(Suspiro mp3) Aquí vamos de nuevo. No voy a entrar mucho en detalle sobre mi retraso, han pasado cosas… apenas estoy saliendo de una etapa muy difícil en lo familiar. Pero igual, pese a todo, y las mil excusas que siempre les pongo, aquí estamos, sirve de mucho que ustedes simplemente no quieren abandonar esta historia, no estoy diciendo que quiero que lo hagan, pero hasta parece que se ponen de acuerdo, ya que dos de ustedes mis queridos lectores, me han hecho llegar fanarts con momentos de esta historia, que me ayudaron a volver a inspirarme para la misma. Así que aprovecho esta ocasión para agradecer de corazón a Rocharin aka Rocharin3 aka Hannah, quien me envió 2 fanarts de Milo x Saori, uno de la cita de Milo y Saori en el acuario, y otro de la propuesta de matrimonio de Milo a Saori en la rueda de la fortuna. También quiero dar un agradecimiento especial a Zyan Crue, o Zimba Mustaine, espero haberlo escrito bien, quien también me mando un fanart… el mismo día… osea, cual es la posibilidad de eso, aunque el de Zimba es de Mu, Aioria y Milo lanzando la Exclamasión de Athena de fondo con una Saori de cabello corto y de 10 años de fondo, lo que es una escena de Guerras Doradas, si bien no es un fanart de Academia Sanctuary, me ayudó mucho a recordar lo mucho que a la gente le gustan mis historias, así que, aquí estamos de nuevo, y bueno, esta es mi única historia activa, así que, muchas distracciones no hay, veremos qué pasa.

AleSinsajo: Creo que Camus está aprovechándose de la situación de que Hilda no tenga guaruras, aunque creo que quien más se aprovecha es precisamente Hilda. ¿Quién es más pervertido? Yo pienso que Hilda es más habladora que pervertida, y Camus más pervertido que hablador, es algo así como el dicho de: "perro que habla no muerde", Hilda no muerde, Camus sí, cuando no te está juzgando. Pandora no se encuentra en este momento estrenando sandalias, pero sí va a haber algo de ellos en esta entrega. El romance y la comedia es lo principal de esta historia, créeme que no faltará. Sobre Guerras de Troya… esa no tiene mucho romance, ni comedia, aunque Diomedes existe y trae un poco de ambas. Espero que disfrutes de ese capítulo.

Goldxroses: si tú estuviste ocupada, imagínate yo que tardé tanto en actualizar. Llevar un negocio yo solo no es fácil, mi papá me ayudaba bastante, pero eso es punto y aparte. Caos sí, pero el caos apenas va llegando, problemas, no sé, pienso que este capítulo está relativamente equilibrado, llamémosle el caos antes de la tormenta. Extraño como mencionas a las tres parejas principales, y lo mucho que batallan para estar juntos… y luego está este capítulo, pero no te daré spoilers, dejaré que lo leas por ti misma. Lo de Shaina y Europa no tendrá una respuesta tan rápida, pero lo que sí te puedo decir es que esta temporada, y específicamente este capítulo, tienen más que ver con las tres nuevas criadas que otra cosa, espero que disfrutes de las locuras que traen estas tres a la mesa.

Selene: "ni vacaciones pueden tener", es una forma de decirlo, créeme que todos los dorados en menor o mayor medida van a comenzar a aprovecharse de su estatus de vacacionistas. Estoy notando que todos prefieren a Camus y a Hilda a la pareja principal, pero creo que eso es más culpa de Hilda, jajaja, Camus e Hilda ni están marcados como pareja en la historia, son Milo x Saori y Shura y Pandora, si lo cambio a Camus e Hilda no se verá esa pareja hasta el final de la primera temporada, jajaja. El respiro de Milo ya está presente en este capítulo… en cierto modo. Europa y Shaina son precisamente parte principal de este capítulo, y lamento que no te cayera bien Europa, aunque mi intención no era reemplazarla, simplemente, cuando vi que la pareja de Aldebarán y Shaina era "canon", yo dije: "wtf el de las parejas crack soy yo", y tuve que implementar a la pareja. A estas alturas seguro ya terminaste Guerras Doradas, déjame tu review, sueño con el día en que llegue a 500 reviews en esa historia jajaja.

