Capítulo 36 Dia 2Día 2.
Anthony no sabía que decir lo habían descubierto. ¿Qué debía hacer? ¿Negarlo?
Candy lo miraba con una sonrisa, la misma qué ponía cada vez que se encontraban en el portal de las rosas cuando ella vivía con los Leagan.
No, no valía la pena negarlo y fingir demencia. Sólo estaría con ella hasta la siguiente luna llena así qué no perdería el tiempo. Y sin decir nada la abrazo.
-Candy.
-Anthony, eres tú. Sabía que eras tú.
Ambos comenzaron a llorar mientras se abrazaban. Era tan increíble. Ese abrazo que tanto añoraban desde aquella fatídica tarde en Lakewood.
Después de un rato se soltaron para mirarse y secarse sus lágrimas.
-Lo siento Candy debí decírtelo pero no pensé qué fuera buena idea.
-Eres mal actor.
-Ya lo creo.
-Pero ¿cómo es qué?
-Soy un ángel, puedo percibir la tristeza de quiénes ame en vida. A veces cuando papá está triste siento su tristeza y voy a hacerle compañía. El no puede verme pero al sentir mi aura eso lo pone mejor. Pero ayer no sólo sentí la tristeza de papá sino también la de Archie, Stear y la tuya. Me preocupe y vine. Cuando llegué, lo primero que ví fue a Terry llorando en el balcón.
-Mi Terry.- pensó Candy.
-Me asusté pensando que algo te había pasado. Así que entré a la habitación. Y te ví… -Anthony soltó a llorar de nuevo
-Anthony yo estoy bien. Por favor no llores.
-Es que verte abrazada a Annie me hizo recordarte aquella tarde en Lakewood suplicándome que despertara…
-Sí lloré y lloré pidiendo qué despertarás… hasta desmayarme.
-Quise cumplir tus súplicas, y volver a mi cuerpo pero no pude Candy, no pude volver… te juro qué lo intente pero no pude…- apenas pudo decir pues el llanto ahogó su voz.
Candy lo miraba llorar, tanto como ella lloró tantas veces por su muerte. Era verdad, ahora lo entendía, ¡ellos no pueden estar tranquilos si nos ven sufriendo!
Se sintió culpable por no haber sido fuerte y nunca haberse despedido de él con una sonrisa. Así qué lo abrazo tan fuerte como pudo y Anthony hizo lo mismo.
Una vez más estaban abrazados, pero está vez dejaron fluir su tristeza y llorando sacaban ese dolor. Candy por ver morir a Anthony y Anthony de verla sufrir.
Lloraron por un largo rato pues había mucha tristeza acumulada. Necesitaban sanar su corazón. Aunque la herida estaba cerrada la cicatriz que dejó ese fatídico día seguía doliendo como si hubiera sido ayer.
-Perdoname Candy solo te estoy haciendo llorar.
-Estoy bien. - dijo Candy secando las lágrimas de Anthony y tomando su rostro lo admiraba.
Sus ojos azul cielo, esos ojos que tanta calma y amor le transmitían cuando estaba triste por las tonterías y maldades de los Leagan- Eres tu, eres mi Anthony.
Anthony sonrió la tenía tan cerca, podía admirar esos ojos esmeralda qué tanto le recordaban a su madre. - Y tu eres mi dulce Candy.
De las lágrimas comenzaron a reír de felicidad. Sus risas empaparon toda la habitación. Si hubieran podido seguro gritarían a todo pulmón.
-Cuéntame ¿cómo es que estás aquí, y como Annie?
-Annie estaba efectivamente muy delicada y así como yo siento el dolor de mis seres queridos. La madre biológica de Annie sintió lo mismo. A diferencia de mí que soy un ángel y puedo venir cuántas veces quiera, ella necesita permiso para venir. Supongo que Dios la vio sufrir tanto y por eso se lo concedió. Al parecer el alma de Annie al sentirla salió de su cuerpo para abrazarla.
-¿Se puede?
-No es lo más recomendable. Porque al salir de su cuerpo ya no hay vida. Por eso cuando tú la viste estaba inmóvil y parecia que había muerto.
-Dios eso fue horrible.
-Cuando se disponía a volver hicimos un trato. Ella quería estar más tiempo con su mamá y yo… quería darte el abrazo que nunca pude y por supuesto disfrutar y estar más tiempo contigo. Así que yo tome su lugar.
-Pero entonces ¿ella no volverá?- pregunto preocupada.
-El tiempo será hasta la próxima luna llena. Ella volverá a su cuerpo y yo al cielo. Aunque después de lo que hice no creo qué Dios esté muy feliz.
-Dios nos quiere ver felices a todos.
-Ya lo creo.
-No imagino la cara de todos cuando se enteren.
-¡No! Por favor no le digas a nadie. Debo tratar de ser Annie y no afectar el destino de los demás y no se como puedan tomarlo. Por favor ayúdame a qué no me descubran. Ya de por sí estoy afectando a Annie y a quienes la rodean porque mi energía ha hecho que el cuerpo de Annie se recupere tan rápido. Y yo no debo sanar a nadie, sólo los arcángeles con permiso de Dios Padre.
