-Sigo sin estar convencida de esto-Admitió Setsuna de mala gana.
-Sabes que lo peor que puede pasar es que nos digan que no-Le recordó Towa-No es que puedan herirnos.
-Lo que sea, solo espero que tengan algo que valga la pena-Comentó Moroha con indiferencia, sentada en la cima de una carreta, cargada con multitud de plantas medicinales, pieles y comida, y escoltada por las nietas de Inu no Taishou y unos pocos hanyou casi adultos.
Tras mucha deliberación con Shiori, ella estuvo de acuerdo con la idea de Towa: tomar los bienes mas valiosos que se daban en su territorio para tratar de negociar con las aldeas cercanas... tan cercanas como pueden estar si el santuario de los mitad demonio se encontraba en lo alto de montañas.
Setsuna se había opuesto vehementemente a que entraran en contacto con poblaciones humanas, según su argumento cuando vieran al grupo de hanyou sabrían a toda luz, que había una comunidad de dichos seres y eso les daría una visibilidad incomoda. Pero como punto a favor de Towa, ahora las tenían a ellas para lidiar con cualquier amenaza, así que tanto demonios como humanos rápidamente sabrían que con los hanyou en tierra de Shiori, nadie se metía y salía ileso.
Setsuna se resignó. Moroha no podía esperar para comprar cosas nuevas. Y por su parte, los otros hanyou estaban emocionados, aunque nerviosos, pues la mayoría de ellos, hacia demasiado tiempo que no salían del campo protector de la hanyou murciélago, así que era la primera vez en años que interactuaban con extraños, ajenos a la comunidad, que no eran agresores.
Ahora esperaban a una distancia respetuosa de la aldea a que alguien se presentara y preguntara sus intenciones.
Parecían renuentes, por razones obvias. El hecho de que la carreta que traía la mercancía estuviera tirada por Ah-Un dejaba claro que el suyo, no era un grupo de gente normal, incluso si no se notara que eran hanyou.
-¿Que buscan aquí?-Preguntó un hombre mayor, a casi diez metros de distancia, rodeado de lo que parecían ser figuras prominentes de la aldea y soldados moderadamente bien equipados.
Aunque la cortesía era escasa, el anciano que tomó la palabra no parecía muy hostil, lo que lo diferenciaba de los otros civiles a su alrededor que se mostraban disgustados por la presencia de los extraños. Los soldados por otro lado... se veían un poco asustados, aunque se esforzaban mucho no hacerlo evidente.
-Honorable anciano, venimos a pedir la oportunidad de negociar nuestra mercancía con la gente de su pueblo-Pidió Towa con una reverencia pronunciada.
Eso dejó un poco atónitos a algunos hombres.
-¿Es tonta?-Dijo uno de ellos con desagrado-¡En este pueblo no se aceptan demonios!
-¡Si, lárguense de aquí!-Exclamó otro de ellos envalentonado por las palabras del otro humano.
Towa levantó las manos en son de paz con una sonrisa conciliadora.
-No queremos problemas, solo queríamos colaborar, estoy segura que encontraran útiles al menos algunas cosas de lo que traemos-Intentó razonar.
-¡No quiero nada que haya estado en manos de youkai o hanyou, da mala suerte!-Dijo el primer hombre, sacando su espada y dando un paso al frente a modo de amenaza-¡Ahora desaparezcan antes de que perdamos la paciencia!
El resto de los civiles estaban amontonándose en los límites del asentamiento para ver el revuelo que se desarrollaba.
-¡Suzaku, tranquilízate!-Pidió el anciano mirando con reproche al hombre.-¡No inicies una pelea!
-Pero padre, ¿Qué pensará la gente si simplemente le damos paso a estas abominaciones en nuestro pueblo?
Towa percibió que los hanyou que vinieron con ella estaban reaccionado a los aldeanos. Algunos estaban enojados por la falta de respeto, otros parecían emocionalmente heridos y una minoría, asustados. Ella tenía que hacer algo.
Pero Moroha lo hizo primero.
-Bien, bien, ya veo que aquí es demasiado pedir solo un poco de respeto-Dijo bajándose del carruaje y parándose rápidamente frente a su prima mayor.
-¿Por qué mostraría respeto a un grupo de bestias?-Dijo el hijo del jefe.
Moroha gruñó y caminó un poco hasta solo ser separada del hombre por un par de metros.
-Moroha...-Towa sintió sudar sus manos, mientras pensaba en una manera de controlar la situación, no quería pensar en que pasaría si su prima cedía a la provocación.
-¿Realmente debo responder a eso?-Dijo la princesa menor altivamente con una sonrisa descarada.-Esta bestia es superior a ti en cualquier aspecto por el que te midas. Un gusano insignificante y grosero como tu no merece una respuesta adecuada.
Eso avivó el enojo del humano.
-Sucia hanyou tu...
Setsuna afianzó su agarra en Yukari no Tachikiri.
-Lo dice el hombre que necesita un baño, enserio, mi nariz es sensible y puedo decir que te convendrían algunas de las hiervas aromáticas que trajimos-Interrumpió ella con un pequeño mohín-¿Seguro que no estás interesado?
Él le escupió. En la cara.
El mundo pareció moverse más lento para Towa y de pronto se dio cuenta que no había estado respirando.
El padre de Suzaku palideció peligrosamente.
Towa se movió para intentar agarrar entre sus brazos a la hija de Inuyasha, pero para cuando tuvo sus brazos alrededor de la chica, está ya había tomado la espada del humano y con una patada, lo había mandado a volar a al menos doce metros hacia atrás, golpeándose en el proceso contra otro de los hombres que acompañaba al jefe, y terminando los dos en el suelo, entre un montón de polvo.
-¡MOROHA!-Regañó Towa enojada y horrorizada.
La mujer carmesí resopló y se limpió la saliva del humano.
-Se lo merecía, pero no te preocupes, el cerdo sigue vivo-Le tranquilizó poniendo mala cara.
-Disculpen a mi hijo-Pidió el jefe, luego de ver que el joven estuviera siendo atendido en el suelo, mientras seguía inconsciente. El anciano parecía preocupado y claramente mantenía la compostura, en una tranquilidad forzada.-Pero yo...
Los soldados estaban listos para atacar, pero a su vez lucían aterrorizados, pues tras ver lo que solo Moroha podía hacer a un hombre adulto y fuerte, sabían que seguramente librar una batalla contra esos extraños hanyou, sería su último y más estúpido error.
-Pediré que se marchen-Terminó el anciano-Su presencia desagrada a la gente de este pueblo y podría dañar nuestra reputación, no queremos ganarnos el rechazo de los espiritistas y otras aldeas, por relacionarnos con medio demonios...
-Jefe, le pido que reconsidere...-Intentó mediar Towa soltando a Moroha, quien se cruzó de brazos y miró con ojos como puñales a los humanos.
-Suficiente Towa-Intervino Setsuna, quien con calma se adelantó y se situó junto a las otras féminas-Moroha tiene razón, es mucho pedir un poco de respeto. Así que se terminó la hora de pedir las cosas cortésmente.
-¿Por qué siempre tienes que estar de acuerdo con la violencia...?-Masculló Towa, se sentía como en el Japón del futuro, donde los matones simplemente tenían que insistir en meterla en problemas.
-Porque algunos solo entienden por las malas-Contestó Moroha en apoyo a Setsuna, a la vez que arrojaba al suelo la espada que quitó a Suzaku, como si fuera una baratija, acto que hizo estremecer a los soldados.
-¡Escúchenme, humanos!-Gritó Setsuna con voz queda-A diferencia de los bandidos, nosotros vinimos pidiendo educadamente un poco de su tiempo, y literalmente nos escupen. Bien, será a su modo. O nos permiten intercambiar nuestros productos, o tomaremos lo que necesitamos a la fuerza, tienen hasta el mediodía.
