29- PRIMERAS PALABRAS

Decir que Tobirama no estaba muy contento sería comentar algo demasiado evidente, ¿el motivo? La familia de su hermano mayor estaba de visita, y con ellos, el puercoespín. Ese maldito había tenido el descaro de quedarse a comer con ellos, y con él se quedaron Hashirama, Mito, Hanna y Taichi… ¡Y todo eso sin que le invitara! Aunque a decir verdad a Izuna pareció no importarle que se quedaran a comerse su comida y aprovecharse de su hospitabilidad... Y así le había tenido que aguantar y escuchar sus groserías, aunque él no se quedó precisamente callado y contraatacó, como siempre hacía. Sus batallas verbales eran ya míticas... Y el motivo de que a su gatito le gustase que su molesto hermano mayor pululase alrededor de ellos… Al muy cabrón le divertía viéndoles insultarse en vez de apoyarle o ponerse de su lado alguna vez.

Lo que no sabía Tobirama es que su mal humor empeoraría y no sería precisamente por Madara, o no del todo… Tampoco por su doncel ni por su propio hermano… O no del todo, claro. Su cuñada y sobrinos, fueron los únicos inocentes en todo el asunto, pues se habían marchado al terminar. Mito se sentía cansada por ese embarazo y los niños debían hacer unos deberes que les habían mandado en la academia.

Y ahí estaban ahora, discutiendo -como siempre-, mientras Hashirama bebía de su alcohol aprovechando que Mito no estaba e Izuna... Izuna por una vez no estaba hechando leña al fuego en la pelea... Algo extraño.

–Callaos ya de una vez.– Masculló Izuna y les dedicó una fría mirada que prometía dolor. Quería que hicieran silencio de una jodida vez… Aunque normalmente encontraba entretenidas y hasta divertidas las peleas entre su pareja y su hermano; de echo hasta las animaba soltando alguna frase para hacerles saltar antes, así como quien no quiere la cosa… Ahora era diferente.– Mirad a Hajime y Kano.

Y es que sus bebés llevaban unos días que estaban balbuceando mucho, pero siempre de forma muy incomprensible… Hasta ese mismo instante…

Izuna no había podido estar pendiente de las típicas burlas entre su pareja y Dara por estar analizando a sus hijos. Los bebés habían dejado de soltar soniditos sin sentido y parecían muy concentrados mirándole, de pronto habían empezado a emitir ligeros balbuceos. Parecían querer decirle algo y por eso había hecho que todos en esa casa de locos que era ahora su hogar, guardaran silencio bajo pena de dolorosos castigos sino le obedecían.

–Ma… Ma… Ma…– Hajime había fruncido las cejas no conforme con ese sonido que emitía. Le estaba costando conseguir lo que pretendía expresar.

–Ma-ma… Ma-ma…– Kano, que había estado atento al intento de su hermano, había logrado unir mejor esas dos sílabas y ahora sonreía a su madre.– Mama.

–Oh, bebés estáis diciendo mamá… Que ilusión hijos.– Se inclinó y les besó mientras les llenaba de tiernas caricias y hacía las delicias de sus pequeños bebés.

–Mama

–Mama… Mama

Ahora ya los dos eran capaces de decir las dos sílabas formando una palabra y parecían felices y orgullosos de su gesta. Sobretodo porque su amada madre les estaba premiando con todos esos mimos que tanto les gustaba recibir.

–Increíble. La primera palabra que suelen decir los bebés cuando inician su locución suele ser papá. Les resulta más sencillo usar PA que MA.– Explicó todo experto Hashirama, que había conseguido despegarse de la botella de ese exquisito vino dulce y, por suerte, aun no estaba demasiado bebido.

–¡Je! Rata… Ni tus hijos te reconocen como su padre… ¡Que patético!

Y Tobirama fulminó con la mirada a Madara y luego miró a sus bebés que miraban a su tío Madara y estiraban sus brazos hacía ese puercespín. Sabía que a sus bebés les llamaba la atención esas greñas largas y revueltas que disfrutaban de sujetar entre sus deditos y tirar de ellas o llevárselas a la boca y babearlas, pero ahora mismo sentía ciertos celos. Sus hijos no habían dicho "PAPA" y encima le estaban prestando atención a ese gilipollas… Le habría llenado de orgullo escuchar que la primera palabra de sus hijos fuera para dirigirse a él, aunque a la vez se sentía contento de ver la felicidad de su gatito porque sus hijos le habían llamado MAMA. Pero esa alegría estaba a la par que sus celos, encima ahora sus hijos miraban de forma muy atenta a Madara… Sólo le faltaría que le dijeran PAPA a ese imbécil. ¡No lo iba a permitir!

