-Vaya vaya, pero si es Aaron Hotchner en persona. -
Durante los muchos años de conocerlo, jamás había visto que me mirara a mí de esa forma, la pequeña parte rota de mí, quería hacerse pequeña, intentar desaparecer en esa silla, pero la mujer que se había tenido que reconstruir de partes sin encajar no se iba a dejar.
-Dije que te arrepentirías de haberme roto el corazón, Hotch-
Nos habíamos conocido en la universidad, se había dado un tiempo con Haley y ambos teníamos la misma clase de Leyes y Procedimiento Penal. Desde el primer día me había llamado la atención, como no hacerlo si la presencia Aaron Hotchner se sentía cuando entraba en la habitación.
La primera vez que hablamos fue en la biblioteca, estudiamos juntos para nuestro primer examen, no hablamos mucho más allá de pedir aclaraciones el uno al otro sobre temas que no sabíamos. Todas las preguntas que hice sabía su respuesta, pero escucharlo hablar era una droga. Al final de la noche, se sonrojó cuando lo besé en la mejilla y le agradecí por haberme ayudado, el mundo podría haber terminado ahí y yo habría muerto feliz.
A partir de ese día, estudiábamos juntos, salíamos a bailar, pasábamos tiempo juntos, hasta que llegaron las vacaciones de invierno y no me llamó ni una sola vez, a pesar de todas las veces que lo llamé y no contestó.
Cuando regresamos a la escuela, por más que lo buscaba, no lo encontraba; pero mis amigos decían que, si lo habían visto, así que pensé que solo estaba muy ocupado.
Hasta que lo vi un fin de semana tomado de la mano con Haley.
Pero tú eres mío.
Mío y de nadie más.
Mío.
MÍO.
NO DE ELLA.
Estaban comprometidos. Se casarían en primavera.
Ambos nos graduamos con honores, pero él estaba sosteniendo la mano de ella. Anunciando felizmente, a su manera, que había entrado al SWAT.
Los años pasaron y aunque jamás me volvió a llamar, yo sabía perfectamente que estaba haciendo. Del SWAT a Fiscal de Distrito, a Agente del FBI, a Jefe de la Unidad de Análisis Conductual.
A Padre.
Esa maldita zorra iba a tener a su bebé.
Suyo.
Debía ser nuestro.
No ella.
Yo siempre había querido hacer el bien. Jamás había entrado en mi mente el dañar a alguien. No cuando se casó con Haley. No cuando nació su hijo. No hasta que la conocí.
Una chica joven y hermosa, que tenía mi edad cuando conocía Hotch. Su prometido la había echado de su apartamento para casarse con su amante embarazada.
Su madre era quien me había contactado. Ella se había suicidado porque no había podido soportar con tal dolor, especialmente porque ella había perdido a su bebé un mes antes. Querían hacerlo pagar por su muerte.
El juez dictó que él era inocente. Pero ¿cómo podía ser inocente ese hombre? Había causado que una chica diera su vida porque no sabía mantenerla en sus pantalones.
Después de eso, casi pierdo la noción del tiempo. Solo podía saber cómo pasaban los años, contando los cumpleaños de Jack. El día que Hotch me atrapó, Jack tenía 6 años 4 meses y 21 días.
David Rossi entró en la habitación junto con Jennifer Jareau, plasmé mi mejor sonrisa porque el juego acababa de comenzar.
-Puedes llamar a tu abogado en el momento que quieras, ¿Lo sabes verdad? – me dijo el italiano, mientras que la rubia me miraba intentando leer mi mente.
-Se los agradezco, pero sin ofender, solo hablaré con Aaron-
Se quedaron un par de instantes hasta que salieron por la misma puerta que entraron. Seguí mirando hacia el espejo, sabiendo que, del otro lado, Hotch estaba ahí, mirándome.
Aunque no era una persona paciente, esperé, sabiendo que, aunque yo no podía verlo, en todos y cada uno de esos segundos Aaron me estaba mirando.
No sé cuánto tiempo tardó en entrar a verme, pero a pesar de que habían sido sus órdenes el tenerme esposada a esa mesa, no pude evitar lamerme los labios. Ese hombre envejeció como el buen vino. Cuanto no daría para que me empujara contra la mesa y le diéramos un hermanito a Jack.
-Vaya vaya, pero si es Aaron Hotchner en persona. Me alegra verte después de todos estos años-
Nada se delataba en su rostro, pero yo había derribado esos muros una vez, sabía que podía volver a hacerlo.
