Nada de la Leyenda de Zelda me pertenece.
Capítulo 2
Tal y como temía, tan pronto vieron el arma extra en Link la sorpresa y el silencio hicieron aparición. Afortunadamente la recuperación era rápida, afortunadamente, pero sabía que esto iba a pasar tan pronto entendió que su caballero iría con esa arma para todos lados en el cual pudiera ocurrir un combate. Lo cual era casi todo el tiempo. Si, había sido útil. Si, Link la había usado más de una vez. Si, Link también la había usado como cortador de verduras.
Y si, Link no tenía idea de que había hecho al aceptar esa arma. A menos que se estuviera haciendo el tonto, pero no creía que tuviera tanto talento como para fingir tal grado de ignorancia. Ya había llegado a mirar su ropa y sus pertenencias, incluso la había mirado a ella un par de veces, como si buscará lo que sea que estuviera ocasionando los segundos de pausa.
- ¿Puedo preguntar si ha habido complicaciones…? - Quizás era la primera pregunta directa, hecha a quién no entendía el verdadero significado.
Y lo decía así porque la respuesta de su caballero fue mostrar la cadena de pescado que había acumulado en la última hora mientras esperaban a Mipha, mojado hasta la cabeza y secándose con un paño. Feliz de la vida ese hombre pensando en comida, y eso que en el camino había pausado solo para asegurarse de que comiera algo, así tuviera que comer algo ella cuando en verdad no tenía hambre. Era un pozo sin fondo.
- Ahhh… si, ya veo… - Sintió pena por la señora.
No sabía en qué demonios estaba pensando Urbosa cuando hizo eso. No, en serio, ¿Link?, ¿por qué Link?
- ¡Zelda, Link! - Oh gracias a la diosa, por fin alguien con quien hablar y quien pudiera llevarla a ver a la bestia sagrada y… oh no, ¿también ella?, ¿no le habían dicho nada?
Quizás debería de sentirse afortunada de que Link no se tirara al agua con sus armas, aunque eso no valía de mucho cuando ya se estaba vistiendo como si nada del otro mundo hubiera pasado. Al menos cenarían algo diferente esta noche, suponía.
- Uh, que b-bonita arma… - Ay diosas…
- Un regalo de Urbosa. - Se metió antes de que las cosas se pusieran incómodas. Ya lo eran, no hacía falta empeorarlo. - Innecesario, pero ya sabes cómo es Urbosa. - Estaba segura de que hubiera hecho otra cosa si Link hubiera dicho que no.
¿Como había alguien tan ingenuo e ignorante a tales alturas de su vida?, Link, por supuesto, tenía que venir y romper el maldito récord.
- ¿Qué le puede ganar a la espada maestra?, nada, pero bueno, que se le hace. - Por si las dudas.
Si con eso Mipha no entendía que Link era un completo ignorante, pues lo inten- Olvidenlo.
- Link, trajimos cuchillos. - La quietud y el silencio decía mucho, el ambiente incómodo decía mucho más.
Nada de eso detenía a su caballero de limpiar el pescado con una espada gigante como si fuera algo de todos los días mientras felizmente producía el tono de una canción en el proceso y le daba miradas a Mipha y a ella como si esperara alguna conversación. ¿Y no era eso lo que usualmente pasaba cada vez que llegaban a algún lado con gente?
Tendría que esperar, Mipha parecía estar buscando algo lógico al que aferrarse.
- ¿Todo fue bien en el trayecto? - Ah, territorio común. Bien, bien…
- Nada que Link no pudiera encargarse. - Si había algo que tenía que darle a su padre, era el hecho de que había elegido al caballero más feroz en combate que tenían. Estaba segura que todo el punto es que tenía esa espada en particular y no otra razón.
No era el más listo o el más disciplinado, pero lo cubría con su entusiasmo. Se atrevería a decir que Link cobraba vida en combate y no fuera de él, ya sea porque había visto más expresiones faciales de su parte en pelea que fuera de él, por el simple hecho de que producía sonido, o porque parecía enteramente otra persona.
