Moroha gimió frustrada mientras flexionaba sus garras, las observaba como si buscara una imperfección oculta.
-Nada en esta vida puede ser fácil ¿verdad? -dijo sin mirar a su acompañante.
-Supongo que no-respondió el monje con una sonrisa amable-pero recuerda que nada por lo que valga luchar es fácil.
Ella respiró hondo y volvió a cruzar las piernas sobre la roca donde estaba sentada, cerro los ojos y se centró en la meditación, con las manos extendidas mirando al cielo. Miroku, el viejo amigo de sus padres la miraba con atención, mientras ella trataba de controlar su reikki y concentrarlo en sus garras, para utilizarlas en batalla, de forma parecida a como concentraba su poder en Kamigami no kiba.
Miroku estaba maravillado de su tenacidad, llevaba días luchando por su objetivo y no tenia la cara de alguien que se fuera a rendir pronto.
Hace algún tiempo el y Sango supieron sobre Moroha, gracias a Hisui. Al principio el monje y la exterminadora retirada no creyeron que se tratase de la hija de sus desaparecidos amigos, pero conforme más detalles salieron, más difícil se hacía no buscarla para encontrar confirmación.
Es decir. ¿Cuántas chicas parte demonio con poderes espirituales y traje de rata de fuego podía haber en Japón?
Luego cuando Sango y Miroku fueron a la aldea y pidieron ver a la chica, simplemente lo supieron. Ella no podía no ser hija de Kagome e Inuyasha, lo tenia escrito en cada mínima parte de su ser. Sango rompió a llorar, provocando mucha confusión e incomodidad a Moroha y Hisui, el propio Miroku se contuvo de reaccionar igual, ya que tenía... tantos sentimientos encontrados.
Estaba feliz de ver a la chica viva y fuerte.
Pero estaba tan triste de que sus amigos no pudieran verla... y que hubiera crecido lejos del resto de la familia, porque, por supuesto que para Sango y Miroku la chica era su familia.
Aun así, Miroku agradecía a Buda todos los días porque la chica de algún modo, se abrió paso y logró hacerse una vida, una vida mucho mejor que la que seguramente tuvo Inuyasha en los muchos años que vivió antes de conocer a Kikyo y Kagome.
Pero, de todos modos, no iban a perder otro segundo.
Kagome e Inuyasha no estaban, pero Sango y Miroku si, y se lo recordarían a Moroha como pudieran.
-Respira profundo, siente tu reikki circulando por tu cuerpo y como se reúne en cada una de tus garras-dijo el monje con su voz mas calmada-deberás ser capaz de tener consciencia de tu cuerpo, como una segunda naturaleza, no importa la situación en la que estés, porque solo así podrás controlar tu poder a la perfección, aunque te encuentres en el fragor de la batalla.
Era más fácil decirlo que hacerlo.
Por ahora Moroha encontraba la tarea difícil, incluso en la paz del bosque, así que era casi un sueño verse a si misma teniendo tanto control de su reikki que pudiera evocarlo a través garras incluso mientras luchaba por su vida.
Se concentró un poco más.
Y lo tuvo.
- ¡Garras sagradas! -Exclamó y cortó con su mano derecha.
Miroku hizo un sonido sorprendido y sonrió con satisfacción.
Un as de poder espiritual trazó el camino por donde pasaron sus garras y se atenuó hasta desaparecer poco después.
-¿Lo viste tío Miroku? ¡Lo hice!-Celebró Moroha con una sonrisa que exhibía sus colmillos prominentes.
-¡Maravilloso trabajo!-Felicitó el monje sonriendo aún más ante la emoción de la chica- ahora debes practicarlo hasta que lo puedas usar tan naturalmente como tus otros ataques. Sé que no es fácil, pero ser un buen arquero tampoco y tu lo haces bastante bien.
La hija de Inuyasha se recuperó de su euforia y suspiró mirando sus garras.
-Cuestión de practicar todos los días, supongo que tendré que hacer lo mismo con esto, aunque es un poco agotador.
-Eres talentosa y dedicada, no tengo dudas sobre que lo conseguirás tarde o temprano-dijo el monje tomando asiento junto a la adolescente-tu madre era muy talentosa y poderosa, incluso sin entrenamiento, y también estudiaba para eso que en su tiempo llamaban "exámenes de admisión" mientras luchábamos contra Naraku, era muy difícil, nunca entendí como podía hacer tanto a la vez, pero lo consiguió.
Moroha mantuvo una sonrisa agridulce. Por una parte, era un poco doloroso oír sobre los padres que no conoció, pero por otro, se sentía bien escuchar sobre ellos, no las historias vagas de ellos como los héroes que vencieron a Naraku, sino las historias que podían contar aquellos que los conocieron personalmente, hacia que Moroha los pudiera sentir como personas reales.
Abrazó al monje sorprendiéndolo gratamente.
-Gracias tío, por entrenarme y animarme.
-No me agradezcas, no estuve para ti la mayor parte de tu vida, así que no puedo perder la oportunidad de compensarlo.
-Estas haciendo un gran trabajo, entonces.
Ella se separó un poco de él.
-Espero que sí. Seria casi un crimen no entrenar a alguien con tanto potencial, tu reikki es impresionante, el mundo necesita más espiritistas poderosos.
La sonrisa de ella se volvió una mueca y eso llamó la atención del monje.
-No lo sé la verdad...
-¿Moroha?
Ella se negó a mirarlo a la cara.
-Aunque tenga mucho poder, no creo que pueda ser considerada una verdadera sacerdotisa-Admitió ella, trayendo conmoción a Miroku-ya sabes, soy una anomalía, no se supone que un ser demoniaco tenga estos poderes, la mayoría de las personas fuera de mi aldea no dejarían que los ayudara después de ver mis garras y colmillos.
Ella recordó un desagradable episodio. Solo un mes antes la aldea recibió a algunos soldados heridos, y Kaede no podía atenderlos a todos, así que pidió ayuda a Moroha, como su aprendiz. Los dos primeros heridos miraron a la hanyou con sospecha, pero fueron lo bastante inteligentes como para no hacer comentarios desagradables, pero el tercero que había estado inconsciente... cuando despertó y vio a la joven mujer de rojo cuidando una herida en su pierna, grito.
Y trató de usar su espada contra ella.
Por suerte un hombre lisiado no era amenaza para Moroha.
Rápidamente le dobló la muñeca y lo obligó a despojarse de su arma, él mientras maldecía y decía toda clase de atrocidades como: "¿En que clase de pueblo dejan que los demonios atiendan heridos?", "Pequeña puta hija del demonio", "Sangre inmunda", "Bestia malnacida" entre otras muchas cosas.
Kaede y unos hombres de la aldea tuvieron que controlarlo, antes de que Moroha estuviera obligada a hacerle daño. Luego de tal espectáculo, la princesa carmesí no estaba interesada en atender al bastardo escandaloso, en realidad, necesitó toda su voluntad para no silenciarlo, para siempre. Sin embargo, también sentía un fuerte dolor en su pecho, ella solo quería ayudarlo a recuperarse y en cambio se atrevía a insultarla.
