes entrecerraba intentando comprender las palabras, soltando sus manos de entre el agarre suave. Restaurante. Cinco minutos. Diez minutos. Kurapika. Se separó, con la cabeza ligera y el cuerpo ardiente.

"¡Gon! ¡Te lo acabo de decir! ¡No puedo andar tonteando por ahí como si estuviera de vacaciones! Si mi hermano se entera…"

Lo que sentía no era decepción. No lo era. ¿Pero qué más podía ser si Gon había prometido algo y no había cumplido? Si había llamado a sus amigos para irse a almorzar ignorando sus deseos y advertencias.

Debí saberlo…

La vida de Gon continuaba fuera de la suya, sin importar sus problemas. Quiso llorar. Quiso golpearse. Empujó a Gon fuera de su cuerpo con los ojos picándole, la decepción doliéndole.

Pero Gon no se movió.

"¡Esto es importante, Killua! ¿Me crees capaz de ponernos en riesgo por nada?"

Desvió la mirada. No. Gon no haría eso, pero…

Sintió la mano cálida acariciar su mejilla una vez más. Con cuidado, con cariño. Se mordió el labio con ansiedad. ¿Qué le hacía Gon? ¿Qué clase de poder tenía sobre él con esos ojos miel y esa calidez infinita? ¿Qué tiene su toque suave en su mejilla que siempre le calma y le hace rogar por más?

"¿De verdad me crees capaz…?"

El susurro sonó tan dolido como si hubiese sido apuñalado. No. No. Él no quería lastimarlo. Él sabe que Gon no sería capaz. Lo sabe con la misma certeza que entiende que la tierra gira alrededor del sol.

"Yo confío en ti"

Y la sonrisa de Gon se volvió el doble de dulce de lo usual, desbordó amor y felicidad contagiándole el buen humor.

"Gracias Killua"

Gon le dio un piquito en los labios antes de levantarse y caminar hacia la puerta del baño, deteniéndose antes de entrar y girando a verlo con nervios mal disimulados.

"Ah… no menciones que eres parte de la Brigada ¿Sí? Kurapika es un poco… especial para ese tema"

Ladeo la cabeza confundido apenas levantándose de la cama. Pero Gon huyó como un cobarde antes de poder preguntar.

¿Por qué razón mencionaría algo así a alguien que acabo de conocer?

Bien. Eso había sido raro. ¿Quién era Kurapika y por qué la Brigada era un tema especial? Arrugó las cejas. Algo le decía que no quería saberlo.

Dio un sorbo a su taza con chocolate sin mirar a nadie en particular. Gon sentado a su lado sonreía como si la vida se le fuera en ello, irritándolo.

Estúpido. Estúpido él y estúpido Gon…

Los dos hombres frente a él los miraban atónitos. Uno más que el otro. No lo esperaban en absoluto. Al parecer Gon se había olvidado de avisarles que habría un cuarto integrante en la mesa tanto como se olvidó de decirle a él que saldrían a desayunar con sus amigos.

Suspiró.

Si quiere que esto funcione, vamos a tener una larga charla sobre tomar decisiones sin consultarme…

Gon los presentó al llegar, pero nadie había dicho nada más. El silencio se estaba volviendo rápidamente espeso, tanto como para ponerlo ansioso. Al menos en su consuelo, los otros dos no lucían mucho mejor que él.

"Ah. Este… sé que fue algo muy abrupto llamarlos tan de repente…"

Y al fin Gon decidió sacarnos de nuestra miseria…

"Pero esto era un tema delicado como para tratarlo por teléfono, espero que no les moleste -observó como los otros dos tragaban atentos cada palabra que salía de la boca de Gon. Era fácil notar el cariño y el compañerismo que había entre los tres. Y por un momento se sintió mal. Excluido. Fuera de lugar. ¿Quién era él para interrumpir la dinámica que ellos tenían?- por favor, quiero que tengan una mente abierta al respecto ¿Sí? Y me dejen explicarles todo antes de hacer sus preguntas"

Tomó otro sorbo de chocolate con su ceja convulsionando en ligeros espasmos mientras observa nuevamente el lugar, la gran fuente de ladrillo rojo en medio del salón, las lámparas ornamentadas y el mobiliario elegante. Lucia como el típico restaurante cliché de las películas cómico-románticas para adolescentes donde el protagonista presentaría a su nuevo novio a sus padres cristianos. Gerente con bigote incluido.

