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Hola queridos lectores

lamento la demora pero aqui esta un nuevo capitulo de mi fic :D

espero que les guste

recuerden que Hey Arnold no me pertenece

nos vemos abajo

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CAPITULO 13 SR. SMITH I


DOLOR EN EL ALMA


TODO ACTO TIENE UNA ACCION


Ya sea ahora o después pero llegará...

La vida puede tener mil formas de demostrarte la belleza del amor, tan dulce y brillante como la luna, teniendo como único manto el brillo destellante de la misma, tan inmensa e inalcanzable como el universo, tan deliciosa como el aire al respirar, tan satisfactoria como el néctar de los labios de quien amas, tan emocionante como el mirar hacia el océano, mirando a través de la mirada del producto del amor que tanto has profesado.

Nunca alcanzaran las palabras para describir el amor que tienes por tus seres amados, jamás lograrías alcanzar a entender el amor que puede existir entre los seres, pero menos comprender el amor y lo que será capaz de hacer un padre por su hijo.

El amor es incomprensible así mismo con mayor razón no se sabrá comprender lo que es tener amor por un pedazo de ti, aquel producto de amor ni lo que serias capaz de hacer, solo hasta estar en la misma situación de aquella persona.

Si es que lo estas.

Si es que eres un ser humano.

Si es que el corazón de la persona es noble y sabe amar.

Ya que si no sabe amar, nunca comprenderá.

A.P.S


Miles miraba con nostalgia la casa de huéspedes la cual quedaba lejos de su vista poco a poco, no podía creer lo que había sabido en ese momento cuando ingreso por aquel umbral, aquel que había esperado tanto cruzar, nueve años…poco más de nueve años para ¿Nada?

Pero lo más preocupante era que ¿Dónde estaba….donde estaba su hijo?

Smith no le había dicho nada, bueno en realidad ese hombre no decía nada absolutamente solo lo guiaba, lo llevaba a su infierno de vuelta o quizás…a un infierno peor ¿?

No comprendía…

No entendía nada.

Solo sabía que no podía ser verdad…

"papa…mama….perdónenme" pensó mientras dejaba su cabeza caer en sus manos esperando que donde sea que estuvieran pudieran escucharlo.

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Arnold caminaba por los pasillos de la escuela, había pasado ya una semana desde que tuvo la cita con su Cecile, aparentemente Lily no le molestaría más o eso esperaba, quien no estaba para nada contento era Mario, se había molestado pero no solo porque lo dejaran ese día, sino porque desde entonces padecía del divertido bullying que todos en la escuela comenzaron en su contra y todo por culpa de Lily quien había estado esparciendo su desagrado respecto a la cita con Mario, y como era de esperarse todos los compañeros no esperaron para comenzar con las crueles burlas con respecto a su pobre más bien nulo tacto que tenía con las niñas.

Y sobre todo con alguien como Lily, quien merecía algo mejor que él, al menos eso decían.

Lo cual no solo molesto a Mario, sino a Helga, y por supuesto a él, quien se la pasaba junto a su primo, pero era algo imposible defender o evitar todo el tiempo lo mismo.

Suspiro mientras abría su casillero.

-Hola Arnold –Dijo Lily sonriente tomándolo de sorpresa por la espalda

-¡¿Qué?!

-Perdón Arnold pero… -Le miro con una dulce sonrisa –Quiero una cita contigo –Dijo sonrojada

Arnold rodo los ojos ¿Qué acaso no le importaba ser rechazada una vez más? ¿Qué clase de chica es ella?

-Lo siento Lily pero no puedo

-¿Por qué? ¿Por tu novia? –Dijo burlona Lily

-Exactamente, veo a Cecile casi todos los días

-Vamos Arnold ya sé que eso es mentira

Arnold la miro sin entender -¿Qué es mentira?

