La princesa Kaoren me asignó una posición muy importante. Yo, Naguro, fui elegido como líder de las "Estrellas de Xing". Cuando ocurrió, una gran sensación de felicidad invadió mi cuerpo; pensé que por fin iba a demostrar mi valía a la princesa y así poder protegerla, pero, con la llegada de cada uno de ellos, esa ilusión desapareció.

El primero que se unió se llamaba Yotaka. Era un hombre de pelo abundante pero sorprendente bien cuidado; tenía una cara muy sería y peleaba utilizando dos chui. Cuando nos conocimos él se me acercó y me dijo:

—¡Tienes horrible el pelo!—después me señaló el rostro y siguió atacando mi aspecto—¡Además tienes la piel terriblemente llena de cicatrices!¡Eres desprolijo, desaliñado y mugriento!¡La princesa Kaoren me dijo que eras una persona respetable, pero se equivocó!¡Jamás haré caso a un hombre así!—después de decir tal demostración de rechazo hacia mi apariencia, se fue.

Jamás en mi vida me había preocupado por mi aspecto (y sigo sin hacerlo), pero en ese momento sentí un gran golpe en mi autoestima. Pero en ese momento, estando decaído, apareció la princesa Tao y me entregó algo, después se me acercó al oído para decirme que hacer con lo que me entrego.

Fuí dónde estaba Yotaka. Este me seguía viendo con rechazo, como si le hubiera hecho algo horrible. Le mostré lo que la princesa Tao me dió y le dije:

—Esta es la crema que utiliza la princesa Kaoren para cuidarse el pelo y se mantenga prolijo cuando combate, ella me lo dió hace un tiempo pero como puedes ver yo no lo utilizo, por eso quiero entregártelo como un presente— todo lo que dije era mentira, creo que lo único cierto es que esto era una crema para el pelo, pero no estaba seguro.

Con ojos de ilusión, agarró la crema. Me miró a la cara y dijo:

—¿Una crema que cuida el pelo durante el combate?

—Sí—le respondí, mientras que me ponía nervioso por su mirada tan directa.

—¿Y es de la princesa Kaoren, verdad?

—Sí—le respondí de nuevo, con el sudor de la frente cayendo.

Él se quedó en silencio un momento mirando la crema. Después, me miró con la felicidad que solo verías en un niño cuando recibe un regaló y me dijo:

—Ahora comprendo lo que me dijo la princesa sobre usted, ella estaba hablando de la belleza interior que tenías. Es otro tipo de belleza, pero la respeto. Estaré contento de hacer equipo con un hombre como usted.

Gracias a la princesa Tao pude lograr llevarme bien con Yotaka en poco tiempo. A causa de esto, creí que podría lograr llevarme bien con los siguientes miembros, pero esto en verdad era la señal que tendría poco a poco dejar de lado la lógica para poder hacerlo.

La siguiente vez, me sentí optimista de poder llevarme bien con el nuevo miembro; se llamaba Vold, era un hombre alto, serio, ágil, y, sobre todo, muy respetuoso con las princesas. Pero tenía algo que me parecía bastante extraño.

—¿Por qué te cubres la mitad de la cara?—le pregunté sin cuidado, ya que sabía cómo era su rostro y sabía que no tenía ni una cicatriz o marca en ella que lo avergonzará.

—Para que los enemigos no me puedan reconocer.

—¿Aquí? Donde solo estamos los dos, que no nos estamos escondiendo, y que, sin acusarte de que desconfías de mí, sabes perfectamente que yo se como te ves.

Después de decirle eso, nos quedamos mirándonos en silencio, hasta que Volg lo rompió diciendo esto:

—... Sí

«Ahhh, es solamente estúpido» pensé en ese momento. Pero bueno, tampoco era algo realmente importante que hiciera eso. Lo que sí era importante era que esa parte estúpida de él saldría a flote más seguido a causa del siguiente miembro.

Esté se llamaba Algira; era un chico delgado pero musculoso y tenía un talento nato para el combate, pero tenía algo raro él (cosa que parece que es constante en ese equipo). Cuando lo recibí acompañado por Vold, él llevaba un gato en cada brazo, otro en la cabeza y varios alrededor. Vold tomo esto como una falta respecto y fue a regañarlo:

—¡¿Crees que esa es la forma correcta de presentarse ante el líder de las "Estrellas de Xing"?! ¡¿Viniendo acompañado por un grupo de gatos?!—señalaba Vold con un notorio enojo.