- Eso es bueno de oír. - Había sido un viaje ameno, si se ignoraba a los monstruos. - ¿Alguno de los dos está herido…? - La vista de Mipha volvió a Link en la pregunta y ni siquiera podía sentir molestia.
Quién entraba en combate y no paraba hasta que todo oponente dejaba de moverse, en el caso de los monstruos, era Link. Y hablando de Link…
- Yo que fuera tu no tomaría su palabra y chequearía su torso. - Por todo lo que sabía golpe directo de armas no había recibido, pero si había sido empujado más de una vez. - No me mires así, al menos un goblin te empujó o te dio con un palo, te vi. - La ceja arqueada y la confusión estaban demás, en su humilde opinión.
El problema de ser uno contra varios es que no tenías ojos en la nuca, aunque no se le sería una sorpresa que muchos creyeran que el elegido si tuviera ojos en la nuca u otra cosa más descabellada.
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-...si que, la aceptaste tanto por respeto como por miedo a que te fuera a electrocutar. - Resumió lentamente, sin ser sorprendida de que su amigo le sonriera y le asintiera con fervor antes de seguir devorando su cena improvisada.
Su padre se iba a reír hasta que su barriga doliera, y no solo por el hecho de que Link volvería a comer más tarde con todos ellos.
- Espera, ¿eso fue lo quisiste decirme al comparar a Urbosa con mi padre? - ¿Ah?, ¿perdón?
Ante el asentimiento de Link para Zelda, recordó que Zelda no entendía a Link y no se llevaban bien. Algo había cambiado, para bien. Gracias a las diosas.
- Urbosa no es así. - Podía entender la indignación de Zelda ante tal comparación, pero también podía ver claramente que había pasado aquí, lo quisiera o no. - Ella no hubiera-
- Zelda. - No estaba en ella interrumpir, pero esto no era más que un malentendido. Doble. Ay Link. - Zelda, eres la princesa. - Recordó pacientemente, y este era un punto clave. - Link es un caballero, sea tu caballero personal o no, Link es un caballero y no de clase noble. En su posición, rechazar un regalo de un rey, o en el caso de Urbosa, líder de una raza entera, es lo peor que se podría hacer porque da un mal mensaje. Link solo se está refiriendo a sus puestos, no a las personas en si. - No es que este último detalle hiciera mucho, porque Link no era muy cercano con ellos. Excepto ella, claro está.
Miro de reojo a la Cimitarra de la Ira apoyada inocentemente sobre una mochila de viaje. De saber exactamente que había tomado, estaba segura de que hubiera habido más de una conmoción. Link no hubiera aceptado así, siendo tan abrupto, pero tampoco hubiera dicho que no. Se hubiera visto contra la espada y la pared, sin saber que hacer hasta que la incomodidad hubiera ganado.
Urbosa sabía con exactitud que iba a ocurrir. Y había contado con ello.
- Pero… - Tan pronto comenzó, Zelda se apagó, sin saber qué decir, cómo expresar la situación.
Y en medio de ellas yacía un caballero que no entendía y realmente no le veía caso, dejando de prestar atención al ver que ya no era con él y podía seguir con lo que hacía antes: comer.
- Es curioso. - Se limitó a decirle, su vista en Link, mente de un lado a otro tratando de ver que quería Urbosa. Sus intenciones.
Por ley, Urbosa tenía el derecho de monopolizar el tiempo de Link y más, mucho más. De ambos lados. Así que, ver a Link aquí, sin actuar diferente y sin aparente preocupación, no era lo típico.
Y más extraño era un hylian joven, pero adulto en los ojos de la ley al ser un caballero real, felizmente ignorante de algo que más que debería saber dado su cargo. Quizás no por edad, pero aun así eran pocos los casos que no sabían, más tenían una idea leve.
Link no parecía tenerla, lo cual era sumamente curioso…
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-...guntaba si… - Hizo una doble toma al ver algo brillante detrás de la cortina. - No tengo idea si te lo permiten usar o no, o si te servirá de algo, pero… - Ah. Incluso si no lo dejaban ya se le ocurriría algo, era lo de menos.