-Que tienes novia

Arnold sonrió de lado –No lo es

-Claro que sí, se perfectamente que Helga y tú lo inventaron para alejarme de ti

-Eso no es…

-Vamos Arnold no tienes por qué hacer todo lo que te dice tu hermana

-Yo…

-¿O acaso te gusta?

Arnold no dijo nada

-Es cierto ¿no?

-¡No!

Se sonrojo el rubio tratando de negar en vano

-¿Cómo es posible que te guste tu propia hermana? Es asqueroso

-¡Es que ella no…!

-¡Arnold!

-¡¿Helga?!

-Hola rubiecita –Dijo Lily sonriéndole con burla –Ya se todo lo de Cecile, Arnold me lo dijo ya que no podía vivir sin mi

Arnold iba a replicar

Pero Helga sonrió de lado –No es mentira

-¡Ya deja de fingir tú eras Cecile!

Mario abrió los ojos con sorpresa.

Helga señalo a una pequeña joven rubia que estaba en la entrada –Te refieres a esa Cecile ¿No?

-¿Qué?

Lily miro sin entender.

Aunque no fue la única.

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Eduardo miraba alrededor de él, sin realmente comprender como la selva se había vuelto más peligrosa que hace años. Entendía que el hombre sombra tenia mucho que ver en aquello, pues había saqueado y había propagado el mal de sueño en toda la selva haciendo que no solo animales y personas cayeran, los arboles también, ya no eran tan verdes como hace años, tampoco las flores florecían como antes.

Ya no había tanta naturaleza como hace algunos años, nada era igual…pero ahora lo que más temía era por la vida de Stella Shortman. La fotografía no fue alentadora.

Solo rogaba que estuviera con vida, otro golpe más para Arnold o Miles no era para nada justo.

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Helga reía con fuerzas mientras Arnold y Mario le secundaban. Aquello jamás pensó que se le ocurriría a Helga, aunque eso ahora no importaba como el hecho de que Madeleine hubiera aceptado el reto. Pero en verdad lo agradecía.

-Bien pues por ahora te logre quitar de encima un problema Arnoldo

-Debes invitarnos una pizza

Helga asintió con la cabeza

-Le debo a Helga –Dijo el rubio aclarando

-Ah no primo a mí también, ya que por tu culpa tuve que soportar a esa niña, así que me la debes también a mí

Helga río ante la expresión de Arnold, pero no agrego nada más.

-No puedo creer que Lily se creyera esa farsa –Dijo Mario sacando nuevamente el tema.

-Lo que si es que Lily es más estúpida que tu cabeza de balón

-¡Hey!

Helga le miro con inocencia –Sabes que es verdad –Arnold no pudo evitar sonreír ante su puchero de inocencia, además en el fondo tenía razón era un total ingenuo al no darse cuenta de muchas cosas que Helga había hecho por él.

-¿Qué les parece la pizza en tu cumpleaños? –Dijo Mario sonriente mirando al rubio

Arnold bajo la mirada algo melancólico –No…no se

Aun extrañaba a sus abuelos.

-Arnold –Helga tomo su mano –Creo que ellos querrían que vivieras feliz como lo habías hecho hasta ahora, es más juraría que Gertie y Phill desde donde quiera que estén te enviaron a nuestros padres para que siguieras siendo el mismo Arnold de siempre –Dijo sonriendo

Mario también sonrió, él ya sabía con lujo de detalle toda la vida de sus primos, porque lo que asintió de inmediato estando completamente de acuerdo con su prima.

Arnold asintió pensativo antes de añadir –Tienes razón Helga, gracias

-Entonces ¿Pizza? ¿Mañana?

El rubio sonrió –Por supuesto

-Perfecto –Mario se puso de pie –Bueno yo los dejo tortolos

Helga se sonrojo completamente molesta -¡¿Qué diablos….estas….?!

Mario solo dio un cabezazo hacia las manos de los rubios, Arnold había colocado la suya sobre la de Helga cuando le agradeció.

