Cuando miro hacía el pasado, puedo recordar muchas cosas que sucedieron sin que me diera cuenta, podía decir que tuve una gran familia que me quería o bien varias hermanas que me daban uno que otro dolor de cabeza, que tuve amigos que me apoyaban o que tuve la desgracia de conocer a algunas personas, cuando lo miras las cosas desde la distancia o el tiempo puedes sorprenderte con lo mucho que puede cambiar tu visión de las cosas, cuando era niño no pensaba mucho en eso, simplemente el día se definía como bueno o malo, si un plan salía bien o terminaba castigado, era una mentalidad inocente y las cosas más importantes para mi solo duraban a lo mucho hasta el día siguiente antes de hacer alguna tontería nueva y olvidar cualquier cosa que hubiese pasado antes.

Y aun con eso, puedo recordar un día que realmente sentí que me marco, quizás hasta hoy, un día que puedo recordar perfectamente, pues fue el día que termine mi familia se redujo considerablemente.

Esa mañana me levante como cualquier otro día, el día anterior había sido mi 11vo cumpleaños y no había pensado demasiado en nada que fuese ajeno a mí, quizás por eso no note las miradas o mis hermanas estaban demasiado ocupadas preparando mis regalos para notar la tensión del hogar, o quizás si lo sabían y no querían romper mi joven ilusión, al menos las mayores, todo había sido agradable pero al despertar pude ver a mis padres sentados en silencio en el sofá, sus rostros estaban apagados, creo que lo mejor sería decir cansados, ambos, asumí que había sido por organizar mi cumpleaños así que no les di importancia pero el tono serio con el que me pidieron que llamara a mis hermanas me erizo la piel.

Era casi un instinto, un niño revoltoso que sabía perfectamente que iba a ser castigado por una travesura, no es que fuera el más destructivo ni desobediente, pero tenía talento para meterme en problemas y ser castigado.

Una vez estábamos los 11 frente a ellos, mamá fue la primera en hablar:

- Lo siento niñas y Lincoln, pero esto se acabó.

Nadie podía entender nada, era una frase que nos hizo a todos mirarnos confundidos, recuerdo como Lynn me miro confundida, casi como si me estuviese pidiendo una explicación que no podía darle, ante la confusión, como siempre, Lori fue la primera en dar un pie hacia la situación.

- ¿A que te refieres mamá? No te entiendo, ¿Qué se acabó?

- Hija, - Tercio mi padre, tan cansado como mi madre. - A lo que tu madre se está refiriendo es a… nuestro matrimonio.

No es por insultar a mi hermana, pero en ese momento, tal como Leni, sentía que no podía entender nada de lo que estaban diciendo.

- ¿Cómo que su matrimonio? ¿A qué se refieren? - Lori intentaba mantener la compostura, pero podía sentir el miedo en su voz.

- Pues, a eso, - Nuevamente tomo la palabra mi madre. - Es algo que llevamos conversando un tiempo con su padre y… sigh, nos dimos cuenta de que llevamos mucho tiempo conviviendo sin sentir real aprecio por el otro, no queremos que se sientan culpables ni nada, pero ambos lo hemos conversado y creemos… que lo mejor es seguir por caminos separados.

Un día era un niño celebrando uno de los mejores días para él en el año, al otro sentía como parte de todo lo que creía se desmoronaba cuando veía como las dos principales referencias que tenía de la vida se miraban de forma fría y nos mencionaban aquellas palabras y nos explicaban como su matrimonio se estancó, el cómo dejaron de verse de buena manera o como prácticamente las únicas palabras que intercambiaban al día era sobre tareas domésticas o facturas, todo hasta desahogaron sus pesares en nosotros hasta que se detuvieron, como si esperasen una respuesta.

