CAPÍTULO 5.
Los días habían pasado con tanta rapidez, que no hubo tiempo de darse cuenta en qué momento llegó el día del compromiso. Todo estaba organizado de tal manera que no hubo lugar a objeciones. Los horarios establecidos minuciosamente, el itinerario listo y a la orden, los sirvientes en sus puestos listos para atender a todos y cada uno de los invitados.
Aunque Elroy había indicado que la fiesta de compromiso sería solo con los más allegados, parecería que toda la alta sociedad estaba incluída, habían muchas personas, desconocidas sobre todo para Candy, quien solo se ponía más nerviosa al verlas, sobretodo al sentir sus miradas y murmullos.
¿Todo bien? - se acercó Archie llegando detrás para sorprenderla mientras observaba por encima de la escalinata aquellas personas elegantes.
Creo que la tía abuela invitó a toda América -bromeó entre nervios.
Son solo las personas que ella considera importantes, te sorprenderías si supiera cuánta gente pudiera asistir a nuestro matrimonio de haber sido celebrado aquí en Chicago.
Si es mejor así - expresó Candy en un suspiro mientras sus ojos se cristalizaron al pensar en lo que estaba por venir.
Candy, tu sabes lo mucho que te quiero y ya te he dicho en numerosas ocasiones cuánto deseo verte feliz. Y es por eso que justo en este momento, me atrevo a cuestionar de nuevo, si en verdad ¿estás segura de todo esto? Annie te quería y ella posiblemente nos pidió esto porque estaba desesperada. La visita de Albert me hizo pensar…
Estás dudando cumplir la promesa de Annie por que Albert te lo pidió? -cuestionó Candy con intriga.
No es así, lo hago porque te amo. Y quiero que seas feliz.
Y así será -sonrió entre lágrimas- Lo que me pidió Annie no fue por desesperación, ni por capricho. Fue por amor, y la entiendo. Entiendo que quiera ver feliz a su hija, yo sé lo que se siente ser una huérfana y nunca tener unos padres que te amen. Además se lo prometí, ante su lecho de muerte y voy a cumplirselo.
Pero no me amas.
Pero lo haré, algún día. Solo te pido paciencia, no hay nada que me lo impida. Tú eres un ser tan especial y bueno Archie. Yo sé que te amaré.
Esas palabras expresadas de los labios de Candice, alentaron más el corazón de Archie, por supuesto que no la iba a presionar para hacer nada que ella no quisiera. Por supuesto que sabía que ella no lo amaba tanto como él hubiera deseado. Pero ahí estaba frente suyo tan hermosa como siempre. Con ese vestido rosa satín que le caía majestuosamente sobre su cuerpo. Y esos rizos escurridizos deslizándose sobre sus mejillas. Era ella, siempre había sido, esa chica de ojos esmeralda, la dueña de su corazón. No sabía si todo eso era un sueño, que ni en sus mejores noches de utopía hubiera imaginado. Pero lucharía por ese sueño, que se convertía en realidad. Ya no cuestionaría más a Candy al respecto. Estaba confirmado.
La celebración se llevó a cabo como lo planeado, la señora Elroy sabía lo que hacía y no hubo lugar para errores. Pese a sus nervios y nostalgia de tener que dejar todo atrás para iniciar una vida nueva. Candy se había propuesto olvidar el pasado, y comenzar esta etapa con la esperanza de que todo saldría bien, estaba dispuesta a ser feliz.
No podía vivir siempre pensando en el pasado, en lo que fue, en su trágico destino.
Los días posteriores al compromiso, fueron igual o más rápidos que la llegada a este. Al día siguiente tocaba partir hacía Inglaterra en barco, iría ella junto a Archie, George, Neal y Eliza. Elroy, Albert y la niña aguardarían un poco más ya que Albert necesitaba dejar firmados unos documentos importantes del corporativo por lo que debía esperar al menos un día mas.
La pequeña Annie no se iría con su padre por órdenes estrictas de Elroy, la pequeña se encontraba resfriada y para ese entonces el clima estaba siendo muy frío, sobre todo en altamar, el doctor sugirió necesario que la pequeña guardara reposo. Candy se había negado porque quería en todo momento estar junto a ella, pero los pasajes estaban listos para ese día y Elroy se había opuesto rotundamente a que cancelaran su viaje. Así que no les quedó más que aceptar la última enmienda de la abuela.