-¿Entonces no fue la sangre de Albert?
-No, claro qué no. Los Ardley no son unos santos-se rió Anthony. Después dijo preocupado - Insisto ayúdame a ser Annie.
-Claro que te ayudaré. Pero te recuerdo que eres un pésimo actor.
-Sí, ya se. Pero tú me ayudarás. Cuentame todo sobre Annie por favor. Apenas y la conocí en un baile con los Leagan y supongo qué Archie la ama por lo qué ví ayer pero no sé más.
-Claro qué si. Haré de ti el alma gemela de Annie. Y ya que hablas de no afectar. Tienes que ser más atento con Archie y menos curioso con Terry. Archie cree que te enamoraste de Terry.
-Ay no. ¿Qué he hecho?- dijo Anthony llevandose las manos a los cabellos.
-No te preocupes llegando al colegio lo arreglamos. Mientras tanto a dormir.
-Buenas noches Candy.
-Buenas noches Anthony. - dijo Candy besando su frente. El chico sonrió y cerró los ojos.
La pecosa fue al sillón que ya tenía listo. Al pasar por el ventanal miro la cielo y dijo: Gracias Dios por dejarlo estar aquí.
Después se recosto en el sillón y se dispuso a dormir.
Minutos más tarde el rebelde caballero inglés llegó. Para entonces encontró a ambas ya dormidas y sólo con una vela encendida.
-Pecosa no veo nada, solo dejaste una vela encendida. Estoy más ciego qué un murciélago en el día. Además el frío es insoportable.- murmuraba Terry.
El chico trató de caminar hacia la vela encendida y así poder encender la chimenea pero se golpeó con una silla justo en la espinilla.
-Me lleva… - quiso maldecir y gritarle al idiota que dejó la silla en medio de la habitación pero se tuvo que aguantar para no despertar a las chicas. Así que apretó el respaldo de la silla encajando sus uñas. Alguien tenía qué pagar.
Cojeando logro llegar a hasta la vela y con ella y tratando de hacer el menor ruido encendió la chimenea. Pero aún así Candy se despertó.
-Terry volviste muy rápido.
-No me sentía comodo en esa fonda. Así qué sólo tomé algo y volví. Pero vuelve a dormir , perdóname no quise despertarte.
-No te preocupes. Dios que frío está haciendo. - decía Candy abrazandose.
-Y se supone que es primavera. Pero ya está listo el fuego. Vuelve a recostarte. Aunque no creo que los dos quepamos en ese sofá.
-Me temo que tendrás qué dormir en esa silla.- dijo Candy señalando la silla del centro. A lo qué Terry hizo un gesto de desaprobación. -Terry lo siento. No pensé que pasarías la noche conmigo y no se me ocurrió pedir una colchoneta.
-Mejor a ella la ponemos en el sofá y tú y yo le hacemos honor al nombre de esa cama matrimonial.- dijo con tono picaro.
-Claro que no.
-Pecosa solo bromeó.
-Ya duerme la vas a despertar.
-Voy a buscar una colchoneta.
-No porque nos descubrirán y se supone que no debes estar aquí.
-Pecosa no voy a dormir en una silla.
-Esta bien, duerme en el sofá y yo dormiré en la alfombra.
-¿Y por qué no duermes con Annie?
-Noooo.
-Ah, es cierto. Duermes como lombriz en agua, capaz que la tiras de la cama y ahora sí a terapia intensiva.
-Muy gracioso. Pues ahora me dormiré con ella.
Mientras Candy colocaba un par de almohadas y su cobija para dormir con Annie bueno Anthony. Terry recorría el sofá para colocarlo a un costado de la cama.
-¿Qué haces?
-Poniendolo junto a la cama. Así si la avientas caerá en el sillón. O mejor dicho en mis brazos.
-Exageras, tendré cuidado.
-Vamos Candy a veces amanezco con tus pies sobre mi cara.
-Ya duérmete. En el closet de la alcoba hay sábanas. Buenas noches.
-Buenas noches pecosa enojona.
Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
La noche pasó sin contratiempos un ángel y dos rebeldes en la habitación Real del hospital San Jorge. Erik, Paty y los hermanos Cornwell, en el colegio. Archie no pudo conciliar el sueño del coraje que sentía de sólo pensar que estaba perdiendo a su tímida novia.
Tampoco los Leagan podían dormir pues al día siguiente tenían una cita con la Rectora y el tío abuelo.
El Duque de Grandchester se desveló junto con su fiel amigo y abogado Lord Hamilton ultimando detalles para la audiencia con el Rey.
Y quién sin duda estaban pasando un calvario era Lady Julliete Harrison y su madre. Pues ningún abogado se atrevía a tomar el caso para defender a su hija.
Todo el día acudieron a diferentes despachos de abogados pero ninguno quiso atenderlas y quién lo hacía al saber de qué se trataba les negaban el apoyo.
-Vete a dormir ya es tarde. -pedía la madre de Lady Julliete al verla sentada frente a la chimenea con la cabeza baja.
