Después de éste, ya sólo quedan 2. Ya casi, ya casi! Solo espero poder estar bien para continuar escribiendo.


FADED

SER BARRISTAN

Cada vez que era día de entrenamiento Ser Barristan podía esperar el encontrarse al príncipe Rhaegar observando a su hijo, el príncipe Jon. El primero tenía una devoción hacia el segundo tan clara y honesta, que verlos en tal cuadro resultaba reconfortante para un hombre que no tenía familia propia. Al ser un caballero destinado a servir a la corona durante toda su vida, su única familia era aquella a la que protegía.

Sin embargo, la tarde previa a las noticias del Este, el príncipe Jon había estado ausente del patio de entrenamiento. Rhaegar era el único que se encontraba presente, incluso eran pocos los soldados que entrenaban; parecía que todos sabían que era mejor dejar solo al príncipe heredero con sus pensamientos. Tras observar al príncipe maltratar su espada, debido a la angustia que éste sufría, Ser Barristan decidió por fin intervenir.

La espada de Rhagar se detuvo entonces, al chocar con el escudo del caballero; éste al conseguir el que su oponente le mirara a los ojos, le dedicó una mirada significativa. El rubio entendió. Tras un largo y forzoso suspiro, dejó caer la espada.

-¿Estoy siendo demasiado débil? -Cuestionó el príncipe, comenzando a andar hacia la zona de descanso.

Ser Barristan tomó la espada caída y siguió a su señor.

-Por el contrario, ser gentil requiere valentía. -Refutó el mayor.

Otra persona hubiera reido en burla hacia sí mismo, Rhaegar por su parte no pudo más que volver a suspirar, y tal gesto parecía sin duda uno de derrota.

-Jon está molesto conmigo -Dijo, su mirada estaba perdida hacia los aposentos del chico.

-Como lo debe estar cualquier hijo que es alejado de su padre -Completó el caballero.

No era secreto entonces. Rhaegar y Maekar habían conseguido el permiso del rey Aeris para alejar tanto a Jon como a Daenerys lejos de Valyria. Aunque en cierta forma había un engaño en aquellos viajes, el entonces rey estaba mucho más ocupado con sus alianzas como para temer una rebelión de sus propios hijos. Ser Barristan estaba seguro de que incluso para el príncipe Rhaegar aquello le resultaba respulsivo.

El príncipe tomó asiento entonces, su porte reflejaba una inconmesurable tristeza.

-A veces me pregunto si su madre pensaría lo mismo... -Dijo.

Ah. Pensó Ser Barristan, era éso sin duda lo que pesaba en la conciencia de su señor. Sin embargo, la antigua reina había sido alguien en extremo amable.

-Lo está enviando con su familia, así que es obvio lo que nuestra antigua princesa pensaría... -Se atrevió a sugerir el mayor.

Rhaegar consideró sus palabras, tras lo que su gesto se enserió. Sus ojos miraron a los del hombre frente a sí.

-Él no es solo el príncipe heredero. -Sentenció.

Ser Barristan asintió.

-Lo sé, su alteza. -Contestó.

-Es mi hijo. -Presionó Rhaegar.

Ser Barristan volvió a asentir.

-Lo sé.

El príncipe se puso de pie.

-Cuida de él. -Le ordenó. Y en su orden la angustia y la tristeza quedaban claras.

-Con mi vida. -Juró el caballero.

...

Dos días después, Ser Barristán se embarcó junto con el príncipe Jon rumbo a Invernalia, hacia donde la familia materna del chico había prometido cuidarlo. Otros más iban con él, la bruja roja Melissandre, y una guardia especial, además del príncipe Benjen Stark quien había ido personalmente a por su sobrino.

Sin embargo, pese a todos los esfuerzos a su alrededor, el príncipe Jon Targaryen mantenía el aire nostálgico tan característico de su padre; aquel gesto de personalidad que el padre del mismo hubiera querido no heredarle... Era comprensible, debía reconocerse. El joven adolescente no tenía verdadera certeza de su destino; ni siquiera conocía a la supuesta familia que lo recibiría.

De toda la compañía, la única persona que se miraba tranquila era la más difícil de comprender, la bruja roja, Melissandre.

-No os debeis de preocupar, príncipe Jon -La mujer sonreía con suficiencia casi todo el tiempo. Su mirada siempre tenía un aire calculador. -Confíe en vuestro padre, vuestro destino está en el Norte.

Ser Barristan tenía sus dudas al respecto, por supuesto; sin embargo, Melissandre era la única a la que el príncipe no le refutaba nada... por lo que en más de una ocasión se reservó sus comentarios para sí mismo.

Si el príncipe estaba tranquilo, tendría que ser suficiente, se decía.

...

