Advertencias: En este caso no hay advertencias fuertes, salvo el aviso de que este es el final de Experimento. Hay un poco de drama y hurt/confort.

El día de hoy nos despedimos de esta historia que me costó años y un poco de sangre y lágrimas el poder terminar, pero que a final de cuentas está aquí, ¡y me alegra que así sea!

Dedicación: Muchas gracias por todo este tiempo en el que se mostraron interesados en que terminara esta historia. He recibido mensajes por aquí y otros medios solicitando estos capítulos. Este escrito está dedicado a todos ustedes, por animarme y motivarme a continuar.

Una dedicación muy especial para mi amiga Purple VelBeth en Twitter, quien me ayudó a plasmar una bella escena de la cual tomé inspiración derivada de un hermoso trabajo de arte que dedicó a esta historia. ¡Espero que lo disfrutes!

¡Busquen sus galerías! Si aman el Tcest les encantará el trabajo de esta maravillosa artista (le lanza corazoncitos).

Por favor lean las notas finales para una pequeña sorpresa (sonrisa).

Capítulo 12: Decisiones.

PARTE VI – HERMANOS Y PADRES

–No te preocupes, yo te ayudo, tómate tu tiempo, D –mencionó Raphael, rodeando la cintura de su hermano para sostenerlo mejor–. Ellos esperarán lo que sea necesario.

Con su mano libre, lo ayudó a rodearle el cuello para que se sostuviera mejor y que comenzara a dar pasos lentos pero seguros.

–Puedo caminar, Raph, tranquilo. Es sólo la herida –acarició suavemente las grapas que aún mantenía unida la abertura de su plastrón bajo, estremeciéndose un poco por la acción.

–¡Oye! ¡Oye! Nada de tocar la herida; si se infecta Ángela me mata.

–Perdón –se quejó un poco, notando Raphael que un par de gotas de sudor resbalaban por su frente–… es sólo que… duele un poco.

Al verlo soportar el dolor que aun le causaba la herida de la operación, y dado que aún faltaba un largo tramo para llegar a la sala de estar, donde todos los esperaban, decidió tomarlo en brazos, cargando fácilmente su delgado y alto cuerpo para que dejara de esforzarse y ya no doliera su herida.

–¡Raph! ¡¿Q-qué haces?! –se alarmó, rodeando de inmediato el cuello de su hermano con los brazos–. ¡En verdad… puedo caminar!

–Calla; estoy ansioso por lo que Ángela va a decirnos y tú caminas muy lento.

–Tranquilo Raph, estoy seguro que serán buenas noticias.

Su hermano intentó calmarlo, pero realmente no podía sentirse seguro sólo con presentirlo.

–Necesito escucharlo de su boca, Donnie; que me diga directamente que estás fuera de peligro y que nada malo sucederá a partir de ahora; que te quedarás por mucho tiempo conmigo y con Jade.

Donatello enterneció la mirada ante los preocupados pensamientos de su hermano. Verlo así de preocupado por él, lo animaba más de lo que deseaba admitir.

Se dejó llevar hasta la sala, donde ya todos los esperaban, por lo que Raphael depositó el cuerpo de su hermano en el lugar libre del sofá doble para después colocarse detrás del mismo mientras resguardaba cada movimiento del menor.

Aquél lugar le dejaba ver sin problemas la pequeña presencia de su hija, a quien la doctora Bennet mantenía en brazos justo frente a todos los presentes, jugando con la bebé mientras esperaba que todos estuvieran presentes.

Jade parecía divertida y feliz con los juegos y gestos que la doctora le mostraba; en el fondo, Raphael sabía que aquella mujer ya formaba parte de su familia, y jamás dejaría de agradecer todo lo que hizo por Donnie y el enorme cariño que le tenía a su hija.

Ángela se dio cuenta de aquella mirada verde y penetrante sobre ella, por lo que dejó de jugar con la niña, acunándola con sus brazos para después ofrecerle una sonrisa a Raphael, seguido de un "Te dije que soy buena con los niños".

Raphael le devolvió la sonrisa; si, ella era tan extraña.

La esbelta mujer de bata blanca caminó hacia ellos con el propósito de dejar a la niña en brazos de su madre y enseguida regresó a su lugar frente a todos, pues un ansioso Splinter ya se carcomía en nervios debido a aquello que les sería informado tras ser citados a esa reunión, y lo demostraba al ni siquiera probar un sorbo del té que Leo le había preparado para calmarlo.

–Tranquilo, padre –le dijo el muchacho, quitándole de las manos, con suavidad, la taza con el líquido caliente–. Todo estará bien.

–Gracias, Leonardo –dijo casi que en un suspiro, y todos notaron su miedo–. Por favor señorita Bennet, ¿puede explicarnos por qué nos ha citado a todos a esta reunión? ¿A caso se trata de un seguimiento a la condición de mi hijo Donatello?

–Ciertamente –respondió ella, notando que los pelos en todo el cuerpo del envejecido hombre se erizaron–. Pero por favor no se pongan nerviosos, si los reuní a todos, es simplemente para darles la buena noticia de que Donatello finalmente se encuentra fuera de peligro –Ángela escuchó un suspiro masivo en todos los presentes excepto en Donatello, quien volteaba a todos lados sonriente de ver que finalmente todos estaban al tanto de su buena salud, en especial Splinter y Raphael–; cada mínimo rastro de masa neoplásica ha desaparecido totalmente–continuó Ángela–, y aunque sus niveles hormonales siguen siendo un poco altos, no es nada que la continuidad del tratamiento no pueda solucionar. Algún par de semanas más serán suficientes para que tus niveles vuelvan a la normalidad, cariño.

Donatello tenía intenciones de agradecerle directamente a la doctora por la gran noticia, pero Raphael interrumpió, siendo él quien tomó la palabra en aquél momento.

–Gracias, Ángela –soltó el muchacho–. Nada te obligó a que permanecieras aquí para ayudarnos; no recibiste nada a cambio de sanar a Donnie, y aún así te quedaste al lado de mi hermano y salvaste su vida… Ninguno de nosotros tendrá manera de pagarte el enorme regalo que le has dado a la familia.

Todos, incluido una muy, pero muy sorprendida Ángela, callaron, concentrando su asombrada vista en la bajita presencia de Raphael, quien apenas y había caído en cuenta de lo que había dicho, enrojeciendo de golpe cuando la misma doctora soltó una pequeña carcajada y llevó una de sus delicadas manos a su boca para intentar ahogar las mismas.

–¡Pfff! –ahora todos voltearon su vista a Donnie, quien ocultaba su rostro tras el regordete y pequeño cuerpo de su hija–. ¡Lo siento! ¡Lo siento! Es que no pude resistirlo.

Raphael enrojeció ferozmente, cosa que hizo que el resto de los presentes rieran un poco ante aquel gracioso momento.

–¡C-cállate, Donnie! –bufó–. Estoy tratando de agradecer lo que hacen por ti, ¿y lo único que puedes hacer es burlarte de mí?

–Lo siento, Raphie –finalmente le mostró el rostro, el cual también estaba completamente enrojecido y con una amplia sonrisa dibujada–. Sólo creo que lo que le has dicho a la doctora es de lo más tierno, y jamás creí ver ese lado tan sensible por parte tuya.

–Fue hermoso, cariño, te lo agradezco –hablo finalmente la mujer.

Por su parte Raphael enrojeció aun más, a modo que ya no se sabía donde comenzaba y terminaba la bandana roja en su cabeza. Rápido caminó al único asiento que quedaba disponible dentro de la salita, el cual desafortunadamente se encontraba al lado del idiota de Timothy.

–Te luciste, bro –dijo el muchacho.

–No vuelvas a llamarme así.

Echó humo al mismo tiempo en que Tim soltó una risita nerviosa y se dispuso a guardar silencio; su vida dependía de no provocar la ira de ese manojo de músculos que tenía como amigo.

–Tranquilos, jóvenes –pidió Ángela–. Sé que todos aquí estamos nerviosos, pero dado a que este jovencito por el que todos hemos puesto nuestra atención estas últimas semanas, se ausentará de la ciudad por un tiempo, debo darles a todos los responsables un montón de indicaciones. También aplica para ti, April –miró a la muchacha quien le dio la razón–; cuando se vayan a la granja no podré monitorearte todo el tiempo que desearía, así que necesito que todos estén en la jugada.

–Yo puedo continuar con el monitoreo del embarazo de April, Ángela –aseguró Donatello, dándole la mano a su mejor amiga para demostrarle su apoyo–. Incluso puedo llevar a cabo el parto sin ningún problema y lo sabes.

–No dudo de tus capacidades, cariño –dijo Ángela–. Pero no quiero arriesgarme a que la hora del parto no te encuentres con la estabilidad suficiente y se te imposibilite llevar el procedimiento como es debido. No puedo asegurar que para ese tiempo tu energía y concentración estarán al cien, además de que debes seguir tomando el medicamento y sabemos que este provoca efectos secundarios en tu cuerpo. No, definitivamente seré yo quien lleve a cabo el parto, por lo que los alcanzaré en la granja dentro de algunas semanas y permaneceré con ustedes hasta que pase el nacimiento del pequeño Penni.

–Muchas gracias, Ángela –esta vez fue Casey quien agradeció la situación, permaneciendo al lado de su novia–. Serás bienvenida a la granja de mi familia en cualquier momento que decidas presentarte. Nada me tranquilizará más que el saber que serás tú quien asista el nacimiento de nuestro hijo.

–Me sonrojas, Casey –bromeó la mujer para animar un poco la situación.

El resto de la familia comenzó a reír, excepto Raphael; estaba tan metido en el tema que comenzó a ignorar lo que ocurría.

En el momento en que escuchó a Ángela mencionar el tema de la granja Jones, recordó el momento en que el mismo Donatello le había contado sobre su decisión y el deseo que tenía por continuar monitoreando el embarazo de April para evitar complicaciones.

