Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom International Media y Jam Filled Entertainment.

Disclaimer 2: Los materiales referidos y/o parodiados son propiedad intelectual y material de sus respectivos creadores.

Necesidad de calor

V

Sangre nueva

Royal Woods, Michigan

4 de abril de 2039

7:30 pm

El patio de los Loud

En la casa Loud, al menos desde hace doce años, las cosas se han puesto un tanto diferentes a lo que eran con sus moradores desde 1997. Si antes el ruido saliente del 1216 de la avenida Franklin iba en aumento por cantidad, ahora, con dos niñas y un varoncito en camino confirmado este aumenta por calidad. Y prueba de ello es que Maggie ha sido una madre más que paciente con las criaturas en cuestión.

Empezando por Laura. La chica de cabello negro extrañamente rizado de once años no era precisamente una calca de sus padres, sino que era un símil más de alguien a medio camino entre sus tías Luna y Lucy. Gusta de la poesía, pero es más fan del corte lírico y épico sin concesiones a nada más. Nacida a los once meses del matrimonio de sus padres, para ser una niña de papi es alguien demasiado…

-¡Papá! -chilló Laura con el vestido gris cubierto de salsa marinara, saliendo del comedor- ¡Dile a Gloom que lave mi ropa por un año!

-¡Tú jugaste con la botella! -replicó Gloom desde la cocina.

… dependiente. Por no decir mimada al ser la primogénita.

Por lo general, el carácter de Laura es tranquilo, de un aire que se diría que es algo hosco. Fuera de Lincoln, no tiene idea de cómo expresar sus emociones. Conflictiva, pone a prueba muchas de las tesis de su madre, y aunque no tiene la inventiva de su padre, sabe cómo salir de problemas sin dificultad aunque haya heridos en el camino.

Mucho más explosiva, la segunda hija de la pareja, Gloria Omega… Gloom para los amigos y sus padres. Aunque más parecida a su madre en lo físico (salvo por su pecho, que todavía mantiene una forma muy juvenil para tener diez años), es alguien a quien la energía y el optimismo le son muy propios como a Laura le son el realismo duro y la disciplina. Y para bien o para mal, es el término medio. Si hubiera un proceso de divorcio en la familia, su mente se colapsa un rato y se le hace imposible tomar una decisión, por importante o banal que suene. Y esto, obviamente, le ha pasado factura a ambos.

-¿Quieren dejar de pelear? -dijo Lincoln, a la postre algo relleno a causa de la ansiedad que le provocaron los embarazos- Tienen once y diez años, ya deberían aprender a convivir entre ustedes.

-¡Pero Gloria estaba jugando con la salsa! -recriminó Laura.

-Lo dices solo porque estabas asaltando la cacerola -acusó Gloom, yendo directo a los manotazos.

-¡Mentirosa!

-¡Vaca!

-¡Basta ya, las dos! -gritó Lincoln, cansado de verlas pelear- No es para que estén peleando como animales.

-Solo probaba la salsa -alegó Laura.

-Te la estabas comiendo a cucharones -insistió Gloom, sosteniendo en sus manos un cucharón sopero con marcas de labial rojizo.

-No me importa quien se estuviera comiendo que, las dos se calman o internet se cierra para las dos -advirtió Lincoln-. ¿No ven que su madre ya viene de su revisión?

-¿Y por qué no la acompañaste? -reprochó Gloom.

-O llamo a su tía Luna o las llevo con su abuela o me quedo con ustedes -dijo Lincoln, exasperado-. Y créanme, no tuve para casi nada hoy y su tía está muy ocupada.

-Y se lo dices a la consentida -objetó Gloom, insistente.

-¡Papi! -chilló Laura antes de que Gloom le tapara la boca.

-¿Qué les dije de pelear? -gruñó Lincoln, separando a ambas.

-Que no podemos hacerlo entre nosotras -dijeron ambas al unísono.

-Escuchen, mamá llegará en unos minutos y si las ve así el que la va a pagar soy yo.

-¿Y por qué tú? -preguntó Laura.

-Porque sí -respondió evasivo Lincoln-. Ahora vayan a sus cuartos y esperen.