Finalmente, tras un largo viaje, arribaron en el Norte. El camino hacia el Muro fue más trabajoso que su recorrido por el mar Angosto; mas les había dado la oportunidad de familiarizarse con el paisaje, la gente y sus costumbres. Al ser un hombre de campo, el caballero tomaba nota de todo cuanto consideraba importante. Únicamente lamentaba el que su príncipe no contase con el mismo interés.

"Más adelante" Se dijo a sí mismo. "Sin duda, una vez conozca a la familia de su madre." Se convencía.

Porque si todos los Stark eran como el príncipe Benjen, lo más seguro sería que Jon llegaría a estar de verdad en buenas manos.

Mantuvo este pensamiento a pesar de los agravios, y sobre todo durante la entrevista con el entonces rey de Invernalia, Brando Stark.

-¿Qué puedes decirme del chico? -Había interrogado tan pronto se le había hecho llamar a su presencia.

Brandon tenía facciones tan parecidas a las de la anterior princesa consorte Valyria, Lyanna Stark, que Ser Barristan necesitó de un breve instante para recomponerse de la impresión. Aunque había una diferencia marcada en cuanto a sus personalidades, quedaba claro en la mirada del hombre que poseía la misma amabilidad que había caracterizado a la anterior princesa; por lo que Barristan se sintió gratamente aliviado.

-¿Qué desea saber su majestad? -Cuestionó con deferencia.

Brandon, sentado en el trono de su celar privado, pareció considerar por un breve instante la pregunta.

-¿Sobrevivirá el frío del invierno? -Preguntó al fin. Su interés era sincero.

-El príncipe ha tolerado la llama de fuego azul toda su vida. -Respondió Ser Barristan. Valyria podría ser considerado un país de fuego por su folklore de dragones, mas para muchos era siempre un lugar falto de calor. -Su fallecida madre, nuestra princesa Lyanna, lo llamaba el dragón blanco.

Un muchacho que sobresalía en todo lo que hacía, que resaltaba por sus cualidades, y que por éstas mismas cualidades no encajaba en ninguna parte...

El rey Brandon suspiró con pena. Sus ojos se llenaron de añoranza.

-Recé a los arcianos sagrados porque Lyanna volviese a estas tierras. -Confesó a voz queda. Nadie de los entonces presentes se atrevió a interrumpirle. -No pude conocer a su hijo el día de su nacimiento. Y tras la pronta muerte de su madre, no tuve el valor de atender su eterna despedida...

Tanto Benjen como Ned, también presentes entonces, compartieron la triste mirada de su hermano; Lyanna sin duda, había sido muy querida por su familia. De pronto el rostro del rey se enserió de nuevo.

-Te lo pregunto otra vez, ¿el chico, es del Norte? -Cuestiono con voz recia y firme.

Ser Barristan le miró y contestó por igual.

-Es Stark, del mismo modo en qué es Targaryen. -Dijo. -Y es la copia exacta de su madre.

Brandon se sintió desfallecer.

-Hermano. -Ned estuvo con él en un parpadeo, ayudándolo a sostenerse.

Brandon le detuvo a medio gesto y acabó por erguirse solo.

-Solo necesitaba estar listo... Ahora que mi deseo se ha cumplido. -Confesó.

"Así que era cierto" Había pensado el caballero. "Brandon había amado a Lyanna como algo más que un familiar."

"¡Cuánto amor, sin duda, el haberla dejado ir!"

...

Tras convenir que Jon se quedaría en el Muro por su seguridad, y de que él y Brandon se conociesen oficialmente; Melissandre le había sorprendido con una visita de imprevisto en sus aposentos. De haber sido otro hombre quizá habría demostrado su sorpresa y confusión; mas él llevaba años como protector de la familia real que el único sentimiento que afloró en él fue la sospecha.

La mujer se encontraba sentada frente al fuego del hogar, el cual era evidente tenía al menos una hora encendido; los ojos de la bruja roja seguían el movimiento de las llamas. Le habló tan pronto el hombre cerró la puerta tras de sí.

-Necesitará de vos en todo momento. -Declaró Melissandre.

Ser Barristan se mantuvo a la entrada de la habitación, más le procuró el debido respeto a su auto invitada.

-Seré su sombra.

-No. -Le interrumpió ella.

Y cuando el hombre estuvo a punto de refutar, la mujer se puso de pie y avanzó hasta quedar frente a él.

-No son las amenazas internas las que acabarán con él, ésas serán las que lo formen. -Le dijo. En sus ojos azules no daba espacio a ser contradecida. -Vuestro deber será contener al enemigo de afuera.

Así que no fungiría como un guardia personal, sino como un guardaespaldas. ¿Aplicaría eso como parte de la promesa hecha a su señor, el príncipe coronado, Rhaegar?

Melissandre pareció entender su duda.

-No te preocupes. -Le dijo con una sonrisa ladina y una caricia en su brazo izquierdo. -No estará solo. No por mucho tiempo. -Sentenció.