–Hajime, Kano… Decid papa. Pa… Pa… Pa– Llamando la atención de sus pequeños y mostrándoles como se pronunciaba lo que quería escuchar. Hasta su hermano mayor se unió a él, diciéndoles esas silabas a los niños mientras le señalaba, mientras ambos ignoraban las burlas de ese erizo cabrón.

Pero no parecía funcionar... Sus hijos le miraban y parecían prestarle atención... Por un rato, luego miraban a su madre y le volvían a llamar "MAMA" y miraban a ese capullo, antes de volverle a mirar a él y sonreír.

–Déjalo rata, todos vemos que la envidia te corroe, pero estos niños, ¡tus hijos! Reconocen quien es importante y quien no.

– Silencio.– Gruñendo cabreado por escuchar esas palabras y como le molestaba oírlas.

Por fin sus hijos le miraban muy concentrado, y esta vez era a él. Les sonrió con suavidad para animarles a intentarlo.

–Pa… Da… Da– Como siempre parecía ser típico, Hajime era el primero en intentar algo... Aunque no era lo que él desearía escuchar.

–Pa…Pa– Le enseñó de nuevo de forma lenta.

–Da…– Kano intentó esta vez y frunció su rostro, concentrado. Observó como sus ojos se desviaban un segundo hacía Madara y luego le volvía a mirar a él.– Data.

–Da-ta…– Intervinó Hajime.

¿Data? ¿Eso que significaba? No se parecía en nada a PAPA.

–Papá.– Les corrigió con suavidad y ternura, paciente.

–Da… Dra-ta… ¡Drata!– Kano solía ser más callado y antes de hacer algo se fijaba mucho en todo, por eso cuando finalmente actuaba solía tener mejores resultados que su hermano que era más lanzado.

–Data.– Hajime intentó de nuevo lo que había conseguido decir Kano con tanta claridad.– Drata… Dra-ta.

Unas fuertes carcajadas junto a palmadas contra la madera de la mesa fue lo que rompió el momento tras todos comprender lo que habían estado intentando decir los niños en vez de "papa".

–¡Hasta tus hijos saben lo que en verdad eres, una rata!

Y el jodido puerco espín continuó con sus carcajadas, mientras los traidores de sus hijos soltaban risotadas divertidas y aplaudían orgullosos de haber conseguido decir, más o menos, lo que querían.

–¡Mady! No te pases con Tobi.– Aunque Hashirama no estaba resultando creíble pues el aire escapaba de sus labios presionados para contener las risas.

Tobirama miró furioso a Madara, luego a su hermano –el cual fue a deprimirse al rincón por ser "reñido"-, y luego a Izuna, que se mostraba claramente burlón… Aunque mirar mal a los hermanos Uchiha sólo sirvió para aumentar esa diversión a su costa; por último miró a esos pequeños traidores que tenía por hijos. Sus bebés que aun se estaban riendo de esa forma inocente que tenían los niños pequeños. Les frunció el ceño a todos y se cruzó de brazos… Su orgullo pisoteado… Y encima teniendo que escuchar esas risas desquiciadas por parte de su maldito cuñado.

Sus hijos eran más Uchiha de lo que le gustaba reconocer… Tan pequeños y ya sabían apuñalar por la espalda a un Senju, encima a él… El hombre que les engendró, que los amaba, los cuidaba y les procuraba. Gracias a él era que estaban ahí; todo por "jugársela" a Izuna al no darle una pastillita del día después... ¿Y así se lo pagaban? Primero le tiraban la comida a la cabeza, pero al menos le alegraba que al puerco espín también y, ahora, le llamaban: Rata. Si, definitivamente Hajime y Kano poseían mucho de los genes Uchiha.

–Pasan demasiado tiempo contigo, maldito puerco espín.– Solían dejarlos en casa de su hermano y sus parejas, por eso sus hijos habían adquirido esas malas mañas de ese cabrón.– A partir de ahora me los llevaré al despacho siempre que pueda.

A ver si así conseguía que no se echaran a perder demasiado. Y con eso quería decir que no se volvieran como ese capullo de Madara

–Drata... Drata.

Corearon sus hijos a duo mientras le miraban. Suspiró apesadumbrado y decepcionado. ¿Cómo podía tener tan mala suerte últimamente? Primero unos juegos que terminaron horriblemente mal y ahora ser nombrado como rata por sus propios hijos... Además de tener que aguantar las burlas que esas anécdotas habían causado en ese jodido desgraciado que tenía por cuñado.