Pasado…

Kanao despertó relativamente tarde a juzgar por el sonido de aves que había afuera. Tenían que ser las nueve y cuarto al menos. Aunque no era raro que hubiera días que, debido a sus misiones nocturnas se despertara a las diez o incluso once de la mañana, para reponer el sueño perdido. Recordaba incluso que en una ocasión que Genya se quedo a en la Finca de las Mariposas, el pobre llegó a las seis de la mañana y no se despertó hasta las dos y cuarto de la tarde.

Kanao trato de estirarse pese al dolor que invadía su tórax y hacer un esfuerzo por que la peste a cadáveres no le molestara tanto. Ella aún recordaba el trato que había hecho con ese demonio y que posiblemente en un rato más comenzaría su entrenamiento. Sin embargo, había algo que debía atender antes de eso.

- ¿Sabes donde puedo hacer…? – Kanao no sabía como decir las cosas. Era muy vergonzoso preguntarle en que lugar defecar, orinar o atender su período a cualquier varón, peor aún a un demonio.

- ¿Hacer que? – Rezongó el demonio, molesto por que hubieran interrumpido su sueño.

Akaza solía entrenar durante las tardes para estar como nuevo en la noche, pero las mañanas eran exclusivas para su relajación y sueño, recostándose cerca de su "alacena" de carne humana, para así, asegurarse de tener algo que "desayunar" tan pronto despertara.

- Tengo que ir al baño. - Especifico Kanao.

- ¿No puedes esperar hasta la noche y hacerlo afuera? – Preguntó Akaza.

Generalmente la Tercera Luna Superior esperaba hasta la noche, siendo su control de esfínteres realmente inhumano, e incluso podían pasar meses enteros en que su cuerpo le pidiera deshacerse de lo que ya no le era útil, por lo que generalmente se esperaba a que no hubiera luz para descargarse en algún matorral del bosque.

- No, no puedo. – Dijo Kanao apenada.

- ¿Es un chiste? ¡Claro que puedes! – Exclamó el demonio sin levantarse de su lugar.

- No. Tengo que salir hacerlo.

Mierda. Ahora Akaza sospechaba el plan de Kanao. Ella quería dirigirse a la puerta con la excusa de ir al baño e intentar de exponerlo a la luz del sol y matarlo. O simplemente huir y permitir que supieran de su escondite. Quizá tratar de aliarse con ella fue muy mala idea. Kanao no era la primera persona que le trataba de jugar ese truco sucio, sin embargo, Akaza no iba a caer tan fácil.

- Si te urge atender tus necesidades hazlo aquí mismo. – Dijo Akaza, volteando su mirada a otro lado, completamente convencido de que las palabras de Kanao eran mentiras.

Kanao tragó saliva, sintiéndose sucia ante esa idea. Recordaba que su madre solía azotarla cuando era una pequeña si por accidente orinaba en algún lugar de la casa, haciéndola sangrar incluso en esas palizas. ¿Qué tal si Akaza hacía lo mismo con ella? Sin embargo, Kanao trató de racionalizar las cosas. Quizá, Akaza no se enojaría con ella, después de todo, aquella casa era ya de por si peor que un basurero, infestado de insectos, con un insoportable olor a carne humana pudriéndose, humedad y polvo. Quizá para aquel demonio las inmundicias humanas no eran nada. Además, ese lugar era completamente obscuro. No había forma de que el la fuera a espiar con algún fin pervertido.

Kanao tomo aire y con mucho trabajo se puso de pie, tratando de ignorar el dolor de sus costillas. Ella comenzó a subirse la falda, para luego empezar a quitarse sus pantimedias y poder hacer sus necesidades. Fue cuando Akaza, volvió a poner su mirada en la joven y la vio a punto de quitarse la ropa interior que el demonio, avergonzado de dudar de ella y apenado al verla en paños menores gritó.

- ¡Detente! ¡Ponte la ropa y no lo hagas en la casa! ¡Ya está! ¡Puedes salir afuera a hacer eso! ¡Solo cuida que no abras mucho la puerta! – Gritó Akaza, mientras se arrinconaba en la parte más distante de la casa, para asegurarse que no le diera ni un rayo de sol.

Kanao se horrorizó. ¿Acaso el la había visto desvistiéndose? Rápidamente Kanao se acomodó su ropa y a ciegas trató de encontrar la salida, pegándose a la pared, hasta sentir la puerta, la cual trató de abrir a toda prisa, sin dejar que entrara mucho sol a la casa. La chica salió de prisa y por lo que Akaza pudo ver muy apenada.

"¿Entonces nada de eso había sido un truco?" Pensó Akaza.