Se dio vuelta y regreso con los demás híbridos. Moroha la siguió y Towa fue detrás suyo sin molestarse en contradecir a su hermana, dado que realmente quería hacer el negocio y la amenaza de la castaña parecía haber calado fuerte en los aldeanos.
-Bien hecho-Felicitó Moroha con una sonrisa de oreja a oreja.
-Si... supongo-dijo Towa con renuencia, pero sin resistencia.
Setsuna se apoyó en una pierna y jugó con su naginata, dando por sentado que estarían a la espera un buen rato.
-Esta ni siquiera fue mi idea, pero ya estamos aquí y no voy a volver a casa con las manos vacías, después de dejar que unos humanos estirados nos insulten-Expresó ella entornando los ojos y dando una mirada rápida a los lideres de la comunidad discutiendo.
-No era necesario lo que hiciste, pero gracias-Dijo Moroha encogiéndose de hombros.
Setsuna no respondió, pero todos los que la conocían lo suficiente; en algún momento afinaban su entendimiento del lenguaje no verbal que manejaba la segunda hija de Sesshomaru. Aunque a primera vista no fuera obvio, Setsuna se enojó bastante por el bastardo que osó escupir a la cara de su prima.
-Supongo que tienes razón. Lo haremos a tu manera, ya que falló la mía-Concedió Towa con un suspiro.-No me gusta tener que usar la fuerza, pero viviendo en un lugar como este no siempre se puede evitar.
Todavía estaba nerviosa de lo que pasaría si se veían obligados a cumplir la amenaza de Setsuna, pero por otro lado era improbable, con lo clara que estaba la diferencia entre los hanyou y la precaria fuerza que protegía la aldea. Para los semi demonios sería como robarle un caramelo a un niño.
-¿Moroha, quieres agua? Deberías limpiar tu cara-Sugirió Futa aproximándose a la chica con un contenedor de bambú lleno, señalando el lugar donde Suzaku le escupió.
Moroha sin dudarlo aceptó la oferta.
Pasó un rato hasta que escucharon una conmoción dentro del pueblo y vieron llegar a un youkai con cabeza de jabalí y un nodachi en mano, quien se adentró en el pueblo como si fuera su casa, elevándose claramente sobre todos los edificios locales.
-¿¡Dónde está mi comida!? ¡Les dije que la quería toda ofrendada en el centro de la aldea la próxima vez!-Demandó el demonio agitando su enorme arma y destrozando el techo de una de las cabañas, desatando una oleada de gritos y pánico.
-Eiji-sama perdone los retrasos, nuestra cosecha este año no ha sido especialmente buena-Se disculpó el anciano, quien llegó ante el demonio casi a trompicones y le dio su mas pronunciada reverencia.
-¡No me interesan tus excusas! Te dije que la próxima vez me comería a sus niños -Dijo el enojado demonio, cuya presencia tenia a los soldados amedrentados, pero no por eso menos decididos a plantar cara al demonio si este intentaba cumplir su amenaza.
-Oh, tienen un demonio extorsionándolos-Comentó Moroha con una sonrisa dentuda-¿Por qué no lo dijeron antes? Así podríamos entendernos.
-¡Esperen!-dijo Raita repentinamente a las princesas, quienes estaban listas para saltar sobre el youkai-Quisiéramos encargarnos de eso.
-Si, una pelea seria nos haría bien-Estuvo de acuerdo Futa y los otros hanyou asintieron levantando sus armas.
Setsuna frunció el ceño.
-Adelante, pero yo estaré cerca-Otorgó y miró a las otras princesas, quienes se mostraron de acuerdo.
Towa tenía fe que, si libraban a los aldeanos del yugo de ese youkai, seguramente serian mucho más receptivos a cuando menos, permitirles tener lazos comerciales.
-¡Eso no es justo! ¡Lo teníamos!-Se quejó Futa muy enojado, al igual que otros tantos hanyou, aunque algunos solo lucían decepcionados.
-¡Si, no era necesario que te metieras!-Agregó Raita señalando a una indiferente Moroha, que bostezaba en el carruaje cargado y tirado por Ah-Un.
-No lo pongo en duda, pero si no hacia algo, la mitad de la aldea habría sido destruida por su pelea con ese saco de pulgas-Argumentó Moroha usando una garra para limpiarse un oído.
La batalla contra el youkai se exacerbó y Moroha actuó por instinto para salvar el edificio más grande, que dedujo correctamente, era donde residía una de las familias más prominentes de la zona. En un instante tomó su arco y disparó una flecha cargada de reikki que impactó justo en la unión del torso con la garganta del youkai, matándolo inmediatamente.
Eso enojó muchísimo a los hanyou que querían probarse a sí mismos en batalla.
Pero, por otro lado, mejoró la relación con el pueblo y les valió un montón de cosas gratis como agradecimiento por liberarlos de ese demonio molesto... y salvar la casa de una de las familias acomodadas.
Ni hablar de la incredulidad de algunos aldeanos, quienes no podían terminar de entender que habían visto a una chica demonio empuñar un arco y poderes espirituales, cual sacerdotisa.
Towa y Setsuna fueron tomadas por sorpresa cuando Moroha desapareció un instante y luego apareció con un cobre lleno de joyas, ropas e incienso, mientras una anciana bien vestida le agradecía a "la gran sacerdotisa" por proteger el patrimonio de su familia.
-Moroha tiene razón, había que detener esa pelea de inmediato, por el bien de la aldea-Les dijo Towa amablemente, sentada junto con su hermana, también indiferente, en la espalda del dragón-Ustedes no eran lo bastante rápidos, lo siento chicos, siempre habrá otra oportunidad.
Las princesas los escucharon mascullar entre dientes algo sobre que no todos los hanyou tenían la suerte de tener daiyoukais y/o sacerdotisas legendarias entre sus ancestros.
-Eso es lo máximo que te daré.-Dijo Jyubei con firmeza arrojando un pequeño saco de oro a los pies de Moroha.
-¡Pero el youkai estaba casi completo! ¡Incluso traje su nodachi!-Discutió ella con gestos enojados-¡Los exterminadores dijeron que fue un asesinato magistral!
Jyubei hizo una mueca de irritación.
-¡Este es mi negocio, no el de los exterminadores! ¡Así que tu pago se hace en base a mi criterio no las de ellos!-Insistió cruzándose de brazos-Además, deberías estar agradecida conmigo, gracias a mi tienes y tendrás trabajo, incluso después de tu deuda. ¿Cuántos otros humanos querrían contratar a la hija de Inuyasha, un vulgar y miserable hanyou?
Así se perdió la mitad del valor de su segundo gran botín anual.
Y su padre fue insultado.
Moroha sintió su sangre hervir y a Beniyasha demandando ser libre para poner sus garras en el viejo bastardo.
Quizá para variar podría dejar que Beniyasha tuviera lo que quería.
La madre que sostenía el bebé mientras se aferraba a Setsuna, que sostenía las riendas de Ah-Un, mientras el dragón volaba cerca del suelo.
-No se preocupen, estamos por llegar-Prometió Towa, corriendo a toda marcha junto al dragón en el camino-Debemos encontrarnos con nuestra prima, que está tratando algunos asuntos.
La humana asintió mirando a su hijo de cabello lila aferrarse a ella mientras dormía.
-Han hecho más que suficiente, no sería correcto pedir más.-Dijo llanamente.
-No se preocupe, ha sido un placer-Insistió Towa con una sonrisa vergonzosa.
-Solo hacíamos nuestro trabajo, Shiori-san nos ordenó buscarlos y escoltarlos de regreso a nuestra aldea-Aseguró Setsuna, e hizo una mueca-Creo que, de hecho, le debemos una disculpa, debimos llegar más rápido.