¿Por cuánto tiempo sería? –preguntó, notando el nerviosismo en su hermano.

Al menos cinco meses; sería hasta que April dé a luz y por lo menos un par de semanas más antes de que esté en condiciones de viajar de vuelta a la ciudad, tanto ella como el bebé.

Raphael calló un momento; Donatello sabía cuáles eran sus preocupaciones principales.

¿Tienes intenciones de llevarte a Jade? Y… tú cuidarás de April, pero, ¿Quién cuidará de ti?

Ah, eso… em, Raph, no es mi intención separarte nuevamente de nuestra hija. Pero tampoco tengo la fuerza para separarme de ella por tanto tiempo; es por eso que April me pidió que te convenciera de venir con nosotros.

¿April? –sonrió tenue, sabiendo que la chica estaba poniendo de su parte para que ellos permanecieran juntos lo más posible–. ¿April quiere? ¿Y tú qué quieres, Donnie?

Su hermano sonrió y tomó su mano, mientras con la otra arrullaba tranquilamente a la niña, quien en aquél momento dormía;

Yo te necesito, Raph. Te necesito a mi lado para cuidar de nuestra hija.

Raphael no supo si aquella vez su sonrisa se mostró forzada o mínimamente convincente ante su hermano; era una respuesta bastante obvia… pero internamente se había sentido decepcionado por no escuchar de los labios del otro lo mucho que lo necesitaba no solamente para cuidar de su hija, sino también porque deseaba su compañía; que deseaba estar junto con él en ese entonces y para siempre.

Pero eso no sucedió.

Salió de su ensimismamiento cuando sintió que la luz de la estancia era bloqueada por una persona que se situó frente a él para llamar su atención, levantando la mirada para toparse con dos hermosos pares de ojos; los rojizos y brillantes ojos de Donnie y la enorme y verde mirada de su nena.

En cuanto la notó, Donnie la acercó a su rostro y la pequeña tortuga llevó sus manitas a la cara de su padre y rápidamente atrapó su nariz con su boquita, comenzando a succionar tan fuerte como podía.

–Creo que tiene hambre –escuchó decir a Leo.

–Y se acaba de ensuciar –aseguró Donnie, entregándole finalmente la niña a Raphael.

–Bien, la cambiaré –dijo, sabiendo perfectamente hacia donde iba el comentario de su hermano.

–Te ayudaré.

Donatello posó una mano en el firme hombro de su hermano para apoyarse y marcharse junto a él, pero antes de caminar, la sutil voz de su padre los frenó.

–Donatello, te aconsejo que tengas listas tus cosas antes de que acabe el día para que puedas salir mañana a primera hora. Lo mismo va para ti, Leonardo.

–Sí maestro –respondió el joven líder–. Descuide, mi equipaje está casi listo.

–Gracias, Leo –sonrió pesadamente Donnie pero a la vez con agradecimiento.

Sentía que estaba comprometiendo a su hermano mayor a acompañarlo para cuidar de él, siendo que tenía cosas más importantes que hacer al lado de Mikey; como por ejemplo trabajar en su relación.

–Leo no irá, maestro –interrumpió Raphael mientras colocaba a Jade nuevamente en brazos de Donnie–. Seré yo quien acompañe a Donnie para cuidar de él y de mi hija; ellos son responsabilidad mía.

Leonardo se sorprendió y Michelangelo se levantó rápidamente de su lugar para posar sus manitas en uno de los brazos del mayor; no sabían que decir dado a que ambos estaban con la idea de que estarían separados por algunos meses.

–¿Están seguros? –preguntó su padre.

–Sí –respondió Donnie–. Le pedí a Raph que me acompañara para que me ayudara a cuidar de Jade y él se comprometió a cuidar de mí también. Y no estoy menospreciando la ayuda de Leo, maestro –aseguró, viendo que este último tenía intenciones de decir algo–, pero creo que mi hermano necesita un poco más de tiempo para sí mismo y sus asuntos personales. Lleva semanas cuidando de mí día y noche, y dado que Raph me ofreció ayuda, decidí aceptarla. Confío en él y en sus cuidados.

Splinter los vio a los dos decididos por sus planes y se mantuvo así durante unos segundos, desbordando de nervios a sus dos hijos, sobre todo a Donatello. Después se giró a ver a Leonardo, quien seguía mudo ante lo que sus hermanos dijeron; y ya ni hablar de Michelangelo.

–Me alegra que estén trabajando juntos por sacar adelante a su hija y a su relación, hijos míos. El que se encuentren de acuerdo en esforzarse sólo me dice que han logrado superar ciertos temas que los mantenían… distantes.

Donatello suspiró sonoramente y quedó con la boca abierta después de estas palabras por parte de su mentor; sinceramente no esperaba aquella respuesta.

Cuando volteó a ver a Raphael, este lo aguardaba con una mirada tranquila y una bonita sonrisa en su rostro:

–Después te cuento –dijo sin más, sabiendo todas las dudas que habían nacido en la cabeza de su hermano.

Era evidente que Donnie tenía cierto nerviosismo debido a que últimamente la relación entre Raph y su padre estaba pasando por un momento muy delicado debido a la forma en que ambos estaban actuando y a los previos desacuerdos que tuvieron respecto a la relación que ocultaban ante todos. Por lo que le sorprendió gratamente saber que Splinter no se había opuesto en ningún momento a sus recientes planes de pasar juntos, y en un lugar alejado de todos los demás, los próximos cinco meses. Acompañados únicamente de su pequeña hija y sus mejores amigos.

–En realidad, Splinter… –habló por primera vez April, llamando la atención de todos los presentes–… Casey y yo hablamos sobre lo importante que sería para nosotros el que tu y el resto de los chicos nos acompañaran durante nuestra estancia en la granja. Me gustaría mucho practicar un poco de meditación junto a ti o Leo antes del parto, para poder tomar todo este asunto con más calma.

Fuel el momento del hombre rata de sonreír felizmente.

–Nada me daría más gusto que serte de utilidad en tu camino a dar vida, mi joven estudiante.

April parecía contenta por la respuesta y observó emocionada la reacción de Splinter en cuanto su atención se centró en Jade; era evidente que el hombre no deseaba separarse de su pequeña nieta, pero respetaba totalmente las decisiones de sus hijos. Por lo que el saber que los acompañaría durante estos meses y no dejaría de ver a su tortuguita lo ponía verdaderamente contento.

–¿Y ustedes que dicen, hermanos? –preguntó Casey a Leo y Mikey, notando que las cosas estaban saliendo mejor de lo que esperaban.

Estos dos dijeron nada; simplemente se observaron el uno al otro con complicidad, hasta que finalmente el mayor habló.

–Gracias, Casey. Gracias, April. Pero nosotros nos quedaremos. Si Rapha está dispuesto a cuidar en su totalidad a Donnie, yo me quedaré aquí junto con Mikey. Después de todo, alguien debe quedarse a cuidar la guarida.

–Si quieres yo puedo cuidarla –levantó la mano Tim, quien felizmente se ofreció.

–Gracias, amigo. Pero también necesito pasar tiempo de calidad con mi pareja y tratar algunos asuntos en los que sólo el tiempo nos podrá ayudar a solucionar.

A Mikey le brillaron los ojitos y abrazó con cariño a Leo; definitivamente ellos tenían sus propios planes.

–E-espero que no creas que no me intereso por tu salud, Donnie –añadió Leo–. Es sólo que…

–Descuida, Leo. Lo entiendo perfec…

Después de un rato de estar haciendo pucheros, Jade comenzó a llorar, gritando y sacudiendo sus manitas para llamar la atención que desde hace unos minutos demandaba.

La niña arrojó el chupete, el cual fue a caer en la cabeza de su padre, quien solamente atinó a quitarse la baba que le había salpicado.

–Lo siento, debemos atender a esta pequeña gritona –se excusó Donnie, tratando de calmar el berrinche de la niña, quien por obvias razones no cedía–. Estaremos listos, chicos, mañana a primera hora los veremos.

Todos quisieron despedirse de Donnie, pero el ágil movimiento de Raphael al tomarlo en brazos nuevamente sólo los desvió de su propósito; fue una escena graciosa, ver al delgado joven enrojecer de golpe ante lo que su hermano hizo, mientras su bebé en brazos no dejaba de llorar.

–¡Hasta mañana familia! –levantó la voz el de rojo mientras entraba al pasillo para dirigirse a la habitación de Donnie y Jade.

Los demás los vieron desaparecer y las risas en la sala se calmaron.

–Parecen una vieja pareja de esposos –bromeó Casey, ayudando a April a levantarse de su lugar.

–¿Pero qué Donnie no es…? –se quedó callado Timothy, cayendo en cuenta, apenas, de lo que estaba sucediendo–. Esperen… ¿Leo y Mikey… son pareja?

Todos callaron; sólo Ángela parecía muy entretenida con lo que el muchacho había dicho y emitió un par de risas.

–¿De dónde salió este jovencito tan jocoso? –preguntó con curiosidad, aún risueña.

Leonardo rodó los ojos, aún sin creer lo lento que era aquél chico para darse cuenta de algunas cosas.

Bro, no me sorprendería que creyeras que eso de que Raph y D parecen una vieja pareja de esposos lo decíamos sólo de broma.

Timothy observó a Mikey cruzado de brazos y con la mirada seria; comenzó a sudar a montones y prefirió quedarse callado ante un «¡Aghhh!» colectivo.

–Que gracioso es –Ángela no dejaba de reír, sorprendida de la torpeza de Timothy ante aquellos temas tan obvios.

No le podía quitar los ojos de encima a la bonita escena; Donnie ya se encontraba cómodamente sentado en la cama y alimentaba a Jade, aún con su rostro enrojecido por todo el berrinche que hizo momentos antes. Sólo la pudieron calmar después de cambiar su pañal y darle un biberón con leche caliente.