-No puedo dormir.
-Necesitas descansar mañana debemos seguir buscando. Además ya envié un telegrama a Mario. Seguro vendrá mañana.
-Ojala pueda salvarla.
-Ruega porque esa niña que ahora está en el hospital se salve. Porque de lo contrario aunque tú hija se salve de la cárcel no se salvará del mismo infierno.
-Madre. Es tu nieta.
-¿Y por eso debo evadir la realidad? Robó joyas a sus compañeras para pagarle a ese maleante. Se escapó del colegio para meterse en las peores tabernas para encontrarlo. Si logra salvarse de la cárcel tendrás mucho trabajo que hacer para reformarla o pensará qué se salió con la suya.
-Lo sé.
-Ve a dormir. Mañana tenemos mucho qué hacer.
Lady Julliete siguió el consejo y apagó el fuego de la chimenea para después dirigirse a su cama y dormir un poco. Ya qué la angustia le estaba acabando la vida.
Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
Hospital San Jorge.
A la mañana siguiente Terry despertó por el sonido de su alarma y sintiendo el peso de un cuerpo desconocido.
-¡Annie!
-Eh …¿qué pasa ? ¿qué hago aquí? - decía el pobre Anthony qué se despertó por el grito y todavía encima de Terry.
-Pesas bastante para ser tan delgada.- renegaba Terry.
-Oh Dios que vergüenza no sé cómo llegué aquí.- insistía apenado y poniéndose de pie al igual qué Terry.
-Yo sí sé cómo llegaste a mis brazos. Mira.
Terry señalaba a su pecosa qué cómo siempre se apoderó de la cama durmiendo boca abajo con las manos y piernas extendidas por toda la cama.
-¡Candy!
-Qué…¿ qué pasa ? ¿Annie dónde está? - decía asustada la chica por semejante grito y buscando a Annie por toda la cama
-Candy aquí estoy, despierta. Me tiraste de la cama.
-Eh de qué hablas. Oh Dios Anth… Annie lo siento.- dijo la pecosa tapándose la cara roja de vergüenza.
-Te lo dije pecosa eres de cuidado. - se burló Terry.
-Annie ¿estás bien? ¿Te lastimé?
-Sí estoy bien, creo que está todo en su lugar.
-Lo siento soy algo inquieta para dormir.
-¿Algo?
Anthony comenzó a reír pero se le pasó al ver los ojos de Candy contra Terry.
-Mejor me voy antes de qué me acabes con la mirada. - dijo Terry encaminado a la puerta.
-Espera Terry, no seas sentido.
-No es eso, es qué tengo cita con el fiscal a las 10 de la mañana. Así qué debo ir a la mansión a cambiarme y seguro el Duque ya está esperándome.
-Ya veo, ¿vendrás está noche?
-Sí. Tal vez me desocupe hasta tarde pero llegó a dormir señora Grandchester.
Terry intentó besar sus labios pero Candy se retiró bruscamente. Algo que extraño un poco la rebelde.
-Hey pecosa ¿Por qué hiciste eso?
-Es qué me da pena con Annie.
-Vaya, tú te volviste tímida y Annie preguntona. Hasta la noche entonces. Adiós Britter.
-Adios Terry.
Candy apenada cerró la puerta y volvió cabizbaja a la cama.
-Candy no tienes que esconderte de mí. Puedes besarlo sin pena ya me acostumbraré. Además yo estuve en su boda.
-¿En serio?
-¿Quién crees qué aconsejo a mi papá?
-Gracias Anthony. Gracias.
-Yo sólo le aconseje él tomó la decisión. Y espero qué Terry esté cumpliendo su juramento.
-Claro es todo un caballero inglés.
-Y yo un glotón ya me dió hambre.
-A este paso Annie subirá varios kilos. - dijo Candy haciendo reír a Anthony. -Ya son las ocho seguro ya tienen listo nuestro almuerzo. Vuelvo enseguida no tardó.
-Sí.
Al salir la pecosa, Anthony salió de la cama y comenzó a deambular por toda la habitación. Ya estaba cansado de estar en la cama, necesitaba estirar el cuerpo.
Al pasar por el espejo del tocador se asustó por el reflejo que hasta lo hizo retroceder. Después se rió pues cayó en cuenta del porque aparecía una linda chica cómo su reflejo.
-Que raro se siente ver a otra persona en mi reflejo. Pero tendré que acostumbrarme. Aunque no es tan malo considerando que hace tiempo no puedo reflejarme.
Empezó a examinar su cara cuando de pronto sintió qué alguien entró a la habitación. Volteó pero no vio a nadie así qué fue a la sala pero no había nadie tampoco sólo la puerta abierta.
-¿Me buscaba…? Hum creo qué fue mi imaginación. O tal vez la enfermera no me vio y se fue. O tal vez Candy olvidó cerrar la puerta.
Confundido volvió a la recámara directo al balcón.
Anthony abrió el ventanal para dejar pasar el nuevo día. El aire sobre su rostro mortal se sentía tan bien y el calor de los rayos del sol eran una delicia. Y pensar que cuando estaba vivo eran cosas qué pasaba por alto.