Y el nuevo novio soy yo ¡Yupi!

El chico rubio asintió en medio de sorbos ligeros a su té. El hombre moreno a su lado lucía un poco menos… paciente. Les ignoró girando su vista hacia la ventana, al parque que estaba justo frente al hotel. Lucía como un día agradable allá fuera, nada que ver con la tensión que se sentía en la mesa.

"Agg. No te andes con rodeos Gon, dinos ya lo que necesites decirnos"

Afilo la mirada. No le gustaba ese tono.

Leorio. O quién le presentaron como Leorio le observó con reticencia. Casi como si fuera un intruso en su familia. Un vil malhechor -no estaba tan equivocado- que buscaba robar a su hijito bebé y llevarlo por el camino del mal. Sonrió.

Qué amigos tan raros tiene Gon…

"¡Ey, tu! ¿Qué es lo gracioso? Es más, olvida eso. ¡Mejor dime qué es lo que planeas con Gon! ¿¡Cuáles son tus intenciones con nuestro amigo!?"

Su tono era hosco y bien podría considerarse grosero. Imaginó por un momento a su padre aplastando el ceño ante esas maneras tan vulgares, pero su padre no está ahí y él podría categorizarse como alguien peor.

Noto de reojo la súplica muda en la mirada de Gon. Era una lástima que él llevase tres días de mierda emocional como para acatar su petición. Dejó su taza en la mesa y sonrió cuál gato, ganando la duda e incertidumbre en el hombre frente a él.

"Follarmelo duro"

"¡Killua!"

Se relamió los labios ante la palidez del otro y los pucheros de Gon a su lado. ¿Qué culpa tenía él si le ponían las cosas tan fáciles?

"¿Qué? No es nada que no sea verdad…"

Sabe que Gon está por reprochar sus palabras, no molesto pero si algo avergonzado. Pero alguien se le adelantó.

"Oh. Entonces lo que oí no era la televisión… -casi se caga de risa ante la cara de Gon y las palabras del rubio. Esto se estaba poniendo interesante y Gon, que al parecer era un sinvergüenza cuando estaba caliente, era un chico vergonzoso al ser pillado, alegando demencia con tartamudeos bobos y mejillas rojas- si estabas ocupado podrías habernos dicho, lo habríamos dejado para más tarde si querías estar más tiempo a solas con tu pareja"

Oh. El rubio es sensato, me agrada… eh, espera…

¿Pareja? La palabra se le hizo rara viniendo de alguien más. Ciertamente en su cabeza le había dado varios calificativos a Gon, más nunca lo habían hablado en voz alta y menos con un tercero.

"Eh, espera Kurapika… -llamó Leorio sin entender la conversación- ¿De qué estás-?"

"Calla Leorio. Es claro que Gon nos quiere presentar a su novio. Así que cierra la boca y deja que lo haga"

¿Era su imaginación o los ojos del rubio se habían vuelto rojizos por una fracción de segundo? Bah, seguramente estaba muy cansado. A todo esto ¿No lo ha visto antes? Le resulta vagamente familiar…

Leorio, obstinado cómo parece ser desde su nacimiento, giró la cabeza mirando a otro lado y murmuró cosas sin sentido que no alcanzó a entender o que realmente no le interesaba entender.

"Y díganme -se giró Kurapika hacia ellos mientras toma la taza de té entre sus manos- ¿Cómo se reencontraron?"

Trago saliva y comprendió con horror que no se había tomado la molestia de pensar en una historia creíble y que no involucrara a la Brigada.

"Hace unos días. Es un poco complicado…"

Suspiró contra su taza. Que buena salvada había dado Gon. ¿Pero dar solo unos días de referencia no era muy poco tiempo, aunque fuera verdad? Además ¿Había dicho reencontrarse? ¿No tendría que haber dicho conocerse? ¿De qué estaba hablando? ¿Acaso ellos sabían de su existencia? Que Gon y él ya se conocían.