-Más que "hermanos" parecen otra cosa ¿Lo sabían verdad?

Arnold se sonrojo también y Helga inmediatamente zafó su mano.

-Bueno nos vemos –Se acercó a Arnold –Espero que nunca tenga que golpearte, pero por si la haces sufrir tendrás a su primo detrás aunque también tú lo seas –Mario sonrió de lado –Esto que acabo de decir sonó muy raro pero es la verdad, nos vemos

-¡Mario…sabandija! –Dijo Helga roja mirando como el pelinegro se iba alejando lentamente del lugar.

-Y bueno –Arnold sonrió dulcemente -¿Quieres regresar ya? O tal vez quieras pedir otro mantecado

Helga sonrió –Un mantecado estaría bien

Arnold sonrió.

Ninguno se percató del hombre rubio que les miraba desde la otra mesa junto a un hombre con gabardina y sombrero.

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Miles miraba desde lejos a su pequeño hijo, aquel hombre pequeño, sonrió ante ese pensamiento con nostalgia por su padre, pero ahora había otra cosa de que preocuparse y eso era su hijo, quien no sabía que hacer ¿Decirle? ¿Qué le diría? ¿Esconderse? Seguramente era lo mejor, así no le haría ningún daño y menos pondría en peligro ahora que estaba….feliz.

Con otra familia.

Otros padres.

Otra ciudad.

Odiaba a la sombra….por todo lo que le había arrebatado.

Suspiro con dolor.

-Iré a hablar con él, yo primero –Dijo Smith

-Pero….

-Si no funciona ira usted –Dijo el señor Smith sonriéndole o eso parecía.

Miles bajo la mirada molesto y decepcionado con esta persona ahí, no podría acercarse a su hijo.

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Helga sonreía divertida mientras jugaban con sus padres karaoke, era una familia diferente, una familia adecuada para ella, una familia totalmente lo opuesto a la familia Pataki.

Estaban riendo por cómo no se sabían la letra Arnold y su padre, intentaban seguir la canción que habían elegido ella y su madre.

La canción era de un hermoso musical que le encantaba a Helga "Los miserables" "Do you hear the people sing" para poder cantar los cuatro.

-¿Podemos escoger otra cariño? –Dijo Henry algo frustrado por no poder seguir la canción

-Esta es hermosa Henry –Dijo Harlette sonriente

-Yo…también quisiera otra –Dijo Arnold sonrojado

Escuchar cantar a Helga no había tenido precio.

Tenía una hermosa voz y eso estaba seguro que era el primero en poder escucharlo, de todos la que la conocían.

-¿Qué tal si vemos la película? –Pregunto Helga sonriendo con malicia

Harlette sonrió

Pero Henry prefirió cambiar el tema –Creo que es hora de cenar ¿No? ¿Qué te gustaría campeón? –Dijo tomando del hombro a Arnold

-Mmmm que tal una pasta –Dijo el rubio mirando a su madre -¿Se puede mamá?

-Por supuesto que si cariño

Helga sonrió hacia su madre –¿También puede haber pastrami?

-Claro hija, hoy es viernes y pueden comer lo que quieran aunque no debería consentirlos tanto porque en la tarde comieron pizza

Ambos niños bajaron la mirada avergonzados

Henry sonrió –Solamente es porque mañana es un día muy especial –Dijo mirando al rubio, quien sonrió

-Gracias…papa

Aun le costaba el rubio, Helga sabia porque, pero estaba realmente feliz de que el rubio estuviera haciendo un esfuerzo por querer a las personas que habían sido simplemente amorosas y generosas con ellos al adoptarlos.

-Bien vamos todos ayudaremos a su madre –Dijo Henry tomando de la mano a Arnold y a Helga quien sonriente siguió a su familia.