...

El príncipe Jon Targaryen fue recibido en el Muro en principio como un invitado. Todos en el Castillo Negro le rindieron tributo y lo trataron como su linaje demandaba. Después su estatus pasó a ser el de un refugiado, y la gente que sabía de su verdadera identidad poco a poco fue retirada.

Melissandre había tenido razón. A Westeros habían llegado distintas cuadrillas de bándalos y mercenarios con la intención de descubrir el paradero del príncipe dragón. Si deseaban verdaderamente mantenerlo a salvo, debían ocultarlo tan bien que sería incluso difícil reconocer la existencia del muchacho.

"Será un duro golpe para el principe." Había pensado entonces Ser Barristan. "Pero sería peor si fuera a quedar expuesto."

Tras varios atentados por grupos evidentemente enviados por Viseris, decidieron convertir al Targaryen en un Snow.

...

Y aunque tal situación se le había explicado al chico, éste no era más que eso, un chiquillo aún. Por muy maduro que éste fuera, tal trato acabaría por hacerle mella. Barristan temía por el momento en el que el joven dragón estallara, preparándose día con día para saber cómo reaccionar. Tal momento llegó apenas tras un mes del cambio de status del príncipe.

-Me odian -Exclamó molesto.

Y Barristan tuvo que hacer uso de todo su entrenamiento para ocultar el interés en su expresión. Era raro ver al príncipe tan expresivo.

-¿Perdón? -Cuestionó procurando sonar confundido.

Jon arrugó más el gesto.

-La gente del castillo, me odia. -Se quejó.

Sentado, hecho un ovillo sobre la nieve, el joven príncipe le causó ternura al mayor. ¿Cuánto hacía de que hubiese cuidado a este mismo chico cuando el mismo apenas y podía caminar?

-Creo que odio es una palabra demasiado fuerte. -Le dijo mientras continuaba con la limpieza de sus armas.

Jon optó por ignorarlo, por supuesto. En ese momento el chico se parecía más a su madre que a su padre... El mayor optó por otro camino.

-¿Ha hablado con alguno de ellos? -Cuestionó.

Jon le miró al instante con evidente ofensa en su rostro.

-¿Se burla de mí, Ser? -Se quejó, mejillas arreboladas. -¿Acaso no me ha escuchado quejarme de que difícilmente reconocen siquiera mi presencia? ¿Cómo podrían hablarme cuando fingen no verme? -Concluyó amargamente, y luego volvió su vista al frente, hacia ese interminable bosque de pinos. -Soy menos que un fantasma para ellos. ¡Incluso peor! Un fantasma cuando menos les obligaría a reaccionar a su presencia, yo difícilmente podría causarles siquiera cosquillas -lamentó.

El corazón del caballero se estrujó.

Dejando las armas por un lado se acercó al príncipe hasta quedar a su lado; se sentó y acto seguido le rodeó con un brazo por los hombros. Jon, a regañadientes, acabó por refugiarse en el abrazo del mayor.

-Es lo mejor, por ahora, su alteza. -Le dijo, deseando el que las cosas fuesen diferentes. -Pero pasará pronto.

Las lágrimas del príncipe cayeron silenciosas.

-Mi príncipe. -Se escuchó de pronto la voz de Melissandre.

Ser Barristan la miró al instante, mientras que a Jon le tomó un momento para limpiarse las lágrimas, mas ambos se levantaron al tiempo.

La mujer estaba a dos metros de distancia, e igual que siempre y a pesar del frío, no llevaba abrigo.

-Lady Melissandre. -Saludó Jon.

La mujer le sonrió.

-Es hora de vuestras lecciones. -Le dijo ésta.

Jon asintió. Se despidió del caballero, agradeciendo sus palabras y luego se fue donde la mujer.

Ser Barristan tuvo que recordarse que aquella bruja tenía toda la confianza de su señor, el príncipe coronado Rhaegar; una y otra vez se repetió aquello.

E igualmente no acababa de agradarle.

...

Su desagrado aumentó tras de que ésta le informase de su partida tras la llegada de la nobleza Stark. Ser Barristan quedaría ya como el último miembro de la comitiva original, y su misión seguiría en concentrar esfuerzos para evitar las amenazas de fuera.

-Queda ahora totalmente a vuestro cargo. -Le dijo la bruja roja, sonriendo como siempre.

La mujer llevaba como antaño una carta escondida en las mangas de su vestido...

-¿Está segura de esto? -Cuestionó el hombre.

La sonrisa de la mujer roja se extendió.

-Totalmente. -Aseguró confiada. -No está en mí cuestionar ni mucho menos dudar los designios del señor de la luz. Créame, ser Barristan, vuestro príncipe está en buenas manos. Los Stark harán el resto.

Para su buena fortuna, Melissandre había tenido razón.

...