Towa había comentado que Moroha a pesar de ser codiciosa, era una persona bien intencionada, y que sentía el deseo, casi la necesidad, de ayudar a quienes sufrían. De esa forma terminó aprendiendo medicina con la anciana Kaede en primer lugar.
No sabia si era su parte humana, o alguna otra cosa, pero hubo momentos en los que deseaba despojarse de todo ello y que simplemente no le importara. Quizá esa era otra posible explicación para su codicia, si solo pensaba en el dinero, no haría cosas estúpidas como ayudar a soldados heridos y malagradecidos.
-No sé qué te haya pasado-dijo Miroku tomando la cara de la chica con ambas manos-pero quien sea que te haya hecho pensar eso, está equivocado, igual que todos estaban equivocados con tu padre.
-¿Equivocados con mi padre?
-Lo que la gente no sabe o no cuenta de tu padre. Inuyasha vivió en soledad muchos años, fue tan despreciado que creyó que no podía confiar en nadie, estaba convencido que ese sería para siempre su destino-Explicó con determinación.-Pero no fue hasta que encontró una persona en la que podía confiar, una persona que poco a poco lo cambió, que otros comenzaron a entrar en su vida.
El monje tomó aire.
-No puedes dejar que personas quienes irracionalmente te odian y quieren hacerte daño, definan quien eres y qué puedes o no puedes hacer en tu vida-Continuó, ante la mirada atónita de Moroha.-No creas jamás lo que te dice esa gente. Hay quienes estaban convencidos que tu padre era una bestia fracasada, pero sé que era mas poderoso que la mayoría de los youkai puros que he visto en mi vida, y se encargó que todos lo tuvieran claro de un modo u otro. Decían que un hanyou no merecía ser amado, y aun así Inuyasha fue amado por dos mujeres extraordinarias y por nosotros, sus amigos. Si él hubiera creído lo que le dijeron, tu nunca hubieras nacido, querida Moroha.
La chica no sabe cuando los ojos se le llenaron de lágrimas, pero para cuando Miroku hizo una pausa a su discurso, ya Moroha tenía las mejillas húmedas. De algún modo no le importó, estaba demasiado absorta en las palabras de su tío.
-Siempre hay quienes no te aceptarán, sin importar lo que hagas-agregó él limpiando las lagrimas de la joven.-pero lo importante es pasar de esas personas, encontrar a quienes valen la pena, y demostrarles que no eres como las malas personas dicen. Y por encima de todo, tu existencia y tus poderes espirituales no son un error.
-¿Como pueden no serlo? No se supone que el youkii y reikki coexistan-dijo Moroha con una voz pequeña.
-Pero sucedió-Dijo el siervo de Buda con una amable sonrisa.-Las personas no esperan que un mitad demonio y una sacerdotisa se enamoren, pero sucedió y aquí estás como prueba. Creo que los dioses solo conceden grandes dones espirituales a las personas con almas que, por naturaleza, son bondadosas, personas que desde lo más profundo de su ser quieren curar y salvar a los demás. Es verdad que hay espiritistas malvados, pero su reikki tiende a ser menor y el hecho de que tengan tales poderes, es una verdadera aberración, una anomalía, tu no lo eres. De corazón eres una sacerdotisa tan verdadera como tu madre, Kaede, Kikyo y hasta Midoriko.
Muchas veces Moroha tendría que repetirse a sí misma esa última oración, una y otra vez, para no rendirse como sacerdotisa, a pesar de las objeciones y convencerse que, de ningún modo, ella era un error.
Era un día cálido y despejado en las cercanías a la aldea de Kaede, cuando dos de las tres jóvenes princesas practicaban sus movimientos. Moroha holgazaneaba en una colina mientras sus primas se movían a gran velocidad de un lado al otro en apretado combate.
Setsuna se estaba forzando a defenderse y atacar únicamente con su látigo venenoso, a la vez que Towa la presionaba con su espada. La hanyou castaña estaba acostumbrada a depender de su naginata para el combate, pero si se daba el peor escenario donde tuviera que luchar solo con sus manos, prefería estar preparada, con la esperanza de que eso la ayudara a no caer en su estado de demonia completa y poner todo aún peor.
-¡Vamos Setsuna!, ¡Sé que puedes hacerlo mejor!-Instigó Towa rechazando el filoso y letal apéndice de su hermana.
Setsuna no respondió a la provocación.
Repentinamente un extraño sonido y un mal presentimiento las hizo retroceder a ambas, en direcciones opuestas. Hicieron bien, pues un enorme rayo cayó del cielo donde ambas habían estado paradas, causando una explosión que despertó a Moroha y la puso súbitamente en alerta máxima.
-¿Quien mierda...?-Se quejó ella con una mano en Kurikaramaru.
-Así que aquí estaban, es una suerte que sean tan escandalosas como sus padres-dijo una voz conocida.
-¿Totosai?-Expresó Towa sorprendida al verlo sobre su toro de tres ojos, tras el polvo asentándose.
-El mismo-Admitió el anciano con una pequeña sonrisa.-Traje algo para Setsuna.
Entonces el youkai levantó una naginata que llevaba consigo y la desenvolvió de la tela protectora que guardaba su hoja.
-Wow, que hermosa-comentó la peliplateada enfundado su espada y acercándose al anciano.
Moroha y Setsuna estaba igual de cautivadas con el arma. La naginata era color violeta con detalles dorados, su hoja era mas larga y elaborada que la de Kanimitsu no tomoe, y su decoración era completada con un penacho de pelaje semi castaño colgando de la base de la hoja, haciendo juego con el mokomoko de Setsuna.
-Gracias, realmente tomó mucho trabajo hacerla-Comentó Totosai ofreciendo la naginata-Esta es Yukari no Tachikiri, tu padre me la encargó poco antes de la batalla contra Kirinmaru.
-¿Antes de Kirinmaru...?-Repitió Setsuna frunciendo un poco las cejas, mientras recibía su arma y contemplaba su aspecto de cerca.
-Pero eso fue hace años. No tardaste tanto en forjar mi espada ni en reparar la Tenseiga de Towa.-Discutió Moroha, confundida.
-Es que no tardé tanto...-Confesó Totosai.
Todas lo miraron esperando respuestas.
-Simplemente lo olvidé-Agregó finalmente, encogiéndose de hombros y con una sonrisa inocente.
Towa se apresuró a sujetar el brazo de Moroha antes de que golpeara al anciano. Youkai o no, Towa no quería levantar la mano a personas mayores y con algún tipo de demencia senil, o en su defecto, dejar que su hermana o su prima lo hicieran, dado el caso.
-Moroha, no golpees a los mayores, sobre todo si es quien forja tus armas-Regañó la peliplateada a su prima.