Definitivamente quería vivir el presente y no preocuparse por el futuro. Al final fuera lo que fuera que pasase dependería también de lo que ella misma decidiera pero por ahora solo quería ser una niña….una niña normal como cualquier otra.

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El señor Smith miraba aquella casa, aquella donde se encontraba seguramente el diario que Miles había dejado hace tiempo en casa de sus padres, y si no estaba en la casa de huéspedes seguramente estaba ahí. Aunque no estaba seguro, tantos años viviendo en ese lugar y no logro encontrar nada ¿Cómo podría encontrarlo ahora?

Ingreso silenciosamente por la ventana, era más de media noche, seguramente todos estaban ya profundamente dormidos, entro sigilosamente donde estaba el pasillo, lentamente camino por este para encontrar la alcoba del rubio, abrió la primera puerta y esta era de color rosa con lila. Unas estrellas brillantes colgaban del techo, era obvio que ahí no estaba Arnold, pero por curiosidad se acercó a la cama.

Se sorprendió al ver a aquella rubia quien se la pasaba afuera de la casa de huéspedes ¿Qué hacia ella aquí?

Dio media vuelta para irse cuando vio un libro rosa en el buró de la niña, sin pensarlo dos veces lo tomo, seguramente en algún momento podría ayudarle.

Paso a la siguiente alcoba donde era todo de color azul, con pequeñas pelotas plateadas brillando desde el techo, se acercó a la cama donde el rubio con cabeza de balón dormía plácidamente, sonrió con malicia.

Comenzó a inspeccionar todo alrededor para poder encontrar el diario cuando…

-¿Arnold?

El hombre tuvo que esconderse en el armario, mientras observaba como la rubia ingresaba a la habitación del rubio.

-¿Arnold? –Trato de despertar al rubio, quien lentamente abrió los ojos.

-Mmmm mmm –Arnold se encontró con los ojos hermosos azules que tanto amaba -¡¿Helga?!

-Perdón –Dijo sonrojada la rubia –Es que…tuve un…presentimiento…sueño

-¿Qué fue? –Pregunto el rubio angustiado por verla asustada

-Yo…. –Bajo la mirada –Arnold puedes abrazarme un momento por favor –Dijo la niña con rapidez y sonrojada

Arnold sonrió con dulzura –Claro –La tomó en brazos un momento antes de mirarla nuevamente –Ven ¿quieres dormir conmigo?

-Si –Dijo la rubia sonriéndole –Por favor

-Ven aquí princesa –Dijo guiándola con la mano hacia la cama de nuevo -¿Quieres platicarme que fue lo que soñaste?

-Pues…

Smith solo observaba con atención a los niños quienes platicaron casi hasta el alba, en cuanto los rubios cayeron rendidos aprovecho para salir lo más pronto posible de aquella habitación.

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-¿Arnold? –Harlette entro un poco alterada para preguntarle a su pequeño hijo por su hermana cuando se encontró con una escena enternecedora –Oh

-¡¿Qué paso ya…?!

Harlette le indico que guardara silencio, este también se quedó observando a sus hijos con dulzura.

-Dejemos que duerman un rato más –Dijo Harlette pero antes de que dieran media vuelta Arnold despertó

-¿Mama?

-Oh, cariño discúlpanos por haberte despertado

-Feliz cumpleaños campeón –Dijo Henry acercándose

-Gracias –Susurro Arnold tratando de sentarse en la cama, cuando noto que su brazo estaba enredado con el de Helga, se sonrojo inmediatamente.

Miro a sus padres pero estos solo le sonrieron dulcemente, cada uno tomo su turno para acercarse y abrazarlo, Harlette ayudo a quitar el brazo de la rubia para que este pudiera tener más libertad.

-Gracias mama, gracias papa –Dijo Arnold sonriéndoles de vuelta

-Bien hijo, es hora de desayunar –Dijo amorosamente Harlette –Es tu desayuno favorito, por favor trata de no hacer mucho ruido para no despertar a tu hermana ¿Esta bien?