Su primer encuentro con la pequeña princesa había sido aquel mismo día en que ésta se había cruzado en el camino de Jon. Entonces la princesa estaba siendo reprendida por su hermano, el príncipe Rob; Barristan apenas y entendió lo que había sucedido. Se debatió en si debía seguir confiando en las palabras de Melissandre o si debía quizá intervenir. Al final, había sido la misma Arya quien había tomado la decisión por él.

-Ser, no es usted del Norte -Le dijo a modo de presentación.

-¿Perdone? -Cuestionó él verdaderamente sorprendido.

Había estado ocupado en otro tema del sur cuando había decidido salir a un paseo para aclararse la mente. A punto había estado de tomar su caballo cuando escuchó la voz de la pequeña. Arya estaba oculta tras una pequeña muralla de heno, abrazaba un morral, el mismo que Jon había atrapado durante su caída.

-Sus ropas -señaló ella- son diferentes de las que usan los guardias de aquí.

"Ah" Pensó el hombre. "Niña lista"

-Sor un refugiado igual que el resto, su alteza -contestó.

-Sabes quién soy -dijo ella y sonaba verdaderamente desilusionada.

-Es difícil no reconocer a nuestros anfitriones.

La niña pareció considerarlo un momento. Luego le miró y había curiosidad en sus ojos.

-¿Vienes con el chico al que llaman Snow?

Barristan no pudo evitar fruncir el entrecejo. Él, al igual que el resto de la compañía del príncipe, detestaba ese apelativo para su soberano. Mas no podía revelar de momento nada, ni siquiera si se tratase de los herederos Stark que se suponían aliados.

-El joven Jon -recalcó el hombre- es mi señor.

Por un instante Barristan se preparó para recibir cuestionamientos de una niña de su edad y estirpe, de incontables preguntas crueles aunque no mal intencionadas de quien siente inmensa curiosidad por la paria del Castillo. Por lo que se sorprendió de corazón por la siguiente pregunta de la niña.

-¿Crees que él quiera ser mi amigo? -Cuestionó con sinceridad e intención.

-¿Cómo?

-Quiero decir, soy más chica que él, pero hace un momento me dio la impresión de que podríamos llevarnos bien. -Explicó con prisa, en su rostro se reflejaba lo contrariada que se sentía -Pero mi hermano llegó a interrumpirlo todo y ahora seguro es que le he dejado una mala impresión -Se quejó.

El hombre apenas y podía parpadear mientras asimilaba las palabras de la princesa, quien hablaba rápido, sin detenerse como si quisiera dejar en claro todo el contexto para asegurar que la respuesta a su pregunta fuese lo más acertada posible, si se consideraba todas las variables.

-Traté de burscarlo de vuelta para explicarme, y pedirle una disculpa por Rob. No es malo, pero a veces es un tonto que no sabe leer el contexto de una situación, diría mi padre. Pero cada que pregunto por él la gente sólo me mira raro o me dice que no me acerque. Seguro es que le molestan las niñas sobreprotegidas por sus hermanos, pensé, seguro que creen que soy una malcriada y que sólo lo fastidiaré. Pero cuando lo vi, es decir, cuando me salvó, no me dio la impresión de que no me viera realmente. Mas bien sentí que me vio, realmente me vio... No como las miradas que me dan mis hermanos o la Septa, sino como me mira mi padre a veces; y padre dice que debemos valorar las personas que son capaces de vernos como somos... Así que... quiero verlo yo también.

A Barristan le tomó un largo segundo entender que el discurso de la pequeña había terminado, y que ésta le miraba esperando la respuesta a su pregunta inicial, y que, además, la emoción que mostraban sus ojos revelaba la pureza de sus sentimientos.

El caballero sintió que una sonrisa se apoderaba de sus labios.

-Creo sinceramente que mi señor, Jon, se sentirá dichoso de contar a la princesa como amiga -le dijo.

Arya hizo un puchero, sin embargo.

-¿No lo dices sólo porque soy una Stark, o si?

El hombre soltó una carcajada.

-Oh!, créame, princesa. -Le dijo, y luego se sentó sobre el heno, a un lado de ella. -Conozco a mi señor desde que era un bebé. Y lo que la princesa observó en su pequeño encuentro es la verdad. Jon tiene una mirada honesta. Por lo mismo le es difícil hacer amigos. Resulta algo antisocial, incluso. Fuera de eso no debe creer a ninguno de los rumores que se dicen de él.

-¿Rumores? Yo no presto oídos a chismes. -Bufó.

La sonrisa del hombre creció.

-Si desea acercarse a Jon, le conviene buscarlo durante la hora de la cena. -Le dijo. -Verá, él siempre se sienta solo en una mesa aparte; por lo que será el momento ideal para hablar en privado con él.

-Pero habrá mucha gente en el comedor.