Realmente no me molestaba que viniera con un grupo de gatos, ya me había acostumbrado a que pasara eso por la princesa Tao, pero sí me sorprendió que apareciera con tantos de ellos encima.

—Tao-nyan y Kaoren-nyan dijeron que no había problema que trajera gatos—decía Algira con total tranquilidad pese a la reacción de Vold.

«¡¿Tao-nyan y Kaoren-nyan?!» esos apodos me descolocaron al escucharlos. Tenía que corregir a Algira por eso ya que eso sí que era una falta de respeto a las princesas.

—¡Esa no es for…!—antes de que pudiera regañarlo, Vold se me adelantó.

—¡Esa no es forma de dirigirte a las princesas!—mientras decía esto, Vold se acercaba y se dirigía hacia los gatos que tenía encima Algira—¡Te quitarás esos gatos de encima e irás con las princesas a disculparte por haberte referido así hacia ellas!

—No—decía Algira mientras esquiva a Vold, evitando que le quitara los gatos—Por dos razones: primero, que las princesas no están aquí, entonces no tengo a nadie con quien disculparme; y segundo, a las princesas no les molestó que me refiriera a ellas así.

Me había quedado mirando a estos dos pensando que hacer: o hacía que desistiera Vold de tratar de quitarle la gatos a Algira, o lo ayudaba a atrapar a este último. Mientras divagaba sobre esto, Vold piso por accidente a uno de los gatos. El maullido que dió el gato fue tal que, tanto yo como Vold, saltamos de la impresión. Luego de esto, mire a Algira por si había saltado igual que nosotros, dado que los gatos que tenía encima lo hubieran arañado. Pero los había bajado y estaba mirando con una cara de odio indescriptible a Vold. Se acercó a él y le dio un golpe en la cara con tal fuerza que lo echó para atrás.

—¡¿Qué te pasa?!—grito Vold después de recuperarse del golpe.

—¡Ningún gato será lastimado en mi presencia por una persona sin que yo lo vengué!—exclamó Algira como justificación de su ataque.

—¡Qué solo fue un accidente!—dice Vold mientras se acerca a Algira y le devuelve el golpe.

—¡Incluso si es un accidente, no quita el hecho que lastimaste a un gato!—le dice Algira a Vold mientras lo vuelve a golpear.

Mientras Algira y Vold se peleaban, decidí ir a separarlos ya que podría escalar a peor y salir ambos muy lastimados.

—¡Detengan esto!—exclamé mientras los separaba a los dos.

—¡Apártate!—gritaron los dos al unísono y golpearon mi cara. Pero no lograron derribarme y solamente provocaron mi enojo. Ante esto, ellos dos tuvieron dos reacciones: la primera, que es la que los dos coincidieron, fue de asombro; pero su segunda reacción fue diferente: Vold se apartó y se disculpó por el golpe, mientras que Algira continuó haciéndolo con cara de asombro por mi aguante.

一¡Eres increíblemente resistente!一decía Algira mientras seguía golpeando con la cara llena de felicidad.

一¡Idiota, deja de golpearlo!一decía Vold mientras él detenía a Algira de seguir golpeándome.

Después de esto, Vold y Algira (este último con la mano de Vold agarrándolo detrás de la cabeza) se inclinaron para disculparse de haberme golpeado. Suspire en ese momento y decidí perdonarlos. Luego, Algira se levanta y con los ojos llenos de ilusión dijo:

一¡Eres muy resistente, por favor, entrena conmigo!一pidió Algira muy emocionado.

一¡No me pued…!一antes de que pudiera regañarle, fui interrumpido por Vold.

一¡No le puedes pedir que entrene contigo después de haberlo goleado!一Vold, después de decir eso, saca su espada一Para que reflexiones de tu comportamiento, yo entrenaré con él.

一¡¿Espera, qué?!一dije, descolocado por la repentina propuesta.

一¡Tú también lo golpeaste, tampoco puedes pedirle!一le reclamó Algira.

一Lo mío es más perdonable porque lo golpeé una sola vez一le señala Vold.

一Si es más perdonable, será porque era más débil一se burla Algira.

一¡¿Quieres comprobar si es más débil?!一amenazaba Vold.

一¡Intentalo, Voldpus!一le dice Algira provocandolo.

一¡A qué viene ese apodo!一grita Vold, golpeando a Algira.

Mientras veía a ellos dos pelando, decidí en ese momento que dejaría a Vold encargarse de Algira, para así no poner en peligro a mí persona o a otros de las estupideces de estos dos.

El último miembro que se unió se llamaba Mizari. Era un chico joven, de baja estatura, de ojos saltones, y que desprende un aura espeluznante; pero a pesar de eso, le tenía mucho cariño a la princesa Kaoren y le era muy fiel.