El barco en el que viajarían hacía su última escala en Estados Unidos, para partir de regreso a Inglaterra, según lo que había escuchado Candy, este llevaba algunos meses viajando, por lo que era algo así como un hotel flotante llevando turistas de paseo. Era muy bonito por fuera y también por dentro, demasiado elegante y grande. Fácilmente pudiera perderse en él.
Su habitación estaba situada junto a la de Archie, justo en medio de la de él y George. Eliza y Neal se encontraban en una parte más apartada, esto era algo bueno. Así no tendría que aguantar las palabras pesadas de Eliza y las miradas insistentes de Neal, pareciendo fuegos penetrándole. Siempre que la miraba se sentía intimidada.
Otra situación que la haría sentir un poco intimidada, era tener que compartir momentos más cercanos con su prometido, por lo general salían juntos con la niña, y la convivencia se limitaba a juegos y sonrisas que la involucraran, en resumen, no habían salido solos como un par de enamorados. Y ahora aunque no compartieran la misma habitación, estaban comprometidos y eso significaba que los demás debían verlos juntos como pareja.
¿No crees qué hay algo muy raro con Candy? - expresó Eliza a su hermano.
No lo sé, me da igual lo que ella haga con su vida de ahora en adelante - bufó Neal exasperado de saberla comprometida con Archie.
Si, a mí también. Pero me refiero a su actitud, no se le ve demasiado enamorada de Archie. Lo mira como siempre lo ha mirado, con desinterés.
Ella dijo que están muy enamorados. ¿Qué no la escuchaste?
Sí, sé lo que dijo. Pero no lo parece. Estoy casi segura que esa tonta aun sigue enamorada de Terry. Aunque desconozco el motivo por el que se quiere casar con Archie. Seguro él le rogó para que lo hiciera y al final terminó accediendo, con lo tonta que es -asomo una sonrisa malévola.
Neal y Eliza se encontraban en el restaurante del barco, estaban desayunando mientras observaban a la pareja que se había sentado en otra mesa. Mismos, que ya se estaban retirando del lugar. Por lo que los hermanos Leagan podían observar con claridad sus reacciones. La mañana era fría y pocas eran las personas que decidían tomar sus alimentos tan temprano por la mañana. Los Leagan pudieron haber estado incluidos en aquellos personajes que aún disfrutaban de su siesta, pero la noche anterior habían decidido asistir a un baile celebrado en el barco, por lo cual tomaron mucho vino y por la mañana la resaca y jaqueca les impedía dormir más horas.
Por otro lado, nadie se imaginaba la sorpresa que les aguardaba en ese mismo barco, ya que aquella persona que según Eliza, Candy no había olvidado, se encontraba viajando tan cerca de ella, acompañado también de su prometida, Susana.
Terry, ¿Por qué no nos avisaste que vendrías a desayunar a esta hora? - cuestionó Susana a Terry, quien se hallaba tomando una taza de café mientras miraba el inmenso mar azul.
Porque no quise molestarles, la mañana es fría y lo más conveniente es que continuarás tomando tu siesta Susana. No hace falta que me acompañes a todos lados - respondió el aludido sin dejar de mirar el mar, desde la hermosa vista que tenía en aquella mesa donde se encontraba.
Si, sé que me lo has dicho. Pero yo quiero estar a tu lado Terry, estamos comprometidos, y lo ideal sería que tu procurarás estar conmigo. Además ese fue el motivo de este viaje, el estar juntos, y parece que no te importa…
Tú armaste las maletas, tú decidiste este viaje, no yo.
Si Terry, pero lo hice por nosotros, por que pasemos más tiempo de calidad juntos. Tus continuas giras y ensayos, no han dejado que convivamos, esto no puede seguir así, por que cuando nos casemos.
Voy a mi camarote, creo que necesito.
¡Terry! No huyas como siempre lo haces, por favor.
Siempre estás ahí Susana, en mis giras, en mis ensayos, en mis desayunos, en mis cenas. En todo, ¿Qué más esperas de mí?
Tu amor -soltó la joven entre lágrimas, como siempre lo hacía.