Continuó metiendo a las cajas de cartón un montón de cosas para bebé y después las selló para ser apiladas.

Cuando terminó su trabajo, Jade ya se había quedado dormida, por lo que Raphael la tomó de brazos de Donatello y la llevó a la bonita cuna blanca que tenían al lado.

–Deberías descansar un poco antes del viaje a la granja –dijo el de rojo mientras acomodaba las sabanas en el regazo de su hermano–. Te ves cansado.

–Estoy bien –dijo, tomando su Tphone con intenciones de utilizarlo.

Pero se detuvo; se quedó observando el aparato con una mirada triste sin siquiera desbloquearlo; como si algo le impidiera utilizarlo.

Raphael se dio cuenta, y tuvo un ligero presentimiento de aquello que pasaba por la mente de su hermano.

–Iré por algo para que comas; si no descansas por lo menos deberías probar algo.

–¿Puedes prepararme un poco de café? –pidió, guardando nuevamente el Tphone en el cajón superior de la cómoda.

Raphael simplemente asintió, observando todo desde la puerta de la habitación.

–Lo que mami pida –bromeó, sacando una ligera carcajada en su hermano.

Pero lejos de dirigirse a la cocina, apresuró sus pasos al laboratorio de Donatello, esperando que Ángela aún no se marchara de la guarida.

Llegó tan aprisa que abrió la puerta de golpe, arrancándole un grito a la doctora, quien seguía revisando unos estudios previamente realizados a Donatello y April.

–¡Santo Darwin, muchacho! ¡¿Qué a caso quieres provocarme un infarto?!

Ella repentinamente sacó su botellita con licor de uno de sus bolsillos, y bebió rápidamente, esperando que con aquello el susto pasara más rápido.

–¿Q-qué necesitas, Raphael? –preguntó con un soplo de voz y sus anteojos a punto de caer de su rostro.

Él simplemente la observó pero dijo nada; aún no podía creer lo que estaba haciendo ahí frente a la inteligente mujer.

Tenía dudas.

Entonces le quitó la botella de licor y le dio un largo trago hasta que se la acabó, frente a los ojos sorprendidos de Ángela.

–R-Rapha, cariño… ¿pasa algo? –genuinamente se preocupó tras el comportamiento del muchacho.

El muchacho le regresó la pequeña botella, ya vacía.

–Ángela… ¿será posible sacar de aquí a Donnie por unos minutos para llevarlo de paseo?

–… ¿Eh?

La mujer lo observó con curiosidad… ¿Porqué Raphael necesitaba sacar a su hermano de la guarida con tanto apremio?

–N-no puedo creer que ustedes me hayan convencido de hacer algo así.

La mujer dio pasos lentos por el camino de concreto; aquello era lo que siempre la molestaba cada que tomaba camino a la guarida de sus aliados tortugas. Comúnmente calzaba zapatos altos, y los difíciles caminos húmedos eran una molestia.

–Baja la voz, Ángela, o despertarás a Jade –pidió Raphael, quien llevaba en brazos a un impaciente Donnie.

La pequeña dormía envuelta en una manta, en brazos de la mujer, quien seguía de cerca los pasos de Raphael.

–Tranquilo Raph, sabes que después de un biberón, Jade duerme seguido –el muchacho se asomó un poco por encima de los hombros de su hermano–. Discúlpelo, doctora; mi hermano está un poco nervioso.

–¿Nervioso? –preguntó ella con ironía–. ¿Cómo crees que me siento yo de imaginar que su padre descubre lo que estamos haciendo? Adiós confianza ciega.

–De todas formas gracias por acompañarnos para cuidar de Jade mientras nosotros arreglamos algunos asuntos.

Ella rio con nervios y sus anteojos empañados por su ligera hiperventilación.

Repentinamente Raphael se detuvo y Ángelo hizo lo mismo, con la diferencia de que ella comenzó a caminar en reversa, invadida por el miedo de ver una presencia escondida en la oscuridad, la cual por cierto era enorme, midiendo casi el doble de tamaño de sus amigos frente a ella.

–¡M-muchachos! ¡¿Quién es ese sujeto?! ¡¿Qué ocurre?!

La mujer abrazó más a la niña, a nada de entrar en pánico, por lo que rápidamente Raphael intentó tranquilizarla.

–Está bien, Ángela. Sólo quédate aquí y cuida bien de Jade, por favor.

Ella se mantuvo alejada, temblando y pegada a la pared, observando desde su lugar a Raphael y Donatello adentrarse un poco a la oscuridad de aquel camino del alcantarillado.

–Gracias –murmuró Donatello, aún abrazado el firme cuello de su hermano–. En verdad no tenías por qué hacer esto, pero en verdad te lo agradezco.

–Tranquilo, D, sólo hazlo rápido para poder regresar a casa cuanto antes.

Raphael finalmente llegó a un tramo por donde entraba un poco de luz y se detuvo; observó los movimientos delicados de su hermano, viendo que con una de sus manos acariciaba sutilmente las enormes y feas grapas que unían su larga herida en el vientre.

–¿Es un chiste? ¿Te da miedo que te rechace por algo así?

–N-no… bueno.

–Yo creo que te hace ver más interesante –sonrió sutilmente tratando de bajar los nervios en su hermano.

Y lo logró.

Donatello, quien ya se encontraba sonrojado por el comentario de su hermano, elevó la mirada, junto con Raphael, cuando sintieron frente a ellos la enorme presencia.

–Y bien… –observó más a detalle las facciones de quien fue su amigo hace un tiempo, ahora mejor, puesto que se mostraba ante la luz–… será mejor que esto sea rápido. Donatello no puede estar fuera de cama por mucho tiempo por órdenes de su doctora.

Slash observó a la humana que los acompañaba, protegida por la penumbra de las alcantarillas; estaba aterrada simplemente de verlo, podía olfatear su miedo, por lo que decidió no mencionar nada al respecto; incluido sobre aquél infante que tenía en brazos, bastante arropado.

Y lo supo; era la misma niña que pudo olfatear a lo lejos más de un par de veces mientras visitaba a Donatello.

–Es peligroso que mantengas a tu hija fuera de la seguridad que ofrece la guarida, Raphael; el aroma de un mutante hembra atraerá muchas presencias indeseables. Tendrán que estar atentos a su cuidado día y noche.

–Lo tenemos muy en cuenta, créenos.

Ante esto, Donatello se puso nervioso; todo el rubor que había aparecido en su rostro se esfumó en cuanto escuchó las palabras de Slash.

Ese tema siempre lo ponía nervioso.

–D-dejemos eso de lado por favor –pidió el joven científico, quien acarició el hombro de Raphael para proseguir con lo que tenían planeado.

Su hermano carraspeó y enderezó su postura para encarar al más alto; ambos se observaron por algunos segundos. Raphael parecía desafiante, como la última vez que se vieron; Slash posaba su vista en todas direcciones, víctima de nerviosismo. Le era algo incomodo tener a esos dos juntos frente a él.

–Bien, como ya mencioné, Spike…

–Slash… –le recodó, sabiendo a donde iba Raphael al llamarlo así.

–Si, como digas –continuó, sonriendo con malicia–. Sólo tienen cinco minutos, y necesitas saber que no pueden hacer otra cosa a excepción de hablar y ya, debido a lo delicado de su cirugía y que aún sigue en recuperación. Así que estaré cerca vigilando que no te aproveches de mi hermanito, porque si no…

–¡Raph! ¡Basta! –reclamó Donnie, más rojo que nunca.

Slash se estaba esforzando para no perder la paciencia debido a la actitud de aquellos dos frente a él, por lo que extendió una de sus manos para que Donatello se apoyara y bajara de los brazos de Raphael.

El muchacho de rojo observó todo con detalle, muy confundido por lo que aquella escena le hacía sentir. Sus facciones se tensaron y comenzó a temblar en cuanto vio al más alto tomar en brazos a su hermano.

Creyó que podría soportarlo, pero verlos ahí, alejados para poder tener un poco de intimidad y hablar de sus propios asuntos, supo que no; que eso dolería durante mucho tiempo… si no es que por el resto de su vida.

Dio la media vuelta y se acercó con calma a Ángela, quien seguía ensimismada con la escena que formaba aquél enorme sujeto que también era una tortuga, bastante distinta a los hermanos Hamato, pero a fin de cuentas de la familia de los quelonios.

–Es impresionante –murmuró ella en cuanto el jovencito de rojo se recargó en la pared a su lado.

«Que bien –pensó–, alguien más que se maravilla por ese imbécil»

Ángela notó el mal humor en Raphael y enseguida cayó en cuenta de lo que estaba sucediendo.

–Ay cariño… –soltó, no sabiendo cómo reaccionar al respecto y llamando la atención del muchacho–. ¿Por qué lo hiciste? ¿Qué ganas con esto?

–Verme como un imbécil –dijo, apretando los labios, molesto–. Creí que cuando lo viera con mis propios ojos todo sería más fácil y eso ayudaría a olvidarlo de forma rápida.

Ella lo observó preocupada, pues tenía un sentimiento de inquietud simplemente por saber que aquél jovencito sufría por amor.

Un amor no correspondido que hasta hace poco pensó que si lo era, pues su relación parecía tan intensa que era difícil no ver la pasión que sus presencias juntas desbordaban.

Y se veían tan tiernos juntos cuidando de su pequeña niña.

–Owg… –dejó salir un sutil chirrido que tapó rápidamente con una de sus manos sobre sus labios rojizos–. Lo siento… ¡Lo siento!

Ella se dio la media vuelta en cuanto Raphael notó su rostro sonrojado y sus ojos cristalizados por el sentimiento que estaba experimentado.

–Ángela… ¿qué…?

Ella siguió emitiendo ese extraño sonido mientras sus piernas temblaban, abrazó más a la niña entre sus brazos y quedó a nada de caer de rodillas de no ser porque Raphael la tomó de la cintura para que sus rodillas no se rasparan contra el áspero suelo de las alcantarillas.