La hija de Inuyasha no respondió a su reprimenda.
-Tienes suerte de que no hayamos necesitado esa arma en todo este tiempo, o juro que ya mi abuelo estaría dándote la bienvenida al otro mundo-Dijo la princesa carmesí con una mueca descontenta hacia el herrero.
-No seas tan cruel jovencita, yo solo soy un anciano y Sesshomaru ha estado perdido últimamente, hace mucho que no lo veo-Se quejó tristemente Totosai-No tenía a nadie que me recordara entregar a Yukari no Tachikiri.
-Lo importante es que ahora está aquí, el resto es irrelevante-Declaró Setsuna haciendo movimientos con la susodicha arma, comparándola con su otra naginata.
-Tu padre estaba preocupado de que tu poder fuera demasiado para ser manejado por Kanimitsu no tomoe, a pesar de que me encargó reforzarla-Le hizo saber el herrero.
Eso distrajo la atención de Towa y Moroha.
-Entonces fue él quien se la llevó esa vez... -Dijo la menor.
-Y quien la trajo de regreso, reforjada.-Razonó la primogénita de Sesshomaru.
El anciano asintió rápidamente.
-Quizá lo juzgué un poco mal-Admitió la hanyou de ojos rojos, aun teniendo muchas dudas.
-Tu padre es aterrador y bastante insensible, pero creo que hace lo que puede... siendo quien es, trata de ayudarlas en su camino, pero asegurándose de que ustedes mismas resuelvan sus propios problemas... o algo así dijo Myoga-Justificó tocando su barba, como tratando de recordar lo que la pulga dijo.
Moroha se zafó de Towa y le dio la espalda al anciano youkai, buscando no ser incitada a la venganza por su imagen, echó mano de lo que había estado aprendiendo en la meditación para preservar su autocontrol.
-Pues bien, por nosotras que seguimos vivas-Comentó irónicamente Moroha un poco de mal humor, aun guardando rencor a Totosai por su colmillo perdido de forma traumática, así que para no arremeter decidió desviar sus impulsos a otro lado.-Setsuna, vamos a probar esa nueva arma tuya, si es mejor que Kanimitsu no tomoe, quiero verla en acción de inmediato.
Setsuna tocaba la hoja de su arma y sonrió.
-Con placer.
-¡Recibe esto Towa! ¡Koryouha!-Exclamó la chica demonio, liberando su mortal dragón de fuego.
La susodicha bloqueó con su propia espada el impacto y el poder de este se desvió a su alrededor. El youki se arremolinó a su alrededor sin estar seguro de que forma tomar o a donde ir, a pesar de los esfuerzos de la hanyou mayor por afianzar su dominio sobre la energía del ataque de Moroha.
Las llamas del Koryouha bailaban en torno a la hibrida cuando repentinamente tomaron un color azulado y la apariencia del youki pasó de ser llameante, a parecer casi como relámpagos que poco a poco se reunían en torno a la hoja temblorosa de Kikujoumonji.
Moroha contuvo la respiración ante la escena, pues le traía recuerdos de cuando Setsuna fue resucitada.
-Yo... - Gimió de dolor y frustración la hanyou plateada-¡No puedo...!
La espada se le escapó de las manos y cayó a poca distancia, a la vez que la joven guerrera, con un jadeo, colapsaba en el pasto.
-¡Towa!-gritó Moroha estando a su lado rápidamente, notando que su prima no intentaba levantarse-¿Estás bien?
-Si... -Dijo con cierto desánimo-No puedo creer que se me escapó, ¡Estuvo tan cerca!
-Seguro la próxima, casi lo tenías-La animó la otra chica-Si pudiste manejar a Tenseiga sin su hoja, puedes con esto.
-A veces creo que fue solo suerte, que pudiera lograrlo esa vez.-Se quejó la peliplateada levantándose con languidez, mientras Moroha estaba atenta por si necesitaba ayuda en algún instante.
-Por mi parte pienso que fue porque esa vez la vida de Setsuna estaba en juego, la presión o bien te rompe, o te empuja a limites inesperados.-Reflexionó, percibiendo como todavía el youki reunido por Towa seguía revoloteando dentro de su cuerpo, aunque a simple vista no fuera notable.
Antes, la primogénita de Sesshomaru había capturado los ataques de sus enemigos para redirigirlos a su favor, pero ese poder claramente tenía sus limitaciones. Si el golpe recibido tenía demasiado youki, aparte de sobrevivir a los daños que pudiera causar, Towa también la pasaría bastante mal tratando de controlar todo el nuevo y ajeno poder para usarlo con éxito en batalla. Con sus capacidades actuales, Towa podía salir indemne de la mayoría de situaciones, pero tendría problemas para manejar el youki de enemigos más poderosos, como Kirinmaru.
Así que decidió empujar sus límites y en su entorno inmediato no había nadie con suficiente poder para eso, salvo Moroha y Setsuna.
Towa se frotó la parte trasera de la cabeza, aliviando el dolor que el esfuerzo del entrenamiento le había provocado y notando, un poco sorprendida, que la nueva trenza que usaba todavía se sostenía. Towa al principio tuvo sus dudas sobre dejarse crecer el cabello, pero su antiguo corte era demasiado extraño para la época y atraería aún más miradas indiscretas, de las que ya causaba con su aspecto no del todo humano, así que decidió liberarlo en una larga melena blanquecina, similar a Sesshomaru, aunque después Shiori insistió en que trenzado le quedaría bien y sería más practico en batalla.
-Entonces es una suerte que no esté rota-Admitió ella con soltura, pero con un atisbo de desanimo-No creo que alguna vez hubiera podido recuperarme de la muerte de Setsuna.
-Por suerte nunca tendremos que saber lo que hubiera pasado-Consoló Moroha tocándole un hombro demostrando su apoyo.
-Lo sé... pero aún me siento incomoda si no está cerca de mi-Admitió la pálida joven en tanto recogía su espada del suelo y la enfundaba nuevamente.-Incluso ahora, es un poco difícil concentrarme.
Setsuna había salido con Futa y Raita, sin especificar a donde iban, ni por qué.
-Lo puedo entender, Towa, créeme, a veces también tengo miedo-Confesó Moroha cruzando ambos brazos tras su cabeza, pero sin poder quitar la sombra preocupada que cubría sus rasgos.
Eso indisputablemente dejó estupefacta a Towa, y su expresión hizo que la sacerdotisa hiciera un mohín indignado.
-¡¿Que?!-Inquirió haciendo un amplió gesto con sus manos-Ustedes hasta hace poco, literalmente eran todo lo que tenía, primas o no. Siempre quise formar parte de una manada, y no me sentí así hasta... bueno, un tiempo antes de la batalla contra Kirinmaru, creo.