A unas mesas atrás se hallaban Neal y Eliza, quienes aún seguían disfrutando de la vista y de su desayuno. En cuanto Susana levantó la voz para nombrar a Terry, fue imposible que Eliza no lo escuchará, su mesa no estaba tan cercana, pero desde donde ella estaba sentada, pudo ver perfectamente a una mujer rubia en silla de ruedas, quien parecía disgustada mientras miraba a un hombre que se encontraba de espaldas con la visión situada hacía el mar.
¡No lo puedo creer!
¿Qué cosa? - cuestionó Neal intrigado.
Ese tipo no puede ser Terry, aquí en el mismo barco que nosotros.
¿Quién, Terry?, estás alucinando Eliza. Ese tipo seguro está muy lejos de aquí.
Claro que no, está tan cerca de nosotros, justo a unas mesas allá -señaló la pelirroja con la mirada.
¡No voltees! Puede darse cuenta, no quiero que nos vea, hasta que yo piense que haremos ahora que sabemos que viaja en este mismo barco.
¿Qué pretendes Eliza?, más bien que tramas, que ocurrencias vienen a tu mente ahora que lo viste. ¿No querrás arrojarte a sus brazos?
¡Por supuesto que no!, él está comprometido con esa lisiada, y al parecer ella viene con él. Posiblemente ya estén casados. Hace tiempo que se comprometieron, es de esperarse.
¿Y a todo esto?, entonces que se te ocurre. Ya no debe importarnos su vida, es un tonto.
Por supuesto que me interesa. ¿No te das cuenta que ya tengo la excusa perfecta para saber si Candy en verdad ya lo olvido?
¿Y eso a ti en qué te beneficia o afecta?
¿Estas bromeando Neal?, como te atreves a preguntar esa barbaridad. Por supuesto que nos beneficia, ¿acaso no te gustaría verla sufrir después de todos los rechazos que te ha hecho?
¿Y cómo piensas hacerlo?
Si ella aún ama a Terry, le dolerá saber que él está aquí, con su nueva esposa. O mejor aún encontrarlo, justo cuando no pueda preguntarle nada. Cuando la lisiada y Archie también estén presentes. Así sabremos su reacción y disfrutaremos el saber que no será feliz con Archie, puesto que no le ama.
La tarde cayó junto con el ocaso, el espectáculo se apreciaba maravillosamente con su reflejo sobre la inmensidad del mar, mientras Candy observaba esa escena, recordaba aquella noche donde conoció a Terry y todos los sucesos que acontecieron después. Con las manos sobre el barandal, mientras sus manos enguantadas se aferraban a la barandilla, ella esperaba a Archie, quien había ido junto a George, a buscar unos pases para una fiesta exclusiva que se celebraría dentro del barco, al parecer una familia aristócrata e importante de Inglaterra habían apartado el salón principal para llevar a cabo una celebración familiar.
Los Ardley eran conocidos de aquella familia y eran uno de los invitados principales a la reunión.
Esa misma noche, Susana y su madre se encontraban paseando sobre uno de los pasillos al costado del barco, mientras del mismo modo aguardaban por Terrence, quien renuente de asistir a la reunión social, se había decidido a aceptar la insistencia de Susana.
¿Tan difícil es que Terry me amé de verdad madre?
Hija, no te tortures de esa manera, Terry te quiere. Él es un buen chico, que decidió quedarse a tu lado para hacerte feliz.
Él no me aceptó porque lo quería, lo hizo por amor a esa mujer, a Candy -expresó Susana endureciendo los gestos.
Eso no es así querida, él debía estar contigo. Tú salvaste su vida.
A veces hubiera preferido no hacerlo, si hubiera sabido el rechazo constante al que me sometería.
No digas esas cosas, Susana. Él aprenderá a quererte, con el paso del tiempo.
Han pasado cinco años y aún pareciera que no la olvida. No sé madre, a veces tengo tanto miedo, miedo de que ella…
En cuanto mencionó esto último, Susana observó a unos metros de donde se encontraba, una figura de cabellos ensortijados, muy conocida para ella. Simplemente no podía creerlo, no, no podía ser ella. Tal vez su mente solo le estaba jugando una mala pasada.
No, no puede ser.
¿Qué, qué ocurre?
Esa mujer que está de perfil, estoy segura que es Candice, mírala madre. - señaló Susana, la niebla y bruma de la tarde fría impedía mirar con claridad, pero parecía ser ella, no había duda. Se veía tan… tan bien, tan saludable, tan lozana, tan hermosa. Un dejo de envidia y enojo recorrió como escalofrío el cuerpo de Susana.