Akaza había olvidado como funcionaban los humanos. A diferencia de demonios como Daki y Gyutaro que vivían entre humanos y sabían mucho de ellos, el solo se acercaba a los humanos para comer, eligiendo generalmente personas fuertes o al menos hombres que le parecieran interesantes. Por lo que tardó un buen rato en comprender que Kanao no era capaz retener sus necesidades biológicas por tanto tiempo y que ella no podía ver absolutamente nada en aquel escondrijo sin ventanas o cualquier tragaluz. Los ojos de Akaza podían ver en la más absoluta obscuridad, al grado de a veces llegar a leer en su escondrijo como si nada, sin embargo, la pobre Kanao no tenía lugar a donde mirar. ¡Y para colmo estaba herida! ¡Si tan solo fuera un demonio esas heridas ya serían historia! Pero por supuesto, no quería apresurar las cosas. Si Kanao iba a ser un demonio Akaza quería que fuera bajo su propia voluntad. Por el momento se tenía que enfocar en hacerle las curaciones necesarias a esa chica. Y en conseguir un orinal para evitar tantas salidas de día.

Fueron menos de diez minutos cuando Kanao reapareció, volviéndose a encerrar cuidadosamente en aquella cabaña. Una vez que la sala se quedó completamente a obscuras Azaka, decidió hacer uso de la lámpara de petróleo que milagrosamente había guardado en aquella casa, dándole un poco de luz a Kanao para poder ver y no tropezarse. Milagrosamente, Akaza no había olvidado todo de los humanos, sabiendo que quizá Kanao pudiera tener hambre, sacó del baúl un par de botellas de ramune, una bolsita de caramelos, así como algunas sardinas secas y un mendrugo de pan.

- Ten. Supongo que eso te bastará para comer por ahora. – Dijo Akaza, mostrándole a Kanao la comida a la chica, algo avergonzado de que el hubiera pensado que ella trataría de romper su alianza.

- ¿Y después de eso entrenamos? – Preguntó Kanao.

- Aún es muy temprano para eso, además sigues herida. Come y cuando termines trata de descansar. Más tarde iré por medicina para tus heridas y quizá mañana comencemos por lo básico. Por ahora descansa y disfruta. – Contestó educadamente Akaza.

Kanao asintió y comenzó a comer, comenzando a añorar la comida que preparaba Aoi desde la primera mordida. El pan si bien no estaba podrido, estaba increíblemente duro y las sardinas sabían medio rancias. Dio gracias al cielo que al menos hubiera caramelos de fruta como postre y algo de su bebida favorita para lavarse el mal sabor de aquella comida. Aunque al menos esa comida era mejor que la mugre que le solía dar de comer su familia y aquel horrible pervertido al que ellos la habían vendido. Solo pensar en las veces que su arroz aguado tenía más gorgojos que granos, los días que terminaba comiendo cascaras de fruta y verdura tiradas a la basura o las veces que le daban solo huesos como si fuera un perro le hacía sentir asqueada…

- ¿No te gustó? – Preguntó Akaza a Kanao, sacándola de sus pensamientos.

Kanao no quiso responder, pero Akaza pareció intuir lo que pensaba la chica.

- Sabes, a veces olvido que a los humanos también les gusta la comida fresca. Si quieres en la noche puedo ir de pesca o incluso podríamos ir un poco más debajo de la montaña. Allí afueras de un pueblo vive una vieja viuda que vende fideos para mantenerse. Al parecer a la gente le gusta comprarle a ella y tengo mucho dinero a la mano. – Dijo Akaza omitiendo por completo de que el era quien había devorado al marido de dicha mujer hacía años y que el dinero que tenía era solamente lo que había logrado sacar de los bolsillos de sus víctimas.

- No es mala idea. – Contestó Kanao aliviada de ya no tener que alimentarse de pan duro y aquellas sardinas de dudosa calidad.

Akaza sonrió al verla tan complacida ante la luz de la lámpara de petróleo. Pese a no querer admitirlo esa chica era bastante adorable.

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Y bueno, otro pedacito más de la relación de Akaza y Kanao.

Monnie´s: La verdad para hablar del aborto en el capítulo anterior traté de ser lo más neutral posible y me basé en la legislación japonesa que existía en ese entonces. Al parecer fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial que permitieron el aborto en casos de violación y razones económicas, siendo el aborto inducido castigado en la Era Taisho. Curiosamente uno de los miembros que formó la Alianza para la Reforma de la Ley Antiaborto de Japón en los años 30 (ósea poco después de la era Taisho) fue Abe Isoo quien fue un miembro socialista cristiano del Parlamento Japonés quien contribuyó a la popularización del baseball en Japón siendo considerado como el "padre del baseball japonés".

Como siempre Monnies, muchas gracias por el comentario tan lindo y también agradezco a mis lectores silenciosos, les deseo lo mejor este verano.