La humana miró al suelo que desde Ah-Un no tocaba.
-Al contrario, no sé qué habría sido de nosotros si ustedes no hubieran llegado.-Afirmó ella.
Towa se desinfló un poco, pero no aminoró el paso de sus zancadas.
Fueron a una de las aldeas en la costa, donde Shiori pasó su infancia, pues la líder de la aldea detectó un mitad demonio ahí y prefirió enviar a las hijas de Sesshomaru en su búsqueda, en lugar de ir ella misma, pues no era prudente que se alejara de sus dominios, dado que dependían de ella para sostener la seguridad de la barrera.
Cuando las gemelas llegaron a la aldea, se encontraron con la desagradable escena de un grupo de aldeanos dando patadas y golpeando con bastones a una mujer... una mujer con un bebé. Setsuna se sorprendió que Towa no mostró el mínimo reparo o consideración cuando intervino, separando violentamente a los aldeanos de la víctima.
Simplemente los arrojó lejos, como si fueran de papel.
La humana estaba llena de moretones y raspones, producto del intento de linchamiento, mientras protegía a un pequeño bebé de un año, que lloraba ruidosamente... y definitivamente era hanyou.
El pequeño tenía el cabello lila muy claro, similar al de Shiori, y como esta misma, tenía la piel oscura. Las gemelas supusieron que era el hijo de un youkai murciélago, igual que la líder de la aldea de los hanyou.
Las princesas se llevaron a la mujer conmocionada, bajo una lluvia de insultos tanto a la madre del bebé, como a sus salvadoras, pero a ninguna le importaba lo que tuvieran que decir. Luego de la demostración de fuerza de Towa, ninguno intentó detenerlas mientras salían del pueblo.
Towa la calmó, pues solo al salir del lugar, la mujer se percató que sus salvadoras eran híbridas. Setsuna y su hermana discutieron que hacer, pues por regla general, Shiori encontraba a hanyou huérfanos que habían perdido a sus padres, no a bebes junto a sus madres.
Setsuna le propuso que ellas tomarían al bebé para llevarlo a las montañas y ella, la madre, podría seguir su vida normal en el pueblo, o podría irse con las chicas mitad demonio, dado que seguramente Shiori haría una excepción a la regla de "solo hanyou" a luz de las inusuales circunstancias. Después de todo, Ah-Un fue admitido, por su relación con las hijas de Sesshomaru, con Setsuna en particular, así que rechazar a una mujer desamparada era impensable.
La madre aceptó irse a la aldea de Shiori, tanto porque no quería separarse de su hijo, como que su imagen ya estaba manchada en el pueblo, y nunca podría ser otra cosa que una mujer mancillada por demonios.
Towa preguntó por el padre de su cría, pero la mujer se encogió sobre si misma y se negó a mirar a las princesas... lo que transmitió la vibra de "mejor no preguntar"
Les dio un mal sabor de boca a las mitad inugami. Aunque era claro que no todos los hanyou eran concebidos con amor, y consentimiento, seguía dando un mal sabor de boca constatarlo de primera mano.
La mujer se hizo llamar Keiko, y tras presentarse correctamente se emprendió el camino al encuentro de Moroha.
Pronto divisaron la cabaña del comerciante donde la princesa carmesí hacia sus negocios. Aparentemente todo era normal, así que Ah-Un aterrizó y caminaron tranquilamente el último tramo del trayecto.
Pero entonces...
-¡Me vas a escuchar VIEJO BASTARDO!-Gritó la voz furibunda de Moroha.
Las princesas mitad demonio y sus acompañantes se detuvieron en seco, no muy lejos de la pequeña estructura de madera.
Las gemelas compartieron un miramiento preocupado y estupefacto ante la voz de su prima, que fue tan fuerte, y su youkii tan rabioso, que se sintió casi como si la tierra alrededor de la cabaña temblara. Mientras seguían en la espalda del dragón, Keiko se aferró a Setsuna. La humana estaba confundida y llena de incertidumbre, su olor lo dejaba tan claro como el youki de la princesa menor anunciaba su ira y poder.
-¡HE TENIDO SUFICIENTE DE TU MIERDA, VUELVE A COBRARME UNA VEZ MÁS ESA DEUDA Y JURO QUE REDUCIRÉ ESTA MALDITA CASA A POLVO!-Siguió gritando Moroha-¡DESPUES DE CORTARTE EN PEDAZOS!
Las gemelas saltaron desde sus lugares dejando atrás al dragón y la madre con su bebé. No podían dejar sola a Moroha ahora que finalmente había alcanzado su punto de ruptura. Pese a que las hijas de Sesshomaru no querían ver a la mujer carmesí tomar sangrientas represalias, no podían sino sentir cierta satisfacción y morbo por la... situación de Jyubei, ahora que su pequeña esclava productora de oro se rebelaba.
-¡YO NO SOY NI SERÉ LA ESCLAVA DE NADIE, MUCHO MENOS TUYA, YA NO!-Exclamó la furiosa shihanyou mostrando sus colmillos, justo cuando las otras híbridas entraban a la cabaña.-Si te traigo una mierda, me pagarás por ella como a los demás, o te juro por los restos de mi abuelo, que será tu ultimo negocio...
Jyubei estaba contra la pared, amenazado por la punta de Kurikaramaru rozando su cuello. El viejo comerciante sudaba y exhibía en sus ojos una mirada de absoluto terror a la híbrida que tenía delante. Takechiyo al no encontrar refugio, estaba agazapado en una esquina, haciéndose tan pequeño como podía, como si así Moroha olvidaría su presencia.
-No... no te atreverías niña...-Dijo Jyubei entre dientes, sin dejar de mirar a los dorados ojos de la niña... no, la mujer en capa roja y armadura negra.
Moroha sorprendiendo a las gemelas perforó ligeramente la garganta del anciano, haciéndolo sangrar, pero sin matarlo, a modo de advertencia. El hombre palideció de terror y su respiración se atascó.
-No soy de matar ancianos, pero por ti, puedo hacer una excepción-Expresó con voz de acero y una nota asesina, que casi hacia parecer que deseaba con todo su ser tener la justificación moral para cumplir su amenaza.-Espero la cantidad de oro que exigí para mi próxima visita.
Con esa última declaración, no petición, enfundó a Kurikaramaru y se dio vuelta para encontrarse con sus primas al salir. Pero primero se detuvo junto a la salida y con una última mirada mortal le dijo al comerciante:
-Y por tu bien, no vuelvas a ensuciar el nombre de mi padre pronunciándolo con tu sucia boca, o te cortaré la lengua.
Era la primera vez que las gemelas habían visto a Moroha inspirar verdadero miedo, sin necesitar su trasformación en Beniyasha.
La humana madre del bebé hanyou parecía un poco asustada de Moroha cuando la vio salir gruñendo de la cabaña y con una mano aun en Kurikaramaru. Tal aura asesina hizo que Towa se sorprendiera de que su prima no terminara de una vez por todas con Jyubei, ella especuló que no fue por aprecio a la vida del anciano, definitivamente no, sino que Moroha aun lo veía como una fuente de dinero útil, así que le permitió seguir respirando.
Básicamente el mismo interés que impidió a Moroha matar a Totosai, mantenía con vida al viejo comerciante. Si el hombre quería seguir vivo, más le valía no perder su utilidad.
De regreso a la aldea de Shiori. La hanyou murciélago estaba aliviada por encontrar que el pequeño hanyou todavía tenía a su madre sosteniéndolo, y no hizo el más mínimo esfuerzo por detener a la joven madre de entrar al campo, al contrario, le dio la bienvenida ofreciéndole todo cuanto podía ofrecerle.
"Supe que su madre estaba con él todavía, pero no tenía muchas esperanzas de que ella seguiría viva para cuando llegaran. Lamento no haberles advertido, pero no había tiempo." – Dijo a las chicas una vez estas preguntaron si sabía sobre Keiko.