-Confie en mí, princesa. Será como si sólo estuviesen ustedes dos.

Arya, tras escucharle decir aquello, sonrió por mi primera vez en ese encuentro. Y su sonrisa fue una luz de esperanza para el caballero.

...

Durante cinco largos y hermosos años, el hombre pudo ser testigo del crecimiento del príncipe heredero. Pudo observar igualmente cómo éste caía rendido ante la princesa menor de los Stark, y cómo ésta había logrado ayudarlo a forjar el carácter de Jon.

De a poco en poco, cada uno de los Stark lo fue abrazando; y pronto se sumaron otros formando alianzas clave y poderosas para su retorno a Valyria; alianzas que eran amistades. El muchacho había ganado más que aliados, una familia. ¡Quién diría que su soledad acabaría tras abandonar el hogar que lo vio nacer! Pronto su sueño de unirse a Arya Stark de Winterfel se haría realidad incluso, Eddard había dado su consentimiento para el compromiso.

...

Por lo que había sido una sorpresa cuando el príncipe le informara de su partida a Braavos para brindar apoyo a Daenerys.

Y es que a pesar de las pérdidas durante los últimos dos años, lo cierto era que Jon había encontrado su lugar en el mundo, su felicidad residía en la familia de su difunta madre... Tristemente, Jon no había podido escapar al Juego de Tronos.

Tras el último ataque a La Puerta de la Reina, el príncipe Targaryen se había dedicado a trazar el plan para su regreso a Valyria, únicamente necesitaba una excusa para poder embarcarse al otro lado del Mar Angosto. La respuesta le llegó tras el ataque a Guarda Verde, donde el príncipe Bran perdiese la vida. Tras informarse sobre el regreso de Daenerys, Jon decidió unir fuerzas con ésta.

Fue la primera vez que Ser Barristan vio a Jon tan concentrado en algo que no involucrara a la loba de los Stark. Sin embargo, basto con que esta última se enterase para que el príncipe se volviese taciturno.

-Partiremos en tres lunas más. -Se les informó por voz del capitán de la flota que llegaría a Braavos para apoyar a Daenerys.

-De acuerdo. -Asintió Jon, pero su mirada denotaba su ausencia; el chico miraba sin mirar el mapa que tenía frente a sí, una representación en relieve del mundo conocido.

-El viaje será largo, aunque no tanto como cuando partimos de Valyria hace casi cinco años ya. -Aportó Barristan.

-De acuerdo. -Volvió a asentir el príncipe.

Barristan dio una indicación entonces, y los presentes abandonaron la sala, dejándolo solo con Jon.

-Con todo respeto, alteza -le habló-. No se ve muy convencido. ¿De verdad piensa continuar con dicha empresa?

Jon pareció despertar entonces de su trance, de a poco, con una respiración que lo fue jalando de regreso al aquí y al ahora. Su rostro se enserió.

-No puedo recuperar mi nación refugiado en una nación extranjera. -Declaró.

Pero incluso aquellas palabras sonaban huecas.

-¿Qué pasará con el compromiso? -Presionó el mayor.

-Se mantendrá en pie. -Sentenció Jon, poniéndose de pie tan solo para evitar el juicio en los ojos de su protector; se detuvo frente a la ventana. La imagen del patio de armas del Castillo Negro lo recibió. -Sólo fue un malentendido.

Barristan asintió aunque no creía las palabras del príncipe.

-Supongo que lo aclarará antes de partir. -Inquirió, aunque estaba claro que aquello era una especie de consejo. Una premisa de que era mejor hacerlo a irse entre dudas.

Jon le miró entonces, girándose para quedar de frente al hombre.

-Si te fuera a pedir, que te quedases atrás.

-Me temo que no podría seguir su orden. -Le cortó Barristan, para pesar del muchacho. -Mi juramente era para con su padre. Lo sabe. Sé que lo sabe. Y sé que lo entiende.

Jon lo sabía y lo entendía por supuesto, su silencio fue clara evidencia de esto.

...

Un día antes de partir Ser Barristan se encontró con la princesa Arya Stark en el pequeño patio tras la Torre del Rey. Sentada bajo el arciano la joven parecía tener un aire de derrota, incluso si su postura era regal. El hombre admiró, no por primera vez, el porte de nobleza que la joven -aún considerada la más salvaje de sus hermanos- poseía. Sin duda sería una buena reina, pensó entonces.

El cambio en Jon había sido evidente además, lo que sea que los hubiese amargado en un principio parecía haberse desvanecido de pronto, mas había dejado un halo frío en su relación. El hombre temió por la princesa.

-¿Princesa Arya? -Le llamó, evidenciando con esto su presencia.

La joven se sorprendió al verlo, mas contuvo la emoción con propiedad, como si fuera un vestido de fiesta el que vestía y no la pijama de lana y el abrigo de oso lo que la cubría.