Rocharin hua: usted señorita hizo trampa… mira que mandarme fanarts para que regresara a escribir fue bajo… pero te funcionó. Me debes la del planetario jajaja, usted deme a Milo abusando de Saori en el planetario y yo le termino esta historia. Y Milo no va a putearse a Julián… aunque ya tiene nuevo objetivo para su violencia, más de eso en este capítulo. Lo del traje de charro no te lo puedo cumplir, pero, accidentalmente, Milo lleva un traje en este capítulo, que curiosamente se parece al de charro. "si no y esas imágenes llegan antes espero te sirvan de inspiración" pues usted que cree, hacerme sentir mal para obligarme a escribir debería ser ilegal T_T, pero usted cumple yo le cumplo, aquí tiene su continuación. Y mira que más peor me siento cuando leo "prometido escorpio" y cuando me mandaste las imágenes ya era: "esposo escorpio", ósea, me tardé todo el proceso de prometido a esposo en actualizar, espero actualizar antes de que la primera Shaula nazca.

En fin, para terminar, el capítulo de hoy viene patrocinado por: el Gato con Botas 2 – el Último Deseo, si ya vieron la película (si no se las recomiendo mucho), entonces sepan que la canción de "tu Héroe Favorito", se ha convertido en una obsesión mía, y como Shura es español… en fin, lo raro de este capítulo es culpa del Gato con Botas. Por cierto Rocharin, no me enojo si me haces un fanart de Shura y Pandora en la escena de este capítulo jajaja (limosnero y con garrote).


Saint Seiya: Academia Sanctuary.

Tercera Temporada.

Capítulo 7: Un día como plebeyas.


Mar Mediterraneo. Crucero Atlantis. 14 de Junio de 1987.

-Al final, llegó el segundo día del crucero, y yo sin haber podido ver a Milo en todo el viaje –suspiraba Saori, quien se encontraba en esos momentos fuera de su camarote, en la cubierta de paseo fuera de las habitaciones de los nobles, y mirando al océano con cierta tristeza. El Atlantis podría ser un crucero de lujo, con bastantes actividades de recreación, pero no servía de mucho si las personas con las que se pretendía disfrutar no se encontraban presentes, al menos aquello era en lo que Saori pensaba, mientras veía el amanecer iluminando el mar, momentos antes de ser rudamente regresada a la realidad por una fría sensación en su espalda, cuando Pandora traviesamente le puso de su bloqueador solar a Saori en la espalda, enfriándole la misma.

-Monopolizas la baranda que da al amanecer, muévete por favor –se burló Pandora, llegando en traje de baño, pero cubriéndose con una blusa negra traslucida, mientras Saori, como siempre en su vestido blanco, intentaba alcanzarse el bloqueador para limpiárselo-. No pareces muy alegre para estar en medio de unas vacaciones –se burló Pandora.

-Probablemente porque el bloqueador solar está muy frio y lo pusiste donde no me alcanzo –se quejaba Saori, aunque no tardó en sentir la sensación de una toalla frotándole la espalda y limpiando el exceso de bloqueador solar-. ¿Gracias? ¿De quién es el turno de servidumbre? –preguntó Saori, pensando que quien la había auxiliado se trataba de una de sus criadas, dándose cuenta de que no era así, sino que Hilda era quien le había ayudado con el bloqueador solar, vistiendo igual que Pandora únicamente un bikini blanco, aunque cubriéndose también los hombros con una blusa de playa abierta de color azul, y llevando una tela de ceda de un azul más claro con estampados de palmeras como una forma de cubrirse mejor, y no podía faltar su sombrero de playa.

-Pobre Saori, tan dependiente de la servidumbre que no puede pasearse sola ni siquiera en sus vacaciones –se burlaba Hilda, colocándose también algo de bloqueador solar, bastante en realidad, después de todo, su piel era demasiado pálida-. Aunque de qué me quejo, la única razón de que yo no esté rodeada de servidumbre, es porque los engañé para que se perdieran del crucero –se burló Hilda.

-¿Por qué alguien haría algo así? ¿Acaso no ven a sus sirvientes como parte de su familia? Por cierto, buenos días –comenzó Saori, notando que tras sus palabras tanto Pandora como Hilda sintieron sombrías auras rodearlas-. ¿Dije algo que las incomodara? –preguntó ella.