Se sentó en la silla y se recargo en el respaldo así se quedaría admirando el paisaje que le daban las calles de Londres. Personas iban y venían. Los carruajes y un par de autos vio pasar. Definitivamente no era nada parecido a la tranquilidad de Lakewood. Ahora entendía porque la abuela los alejó de la agitada vida en Chicago.
-¿Te gusta la vista? - dijo la enfermera sacando a Anthony de sus pensamientos.
-Oh si. Bueno prefiero la tranquilidad del campo.
-Vamos a la cama debes hacerte tu chequeo de rutina.
-Sí claro. Por cierto debo pedirle perdón, hace rato la escuché pero estaba en el vestidor.
-No sé de qué hablas, apenas acabamos de llegar
-Qué raro. Pensé que alguien entró a la habitación.
-Buenos días Annie.
-Buenos días Doctor.
-Voy a descubrirte el pecho y la espalda para ver tu herida.
La enfermera desnudo el cuerpo de Annie y con cuidado quitó el vendaje dejando atónitos a ambos.
-Pero esto es un milagro.
-Usted creé.- murmuró Anthony con risa nervioso.
Y es qué la herida ya había cerrado casi por completo. Ya ni siquiera necesitaría vendajes.
-¡Señorita enfermera vea esto!
-Lo veo y no lo creo.
-Programela para hacerle estudios de sangre y radiografía. Quiero descartar que por dentro no esté sanando.
-Muy bien doctor.
-Annie,¿ eres descendiente de vikingos o Espartanos? Sanas muy rápido. Debo anotar esto en mis archivos - dijo el doctor completamente sorprendido - Por si las dudas te quedarás hasta el viernes. Permiso.
-Te ayudo a vestirte. En cuanto esté todo listo vendré por ti para hacerte las pruebas que pidió el doctor.
-Creo que exagera. La bala salió. La herida es normal qué sane rapido -dijo Anthony tratando de hacer ver qué no eran gran cosa.
-Sí es cierto eso ayuda. Pero no sanas tan rápido y menos no dejas cicatriz.
-Supongo qué fue la sangre de mi donador.
-Ya estoy aquí. Traje mi desayuno y el tuyo según lo ordenó el doctor. Puedes probar de lo mío si se te antoja algo.
-Gracias Candy.
-Permiso me retiro. A medio día vengo por ti para tus estudios.
-Gracias señorita enfermera.
-¿Qué estudios?
-Cómo he sanado y no me está quedando cicatriz quieren sacarme una muestra de sangre y una radiografía.
-Pues mientras no quieran usarte como conejillo de indias está bien. ¿Quieres qué desayunemos en el balcón?
-Sí buena idea. Te ayudo me siento fuerte.
-Esta bien.
Con ayuda del carrito desayunador y acomodando todo en el balcón ambos se sentaron a desayunar con la vista de Londres.
-Candy, antes de irme quiero ir ahí. A esa torre. Quiero gritar hasta desgañitarme.
-Esa es la Torre de Londres. Terry dice qué ahí vaga el fantasma de Enrique Octavo su tatatatara abuelo.
-Vaya familia.
-No tiene un árbol genealógico, tiene todo un bosque.
-Con razón es tan engreído. Pero es un buen chico. Candy te sonrojaste
-Que puedo decir.
-La tía abuela debe estar feliz con tu relación.
-Honestamente no lo sé. Albert no me ha comentado nada.
-¿Albert? Ayer me quedé con la duda de quién es.
-No lo imaginas pero ya has conversado con él por cartas y seguro lo viste de pequeño.
-No recuerdo a nadie.
-Recuerdas que aquel día me dijiste que creías saber quién era mi príncipe.
-¿Tu príncipe de la montaña?
-Anthony tu también. Es el príncipe de la colina.
-Ah ese. Sí lo recuerdo. Un chico de aproximadamente 17 años muy parecido a mi madre. Solía ir a visitarla incluso ella lo llamaba pequeño Bert. Después mamá murió y nunca lo volví a ver.
-Pues él es Albert el hermano de Rosemary.
Anthony tiró la cuchara por la impresión
- ¿Mami tiene un hermano? Ahora entiendo porque papá siempre que le habla a mamá le pide por un tal… Albert. Pero ¿por qué nunca lo supe por que la tía Elroy no me lo dijo? perdi a mi mamá era lo único que me quedaba, papá viajaba mucho.
-Por la segunda sorpresa que te daré. Albert es muy joven para ser el patriarca de los Ardley así qué decidieron mantenerlo en secreto y hacernos creer qué el tío abuelo era un viejito de ochenta años.
-No entiendo nada.
-Albert de apenas 25 años y hermano de tu mamá es el tío abuelo.
-Wow.
-Todas las cartas que le escribías en realidad le escribías a Albert.
-Me muero por conocerlo.
-Sí. Hoy estará aquí. Según lo qué nos dijo ayer George.
-Qué emoción, será cómo estar con mamá otra vez.
-Vamos come.