Por algo un par de gatos lo visitaban casi todos los días, los tenía malcriados con pescado y a veces parte de su cena. No podría tenerlos, pero en ningún lado decía que tenía que echarlos. Hasta ahora no le había dado más problemas que leves regaños por parte de su jefe y malas caras de los demás qué sabían o lo habían visto, pero ninguno tenía las agallas de hacerlo de frente. Quizás eso era lo único bueno de la espada maestra: su nivel de interacción con otras personas había disminuido drásticamente.
Eso era… ¿armadura?
- ¿Qué te parece? - Armadura. ¿De dónde rayos había Mipha…?
Miro a Mipha, queriendo preguntar de dónde rayos había sacado esto, para que se lo estaba mostrando, y que se supone que le dijera ante una bella pieza de armadura de una raza que, por mucho tiempo que hubiera convivido con los Zora, era tan diferente a la suya propia a pesar de las semejanzas, y hasta allí llegó.
Con cautela, no sería sorpresa si no podía tocar, algunas cosas eran así, se acercó a la armadura y tuvo que hacer una pausa antes dos pequeños detalles. El primero era que no era solo armadura, era el set. Estaba viendo botas justo debajo, Zoras no usaban zapatos. Y dos: era justo a su altura, y él no era muy alto. No era de la altura o ancho típico de los Zora. De hecho, si no supiera mejor, estaba viendo algo modelado en base a alguien tan pequeño y delgado como él. ¿Tal vez era para Sidon en algunas décadas?, ¿o algún Zora en entrenamiento?, pero para qué demonios eran las botas entonces…
El material era suave para lo que hubiera esperado, pero era firme, y sin fricción. Claro, tenía sentido. No podía impedir la movilidad en el agua, sería contraproducente. La protección no era la misma que una armadura común, pero no era mala. No, no era mala en lo absoluto. Y el peso sería mínimo. Quién sea que la usará, no sufriría mayor incomodidad. Quizás podría olvidar que estaba allí una vez que se acostumbrara.
Guantes. ¿Para qué guantes?, y por más que quisiera decir algo, el modelo era hylian. Reconocería la forma de la mano dónde fuera y no era Zora. Las garras, para empezar, inutilizarían los guantes.
Miro atrás, y no fue sorprendido de que se encontrará con los ojos esperanzados de Mipha. Volvió a mirar a la armadura, dándole más atención a la decoración que a su utilidad en el campo de batalla.
Sin darse el tiempo para pensarlo dos veces, tomó el casco y realmente no debió ser una sorpresa que no hubiera resistencia e incomodidad alguna.
Si tenía duda alguna de que esto era para él, pues ya no lo había.
Mipha no tenía idea de que hueco lo había metido. ¿Qué podía darle comparado con esto?, una armadura era una armadura, pero esto no solo había sido hecha para él, sino que también tenía que darle el toque de los Zora.
Quién intentará robarlo se vería ante el filo de su espada, mínimo. Ahora, ¿acaso el padre de Mipha había tenido algo que ver en esto…?
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- ¡Por fin!, ¿sabes cuánto tiempo he es… tado…? - Oh no. No. Nononono.
Mipha sonrío levemente hacía ella, tímida, pero sin pena. A su lado, por supuesto, estaba la fuente de su dolor de cabeza.
- ¿Te gusta? - Pregunta idiota.
Andaba sonriente, sonriente, un leve sonrojo en las mejillas que parecía ser debido a la atención que estaba recibiendo a sabiendas que era él la causa. El set completo, de origen inconfundible, y alguien con el suficiente valor o ignorancia yendo con tal cosa por ahí sin pena alguna.
- No es tan fuerte como la armadura de la guardia real, pero confío en que lo protegerá. - Ignorancia completa. Gracias por la aclaratoria Mipha.
La princesa Zora tenía un dejo de decepción, lo cuál le decía algo que honestamente no estaba segura si quería saber o debía saber, pero el alivio era mucho más palpable que esa decepción. Debió de creer que iba a ser rechazado, y en su lugar había sido aceptado como un regalo muy bien pensado.
Iba a tener una buena charla con el encargado de su caballero, y si podía con su padre o su madre. Este nivel de ignorancia era sumamente peligroso.