Towa encontró encomiable sus esfuerzos por ayudar a otros híbridos. La primogénita de Sesshomaru no se detuvo a pensarlo antes, pero seguramente la infancia de Shiori no debió ser particularmente buena, estaba especialmente convencida luego de ver el maltrato que Keiko había sufrido a manos de los aldeanos. Towa sonrió para sí misma agradeciendo en silencio al padre de Moroha, si su tío, Inuyasha realmente se detuvo para salvar a Shiori, debió ser un gran hombre.
Poco después, cuando no había trabajo, las princesas estaban ocupadas moviendo carga, reuniendo materiales para la construcción del hogar de los hanyou fuera del campo protector de Shiori. Todo era colocado ordenadamente en el lugar establecido para la construcción y Towa llevaba el registro de todo lo que se había obtenido.
Levantar las dos primeras edificaciones fue un poco caótico, pero luego de eso, simplemente no pudieron parar. Antes de darse cuenta habían construido unas diez cabañas de tamaño aceptable y luego deforestaron una parte entera del bosque para construir un muro y una torre de vigilancia.
Towa estaba sorprendida por lo fácil que era perderse en el trabajo, había una paz reconfortante en eso. Con cada nueva edificación pronto fue notable la mejora en calidad, algo de lo que la peliblanca se enorgullecía, aunque a menudo se tenía que quejar del perfeccionismo casi obsesivo de Setsuna y cuanto la molestaba tener que cambiar detalles de su plano original.
Una tarde, Moroha ocupaba su tiempo afilando las armas de las princesas, y practicando tiro con arco, en tanto Towa charlaba con Keiko, la única humana de la comunidad, cuando decidió volver para empezar a hacer la cena. No esperaba toparse con Setsuna ensimismada en el pequeño escritorio que se había construido a sí misma, trabajando en un nuevo plano.
La hanyou de cabello claro se asomó y trató de entender lo que pretendía su hermana. Luego de mirar por unos segundos con total atención, se dio cuenta que el dibujo era acerca de una ampliación de la cabaña donde estaban en ese mismo instante, convirtiéndola en una especie de pequeño palacio.
-¿No es un poco ambicioso?-Comentó ella sentándose sobre sus piernas junto a la azabache.
-Levantamos toda una pequeña villa en algo más de una semana, Towa-le recordó ella.-Lo que me preocupa es la parte artesanal, para que quede atractivo a la vista.
Towa reflexionó unos momentos.
-Podríamos pedir ayuda a los artesanos de alguna aldea humana cercana, nuestras relaciones han mejorado.
Setsuna frunció el entrecejo.
-Eso es cierto, pero no podemos traer humanos aquí.-Le recordó con cierta decepción.
Ese día no tenían una respuesta para el problema.
Pero cuando otros hanyou supieron de su dilema, se ofrecieron voluntarios para ir a las aldeas y aprender cómo hacer los trabajos artesanales. Towa no se atrevía a pedirles que se tomaran tantas molestias, pues estaban tan decididos a hacer algo por las princesas, por su "maravillosa labor" que rechazar la oferta habría sido casi grosero, no es que a Moroha y Setsuna les importara eso, cuando tenían tantos intereses involucrados.
Towa esperaba que pasara otro año antes de que su nueva casa estuviera completada, pero subestimó la capacidad sobrehumana de un hanyou bien motivado. El grupo de híbridos estuvo preparado en un par de meses y trabajando de sol a sol, las princesas y sus amigos terminaron la construcción en un mes.
La casa tenía el piso de madera elevado sobre el suelo. La residencia era resguardada por una empalizada, tenía un bonito jardín y un estanque de peces koi en el exterior que se surtía de un rio cercano. Dentro, a parte de la cocina y la sala principal, cada princesa tenía su propia habitación privada con puerta corrediza, y había una adicional para invitados.
Las habitaciones de cada una reflejaban mucho de su personalidad y trabajo, pero la de Moroha era un poco más... llamativa que las demás, y también más multifacética, es decir, estaba llena de armas, de objetos costosos y vanidosos, al mismo tiempo que había incienso, amuletos y pergaminos sagrados.
Hablando de amuletos.
Moroha estuvo trabajando recientemente en sus habilidades para bendecir rosarios y otros objetos.
Eso no despertó gran interés en Towa, hasta que un día, a punto de salir para reunirse con los otros hanyou de la aldea y salir de caza, su prima la tomó por sorpresa pidiéndole usar un rosario de cuentas color borgoña, hecho y bendecido por ella misma. Towa expresó su confusión por el regalo que se le ofrecía, a lo que Moroha aclaró:
-Eres la única que no tiene ningún tipo de sello para su sangre de demonio-Entonces la joven sacerdotisa señaló sus espadas-Mis armas ya tienen un sello hecho por mí misma, Setsuna tiene el suyo en Yukari no Tachikiri, pero no tenemos nada para ti todavía...
Towa parpadeó varias veces.
-Pero nunca he tenido... problemas.
-Y espero que no los tengas nunca, en cualquier caso mejor estar preparados que no estarlo, así que me tome la libertad de hacerte esto.-Argumentó la hija de Inuyasha encogiéndose de hombros y con una nota suplicante oculta en su voz, mientras ofrecía su rosario-Preferiría no tener una repetición de esa vez con Setsuna...
Towa no pudo discutirlo, así que tomó el rosario y lo enrolló en su bracera izquierda, dado que no le gustaba la idea de ponérselo en el cuello. Moroha le ayudó a ajustarlo y aunque no fuera algo que pidió, la peliblanca tenía que admitir que lucía bien en conjunto con el resto de su atuendo.
Pensándolo detenidamente, para hanyou del poder de Towa, ir por ahí sin sello, pudiendo encontrar uno tan fácilmente, era bastante irresponsable. Entre otras razones, la princesa mayor estaba agradecida por Moroha, tener una prima sacerdotisa que comprendiera, en carne propia, sus circunstancias, era increíblemente conveniente.
-Gracias. Queda muy bien con mi ropa y es muy dulce de tu parte molestarte en hacerlo.-Le dijo.
Moroha sacó pecho envalentonada.
-Cuidarnos mutuamente es lo que se espera de nosotros.-Contestó con una sonrisa casi engreída, típica de ella.
En los últimos años, ciertamente así era, aunque más aun desde que se habían mudado al territorio de Shiori, donde literalmente, proteger a los demás hanyou era una especie de ley no escrita, pues la matriarca, por así llamarla, de la comunidad, se había encargado de inculcar dicho comportamiento a todos los niños bajo su tutela.
Y aunque no se les había dicho directamente, todos sabían que la tarea de proteger a la comunidad había caído fuertemente en los hombros de las nietas de Inu no Taishou, al ser las más poderosas. No obstante, entre las propias princesas era un poco diferente, pues estaban más o menos al mismo nivel unas de otras y hasta su propia jerarquía interna, como manada, era un tanto difusa a pesar que tácitamente Towa era, más o menos, la cabeza del trio.
Setsuna y Moroha generalmente seguían a Towa, no obstante, al final del día, cada una tomaba su propia decisión. Afortunadamente, las veces que la azabache y/o la mitad hanyou rechazaban el liderazgo de Towa, solía ser para mejor, pues... a veces era necesario un poco de dureza y astucia, que la peliblanca no tenía o no quería ejercer. Igual de afortunado era que Towa casi siempre supiera cuando retroceder ante las otras dos híbridas y dejarlas hacer lo que se tenía que hacer.
Towa estaba satisfecha con la dinámica familiar.
De pronto Moroha alzó la cabeza captando un aroma. Si la chica tuviera orejas y cola de perro, se abrían levantado con atención, Towa podía imaginarlo.