-¡Oh sí! con la sorpresa me dió más hambre, Annie seguro engordara por mi culpa. ¿Puedo comer el baguette?
-Claro glotón tómalo.
Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
Colegio San Pablo
Los chicos ya estaban listos para tomar la tercera clase. Algunos sentados y otros de pie conversando entre ellos.
Archie llegó al salón después de haber faltado a las dos primeras clases. Camino serio sin saludar directo a su lugar.
-Archie que bueno que estés de vuelta. Me alegro mucho. También me alegro qué Annie está bien, ya hablé con Stear. - dijo Toby con su característica sonrisa y entusiasmo.
-Sí claro. - respondió seco.
-¿Te sientes bien?, te noto enojado.
-Quiero estar sólo. - respondió el elegante, volteando la cara.
Al pobre Toby no le quedó más remedio que retirarse. Pero dicha grosería fue notada por Erik y el resto del salón.
-Stear ¿Qué le ocurre? - pregunto Zach.
-Esta imposible, en toda la noche y desde que desperté no me ha querido hablar. - contestó Stear.
-¿Sigue con lo de Terry y Annie?- preguntó Erik
-Me temo que si. Ojalá Terry se tome unos días y no vuelva pronto, no estoy para estar lidiando con peleas entre ellos.- dijo Stear un poco enfadado.
-Hola Archie, ¿cómo sigue la novia de Terry? Annie Britter. - gritó uno de los amigos de Neal a lo que Archie respondió poniéndose de pie.
-¡Qué te importa! Y no es la novia de Terry.
-Oye ¿por qué te enojas? , toda la competencia y mucho antes no se despegó de ella. Así qué desde antes ya se sabe de su relación.- intervino otro.
-No es nuestra culpa que te guste la novia de Terry.
-¡Basta déjenlo en paz !- Intervino Stear poniéndose de pie.
-¡Vayanse al Diablo todos!- dijo Archie después salió corriendo de la habitación, tan enojado que casi choca con el profesor que iba entrando.
-Archibald Cornwell ¿a dónde vas? … Stear tu también vuelve. - ordenó el profesor pero ninguno de los hermanos obedeció.
-Ustedes van a sus lugares que hoy tienen examen sorpresa.
-Pero profesor, no nos avisó.
-Por eso se llama examen sorpresa.
Stear trataba de alcanzar a su hermano pero este iba tan rápido cómo alma en pena. Al llegar a la puerta del edificio la abrió pero chocó con los gemelos.
-Lo siento Stear venimos huyendo de la hermana Rita. Nos descubrió espiando en rectoría.- dijeron los gemelos al unísono.
-¿Y eso? No me digan que hay malas noticias.
-Al contrario los Leagan ya están con la hermana Gray y por lo visto es serio porque Albert acaba de llegar. - dijo uno.
-Y queremos enterarnos de todo. Pero supongo que tendremos que esperar a qué la tía Mónica nos cuente el chisme.-agrego el otro.
-¿Albert está aquí?. Genial tengo que hablar con él. Seguro él me ayudara con Archie.
-Vete por el jardín, la hermana Rita nos siguió por los pasillos.
-Gracias.
Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
Rectoría
-Hermana Gray una disculpa por llegar tarde pero se me cruzó un pequeño inconveniente. Se disculpaba Albert entrando a la oficina de la hermana Gray y saludando de mano.
-¿Sucede algo con Annie?
- Los Britter no recibieron mi telegrama. Tal parece que no están en su casa de Chicago sino en su Rancho en Indiana así qué tuve que volver a la oficina de correos muy temprano para enviar otro telegrama.
-Señor Ardley todo lo que hecho por este colegio lo disculpa. Por favor tome asiento.
-Gracias.
-¿Sabe algo de Annie?
-Mi mano derecha me confirmó ayer por la noche que está en perfectas condiciones. Su recuperación es sorprendente. Desafortunadamente, entre llevar a Royal King y mi cita con el Duque de Grandchester no me quedará tiempo para ir a verla.
-No sabe cuan feliz me hace saber que Annie está bien. Gracias Señor por escuchar nuestras plegarias.
-Es una buena chica aún le queda mucho por vivir. Y pasando a otro tema y el qué me trajo aquí. Dígame, ¿Cuándo podré llevarme a los hermanos Leagan?
-Creo que no será necesario.
-Pero… ¿cómo ha llegado a una decisión?
-Señor Ardley debo confesar que estaba dudosa. Pero con lo que me ha dicho sobre la milagrosa recuperación de Annie he podido determinar mi decisión.
-Tiene que ver con qué sólo Neal está ahí afuera esperando.
-El aseguro que actuó sólo sin consejo de su hermana Eliza. Supongo que debo creerlo.
-Mi duda me queda. El es muy manipulable por su hermana.
-Dios es sabio y si le ha dado otra oportunidad a Annie yo no soy nadie para negarle otra oportunidad a Neal.
-¿Qué quiere decir?
-Estoy conciente que lo qué hizo no es correcto.
-Hermana Gray no sólo hizo algo incorrecto fue un intento de asesinato. Quería hacerla caer del caballo.