-Ser Barristan Selmy.

-Ser Barristan está bien. -Le sonrió él, no estaba acostumbrado a que la joven frente a él se portase tan formal. Ni siquiera tras descubrir la identidad de Jon y de su compañía la niña había sido tan propia. -Perdone mi rudeza, no se ve bien.

Arya bufó con evidente molestia y algo de cansancio.

-Es una tontería y Jon tiene la culpa. -Sentenció. Luego su rostro se llenó de una expresión de tristeza -No hago más que llorar...

-Princesa. -El corazón se le oprimió al caballero. Avanzó hasta ella y se arrodilló frente a ésta. -Le juro que Jon volverá.

Arya le miró directamente a los ojos, buscando por algo que no parecía encontrar... Al final acabó por asentir tras un breve suspiro de cansancio.

-Si lo dice alguien como usted, debo creerle. -Declaró.

El hombre al final la acompañó de vuelta a sus aposentos. Aunque hablaron de otros temas ligeros durante el recorrido, era evidente que el corazón de la princesa estaba apunto de romperse.

...

La campaña que lideraron había rendido sus frutos. Si bien habían sufrido derrotas, habían al final ganado la contienda por el puerto Bravoosi y las ciudades colindantes. Estaban llevando a los invasores de vuelta a sus dominios. Sin mencionar la respuesta de la gente ante la participación del príncipe Targaryen. Contrario a su temor inicial, el príncipe había sido bien recibido y sus ideas revolucionarias aún más.

Entonces llegó la noticia sobre la amenaza que caería sobre el Muro. Se decidió que Jon regresaría junto con una pequeña compañía que haría parte del ejército norteño. Todo tendría que haber salido bien, por lo que Barristan -tras recibir noticias de Melissandre- había decidido quedarse atrás.

-¡El principe Jon ha desaparecido!

Por lo que lamentó terriblemente cuando la noticia de la desaparición de la pareja que se esperaba lideara la nueva Valyria llegó a sus oídos.

-¡No pareremos de buscar! -Había exclamado tras días y días de mandar campaña tras campaña en busca de su señor.

Había sido Melissandre de nuevo quien le había detenido; frustrando sus planes había cancelado las campañas de búsqueda.

-Es suficiente. -Le ordenó.

-Melissandre.

-El príncipe no está perdido. -Le reveló.

Tanta era la seguridad de la mujer que el hombre no pudo articular palabra.

-Vuestra participación ahora deberá enfocarse en preparar el terreno para su regreso.

Sintió que el enojo se liberaba.

-Me pides que abandone mi juramento. -Gruñó.

-Por el contrario, le pido que lo mantenga. -Le sonrió ella. -Recuerde que son las amenazas externas las que le conciernen.

Tras decir esto, la mujer le mostró lo que había descubierto durante su ausencia del Norte.

-¡Por los dioses! -Excalmó Barristan tras leer los informes. -Ese monstruo tuvo desendencia...

Raenys y Aegon.

Melissandre asintió, su mirada estaba perdida en las llamas del hogar de aquella sala de operaciones.

-La joven princesa está de nuestro lado. Es el hermano el que nos traerá problemas.

-¿Qué pasará con el príncipe Jon?

-No os preocupeis. Está en buenas manos. -Volvió a prometer.

...

Entonces no se enteró de todo lo ocurrido durante aquel largo año tras el fin de la guerra. En cierta forma, había sido mejor para él el que no lo supiera... todos y cada uno de los intentos del príncipe por encontrar a su prometida; sus intentos por quitarse la vida cada que se hacía evidente el que no la encontraría; ni aquel matrimonio en el que había arrastrado a una mujer del pueblo libre, una salvaje, a vivir el papel de un fantasma en su vida.

Por el contrario, lo que el hombre presenció fue el camino que la loba de los Stark recorrió durante los años que se creía perdida.

...

-¡Melissandre! -Gritó. La maraña de emociones que expresaba iban desde el enojo hasta la euforia.

La bruja roja, por su parte, ni siquiera se sorprendió de verlo entrar sin anunciarse a sus habitaciones privadas. Ella había previsto que le buscaría tras haber presenciado la revelación de la chica gris.

-¡Oh! Ser Barristan no espera vuestra visita tan pronto. -Sonrió.

El hombre avanzó hasta ella con gesto furioso.

-¡La joven que trajiste hoy...!

El fuego crepitó entonces, las llamas se elevaron, aquello una advertencia; una que sirvió para que el hombre abandonara su anterior sentir.

-Cuidado Ser, no podemos revelar su identidad todavía.

Barristan necesitó de un breve instante para recomponerse.

-¿Por qué usarla así? -Cuestionó en su lugar. -Si iba a liberarla, ¿por qué involucrarla de vuelta?

Melissandre lo miró con genuina confusión.