Las protestas no se hicieron esperar, Luna no podía creerlo, Luan se reía esperando que su padre le dijese que todo era una broma, Lynn se quedo en silencio, Leni comenzó a llorar, Lucy solo se esfumo, las menos que no terminaban de entender que ocurría, Lisa quien estaba completamente en shock y Lily fueron apartados del lugar por Lori antes de que me diera cuenta, yo solo camine a mi habitación, en silencio, no sabía que decir ni como apoyar, por lo que me refugie en mi soledad a pensar, puedo recordar el papel de regalo repartido por el piso y empaque de un juguete de mi superhéroe favorito de ese entonces abierto junto al bote de basura, solo deje caer mi cuerpo sobre la puerta cerrada en un extraño intento de apartarme y que nadie entrase, nadie lo haría, pero ni siquiera me detuve a pensar en eso.

Mi mente solo creía que era el culpable, "si no hubiera pedido esa fiesta", "si no hubiese pedido tantos regalos", "si me hubiera portado mejor antes", no podía verlo de otra forma, en ese momento solo podía creer que todo eso era mi culpa, tantas rabias y molestias habían finalmente terminado en esa amarga situación de la que, estúpidamente, creí que podría resolver.

No lo logré, fue uno desastroso plan para una desastrosa situación, fue curioso ver a ambos reírse cuando notaron mi burdo esfuerzo y me apartaron a su habitación para explicarme que no era mi culpa, solo podía llorar pidiéndoles que no se separaran, pero ambos solo se disculparon, fueron palabras duras y que no quería comprender, solo podía disculparme y rogarles que no lo hicieran, unos momentos después, finalmente lograron reunirnos a todos, siendo las palabras finales para un día tan horrible.

- Queremos que ustedes decidan, ¿Con quién prefieren quedarse?

De ese momento, la mayoría que puedo recordar eran llantos, ruegos y pataletas, pero no importaba cuan desgarrador fuera el alarido, la decisión ya estaba tomada, y solo había 2 opciones.

- Yo no participaré en esto, ¡No voy a hacerlo!

Todos vimos aquel arranque de ira y lágrimas de Lori como una de sus tantas decisiones a medias antes de correr hacía su habitación y empacar, nunca espere que me tomaran poco más de 5 años en volver a escucharla decir alguna palabra.

- Yo… prefiero a mamá.

En el silencio que dejo el grito de Lori, la confundida frase de Leni causo una pequeña confusión en nosotros, podría jurar que antes de eso nadie realmente había pensado en tomar un bando o siquiera dejar de intentar que ambos se separasen, desgraciadamente no fue el caso, pudo ser nuestro dolor, confusión o desesperación, pero esa frase cambio todo el ambiente de esa noche.

- Mamá.

- Quiero a mamá.

- Mamá.

- Yo… prefiero a mamá.

9 de 11 hermanos habíamos dicho la misma frase, solo Lily al ser una infante y Lori al huir se quedaron sin votar, incluso yo no dude en ese momento y dije mamá, y con cada vez que esa palabra se repetía, podía ver el rostro de mi padre oscurecerse un poco más hasta que nos dimos cuenta que nadie le había elegido, momento en el que se levanto en silencio y salió por la puerta principal, nunca supe si fui el único que se volteó o si alguien más le miro retirarse, pero aquel momento quedo grabado en mi mente para siempre, ver la espalda de un hombre completamente destruido.

Nadie ceno esa noche, tampoco nadie era capaz de pensar en eso, volví a aislarme en mi cuarto después de eso, no quería salir, tenía tanto que procesar que ignore los ruidos nocturnos, posiblemente una junta de hermanas, Luna llamo a mi puerta pero yo no respondí, no podía, no quería, solo me recosté en mi cama y lloré, sinceramente, no podía pensar en otra cosa que hacer, lo hice hasta que en algún punto me quede dormido y no supe más, irónicamente, lo que me despertó al día siguiente fue uno de los causantes de mi estado, mi madre.