No puede ser ella hija, seguro estás confundida.
Estoy segura que ella es. Madre, Terry no puede verla, por favor llévame a su camarote.
¿Qué harás? ¿Acaso le dirás que la viste?
Por supuesto que no, debo evitar que la vea. Al parecer está bien arreglada, su vestido es de gala, estoy segura que es invitada a la celebración de la hija del conde. ¡Llévame madre! - apremió Susana.
Una vez en el camarote, ella entró sin más a la habitación, sin siquiera preguntar antes de entrar.
¡Terry!
¿Susana, qué haces en mi camarote? ¿Viniste sola? ¿Dónde se encuentra tu madre?
Ella está afuera aguardando por mi.
¿Qué sucede? ¿Todo bien?
Si, es solo que empecé a sentirme mal, y la verdad creo que lo mejor será no asistir a la fiesta.
¿Pero si tú estabas tan entusiasmada con esa celebración?
Lo sé, pero tu sabes que el frío en ocasiones provoca que me duelan los huesos y es incomodo estar así y rodeada de tantas personas. Además, me sentiré triste de no poder bailar contigo - Susana asomó un gesto de nostalgia, a Terry esos gestos le causaban cierta compasión, pese a todo, ella sufría al no poder caminar, al no poder tener actividades como las demás personas.
Entiendo, bien sabes que yo no tenía muchas ganas de asistir. Vé a tu camarote y descansa, ya mañana platicamos, te veo en el desayuno. - Terry se acercó y le dio un pequeño beso en la frente como solía hacerlo en ocasiones cuando se sentía compasivo con ella.
¿Qué harás tú? ¿Piensas salir a algún sitio?
No lo sé, tal vez vaya a cubierta a caminar o fumar un cigarrillo.
Dijiste que ya no fumarás.
Lo sé, pero todo a su tiempo Susana.
No quiero que salgas esta noche - soltó Susana, haciendo que Terry se sorprendiera con la tajante solicitud. No era su esclavo, mucho menos algo de su propiedad para que ella tomará esa determinación de mandato.
No entiendo.
Si Terry, no me parece que salgas, deberías descansar. De todos modos no querías ir a la fiesta, así que supongo que querías descansar. Además ya es noche y no hay nadie en cubierta, todos estarán en el baile. No tiene sentido que te arriesgues con el frío que hace afuera.
No soy un niño pequeño Susana, no tienes por que cuidarme de ese modo, no debes hacerlo.
¿Por qué siempre buscas pelear y discutir conmigo, por que no solo haces lo que te pido? No es suficiente con el hecho de que te cause lástima, y que solo te atrevas a darme besos en la frente o mejillas, como si me tuvieras lastima.
Susana comenzó a dejar escurrir sus lágrimas incontenibles, Terry sorprendido por su actitud controladora, no podía objetar ni decir nada respecto a sus palabras, quería decirle que no sentía lástima, y que no estaba ahí por compasión. Pero ya se lo había dicho innumerables veces antes, que veía innecesario repetir lo mismo. No sabía que hacer, cada vez se volvía más desesperante sentirse asfixiado.
Para calmar la ansiedad de Susana, tomó la determinación de mentirle por primera vez desde que estaban juntos, era necesario hacerlo, sino, ella le seguiría reprochando una y otra vez su negativa y oposición a hacer lo que ella quería. Por lo que decidió decirle que sí, que se quedaría en el camarote a descansar.
Una vez que ella lo dejó a solas, se asomó por el pasillo y al ver que ya no se encontraba, decidió salir a tomar aire fresco. No era posible que incluso ahí se sintiera preso. Le causaba un poco de desconcierto también , el hecho de que Susana hubiera cambiado de opinión tan de repente. Días antes se mostraba tan ilusionada de asistir y no pensaba en que no bailaría, solo deseaba acudir a esa celebración, todo era tan raro.
Al llegar a cubierta, Terry ubicó con su profunda mirada el camino que lo llevaba al salón principal, justo donde se celebraba ese festejo del duque, tenía la invitación en el bolsillo de su pantalón, por lo que lo observó con interés y muy dentro de sí sintió una extraña curiosidad de entrar al lugar.