"Oh. Bueno, cuando uno lo sabe, lo sabe ¿No?"

Dijo Kurapika animosamente contra el murmullo molesto del hombre con gafas.

"¿Nos lo presenta tan rápido con solo unos días de encontrarlo?"

¡Que me parta un rayo!

"¿Tienes algo para decir… -se exasperó ante el tono impertinente. Sabía que no le caía bien al mayor de todos, pero por si no lo había notado, él tampoco quería conocerlos- …viejo?"

Pero Leorio ni siquiera alcanzó a quejarse de sus palabras, interrumpido por un golpe en las costillas y una mirada molesta.

"¡Leorio!"

"¿¡Qué Kurapika!? Sabíamos que era un Zoldyck pero el chico es un rufián. ¡Solo míralo!"

"¡Leorio!"

"¡Qué!"

"Este es el primer novio de Gon. ¿Entiendes, estúpido?"

Había sido divertido observar la pequeña discusión como si de un partido de tenis se tratara, deseoso por ver quién sería el ganador. Y fue aún más divertido ver cómo la comprensión llegó a los ojos del mayor, entendiendo por primera vez a lo que el otro se refería. Gon a su lado observaba todo en tenso silencio con una gota resbalando por su sien y una sonrisa cansada. ¿Esto era normal entre ellos? ¿Por qué parecían más una vieja pareja de casados que amigos…?

Espera ¿Acaso ellos son algo?

"Oh"

Kurapika suspiró pesadamente hacia el otro antes de seguir riñendo.

"¡Gon nos pidió una mente abierta y vienes tú a faltarle el respeto al chico que Gon al fin nos presenta! ¡Él que buscó por años! ¿Qué es lo que te pasa? ¡Esperaba más de ti!"

Auch…

"Pero Kurapika, no te enojes. ¡El problema no es que sea un chico! Solo míralo. De todas las personas con las que salió Gon…"

Levantó las cejas ante la última frase. La taza se quedó a medio camino entre la mesa y su boca. Gon pareció salir de su ensoñación de manera horrorizada.

"Ey, yo no… ¡No salí con nadie!"

Tres pares de miradas curiosas se intercambiaron antes de centrarse en el chico a su lado. Gon se mordió los labios nervioso sin mirarle.

Mentira…

Término de llevarse la taza a los labios ocultando una mueca de molestia. No había pensado mucho en ese tema. No era algo que hubiesen hablado durante su tiempo de rehén ni los días subsecuentes. Simplemente había dado por sentado que Gon tenía mucha más experiencia que él. Así que eso no debía molestarle. No debía…

"¿Oh, pero y Retz?"

Preguntó Leorio con una ceja alzada.

"¡Nunca salimos! -respondió Gon en un mohín enfurruñado y un tono de voz impregnado de tristeza- solo la estaba ayudando"

"¿Y Palm? Tuviste una cita con ella"

Acotó Kurapika, siguiéndole al parecer el juego a Leorio.

"¡Tenía 14! ¡Y ella me amenazó con un cuchillo para que lo hiciera! Yo solo estaba siendo amable. Tuve que huir de ella después…"

"Ah ¿Y las chicas con las que saliste en los viajes con tu padre?"

Gon parece querer arrancarse las pestañas. Y sería gracioso, si no hubiera algo en esas palabras que le caen tan pesadas en el pecho marchitando algo en su interior.

"Ging me obligaba a pasear a las hijas de sus inversionistas ¡No eran mis novias!"

Gon parecía alterarse conforme las preguntas se apilaban frente a él, buscando su mirada de reojo, mirada que no pudo devolverle. No tenía por qué justificar sus viejas relaciones. Ellos no estaban juntos, no importaba. Pero aun así…

¿Por qué me molesta?

"Oh Gon, pensar que eres todo un casanova. Y yo que creí que era el primero en tu cama…"

El silencio incómodo se hizo nuevamente en la mesa. Se arrepintió de dejar salir las palabras en cuanto las dijo. ¿Por qué lo había dicho en primer lugar? Que estúpido. Él y Gon estaban bien, no tenía por qué molestarle por su pasado.