Entonces el olor y el youki la alcanzaron también, borrando cualquier diversión que Towa pudiera sentir al respecto de los caninos ademanes de su prima. La mayor de las nietas de Inu no Taishou alzó la vista y vio a lo lejos, en el cielo, una figura enorme, en contra de la dirección del viento.
Un perro blanco
El enorme ser voló hacia un bosque cercano, no muy lejos de la villa recién construida para los hanyou mayores. Towa se sentía alarmada de que un youkai de esas dimensiones y poder estuviera tan cerca.
-¡Quédate aquí, él y yo tenemos cuentas pendientes!-Dijo Moroha saliendo disparada en dirección al demonio.
Towa no entendía nada.
-¡Moroha ESPERA!-Gritó a punto de correr tras la mujer de capa roja.
Pero fue detenida por Setsuna, quien solo apareció de la nada y la frenó agarrándole un brazo.
-No la sigas-Dijo simplemente la otra hanyou.
-Pero... el demonio... -Intentó discutir.
-Moroha lo conoce, créeme.-Insistió Setsuna sin mirarla a los ojos y luciendo un ligero rubor en sus mejillas, algo nada común.-Si vas, podrías crear problemas fácilmente evitables.
-Podría hacerle daño, es un daiyoukai.-Argumentó Towa soltándose de su hermana.
-Dudo que tenga tal cosa en mente.-Expresó la azabache encogiéndose de hombros-¿Recuerdas a ese youkai que se topó con Beniyasha? Esa vez después de que Moroha hiciera trizas al "demonio vaca" y su ejército.
Towa asintió sin ver como eso podría estar conectad... espera.
Oh.
La comprensión amaneció sobre el rostro de la hanyou pálida, igual que un sonrojo propio.
-Así es.-Le reafirmó su hermana.
Setsuna tuvo toda la razón al final. Aunque toda la aldea estaba en una especie de pánico silencioso por la salida de Moroha y la aparición del Daiyoukai perro, no pasó nada. Towa estuvo con una mano en su arma todo el tiempo, esperando la más mínima señal de que a lo lejos se librara alguna batalla que involucrase a su prima.
Pero nunca llegó.
Unas horas después Moroha regresó con la cabeza en alto y una sonrisa petulante, como si ese acabara de convertirse en uno de los mejores días de su vida. Setsuna, desde el techo de su hogar, tranquilamente la vio llegar, a diferencia de Towa que no sabía ni que decir, además de exigir explicaciones sobre lo sucedido a la menor.
Aunque esas explicaciones sobraban un poco por el evidente olor que provenía de la hibrida recién llegada.
Olor a apareamiento.
Y el olor de ese demonio.
Moroha se lo tomó con tranquilidad a pesar de la ligera crisis que tenía la peli platinada, nada podía arruinar su humor e, indiferente, rechazó las preocupaciones de su prima. Las interacciones entre las dos eran casi un entretenimiento para Setsuna, quien estaba agradecida de que últimamente el instinto un poco sobre protector de Towa, en lugar de concentrarse en su hermana, se estaba dividiendo entre esta y la otra nieta de Inu no Taishou, hecho que lo hacía menos sofocante.
Para bien o para mal, Towa tendría que aprender a vivir con la presencia de Shiki, el demonio y nuevo "amigo" de Moroha, porque no serían pocas las veces que aparecería para robarse a la chica carmesí.
-De nuevo pasará la noche fuera... -Comentó Towa, echada en el frio suelo de madera, en la sala principal, donde Setsuna estaba concentrada en su labor. -Shiori-san debería hacer algo.
La hanyou azabache yacía sentada sobre un tatami e inclinada sobre su pequeño escritorio de madera, mientras trazaba cuidadosamente con tinta. Setsuna escribía una carta para dedicarle a un daimio, ofreciendo sus servicios en la próxima guerra.
-No lo hará, Moroha es una adulta, se junta con quien le place-Dijo Setsuna sin mirar a su hermana.
Towa se apoyó en una mano y encaró a la otra mujer mientras trabajaba. Era una vista a la que no estaba acostumbrada, pero no le molestaría hacerlo, era adorablemente domestico: Setsuna vestida con un yukata color lila de decoración floral, envuelta en su siempre presente mokomoko y luciendo su cabello suelto.
Sesshomaru, desde su visita a Setsuna, aparentemente se había dado cuenta que, quizá falló en algunos aspectos de su labor paternal... y estaba tratando de compensarlo de algún modo, con más regalos. Desde la tinta cara, hasta una variedad de finas prendas de vestir. No es que realmente lo necesitaran, pues la mayoría de sus posesiones fueron compradas de su propio dinero, pero había sido un gesto muy generoso a las princesas, incluso Moroha recibió obsequios algunas veces.
Towa estaba un complacida, pero Setsuna, mucho menos indulgente, veía los regalos como un vano intento de comprar su afecto.
-Pero es un demonio mayor... -Discutió la mayor un poco frustrada-Shiori-san no debería permitir a seres así cerca del refugio, o de nosotras.
-Lo dice la que se ve con Riku semanalmente-Discutió Setsuna mirando de soslayo a su hermana melliza.-Aunque no esté con Kirinmaru, que sea, o haya sido tan cercano a Zero, es suficientemente malo para mí.
Towa se puso visiblemente incomoda.
-Es diferente... -Rechazó ella un poco vacilante en su defensa.-Riku demostró que se preocupa por mí, me vio en luna nueva y mantuvo el secreto... y yo tampoco desaparezco noches enteras.
Setsuna ignoró su réplica final.
-No estoy segura de los detalles y no los quiero saber-Argumentó ella-Pero estoy bastante segura que Shiki conoce unos cuantos secretos de Moroha, y ella continua aquí, sana.
La primera vez que Shiki se topó con Beniyasha, incluso Towa lo encontró un poco divertido... pero eso había cambiado desde que el demonio dejó de ser solo una anécdota y se convirtió en una constante.
Towa gruñó, incapaz de encontrar argumentos convincentes para combatir la lógica de su gemela. Aunque razonablemente Shiki no se perfilaba como una amenaza, la primogénita de Sesshomaru no podía dejar de preocuparse y percibirlo como una amenaza a su familia. Seguramente su renuencia a que Moroha estuviera en brazos de un daiyoukai de aspecto claramente poderoso, tenía más que ver con haber crecido entre humanos, que, con la amenaza real, pues Towa sospechaba que, si Moroha estuviera con un humano, no tendría el menor problema.
Pero tal escenario "fácil" era improbable, Towa lo sabía. Incluso si hubiera un humano interesado en Moroha, pese a su condición mixta, la medio hanyou difícilmente estaría interesada. Igual que Towa creció entre humanos, Moroha creció entre demonios, teniendo poco o nulo contacto con humanos, cosa que se notaba. De algún modo ridículo, Moroha, teniendo menos herencia youkai y descontando los poderes espirituales, a menudo parecía mas cercana a un inugami que a un humano, incluso comparada con hanyou más puros, como sus primas.
-Para alguien que rechaza tanto a Riku, pareces muy partidaria de Shiki estando con Moroha.-Expresó Towa después de reflexionar.
-Riku es o era un esbirro de Zero, Shiki no ha hecho nada malo.-Dijo la azabache con simpleza mientras escribía-De hecho, algo está haciendo bien, Moroha es feliz cada vez que lo ve.
Towa hizo un mohín, pues no podía negar tal afirmación.
-¿Ahora que lo pienso, nunca te ha gustado nadie?-Preguntó, cambiando el tema.
Setsuna se encogió de hombros.
-Encuentro atractiva a mucha gente, pero no creo que eso se parezca a tu fijación por Riku... o a la de Moroha por Shiki.-Fue su respuesta.
Towa se sonrojó y eso sacó una ligera sonrisa divertida en Setsuna.