–¡Cariño perdóname! ¡Todo este tiempo creí que tu y Donnie…!

Se detuvo y comenzó a tener un ataque de estrés cuando se privó de respirar, entregándole a la niña para no lastimarla derivado de su condición actual.

–¡Ángela! ¡Ángela!

Raphael la removió nerviosamente con una de sus manos mientras con la otra sostenía a Jade.

Alarmado por la situación, decidió que era hora de marchase.

–¡Donnie! ¡Hora de irnos! ¡Despídete ahora mis…!

Cuando se giró a verlos, se topó con la imagen más perturbadora que había visto en su vida; ¡ese desvergonzado de Slash estaba besando a su hermano! ¡Frente a él!

A esa distancia, y debido a que la iluminación era escasa, no podía ver si su enorme boca besaba los labios o la mejilla de Donatello, pero eso no importaba cuando aquél sentimiento de cólera emergió dentro de él simplemente por haberlo visto "encima" de él tan descaradamente.

¡Y eso no era lo peor! Si no que una de sus enormes manos rodeaba su caparazón y llegaba hasta su…

–Hijo de… –dejó salir mientras rechinaba los dientes, irritado–. ¡Sinvergüenza! ¡Dije que no podías aprovecharte de él!

Slash se sobresaltó y dio un pequeño brinco hacia atrás cuando se separó lo más rápido posible de Donatello para no tener problemas con su hermano. Pero gracias a eso pisó una tubería lo bastante corroída como para reventarla con facilidad y los chorros de agua comenzaron a salir bajo presión.

Protegió con su cuerpo a Donatello para que el agua de la misma no llegara hasta él, por lo que el muchacho se molestó por lo sucedido.

–¡Déjalo en paz, Raphael! ¡Sólo nos estamos despidiendo!

–¡Eso no es una maldita despedida! –señaló acusadoramente a Slash–. ¡Este imbécil te estaba metiendo mano!

Donatello comenzó a echar humo por la cabeza debido al enojo y enrojeció por completo. Iba a protestar por el comportamiento de Raphael pero…

–¡WAAAH!

Jade explotó en llanto debido a los gritos y el ruido que interrumpió su tranquilo sueño. Raphael se sobresaltó y puso toda su atención en su hija mientras de fondo, Donatello lo regañaba por provocar que la niña se despertara por sus gritos, pero Raphael lo ignoró para tratar de calmar a la doctora, también.

–Ángela… ¡Ángela! ¡Por favor! Tranquilízate y ayúdame con Jade!

La mujer escuchó el nombre de la niña y sus llantos; eso ayudó a que reaccionara de inmediato y le quitó la tortuguita de los brazos al chico; ella continuó gritando a todo pulmón ante la exaltada mujer que trataba de hacerla callar.

Ella enterneció ante su carita escurriendo en lágrimas por el abrupto despertar que tuvo y caminó un poco para alejarse de los demás, evitando los gritos que auguraba la situación.

–¡Mira lo que provocas con tus gritos!

El jovencito más inteligente intentó caminar con dificultad hacia la presencia de su hermano pero la poca visibilidad lo hizo tropezar, trastabillando al mismo tiempo en que su rostro aparecieron gestos de dolor por lo abrupto de sus movimientos.

–¡Donnie!

Raphael llegó de inmediato a su lado, sosteniéndolo con cuidado al ver que aferraba una de sus manos a la herida del vientre.

Slash se giró de inmediato al escuchar que había preocupación en el llamado de Raphael, y ante el rápido movimiento, otra tubería reventó y el agua salió a presión, empujando a ambos hermanos directo al suelo.

Donatello cayó de espaldas en el suelo, rodeado por los fuertes brazos de Raphael, quien cayó sobre él y puso todo de sí para no caerle encima.

–¿Estás bien?

El de rojo preguntó con evidente angustia en sus palabras, escuchando únicamente la respiración agitada de su hermano, observando a detalle esos hermosos ojos brillar ante la penumbra del ambiente, los cuales lo observaban fijamente.

Para Raphael estaban solos en aquella situación; no le interesaba nada más que no fuera el bien estar de su hermanito menor en aquél momento. Incluso los llantos de Jade se habían desvanecido; sabía que Ángela cuidaría de ella sin problema.

Despegó una de sus fuertes manos del suelo y con ella acarició el rostro de su hermanito con ternura.

Y Donatello lo notó; había adoración en su mirada y en sus caricias. Le preocupaba aquello que le había causado dolor tan repentinamente. Su corazón se aceleró cuando notó la mirada de Raphael sobre sus labios; parecía hipnotizado. Anhelante.

No sabía lo que iba a ocurrir a continuación, pero ansiaba que sucediera ya, pues su mente estaba totalmente en blanco y sólo atinó a posar una de sus temblorosas y huesudas manos en el firme pecho de su hermano mayor, el cual hacía un relajante vaivén a pesar de su respiración agitada por la preocupación.

Entonces miró por detrás de la cabeza y hombros de Raphael una enorme sombra proyectada por una silueta oscura abalanzarse sobre ellos, quitando fácilmente a Raphael de encima de él para poder acercarse sin ningún tipo de obstáculo.

–Donatello, ¿te hiciste daño?

Siguió con la mirada el bajito cuerpo de su hermano ser arrojado con poco tacto a un lado de ellos para después notar la enorme presencia de Slash arrodillarse frente a él, tendiéndole la mano para ayudarlo a levantarse con cuidado.

Volteó a ver a Raphael, quien ya se colocaba de pie y sacudía el polvo y agua de gran parte de su cuerpo con algo de ímpetu, derivado del fuerte coraje que se estaba guardando tras ser interrumpido de aquella manera.

–¿Te duele?

La pregunta hecha por Slash lo hizo volver su mirada a él, y lo notó preocupado de verdad. Sintió su enorme mano acariciar con dulzura parte de su plastrón bajo, evitando con cuidado la larga herida sobre éste.

Sonrió con ternura ante su autentica preocupación y aceptó aquella mano para ponerse de pie lentamente y con cuidado.

–Estoy bien. Creo que sólo fue el movimiento rápido que hice al tropezar, pero no pasó de ahí. Creo que es hora de tomar mi medicamento para el dolor.

Sintió una delicada caricia en su rostro y aquella mirada ámbar relajarse un poco ante el conocimiento de que se encontraba bien. Quiso agradecer su preocupación, pero el extraño sonido de un chistido llamó su atención.

–Tsk…

Raphael estaba cruzado de brazos, viéndolos, impaciente por llevarse a su hermano y ponerlo a salvo de los peligros de las sucias alcantarillas y posibles nuevas fugas de agua.

Era tan incomodo ver a esos dos llevando a cabo una guerra por la dominación del control de la situación y quien de los dos ayudaría a Donatello a sentirse mejor.

Rio con nerviosismo; ¿estaba mentalmente preparado para esto?

Tanto el interior como exterior de la vieja furgoneta de viaje eran un mar de llantos; Michelangelo no dejaba de derramar lagrimas mientras veía a la pequeña Jade ser arrancada de los brazos de Leonardo, quien tranquilizaba a su sobrinita para que dejara de llorar. La niña aferró sus manitas a los grandes dedos de su tío para que no la alejaran de él, pero no había otra opción; era tiempo de despedirse, pues un largo viaje camino a la granja Jones los esperaba.

Finalmente Raphael pudo tomarla en brazos y la pequeña estiró sus bracitos para que Leonardo la cargara de nuevo, pero en lugar de eso, recibió un tierno beso en la frente por parte del de azul. Leo intentó alejarse de la niña, pero esta tomó fuertemente la banda de su cabeza, evitando que se alejara.

–¡Woh! Tranquila, preciosa –tomó sus manitas y con delicadeza separó sus diminutos dedos para que soltara aquel pedazo de tela–. Sólo será por poco tiempo.

Raphael abrazó a su hermano después de ver tristeza en su mirada al ver que la niña era alejada de su lado; le dolía separarse de Jade, pero estaba haciendo su mejor esfuerzo por salvar su relación con Mikey.

–Cuida del enano –pidió Raphael, sacando una sonrisa por parte de su hermano mayor.

–Y tú cuida de esta pequeña gruñona, y del flacucho. Dale un poco de "afecto" –le guiñó un ojo, insinuando algo más–; claro, cuando ya se encuentre apto para recibir cariño.

–N-no sé que hablas –Raphael enrojeció, abrazando a su hija, quien seguía en llanto y alargando los brazos hacia su tío Leonardo.

–¡Vamos, Rapha! –palmeó enérgicamente el caparazón de su hermano–. Tú y yo sabemos que es lo que ambos necesitan; y que es la razón por la cual te irás a cuidar de él.

Raphael rodó los ojos, fastidiado de que su comportamiento se prestara para esa confusión. Decidió ignorar las palabras de Leo; cuando tuviera algo de tiempo ya hablaría con él para que se diera por enterado de la decisión que ambos habían tomado respecto a su relación como hermanos y padres de Jade.

Donatello, quien permanecía dentro de la furgoneta, llamó a Raph para que él, junto con la niña, abordara finalmente y pudieran marcharse.

Leonardo y Michelangelo vieron a parte de su familia marcharse bajo la oscuridad que aún ofrecía la ciudad de Nueva York, acompañados de sus dos amigos humanos restantes, quienes se acercaron a ellos en cuanto vieron el vehículo desaparecer.

–Eres muy bueno con los niños, Leonardo –mencionó Ángela, palmeando el caparazón del joven–. Tal parece que Jade te adora. Todo indica que serías un buen padre.

Mikey se llenó de energía ante el comentario de la doctora y se aferró al brazo de su amante, contento por la comparación.

–¡Es exactamente lo que yo pienso! –dijo el más joven con emoción.

–G-gracias, señorita Benett, pero sólo cumplo mi deber como tío; me es imposible no tenerle cariño a alguien tan adorable como Jade.