Towa tuvo problemas para encontrar que decir entonces. Le tomó un vergonzoso esfuerzo no reírse ni un poco del termino "manada" empleado por su prima, sonaba un poco primitivo para sus estándares, pero ella misma todavía tenía dificultad para asimilar que no era humana, sino hanyou, concretamente mitad inugami. Era surrealista y confuso asimilar que literalmente, ella era mitad perro.
-Lo siento, es que... no lo sabía, que te sentías así-Le dejó saber, cosa que ablandó el ceño fruncido de Moroha.
-Supongo que no, no se me da muy bien hablar de esas cosas-La medio hanyou, o hanyou, ni ella misma estaba segura, miró hacia el bosque cercano reflexivamente-Antes de eso, en la tribu de los hombres lobos, si bien no era abiertamente despreciada, no era muy popular tampoco. Así que encontrar a otros híbridos, se sintió como una oportunidad imperdible de tener donde encajar, supongo que por eso me molestó tanto que ustedes pasaran de mí y me dejaran con Jyubei y esa maldita deuda que yo no pedí.
Towa sabía que Moroha no intentaba ser cruel, pero eso no hizo mucho para evitar que su prima sintiera de pronto una fuerte culpa, por como trataron a Moroha en un principio.
-Sobre eso... no era nuestra intención, de verdad... -Iba a decir, cuando Moroha suspiró y se cruzó de brazos.
-No te preocupes, al menos ahora lo entiendo-Interrumpió ella-No me debían nada, y estaban ocupadas en sus asuntos, como todos los demás.
-De todos modos, creo que pudimos actuar mejor-Discutió un poco avergonzada-Creo que incluso Setsuna estuvo más consciente de tus sentimientos entonces, que yo, recuerdo que en algún momento me detuvo de decir algo, que probablemente te habría lastimado.
Moroha sonrió de manera agridulce.
-Seguramente, ella es probablemente la persona menos abierta que conozco, pero a menudo se detiene a ver cosas que los demás no-Reflexionó, de pronto siendo casi su yo despreocupado de todos los días, pero sin abandonar del todo su repentina seriedad-Y hablando de ella, sé que todavía tienes miedo, pero por el bien de su relación debes controlarlo. A nadie le gusta tener una sombra que los trate como inválidos, especialmente si están lejos de serlo.
Towa frunció el ceño.
-Pero soy su hermana.-Dijo como si eso hiciera diferencia.
-Puedes ser quien sea, su padre, su hermano, su hermana mayor, aunque eso vale una mierda si son gemelos, o su estúpida reencarnación, pero no hará que se sienta mejor-Argumentó la princesa carmesí-Sobre todo para alguien tan orgullosa como Setsuna, quien verá la sobre protección como un estorbo y una demostración de que no crees en su fuerza.
-Pero yo creo en su fuerza, sino no estaría aquí, estaría buscándola como loca ahora mismo-Insistió Towa.
-Lo sé. Ahora mismo lo manejas bastante bien, solo espero que, si algo grave sucede, todavía puedas hacerlo.
Towa se mordió el labio inferior, tratando de sacar nubes negras de su mente, que solo la llevarían a imaginar los más crudos escenarios.
-¡Ufff se estaban tardando!-Exclamó de pronto Moroha dándole la espada a Towa.-Jyubei ha estado impaciente por recibir más mercancía.
-¡Hanyou! ¡Entrégame esa perla o muere bajo mi garrote!-Gritó una voz de demonio.
Towa solo entonces se dio cuenta del considerable grupo de demonios que se habían congregado y se aproximaban a ellas, encabezados por un enorme oni con cara de toro y colmillos prominentes. La peliblanca había estado tan distraída que no detectó el desagradable aroma que los demonios expedían, pero por suerte Moroha lo hizo, eso solo le decía a Towa que, a pesar del tiempo, aun no dominaba del todo sus sentidos sobrehumanos.
La hija de Sesshomaru sacó su espada enseguida, aunque Moroha estaba más preocupada de contar a los demonios y hacer los cálculos de cuánto dinero ganaría con sus cadáveres.
-¡Moroha concéntrate!-Le dijo a ella.
-¡Animales inmundos, no me escucharon, les digo que me entreguen la perla!-Demando de nuevo el oni pisando con fuerza, haciendo estremecer a los otros youkais.
-Te escuchamos cara de vaca-Respondió la hija de Inuyasha, sonriendo y desenfundando a Kurikaramaru-¡Si quieres la perla, ven a buscarla! ¡Tu cabeza se venderá bien!
El oni parecía insultado, pero a la vez divertido por la osadía de la joven princesa.
-Grandes palabras para la bastarda de algún youkai degenerado.
-Creo que no es de por aquí-Comentó Towa mostrando desagrado en casa musculo de su cara.
-Seguro que no, si supiera quienes somos no sería tan fanfarrón-Estuvo de acuerdo Moroha.
-¡SILENCIO sangre sucia y ahora MUERAN!-Gritó el demonio y cargó contra ellas acompañado de sus ampones.
Towa con un movimiento de su espada creó una gran onda azul que destrozó a varios demonios que venían en carga, a la vez que ella misma se ponía fuera del camino del líder de los youkais. Al parecer el oni quería desquitarse con Moroha por llamarle "vaca" pues ignoró a Towa y fue tras la princesa más joven.
Lamentablemente para él, Moroha esquivó rápidamente su garrote, que dejó un enorme cráter en el suelo y aprovechando la oportunidad, saltó sobre el youkai y enterró un talón justo entre las cejas del demonio, empleándolo como trampolín para elevarse sobre los demonios justo detrás de su líder.
Towa fue rápidamente rodeada por una pequeña multitud de enemigos, de modo que solo pudo tener vistazos efímeros y difusos de la pelea de Moroha, pero sabía bien que la joven con capa carmesí estaba haciendo muchos destrozos, y el líder de los youkai debido al golpe en su rostro estaba parcialmente ciego.
No había mucho espacio, quizá Towa subestimó la cantidad de enemigos.
Recibió un impacto directo de lo que parecía una brillante bola de youki disparada por alguno de los demonios, sin embargo, la resistió y asimiló rápidamente. Era claro que su entrenamiento con las otras princesas tuvo sus frutos, incluso si todavía no podía parar ataques de Kirinmaru, los movimientos de aquellos molestos demonios, eran nada comparado con las técnicas de Setsuna y Moroha.
-¡¿Como es posible?!-Gritó presumiblemente el demonio que había lanzado la bola de youki.
Towa no lo confirmó, pero estaba segura que con su siguiente Soryuha dicho demonio y otros muchos murieron en un destello azulado. En un instante de ceguera debido al brillo, uno de los demonios, uno con aspecto de mantis, la atacó con sus pinzas, atrapándola en un abrazo letal.
La peliblanca tuvo que soltar su espada para detener las pinzas del youkai, antes de que subieran y le cortaran la garganta.
-¡Sujétala bien!-Dijo uno de ellos, una horrible serpiente que se envolvió en torno a Towa y el rival con quien estaba forcejeando-¿Ya no eres tan ruda eh hanyou...kukuku?