Abrió la boca buscando disculparse, con mejillas sonrosadas y ojos esquivos. Pero para variar Gon había tomado sus manos entre las suyas, acercando su rostro hasta casi rozar su nariz, con ojos brillantes y rostro tan rojo como el suyo.

"¡Pero Killua sí será el primero! ¡Porque Killua es especial para mí, lo juro! ¡Siempre lo has sido!"

Parpadeó azorado, con la molestia desvaneciéndose de su pecho. Abrió la boca. La cerró. La volvió a abrir. Sintió un rubor mucho más fuerte instalarse en su cara. Gon le miraba con intensidad. Con insistencia. Tanto que quiso corresponder sus palabras y sus sentimientos así se muriera de vergüenza por decirlo frente a dos prácticamente desconocidos. A él solo le importaba Gon después de todo. Solo quería hacer feliz a Gon.

"...tú también serás el primero, Gon"

Y soltó sus manos, ocultando su rostro nuevamente tras su taza, temblando ligeramente ante el silencio pálido de Gon, los ojos dorados abiertos con incredulidad y miedo.

¿Qué? Él también era virgen ¿No? ¿Por qué esa cara?

"Eh, pero Killua… ¿De verdad eres…?"

Estiró su mano cubriendo su boca con molestia. Gruñó de mala gana.

"¡No lo repetiré, estúpido! ¡Además, este no es momento ni lugar para hablar de eso!"

Podía sentir las miradas y sonrisas que se intercambiaron los otros dos. Dios, las cosas en las que Gon le metía… ha pasado más vergüenzas en esta semana que en toda su cochina vida. ¿Alguna vez llegó a mojar la cama? Quién sabe. Pero esto se sentía peor…

"Si, si, lo hablamos luego…"

Suspiró más tranquilo y feliz, aunque no lo diría, pero la sonrisa se le escapa por los ojos al pensar que, de hecho, Gon es tan nuevo en todo este tema del amor y el sexo como él.

Vaya, íbamos a tener la primera vez del otro sin saberlo…

"Entonces… ¿Nos contarán que planean hacer? ¿A dónde irán?"

"O por qué nos hiciste venir tan urgentemente…"

Y Gon pareció volver al fin a la realidad, abandonando la sonrisa tonta que le dedicaba.

"¡Oh! De hecho, no solo quería presentarles a Killua… ¡Kurapika! ¡La Brigada me capturó! ¡Siguen detrás del usuario de las cadenas!"

El usuario de las cadenas….

El amigo por el que Gon estaba dispuesto a morir.

Afiló la mirada, observando a los otros dos. ¿Sería el usuario uno de ellos? ¿Por eso no debía mencionar a la Brigada? Todo parecía indicar que el rubio podía ser dicha persona, pero no observó nada a primera vista que le diese una pista al respecto.

Bebió lo último de su chocolate antes de dejar la taza con cuidado sobre la mesa. Ciertamente entre el secreto de Kalluto y la noticia de Alluka, la Brigada había pasado a un segundo término sin importancia para él, pero que debía tener presente y cuidado con lo que pudiese o no decir de ellos.

"¡¿Qué quieres decir con que te capturaron?!"

"¿Ellos te hicieron daño?"

"¡Si te lastimaron la pagarán muy caro!"

"Gon ¿Qué fue lo que pasó? Cuéntanos"

Oh. ¿Esto es tener a alguien que se preocupe por ti…?

Ambos parecían tan agitados ante la noticia que acababan de recibir, con el miedo en la mirada y la indignación en el corazón. Puede que ellos no le cayeran del todo bien, pero era imposible negar el cariño que le tenían a Gon. Un cariño y un amor diferente al que él sentía, pero cariño por su amigo a final de cuentas y lo agradecía.

Son buenas personas…

"Sí, sí, estoy bien. Nada que no pueda aguantar… y Kurapika, conocí a su líder"

"¿¡Conociste a Chrollo!?"