–Es un encanto –dijo la mujer, acomodándose la gafas–. Bien, dado que Donatello y April se marcharon, ya no tengo trabajo por aquí; será mejor que regrese a mis proyectos; voy un poco atrasada con algunas investigaciones.

Leonardo se separó de su pareja por un momento e hizo una pequeña reverencia ante la mujer que más los había ayudado durante las últimas semanas, y por la que la vida de su hermano finalmente se encontraba fuera de peligro.

Ella se puso nerviosa por el repentino acto del muchacho.

–Muchas gracias por todo lo que ha hecho por mi familia, doctora –dijo Leo, manteniendo la reverencia ante la angustiada mujer–. Usted se ha convertido en un miembro honorario de nuestro clan, y le doy mi palabra de que estaremos para usted cada que nos necesite.

Después de estas palabras, y emocionado por las mismas, Michelangelo también hizo una sutil reverencia ante la mujer, prometiendo que las palabras de su hermano representaban a toda su familia.

–Ahora eres parte de nuestra familia, Ángela –dijo Mikey, incorporándose nuevamente junto con el mayor–. Puedes contar con nosotros para lo que sea; es una promesa.

–Ay cariño –respondió Ángela, emotiva–. No son necesarias tantas flores, con un simple abrazo estoy por bien servida.

La mujer extendió sus brazos y ambos hermanos se unieron a ella, formando un cálido abrazo que desde hace tiempo necesitaban.

–Ambos son una pequeña y dulce rebanada de pastel de esos que me encantan.

Ella los estrujó un poco y ambos muchachos rieron por la efusividad de la mujer.

Cuando finalmente deshicieron el abrazo, Mikey la tomó de las manos y le dijo:

–¡Por favor visítanos cuando quieras! Prometo preparar algo delicioso especialmente para ti.

Ángela cayó rendida ante los encantos de Mikey y tenía intenciones de apretar sus abultadas mejillas, pero el repentino abrazo del corpulento muchacho amigo de ellos la interrumpió de una forma nada sutil.

–¡Descuida, bro! –dijo Tim, zarandeando entre sus brazos el bajito cuerpo de Mikey–. ¡Yo vendré a visitarte a diario! Así me mostrarás todos esos videojuegos y comics que tienes. Y no sé, tal vez podríamos entrenar juntos también.

Leonardo los separó de inmediato y calmó el entusiasmo del muchacho, riendo nerviosamente junto con Ángela.

–Tú también serás bienvenido cuando desees visitarnos, amigo –dijo Leo–. Pero no es necesario que sea a diario; recuerda que después de todo, Mikey y yo necesitamos algo de privacidad, pues somos una pareja y también queremos tiempo a solas.

El chico decayó un poco ante las palabras de Leo, pero comprendió la necesidad de sus amigos.

–Además –dijo el más pequeño en tono de burla–, no te dejaré pasar si no traes contigo pizza o golosinas.

Ambos hermanos y la doctora rieron y comenzaron su andar al interior de la guarida, dejando atrás a un confundido Timothy que no supo si las palabras de Mikey habían sido o no una broma.

Casey se desplomó en el enorme sofá frente al televisor, donde ya lo esperaba un cansado Raphael; ambos estaban cubiertos de polvo y un montón de trapos de limpieza por doquier.

El muchacho le ofreció una fría bebida de frutas y se acomodó a su lado para descansar un momento.

–Creí que como mínimo tendrías algo de cerveza para tu invitado estrella –se decepcionó Raphael, destapando la lata con resignación–. Esto es una grosería.

–Si la hay, viejo. Pero esa está reservada para cuando los demás duerman y sólo quedemos tú y yo, durante la noche… como en los viejos tiempos.

Casey acercó también su bebida y chocó la propia contra la de su amigo; era un brindis previo a lo que ocurriría por la noche. Extrañaba esas viejas charlas de amigos que tenía con Casey y que, desde que comenzó aquella extraña relación con Donatello, el embarazado de April y el nacimiento de su pequeña hija, habían dejado de lado debido a todo el drama por el que ambas familias estaban pasando.

–Además –remarcó el joven humano–. Tu padre me colgaría de las bolas si sabe que te sigo llevando por el camino del alcoholismo.

–¡Aghhh! ¡Case! No me hagas imaginar tus asquerosas bolas, no me interesan –la joven tortuga bajó hasta los ojos el pañuelo en la cabeza del muchacho y lo alejó de él con una ligera patada. Todo mientras su amigo no paraba de reír–. Además, Splinter está muy ocupado cambiando pañales y cuidando de Donnie y April mientras tú y yo terminamos la limpieza.

Casey suspiró ante la mención del nombre de April y dio un largo trago a la bebida de frutas y se relajó un poco al sentir las frescas burbujas en su garganta.

–¿Todo bien? –preguntó Raphael, notando el cambio de actitud en su amigo.

–No me mal interpretes, Raph, pero duermo todas las noches cansado y pensando en lo que sucede y lo que sucederá. Sé que todos esos arrebatos y actitudes raras por parte de April se irán cuando ese mar de hormonas se tranquilice en su cuerpo… pero…

–¿Qué te preocupa, Case?

–Todo, viejo; todo lo que implica ser padre. Hace unos meses era el chico más libre y tranquilo de Nueva York que vivía sin compromiso, salvo el de hacer feliz cada día a su chica; pasar tiempo de calidad juntos y tener sexo grandioso cada noche –suspiró más sonoro–. Ahora habrá una personita que dependerá de mí el seguir vivo cada día, y cada error que cometa a partir de ahora, se verá reflejado en la vida de este niño.

–Entiendo, te sientes presionado.

–¡Y no tienes idea! –Raphael le mostró una mueca de desaprobación ante aquél comentario–. Bueno, tienes razón, creo que si alguien puede entenderme ese eres precisamente tú; ¿cómo rayos le haces?

–¿Hablas de…?

–De un día para otro te convertiste en un buen padre; cuidas de Jade como un experto y ella te adora; se le iluminan los ojitos cada vez que te ve y es tan feliz cuando está contigo. ¿Cómo le haces? ¿Cómo logras que alguien que no te conoce te ame tanto? Y… ¿Cómo logras amar tanto a alguien que no conoces?

Casey se desvaneció en el sofá y Raph siguió con su mirada cada uno de sus movimientos.

Su amigo más que estresado, tenía miedo; convertirse en padre no es cualquier cosa, y Raphael lo sabía muy bien. Su vida ya no era la misma, pero eso no significaba que estuviera mal; ser el papá de Jade era lo más bonito que le había pasado en su joven vida.

Y ser padre de esa pequeña tortuguita junto con Donatello, era aún más hermoso, si es que eso podía llegar a ser posible.

–Casey… –el muchacho llamó su atención con sólo mencionar su nombre–… se que desde un principio ambos estuvimos renuentes a dejar de lado nuestra libertad por cambiar pañales todos los días, si es que a eso se le puede llamar perder tu vida y tu libertad –Casey sonrió, sabía exactamente a lo que su amigo se refería–. Desde un principio estuvimos equivocados respecto a lo de tener una familia. Cuando un hijo nace, no pierdes tu vida ni tu libertad, pero tampoco vuelves a ser el mismo; te levantas todos los días planeando tu día para poder cubrir todas las necesidades que el bebé tiene, te preocupas por su bien, porque esté bien alimentado y porque nada le falte. Y al final del día te vas a la cama pensando en qué será lo que ocurrirá al día siguiente; si será un mal día para tu hijo o para ti… o para la madre –rio nervioso–. Pero también vas a la cama pensando en que será lo nuevo que descubrirás al día siguiente; cuanto creció, si sus balbuceos son cada vez más coherentes, si estará próxima a dar sus primeros pasos… y sueñas con el día en que diga su primera palabra e imaginas cual será…

Raphael no se había dado cuenta de la enorme sonrisa que tenía en su rostro mientras hablaba con su amigo; cosa que para este último no pasó desapercibida.

–Viejo… te tienen totalmente idiotizado –rio el joven humano–. ¿Quién diría que tener una familia te cambiaría tanto?

–Tener una familia no te cambia, Case… lo que te cambia es la determinación de querer protegerlos el resto de tu vida, y el deseo de que sean felices por todos los medios posibles.

Casey calló abruptamente ante este último comentario de Raphael; jamás había analizado las cosas de aquella manera, pero las palabras de su amigo tenían todo el sentido del mundo.

Cuando te enamoras, lo das todo por el bienestar de la otra persona; ahora él y Raphael tenían a dos personas por quienes darlo todo, todos los días por el resto de su vida.

Raphael palmeó con fuerza el hombro Casey, removiéndole las ideas en más de un sentido.

–Cuando nazca, no tendrás tiempo de pensar si lo amarás tanto como te han dicho que un padre debe amar a sus hijos; simplemente pasará. Cuando lo veas por primera vez y escuches su llanto, te darás cuenta de lo que hablo.

–Gracias viejo, sabía que sólo tú podías ayudarme con este nerviosismo que me carcome –el muchacho se removió en su lugar y dejó sobre la mesita recién encerada la lata ahora vacía–. ¿Quién diría que hace un año vagábamos por las calles de Nueva York buscando diversión sin sentido, y ahora somos "esposos y padres de familia" responsables?

La sonrisa de Raphael se borró enseguida y Casey dejó de reír en cuanto se dio cuenta de la reacción de su mejor amigo; había muchas cosas que aún no le había contado desde que se reconcilió con Donatello, pues se la pasaba en su habitación cuidando de él y su hija y esto le dejaba poco tiempo para salir y charlar amenamente con cualquier integrante de su familia.

Eso le había hecho pensar a todos que finalmente habían arreglado todas sus diferencias y que su relación iba viento en popa; ambos se veían tan felices y cómodos con el otro.

–¿Hay algo que no sepa sobre ustedes, Raph? –preguntó, tratando de no verse muy entrometido.

Raphael suspiró. Era doloroso el simple hecho de mencionarlo.