Towa percibió a un tercer youkai acercarse, como una mole justo hacia ellos. Si no los rechazaba ahora, sería el fin. Su youki se agitó y ardió bajo su piel. La hija de Sesshomaru gruñó mientras luchaba por su vida, cuando repentinamente sus músculos se fortalecieron y sintió como si la piel dura del demonio que la abrazaba, fuera tan fácil de romper como una ramita...
-¡Que MIERDA es aashhf ESO!-Exclamó la mantis youkai cuando tanto él, como sus compañeros fueron quemados y rechazados por una nube de chipas azules que emanaron del cuerpo de Towa.
Solo entonces la hanyou se dio cuenta que acaba de absorber el youki de los demonios, y lo había usado para separarse de ellos. Uno de ellos, el del cuerpo de serpiente, había muerto, incinerado por el poder de la medio inugami.
Towa recogió rápidamente su arma y partió a la mitad al youkai frente a ella, para luego de un rápido giró destrozar al faltante y otros desafortunados, con un rápido balanceo de Kikujoumonji.
En esos momentos Moroha pasaba por una situación similar, detenida de agitar a Kurikaramaru por varios youkais aferrados a su cuerpo, creándole varias nuevas heridas con sus colmillos y garras, ahí donde su armadura no podía protegerla.
-¡La tenemos jefe!-Avisó uno de los demonios.
El oni medio ciego gruñendo exclamó:
-¡Ahora veras pequeña escoria! ¡Te comeré de un mordisco!-Pareció orientarse, pues finalmente se movía hacia Moroha.
Moroha liberó uno de sus brazos y tomó la pequeña cantimplora hecha de bambú, que desde hacia tiempo llevaba consigo siempre que salía, acto seguido, bebió un largo sorbo y escupió un aluvión de agua salada sobre los demonios que la detenían de blandir su espada.
El efecto fue inmediato.
Los youkais gritaron. Los que recibieron el ataque directo se redujeron a poco mas que cenizas y los que tuvieron mejor suerte, solo se quemaron parcialmente.
Moroha repitió el ataque, mojando y matando a los enemigos que estaban inmediatamente a su alrededor. Eso le dio el tiempo suficiente para evitar, de una voltereta, el impacto del garrote, que venia por parte del furioso líder del ejército de demonios.
-¿Reikki?-Escuchó Moroha exclamar a alguien, con la más completa incredulidad.
-¿¡Qué clase de monstruo es esa mujer!?-Declaró un youkai.
-¡Come esto mejor, vaca!-Profirió la hija de Inuyasha, ignorando todo dolor físico-¡KORYOUHA!
El oni logró parar parcialmente la técnica usando su garrote, pero no sin recibir varias quemadas y cortes profundos, que le hicieron retroceder para recuperarse.
-¡Cuidado Moroha!-Advirtió Towa, a la vez que una onda de choque azul hacia pedazos a varios youkais que pretendían atacar a Moroha por su espalda.
Moroha notó que aún quedaba un buen número de demonios en el lugar, además de su líder. La batalla se prolongaría un buen rato si todo continuaba así, y no tenían garantías de que el oni no recibiría refuerzos, así que la medio hanyou llegó a una conclusión.
Había que tomar medidas extremas para terminar la batalla.
Buscó a toda prisa dentro de su ropa y sacó la pequeña concha marina que contenía el labial carmesí. Había estado evitando su uso, pues sus poderes básicos habían aumentado y no necesitaba empujones extras desde hace algún tiempo, además sabía que abusar de sus poderes demoniacos dormidos seria su ruina y la de todos los que la rodeaban.
Pero si había un momento para que Beniyasha volviera, era ese.
Entonces ella se lo aplicó.
Desde su posición sobre el cadáver de un demonio, Towa divisó a Moroha pintarse los labios. Si bien la hanyou plateada había visto a Beniyasha antes, no estaba preparada para lo que ocurrió.
De hecho, nadie lo estaba, en especial los demonios que les atacaron.
Una ola un poco sofocante de youki sacudió a todos los presentes, quienes dejaron sus actividades para mirar a la princesa carmesí lanzar al aire un rugido casi inhumano. Towa rápidamente supo que esta Beniyasha era diferente, ahora que Moroha tenía más demonio en sí.
La esclerótica blanca de los ojos de Moroha se volvió roja, las líneas demoniacas color lila se extendieron en las esquinas de su mirada, el dorado de sus corneas se contrajo, sus colmillos y garras crecieron, por último; su cabello negro, ante la mirada choqueada de Towa, se volvió plateado, como el suyo propio.
Al sentirla y verla, Moroha era casi como un demonio completo.
-No es posible... ¡Un hanyou no puede tener reikki y mucho menos convertirse en un youkai completo a placer!-Despotricó el oni encolerizado, alzándose con la ayuda de su garrote.-¡Eres una abominación! ¡Algo como tu no puede existir!
A pesar de su dura voz, el demonio estaba asustado, Towa podía decirlo. Incluso los youkai menores que infectaban el lugar, de casi nula inteligencia, parecían aterrados.
-¿Que no puedo dices?-Se burló Beniyasha con una sonrisa siniestra, mientras respiraba con pesadez y apretaba a Kurikaramaru-¡Ven y pruébalo cobarde!
Esa provocación fue todo lo que hizo falta.
-¡Con placer bestia repulsiva!-Se lanzó contra su oponente, sin más ceremonia.
Desde lejos estaba claro que esa era la pelea de un ratón contra un halcón, la discusión estaba en quien era el halcón y quien el ratón. Para alguien capaz de sentir el youki de ambos, estaba claro.
Ese oni estaba muerto y no lo sabía.
O puede que lo supiera, pero no lo aceptaba.
-¡Desparece estorbo!-Ordenó la princesa.
El oni finalmente golpeó algo, pero en lugar de ser el cuerpo de Moroha, se topó con Kurikaramaru resistiendo firmemente en las manos de su dueña, quien poco se movió al bloquear el impacto. En el siguiente movimiento, el oni fue forzado de un empujón a retroceder. Beniyasha se convirtió en un borrón, tan fugaz que el oni no la vio llegar cuando; usando sus garras, le destrozó la mitad de la cara.
El youkai líder soltó su garrote, y con sus manos se sostuvo el rostro, como tratando de mantenerlo unido, pese a estar hecho un lio de carne desgarrada y sangre.
Towa se estremeció al darse cuenta que Moroha estaba jugando con su víctima.
-¿Que sucede? ¿Duele?-Inquirió ella con descaro-¿Esta "bestia repulsiva" te lastimó? Qué vergüenza...
-Maldita... - fue lo único que pudo decir el demonio.
-¡Moroha!-gritó Towa con angustia, preocupada por la mente de su prima. No sabía que era peor, la bestia sin mente en la que se convirtió Setsuna, o esto, una Moroha demonizada, con suficiente consciencia para ser deliberadamente cruel.
