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Aquellas personas que no son nuestra familia, son las que a veces nos pueden sorprender, porque en muchas ocasiones conoces a tu familia mucho después...pues es la gente que termina siendo tu familia es realmente gente externa a tu familia y entonces nos preguntamos ¿Como es posible esto?

Es simple, porque las personas que realmente te aman, pero que en verdad te aman y te aprecian sinceramente son personas de las que menos esperas, de las que jamás te imaginaste en tus mas locos sueños, son aquellas personas magníficas que están ahí dándote una parte de ellos, sin pedirte nada a cambio.

Porque el amor es esto, es dar sin esperar nada a cambio, es dar y entregarte con todo su ser, sin esperar que te lo devuelva aquella persona, pues tu se lo das con el corazón entero y esas cosas son las mejores y mas valiosas y deben nacer desde el fondo de nuestros seres para que realmente sean perfectas.

El amor es un misterio que no muchos logran descifrar, la familia a veces dice querer mucho a la gente pero hay veces en las que no lo hace realmente, pues decir y hacer son cosas totalmente diferentes...Amar y querer son dos sentimientos iguales pero no son lo mismo...

Entonces, realmente nos aman aquella personas que dicen hacerlo o en realidad solo nos quieren un poco...

H.G.P


-¿Papa? –Arnold jamás en su vida había utilizado aquella palabra, nunca se lo había dicho a nadie, suspiro fuertemente mientras daba la vuelta en la habitación mirando todo lo que había en ella; dándose cuenta de que había muchos aparatos electrónicos.

Había un gran estéreo, una pantalla de 60 pulgadas y una hermosa pecera del tamaño de la televisión.

La decoración de la habitación era de beisbol, el deporte favorito por supuesto de Arnold, realmente el lugar era alucinante.

Arnold fue hacia la cama dejándose caer, estaba realmente exhausto y deseaba poder dormir y al despertar estar con sus abuelos, pues deseaba con todas sus fuerzas que aquello fuera una terrible pesadilla, estaba a punto de perderse en los brazos de Morfeo cuando la voz de Harlette le despertó.

-Cariño, tienes que bañarte antes de dormir –Dijo mientras ingresaba hacia el armario sonriente y sacaba un pijama de ositos azul, antes de entregárselo a Arnold, le miro con ternura.

Arnold seguía en trance hasta que la mujer abrió otro cajón y saco una trusa para entregársela también, sonriéndole; Arnold se sonrojo fuertemente y se levantó de inmediato.

-Yo… ¡No es necesario! Yo puedo solo –Dijo un poco más fuerte de lo que deseaba pero no estaba acostumbrado a que le eligieran la ropa, pues sus abuelos ya eran demasiado grandes como para poderse hacerse cargo de todo, pero sabían que Arnold era un niño independiente.

Harlette le miro dulcemente –De acuerdo, pequeño hombrecito –Dijo antes de salir.

Aquello le recordó demasiado a su abuelo, por lo que sonrió melancólicamente pero la mujer no lo noto.

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Era ya media noche, los pasillos de la gran casa estaban cubiertos de la oscuridad, pero eso no logro hacer que la pequeña niña retrocediera; abrió lentamente la puerta intentando no hacer ninguna clase de ruido, estaba descalza y sus cabellos largos y rubios estaban sueltos, llevaba un hermoso camisón rosa.

Sus pies rosaban esa suave alfombra de color purpura oscuro y con su mano tocaba la pared de color perla, guiándose con esta a través de la oscuridad, se detuvo en la puerta verde; se quedó ahí parada unos minutos antes de decidir si entrar, con su corazón latiendo a mil por hora, jamás había pensado estar en la misma casa que su amado y menos de noche y poder verlo a la hora que quisiera, a mitad de la noche si lo deseaba, se aproximó con sigilo a la cama que había en medio de la habitación.

Se quedó frente a ella y miro a quien dormía en ella, su rostro estaba apacible, el dormía en una posición algo graciosa de lado y con las piernas dobladas y una mano en la frente de su cara y la otra ligeramente encima de su cabeza.

Helga solo lo miraba fijamente, con su rostro inexpresivo y con su corazón hecho un mar de emociones; lo miro por un largo rato, deseaba tanto poderse acercar más y subirse a aquella cama, acariciar sus manos con aquella hermosa cabellera, rosar con sus dedos la suavidad de su piel, mirarlo más de cerca sus hermosos ojos cerrados y terminar de acercarse más y más a esos labios carnosos inocentemente abiertos y besarlos.

Besarlo con aquel fulgor que desbordaba su corazón, pero no poda hacerlo y saber eso le hacía sentir un terrible dolor recorrer su pecho hasta su garganta, se abrazó a si misma intentando consolarse e irse lentamente alejando de Arnold.