–Donnie y yo hemos decidido no seguir juntos como pareja; él… él lo ha elegido… a Slash. Y no hay nada que yo pueda hacer al respecto.

Vio en su amigo la angustia que reflejaban sus ojos al saber de su amor no correspondido, y al mismo tiempo aquella tremenda voluntad por mantenerse fuerte ante la decisión de Donatello.

No había más que comentar al respecto; el mismo Casey Jones le había dicho que tenía que respetar la decisión de su hermano, cualquiera que esta fuera. Y aquello era precisamente lo que estaba haciendo.

Pero la impresión de Casey no residía en la fortaleza de Raphael ante la situación, si no en la decisión de Donatello; todos a su alrededor estaban seguros del amor que Donnie tenía para con Raphael, y este repentino interés hacia otro hombre era totalmente inesperado.

–Raph… lo sien…

–Ni siquiera lo digas –lo interrumpió–. Estoy bien. Estoy muy bien… muy bien.

Se repitió mil veces, y esas mil veces intentó creérselo, sin grandes resultados.

Y era evidente que su amigo tampoco se lo había creído.

–Todo saldrá bien, Casey, descuida.

Raphael se levantó, decidido a continuar con el trabajo que quedaba pendiente.

–Gracias, viejo –agradeció el joven humano.

–¿Por los consejos?

–Por todo; por levantar mi ánimo, y por confiarme cosas tan dolorosas. Sé que no acostumbramos a contarnos situaciones así, pero desde que nos abrimos más uno con el otro, siento que nuestra vida es menos complicada. Sacar todo lo que tienes en el pecho te hace sentir que le importas a alguien. Y tú tienes que saber que siempre podrás contar conmigo para todo.

–Deberías escuchar lo cursi que suenan tus palabras –se burló el de rojo, tratando de desviar la conversación de su amigo–. Aún no me acostumbro a que Casey Jones tenga un lado sensible y razonable.

Casey no lo dudó y se levantó rápidamente, ni siquiera permitió que Raphael se diera cuenta de lo rápido que pasaron las cosas cuando ya lo tenía sobre él, recibiendo un fuerte abrazo como hasta hace poco se permitieron hacer como amigos.

–Se que estás sufriendo, Raph –murmuró–. Te costó mucho trabajo admitir lo mucho que lo amas y el tenerlo así de cerca todos los días, bajo la responsabilidad que comparten, vuelve todo una situación más difícil aún.

–Casey… –dijo Raph, con algo de molestia.

–Te admiro, hermano –lo interrumpió–. Eres mucho más fuerte de lo que alguna vez llegué a imaginar; pero admitir que te duele no te dejará mal parado frente a mí… ni frente a nadie.

Raphael dejó salir un largo suspiro y correspondió al abrazo de Casey, aferrándose a sus ropas con sus fuertes manos.

Dolía más de lo que deseaba; dolía admitir que su mente se había aclarado tarde, y dolía saber que el corazón de Donnie ya pertenecía a otro; pero aquello ya no era un problema para exteriorizar, pues Casey lo sabía muy bien.

Ángela lo había adivinado con sólo verlo.

Leonardo también lo dedujo en cuanto evitó tocar el tema, de eso estaba seguro.

Y no le extrañaría que Splinter supiera lo que ocurría… desde antes de que ocurriera.

Su familia lo sabía… y sólo esperaba ya no ser molestado al respecto y que no volvieran a tocar el tema, nunca.

–Simplemente perdí, Case. Él eligió a alguien más y yo prometí respetar su decisión. Es todo.

Fue Raphael quien deshizo el abrazo y Casey palmeó uno de sus hombros amistosamente. Lo vio nervioso, no sabía qué hacer o que decir y todo su semblante lo delataba.

Estaba por marcharse, pero antes tenía que aclarar algo más:

–Y si vuelves a tocar el tema –advirtió el más bajito–, seré yo quien te cuelgue de las bolas.

Y sin más se retiró, dejando a un perplejo pero risueño Casey.

Su amigo lo vio doblar el pasillo al lado de las escaleras, donde habían amueblado especialmente una habitación para que Donatello no tuviera que subir al segundo piso debido a su estado físico.

Aquella fue la primera vez que le permitieron llegar hasta la cocina de la granja completamente sólo.

Splinter acompañaba a April en sus sesiones diarias de meditación y Casey había salido al pueblo más cercano a comprar la despensa faltante, por lo que se podía decir que tenían la casa para ellos solos, razón por la cual Raphael aceptó quedarse en la habitación con Jade mientras esta dormía y le permitió ir hasta la cocina para preparar la comida de la niña.

Si necesitas ayuda o pasa algo… grita, iré corriendo…

No pasará nada, Raph, puedo caminar perfectamente.

Y era verdad; tras esas semanas transcurridas, su herida de la cirugía se había cerrado por completo y la misma April lo había ayudado a retirar aquellas estorbosas grapas que habían desfigurado su vientre.

«¿Es un chiste? ¿Te da miedo que te rechace por algo así?

Yo creo que te hace ver más interesante.»

Recordó las palabras de su hermano cada vez que pasaba su cansada mano sobre la larga cicatriz; aquello jamás se iría de su cuerpo, y no tenía idea si el paso del tiempo le permitiría a esa impresión sobre su plastrón el mejorar un poco visualmente.

Tal vez el mutageno en su sangre ayudaría a que la herida terminara siendo imperceptible cuando esta sanara por completo, como lo había hecho con infinidad de heridas en su cuerpo y el de sus hermanos a lo largo de su vida como guerreros ninja.

Durante uno de esos días fatales en los que volvieron molidos a golpes a casa, Raphael llegó con el caparazón fracturado y no tardó mucho en sanar por completo, dejando sólo una línea que apenas y se notaba cuando acariciabas con suavidad la parte trasera del caparazón de su hermano.

Claro, era algo que sólo él como su médico personal, sabía. Eso y más recientemente las insistentes caricias que le gustaba proporcionarle durante aquel par de encuentros íntimos que tuvieron no hace mucho.

Decidió que ya le había dedicado mucho tiempo a eventos del pasado que no volverían, por lo que siguió preparando aquella bebida hecha solamente con la pulpa pulverizada de algunas frutas que encontró en la nevera; hubiera deseado algo más fresco pero estaba seguro de que a Casey le tomaría un poco más de tiempo para volver y Jade no tardaría mucho en despertar, y era casi imposible callarla si no le daba algo para comer en cuanto abriera los ojos.

Sintió su rostro iluminarse en cuanto recordó la adorable carita de su hija y lo feliz que era cuando le mostraban un biberón con comida calientita y deliciosa.

Se apresuró a verter aquel jugo en uno de los biberones esterilizados sobre la mesa; en aquél momento sólo deseaba esperar a que Jade despertara para poder atenderla y disfrutar de la bonita vista que le daba tanta ternura en su pequeña hija; él sabía lo que ocurriría los siguientes meses, pues al tratarse de una tortuga hembra, su desarrollo sería más acelerado que el de un macho, así que no tenía más opciones que disfrutar lo mas que pudiera de la etapa de infancia de su pequeña hija.

Caminó a su habitación y de paso cogió una manta para cambiar aquella que la niña ya usaba para cubrirse, pero antes de abrir la puerta, escuchó una voz baja y suave que aparentemente hablaba con alguien más dentro de la habitación; tuvo la intención de entrar y averiguar lo que ocurría, pero en cuanto reconoció que la voz que tenía un bonito tono lleno de ternura pertenecía a Raphael, mantuvo su respiración para escuchar lo mejor posible aquella conversación única.

¿Te gustó esa papilla de verduras que tu tonto tío Casey trajo? Se veía asquerosa pero lo bueno fue que a ti si te gustó.

Lo escuchó reír de forma suave mientras la niña balbuceaba cosas ininteligibles; parecía que tenía todas las intenciones de establecer una conversación con su padre pero sin resultados aparentes.

¿Qué dices? ¿Extrañas a mami? Yo también, princesa. Pero no tarda en volver con más comida.

Aquellas palabras tocaron lo más profundo de su alma y sintió toda esa ternura con la que Raphael trataba a su pequeña hija; hasta este punto se encontraba agradecido por la dedicación con la que cuidaba de la niña y la autenticidad de su amor por ella.

Aún recordaba esa sensación de arrepentimiento cuando le reclamó el haberlo involucrado en aquél experimento, pues en ningún momento había dado su consentimiento para convertirse en padre. Todo para después de tanto por lo que pasaron, hace unas semanas literalmente le agradeció el haberle dado una hija.

Todo había cambiado tanto y en tan poco tiempo.

Tras un largo suspiro se decidió por cruzar aquella puerta, encontrándose con la imagen más hermosa que jamás había visto en su vida:

–Hey, ¿aún tienes hambre? –en aquél momento, Jade acercó con sus manitas la enorme mano de su padre y metió uno de sus dedos a su pequeña boca para masticarlo. Raphael comenzó a reír, enternecido–. ¡Mi dedo no! Deberías esperar a mamá.

Se quedó inmóvil bajo aquél marco de madera, viendo a su niña utilizar uno de los dedos de Raphael como biberón intentando recibir alimento. Pero ella no lloraba, estaba embelesada con el rostro de su padre, y de igual forma este último no dejaba de ver las tiernas expresiones de su pequeña niña.

–¡Hey, Donnie! ¿Está listo ese biberón? –preguntó en cuanto sintió la presencia de su hermano.

Pero Donnie no respondió; se encontraba cautivado por la maravillosa escena del que eran protagonistas su pequeña familia.

Jade era la bebé más tierna y encantadora, y Raphael era el mejor padre del mundo; todo en su mirada demostraba el inmenso amor que tenía hacia la hija de ambos.

–¿Donnie?

Raphael lo notó, con las cosas para la bebé en las manos y aquella mirada perdida en la adoración de la que eran dueños tanto él como Jade.