Tal como si todo hubiese sido solo una cruel pesadilla, me despertó con una gentil sonrisa y un beso en la frente, acariciando mi cabello como si fuese una delicada reliquia familiar a la que debía proteger, pude sentir todo mi dolor y miedo irse por el momento, había sido una horrible pesadilla, todo un cruel truco de mi mente para jugarme una mala pasada ya que me había divertido mucho en mi cumpleaños, pero luego de que ella cerrase con delicadeza la puerta, se sentó a mi lado y me miro solemnemente, limpiando mis lágrimas culpa de la "pesadilla" que había tenido, casi como si me mirase con culpa y dolor.

- Lincoln, hijo, necesitamos hablar.

- ¿Qué paso mamá?

- Cielo, verás… yo… no puedo llevarte conmigo.

- ¿Llevarme? ¿De qué…?

Un nudo se había formado en mi garganta, la mirada de ella era la misma que el día anterior, en ese momento lo supe, no había sido una terrible pesadilla.

- Cielo, verás, yo… yo te quiero, realmente te amo, eres mi único hijo varón y un niño maravilloso y risueño, pero… tengo miedo, hay… muchas cosas que quiero hacer, muchas cosas que cómo lo haré, voy a caminar a ciegas con tantas cosas y yo, yo… no se como te trataré, eres un buen chico, pero… eres como Lynn, y yo… necesito alejarme de él, al menos por un tiempo, ¿Crees poder hacer eso por mamá?

Cuanto más lo pienso, más puedo ver lo irracional que fue aquel pedido que mi madre hizo en ese momento, no solo era un niño confundido y adolorido por la situación, sino que mi propia madre acababa de rechazarme, y curiosamente soy incapaz de recordar que le dije en ese momento, todo lo que supe fue que unas horas después estaba frente a la casa, con varias de mis cosas y las de papá en cajas dentro de la van familiar y algunas de mis hermanas protestando por mi partida.

¿Me habré enojado? ¿Habré suplicado? ¿Simplemente acepte?

Es curioso lo nítidamente que puedo recordar un día y el siguiente a este apenas si puedo recordar algunas cosas.

Papá y yo partimos rumbo a la casa de un amigo de papá, el señor Kotaro, termino dejando la van a mamá por las chicas y, una vez estuvimos solos, él casi no me dirigió la palabra.

Tampoco quería hablar, no quería hacer nada realmente, al día siguiente se encargo de dejarme en la escuela y luego no supe de él hasta la noche, tampoco es que pudiese rendir mucho en la escuela o tenia ganas de pasar tiempo con mis amigos, en la escuela hablé un poco con mis hermanas y lloramos juntos, fuera de eso, el resto de mis recuerdos son cenizas.

Ese día fue parecido al siguiente, y ese al siguiente, y el siguiente, se volvió casi una rutina, el señor Kotaro era gentil, pero yo no quería nada en esos tiempos, los comics no me divertían, las caricaturas se tornaron aburridas, fantasear con planes ridículos fue algo que se desvaneció de mi mente, llegaba de la escuela, hacía mi tarea y me envolvía escondía bajo el cobertor de la cama que compartía con papá, quien apenas y me hablaba, podía verlo beber de vez en cuando y discutir con el señor Kotaro, en ocasiones creí que me golpearía, pero solo me veía y comenzaba a llorar.

En ocasiones volvía a casa a convivir con mis hermanas, pero podía notar que incomodaba a mamá, unos meses después deje de intentar saludarla, un par de meses después, cuando llegue a casa acompañado de Lynn, Luna ebria me arrojo una botella a la cabeza y me culpo de todo, ese día obtuve dos cosas, la primera, la cicatriz cerca de mi ojo derecho, la segunda, que habían conversado esa noche que me rehúse a asistir a esa reunión de hermanas.