Entorno la mirada, juzgando en silencio como la indignación y el malestar en el chico rubio habían pasado a ser rápidamente ira y resentimiento. Tarareo el silencio. Esto no le gustaba…

"¡Gon! Tienes que decirme todo lo que sepas de él. Necesito saberlo"

Miró fijamente a Gon con algo de preocupación. Es verdad que no le debían nada a la Brigada, en realidad para Gon era todo lo contrario. ¿Pero de verdad planeaba romper su palabra…?

"Yo… lo siento Kurapika. No puedo entrar mucho en detalles. Prometimos no decir nada al respecto con tal de que me dejaran ir"

Y Gon comprendió su error cuando ya era muy tarde.

"¿Prometieron…?"

Afilo su mirada al sentir esos ojos quemándole con aprehensión y odio. Los músculos se le tensaron por reflejo con algo parecido al miedo. Por un momento la sensación sobre su cuerpo se sintió muy parecida a la de Illumi cuando tenía un ansia asesina incontrolable. Sin temor a equivocarse…

Kurapika me atacará en cualquier momento…

"Gon. ¿Cómo hiciste para escapar?"

Tragó saliva ante la pregunta impasible. La frialdad mortal. Gon a su lado parecía tan tenso como él, pensando cuidadosamente las palabras que harían o no detonar una mina terrestre.

"Me ayudaron…"

Leorio parecía no entender lo que pasaba, pero no por eso lucía menos tenso que los demás.

"Y… ¿Hace cuánto te capturaron?"

Afiló sus garras bajo la mesa. Si él pensaba que se dejaría matar tan fácil estaba muy equivocado…

"Hace unos días…"

Saltaría hacia él antes de darle la posibilidad de atacar primero. Iría por el pecho de ser posible, sino el brazo o la cabeza…

"¿Y hace cuanto te reencontraste con Killua…?"

3… 2… 1…

"Kurapika…"

Y todo pasó muy rápido. Jadeó incómodo al sentir su cuerpo apresado entre finas pero resistentes cadenas. El muy maldito era un invocador y había sido demasiado rápido, ni siquiera había podido usar Kanmuru, creyó que no lo necesitaría.

Grave error… quizás el último…

"¡Kurapika!"

Se agitó enojado, buscando liberar su hatsu en una fuerte corriente que friera al maldito, pero para su disgusto y horror, nada pasó.

"¡Gon! ¡Qué carajos haces con un miembro de la Brigada Fantasma!"

"'¡Suéltame maldito!"

"¡Kurapika cálmate!"

"¡No Leorio! ¡Este monstruo es parte de las arañas! ¡No sabemos si está controlando a Gon!"

Lo miró indignado. Biiiien, tenía un punto. Esa era una posibilidad muy grande que él mismo habría pensado y deducido. Pero si hubiese querido matarlo de verdad lo habría hecho hace quince cochinos minutos en vez de pasar vergüenzas.

Además, no se equivoca en qué soy un monstruo…

Abrió la boca dispuesto a explicarle gentilmente donde podía meterse sus sospechas cuando una voz fría hizo el silencio en la mesa, helando su sangre y la de los otros dos.

"Suéltalo, Kurapika"

Vio la duda nacer y extinguirse en los ojos rojizos, en un aura particularmente espectral, imposible. Kurapika -o el usuario de las cadenas- no lo dejaría ir tan fácil.

Entonces aprovechó la distracción para intentar usar su propia fuerza para romper las estúpidas cadenas. El muy tramposo debía inhibir de alguna manera el aura.

Es una pena que yo golpee con treinta y dos toneladas de fuerza sin aura…

Respiró profundo y tensó los músculos de sus brazos estirando la cadena sobre su cuerpo, logrando un pequeño tintineo que llamó la atención de los otros tres… pero no pudo romperla.

¡Maldición!

"¿¡Qué crees que haces!?"

"¿¡Qué crees que hago!?"

El rubio le miró con desconfianza y él gritó llamando la atención de las pocas personas que no estaban ya al pendiente de su pelea.

"¡Más te vale matarme en este momento, porque si me libero juro que te arrancaré la cabeza!"