Aquella era la mirada que Donnie le dedicaba justo después del nacimiento de Jade, cuando le había declarado sus verdaderos sentimientos; cuando aún mantenía la esperanza de ser amado con la misma intensidad con la que amaba.

La mirada que tanto extrañó cuando se fue de su lado, y la cual nunca imaginó volver a ver.

Pero no se hizo ilusiones; en aquél momento, tenía a Jade en brazos y lucía simplemente preciosa tratando de devorar uno de sus grandes dedos, por lo que sabía perfectamente que aquél cálido sentimiento y todas esas estrellitas y corazones que Donatello despedía por los ojos, estaban dedicados a su pequeña hija.

–¿Te gusta lo que ves? –preguntó con picardía, sabiendo que esto haría sonrojar ferozmente a su hermano.

Aquella pregunta sacó al muchacho de su mundo de arcoíris y enseguida se acercó a ellos, entregándole en biberón a Raphael para después caminar hasta la cama para cambiar la manta donde descansaría Jade después de comer.

Raphael lo vio hacer todo eso con el rostro completamente encendido y una agitada respiración que no parecía querer calmarse.

–Oye… –trató de llamar su atención mientras sintió a Jade arrebatándole el biberón para comenzar a beber de él, dejando escapar fuertes y graciosos sonidos al succionar el jugo–…. ¿estás bien? Sabes… sólo bromeaba. Yo no intento… ya sabes… seducirte. Yo se que tu y yo ya no…

–N-no es eso, Raph –lo interrumpió. No quería escuchar aquello–. Está bien, tus bromas no me afectan, me gusta cómo eres y me gusta el volver de a poco a nuestra relación de hermanos.

–¿Entonces por qué esa reacción?

–Estoy impresionado de lo mucho que ha crecido Jade en estos meses; me hace pensar en lo rápido que suceden las cosas.

Tras esto, Raphael agachó la mirada para observar detalladamente a su hija mientras bebía felizmente su jugo de frutas; Donatello tenía razón. Bueno, era evidente que la niña había crecido en estos últimos meses, pero era impresionante que cuando nació cabía perfectamente en una de sus manos al ser una recién nacida diminuta, teniendo evidentes problemas para conseguir algún pañal o mamila que se ajustaran a su pequeña medida.

Y ahora, seis meses después, tenía el tamaño aproximado de un bebé humano de la misma edad; tal vez un poco más pequeño, pero a fin de cuentas ya no era tan diminuta como pensó que aún lo sería a esa edad.

–Es maravilloso verla crecer así de saludable y feliz –dijo al final el de morado, acercándose lentamente a ese par–. Además de que verdaderamente pienso que elegí al mejor padre para ella.

Esto hizo que Raphael se relajara un poco más; Donatello notó un destello en su mirada en cuanto escuchó sus palabras y continuó alimentando a su hija con toda la paciencia que sólo un cuidador tan bueno como Raphael podía ofrecer.

Donatello se despidió de su hermano argumentando que era hora de la revisión de April y que seguramente ya había finalizado la sesión junto a Splinter; dio un beso a su pequeña hija y salió, sin saber de aquella mirada y esos suspiros de los cuales era protagonista en la mente de Raphael.

Tocaron la ventana del departamento y enseguida Raphael se acercó a abrirles, brindándoles un cálido abrazo a sus dos hermanitos a los que no había visto en meses.

–¡Raphie! ¡Qué alegría volver a verte!

El más pequeño de los hermanos Hamato lo estrujó un par de veces y enseguida corrió a abrazar a su padre, quien ya lo esperaba con los brazos abiertos.

–Es bueno verte, hermano –dijo Leo, separándose del de rojo.

–Lo mismo digo, temerario líder.

Mikey notó a su hermano de morado en uno de los sofás de la salita y a su pequeña sobrina en brazos del mismo, por lo que corrió sin pensarlo hacia ellos.

–¡Oye, oye! ¡Ni se te ocurra echártele encima a Donnie! ¡Lo vas a lastimar! –saltó Raphael casi que en un grito.

Mikey paró en seco a nada de tocar a su hermano, mismo que le aventó una mirada de fastidio al mayor.

–Déjalo en paz, Raphael. Sabes perfectamente que estoy bien; la herida se cerró por completo.

Dicho apenas esto, Mikey lo abrazó para después quitarle de los brazos a la pequeña Jade y comenzar a llenarla de besos.

–¡Te extrañé tanto! ¡Pequeño y encantador pay de cereza!

–¡Hey! ¡Nada de apodos raros! ¡Estas advertido! –pidió Raphael, señalándolo acusadoramente.

Michelangelo le mostró la lengua, inconforme, pues estaba seguro que "pay de cereza" era perfecto para alguien tan dulce como Jade.

Raphael y Mikey comenzaron a discutir al mismo tiempo en que Leonardo recibía un cálido abrazo de su padre tras largos meses sin verse, y después el joven líder se acercó a Donnie para también encontrarse con él, pero en el camino se convirtió en el culpable del reciente llanto por parte de Jade, pues al verlo, la pequeña tortuguita se soltó en llanto y estiró sus bracitos para poder alcanzarlo, llamando su atención enseguida.

Apenas la tomó en brazos, la puerta de la habitación de April y Casey se abrió, saliendo estos mismos justo detrás de una animada Ángela Bennet.

Los ojos de Leo y Mikey se iluminaron enseguida al ver que su mejor amiga llevaba en brazos un pequeño bulto envuelto en una manta de color blanco, por lo que se apresuraron en llegar al lado de sus amigos.

–Leonardo. Michelangelo –comenzó ella, casi de forma teatral–; les presento al pequeño Penni Marie Jones, el nuevo integrante de nuestra poco convencional familia.

Unos brillantes ojos castaños se fijaron en aquellos que lo veían por primera vez, por lo que el bebé se mostró curioso y abrió aún más sus ojitos. Leo y Mikey notaron que aquél color de ojos era el único rasgo que había heredado de su padre, pues el resto del niño era como ver a April en miniatura; piel blanca, expresivos y grandes ojos, y como detalle final, delicados y brillantes hilos rojizos en su pequeña cabecita.

–¡Sabía que se parecería a April! –celebró Mikey, abrazando efusivamente a su pareja.

–Sí, que bueno que se parece a ella y no a Casey. ¿Te imaginas? Pobre criatura –se burló el de rojo.

–Deja de hacer esa broma, Raph… ya no es graciosa –pidió el padre del recién nacido con una notable vena saltando en su frente.

–Jamás, viejo. Es de lo mejor.

Le dio unas palmaditas en la espalda y tomó asiento junto a Donatello, quien ya lo esperaba, divertido con aquellas palabras y chocando sus manos en señal de complicidad.

Ya que Leonardo tenía ocupados sus brazos con la pequeña Jade, fue Michelangelo el primero en cargar a su nuevo sobrinito, el cual parecía absorto en el rostro de aquél que acababa de conocer.

El de naranja vio a Leo y no pudo evitar exteriorizar un corto pero conciso comentario que dejaba ver claramente su situación actual y sus más recientes decisiones como pareja.

–Serás el mejor tío del mundo, Leo. Estoy seguro.

Leonardo observó la vivaracha carita de Jade, y después de depositar un tierno beso en su frente y otro en sus mejillas, le dedicó unas palabras a su pareja.

–Y tú, el más cariñoso de todos.

Enseguida, Leo se acercó a él y también depositó un suave beso en su frente; sabía que había sido un largo camino para Mikey el poder aceptarlo, pero ambos estaban conformes con sus decisiones.

Los demás notaron el significado de estas palabras e imaginaron lo mucho que les había dolido a ambos, pero tenían otras prioridades como pareja, y eso estaba bien si eran ambos quienes lo decidían.

–Bien –interrumpió Ángela–. Lamento tener que marcharme después de tan bonita reunión, pero el trabajo espera.

La mujer llamó enseguida la atención de todo mundo, sobre todo cuando, después de tomar su bolso y colocarse la bata blanca, esta tenía de forma muy clara, escritas las letras "TCRI".

–¿Aún existe el TCRI? ¿Por qué sigues ahí, Ángela?

A la doctora le extrañó que Raphael hiciera aquellas preguntas, sobre todo cuando ella creía que la situación estaba más que aclarada.

–Oh, cariño –dirigió su mirada a Donatello–. ¿Olvidaste mencionárselos?

Donatello cerró fuertemente los ojos y se dio una ligera palmada en el rostro con la mano, evidenciando su torpeza a la hora de tratar aquél tema.

–Lo siento, Ángela; realmente lo olvidé por completo.

Los demás presentes los observaron confundidos; necesitaban una clara explicación.

–¿Quieren por favor decirnos qué es lo que está ocurriendo? –preguntó Leonardo, impaciente por saber el porqué de que Ángela vistiera ahora el uniforme de una compañía que evidentemente jamás había sido aliada.

–Verás, Leonardo –comenzó la doctora–… todos sabemos que TCRI se declaró en bancarrota cuando los Kraang fueron derrotados y obligados a abandonar la tierra. Pero después de eso, la empresa junto con todas sus patentes legales, fueron compradas por un grupo de inversionistas que ahora manejan las instalaciones del área de investigación en TCRI.

–Cuando me di cuenta –intervino Donnie–. Le pedí a Ángela que investigara sobre el tema y me ayudara a colocar dispositivos espías en las instalaciones del edificio, pero… nos dimos cuenta de que están limpios.

–¿A qué te refieres con eso? –preguntó el líder.

–Donatello quiere decir que, ahora el TCRI sólo se dedica a investigaciones totalmente legales y no hay nadie ajeno a la tierra controlando y ocultando proyectos malévolos para conquistarnos o borrarlos de la existencia. Es simplemente un laboratorio donde se llevan a cabo investigaciones científicas patrocinadas por los nuevos dueños y algunos más por el gobierno.

–¿Y porqué continuar ahí? –preguntó Raphael.