No era la primera vez que me culpaban por algo, tampoco fue un pensamiento unánime, pero basto con la duda inocente de una para que la duda se sembrara, que intentase estúpidamente ese día que mamá y papá no se separasen solo alimento el miedo, no era algo que externalizaran ni alimentaran, pero era una pequeña espina en sus corazones que con todos los cambios de ese año no fue arrancada, y Luna en su momento de debilidad, después de tener que apoyar tanto a Leni con la carga de ser la hermana mayor, termino externalizando todo en un momento de debilidad.

Mientras mi rostro sangraba, irónicamente, giré tanto asustado como esperanzado hacía mi madre, ella estaba presente tratando de controlar a Luna, era el momento donde no me importo la distancia o el dolor que había entre nosotros, era el momento donde podría verla preocuparse por mí, pero realmente obtuve tres cosas ese día, la tercera era una lección, para mi madre, yo ya no importaba en lo absoluto.

Esa noche, ya en el hospital y con la herida ya tratada, fue la primera vez en todo ese tiempo que pude ver a mi padre preocupado por mí, recibiendo unas palabras que no esperaba escuchar:

- Ya no me queda nada en Royal Woods, nos vamos.

¿Por qué dijo eso? ¿Y mis hermanas? ¿Sus amigos? ¿Su trabajo?

No entendí su decisión en ese momento, solo supe que en el día siguiente a terminar mi quinto grado, papá y yo nos fuimos de Royal Woods sin avisarle a nadie.

Al señor Kotaro le dejamos una carta y papá le dejo un sobre con dinero sobre su cama, agradeciendo el habernos acogido durante tanto tiempo y pidiendo disculpas, me había apartado tanto de mis amigos que no supe como decirles, solo les mande un mensaje de texto y luego bloquee sus números, a mis hermanas ni siquiera les mande un mensaje, solamente bloquee los números, lo conversamos con papá, bajo sus palabras me quede con que debíamos iniciar de nuevo, y al menos por un tiempo, olvidarnos de todo lo demás.

Viajamos durante horas hasta Lansing, papá había encontrado un nuevo trabajo de contador y solo estaba esperando a que terminara mi año escolar para cambiarnos, era mucho más grande que Royal Woods e incluso que Great Lakes, la ciudad más grande que conocía en ese momento, nos prometimos empezar de nuevo y creí que ese nuevo aire me ayudaría, era la idea, tristemente no fue así.

Gran parte del sueldo de papá iba a mis hermanas, por lo que él se dedico a trabajar, llegaba cansado de noche y podía sentir una distancia en él, la misma que sentía cuando vivíamos con el señor Kotaro, al tiempo termine desbloqueando a mis amigos solo para recibir mensajes de furia e indignación por lo que hice, la gente de mi edad podía llegar a ser bastante cruel cuando eres nuevo y no tienes amigos previos de la primaria, intente encontrar gente con mis gustos, pero descubrí que era difícil encontrar gente que abiertamente ame los comics y videojuegos porque te vuelves un objetivo clave de los matones, peor cuando creen que eres un rarito solo por tener cabello de color blanco.

Durante ese tiempo una cosa llevo a la otra, papá cada vez bebía más mientras yo recibía paliza tras paliza, aunque pude retomar mi amistad con los chicos no servía para aliviar el dolor de un labio roto o un ojo morado, hasta que un día simplemente tuve suficiente y respondí, fue curioso lo asustado que estuve por romperle la mandíbula a un tipo con la tapa de un bote de basura y que no hubo policía, suspensión o algún padre llorando por su hijo, me tomo poco más de un año darme cuenta que mi secundaria no era un buen lugar… y yo no podía seguir siendo un buen chico.

Nuevamente una cosa llevo a la otra, no me di ni cuenta cuando ya pertenecía a un pequeño grupo, en ocasiones ni siquiera llegaba a dormir a casa, robar era más sencillo que servir café o vender ropa, solo tenías que ser rápido, más rápido que tu víctima, que la policía, los vicios eran placenteros, la escuela se volvía cada vez algo más opcional y cuando llegaba a casa, solo había un hombre cansado de la vida que se arrastraba de una oficina a ese departamento barato y viceversa.