Dos marcas encima. Aquí quién lo viera creería que había pecado o una unión super problemática con un idiota de por medio como lazo. ¡Ahg Link!
- Estoy segura que si. - Si hubiera sabido que esto era lo que pasaría mientras estaba en la bestia sagrada, hubiera ordenado a Link a quedarse a su lado en lugar de ser feliz en ser dejada sola un rato. - Si alguien da problemas, házmelo saber. No creo que desees solo usarlo aquí, ¿verdad? - Bingo.
¿Era tan horrible que esta fuera la primera vez que en verdad lo veía feliz?, ¿solo por un set de armadura?, ¿o era por quién se lo dio?
¿Y por qué eso la molestaba?
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- Uh, si se me permite preguntar princesa… - Había durado mucho.
Los Goron eran quedados, pero no tan quedados como para no notar un set de armadura que no era hylian. O el cuidado que estaba teniendo el dueño en que no le pasara nada. Al menos tenía la buena cabeza de no usarla cerca de la lava, pero el nivel de cuidado que estaba teniendo era extraordinario tomando en cuenta el riesgo que estaba tomando.
Pero tambien el muy idiota lo estaba haciendo para lucirlo. Cuando lo acuso de tal cosa lo que hizo el idiota fue sonreirle, dar media vuelta, juntar las manos en la espalda y comenzar a silvar como quien no quiere la cosa. Era porque era de Mipha, no es así…
- Son regalos muy bien pensados, ¿no es así? - No, no iba a decir en voz alta: "mi caballero es un estupido y no tiene idea de en dónde está parado". - Un arma y una armadura para un guerrero. No es que necesite la primera, obviamente. - La espada maestra era imposible de ignorar aún ahora, pero era la segunda cosa en atención.
El silencio que recibió por parte de Daruk le decía qué no había notado que eran dos, y que estaba procesando que Link estaba en un nivel muy básico de entendimiento. Muy básico.
- ¿No…? - Un gesto de mano que decía todo y nada a la vez.
Viendo al idiota de su caballero cayendole a golpes a esa piedra con un martillo y sacando exclamaciones de los demas Gorons en el proceso, cosa que la hacía sonreír sin saber porque, respondió:
- No. Y lo saben. - No hacía falta esconder ese detalle, no cuando se iban a ver pronto todos ellos.
- Ah… - Si, ah.
Al menos tenía a las bestias sagradas con que distraerse y ver el paro técnico de un Goron era divertido. No es que se los fuera a decir en cara, claro está.
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- No tienes porque quedarte todo el rato haciendo guardia. - No lo había visto pegar ojo en días, y no era lo suficientemente ciega como para no notar la diferencia ahora que sabía en dónde buscarla.
Su respuesta fue solo una mirada, la terquedad ya era esperada. Bueno, si así iba a-
- Hey hermano. - Daruk se detuvo al verla y sabía, solo sabía, a dónde iba a ir esto.
Link solo dio un leve sonido de confusión y se apartó de la puerta, en señal de que estaba escuchando. Si no fuera por Daruk, estaría tentada en jalarlo del pelo ante tal cambio.
- Solo haz lo que viniste a hacer, Daruk. - Como si no supiera lo que tenía escondido en la espalda y para quien era.
Si al final de eso aprovecho para jalar a Link dentro del cuarto y ordenarle que la acompañara, nadie tenía porqué saberlo incluyendo a Daruk.
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Si no supiera que si se levantaba de esa cama su caballero despertaría, pues lo hubiera hecho. Eso no quería decir que no fuera extraño despertar con alguien al lado, sobre las sábanas, casi en perfecto silencio. Si no supiera que estaba allí, no lo hubiera sentido hasta verlo. O despertarlo.
Su mirada bajó a algo brillante, muy brillante, en lugar de dos como en verdad era. Por ahora, solo uno era visible. Para un Goron, esto era muy pensado y delicado. Pero Link no era un Goron, y Daruk estaba perfectamente consciente que Link andaba en las nubes y no iba a notar la diferencia. En lugar de una simple piedra preciosa y refinada al punto de ser una perfecta esfera, como era tradicional, eran dos.
