En alguna parte de la galaxia, se podía ver una nave. En esta venía tripulada por un hombre y una mujer con un recién nacido. Los cuales estaban en un estado de coma indefinido para su largo viaje, el cual era a la Tierra, pero su curso sin saberlo fue movido.
A un mundo el cual estaba en guerra. Siendo esta la tercera guerra Shinobi, la más brutal que había durado varios años, aunque eso no importaba, pues no podíamos ver a un joven rubio, el cual tenía un chaleco de la hoja.
Sabes, mi mente para mí es un poco difusa y lo que te diré puede que sea gracias a la fiebre, el uso de drogas y los dolores y pecados que llevo cargando. Si no fuera por la fiebre, juro que podría ver mis pecados como 3 fantasmas.
Si es que los puedes ver, claro, atrás de mí siguiéndome uno detrás de otro. Mi destino tal vez ya está cada vez más cerca y el dolor de mis pies, como la fiebre que me da por ratos, no me deja pensar del todo. El primero es mi madre, la cual puedo ver su sombra colgada. El segundo, mi compañero a quien maté por ser un traidor de la aldea, y el tercero, el que no entiendo del todo, es un niño al cual le falta la mitad del cuerpo.
Mis 2 errores tal vez, y el tercero que viene probablemente. ¿He visto solo sueños o visiones? Desde que tengo cierta edad, he podido ver esos sueños aunque lo intente impedir. Tal vez no sea lo mejor, ya que se cumplen de una u otra forma. Tal vez es una maldición.
Como aquella vez que vi la muerte de mi maestro Jiraiya, empalado, triste y solo, o la de mis compañeros y próximos pupilos. Tal vez el destino quiere verme sufrir por 100 muertes que causé hace unas horas.
Lo admito, soy débil por dentro y a veces maldigo la frialdad de Fugaku y el orgullo de Kushina. Pero a diferencia de ellos, que tuvieron algo de amor y/o un poder divino, aunque siento envidia por ellos, creo que son más celos porque vivieron mejor que yo.
Muchos en Konoha, el hogar que no considero un hogar, el que me acogió, me consideran un prodigio, alguien que solo aparece cada 100 años. Y no es así, solo fue suerte y mi orgullo como disciplina, dijo mientras escuchaba un zumbido que venía del bosque, mientras daba un quejido de dolor, sintiendo cada uno de ellos clavarse en su espalda.
Mientras solo hacía lo único que podía, desenvainar mi katana, una que no quería que viera alguien de mi círculo íntimo. Una que estaba llena de sangre, carne y grasa humana. Al menor contacto con cualquier superficie, podía quemarlo en un fuego gris que dejaba salir un olor a piel quemada.
Y solo pude ver que los atacantes no eran más ni menos que de otra aldea, sino de su hogar de raíz. Eran 3 dolores de cabeza para mi estado actual, cansado, perdido y tal vez loco. Mientras solo reía para usar, aunque dolorosamente, el rayo trueno volador, la técnica que mejoré y por ende más odio. Mientras a uno de estos bastados le clavaba mi cuchilla en el pecho, al que con mi rapidez torpe le puse un sello explosivo y luego lo pateé para que explotara.
A otro de ellos, pero el maldito niño apareció de nuevo, y vi que era un Uchiha, maldije esto ya que tenía el Sharingan de 3 aspas. Me dio un corte en el estómago y otro en mi brazo derecho, el cual me cortó 3 dedos. Solo dije "maldita perra" mientras le daba un golpe con el mando de mi katana en el cuello, para tomarla de la chaqueta, y le mordí el cuello. Mientras hacía un sello del dios trueno en su ropa y la tiraba a un lado, escupiendo el pedazo de carne que estaba en mis dientes. Solo podía ver al último.
Era uno más alto y dormido que los otros dos, medía 3 metros y tenía una monstruosa fuerza y rapidez. Hizo un jutsu de tierra que me dio de lleno en el cuerpo y aprovechó esos segundos para darme un golpe con un martillo de tierra en la cabeza, el cual me abrió el cráneo. Casi me daba otro, pero aproveché que el cuerpo de la chica Uchiha con el sello que usé, y rápidamente esquivé el golpe, rompiendo el límite que era de 2 segundos a 0.5. Mis huesos, tendones y mis bobinas de chakra lo resintieron el doble esta vez.
Y solo podía ver cómo mis ojos se volvían rojos y la sangre nublaba mi vista. Algo que pude ver por unos segundos era que el sujeto fuerte cambió su pelo negro por uno dorado y tenía una cola de mono en la cintura. Venía casi volando contra mí, intentando darme otro golpe, disfrutando de verme sufrir. Solo podía esquivar.
Pero solo podía ver esos ojos debajo de esa máscara, los cuales eran rojos y con aspecto de mono. Cada vez que se hacía un poco más oscuro, se volvía más fuerte. Tenía la fuerza como para romper una zona como si nada, y su cuerpo, el cual de hecho era lampiño, se volvía más peludo y fuerte. Solo podía sentir la bilis en todo mi estómago, hasta que recordé su cola. Sin pensarlo dos veces, me lancé contra él con ayuda de uno de mis míticos kunai de 3 aspas, el cual duplicaba mi fuerza y mis bobinas de chakra. Casi en mi límite, rompí la velocidad del sonido, casi 0.0 segundos, lo cual me tronó los oídos. Solo podía escuchar un zumbido mientras le cortaba la cola de mono y él dejaba de tener su pelo rubio.
Su sonrisa bajo la máscara se desvaneció y sus ojos volvieron a ser negros y vacíos. Hice otro salto, que también sentí igual de 0.0 segundos. Algo que logró que algunos de mis huesos tronaran, y este, con uno de mis huesos del pecho, casi perforó mi corazón. Sin más rodeos, le corté la cabeza al maldito, mientras caía cansado y casi convulsionándose en el suelo. Solo gemía de dolor, sintiendo cómo mis bobinas de chakra se agitaban como una olla de presión y se enfriaban poco a poco. Como se retorcían, y el gemido era ahogado por la sangre que ya no me dejaba hablar.
Maldije, ya que tenía personas que me esperaban en Konoha, ahora sí era un hogar. Maldije una vez más, eso hasta que como pude, vi a una cuarta persona. Esta llevaba ropas de ambu, pero diferentes, de hecho, muy distintas a las que eran de Raíz.
Si no era un traje azul expandible, el cual tenía una armadura con líneas blancas y verdes, como el chaleco de Konoha, pero sin el logo de la aldea. Además, tenía un pelo café hermoso, casi como una melena, y llevaba esa extraña cola de mono. Ella solo se disculpó por la tardanza y rió un poco, diciendo que se quedó dormida. Luego sacó una bolsa donde tenía semillas, las molió y las mezcló con agua que estaba cerca, dándomela para beber. Sentí cómo mi cuerpo dejaba de doler y me dormí con esa gran sonrisa.
Antes de dormir solo le pregunté: "¿De qué aldea eres?" Ella solo me dijo con esa cálida sonrisa: "Soy un Saiyajin y él ya viene." Mientras dormía por el cansancio. Cuando desperté, el cadáver del hombre más grande no estaba y solo sentía mi cuerpo igual, aún dolorido y con fiebre. Pero me di cuenta de que tenía esa semilla en mi chaleco.
Fin del prólogo.