Sintiéndose regañadas, ambas niñas fueron a las que fueran en su momento los cuartos de Lory y Leni y de Luna y Luan.

Las cosas para los Loud, los nuevos, no han sido precisamente sencillas. Ya que su boda fue algo casi secreto y sin más testigos que una conocida de Maggie y Clyde tanto por comodidad como por seguridad (sobre todo la de ella), el anuncio prácticamente escandalizó a la familia. Algunas de las ahora cuñadas por no haber sido invitadas, Luna y Lola por la falta de educación exhibida y Rita, en su especial caso, simple y llana no quiso que su hijo tuviera las cosas tan fáciles como él quería. Pero como todo lo que sube tiene que bajar, el resentimiento de la reciente suegra disminuyó en cuanto, por parte de Lori primero y luego en sucesión de Leni, Luan, Lisa (en palabras de ella, por un grave error de cálculo imprevisto) y Lincoln, las cosas se calmaron. Aún sigue la animosidad entre ambas mujeres, pero al menos Maggie ya no era tan mal vista.

Pensaba en lo difícil que fue acomodar a las niñas porque a menudo tenían accidentes nocturnos a los cuatro. Después de eso, no querían irse del respectivo, pues apuntaba a que cada quien quería ser la primera de las dos, no importando si Laura fuera la mayor o que Gloom sienta que necesita más espacio.

Las siete y, al menos, Lincoln ya puede respirar tranquilo. Había terminado su trabajo pendiente archivando y organizando las citas de los pacientes de Maggie y se preparaba para una cena rápida. Si bien le iba, espera que una cacerola algo improvisada sirva para tener contenta a la familia. No es tanto que ambos ganen poco sino que, con los gastos a tope por el futuro parto, no pueden permitirse desperdiciar nada. Irónico, una lección de Bolhofner que tomó a chiste terminó siendo clave para estos días.

No, sigue sin llegar. Le preocupa que Maggie se está tardando en el hospital. Peor todavía, no llega ni cuando las niñas están cenando ni más tarde, cuando ya están haciendo sus tareas de la escuela.

-¿A qué hora llega mamá? -preguntó Gloom, una vez terminó con las tareas del día.

-Ya les dije que fue al hospital -respondió Lincoln-. Eres una niña muy preguntona, ¿no te lo han dicho?

-La enfermera Pacowski dijo que me callara una vez.

-¿Ah, si? Nunca me dijiste nada de esa enfermera -dijo Lincoln frunciendo el ceño.

-También dijo que te conocía.

-Dile a la otra que, si es cierto, te lo sostenga y te lo pruebe.

-Ok.

-Papi -llamó Laura desde la entrada de la cocina, enfundada ya en una pijama de dos piezas en índigo-, cuéntame un cuento.

-Ya no eres una niña pequeña -replicó Gloom.

-Y tú eres una enana -insultó Laura, yéndose a los manotazos.

-Niñas, ya contrólense o no van de pijamada mañana.

Esta vez ni las advertencias sirvieron de mucho. Entre dimes y diretes, ambas niñas arreciaron con sus ataques. Aunque Laura fuese mayor por once meses, más alta y tenga más habilidades para luchar, Gloom no era para nada una persona a despreciar. Algo más gruesa sin llegar al sobrepeso, es más fuerte y resistente que su hermana, y aunque ambas son tercas, lo cierto es que si las pusieran a competir, bien Laura tendría la ventaja, pero Gloom empezaría y acabaría con el mismo empuje.

En cuanto ambas oyeron la palabra "pijamada", pararon con los golpes que ya empezaban a darse.

-¡Pero papi! -gritó Laura, sonando más infantil de lo que presumía.

-¡Papá! ¡Mañana iría con la tía Leni a su casa! -protestó Gloom.

-Sin peros -sentenció Lincoln-. No quiero oír ni un ruido ni queja de aquí a que vuelva su madre.

Entre reniegos y uno que otro insulto, ambas niñas fueron a sus habitaciones.

-Que bien lo manejaste -bufó Maggie, que había visto todo desde la puerta de la cocina-. De verdad que tienes el toque.

-Años tratando con mis hermanas menores y alguna que otra de las mayores, ¿qué esperabas? -resopló Lincoln-. ¿Cómo te fue?