Daruk había sido muy listo en ubicar algo perfectamente común para Link y mezclarlo con el tema más común de los Goron: piedras y piedras preciosas. No sabía qué planificación y dinero hubo detrás, alguien más tuvo que haber trabajado esas piedras, pero esos eran los zarcillos más sencillos y llamativos que hubiera visto. Sería imposible de ignorar cada vez que moviera las orejas, que bien podría ser un segundo lenguaje para Link, y perfectamente aceptable en cualquier ámbito. No eran estrafalarios. No eran sencillos. Era una perfecta mezcla entre lo casual y lo extravagante, si los zarcillos eran considerados normales (que no eran) y los diamantes encantados como extravagantes.
Y solo sabía que estaban encantados porque ni una sola vez desde que se los había colocado se había tocado el pelo. No estaba sudando.
Daruk no era tan ciego como se podría pensar. Increíble.
Todo esto solo le daba mal sabor en la boca y un nudo en el estómago. No sabía por qué, pero quería alejar a Link de sus amigos y no ver más esos "regalos" en él.
- Idiota.
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-... esto!, ¡eres el caballero escolta de la princesa! - Sus oídos retumbaban, y no veía el final de esto.
No había puesto un pie bien cuando fue tomado del hombro por su capitán y jalado a lo que sea que fuera lo que sea que sea esto. Lo único que entendía es que tenía alguna clase de problema con él, por todo lo que era señalado como si tuviera algo malo en el- Oh. El uniforme, debía ser el uniforme. Debió de haberlo cambiado antes de llegar, pero no habían hecho muchas paradas en el camino y no creyó que hubiera mucho problema…
Creyó mal.
-... pensando?! - En que había sido un regalo de Mipha y daba dolor no usarlo cuando le quedaba como anillo al dedo. - De todas las cosas que esperé de ti no fue esta deshonra y desobediencia…
Temía preguntarle a Mipha cuánto trabajo había costado fabricar esta armadura, o cómo había obtenido sus medidas a la perfección. La última vez que fue medido para algo fue para un traje de gala real, si mal no recordaba. Su armadura real no era… a la medida, como se podría pensar. Hacía lo mejor de sí para no pensar en esas cosas, porque era común un estereotipo en esas cosas, pero ahora…
- Si se me permite… - ¿Uh?, ¿había oído…?, oh no…
La única razón por la que no chisto o trato de irse era porque no podía, de otra forma hubiera salido corriendo de allí. Como si ser regañado por su propio capitán en una zona casi pública, al menos 6 guardias habían oído y debían estar más que felices por su desgracia, no era como si-
- Princesa Zelda, con sumo respeto, esto es entre él y la guardia. - No iba a oír el final de la misma, ¿no es así?
Debió de haberse cambiado la-
- Los Zora trabajaron muy duro en crear esa armadura para Link. - Pues si, era la mejor armadura que había tenido la oportunidad de ver y probar. - ¿Acaso considera ofensivo la buena voluntad de los Zora en ofrecerle protección al elegido de la espada maestra? - ¿Ah?
¿Protección?, ¿al elegido…?, no, Mipha no haría… Bueno, si, si lo haría, pero no creía que fuera solo por ser el elegido… ¿pero por qué otra razón se hubieran molestado en…?
- N-No, por supuesto que no, pero princesa-
- Y los Gerudo ofrecieron una de sus mejores armas, a pesar de que todos sabemos que contra la espada maestra nada rivaliza. - Siiii… - ¿Preferiría que hubiera rechazado su buena voluntad también?
- Princesa Zelda, esos son-
- Y los Goron, ¿también considera que hubiera sido mejor que Link rechazara su protección?, ¿tiene idea de lo que podría pasar si mi caballero hubiera tenido la osadía de rechazar alguno de estos regalos? - Regalos…
Claro, claro… todo era porque cargaba una espada que no merecía cargar, que no sabía usar, nada más, nada menos.
Como podría haber pensado otra cosa…
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- Zelda, ¿en qué estabas pensando? - Sabía que habría conmoción, pero no creyó que llegaría a este nivel.