Por un segundo la sonrisa de Beniyasha vaciló, pareciendo Moroha otra vez, no un youkai divertido por la matanza. Pero rápidamente eso quedó escondido bajo su semblante demoniaco.
-Acabemos de una vez-Anunció ella crujiendo su mano izquierda, que exhibía sus garras bañadas de sangre.
Sin siquiera ocupar a Kurikaramaru, Beniyasha partió en dos al líder de los youkais, nada más con un par de agudos movimientos de su mano izquierda.
Después de eso reinó el silencio.
Un silencio mortal.
Hasta que Beniyasha gruñó con frustración, mirando a todos los demonios que se habían quedado congelados, luego de la brutal muerte de su líder, ahora siendo no más que carne picada bajo los pies de su asesina.
-¡VENGA!-Aulló la hija de Inuyasha desatando su ira sobre la multitud, demostrando que su sed de sangre seguía insatisfecha.
Towa no recuerda mucho de la masacre, ni lo quiso hacer jamás. Algunos youkai tuvieron la sensates de huir, pero otros muchos encontraron fascinante enfrentarse a un enemigo mayor. Lo cierto es que el frenesí fue tal, que Moroha soltó su espada en algún momento y se decantó por destrozar a sus enemigos solo con sus garras y colmillos, como un animal rabioso.
La peliplateada aunque luchó junto a su prima, mantuvo una distancia de seguridad, consciente que Moroha podría desconocerla en cualquier momento y atacarle con la misma brutalidad que a todos los demás.
Montones de youkai muertos más tarde, Towa se sentía asquerosa. Sus heridas no eran pocas, pero estaba convencida que la mayor parte de la sangre que manchaba su ropa, no era suya. No solo estaba horrorizada del trabajo que tomaría dejar su vestimenta presentable otra vez, sino que el asqueroso hedor a entrañas de youkai sería casi imposible de eliminar.
Luego estaba Moroha.
Towa caminó lentamente hacia su prima, quien se doblaba sobre sí misma, luchando por el control sobre su mente. Una batalla que no parecía estar ganando.
Si Towa lucia mal, Moroha era un absoluto desastre.
Tenia pocas heridas considerables, pero las que tenía, eran bastante feas. Su armadura exhibía garras y colmillos rotos, de demonios que intentaron penetrarla, pero fallaron. Y el olor a muerte sobre ella, era tan fuerte, que eclipsaba el olor natural de la mujer de carmesí.
-Moroha... ¡háblame, di algo para saber que aun estás ahí!-Pidió con desesperación Towa.
La cazarecompensas en respuesta dejó ir un grito aterrador que estremeció a los pocos demonios restantes.
-¡Retrocede!-Ordenó Moroha y en un pestañeó emprendió la huida, desapareciendo en el bosque más cercano.
Towa quería seguirla, pero estaba cansada y una de sus piernas la estaba matando. Solo intentó una vez moverse en dirección a su prima en fuga, y lo único que logró fue colapsar y vomitar en la hierba, ahogada en el repulsivo aroma de su sangre, la de Moroha y los demonios mesclada.
Esto fue peor que cualquier batalla anterior. Si hubiera descrito con palabras cualquier combate previo, ella lo habría hecho con palabras como: Duro, doloroso o emocionante. Pero esta batalla, ella la describiría como: Cruda y desagradable, más como seguro se esperaría de una batalla en pleno Sengoku Jidai.
El mundo de Towa se oscureció poco después.
…
-¡Por los dioses Towa, RESPONDE!-Escuchó a Setsuna, con la voz más exigente y preocupada posible.
-Setsuna... -Gimió Towa aun en el suelo, enfocando la vista en su hermana.
-Que alivio, por un momento pensé que estabas muerta-Dijo Futa, apareciendo junto a Setsuna.
-Si, esta batalla debió ser increíble-Comentó Raita, contemplando la multitud de cadáveres y youkais moribundos, antes de internarse a explorar los alrededores.
-Moroha... ella... -intentó decir Towa mientras se sentaba, ayudada de su gemela.
-¿Donde está?-Preguntó Setsuna con tacto, pero sin poder evitar mostrar inquietud por la desaparición de su prima-No puedo olerla.
-Seguro que no, todo lo que puedo oler es el espantoso hedor a sangre y entrañas de youkai-Comentó Futa haciendo una mueca.
-¡La tengo! ¡Kurikaramaru!-Anunció Raita levantando la espada sanguinolenta por encima de su cabeza-Quedó muy clavada en el pecho de uno de estos demonios, Moroha tiene mucha más fuerza de lo que parece.
-Towa... -Llamó Setsuna, con preocupación y una pregunta implícita.
-Huyó al bosque... Beniyasha, no pude seguirla-Explicó con dificultad, aun le dolían partes de su cuerpo que no podía nombrar.
Setsuna gruñó y con un gesto le pidió a Futa que sostuviera a Towa.
-Iré a buscarla-Anunció la segunda hija de Sesshomaru, poniéndose de pie, ahora que Futa ayudaba a Towa.
-Ten cuidado, esta Beniyasha es diferente-Pidió la peliblanca con una mueca, deseando estar menos dolorida y bañada en sangre-Moroha parecía más un demonio que nunca.
Setsuna frunció el ceño pronunciadamente y apretó su naginata, tratando de sacar de su mente los recuerdos de su propia transformación y la destrucción que había causado, esperaba que Moroha no creara tamaño alboroto.
-Lo haré. Volveré con ella tan pronto la encentre-Afirmó, haciendo un gesto a su amigo Raita, para que le entregara la espada de su prima-Tu encárgate solo de descansar, te lo mereces.
Setsuna intentó encontrarla, pero era difícil detectar su aroma estando cerca del campo de batalla, pues definitivamente en olor de Moroha estaba sepultado bajo el olor de los demonios asesinados por ella. Afortunadamente la princesa mas joven dejó un rastro de destrucción claro para seguir: Arboles parcial o totalmente quebrados, sangre y algunos cadáveres de animales desafortunados.
Moroha era apenas perceptible, pero conforme se alejaba del campo de batalla, más fácil era diferenciarla del asqueroso olor a youkai. Si Setsuna no conociera tan bien el olor de su prima, habría sido totalmente imposible seguirla.
La segunda hija de Sesshomaru se sorprendió por la distancia que Moroha cubrió, incluso cuando Setsuna era bastante rápida, parece que Beniyasha ahora podía correr incluso más rápido que ella. La joven hanyou esperaba que los dioses le sonrieran y Moroha fuera receptiva a sus intentos de traerla de vuelta, Setsuna sabía que era capaz de proteger bastante bien su vida, pero definitivamente no quería ser blanco de la ira de Beniyasha.
Continuó su búsqueda. Hasta que comenzó a oír el sonido de una cascada, que coincidía con la dirección hacia donde se percibía mas fuerte el olor de Moroha. Setsuna redobló el paso y entonces se dio cuenta de algo... ese olor.