-Fatal como de costumbre -contestó Maggie, acercándose a su consorte por la espalda y abrazándolo mientras secaba los platos con una franela-. Te dije que tenía mi cita en la mañana, la movieron a las seis y me dejaron esperando como si fuera una burócrata resentida. ¿Qué dejaron mis fieras?

-Me las arreglé con las albóndigas que quedaron de anoche y preparé una cacerola con macarrones -contestó Lincoln, mirando al techo-. Se suponía que hoy era la reunión de Blue Bells de Laura y la cancelaron porque a la jefa de la tropa le retrasaron su pedido de galletas.

-¿Y qué hiciste?

-Le dije a Clyde que moviste su cita para mañana y no lo tomó bien.

-Vaya que tus amigos son raros.

-Lo dice quien se topó con "Gorgone" la semana pasada y vio que ya tenías leche -dijo burlón Lincoln.

-Eres un grosero -dijo Maggie, fingiendo ser ofendida-, eso no se dice.

-¿Crees que las niñas nos escuchen? -preguntó Lincoln, algo pícaro.

-Todo lo que van a oír esta noche será una pareja haciendo sus cuentas porque mañana alguien tiene una declaración que entregar -sonrió burlona Maggie, viendo a Lincoln perder el color de la piel-. Hiciste nuestra declaración fiscal, ¿o no?

-Es algo gracioso, porque mañana no hay oficinas ni el resto de la semana -dijo Lincoln a la defensiva-. El domingo es Pascua y la alcaldía les dio la semana libre a los funcionarios.

Arriba, escuchando desde el baño por la ventilación, Laura y Gloom no entendían de qué hablaban sus padres.

-¿Declaración? -preguntó Gloom- ¿Qué no están casados?

-Declaración de impuestos, tonta -contestó Laura con mohín-. Cosas aburridas de adultos.

-Ah…

-Las estamos oyendo que nos escuchan -dijo Lincoln.

-¡O van a dormir o mañana no salen y desconectamos internet si no se acuestan ya! -secundó Maggie.

Ni tardas ni perezosas, ambas chicas terminaron sus asuntos y cada quien a su habitación.

Las cosas en la antaño recámara de sus padres, hoy suya y de Maggie, no cambiaron mucho. Solo reacondicionaron el armario para convertirlo de nuevo en un baño, lo que si bien les resta espacio no impide que hayan logrado meter un ropero más al gusto de ella que el existente antes. Y aunque el tapizado ya se haya puesto de color violeta con la base y las molduras en naranja, el ambiente dentro de ella es acogedor, mas no con precisión el más adecuado para calcular impuestos.

-Por enésima vez, ya te dije que el tóner de la impresora no cuenta como gasto de placer, es utilitario -recriminó Lincoln, ya en su usual pijama de dos piezas.

-Me gusta como huele -dijo Maggie, vestida por comodidad en un camisón negro de encajes-. No quiero sonar como un zurdo tarado de bigote estúpido como el vecino de enfrente.

-Está bien, ya entiendo, pero solo si lo asumes como un gasto laboral.

-¿Y qué me dices del frigobar?

Pensando un poco, ambos llegaron a una conclusión…

-Placer -resolvieron ambos al mismo tiempo mientras se abría la puerta.

-Papi… -llamó Laura desde la puerta.

-¿Si? -respondió Lincoln.

-Tuve una pesadilla -dijo escueta Laura, entrando apenada con un pantalón corto negro y una camiseta roja sin mangas.

-Cielo, ya hablamos de tus pesadillas -dijo Maggie, buscando disuadir.

-Pero se ve… tan… real -respondió Laura.

-¿El perro de mi mamá? -preguntó Lincoln, recordando el pequeño bull pinto de su madre. Laura asintió- Bowie no te hará nada. Solo sospecha de quienes no le gustan a tu abuela.

-Es solo el susto que te metió en su último cumpleaños -apeló Maggie.

-¡Ese perro me odia! -replicó Laura, corriendo y abrazando a su padre.

-Laura, ¡estamos ocupados, nena!

-¿Puedo dormir con ustedes? -pidió Laura.