El contraste era extremo. La relación de Towa y Riku todavía se podría calificar como inocente, mientras que la de Moroha y Shiki, nunca lo fue para comenzar.
-No quiero ni pensar en que haría si un día te vuelves como Moroha-Confesó Towa un poco en broma.
-Despreocúpate de momento, no estoy interesada en tales... entretenimientos, al menos por los próximos dos siglos.
La peli platinada suspiró con alivio genuino.
A veces olvidaba que como hanyou tenía todavía siglos por delante, y por primera vez, estuvo realmente agradecida de ello.
A lo largo de los meses siguientes, comenzó a circular la noticia de un aumento importante en las epidemias de una misteriosa enfermedad. Combinado con los enfrentamientos entre señores feudales, algunas comunidades la estaban pasando realmente mal. Las princesas participaron de una o dos batallas, como mercenarias de un daimio y a pesar de que la experiencia no fue algo de lo que ninguna estuviera orgullosa, las mantuvo ocupadas, les llenó los bolsillos y aseguró mantener la guerra fuera de su zona.
La enfermedad causó que el tránsito entre las aldeas y ciudades se ralentizara o terminará del todo, mientras la peste no cesara. Muchos espiritistas advirtieron que en la mayoría de casos había causas demoniacas tras la enfermedad, así que se dedicaron a purificar los lugares infectados tanto como pudieron y proteger a quienes aún estaban sanos.
Las gemelas mantuvieron poca participación en esos eventos, pero acompañaron a Moroha varias veces mientras ofrecía sus servicios para purificar y curar a los enfermos, o al menos intentarlo. Algunas localidades las rechazaron de plano, pero muchas otras estaban desesperadas por ayuda y no les importó si venia de una sacerdotisa con sangre demoniaca. También hubo pueblos que se mostraron inusualmente amistosos, pues Moroha ya había pasado por esos lugares y se había hecho un buen nombre.
Las gemelas no conocieron los detalles, pero su prima les contó que una noche, mientras estaba con Shiki percibieron energías malignas y fueron a investigar. Moroha no dio detalles muy descriptivos, pero dijo que la mayoría de los humanos estaban muertos por la peste, chusma demoniaca comía sus despojos y gran parte del lugar ardía en llamas.
Poco se pudo hacer por ellos.
Pero desde entonces Moroha estuvo mucho más involucrada en combatir la plaga, que claramente estaba ligada a los demonios. Se prometió que daría todo por salvar a la gente y evitar que la plaga llegara a su hogar.
-Muchas gracias Towa-sama-Dijo un aldeano.-No tenía que tomarse tantas molestias.
La fémina asintió y se soltó de la carreta, llena hasta el tope.
-No hay problema, no es gran cosa para mi.-Aseguró ella con una sonrisa modesta.
Entonces, mientras los aldeanos desmontaban su carga, la peliblanca se volteó para ver a lo lejos, en la dirección donde su hermana y su prima habían ido. Cuando esa misma mañana llegaron a la aldea de la anciana Kaede, sintieron un poder maligno a lo lejos, donde se podía ver nubes tormentosas. Towa había prometido su ayuda a los aldeanos, así que solo Setsuna y Moroha montaron a Ah-Un para ir a investigar.
Towa tenía un terrible presentimiento.
Incluso los exterminadores acabaron llegando y los pobladores estaban resguardados.
Finalmente a lo lejos se vio al dragón volar a toda velocidad, de regreso a la aldea, mientras Moroha disparaba flechas hacia atrás y Setsuna mantenía su agarre en las riendas del youkai.
Del bosque de donde ellas emergieron, varios demonios abominables estremecieron la tierra con su persecución por tierra y sobre las copas de los arboles las siluetas de muchos youkai variados se unían a la persecución a las princesas desde el aire. Moroha mataba múltiples de ellos con un solo disparo, pero eran demasiados.
-¿¡Que vez!?-Preguntó Kohaku a Towa, quien hacia su mejor esfuerzo por discernir lo que ocurría a lo lejos, con sus sentidos superiores.
-Hay muchas alimañas en ese ejercitó de demonios, pero también veo youkai más poderosos, con armas y monturas.-Avisó ella a los exterminadores.
-Esto se pondrá feo.-Dijo el hombre con preocupación y se volvió a sus subordinados-¡Preparen sus armas! ¡Estarán aquí pronto!
Comenzaron a repartir armas entre los aldeanos para la batalla por venir. Hisui y Kirara se quedaron junto a Towa, quien no perdía de vista a Ah-Un mientras volaba en su dirección y las mujeres en su lomo trataban de matar a tantos enemigos como podían.
El corazón de Towa retumbó. A su lado la anciana Kaede su aferró a su arco, igual de preocupada por lo que estaba por venir.
La hanyou estaba segura que lo lograrían, pero a saber... a que precio.
Un youkai rojo bermellón destacó entre los demás, con tamaño, sus grandes cuernos, ojos saltones, melena oscura y una naginata en manos.
Ah-Un aceleró y cuando estuvo al alcance del oído de Towa, Setsuna gritó.
-¡Esa cosa tiene las otras perlas! ¡Cuidado!-Señaló al demonio rojo, que justo entonces escupió una bola de fuego descomunal, que Ah-Un esquivó, salvando a sus jinetes.
-¡Entréguenmelas! ¡Denme las perlas o borraré toda su patética existencia!-Gritó con voz enternecedora el demonio, mientras sus seguidores avanzaban, algunos por delante de él.
-Genial, otro loco de esos-Se quejó Towa desenfundado su espada.
El dragón marrón finalmente se elevó algunos metros sobre la peli platinada, dejándoles aun unos minutos antes de que los youkai arribaran a la aldea.
-¡Esa cosa es un Akki! ¡Es el responsable la peste! -Exclamó Moroha. Towa se sorprendió que su prima sonaba casi aterrada-¡Zero le dio el resto de las perlas!
-¿El resto? ¿TODAS?-Gritó Towa dándose cuenta de la gravedad de la situación.
-¡Si, todas!-Intervino Setsuna completamente tensa y lista para partir a la batalla-¡Vienen por nosotras! ¡Hay que tratar de alejarlos de la aldea o arrasaran todo!
Con eso Ah-Un partió hacia los demonios.
-¡Adelante! Si queremos proteger la aldea, no tenemos más opción que ir y enfrentarlos antes de que nos alcancen.-Anunció Kohaku, saliendo de la aldea acompañado de sus exterminadores y una turba de hombres armados.
-Toma niña, entrégaselo a Moroha, ella le dará un mejor uso que yo.-Pidió Kaede a Towa, extendiéndole su carcaj lleno de flechas-Estos viejos huesos no podrán hacer mucho contra eso.
-Por supuesto-Aceptó ella humildemente.
-Sube, hay que adelantarnos-Ofreció Hisui, ya sobre Kirara.
Ella aceptó la oferta y saltó sobre la nekomata.
-¡Yadori Ga no Tsuki!-Gritó Setsuna cortando con su arma y generando del corte números proyectiles verdosos que cortaron en trozos a numerosos enemigos.
-¡Maldición, no se acaban!-Se quejó Moroha disparando otra flecha, que se dividió en múltiples estelas de energía y purificó en masa a los demonios, pero sin ser suficiente.
Setsuna no lo admitirá, pero comenzaba a sentirse abrumada, como solo se había sentido quizá en su batalla contra Kirinmaru. Los enemigos los rodeaban y se peleaban por atacar primero.
Un demonio armado con un yari y montado en un caballo youkai de un solo ojo apareció sobre ellas de pronto, listo para cortarlas. Mientras Ah-Un mantenía a raya a otros enemigos; Setsuna estaba ocupada cortando con su naginata a una bestia que se había aferrado a su bota, y por un segundo temió no reaccionar a tiempo contra el enemigo recién aparecido.