Podía oler a un desconocido, pero eso no era lo que llamó su atención...
Un olor denso y almizclado.
Olor a sexo.
Obviamente Setsuna estaba confundida. Cuando salió del grueso del bosque, saltó a unas rocas que flanqueaban la caída de agua, hacía en pequeño lago que se formaba debajo, donde encontró algo que la dejó aún más estupefacta.
A pocos pasos de la orilla, Moroha estaba envuelta en su capa roja, durmiendo, luciendo... saludable.
A su alrededor estaba su armadura, arrojada sin cuidado.
Y en una roca cercana, estaba un youkai sentado, desnudo en su totalidad, salvo por un fundashi que cubría sus partes más blandas. La ropa que se suponía era de él, estaba amontonada en un pequeño nido junto a la roca que el desconocido usaba como asiento.
Setsuna no sabía que sentir, pues a toda luz el demonio se había apareado con Moroha, mientras ella era Beniyasha, o luego de que colapsara, pero si eso fue bueno o malo, era algo que no tenía claro.
El demonio lucía y olía como un inugami, semejante a Sesshomaru. Era delgado pero fibroso en su contextura, de cabello salvaje, blanco como la nieve, similar al de Towa y como está misma, la piel del demonio era considerablemente pálida.
Él miró a Setsuna entonces.
Sus ojos eran azul zafiro y dos líneas del mismo color decoraban los costados de su rostro, elegante como se esperaba de un demonio de su tipo, pero indudablemente varonil. Setsuna no pudo dejar de fijarse en que su cabello, que, recogido en una cola alta, estaba desordenado, no por su propia naturaleza, sino por las actividades que había estado realizando con cierta sacerdotisa de ropa carmesí... actos que también quedaban en evidencia por las múltiples marcas de garras y mordiscos a lo largo de la expuesta figura del youkai, un testimonio de la pasión de Moroha.
Un detalle interesante de este desconocido, era que a diferencia de Sesshomaru, este youkai no poseía mokomoko, pero si una cola larga y del más inmaculado blanco, típico de su especie.
El demonio entonces se puso de pie. Setsuna por un segundo se preparó para luchar, pero pronto supo que no habría tal enfrentamiento, pues el inugami se limitó a recoger sus pertenencias, darse la vuelta y marcharse, solo otorgando una última mirada a Moroha, antes de desaparecer en el bosque.
El evento, apartando el susto que pasaron todos, tanto por la violenta batalla, como por el espectáculo desenfrenado de Beniyasha, se convirtió en una broma divertida entre las princesas. Pronto quedó claro que el youkai perro no violó a Moroha ni nada parecido, mas bien, la historia casi sonaba como lo contrario, pues la princesa de rojo, de entre sus recuerdos rescatados de su estado demoniaco, sabía que fue ella misma, quien se arrojó sobre el youkai desprevenido.
Cuando Setsuna quiso saber como pasó de ser un huracán asesino, a una bestia en celo, su prima solo se encogió de hombros y dijo: Necesitaba una distracción para mi sed de sangre, una forma de dejar a mis instintos libres, sin preocuparme de matar a alguien, y él fue perfecto, apareció en mi camino y su olor era exquisito. Todavía no puedo creer lo fácil que fue pasar de querer matar a querer follar.
Setsuna, divertida, solo pudo sonreír por lo desvergonzada que era la otra chica. Mientras Towa, estaba en un limbo entre la preocupación por el bienestar de Moroha y el horror por todo lo sucedido, tanto la batalla como por el apareamiento inesperado con un desconocido. Era una bendición que el olfato de las tres fuera lo bastante agudo para saber cuando cualquiera de ellas era fértil, pues así no necesitaban temer a accidentes.
En temas mas felices, la montaña de youkais muertos que dejó la refriega, pagó increíblemente bien a las princesas, pese a los intentos de Jyubei de tomar más de lo que le correspondía.
La vida en la aldea de los mitad demonio era buena, pero pronto Futa y Raita, entre otros hanyou debería abandonar la seguridad del santuario, por lo que comenzaron a hacer planes. Era eso en lo que Setsuna había estado trabajando con ellos.
La situación en el exterior no era tan mala, pero no era ideal para los híbridos, así que querían permanecer juntos y cerca del territorio de Shiori. Los chicos habían estado buscando un lugar adecuado para comenzar a construir su nuevo hogar. Setsuna ideó un plano para la futura aldea con ayuda de Hisui, basándose en cierta medida, en la antigua aldea oculta de los exterminadores, la que fue destruida por Naraku.
Mientras Towa y Moroha estaban haciendo un trabajo, una tarde, Setsuna y sus amigos encontraron un lugar que parecía prometedor, donde la segunda hija de Sesshomaru comenzó a tantear los arboles que iban a derribar para hacer espacio, intentando determinar para que seria usada su madera.
-¿¡Qué es este sentimiento!?-Gritó Futa con miedo corriendo hacia Setsuna, quien no fue hasta ese instante que notó algo.
Youki. Un youki muy poderoso, acompañado de un olor igual de conocido.
Sesshomaru.
-¡Es un demonio mayor! ¡Hay que irnos de aquí!-Exclamó Raita sudando ante el poder que liberaba el padre de la chica.
-¡Contrólense ustedes dos!-Ordenó Setsuna con autoridad mirándolos con sus ojos violetas convertidos en acero, olvidándose totalmente de su tarea anterior-¡No hay nada que temer!
-¿¡Como que no!? ¡Que pasa contigo!-Exclamó Futa.
-¿¡No lo sientes!?-Agregó el otro hanyou.
Sesshomaru estaba acercándose, hasta que su silueta fue visible en la entrada a un claro del bosque. A la luz del atardecer era una vista extraordinaria.
-Claro que lo siento, solo es mi padre.-Soltó Setsuna casi con desdén, como si no fuera gran cosa.
-¡¿Padre?!-Dijeron al unisonó ambos chicos, tomados totalmente con la guardia baja.
-Ese demonio es... tu...
-Si, él es mi padre, ¿Contentos?-Interrumpió ella con un suspiro-Si están asustados, regresen, yo me quedaré.
Ella vio la obvia pregunta en sus caras, así que la respondió.
-No creo que venga aquí por nada, seguramente algo tendrá para decirme-Con esa ultima frase comenzó a avanzar hacia su progenitor.
Los dos jóvenes estaban indecisos, pero ante la falta de miedo y la absoluta firmeza que demostró Setsuna, no pudieron hacer mas que acatar sus palabras y volver a toda prisa dentro del campo de Shiori.
-Sesshomaru-Dijo Setsuna con los ojos entornados, una vez estuvo ante el susodicho, quien no movió un musculo, a parte de poner su mirada en ella-¿Alguna razón para tenerte aquí?