Me costaba mucho poder congeniar con él. Cumplía lo que se le pedía, pero siempre le daba su toque retorcido. Pensé que nunca podríamos llevarnos bien del todo, hasta que un día lo encontré entrenando con una espada corta. Al verlo, decidí acercarme para así ayudarlo o darle una sugerencia y así él empezara verme como un líder confiable, pero, como siempre, ese chico le daría su toque retorcido.

一¿Cómo está, Mizari? Veo que estás entrenando ¿Qué tal vas con ello?

一Estoy bien Naguro-sempai, pero con el entrenamiento tengo un problema—respondió Mizari todavía concentrado en su entrenamiento.

«¡Qué bien, esta es mi oportunidad!» pensé en ese momento mientras trataba de ocultar mi felicidad de Mizari.

—¿Cual es tu problema? Tal vez te pueda ayudar, tengo bastante experiencia combatiendo—dije pensando que podía utilizar esta oportunidad para ganar su confianza.

—Puñaladas en los costados—decía mientras seguía concentrado en su práctica—He tenido problemas que cuando lo he hecho han chocado con las costillas y eso ha frenado que lo atraviese bien—voltea la cabeza a verme mientras me sigue hablando—La princesa Kaoren me negó traer personas para practicar; también los cadáveres me los negó, aunque bueno tampoco hubieran servido porque, ya sabe, le faltan esa resistencia que tiene el cuerpo cuando está vivo—entonces giró todo el cuerpo y se me empieza a acercar—Entonces utilice mi memoria para recordar a la gente a la que apuñale, recordar las sensaciones de mi espada atravesando su carne, pero no a servido. ¿Tiene alguna forma de ayudarme?—me pregunto estando ese momento al frente mio—Escuche que eres muy resistente.

En ese momento me invadió un miedo gigantesco sobre todo mi cuerpo, «¿Que solución puedo darle en la que yo no termine apuñalado?» pensé en ese momento.

—¿Qué tal, qué te parece, si tratas de practicar apuñalar el hígado?Tal vez concentrarte en darle a un órgano en específico te ayude con tu precisión.—le dije esperando que le bastará esa solución.

Se me quedó mirando, después vio su espada, la movió un poco en el aire, me volvió a mirar y dijo:

—Muchas gracias, Neguro-sempai, lo voy a poner en práctica—después de decir eso, Mizari se puso a practicar en el aire lo que le dije.

Una sensación de alivio se transmitió por todo mi cuerpo como si hubiera evitado una situación de muerte. Pero este sentimiento se esfumó en el instante que escuche el sonido de varias pisadas acercándose. Los que la generaron con su llegada fueron Vold, Algira y Yotaka.

—¿Qué están haciendo?—preguntó Yotaka.

—Bueno…Ehh…—No sabía por qué me estaba poniendo nervioso, pero me parecía difícil decir en ese momento "Le estoy enseñando a Mizari a apuñalar hígados para que no vaya a practicar hacerlo con personas o a mí"—Lo que estamos haciendo es…

—Neguro-sempai me está enseñando a apuñalar hígados para que no vaya a practicar hacerlo con personas o con él—dijo Mizari con una indiferencia total.

Mire a Mizari, sorprendido por su tranquilidad después de decir esto. Después, volví a mirar a Yotaka, Algira y Vold que me clavaban su mirada con seriedad. Entonces Algira voltio a mirar a Mizari y dijo:

—Si quieres practicar técnicas para acabar con tus enemigos, entonces aprende a dar una patada como esta—y dio una patada muy fuerte al aire después de decir eso.

—Tonto, lo que debe aprender Mizara es dar un ataque con la espada sorpresa, como este—dijo Vold para despues dar un espadazo al aire.

—Ninguna de esas formas de atacar son bellas, lo que debes hacer es aplastarlos con fuerza—dijo Yotaka que estaba apunto de golpear el suelo, pero se dio cuenta que lleva sus Chui.

Los tres terminaron discutiendo sobre formas de acabar con sus enemigos, mientras Mizari observaba atentamente y aparecia que tomaba notas mentales de lo que decían. En ese momento me di cuenta que este grupo jamás lo podrían liderar correctamente, pero por eso me rendiría.

Después de tener esta revelación, note que la discusión se había transformado en una pelea y que Mizari estaba preparándose para entrar con cara de querer pelear también. En ese momento miré al techo, «Princesa Karen dame fuerza» pensé y fui a tratar de separarlos.