–La tecnología que el Kraang dejó en sus instalaciones es tecnología de punta, lo más avanzado –argumentó la doctora–. Jamás había trabajado con equipos tan sofisticados y precisos como esos. Facilitan muchísimo mis investigaciones científicas.

–Además de que estando ahí, Ángela puede mantener vigilado cualquier movimiento extraño y estar alerta en caso de que el Kraang decida regresar y continuar con sus planes de conquistar la tierra.

Donatello finalizó con aquellas palabras que apenas y convencieron a todos los demás presentes.

Ángela se despidió, esperando que esta explicación calmara los nervios que habían nacido repentinamente en los demás.

–¿Alguien más piensa que eso fue extraño? –pregunto Mikey, observando la puerta por donde acababa de salir Ángela.

–Para nada lo es –dijo Donnie–. Confíen en nosotros cuando les decimos que nada ocurre en el TCRI; quiero un mejor mundo para Jade; jamás permitiré que el Kraang haga nuevamente de las suyas.

Todos asintieron; sabían que las palabras de Donnie eran ciertas y concordaban totalmente con su punto de vista.

–¿Alguien gusta un poco de té? –preguntó Splinter, colocando la tetera con agua sobre la pequeña estufa. Aquél era su intento por distraer a los demás sobre temas que a nadie agradaban.

Leonardo y April aceptaron el ofrecimiento de Splinter, y Donatello tenía intenciones de hacer otra petición cuando Raphael se levantó de su lado y le ganó la palabra.

–Haré un poco de café, también.

–Te lo agradezco –respondió, anhelando por el delicioso café que Raphael preparaba a diario.

Raphael observó el agradecido rostro de su hermano y no pudo evitar sonreírle, totalmente satisfecho por siempre obtener toda aquella atención por parte de aquellos ojos rojizos que le fascinaban.

Se quedó así un momento más y tarde se dio cuenta de que todos a su alrededor estaban por completo atentos a lo que ambos hacían, presenciando en primera fila su evidente fascinación por Donatello, así que algo ruborizado, caminó a la cocina para acompañar a su padre, no sin antes recibir una pícara sonrisa por parte de Casey y Leo, quienes sabían perfectamente lo que había sucedido ahí dentro.

Ellos sabían que su decisión estaba tomada, pero parecían leer su mente cuando pensaba que a pesar de todo, lucharía por siempre recibir aquellas bonitas muestras de cariño y aprecio por parte de su hermanito.

Ocupó el sofá más amplio de la guarida y sentó a su lado a su inquieta hija, quien sólo se dejó de mover cuando encendió el televisor y puso el canal donde todo el día proyectaban caricaturas; ella se quedó emocionada con los dibujos y comenzó a reír mientras los apuntaba, queriendo acercarse a ellos en un impulso repentino, de esos que tenía mucho últimamente.

–¡Woah! ¿A dónde vas, pequeña malabarista? –la pescó con una mano estando a punto de caer del sofá al querer alcanzar la pantalla, pero lejos de asustarse por la posible caída, comenzó a reír, emocionada–. Serás igual de impulsiva y arrebatada que yo –pensó con preocupación.

Muchas veces, cuando era un niño, Raphael se había hecho daño y había causado daño a sus propios hermanos debido a su comportamiento impetuoso y su carácter volátil, por lo que se había prometido criar a su hija para que aprendiera a controlar sus emociones y sus arrebatos naturales.

Pero eso sólo lo lograría con el tiempo, pues aún era muy pequeña como para distinguir que aquello que había hecho al tratar de arrojarse del sofá sólo podría traerle graves consecuencias físicas.

Por el momento para eso estaba él, para mantenerla a salvo todo el tiempo y en cualquier lugar.

–Raphael –en ese momento llegó Donnie, quien terminaba de colocar su cinturón donde portaba su bô–, prometiste hacer que Jade durmiera temprano. Si haces que hoy duerma tarde, mañana que le toque dormir conmigo voy a batallar para que concilie el sueño.

El de rojo observó detalladamente la forma en que su hermano acomodaba su equipo, seguido de un pequeño morral con correas gruesas donde solía cargar sus cosas de ñoño; solamente que esta vez parecía vacío.

Quería hablar, pero también sabía lo que ocurriría a continuación; Donatello iría a la cocina por un termo grande que llenaba con café y dos tazas para meterlas dentro de su pequeña mochila para después salir de la guarida y encontrarse con…

–Raph, ¡oye! ¿Estás poniendo atención?

–Descuida, dormiremos temprano –respondió por fin–. Además, estoy cansado, fue un trabajo difícil ayudar a Mikey a llevar algunas de sus cosas a la habitación de Leo y después limpiar el desastre que quedó… no meteré las cosas de Jade ahí hasta que haga una desinfección exhaustiva.

Donatello rio por lo bajo; sabía perfectamente a qué se refería su hermano; ahora que Mikey y Leo habían decidido compartir habitación, quedaba una disponible y habían coincidido que sería el lugar perfecto para instalar una habitación para cuando Jade creciera un poco más y pudiera comenzar a dormir sola. Pero primero, debían averiguar que tantas cosas extrañas habían quedado rezagadas en la vieja habitación de Mikey y limpiar lo mejor posible previo a comenzar a amueblar con las cosas de Jade.

–Bien, cariño –Donatello cargó por un momento a la niña y le dio un rápido beso antes de entregársela a su padre–, mami saldrá sólo por dos horas. Por favor llévate a papi a la cama para que duerman temprano.

La niña rio feliz sólo de ver el emocionado rostro de Donatello, y tras ser entregada a los brazos de Raphael, abrazó a este ultimo y continuó viendo sus caricaturas.

–¡Dulces sueños, Raph!

El muchacho de púrpura camino a la salida, aferrando su pequeña bolsa a su cuerpo y aparentemente emocionado por aquella noche.

Raphael no lo perdió de vista en ningún momento; sabía que en el semblante propio no había ningún tipo de emoción, pues no sabía como lo hacía sentir el que su hermano saliera una vez a la semana durante un par de horas y con lo necesario para un picnick nocturno en los altos edificios de Nueva York.

Pero él sabía que beber café no era lo único que esos dos hacían cada vez se encontraban a solas en algún lugar, aún desconocido para él, de la ciudad.

No pudo evitar aquella sensación tan horrible que nacía dentro de sí cada vez que lo veía desaparecer por aquella amplia entrada; Donatello estaba rehaciendo su vida junto a una pareja, lo único malo que le veía a aquella situación, es que no se trataba de él, si no de otro sujeto. Alguien que seguramente ya lo esperaba ansioso en la cima de algún edificio oscuro.

Suspiró pesadamente y abrazó a su hija; sería un largo camino por recorrer aquél que lo ayudaría a olvidar esos sentimientos tan intensos que aún mantenía por su hermano, y el haber aceptado finalmente que Donatello era feliz con alguien más, era un gran paso para lograrlo.

Apenas y se habían cumplido las dos horas que prometió que estaría fuera de casa cuando puso un pie en la sala de estar y se encontró con aquella escena.

Primero se había molestado al saber que Raphael seguía en la estancia en compañía de su hija; y el sonido del televisor sólo lo hizo pensar que aún no se marchaban a dormir, pero lo que encontró cuando llegó hasta aquél amplio sofá fue todo lo contrario a lo que imaginó:

Raphael estaba recargado completamente en el mismo lugar donde se encontraba la última vez que lo vio antes de salir de la guarida, pero con la gran diferencia de que dormía profundamente con un semblante de tranquilidad impresionante; pero lo que más encantó de aquella escena fue la pequeña Jade, entre los brazos de su padre mientras permanecía recostada en el pecho de este ultimo y su carita escondida en aquel grueso cuello.

Sus ligeros ronquidos se podían escuchar claramente y su pequeño cuerpo subía y bajaba ante el apacible ritmo de la respiración de Raphael.

Se quedó un momento observando la hermosa escena, por lo que soltó la pequeña mochila y se dispuso a tomar la manta rosa que Raphael había dejado en el otro sofá por si a Jade le daba frío mientras veían televisión.

–Son tan perfectos –murmuró, sin poder apartar su vista de sus apacibles rostros–. Tengo a la familia más perfecta del mundo.

Y tras esto, tomó asiento al lado de Raphael y se recargó con suavidad en su hombro para no despertarlo. Acto seguido, se arropó y arropó a su pequeña familia con la manta rosa y cerró sus ojos, relajándose con el delicado aroma que aquellos dos hermosos seres vivos despedían al tenerlos tan cerca.

–Te amo, princesa –suspiró–… Te amo, Raphie…

Y se rindió ante el sueño, esperando que cada día al despertar, pudiera disfrutar de la compañía más preciada de su pequeño mundo.

FIN –

Varios me han dejado en claro que una situación así no era lo que precisamente estaban esperando y han plasmado su desacuerdo; están en todo su derecho de expresar lo que esta historia les ha hecho sentir y los leeré con todo el gusto, tratando de dar respuesta a sus opiniones lo más rápido posible.

Sólo por favor eviten comentarios fuera de lugar, y con el respeto que el resto de los lectores de esta historia se merecen; evítenme la pena de borrar comentarios excesivamente groseros, sobre todo cuando están dirigidos a mis lectores.

En fin, espero que este final haya sido meramente satisfactorio y no represente una gran decepción para quienes han seguido desde hace mucho tiempo esta historia; creo que se entiende la razón por la cual los personajes tomaron estas decisiones.

Ahora si la pequeña sorpresa… ¡Estoy preparando un Epílogo que cierre definitivamente el ciclo de este ya de por sí, largo fanfic! Se tratará de una historia independiente a la trama principal de Experimento, pero evidentemente situada después de esta historia.

Por favor háganme saber sus opiniones acerca de este extraño final y sus teorías de qué será lo que le depara a esta nada normal familia recién formada.

¡Los veo en los comentarios!

Los quiere eternamente…

Miss GRavedad.