Tenía unos 16 años en ese momento, ¿Escuela? Ya ni siquiera se molestaban en tomar mi asistencia, ¿Papá? Apenas y le decía Lynn, ¿Hermanas? Solo mis compañeros y compañeras de las calles, ¿Un futuro? Nadie sabía siquiera si ese sería el día donde moriríamos en una revuelta contra otra banda, y aun así, pude verla, una claramente no era de la ciudad, nadie caminaría tan descuidadamente por los sectores donde andaba con esa ropa, no sabía si estaba extasiado por ver a una victima tan fácil de robar o por lo que había aspirado minutos antes, pero no tarde en jalarla a un callejón y con la otra mano poner una navaja en su cuello, me sentía poderoso, más vivo que nunca, había dejado de pensar en las consecuencias de mis actos hacía mucho tiempo y la tentación de acercar cada vez más el filo a su cuello era algo que comenzaba a acelerar mi pulso, pensar en lo gracioso que sería simplemente rebanar y luego saquear, pero no pude hacerlo, no cuando aquella mujer rubia hablo.

- N..No por f..favor, d..dejame vivir… te l..lo ruego.

Quizás habían pasado muchos años desde que había escuchado su voz, pero algo que escuchas más de la mitad de tu vida es difícil de olvidar, ni todo el sonido de tiroteos o insultos pudo hacerme olvidar de esa voz.

El primer familiar que me abandono, que nos abandonó.

- ¿L..Lori?

La tenía sujetada contra mi cuerpo, podía sentirla temblar, pero escuchar su voz solo la lleno de más terror, casi como si me hubiese dado asco la solté al igual que mi navaja, empujándola lejos de mí, mi mente estaba en conflicto, todo se sentía borroso, como si fuese un niño pequeño termine arrodillado en el piso mientras sostenía mi cabeza, me faltaba el oxigeno y el que quería gritar ahora era yo.

- No, no, no, no, no.

Una persona con sentido común hubiese corrido, hubiera alertado al policía más cercano y yo hubiese terminado en un reformatorio hasta que legalmente pudiese ir a una cárcel, varios de mis compañeros de ese tiempo tuvieron ese destino, pero superando toda lógica, todo raciocinio, al verme tan perturbado ella se acercó a mí, no podría haberme reconocido, había crecido mucho, tenia puesta una capucha para que no viesen mi cabello de aquel color tan característico, le había amenazado con una navaja, solo era otro drogadicto más que buscaba como costear sus vicios, pero por mero instinto, ella se acerco a mi mientras estaba al borde de colapsar, y aunque con miedo, logro retirar la capucha de mi cabeza, delatándome.

- ¿C..Cómo? No… No puede ser…

No supe bien como termino todo eso, realmente sufrí un colapso y lo siguiente que sabía era que desperté en una cama de hospital, con varias cosas conectadas a mis brazos y a papá sentado a mi lado dormido.

¿Qué hacía él ahí? ¿Qué hacía yo ahí?

Fue curioso como Lori siguiendo su instinto supo que era yo, ella solo logró enterarse de donde vivíamos con papá y quería visitarnos, quería volver a conectar con nosotros, su "tierno" hermanito y su "querido" padre, tal como antes, antes de aquel fatídico día, pero solo encontró a un ebrio en una casa inmunda y a un drogadicto queriendo robarle, y aun así, esta vez, ella no se fue.

Me llevo al hospital, logro hablar con papá, es curioso como toda esa excitación que sentí fue una mezcla muy rara de cosas y la propia adrenalina de tu cuerpo, cosas que no le hacen bien ni a tu cerebro ni a tu corazón.

Ni menos cuando eres un completo imbécil.