-Si mama –Dijo el rubio sonriéndole

-Te vemos abajo campeón

-Si –Dijo el rubio sonriendo, sentía un gran vacío al recordar a sus abuelos, pero ahora más que nunca e inevitablemente pensaba también en sus padres –Los extraño mucho –Murmuro mirando el diario de su padre.

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Miles miraba la puerta sin atreverse a tocar, es que…¿Qué decía? ¿Con que derecho? ¿Cómo explicar? ¿Cómo indicarle a su hijo por qué nunca volvieron?

Tantas preguntas sin respuesta…seguramente era lo mismo que Arnold obtenía desde hace años.

Suspiro antes de tocar el timbre.

Dentro de la casa jugaban unos niños alegres bromeando y platicando animadamente. Harlette fue atender en cuanto escucho el timbre. -¿Si? –Dijo mirando al hombre quien no tenía buen aspecto.

-Buenas tardes –Dijo Miles nervioso –Yo… -No pudo continuar en ese momento porque entonces un rubio apareció.

-¡Mama, ¿podemos comer de los chocolates que Madeleine me trajo?! –Pregunto muy animado Arnold quien había tratado de dejar a un lado su tristeza también por supuesto después de una pequeña plática con Helga.

Miles sintió su corazón partírsele en mil pedazos no solo por el hecho de tener a su hijo frente a él después de nueve años, también porque vio en él un niño alegre y como cualquier otro niño, con nuevos padres, con una vida nueva, donde tal vez ni Stella ni él tenían cabida, eso era lo que más le iba a pegar si en verdad no podían volver junto a su pequeño.

-¿Ar….Arnold? –Dijo con inquietud el rubio mirando con dolor a su hijo.

Este le miro entonces, sus pequeños ojos verdes se abrieron al comenzar a reconocer aquel rostro…aquel rostro que había mirado en fotografías por años, años donde no sabían nada de ellos, años de abandono, años sin poder tener padres, años donde sus abuelos también sufrieron por no saber de sus hijos.

-Hijo –Susurro sin aliento Miles intentando acercarse al rubio. Pero…lo que paso a continuación no lo esperaba. La mirada esmeralda que le regreso su propio hijo, era bastante fría con profundo odio. Su hijo lo odiaba, lo veía en su mirada, lo sentía en su piel, lo sabía su corazón.

Arnold miro tranquilo antes de dar un paso más hacia su madre –Mama… -Susurro el rubio –Tengo miedo –Murmuro –Este hombre está loco ¿Verdad?

-¡¿Arnold?! Yo soy tu padre yo…

-¡Mis padres son ellos! –Dijo el rubio con furia contenida –A ti no te conozco

-Pero…

Miles no podía creer lo que oía, pero al final sabía perfectamente bien que eso era lo que merecía por tantos años que por culpa de terceros no pudieron estar al lado de su amado hijo, rogaba por todos los cielos que Arnold dejara explicarle aunque eso estaría difícil.

Por ahora Arnold Shortman estaba odiando a su padre y no sabía cómo podría en algún momento hacer que él lo perdonara.

Al final ¿Quien podría culparlo? No podía reprocharle nada, ni tampoco podía tratar de retenerlo cuando fue a esconderse dentro de la casa, Harlette lo observo y entonces suspirando profundamente miro a la mujer que tenía enfrente, quien le miraba con algo de desconfianza, pero él necesitaba contarle todo, contarle la terrible vida de Stella y Miles Shortman.


Hola queridos lectores

Espero que les haya gustado este nuevo capitulo doble

por ahora me gustaria que me comentaran ¿que fic quieren?

que voten por su favorito de mis fics y asi tambien este mismo lo tomare como el primero para terminar ¿que les parece?

espero que les haya gustado y mil gracias por sus hermosos reviews que me alientan a seguir escribiendo ;D

saludos