-¡Cuidado!-Moroha intervino saltando sobre el demonio montado. Con su arco en mano, la joven se las arregló para decapitar al demonio con sus garras y tirarlo de su montura para ocuparla.
Setsuna arrojó su Sempunjin contra otra horda de demonios a la vez que Moroha trataba de tomar el control del corcel youkai. Dado que no le quedaban flechas, la medio hanyou guardó su arco, y con el yari del demonio que recién había matado cargó hacia el siguiente objetivo más cercano.
-¡MOROHA!-Llamó Towa. Nada más tener la atención de la mencionada, Towa, desde Kirara le arrojó el carcaj, con el paquete de flechas atadas dentro.
-¡Genial, sería maravilloso tener tiempo para desatarlas!-Dijo sarcásticamente ella mientras sostenía las flechas y esquivaba a otro enemigo.-¡Gracias de todos modos!
Amparada por un Soryuha de Towa, Moroha pudo guardar sus nuevas flechas, pero aun así no pudo empuñar su arco y se decantó por desenfundar a Kamigami no kiba. El corcel demonio de Moroha era rebelde, pero podía funcionar, así que lo mantuvo.
La lucha fue caótica. En tierra los aldeanos y exterminadores lucharon contra los youkai terrestres, mientras las princesas, Ah-Un, Hisui y Kirara luchaban en el aire. El joven exterminador mantuvo a Hiraikotsu la mayor parte del tiempo, para usarlo como escudo y protegerse a sí mismo y a Towa, mientras la hanyou iba a la ofensiva, pero no podrían seguir así mucho tiempo, pues el Akki estaba en tierra, y no había manera de que un grupo de humanos mal armados pudieran enfrentarse a eso.
Habían tenido suerte de que el Akki, rabioso e impulsivo, se conformara con escupir fuego al aire, teniendo la esperanza de matar a alguna de las híbridas, sin éxito, y, de hecho, matando a muchos de sus propios seguidores.
Oyeron una risa entre la confusión.
-Eres patético, supongo que me equivoqué contigo.-Dijo una infame voz.
Todos, aunque fuera por un segundo, alzaron la mirada para ver a la dueña de esa voz.
Zero.
Ella estaba montada en su propio corcel demonio, mirando desdeño al Akki, como si fuera una rata.
-¡No puedo creer que te di las perlas y aun así no puedes matar a 3 niñas y sus amigos!-Recriminó la mujer-Quizá debí buscar a un youkai mejor para el trabajo.
El demonio gruñó ofendido. Por instante todos pensaron que arremetería contra Zero, no obstante, su ego pudo más que su enojo.
-¡Silencio! Tres híbridas y sus amigos insignificantes no me detendrán-Afirmó furioso cargando contra los exterminadores en tierra, abriéndose paso entre ellos y los youkais, para dirigirse a la aldea.
-¡No puede ser, hay que detenerlo!-Gritó Hisui buscando una salida del cumulo de demonios, quienes aun eran demasiados para salir de la refriega y perseguir al demonio.
Towa juraría que escuchó gritar a Kohaku en tierra, lo que acrecentó su desesperación.
-¡Fuera de mi camino!-Gritó Moroha arrojándose imprudentemente contra los demonios que le impedían el paso.
-¡No!-Dijo Towa, impotente mientras mataba a la escoria que se precipitaba sobre ella, Kirara y Hisui.
-¡Espera, Moroha!-Intentó Setsuna destazando enemigos, y con más éxito en avanzar, gracias a Ah-Un, quien empleando garras y las bolas de energía que expulsaba desde sus cabezas, la secundó.
Pero Moroha no escuchó a nadie.
Con su reikki a través de Kamigami no Kiba borró a casi todos los que se interponían, pero no sin recibir daños en el proceso. Su armadura protegió de la mayoría de las heridas, pero no hizo mucho contra los golpes contundentes y el acido escupido por algunos youkai.
De pronto, la montura de Moroha fue herida y empezó a descender en picada. La chica saltó y se aferró a un youkai serpiente, que la mordió en su antebrazo mientras forcejeaban.
No era la idea.
Pero sin querer Moroha mató a la serpiente arrancando su cabeza.
Ella ya asumía que caería abajo donde mas demonios la recibirían, casi podía sentir el dolor cuando se le arrojaran encima.
-¡MOROHA!-Escuchó gritar a Setsuna mientras intentaba ir en su ayuda.
Pero no llegaría a tempo.
Y sin embargo, el cuerpo de la sacerdotisa de rojo no fue recibido por la horda de demonios en el suelo.
En cambio, sintió el viento en su cara y bajo suyo una superficie suave y cálida.
Entonces su nariz confirmó lo inesperado.
-Shiki-Dijo ella aferrándose al pelaje y mirando al demonio con alivio.
-Pero que... -Expresó Hisui al ver al demonio.
-¡Es el amante de Moroha!-Le avisó Towa.
-¡¿Su amante?!-Exclamó el humano, estupefacto.
El perro gigantesco atajó a la híbrida en caída y ahora ella descansaba en la espada alta del inugami. Sin embargo, tanto Moroha como Setsuna se dieron cuenta rápido que algo andaba mal.
Sangre.
Shiki tenia una herida enorme en la cadera y otra en la parte baja de su abdomen. La sangre se filtraba de los cortes y claramente bajo el pelaje había contusiones.
-¡Pero que te pasó!-Exclamó Moroha horrorizada.
El perro la ignoró, aunque no es que pudiera responder.
En su lugar el demonio cargó contra los enemigos cercanos, haciéndolos pedazos con su poderosa mordida y sus garras enormes. Moroha se aferró a él para no caer, mientras Setsuna los siguió de cerca sobre el dragón.
-¡Que estás haciendo aquí, no deberías estar peleando con esas heridas!-Lo regañó la castaña, en tanto ella misma y el dragón eliminaban a varios enemigos que se interponían.
El perro gruñó y siguió adelante.
Setsuna no sabía que había traído al amante de su prima a la batalla, pero estaba agradecida por su aparición.
-¡Setsuna, ustedes adelántense, hay que detener al Akki!-Instó Hisui mientras Kirara esquivaba a un enemigo.
Towa lanzó un Soryuha contra el suelo, aliviando la carga de sus aliados en tierra. Pero estaba segura que al final del día, habrían perdido a un montón de aldeanos.
-¡Nosotros los cubrimos desde atrás!-Dijo la chica de ojos rojos.
-¡Shiki, Moroha, vamos tras el Akki! ¡Ya!-Declaró la segunda hija de Sesshomaru, a la vez que cambió su rumbo y se dirigió tras el demonio, no haciendo demasiado caso a las distracciones menores, como los demonios inferiores, que para ella eran basura.
-¡Eso estaba esperando! ¡Vamos!-Dijo Moroha sobre el inugami, quien sorprendentemente acató las ordenes de la shihanyou y se unió a la arremetida de Setsuna.
Por su parte, aunque el líder demonio aun no estaba en la aldea, había logrado prenderle fuego arrojando una enorme ráfaga desde su garganta, sembrando el terror entre los mas indefensos. Lo único que lo detuvo de no llegar fue Kohaku, quien lo distraía.
El exterminador, aunque estaba en escandalosa desventaja, pudo hacerle un par de heridas al demonio y llamar su atención sobre sí mismo. Fueron minutos que para Kohaku duraron una eternidad, pero justo cuando el Akki consiguió asestarle un golpe y dejarlo casi incapacitado en el suelo, listo para morir partido a la mitad por la naginata del Akki...
Ah-Un lo embistió mandándolo a volar.
Setsuna bajó del dragón, quien se precipitó al aire, para estar fuera de la línea de fuego. La jinete desmontada aprovechó la oportunidad y Yukari no Tachikiri cortó fatalmente al demonio enemigo en un costado.