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El día siguiente llego y Arnold aun dormía en aquella enorme cama, pero una voz cerca de la cama lo despertó.

-Cariño, arréglate para ir a la escuela, es tu primer día y no debes llegar tarde.

El rubio solamente asintió y de inmediato se levantó para dirigirse hacia el ropero, vio sin sorprenderse que la ropa que siempre usaba estaba ahí, aunque en vez de su abrigo verde, había una chaqueta café y un par de pantalones negros de mezclilla y playeras de varios colores.

Iría a una escuela donde debía usar uniforme el cual consistía en un pantalón de tela azul marino, una playera blanca de cuello, un suéter del mismo color del pantalón con el escudo dorado de la primaria a donde iría; dando un fuerte suspiro se apresuró a cambiarse para después salir.

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Helga no tenía ni la menor intención de levantarse, realmente tenía la intención de quedarse en cama por siempre, con el rostro enterrado en la almohada sin que nadie la molestara, claro que debía predecir que no la dejarían así y menos cuando se vive con Arnold.

El niño con cabeza de balón ingreso a su habitación de la rubia y camino hasta su cama, algo nervioso por como reaccionaria la rubia, pero debía despertarla.

-¿Helga?

La rubia no respondió.

-Helga

La rubia por supuesto lo había escuchado, como escuchar aquella melodiosa voz que tanto amaba, que hacía que su corazón palpitara a mil por hora en un abrir y cerrar de ojos, solo que estaba tratando de fingir su clásica indiferencia para ocultar su verdadero ser de su amado, pero Arnold siguió insistiendo por lo que no tuvo otro remedio.

-Si…esta…está bien cabeza de balón, ya voy. –Se le olvido que no debía llamarle de aquella forma a su "hermano" –Sal para que pueda cambiarme

El rubio salió sonrojado y bajo inmediatamente a desayunar, aunque la imagen de Helga en su cama, durmiendo de aquella forma tan apacible y realmente se veía tierna, luego con su pijama…trataba de no pensar en ello mejor.

Mientras tanto la rubia se encontraba caminando perezosamente por su habitación hasta que llego al ropero, donde abrió de par en par y vio algunos vestidos de color azul marino como el de sus ojos y unas blusas blancas con encaje, no era su color favorito pero estaba bien aunque no combinaba con su moño pero no le importo pues ese moño no se lo quitaría nunca por nada del mundo, pero eso realmente en aquel momento no importaba pues debía usar el uniforme de la escuela.

Cuando estuvo a punto de salir de su habitación para bajar, recordó algo muy importante, por lo que se regresó inmediatamente por él, abrió su maleta rosa y saco de ella su relicario con la foto de Arnold, le miro por unos segundos para después guardarla bajo su blusa.

Regreso su mirada a la maleta, llevaba consigo mudas de ropa, cepillo de dientes, unas tobilleras, nada de eso importaba pero… ¡Los volúmenes de poesía! Los poemas dedicados a Arnold, que había guardado cuando partió, aquello le helo completamente la sangre su corazón dejó de latir, jamás ni en sus más locos sueños había pensado que iría a parar a la misma casa que su amado, si su "hermano" los encontraba al entrar a su habitación y claro que entraría, ¿Qué haría entonces? Debía ocultarlos pero… ¿Dónde?

Comenzó a buscar un escondite…

Cuando por fin iba bajando las escaleras escucho a Henri quien le hacía preguntas amistosas a Arnold, quien estaba sentado a su lado, como su color favorito, su juego favorito, su comida favorita, su postre favorito, etc.

El rubio realmente se comenzó a sentir a gusto al platicar con el hombre pero algo hizo que se callara de pronto.

La rubia llevaba el uniforme que a decir verdad le quedaba muy bien, era una falta entablonada azul marina, una blusa blanca de cuello, pero lo que más resaltaba en ella era aquel hermoso moño rosa que iba amarrado a él, era el listón que la joven siempre llevaba en su cabello, pero ahora estaba en el cuello del uniforme y sus cabellos dorados los llevaba sueltos.

-Que hermosa te ves, Helga

La voz de Henri saco a Arnold del trance, ella lo miro entonces, el hombre estaba completamente atengo a su entorno…a ellos dos, no estaba en un periódico bebiendo café desentendido del resto del mundo y los mortales en él.

Aquello era muy distinto a lo que Helga conocía –Gracias –Fue todo lo que pudo decir.

En aquel momento entro Harlette con el desayuno, por lo que todos se sentaron e hicieron una breve oración y después comenzaron a comer.

Después del desayuno que estuvo realmente delicioso para ambos niños, se dirigieron a la salida de la casa –Bien, ¿Dónde está la parada del camión? –Pregunto la rubia

-Yo los llevare –Dijo Henri quitándole prácticamente de las manos la mochila a Helga, para después hacer lo mismo con Arnold, se las coloco en sobre el hombro y se dirigió al automóvil.