-¿Liberarla? -Exclamó y luego soltó una corta risa. -Creo que ahí está la confusión. El plan nunca fue alejarla de su destino. -Le dijo, para sorpresa del hombre. -La futura reina necesita forjar su propia valía en la nación que pretende gobernar. Es un claro contraste además, con Daenerys Targaryen. Tras la rebelión y la derrota, la gente Valyria no podría aceptar a cualquiera y menos aún de vuelta con un Stark. Sin embargo, si se reconoce de esta manera con las personas clave tanto de la rezagada nobleza como de la aristocracia, ya no digamos el pueblo, tendrá ganado el trono al lado del príncipe que fue prometido.

Así que todo lo ocurrido había estado dentro de sus maquinaciones, concluyó el hombre, y se preguntó si el difunto príncipe Rhaegar lo había sabido también.

-Dime algo, ¿siempre fue tu objetivo el acabar con la monarquía?

La sonrisa de ella se borró.

-Sólo sigo los designios del señor de la luz. -Contestó. -Entonces, ¿ayudará a la futura reina o no?

...

Lo hizo.

Lo hizo incluso después de que ésta fuese mandada de regreso al Norte.

Lo hizo esperando el que sus acciones hubiesen sido las acertadas.

Cuando escuchó que su príncipe regresaba a la tierra que lo había visto nacer, su corazón respiró en alivio, y sinceramente pensó que ya nada podía salir mal.

...

-Ser Barristan -Le había saludado Jon al verlo. Tan genuinamente sorprendido y contento que el hombre sintió ganas de reír.

-Mi príncipe, owf! -Exclamó cuando el muchacho le había cortado a medio saludo para avalanzarse a sus brazos.

El hombre por fin se permitió romper protocolo y abrazó de vuelta al muchacho, correspondiendo a los sentimientos de éste.

-Bienvenido a casa, Jon. -Le dijo.

...

Su relación cambió después de eso.

Era difícil señalar la forma y las maneras en las que ahora interactuaban. No eran precisamente familiares ni amigos, pero sin duda algo en el medio. Había la formalidad que debe haber entre un caballero y su señor; pero ésta se sentía relajada.

Quizá había sido por eso, que cuando se dio la noticia de que recibirían a Arya Stark de Winterfel durante el Baile Blanco, que Jon había decidido refugiarse en los consejos de su cabellero por encima de la de sus amigos más cercanos.

-Me siento como un idiota. -Exclamó el muchacho, dejándose caer sobre el sofá de la habitación.

Ser Barristan por detrás de él, le sonrió con picardía.

-Bueno, su alteza, no sería la primera vez. -Le dijo.

Jon arrugó el gesto, pero no refutó, sabía que las palabras del hombre eran ciertas, después de todo, había dejado a Arya atrás en un inicio.

-Supongo que no. -Dijo, luego suspiró. -Saber que siempre estuvo viva. -Barristan se mantuvo en silencio, luego Jon se giró en su asiento para mirarle directamente. -¿Me lo dirás?

Fue un instante en el que el hombre lo consideró, con la mirada sellada en la de su señor. Jon tenía derecho a saber, concluyó al fin.

-Como su alteza desee. -Asintió.

...

Y por horas, durante aquella tarde, ser Barristan reveló el camino que Arya Stark había recorrido desde que entrara en la Casa de Blanco y Negro.

...

Cuando la historia concluyó, el silencio invadió la habitación de Jon. Era una clama etérea en la que el príncipe asimilaba y trataba de entender la historia de su prometida, los problemas que ésta había tenido que enfrentar, y cómo de alguna manera ambos destinos, el de ella y el suyo, eran un reflejo del otro.

-Siempre tuviste razón. -Concluyó Jon al final de la narrativa, cuando sus preguntas finalmente fueran contestadas. -Fui yo el que entonces era demasiado inmaduro y necio para entender.

-Se le olvidó decir joven. -Interrumpió el hombre. -Demasiado joven.

Su objetivo fue alcanzado cuando Jon sonrió.

-Éso también. -Aceptó.

...

Cuando Arya Stark regresó a Winterfel, un año más pasó antes de que el compromiso se reanudara. Aquello había sido una decisión acertada. La princesa había podido reconectar con sus raíces y con quien ella había sido, además de hacer las paces con su pasado. Solo entonces las conversaciones sobre una alianza entre la Nueva Valyria y Winterfel se pudieron reanudar, y el mundo entonces estuvo listo para recibir la noticia de brazos abiertos.

Durante todo ese tiempo Jon esperó paciente, mas no quieto. Sus cambios en su gobierno rindieron fruto, y pronto la economía del país volvió a levantarse. La gente estaba deseosa de que ya se le coronara como su rey.

Entonces, el día en que recibirían a la princesa y futura reina consorte, Jon estaba de nuevo con Barristan hecho un manojo de nervios.