El Akki colapsó debido al enorme tajo hecho por la espalda, justo entre su hombro y el cuello.
-¿Está muerto?-Dijo Kohaku con total desconfianza, mientras trataba de ponerse de pie, pero un dolor terrible en su costilla izquierda se lo impedía.
Shiki y Moroha esperaron un momento.
Setsuna, con un mal presentimiento se alejó.
El demonio rió y afortunadamente no consiguió herir a nadie con el balanceó mortal que le dio a su naginata, mientras se ponía de pie y la herida fatal simplemente se cerraba.
-Ahhh, por eso me encantan estas perlas.-Dijo con una grotesca sonrisa.
-¿Grrrr nada puede ser fácil verdad?-Gruñó Moroha.
Shiki repentinamente se enojó y sin pensar mas se arrojó sobre el demonio. Intentó arrancarle la cabeza de un mordisco, pero el youkai lo retuvo usando su arma mientas aun reía. Pese a que el inugami era mas grande el Akki apenas parecía tener problemas para detenerlo.
Todos especularon que fue por las perlas.
Shiki temblaba, claramente sufriendo. Moroha y Setsuna sintieron un escalofrió al darse cuenta de como la sangre se estaba filtrando por sus heridas, y cuan insoportable debía ser el dolor del esfuerzo.
-¡Eres un perro persistente! ¡Tendré que mostrarte tu lugar de nuevo!-Exclamó el Akki.
Empujó y asestó una patada contra la herida en el vientre de Shiki. El gritó de dolor no se hizo esperar, a continuación, en ese mismo momento el perro demonio voló varios metros, hasta estrellarse contra una casa. Justo a tiempo, Moroha saltó para salvarse de volar junto con su amigo.
Setsuna arremetió entonces, para no darle oportunidad de volver a atacar al demonio perro. El Akki detuvo su agresión con su propia naginata, y aunque la diferencia no era lo bastante abrumadora para dejar fuera de juego a Setsuna, claramente en fuerza física ella tenía las de perder.
Moroha nada más tocar el suelo intervino para ayudar a su prima. Saltó hacia su rival, planeando cortarle un brazo o el cuello con su espada sagrada, quizá eso impediría que se regenerara.
-¡Mierda!-Se quejó cuando el youkai, sin darle tiempo a hacer mucho, volteó la cabeza y escupió una llamarada enorme contra ella.
Setsuna durante un latido temió lo peor, cuando Moroha fue abrazada por el fuego.
Pero entonces de una voltereta salió del mismo, indemne, para estupefacción del Akki. No había considerado la capa de rata de fuego. Ese error le salió caro, pues Moroha revotando en el suelo una vez más, se lanzó al ataque, cortando un brazo del demonio, con un impresionante haz de luz purificadora y humo de la carne quemada por su reikki.
-¡No es posible!-Dijo él, cuando su brazo cayó y junto con este, su defensa.
Setsuna se abrió camino y le arrebató el arma, dándole un tajo enorme en el pecho adicionalmente. Solo los reflejos del demonio, sorprendentes para su talla, le permitieron alejarse lo suficiente para no morir, victima de otro movimiento de Setsuna.
-Parece que solo fueron necesarias dos niñas híbridas para acabarte.-Se burló Moroha, enmascarando el desagradable dolor que aquejaba su espada y sus brazos.
-¡No, no pueden!-Dijo encolerizado.
Para horror de las princesas, el demonio repentinamente adquirió mas youki y su cuerpo se deformó, haciendo sonidos repulsivos e inquietantes, hasta que el Akki se convirtió en una cosa aun mas monstruosa, con cuatro brazos y tres cabezas, las cuales ya no parecían del todo el rostro de un oni, sino que adquirieron un aspecto más de dragón.
Lo siguiente que supieron las dos híbridas, es que el demonio escupió fuego contra ellas. Ellas pudieron esquivarlo, pero no se detuvo ahí, desenfrenado, el Akki dirigió sus llamaradas en todas direcciones, a través de sus tres cabezas.
Setsuna y Moroha pudieron esquivarlos ataques, pero lo aleatorio de los mismos lo hizo muy complicado.
-¡Hay que sacarlo de aquí!-Dijo Setsuna.-¡Está loco!
-¡Setsuna, Moroha!-Escucharon a Towa, quien apareció desde el cielo con Ah-Un.
-¡Oye aberración! ¡Ven y atrápanos! ¡¿No quieres las otras perlas?! ¡¿O tres niñas somos demasiado?!-Provocó Moroha sacando la lengua al demonio, quien finalmente se detuvo y cargó contra ella, intentando engullirla con sus cabezas.
-¡Towa, al Goshinboku!-Dijo Setsuna rápidamente montando a al dragón junto con su hermana, de un sagaz salgo.
-¡Lo mataremos en el bosque de mi padre!-Anunció Moroha sin dejar de correr para escapar del demonio que la perseguía, a su vez que guardaba a Kamigami no Kiba y desenfundaba a Kurikaramaru,
Towa dirigió al dragón en esa dirección, mientras la menor de las tres arriesgaba su vida como un cebo. La chica carmesí lanzó su técnica con Kurikaramaru un par de veces, pero el Akki era casi inmune al fuego, así que no sirvió de mucho.
Las gemelas rápidamente se pusieron de acuerdo para el ataque. Towa saltó a la derecha del árbol, y Setsuna a la izquierda. Ah-Un se elevó a un lugar seguro.
Entre tanto Moroha corría hacia el lugar de encuentro, sintiendo finalmente el cansancio. Cuando llegó al árbol, se dio la vuelta y se puso en posición, con Kurikaramaru lista para la batalla.
-¡Entrégamelas, las perlas deben ser mías!-Dijo el youkai, que aparentemente, conforme las perlas lo transformaban en algo mas retorcido, perdía capacidades metales.
-¡Esto es lo único que te entregaremos! ¡Soryuha!-Dijo Towa haciendo su técnica.
-¡Sempujin!-La secundó Setsuna.
El dragón azul y el tornado se unificaron en una tormenta letal.
El youkai fue impactado directamente y su cuerpo se convirtió en miles de pedazos. Las cabezas y miembros del demonio volaron en todas direcciones, apenas dejando un torso descuartizado pero reconocible caer al suelo.
Hubo silencio por un instante.
Pero la cosa se movió.
Las princesas jadearon y se prepararon para seguir la lucha. Del torso nuevos apéndices estaban creciendo tratando de formar una nueva cabeza.
Sin embargo, no hubo oportunidad de que los restos del demonio hicieran algo importante.
Shiki apareció de improviso y de un mordisco arrancó la nueva cabeza en formación, y parte del torso del demonio.
-Ufff, estuvo cerca.-Comentó Moroha tirando a Kirikaramaru y dejándose caer en el suelo, sin fuerzas. Shiki no tardó en hacer lo propio y derrumbarse a dos pasos del cadáver.
Las gemelas aunque no se arrojaron al suelo, finalmente pudieron respirar con calma.
O eso creyeron.
El torso del demonio explotó, por decirle de algún modo, y de su interior, un grupo de cuatro youkais inferiores aparecieron, cargados con lo que parecía ser el poder de las perlas arcoíris que el Akki tenía. Todos se pusieron en guardia inmediatamente, pero no fue suficiente para que estuvieran preparados, para lo que el destino les reservaba.
El árbol y las perlas, las de los youkais, y las que llevaban consigo Moroha y Towa, reaccionaron en conjunto.
Un enorme portal de colores brillantes se abrió en el espacio entre la espalda de Moroha y el Goshimboku. Su atracción era inexplicable y pronto atrajo a las tres chicas parte demonio dentro, seguidas de los youkais con las perlas, y un Shiki muy herido que no dudó en perseguirlos.