Llegaron hasta la gran escuela, su nuevo "padre" bajo con ellos y caminaron juntos hasta la puerta del instituto donde una maestra los alcanzo. –Buenos días señorita, acabo de inscribir a mis hijos en esta institución.

-Por supuesto –Sonrió la mujer amablemente y llevo a los niños hasta su nuevo salón, al entrar ambos se congelaron, estaban en una escuela nueva, un nuevo ambiente, nuevos compañeros, nuevos profesores…seguro que Arnold no tendría problemas de adaptación pero Helga…Helga era diferente.

Estaban parado fuera del salón, Arnold estaba nervioso Helga que se había quedado un poco atrás lo alcanzo, él la miro, las cosas ahora eran diferentes sin esos dos adultos cerca, pues Helga no seguiría fingiendo que era una niña tranquila y buena, ella volvería a hacer la misma niña agresiva de siempre, no tendría que fingir.

Pero irónicamente es aquí en la escuela donde ella usaba esa mascara de agresividad para intentar protegerse, más bien su "secreto", pero eso Arnold no lo sabía…no lo comprendía.

-¡Quítate de mi camino cabeza de balón! –Dijo una vez junto a él, simplemente Arnold se hizo a un lado dejándola pasar y ella entro de una manera poco prudente al salón. Inmediatamente se sonrojo al ver a todos en el salón mirarle, solo quedo parada en la puerta, avergonzada, ni siquiera tuvo la delicadeza de tocar.

La profesora los miro intentando descifrar que era lo que pasaba…entonces sorprendentemente no la regañó, pues era una mujer muy paciente. -¡Es verdad! Ustedes deben ser los hijos de Harlette y Henri, Arnold y Helga Wilson…pasen niños, adelante.

Ellos pasaron apenados al frente de la clase.

-Preséntense por favor

-Hola…soy…Arnold Shor…Wilson –Dijo rápidamente recordando que ahora tenía otro apellido –Tengo 10 años

-Yo…soy…Helga…Wi…Wilson –Tartamudeo la pequeña –También tengo 10 años

-¿Ustedes son gemelos? –Pregunto una niña al fondo

Helga le miro algo molesta "Por supuesto que no, ¿acaso eres retrasad? ¿Qué clase de estúpida pregunta es esa? Por supuesto que no somos gemelos, o es que ¿Acaso estas ciega? No nos parecemos en nada mas allá de que los dos somos rubios, mi cara no se parece a la del cara de mono, vaya porquería de pregunta" Pensó la rubia pues aquello era lo que realmente deseaba contestarle pero se limitó a tener un tic nervioso en el ojo mientras todo esto pasaba por su mente. –No, no somos gemelos –Respondió después de unos segundos

-En dado caso, serian mellizos, Madeleine –Dijo un niño corrigiéndola

-Cállate Mario, siempre me estas corrigiendo –Replico la joven

-Basta niños, bueno bienvenidos niños, por favor todos sean amables con Arnold y Helga, pasen a sentarse niños.

Arnold se sentó detrás de Helga, en la misma fila, la observo por un largo rato…como es que ella estuviera tranquila, no tenía lógica, puso su mano en su mejilla para recargarse y miro por la ventana estaba algo aburrido y no entendía a su "hermana" pero algo le decía que tendría más años para entenderla…

Helga también estaba sumida en sus pensamientos, se había propuesto a cambiar en su nueva vida, dejaría de fingir y seria menos agresiva ahora que nadie la conocía, solo esperaba que su lado agresivo no le ganara.

Yo y mi misma yo no nos llevamos

Yo y mi misma yo que mal sabor de boca

Yo y mi misma yo, hoy es el adiós

Siempre fue lo peor, es mejor decir adiós

Siempre fingir, siempre ocultar

Hoy es mejor empezar y separarte de mí

Lo mejor es decir adiós, este es el final...


Hola queridos lectores

disculpen la demora, ando enfermita pero aqui sigo jejeje, espero que les guste este nuevo capitulo y como dije desde un principio solo dare continuacion, que sera a partir del capitulo 8, les avisare de cualquier forma aunque le estoy dando algunas partes mi toque

los que leen mis fics sabran encontrar en que partes ya comence a darle un poco de mi :D

muchas gracias a todos por sus hermosos reviews lamento no responder todas sus dudas ahora pero como mencione ando enferma pero aqui sigo

espero les guste y les menciono que he estado haciendo una pequeña dinamica el fic que tenga mas reviews o por el que mas voten sera actualizado diaramente ;D asi que voten

jejeje espero les guste

saludos :D