Ver a papá dormido a mi lado solo me enfureció, con los años había ganado una barriga considerable así que solo se me ocurrió la encantadora frase de decirle: "aléjate maldito cerdo borracho", ¿Una excelente frase para que alguien recién despertado le diga a su cansado padre no creen?

Él no volvió el tiempo que duré en el hospital, en ese tiempo creía que era porque era un cobarde, cuando mamá le dijo que se apartara, él lo hizo, cuando nuestras vidas se fueron al carajo, me propuso alejarnos, cuando ya estábamos en aquel agujero, simplemente se rindió y dejo que todo fluyera, no puedo negarlo, era peligroso en ese tiempo, inestable, un maldito psicópata, podría haber matado a papá en cualquier momento por un estúpido arranque de ira, casi me abalance sobre Lori cuando fue a verme y me dio una fuerte cachetada por lo que le hice a papá, solo puedo agradecer porque los enfermeros pudieron inmovilizarme rápidamente.

Y aun así, Lori no se fue.

Mientras estuve en el hospital, ella limpio el departamento, inspecciono exhaustivamente mi cuarto y elimino hasta el más pequeño rastro de droga que pudo encontrar, fue inteligente de avisarme mientras seguía en el hospital porque estoy seguro que si nuevamente no me hubieran retenido podría haberla matado, al menos solo llegue furioso a casa y cuando quise fugarme para ir a por más, ella se planto en la puerta, ni siquiera dude en volver a poner un cuchillo en su cuello y amenazarla de que si no se apartaba terminaría con lo que empecé cuando nos reencontramos, pero ella me miro fijamente e hizo algo que jamás espere.

- Lincoln, se que has pasado por mucho, para que una de las personas más dulces que conocí en mi vida terminase así, debieron pasarte cosas horribles y yo… yo no estuve ahí para evitarlo, para aconsejarte, para apoyarte. - Aunque las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, ella jamás desvió su mirada ni desafío mi agarre. - Se… que dentro de ti sigue esa maravillosa persona, tú eres mejor que esto, yo lo sé, confió en ese chico, en mi querido hermanito, déjame… ayudarte, por favor hermanito, déjame... que volvamos a ser una familia.

- ¿De qué familia me estás hablando? ¿La que me creyó un monstruo que lo destruyo todo o la que perfectamente me dejo esta puta cicatriz en la cara antes de ignorarme y dejar que me desangrara? Ohhh… ¿Tal vez la familia que me abandono en el puto primer momento que pudo? ¿Esa familia? ¿De que mierdas hablas Lori? Aquí solo veo a una zorra resentida y a un puto ebrio que no puede ni formar dos palabras.

Termine usando la fuerza, no fue difícil apartarla de la puerta y tirarla al suelo, dejarla llorando mientras me iba a hacer lo mejor, no, lo único que sabía hacer.

Yo había aceptado que eso sería lo que me quedaba, sobrevivir hasta que un día alguien encajara una bala en mi cuerpo, la policía me encerrara en un lugar a podrirme o mi corazón dejara de latir culpa de algo de lo que me metía, pero cada día que llegaba, me la encontraba allí, esperándome para regañarme una vez más, volver a darme la charla sobre que yo era mejor que eso, papá simplemente había desaparecido de mi vista, durante ese tiempo ni siquiera nos topábamos en casa, en cambio Lori se encargaba de la casa y en tratar de hacerme entrar en razón, hasta que un día, cuando iba a salir de noche, ella nuevamente se puso frente a mí en la puerta.

Estaba cansado de su insistencia, incluso me había atrevido a levantarle la mano y golpearle para que me dejara pasar, y aun así, se interpuso una vez más.

- Lincoln, por favor, no vayas.

- ¿Quieres que te de otra paliza o qué?

- Por favor… al menos… snif, al menos déjame festejar tu cumpleaños estando aquí conmigo.