-¿Cómo se supone que he de acercarme? -Había cuestionado y Barristan pudo ver que el muchacho seguía siendo un chiquillo.

-Cuando su padre tenía alguna riña con su madre, siempre procuraba darle una serenata. -Le dijo sonriendo. -Normalmente tras varias piezas, la princesa Lyanna solía perdonarlo.

Los ánimos de Jon se desinflaron.

-No sé tocar ningún instrumento. -Se quejó con amargura.

-Pero sí sabe cantar. -Refutó el hombre.

Jon lo consideró un breve instante, luego le dedicó una mirada seria al caballero.

-Si no resulta, serás al primero al que culpe. -Advirtió.

Barristan rio con suficiencia.

...

Todo estaba bien ahora, se dijo.

...

Dos meses después se llevó a cabo la tan esperada boda.

-Y finalmente el día llega. -Exclamó el hombre a su lado entonces.

-Su alteza, Benjen Stark. -Le saludó Barristan.

Ambos estaban de pie a metros de distancia de la entrada a la sala de oración cercana al altar de la iglesia en la que se llevarían a cabo las nupcias.

-Benjen es suficiente.

-No podría, su alteza. -Se negó sonriendo.

-Pues deberías. Al menos en privado. -Pidió el Stark.

Barristan le miró entonces.

-Lucís diferente. -Le dijo.

Benjen suspiró. Tras la muerte de sus hermanos, su cuñada y su sobrino; tras la bomba atómica... había caído en una severa depresión, que apenas y había logrado reconstruirse.

-El mundo cambió demasiado durante los últimos años. -Dijo en su lugar.

Barristan asintió con solemnidad.

-Lamento lo de su hermano. Su majestad, Eddar Stark fue un rey justo e íntegro.

-Lo fue. -Asintió. -Ojalá él pudiese ver este momento. Tras años en guerra, estoy seguro el que le habría dado inmensa dicha el ver a su hija favorita el contraer nupcias.

Barristan asintió.

-Lo mismo por el lado del príncipe. Su majestad Rhaegar estaría dichoso de ver a su hijo sonriendo como lo hace ahora.

Sin embargo, el encuentro se vio interrumpido cuando el mayordomo salió a buscarlo.

-Ser Barristan. -Le habló y se veía contrariado.

El hombre se disculpó y se acercó al mayordomo, éste le habló al instante.

-Su majestad el príncipe coronado Jon, demanda su presencia.

Barristan sintió un escalofrío y temió que algo pudiese ir mal entonces y corrió al encuentro de su futuro soberano.

-¿Qué ocurre majestad? -cuestionó tan pronto llegó a los aposentos privados en los que residía el príncipe Targaryen.

Jon caminaba dando círculos en la habitación.

-Espero no sonar infantil. -Dijo, evidentemente nervioso.

Y Barristan sonrió en alivio porque nada mal ocurría en realidad, más allá de los nervios que sufre alguien que está por casarse.

-Incluso si lo hiciere, jamás podría decírselo directamente a la cara. -Confesó divertido, Jon hizo un puchero al oírlo. -¿Qué necesita?

El muchacho suspiró.

-La boda de mis padres. No la historia política. Sino su historia. ¿Cómo fue?

-Ah. -Exclamó sintiendo un calor invadirle el pecho. Decidió tomar asiento entonces antes de contestar aquella pregunta. -¡Cómo olvidarlo! Básicamente, vuestra madre le dio una paliza a vuestro padre.

El hombre soltó una carcajada al ver la expresión que hizo Jon.

...

La ceremonia fue hermosa y perfecta.

La novia irradiaba dicha y felicidad al igual que su futuro esposo.

Los votos se intercambiaron y dos vidas se fundieron en una tras el tradicional beso.

Todo el mundo vitoreo tal unión.

Y Jon...

Jon parecía estar al inicio de su felicidad.

"Majestad," pensó Barristan dentro de sí. "Mi señor Rhaegar. He cumplido con mi juramento. Vuestro hijo Jahaeris Jon Targaryen, ha encontrado la felicidad."

Del otro lado del mundo de los vivos, un padre sonrió con orgullo y felicidad.


A/N: Y pues sí... Cada vez son más cortos los capis, aunque en cierta forma es de esperarse. He de confesar que cuando concebí está historia no tenía un final en concreto, prácticamente todo era una narrativa sobre Jon buscando a un "fantasma" al grado de dudar si había sido real o no.

La inspiración vino, como lo dice el título, de la canción Faded; de ahí el drama de la separación y la búsqueda al parecer interminable. Pero conforme más escribía más sentía que necesitaba justificar ese amor frustrado, y ahora estoy en este lío de cómo terminar la historia con un reencuentro porque la narrativa me llevó hacia ese camino. No. No había considerado un final feliz cuando concebí esta historia... Sigh...