Lo decía en serio, con toda la honestidad que podía reunir. Lo sentía por Gon y su amistad con él más que obvio bastardo de las cadenas, pero no dudaría en matarlo si se le daba la oportunidad. Asesinar o ser asesinado, así de simple. Como asesino y ex-miembro de la Brigada siempre estaba listo para abrazar a la muerte, besar sus labios fríos y extinguirse.

Pero…

Mordió sus labios, quizás con algo de arrepentimiento. Los labios de Gon eran cálidos, mucho más apetecibles. Si tuviese que besar a alguien por última vez, quería que fuera él.

Los ojos grises brillaron nuevamente ante su confrontación y entonces lo recordó. Aquello que era raro más no imposible. La historia del clan que había sido masacrado hace años por los hermosos ojos escarlata de sus miembros.

"Eres del clan Kuruta…"

No sabía que había habido sobrevivientes. Su abuelo había dicho que todos habían sido exterminados.

Oh, joder…

Unir entonces las piezas ya no era tan difícil. Solo existía una organización capaz de hacer algo tan horrible y desgarrador como exterminar a todo un clan por sus propios deseos.

"¡¿Te estás burlando de mí?!"

Hubiese gritado que sí. Pero las cadenas se ciñeron dolorosamente a su tórax arrancándole el poco oxígeno que le quedaba, asfixiándolo. Tosió buscando aire, sintiendo como la cadena sobre su cuello quemaba cómo el demonio. El muy maldito lo iba a estrangular.

"¡Basta Kurapika! ¡Detente!"

Vio con ojos desorbitados cómo Leorio intentaba frenar su casi asesinato y sintió una oleada de agradecimiento ante su gesto. ¿Comprendía él que estaba intentando salvar a una araña? ¿Lo sabría y aun así quería que viviera?

Cerró los ojos ante el escozor. No quería que Gon viese esto. No quería. No rogaría por su vida. Joder, claro que no. Pero quizás lo haría para que no lo hiciera frente a él.

"¡Ahhhg!"

Sollozó ante una bocanada de aire fresco que le inundó por un breve instante los pulmones, obsequiándole unos minutos más de vida. El tirón que había sentido en las cadenas había sido suficiente para rasguñarle la piel, más no para terminar de estrangularlo. Entreabrió los ojos lagrimeantes, apenas distinguiendo las figuras frente a él.

El aire se le atoró al entender la imagen.

Gon había enredado su mano -la que aún estaba sanando- en la cadena y tirado de ella hacia él, dándole espacio para respirar un poco antes de que estás volvieran a ajustarse. Y de paso había acercado a Kurapika lo suficiente para tenerlo frente a frente.

Quiso llamarlo. Quiso decir su nombre. Pero la boca le sabía a óxido y dolor.

"Kurapika… yo te estimo mucho"

Leorio se había dado por vencido y observaba todo con fingida calma. Habría sonreído con burla de haber podido. El pobre estaba tan pálido como un muerto.

Seguramente tanto como yo estoy azul…

"No me hagas pelear contra ti… no ganarás…"

Vio brotar y deslizarse las primeras gotas de sangre. Lo sabía. Ese brazo aún no sanaba. ¿Por qué Gon era tan descuidado?

"Así que por favor. Suéltalo y déjame explicarte…"

Kurapika permaneció en silencio, observando a solo centímetros de su rostro los ojos miel que por su posición él no podía mirar, pero pudo imaginar. Negros y carentes de brillo. Cómo si los hubiese visto antes, en otra era, en otra vida.

Pero Kurapika no cedió.

Joder. Cada respiración ardía horrores. Los ojos rojizos. El ajetreo de la gente ante su pelea. La quijada tensa de Leorio. Las gotas de sangre en la mesa. Se iba a desmayar.

No, no. No lo hagas. Aún no puedes.

Aspiró fuerte y se metió en la plática.

"Estás lastimando a Gon… -todo le daba vueltas. La sangre. Los gritos ahogados. El dolor. Gon- no me importa quien seas, pero si lo sigues lastimando, no sé cómo, te matare…"

Y se sintió desvanecer sobre el hombro grande y firme. Se sentía tan cansado y Gon olía tan bien, que la idea de solo dormir sonaba tan apetecible cómo lo era respirar, cerró los ojos con solo un arrepentimiento en su cabeza.