17 años, ni siquiera había pensado en eso hasta que ella lo dijo, habían sido al menos 2 meses desde que apareció y ni siquiera me había percatado de esos sucesos, no celebraba mi cumpleaños desde los 12, cuando me mude con papá a esa maldita ciudad, algo tan insignificante para mí en ese punto de mi vida que ni siquiera me moleste en preocuparme o acordarme, y ella, aun con todo el desprecio que le mostré, los atrevimientos, las molestias, los desvelos, cuando llegaba herido y ella me atendía solo para recibir mis insultos, aunque pude verla temblar cuando se opuso a mi en esa ocasión, creyendo que solo recibiría otro golpe con en las ocasiones anteriores, ella seguía allí.

Termine retrocediendo, camine hacia atrás hasta que mi espalda choco contra la pared, Lori vio eso como una señal y se dirigió hacia la nevera y saco un pequeño pastel, uno de chocolate, y lo puso sobre la mesa antes de ponerle 2 velas que representaban el número 17.

- Ven Lincoln, por favor.

Por un momento pensé en ignorarla, seguir mi camino y tener otra noche más sobreviviendo sin importar nada, pero algo dentro de mi interior me lo dijo, si cruzaba esa puerta, realmente me arrepentiría por el resto de mi vida.

Quizás fue el rostro de mi hermana, quizás fue mi conciencia ganando la batalla por primera vez en años en mi interior, pero me voltee hacía Lori y camine, sentándome justo frente a ella.

Vi su rostro, era la primera vez en todo ese tiempo que la vi hacer ese gesto, después de reencontrarnos tras tantos años.

Lori, mi hermana mayor, al verme frente a ella, sonrió.

Me canto de forma torpe por mi cumpleaños, entorpecida por pequeños sollozos sin lágrimas de pura felicidad, aplaudiendo con total alegría cuando soplé las velas y cuando vio que recibí el trozo de torta y le di el primer bocado, fue cuando vi como escurrió la primera lágrima por su rostro.

- Je, que torpe, estar… llorando por algo como esto… jeje, que tonto.

Pero su sonrisa solo se distorsionaba más, el solo hecho de verme comer ese trozo de torta logro destruir toda la fortaleza que había reunido para encararme ese día, escurriendo cada vez más gruesas lágrimas por sus mejillas las cuales ella era incapaz de controlar, pero siempre con una gran sonrisa en su rostro.

- Se supone que hoy es tú día especial y mírame, jeje, ¿Soy un desastre no lo crees?

Lori no podía detener su llanto, algo tan simple como haberle dado esa pequeña instancia, la pequeña atención de aceptar sus cuidados después de tanto, tan poco le había llenado tanto a su maltratado corazón, no lo pensé, fue por completo una reacción, una nueva muestra de amor, darle un abrazo donde la envolví completamente con mis brazos.

El poco control que le quedaba se desvaneció en ese momento, ni siquiera intento contener su llanto o sus gemidos, correspondiendo mi abrazo con todo el cariño que alguien podía darle a otra persona, a su querido hermanito, como si finalmente después de tanto, por fin se hubieran reencontrado.

Lynn llego horas después, ni siquiera me había cuestionado eso y al verme, podía notársele que estaba impresionado, dejando las cosas que cargaba para acercarse torpemente y ver el pastel sobre la mesa.

- ¿Era hoy? Dios… no… no otra vez… no puede ser…

Toda aquella situación era nueva para mí, había dejado de lado el calor de un hogar por lo que sea que me diesen las calles, me sentía extraño, enojado, feliz, triste, no podría expresarlo en un único sentimiento, pero vi voltearse a ese hombre rumbo a su habitación antes de ser retenido por Lori.

- No papá, ya no más, no podemos seguir separándonos cada día más, Lincoln… finalmente pudo decidir darnos la oportunidad, no puedes desperdiciarla papá.