-Lo sé señor Andley pero comprendame. Todos tenemos derecho a reivindicarnos. Un voto de confianza. Estoy seguro que con la penitencia que le ha dado el padre Ricardo y el castigo que le he impuesto tendrá la oportunidad de reflexionar y ser un excelente ser humano.
Dando un profundo respiro Albert sólo pudo contestar
-Hermana Gray respeto su decisión. Mañana parto a Escocia. Me hubiera gustado llevarlos de una vez, ya qué siendo honesto el Capitán Brower no los quiere cerca de los Cornwell ni mucho menos de Candy y yo opino igual. Y dado que no soy su tutor supongo que no puedo mandar a los Leagan ahora mismo a América. Pero hablaré con mi tía para qué sea ella quien los saque de aquí. O de lo contrario yo mismo cambiaré a Candy, Archie y Stear de colegio.
-Lo entiendo señor Albert. Y respetaré su decisión.
-Sí no hay más qué decir me retiro quedando a sus órdenes.
-Gracias señor Ardley. Lo acompañó a la puerta.
-No es necesario. Excelente día.
La hermana Gray afirmó con la cabeza. El tío abuelo salió de la oficina. Afuera ya lo esperaban Neal y Stear.
-Tío abuelo juro qué estoy arrepentido.- lloriqueaba Neal arrodillado frente a Albert.
-Neal tengo muchas cosas que hacer por lo que no puedo quedarme a platicar contigo pero si te advierto que no quiero que te acercas a Candy, Stear y Archie. Y lo mismo va para tu hermana. Tengo que ir a Escocia pero cuando vuelva te daré tu castigo. Ahora regresa a tu habitación.
-Sí tío abuelo.- dijo el chico huyendo a su habitación.
-Uf no es fácil ser el tío abuelo.
Albert estaba un poco molesto por la decisión de la hermana Gray. Pero de alguna forma le daba la razón. Todos merecemos una segundo oportunidad.
-Tío abuelo me regalas unos minutos.
-Stear dime ¿Qué necesitas?
-Albert necesito que hables con Archie, está muy enojado.
-Pero según sé Annie ya está mejor.
-No sé porque pero se le metió en la cabeza que Annie y Terry se enamoraron uno del otro. Y está necio en pelear con Terry en cuanto lo vea.
-Pero que tontería.
-He intentado hacerlo razonar pero ni a mi me dirige la palabra.
-Stear lo siento no puedo quedarme más tiempo en el colegio. Apenas me queda tiempo para todos los pendientes de hoy para poder irme a Escocia mañana.
-Albert, ¿quieres que corra la sangre?- insistía Stear con preocupación.
-Tranquilo Stear. Estoy seguro que tú y tus amigos sabrán cómo evitarlo. Además George comentó que habló con el doctor de Annie y la darán de alta muy pronto. Así que ella misma podrá sacar a Archie de sus inseguridades.
-Qué rápido.
-Sí, milagrosamente ha tenido una rápida recuperación. Me voy o no alcanzaré. Hasta luego Stear. Y cumple tu papel de hermano mayor.
Albert le dió una palmada en la espalda y se fue. Dejando sólo la pobre de Stear con una mueca de desilusión.
-No debería sorprenderme, el tío abuelo es bueno pero cuando más se necesita está de viaje.
Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
Palacio de Buckingham
Después de haber estado con el fiscal, el Duque y Terry ahora estaban en la sala de audiencias del Palacio esperando a su majestad el Rey George.
Mientras esperaban, el Duque comenzó a platicar con su hijo.
-Hablé con el doctor y me dijo que Annie está mejor. Me alegro.
-Sí incluso parece otra.- dijo Terry con sarcasmo.
-Terry ¿Te despediste de tu tía abuela anoche?
-Sí.
-¿Seguro? ¿Dónde dormiste?
-En el hospital pero antes de qué me regañes te aseguro que en una habitación que encontré sola. Candy durmió con Annie para cuidarla.
-No sabía qué Candy seguía en el hospital. Pero ahora entiendo porque estabas en el hospital. ¡Y no en Buckingham!
-Diablos.- pensó Terry, solito se echó de cabeza.
-Tu tía abuela me llamó preocupada se supone que te quedarías con ella, debiste avisar que te irías.
-Papá ella quiere que me quedé aquí hasta qué termine el juicio. Yo no quiero estar aquí, yo quiero estar en el colegio.
-Basta. Sabes perfectamente que somos la única familia que le queda de Dinamarca y está preocupada por ti. Le prometió a tu abuela cuidar de nosotros.
-Ya sé pero…
-¡Pero nada!. Si la Reina Madre quiere qué te quedes hasta el día del juicio final ¡te quedas!
-Exageras…
Terry quiso refutar pero en ese momento se abrió la puerta dando paso a Su Majestad el Rey. Ambos se inclinaron ante él y lo saludaron.
-Su Majestad.
-Buenas tardes Richard. Terruce. Tomen asiento por favor.
-Gracias.
Los tres tomaron asiento en la lujosa sala.