Al menos, luego de su… charla con el capitán de la guardia, había pasado directamente con el rey, su padre. Link, para bien o para mal, había quedado en el aire, a espera de nuevas órdenes. Incluso ahora esperaba órdenes de ella, y tenía el descaro de darle malos ojos a los demás guardias. Era ya la segunda vez que veía esa extraña actitud y estaba comenzando a tener una idea de a qué se debía. No le agradaba esa idea.
- Padre. - Antes de que la cortara toda: - Te prometo, te juro, que tiene una explicación. Si me permites explicar… - Sin cortarla, sin suponer… era mucho pedir, ¿no?
- ¿Qué otra explicación podría haber que no sea que tu caballero esté cortejando con tres personas y todas ellas sean, casualmente, los líderes de otras razas y estén a tal escala? - Mucho había sido que no lo acribillaran ante el primero.
- Mis campeones. - Insistió, porque sabía muy bien lo mal que se veía todo eso. Pero incluso si Link hubiera escondido eso, se hubiera sabido tarde o temprano. No valía la pena. - Padre, son mis campeones quienes le han dado esos obsequios. Y si, son obsequios, obsequios que él aceptó con buena cara temiendo insultarlos si no lo hacía. Nada diferente a lo que pasaría si fueras tu en su lugar, padre. - En especial con el nivel de ignorancia de Link.
- Es la explicación más tonta que he oído Zelda. - ¿Ah sí?
- Sin ánimo de ofender, ¿conoces a alguien que iría por ahí como mi caballero a sabiendas? - Como golpe de gracia: - ¿Crees que alguien intentaría tocar lo que ya tiene dueño tan a la ligera?
Cualquiera con buen juicio ni se acercaría tan pronto viera algo tan visible como una marca de posesión. Cada raza tenía su forma, si, y aunque la mayoría no sabía los detalles, habían cosas que delataban esas cosas. En el caso de Link, sus marcas no podían ser más notorias porque era imposible.
- Su Majestad, ¿permiso de palabra? - No tuvo tiempo de maldecir su suerte cuando su padre dio el gesto de que hablara uno de sus consejeros. - Link ha sido uno de los caballeros con mejores habilidades de combate, y aunque su conducta no es estelar, jamás ha dado problemas de lealtad. Los problemas que da, si los da, es por obediencia y/o malinterpretación de órdenes. Si mal no recuerda se le dijo esto varias veces cuando decidió hacerlo el guardia personal de su hija. Es posible que haya mala interpretación, Link es joven y no ha pasado por todas las etapas y mucho menos ha sido entrenado en el trato entre las razas. - Alguien murmuró audiblemente un "tiene 16, creo".
- ¿Pero a ese nivel? - La había ayudado, el consejero la había ayudado por una vez. Gracias a las diosas… - Estoy seguro que alguien debió de haberle dicho algo. - ¿Y ese no era lo más lindo del asunto?
- Ejem, ¿en qué momento?, ese chico ha estado en entrenamiento casi a tiempo completo desde que sacó la espada. A sus órdenes. - Se metió alguien que no había sido invitado a la conversación, pero no le importaba porque estaba ayudado a su argumento. - ¿Por qué no simplemente lo llama y le pregunta?, igual a lo hecho pecho. - Si… eso era cierto, ya Link cargaba esas cosas encima.
- Hmmm… - Solo esperaba que esto no fuera a salir muy mal. Ya no temía un "horriblemente mal", pero no esperaba maravillas. Nunca espero maravillas. - Háganlo pasar.
Cualquier cosa que espero ver no fue ver a Link con una cara tan blanca, tan vacía, detrás de su capitán, quién visiblemente aún seguía furioso.
Sintió un peso caer en su estómago al ver eso, y empeoró al verlo arrodillarse junto con los otros ante su padre. No había razón para esto, no era nada nuevo, pero por alguna razón la mala sensación empeoró y aun no habían preguntado nada, aun no había pasado nada.