-¡Si ella duerme con ustedes, también quiero! -gritó Gloom desde su cuarto, seguida por unas pisadas hasta la escalera.

-Ah… iré por rollos de pizza y leche tibia -resolvió Lincoln, suspirando resignado.

No le gusta mucho ese recurso. Usar una pijamada sobre todo cuando hay una en puerta a la que de plano se negaría a mandar a las niñas no es precisamente una buena idea, pero si eso sirve para contener las peleas entre ambas…

Plan, rollos de pizza y leche tibia para aletargarlas, una telenovela para que no duerman tan agitadas y un juego de mesa con el que se aburran. Hasta ahora, nada de eso falló desde que Gloom dejó los pañales. Y si es posible, algo de miel de abeja para que caigan más rápido. Eso podría sentarles todavía mejor, ahora que lo piensa. Y para estar más tranquilo, se pone unos audífonos por el tiempo en que los bocadillos están listos. Incluso recordó un video que Clyde le mandó la semana pasada de un tipo algo bufonesco que preparó los mismos rollos, a los cuales se le ocurrió preparar un glaseado agridulce con salsa BBQ y jugo de piña. Suena asqueroso, pero funciona con Laura al menos.

Regresó a la recámara, no esperaba nada de lo que veía. Maggie, en un plan casi infantil, estaba siendo girada por Gloom en la sala mientras que en la pared había un póster con la fotografía de un burro.

-Adiós a una noche de impuestos -resopló Lincoln, resignado a postergar su declaración unos días más, tomando el teléfono y abriendo la cámara para mandarle la foto a su madre, aunque igual la manda sin querer, cosa de un desliz, a alguien más.

Quizá no sean horas, pero en una casa muy diferente las cosas no eran lo que se esperaba.

La vida de Stella había dado bastantes vueltas. Entre noviazgos que no iban a ningún lado, discusiones con sus padres y un matrimonio fallido, volvió a la casa de sus padres en cuanto este último, por el que dejó su apellido de soltera por el de su expareja, colapsó por una infidelidad de él.

Sentada en la sala, miraba la pantalla de su teléfono como si de cualquier bagatela se tratara. Correo basura, publicidad, un citatorio de la corte porque su imbécil exmarido impugnó el arreglo por bienes mancomunados… y una foto donde se ve a un viejo amigo mirando a la cámara mientras su esposa trataba de pegar una cola de burro a un póster con un par de niñas como testigos.

-Vaya… pero que coincidencia -suspiró Stella, algo cansada mientras dejaba el aparato y tomaba una licorera con whisky Kentucky Redeye-. Había estado pensando en ti, Lincoln… ¡los últimos catorce años!

Mirando a su alrededor, había docenas de fotos y óleos sobre lienzos donde el peliblanco se dejaba ver. Algunas fotos eran de él solo, otras deliberadamente editadas por la propia Stella, pues donde debiera estar el rostro o el cuerpo de Maggie aparece ella. Los óleos, sobre todo eran versiones de cuadros famosos como el ecuestre de Napoleón, una alteración de Las Señoritas de Aviñón con varias caras del peliblanco y una alteración del retrato del presidente donde su amigo tomaba el lugar del mandatario.

~o~

31 de agosto de 2023

Maggiecoln Week

Día 5, atrasado

Pijamada

Las cosas como son.

Me atrasé bastante, no lo niego. ¿Mi culpa? Definitivamente. Pero en mi defensa las cosas se salieron fuera de mi control. Entre dos cumpleaños en familia, algunos inconvenientes técnicos y otros asuntos que atender me absorbieron tiempo. Para colmo, otros proyectos me reclaman. Lo cual me forzó a un nuevo bloqueo donde apenas y toco algo.

Ustedes tendrán la última palabra. ¿Lo dejo en el día 6 o cumplo con el día 7?

MaddyBunny10, ok. You got me. But rules are rules no matter who breaks them.

En ustedes queda. Por lo pronto, la cosa con la familia puede verse bien retratada, ¿entienden? Tal vez no ahora, pero para cuando vuelva...

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Sam the Stormbringer

¿A poco no les gusta la nueva de perfil? El Chef Hatchet recargado por el estreno de la nueva temporada de LA ISLA... DEL.. DRAMA.