-Richard ¿Cómo te fue con el fiscal?
-Siguen sin poder hacer hablar a quien disparó. Pero ya Terruce rindió su declaración, en mi presencia claro, ya que es menor de edad.
-Debemos ser muy cuidadosos con esto. Y demostrar quién es el culpable con pruebas muy bien cimentadas.
-Claro Su Majestad.
-Tenemos que tener mano dura y hacerle saber a todos que no serán perdonados este tipo de actos. No debemos darle pie a los opositores. Las cosas cada vez están peor en el Este y no quiero que piensen que en Londres también pueden intimidarnos. Me temo que las cosas no van bien en Austria.
-Lo sé Su Majestad, justo ayer recibí el mensaje de Alexis quiere venir a Londres.
-Oh no, dile qué no, lo menos que nos relacionen. Sabes como es el Kaiser.
-Y el Zar.
El rey hizo un gesto de molestia al escuchar el nombre del zar.
-Nicholas es un ingenuo y su esposa ni se diga. Mira que creerle a un "divino" y consultarle todo lo que deben hacer. Están caminando directo a la horca. ¿Puedes creerlo Richard? Sé sincero, como primos que somos y crecimos juntos, dejemos a un lado los títulos.
-En ese caso George te puedo decir qué la abuela Victoria lo consintió demasiado. -dijo el Duque poniéndose de pie y caminando hacia la charola de coñac para servirse un trago -¿Puedo?
-Sí y sírveme uno a mí.
-Sería bueno enviar a alguien por ellos y hacerlos entrar en razón. - continuó el Duque.
-Ya lo creo. Mira qué creer qué un tal Raspu… nose qué..
-Rapunzel. - murmuró Terry pero su tío el Rey lo escuchó - Perdón no quise burlarme.
-Terruce ve a buscar a tu tía abuela. Tu padre y yo tenemos que hablar de política europea.
-Claro, permiso.
Terruce Graham Grandchester muy obediente salió y se dirigió a buscar a su tía abuela. En su camino pasó por los pasillos del palacio decorados por pinturas y cientos de objetos de gran valor monetario e histórico. Los enormes retratos de la pared eran de los diferentes reyes y miembros de la familia real que a lo largo de la historia habían gobernado. Definitivamente su familia no era una familia de solo tres generaciones de un migrante de Escocia como los Ardley. Oh no claro que no, su familia era un enorme bosque genealógico digno de un museo histórico.
Después de preguntar por su tía abuela le hicieron saber que ya lo esperaba en uno de los jardines del histórico Palacio para tomar el té de las 5.
Al llegar la saludo con respeto y acordé a su jerarquía de Alteza Real inclinándose y haciendo una reverencia.
La mujer sólo asintió en señal de permitirle acercarse.
-¿Ya saludaste al Rey?
-Sí, se quedó con papá para hablar de otros asuntos. Política europea dijo.
-Toma asiento.
-Lamento no haberle avisado ayer que me retiraba pero pensé que ya estaba dormía.
-¿Tengo que escribir un decreto real que te obligue a estar aquí?
-Lo siento. Necesitaba saber que mi compañera está mejor.
-¿Y cómo sigue?
-Mucho mejor si sigue así la darán de alta pronto.
-¿Te interesa?
-No, es sólo compañera del colegio.
-Ya veo. Pensé qué se trataba de la misma muchacha que tanto te gusta.
-Candy.
-¿Te sigue gustando?.
-Sí y si me lo permite debo decir que también la amo.
La mujer hizo una mueca de disgusto. Algo qué Terry notó y por supuesto le molestó.
-Sigo creyendo que Antonella y tú serían una hermosa pareja. Pero ya di mi palabra a tu padre de permitir tu noviazgo con esa niña de América. Además no tiene caso discutir, estás en plena pubertad ni cómo hacerte cambiar de opinión. Ya crecerás y en díez años por fin aceptarás casarte con Antonella.
-Tia abuela querida. Sí supieras que ya me casé - pensó Terry burlonamente. Después recordó algo y se dispuso a ayudar a su mejor amigo. Tal vez sin quererlo la Reina Madre podría ayudar a la causa.
-Tia abuela, ahora que lo recuerdo me temo que aunque reconozco que me gusta Antonella de todas formas en díez años ya estaría casada con un Duque español.
-¿Qué dices? - preguntó sorprendida la Reina Madre.
-Antonella me dijo durante la competencia que su padre ya cedió su mano a un Duque de no sé dónde de España.
-¡Pero que estupidez!
-De hecho sólo terminará el año escolar y en verano se irá directo a España a cerrar el compromiso.
-Esto no es posible.
-Si no sé casa conmigo pues hay muchos otros ingleses solteros de hecho ahí está Erik su familia es cómo la tuya de Dinamarca. Pero por lo visto a su padre le interesa más el título que respetar a la corona inglesa.
-Ya lo creo.
La mujer casi echaba fuego por los ojos y de inmediato se dirigió a su asistente.
-Prepárame la agenda de mañana haremos un par de visitas. Esto es inaudito. Mira que preferir emparentar con los Borgoña ¡es una bofetada a la corona! Quiero resolver esta humillación.