Hubo un incomodo y largo silencio, que se sintió como una eternidad. Setsuna no era la persona más paciente y tolerante del mundo, pero trabajaba en eso últimamente, y fue solo gracias a eso que soportó lo suficiente para que su padre finalmente hablara.
-¿Yo, Sesshomaru, No tengo derecho a ver como están mis hijas?-Su voz fue llana, sin una emoción en particular.
-Algo muy fuera de tu personaje-Comentó ella.
No odiaba a su padre, pero cuando lo veía, no sentía nada en particular. Solo un pinchazo de anhelo, que rápidamente era sofocado ante el recuerdo de toda la vida que había vivido, donde la figura de aquel hombre nunca apareció ni como un espejismo.
Setsuna entonces notó a otra entidad, que se encontraba estacionada en el claro tras su padre. Ella lo reconoció a pesar de todo el tiempo transcurrido, así que pasó de largo a Sesshomaru y se acercó a él.
Ese dragón youkai, el que la había llevado con Shiori.
Ella sonrió al demonio, quien se volvió hacia la fémina y fue receptivo cuando esta acarició una de sus cabezas, cerrando los ojos con placer.
-Ha pasado mucho tiempo-Dijo la princesa.
-Ah-Un-Escuchó decir a Sesshomaru.
A lo que Setsuna le dedicó una mirada de reojo.
-¿Quien?
-El youkai-Contestó Sesshomaru lacónicamente.
Setsuna aceptó lentamente con la cabeza, volviendo al dragón.
-Ya veo, entonces tu lo enviaste-Se dio cuenta ella-Aunque hubiera preferido que vinieras tú mismo.
-No podía hacer tal cosa, era mas seguro de esta manera.
-¿Era por el maldito ritual, o por Zero?
Myoga les contó sobre dicho ritual, y el hecho de que las gemelas habían sido sometidas a él por su padre, algo que no les dejó muy contentas. Setsuna podía comprender la necesidad que tus descendientes sean fuertes, pero había otras cosas que no podía aceptar...
-Ambas cosas-Admitió Sesshomaru finalmente.
-Bien, no es que pueda evitar que vengas aquí, aunque lo intentara-Cambia de tema Setsuna, dándose la vuelta, pensando en volver-Pero seria considerado de tu parte minimizar tu youki, no quiero que los hanyou entren en pánico cada vez que apareces.
Setsuna sabía que por sí misma no tenía oportunidad contra su padre, así que de ningún modo iba a provocarlo.
Mientras la joven princesa pasaba junto a Sesshomaru, sintiendo sus ojos, este dijo:
-Estás enojada-Fue una afirmación.
-Se me permite.
-¿Por qué?-Fue la única pregunta del demonio.
Setsuna se detuvo, dando la espalda a su padre, rebuscando en su mente una respuesta lógica que no fuera una maraña de sentimientos complicados.
-¿Quieres que te de una lista ordenada?-Contestó con voz áspera.
El silencio de Sesshomaru fue su forma de responder.
-Como quieras. En primer lugar, está ese estúpido ritual, al que nos expuso a Towa y a mí, sin eso seguramente nuestra familia no se habría separado. Towa y yo, no nos habríamos separado y crecido en lugares distintos.
Ella sabía que Sesshomaru estaba frunciendo el ceño.
-Era necesario que demostraran ser dignas, como hijas de este, Sesshomaru-Contestó con pragmatismo.
Eso alimentó una pequeña llama de verdadero enojo en Setsuna.
-Recién habíamos nacido y ya teníamos que demostrar algo... ni siquiera voy a discutir eso contigo, solo diré que había mejores maneras de hacernos fuertes. Tu hermano no pasó por esto, pero aun así era lo bastante poderoso para cortarte un brazo.-Sesshomaru calló, y milagrosamente ella mantuvo la calma-En segundo lugar, estoy convencida de que sabias sobre Moroha, y aun así la dejaste a su suerte con los lobos, cuando bien pudiste encontrarla y traerla a la aldea hanyou.
-La descendencia del hermano de este Sesshomaru, no es su responsabilidad-Rápidamente dijo como si fuera la mayor de las obviedades.
Esa declaración no alivió el creciente enojo de Setsuna, pero trató de recordarse a si misma que su padre, aunque dijera tales cosas, por medio de sus pequeños regalos demostró al menos un mínimo reconocimiento de Moroha como su sobrina.
-Y en tercer lugar, padre, aunque te agradezco por los regalos, la guía, Yukari no Tachikiri y Tenseiga, no cambia el hecho de que nunca apareciste ante mí, ni me diste una sola respuesta-Continuó la hanyou ignorando las respuestas de su padre-Sé que dirás que no podías, pero dado que eres el gran Sesshomaru, eso es una pobre excusa.
Sesshomaru por primera vez parece no tener una lacónica declaración, para desestimar las quejas de su hija, excusas en su opinión.
-Entiendo que tenias razones para mantenerte lejos, pero, me niego a creer que no pudieras mostrarte al menos un par de veces, para que yo supiera que existías-Siguió ella, esta vez dándose la vuelta para mirar la pétrea expresión del demonio-Durante muchos años me pregunté quién era yo, y qué fue de mi familia, sin tener la más mínima pista, aparte de tus regalos. Siempre estuvo claro que no era una hanyou cualquiera... que mi padre o mi madre no era un youkai común, y que seguramente dicho youkai estaba vivo en alguna parte, pero simplemente eligió no cuidar de mí.
Setsuna por un instante vio algo completamente impropio de Sesshomaru en su mirada... un atisbo de lo que parecía ser culpa. Pero ella se negó a creerlo.
-Particularmente esa noche, la única noche que verdaderamente te necesitaba, pero no viniste-Añadió apretando su naginata para desahogar un poco su malestar, esta vez manifestando un resentimiento sin disimulo.
Si. Ambos sabían a lo que ella se refería.
La noche del eclipse. Cuando Shiori perdió sus poderes y solo el demonio furioso en Setsuna los salvó de la aniquilación.
Nuevamente Sesshomaru no tenía nada que responder, para frustración de su hija.
-Si hubieras parecido esa noche, puede que todo fuera diferente hoy-Finalizó ella.
-¿Diferente?-Fue todo lo que dijo el señor demonio.
-Como dije, te agradezco lo bueno que has hecho por nosotras, pero no te equivoques, Sesshomaru-Sentenció ella, remarcando su nombre, pues había notado que, aunque tratara de ocultarlo, el demonio parecía lamentar que Setsuna y Towa prefirieran no referirse a él como "padre"-Aquí no eres bienvenido, a no ser que tengas algún asunto que tratar, te pido que te vayas.
Con esto Setsuna dio la espalda de nuevo a su progenitor, y se puso rumbo a la aldea de los mitad demonio. Sesshomaru no la siguió, pero la joven mujer se dio cuenta que el dragón de dos cabezas la seguía de cerca.
No sabía cuál era el motivo, pero no se iba a quejar.
Ah-Un le gustaba.