¿Oportunidad? Yo no lo veía como una oportunidad, era un momento donde no podía procesar nada, mi mente estaba en blanco ante todo lo que ocurría, como si fuese un espectador de mi propia vida y no tuviese el control de mi propio cuerpo.

- Hija, yo…

- Papá, por favor.

Él se giró en ese momento hacía mí, podía notar el miedo en su cuerpo, como era incapaz de mirarme a los ojos, e irónicamente, como se centro en la cicatriz de mi cara.

- Cierto, cuando eso paso… yo le prometí…

- Me prometiste que empezaríamos de cero, y parece que al menos yo me lo tome muy en serio. - Una risa sarcástica escapo de mi boca, la mayor ironía de todas, que me acordase perfectamente del momento donde todo eso ocurrió.

- Estaba ocupado, cansado y tú…

- ¿Yo qué? Dímelo si eres tan valiente panzón.

Con el mismo temor que un niño, tras tantos años, mi padre finalmente me miró a los ojos.

- Tú… realmente nunca quisiste estar conmigo, ¿Verdad?

- ¿De qué mierda hablas?

- Ese día, cuando les pedimos escoger, - El hombre termino buscando un asiento, incapaz de parar de temblar. - Tú y las demás, ni siquiera lo dudaron, todos… me odiaban en el fondo, todos preferían a Rita, y ella… te dejo ir, nunca estuviste conmigo por querer, siempre… estuviste obligado, cuando llegamos aquí creí que podría ser diferente, creía que si me alejaba de Royal Woods podría olvidarlo todo, pero verte molesto de estar en este lugar extraño, siempre me recordó que no querías estar aquí, o conmigo, que solo… he sido un lastre para ti, quien te arrastro a todo esto, como padre no podía darte la cara, y ver como terminaste… yo… simplemente rogaba que algún día bebería lo suficiente para no despertar al día siguiente.

- ¿Eso es todo? ¿Creías que te odiaba? - No lo negaré, en ese momento, perdí la compostura. - ¡Ahora te voy a dar un maldito motivo para que también me temas ebrio asqueroso!

Si no fuese por Lori, estoy seguro que ese momento hubiese ahorcado a mi padre, un momento donde todo parecía ir bien, arruinado por un imbécil como yo, ambos me miraban con miedo, claramente yo era más fuerte que Lori pese a todo el esfuerzo que esta hizo por evitar que asesinase a mi padre esa misma noche, ni siquiera podría imaginar de donde había brotado toda esa furia e indignación, incluso mientras forcejeaba con Lori podía sentir como una parte de mi me gritaba que me detuviera, como si la razón por la que nunca pude superar a mi hermana fue porque yo mismo me negué esa vez a sobrepasarla y llegar ante el pobre hombre, sintiendo un asco en mi interior y unas inmensas ganas de llorar, si era por él, por mí, por la situación, ya nada importaba, era la primera vez en toda esa noche que pude conectarme conmigo mismo y lo único que pude hacer, tal como cuando era un simple niño asustado, fue llorar.

Le grite hasta que mi garganta ardía, le desee cada maldición que conocía, use cada insulto que escuche durante mi vida, todo enfocado por ese hombre cuya alma estaba pisoteando en el piso.

Cuando finalmente me calme, Lori estaba exhausta al punto que le costaba respirar, y Lynn, me miraba ya no con miedo, sino que me miraba con lastima.

- Lincoln, yo…

- Ahórrate las palabras Lynn, me das asco.

- Pero hijo, yo…

No termine de escucharlo, a diferencia de ellos aun me quedaba algo de resistencia y partí.

Aquella noche que prometió ser el reinicio de nuestras vidas, simplemente, lo deseche al igual que todo lo demás en vida.


Buenas, Ika aquí.

Esta es una pequeña historia de dos partes que simplemente me nació y quise compartirla, un pequeño seguimiento a la vida de alguien que no tomo buenas decisiones, aunque como quien dice, nunca es tarde para cambiar, espero les guste :)