-Por supuesto Su Majestad.
La Reina Madre se puso de pie y se retiró con su asistente no sin antes darle una orden a Terry.
-Y tú te quedas en el Palacio ¿está claro?
-Pero tía abuela debo volver la colegio.
-¡No está a discusión!
Terry rodó los ojos con fastidio. Del coraje sacó un cigarrillo y se puso a fumar.
-¿Y yo que creí que los Ardley estaban locos? Pero definitivamente mi familia les gana, mi tío abuelo el Zar ruso tiene un seudo profeta como consejero político. Mi tío abuelo el Kaiser alemán quiere ser dueño de Europa, seguro el espíritu de Napoleón es su consejero. Y mi tío el Rey George de Inglaterra, creo que no está tan perdido, hasta ahora. Pero quién sabe capaz que en unos años le sale lo Tudor. Y mi tía abuela de Dinamarca quiere cortar cabezas porque los últimos descendientes de Luis VI de Francia quieren emparentar con los Reyes Católicos de España. ¡ Y yo tengo que estar encerrado hasta que se le pase el coraje! No vaya que trasnacional y bonita familia tengo.
Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
Hospital San Jorge.
Y así se pasó el día, con Albert en la rectoría del San Pablo y su sinfín de visitas antes de viajar a Escocia. Terry con su padre en Buckingham y Annie o mejor dicho Anthony entre chequeos y exámenes acompañado de Candy.
Hasta que dieron las 7 de la noche Anthony volvió con Candy a su habitación después de pasear por el jardín. Y es que después de tanto examen el doctor le permitió salir a tomar el sol pero sólo en silla de ruedas.
Para su sorpresa al llegar las esperaba un hermoso y enorme arreglo de rosas.
-Candy mira. Están hermosas. - exclamó Anthony para después correr a deleitarse con su aroma.
-¿Quién las habrá enviado?
-Hay una carta toma léela por favor. Yo prefiero tocar y admirar tan bellas rosas.
-Me imagino, te mueres por hacerlo. Nunca has vuelto a tocar una verdad.
-Cómo ángel no puedo, aun no tengo tanta fuerza para sentir lo que toco. Pero algún día podré tocarlas y abrazar a quienes amo cuando me necesiten.
-Son preciosas. Y su aroma es digno de un perfume.
Ambos admiraban y tocaban cada rosa de tan enorme arreglo de rosas.
-Seguro que no prefieres leerla. Aquí dice que son para Annie osea tu.
-Hum no, da igual tu léela. Las rosas dicen más qué mil palabras.
-Esta bien la leeré yo en voz alta.
-Gracias.
-Hola Annie,
Disculpa por no poder ir a verte pero desafortunadamente los compromisos absorbieron toda mi mañana y me temo que lo que resta del día. Como mañana a primera hora parto a Escocia debo dejar todo listo. En el camino a mi siguiente cita pase por una florería y tuve el presentimiento que estás rosas te encantarían así que te escribí estás breves disculpas y pedí que te las hicieran llegar junto con este arreglo de rosas. ¿Sabes a mi sobrino Anthony y a mi hermana Rosemary le gustaban mucho las rosas? Seguramente fue él o ella quien me aconsejó enviarlas. También llamé al hospital para cerciorarme que estés bien y me han dicho que estás mucho mejor y me alegro muchísimo por ti y por Candy quien te ama con todo su corazón. También me dijeron que posiblemente el viernes te darán de alta así que avisé al Duque para que me ayude a enviar a alguien por ustedes y llevarlas de regreso al colegio. Con cariño Albert.
Anthony y Candy se desilusionaron por la negativa de no ver a Albert tan pronto como esperaban.
-Qué lástima. Parece que tardarás en conocerlo. Pero así es Albert se la vive viajando. Ni modo.
-Estoy seguro que cuando lo conozca será como volver a ver a mamá.
-Seguro que si.
-Sabes Candy, tus ojos me recuerdan a los de mi madre.
-Lo mismo me dijo Albert.
-Ojala pueda conocerlo antes de irme.
-Seguro. Ahora cambiemos de tema. Ven siéntate. Debemos platicar sobre Annie. Mañana volvemos al colegio y debes estar al tanto de todo. Así qué comencemos la clase de *Cómo ser Annie Britter"
-El Real Colegio San Pablo, vaya esto será divertido.
Continuará.
Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
Muchas gracias cómo siempre por sus comentarios y porras para esta historia.
Nuevamente gracias por leerme y por hacerme saber sus emociones y hasta disgustos. Australia77, Pequeña Pecosa, Cecilia Rodríguez, Daniel Mendoza de Grand, Mía Brower Graham de Andrew, Ferrer G, EveStru1213, Edith Grandchester, Gladys, Patty de Sazo, y todos los guest.
Spoiler time: No podré poner los 28 días de Anthony en esta historia porque se alargaria muchisimo. Asi que hare el Spin off. Esperenlo
Mis queridas canderrys. Un abrazo y excelente inicio de mes :)