Alluka…

Sonrió irónico. Illumi estaría tan decepcionado al enterarse de su muerte, tomando chocolate en una cafetería. Sin defenderse. Sin llevarse a nadie consigo.

¡Ja! Tómala estúpido…

Y la luz llegó a él. Tan de golpe que le ahogo.

"Ahhhghh aggg ¡Carajo!"

Se llevó las manos a la garganta, tosiendo. Aún recargado en Gon sintió como un par de brazos lo cubrían protectoramente, arrastrándolo hasta un pecho reconfortante con suaves murmullos cantados a su oído. Estaba tan concentrado en recuperar el oxígeno perdido que apenas si pudo oír algunos de ellos, doloridos y con sabor a sal.

"Lo siento… Casi te pierdo… Perdón... Mi culpa… Moriría contigo… Lo compensaré… Lo prometo…"

Le devolvió el abrazo y se dejó mecer cómo un niño pequeño, con las lágrimas corriendo por sus mejillas. No todos los días estás tan cerca de recibir el frío beso de la muerte y mucho menos te arrullan con tanta gentileza. Suspiró. Se estaba volviendo blando. No solo lo habían capturado fácilmente y no había matado al maldito en cuanto lo soltó. Sino que también se ocultaba cómo un bebé entre los brazos de su… ¿Amante…?

Mi jodida vida es un caos…

"¡Casi matas a Killua!"

"¿Disculpa? Solo lo iba a desmayar… por ahora"

"¡Kurapika! Eres un…"

Observó el intercambio acalorado que siguió a su casi asesinato retenido entre esos brazos fuertes, con la sangre bajando lenta y perezosa desde su cabeza hasta el resto de su cuerpo, comenzando a comprender de a gotero lo que pasaba a su alrededor.

"¿¡Y si algo le pasaba!?"

"Estás exagerando Gon…"

"¡Gon! ¡Kurapika! Tranquilícense por favor… Gon, déjame revisar a Killua"

Debía encontrarse muy mal si no sintió en ningún momento como Leorio se había acercado hasta estar a su lado. Pero antes de poder rozarlo, los brazos de Gon le apretaron más hacia su cuerpo, observando con desconfianza al mayor.

"Si intentan lastimarlo de nuevo…"

Casi le pareció ver dolor reflejado en los ojos chocolate de Leorio, herido ante la amenaza y la falta de fe. ¿Pero alguien podría culpar a Gon después de lo que acababa de pasar?

"Gon, cómo doctor y más importante, cómo tú amigo… solo quiero revisarlo. ¿Me permites?"

Sintió el temblor y la indecisión, su pobre cachorro se debatía entre su lealtad y su instinto. Pero él no sentía ninguna hostilidad de Leorio -a diferencia de Kurapika- así que le palmeó levemente el hombro llamando su atención. Le sonrió en lo que él esperaba fuese una mueca tranquilizadora, pero la calma no llegó a los ojos de Gon. Aun así para tranquilidad de todos, este bajo sus brazos, dejándolos descansar en su cintura, listo para atacar o tomarlo entre sus brazos para huir.

Vio como Leorio se arremangaba la camisa y acercaba sus manos hasta su cuello, pero lo detuvo levantando su mano e interponiéndola. Leorio parecía contrariado.

"No te haré daño…"

"Estoy bien… -frunció el ceño ante su voz estrangulada y ronca. ¿Habría dañado Kurapika sus cuerdas vocales? No. Seguro solo era la hinchazón- ...revisa primero a Gon"

Las manos en su cintura se presionaron y un pulgar le acarició con ternura. La mirada de Leorio pasó de ser crítica a una más dulce, incluso pudo sentir los ojos incrédulos de Kurapika sobre él al otro lado de la mesa.

"¡Qué tanto miran! ¡No soy tan débil! ¡Esto no me matará! Pero Gon cof cof ggg se abrió las heridas"

Se ahogó en medio de su discurso, pero Gon ya le servía un poco de agua fresca y la empujaba hacia él, obligándole a tragar. Lloriqueó al sentir el escozor que eso le generó, pero se mantuvo firme y trago hasta la última gota.