- ¿Podrías explicarnos cómo adquiriste esa armadura, elegido? - Ay por la diosa, no podía hacerlo sonar al menos más normal…
Como si alguien fuera lo suficientemente estúpido como para robarle algo asi a los Zora, cuando era personalizado. Tenía que darle más que un punto a Mipha, porque juraría que solo le dio las medidas del torso, no el resto del cuerpo. Y aquí estaba, segura de que si alguien más lo intentaba ese set no iba a quedarles bien a menos que fueran de la misma contextura de Link. Y entre los guardias, eso era pedir un milagro. Era lo malo de ser el más joven, o el más pequeño.
- Es un regalo de la princesa Mipha, su alteza. - Dijo una voz rasposa, que no conocía. Insegura, como si no estuviera segura de las palabras.
No, la conocía, pero jamás la había oído formar palabras.
- ¿Solo un regalo?, ¿nada más? - Un asentimiento. - Es un regalo costoso, sin lugar a dudas. - No hacía falta decirlo así.
- Su alteza, si me permite-
- Silencio. - Algo bueno, porque dudaba mucho que alguien tuviera algo bueno que decir, excepto, quizás, el consejero de antes. - ¿Es el mismo caso con la espada?, Urbosa no ha cambiado de arma en años. - Por supuesto que no, por supuesto que-
- ¿Su majestad? - La confusión era palpable, y se vio mirando a su caballero con suma incredulidad, algo no digno de una princesa.
¿Acaso no se había dado cuenta de que arma había estado…?
- No importa, ¿fue un regalo también? - Para Link si, ¿para los demás?, ¿la realidad misma?
- Si. - ¿Qué otra cosa podría ser?, es lo que dijo realmente.
Por la expresión de su padre, la cual duró una fracción de segundo, no había creído ni por un segundo que había un grave malentendido. Y con ello muchas complicaciones.
Después de todo, las otras personas involucradas debían de estar conscientes de esta ignorancia y aún así estaban en esta delicada situación. Delicada, porque entrometerse podría significar guerra en el peor de los casos, o podría significar nada en el mejor. ¿Cuáles líneas existían y cuáles no?
Entre ellas, ¿informarle de la realidad existía o no?
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- Creí que seguirías usando la otra armadura. - Suponía que había esperado mucho, debieron de gritarlo y regañarlo más de una vez antes de que el rey diera la orden de dejarlo en paz, de que nadie podía cuestionar la decisión de lo que usara o no el elegido.
El daño estaba hecho, si la figura plantada frente a su puerta con una expresión cuidadosamente neutral decía algo. No espada. No armadura. No accesorios. Tal y como lo conoció, a decir verdad.
- Se te ve mejor aquella. - Le quedaba mejor, no había notado que la armadura estándar le quedaba grande hasta que se puso a detallar las diferencias entre ambas. Y ahora se le era imposible no notar que esta le quedaba grande en algunos lugares, y debía de ser incómodo moverse en combate con ella en ciertos movimientos. - ¿Link? - ¿La estaba ignorando?
Ojos de un frío azul dieron con ella, casi como la mirada de un depredador ante una insignificante presa. Trago profundamente ante esto y no pudo evitar preguntarse si acaso Link estaba molesto. Con ella, con alguien, con algo. Si esto era un aviso, o si- ¿Acababa de bufarle?
- ¡Es en serio! - ¿Creía que se estaba burlando de él?, era… no, tenía razón, ella no fue… muy amable que digamos.
Se ganó otro bufido, uno más bajo, pero Link dejó de mirarla, cruzándose de brazos y mirando a otro lado. Quizás esa era la primera vez que lo veía tan real, como ella, como una persona, y no como un adulto con pocas emociones o una máquina. Era extrañamente reconfortante.
- Estás molesto. - Murmuró sin pensar, cayendo en cuenta de que era verdad tan pronto las palabras tocaron el aire.
Como si necesitara una confirmación, Link bajó la cabeza y frunció el ceño antes de negar con la cabeza y mirarla, tal y como si fuera cualquier otro día y esperaba ya sea un saludo o ver a dónde iría para seguirla.
Era, por todo lo que sabía, la primera vez que veía a su caballero molesto. Y no tenía idea del porqué, y mucho menos cómo ayudar. ¿Siquiera Link querría su ayuda?, por lo visto no.
¿Y por qué sería diferente?
