30- PRIMEROS PASOS

Y así Tobirama empezó a llevarse a sus hijos a la oficina para pasar más tiempo con ellos(*). A Izuna no le importó pues la mayor parte del tiempo era el encargado de la seguridad del Niidaime, lo que significaba que podría pasar más tiempo con sus pequeños. Con ese arreglo los cuatro estaban felices, pues Hajime y Kano también podían estar con sus padres. Y si, funcionó, pues empezaron a llamar "papá" a Tobirama y dejaron de lado lo de "drata"… Un alivio para el pobre albino, no era muy agradable que tus amados hijos te llamaran de esa forma por culpa de ese erizo de mierda.

El problema vino unas semanas después…

Resulta que Hajime y Kano cada vez eran más activos y gateaban por su oficina, con eso no tenían problema, la oficina era grande y así los bebés se ejercitaban explorando la misma siendo vigilados por sus padres. Pero ese día… Ese día había habido una emergencia que mantuvo a Izuna lejos de la Torre. Unos jodidos shinobis de otra aldea planeaban infiltrarse en Konoha y realizar un ataque terrorista desde dentro con unos potentes explosivos y él como uno de los líderes de la fuerza anbu salió a ocuparse.

–Te acompaño.– Habló Tobirama mientras se levantaba y se armaba.– Mi trabajo es proteger la aldea.

Y era cierto, el trabajo de un lord Hokage era dirigir la aldea y, sobretodo, protegerla y, todos sabían que Tobirama no era un Kage que se mantuviera en el despacho de forma inactiva, él participaba activamente en misiones de alto rango y en la protección del País del Fuego y sus habitantes.

–No te preocupes.– Izuna hizo sentar de nuevo a su pareja en su sillón. – Déjalo en mis manos. Tu tienes trabajo aquí… Además debes cuidar a nuestros hijos.

Si esos hombres llegaban a infiltrarse en la Torre antes de que los descubrieran a todos y, sus hijos… No, prefería que Tobirama no participara en esa ocasión y se quedara quietecito en su despacho con sus bebés. Así estaba seguro de que sus amados hijos estarían a salvo, para él eran lo más importante del mundo junto a su pareja. También le importaban su hermano y sobrinos y sus alumnos… A Mito la estimaba, así que también la ayudaría si fuera necesario… Hashirama era un incordio, que se jodiera… Aunque sabe, en el fondo, que si el Senju le necesitase puede que le ayudara.

A regañadientes el varón aceptó y dejó todo en manos de su capaz pareja y los hombres de los escuadrones anbu. Y sin dudarlo Izuna lo consiguió, algo en lo que tenía absoluta confianza, pero aun no volvía pues se estaba ocupando personalmente de interrogar a ese grupo de infiltrados para así poder descubrir si eran apenas una célula de un grupo más grande, si habían conseguido detenerles antes de esconder algún explosivo, si habían sido contratados por alguien o iban por libre…

–Niidaime-sama, ha ocurrido algo que debe atender con urgencia… El consejo y el feudal le solicitan inmediatamente.– Interrumpió su secretario.

Miró a sus hijos, aunque ahora estaban dormiditos en el parque que habían montado en el despacho.

–Yo los vigilaré señor, no se preocupe.

Tobirama asintió, sabía que podía confiar en su secretario, así que se marchó para atender esa reunión de emergencia.

(…)

Unas horas después Tobirama Senju volvía de estar reunido con el feudal y los miembros de su consejo… Vio cierta agitación en el ambiente, personas ir y volver de aquí para allí, como buscando algo.

–¿Y mis hijos? ¿Se han portado bien?– Preguntó a su agitado secretario que apareció en ese instante con clara ansiedad en sus gestos y semblante.

–Lo sentimos Hokage-sama… No se como, pe-pero estaban en su despacho tan tranquilos en su parque y de pronto ya no… Apenas me he tenido que ausentar un instante… Han sido como cinco segundos o así– El secretario se inclinó temeroso ante la cara furiosa del albino y como esos ojos rojos refulgían exigiendo su sangre.– Los anbus que han vuelto de la búsqueda los están buscando junto a los que trabajan en la Torre y yo ahora vo-voy… Voy a continuar…. Lo-lo siento.

–Más te vale que los encuentres.– Soltó furioso y conteniéndose a duras penas de hacer algo que no debía.

Entró en su despacho cabreado… Dejaría esos pergaminos que cargaba y se pondría a buscar a Hajime y Kano, porque estaba rodeado de incompetentes. Encima su pareja llegaría en…

–Niidaime.

Una profunda y sensual voz le sobresaltó. No, rectificaba… Su pareja ya estaba allí.

–Izuna… ¿Todo solucionado?

–Si, si… ¿Y nuestros hijos?– Miró por todo el despacho, especialmente en ese parquecito donde deberían estar pero ni los veía ni los sentía cerca.

–Verás…– No le mentiría, no a Izuna.– Mi secretario los ha perdido.

–¡¿CÓMO?!– Rugió el Uchiha y salió hecho una fiera de ese despacho. Mataría a ese hombre.

–Izuna… ¡IZUNA!– Salió en pos de su pareja, no podía dejarle matar a su secretario… Aunque él también se moría de ganas de hacerlo.

–Lo mataré por inútil… Como les suceda algo a nuestros hijos…

–Vamos a buscarles primero, es lo más importante ahora.– Mejor que matar a su empleado.

Y así ambos se fueron a buscar a sus hijos, algo que les resultó sencillo hacer. Ambos eran buenos sensores, Tobirama en realidad era el mejor ninja sensor que existía. Pero al hallar a sus bebés se quedaron asombrados…

–Kano… Hajime…– Dijeron ambos al ver a sus hijos entre los estantes de la biblioteca caminando algo tambaleantes uno al lado del otro.

– Mis pequeños…– Soltó Izuna con voz cargada de ternura al verles de esa forma. La emoción hizo que sus oscuros ojos se humedecieran. No sólo habían hallado a sus hijos y estos estaban bien, sino que estaban de pie y dando sus primeros pasitos, estaba feliz por poder presenciar ese importante evento. Era un andar algo inestable el de sus mellizos pero a la vez les permitía desplazarse a un ritmo más rápido que gateando, por eso habían desaparecido tan veloces.

Tobirama por su parte miró a sus dos hijos con orgullo y le pasó un brazo por los hombros a Izuna al sentirle tan emocionado, le besó en la sien… Era extraño ver a su pareja conmocionado de esa forma, pero lo entendía… A él también le enternecía ver como andaban sus hijos.

–Mama… Papa…– Dijeron ambos bebés al escuchar a su madre y cuando se giraron y vieron a sus padres ahí mirándoles con ese amor en sus miradas rieron alegres. Sonriendo empezaron a caminar hacía esos padres a los que amaban y, sus pasitos aceleraron al ver como papá y mamá se agachaban con los brazos estirados hacía ellos para recibirles. Sonrieron más grande mientras volvían a llamarles. Amaban mucho a su mamá y a su papá y sentían que sus progenitores también les amaban mucho a ellos.

CONTINUARÁ...

(*) Justo continúa del capítulo: Primeras palabras.