"Killua, revisaré a Gon después de revisarte a ti ¿Sí?"

Ya. El tono fue amable pero inflexible -cómo si le hablase a un niño pequeño- confirmando que efectivamente Leorio sí que era un doctor, aunque él jamás hubiese ido con uno.

No soy un mocoso…

Quiso alegar, emberrincharse, gritarles lo idiotas que eran los tres y salir corriendo del restaurante. Pero la mano sobre su espalda y los ojos miel preocupados le hicieron desistir. Suspiró casi ahogándose de nuevo.

"Bien"

Y dejó que Leorio tanteara su cuello, con creciente ansiedad acumulándose en su interior. Nunca te expongas demasiado ante nadie, había dicho su hermano. Nunca confíes en otros, había dicho su padre.

Y aquí estaba él. Tonto y enamorado junto a un chico que casi lo lleva a su muerte prematura dos veces -¡Dos!- en menos de una semana, un estúpido que casi lo mata y otro que intentaba ayudarlo.

Esto es para reír…

Pero Gon se quedó a su lado, con las manos grandes y cálidas paseando por su espalda hasta sus hombros mientras Leorio palpaba aquí y allá buscando huesos rotos, carne lacerada.

"Estarás bien, solo tendrás la garganta irritada unas horas. Intenta no hablar mucho"

Asintió lentamente mientras Leorio se alejaba y daba la vuelta a la mesa acercándose a Gon. Y pensó en lo diferente que era Leorio cómo persona y como profesional.

Vio de brazos cruzados como examinaba detenidamente el brazo lastimado de Gon, haciendo muecas y dirigiendo miradas molestas a su amigo mientras trataba y vendaba nuevamente las heridas.

Cómo doctor, debe reconocer el dolor por el que pasó al solo ver las marcas…

Apartó la mirada arrepentido, ignorando por completo la mirada rojiza sobre él, perdido en la imagen de hace días. justo el momento en que se reencontró con Gon. Jamás se perdonaría no haber intercedido antes para detener la carnicería de Feitan. Quizás Kurapika estaba en lo correcto y él era un monstruo.

Quizás… quizás él no merecía ser feliz…

Quizás solo le hago un mal a Gon estando con él…

Pero cuando de verdad estuvo a punto de levantarse y huir, una mano se posó sobre la suya. La que había caído distraída en su regazo, apretándola con suavidad.

Levantó su rostro buscando el de Gon, recibiendo un beso delicado sobre su mejilla, un camino de besos hasta su oreja.

"No te irás -susurraron a su oído- eres mío ¿Recuerdas? Te quiero a mi lado. No te dejaré ir ahora que te he encontrado…"

Se sonrojo. Girando su mano y sujetando con fuerza la otra más grande y llena de cicatrices respondió.

"No me iré -contestó buscando alcanzar solamente los oídos del chico que le besa con cariño- no me iré…"

Gon sonrió, tomando su rostro con su mano suelta. Acariciando su mentón antes de acercar su rostro al suyo y…

"Ejem. Gon. Killua. Disculpen que los interrumpa, pero hay muchas cosas que ocupan explicar"

Giró los ojos con exasperación. ¿Había dicho qué él le caía bien…?

Próximamente. ~

"Killua -le llamaron- quiero hacerte una propuesta"

Ambos giraron la cabeza hasta el único rubio en la mesa. Leorio estaba serio. Gon ya no sonreía. Levantó una ceja escéptico.

¿Estamos para propuestas después de que casi me matas? Debes estar de puta broma…

"Gon menciono que tienes una hermana cautiva"

Cerro la boca. Trono sus dientes hasta casi romperlos.

"¿Y si yo te dijera que puedo ayudarte? Que si me das el tiempo necesario puedo hacer que tu hermano jamás vuelva a intentar lastimarlos a ambos… a cambio de que me des toda la información que puedas de la Brigada…"

El mareo que le siguió a esas palabras le dreno el poco color en el rostro que había ganado después de casi morir estrangulado como un pobre diablo. Bajo la mirada, desorientado.

"¿Qué me dices, pequeña araña?"

Saluditos~