-No… solamente pensé ver a un par de inmensas cejas atormentándome en mis recuerdos… -agregó Pandora molesta, y divirtiendo su atención colocándose más bloqueador solar, Saori hizo una mueca por el comentario, pero Hilda al parecer sí captó el mismo, por lo que su ceja le temblaba demasiado.

-En verdad que Radamanthys tiene unas cejas bastante pobladas –comentó Hilda, ganándose la mirada de sorpresa de Padora-. Ya sé que no te conozco lo suficiente para saber de tu compromiso con tu mayordomo, pero tú tampoco me conoces lo suficiente para saber que yo leo mentes –aseguró Hilda divertida.

-En realidad, Hypnos y Thanatos ya me habían advertido, pero pensé que bromeaban, con ellos nunca se sabe –le comentó Pandora, e Hilda se rascó la nuca con vergüenza-. Y no debería juzgarme, señorita Polaris, comprometida con mi mayordomo o no, lo mío no fue opcional, usted aceptó a su mayordomo por voluntad propia –arremetió Pandora.

-Bueno, cuando te quedas sin opciones, agarras al menos peor –respondió Hilda a manera de defensa, Saori solo miró a una, luego a la otra, y no comprendía el problema de las dos-. Te explico. Ambas nos acercamos a ti porque ambas queríamos socializar contigo. Pero ni Pandora ni yo nos conocemos del todo, así que reaccionamos hostiles la una ante la otra, más que nada porque Saori en su inocencia nos recordó a ambas a nuestros respectivos prometidos. Pandora habiendo sido prometida desde el nacimiento a su mayordomo Radamanthys, y yo limitándome a elegir a quien me aceptara tal como soy por presión de mi padrastro más que nada. Estoy a menos de dos años de graduarme y todo eso –le comentó Hilda.

-Algo sabía de sus respectivas posiciones, pero no he escuchado anuncio alguno sobre ninguno de ambos compromisos –comentó Saori, intercambiando miradas entre Pandora e Hilda-. Quiero decir, tenía una mejor idea de lo de Pandora por Shura, pero Camus me había dicho que no lucharías por tu herencia –les comentó Saori, incomodándolas a ambas.

-Ese maldito español pervertido… ¿cómo se atreve a ir de boca floja? –se quejó Pandora, preocupando a Saori, mientras Pandora se mordía los labios con molestia por el conocimiento de Saori de su situación civil.

-Por mi parte, también esperaba que Camus fuera menos compartido de mi situación a con los demás. Pero todo parece indicar que Saori tiene a nuestros respectivos prospectos bien cautivados –comentó Hilda, ganándose la mirada de desprecio de Pandora-. ¿Qué? Aún tienes esperanza, ¿no es así? Puedes llamarlo un prospecto –se burló Hilda.

-Ese es mi problema, no el tuyo –se quejó Pandora, Hilda hizo una mueca, y Saori nuevamente terminó mirando a una y a otra con preocupación por lo mal que se llevaban-. En todo caso, Saori ya tiene 14 años, y todas aquí sabemos que un noble no invita a unas vacaciones solo porque sí –arremetió Pandora.

-Yo no he dicho nada, ¿por qué me atacas a mí también? –se apenó Saori, mirando nuevamente al océano- Lo lamento… por recordarles sus situaciones maritales. Les aseguro que no ha sido a propósito y, además, entiendo perfectamente por lo que están pasando. Aunque pareciera que ustedes ya lo han asimilado –admitió ella.

-Asimilar es una forma de decirlo, más bien yo lo llamaría resignación –acompañó Hilda a Saori en su admiración al amanecer, Pandora suspiró molesta e hizo lo mismo, un sentimiento de melancolía parecía embargarlas en esos momentos.

-Ustedes tres no tienen idea siquiera de la lástima que me dan –comentó una cuarta persona, y el trío de nobles se viró para encontrar a una no tan noble mirándolas a las tres con molestia. Se trataba de June, en su traje de baño rosa, y con una toalla azul verde cubriéndole la cintura, su cabello estaba húmedo, como si acabara de salir de la alberca-. Tal vez lo que voy a decirles vaya a sonar hipócrita viniendo de mi parte, pero resignarse como hacen ustedes, es patético, más si tomamos en cuenta que mientras ustedes se resignan, sus verdaderos amores se parten la espalda por ustedes –apuntó June con molestia, y el trio de nobles se sintió reprendida, aunque Pandora se defendió.

-Es cierto, June, suena hipócrita de tu parte considerando que te resignaste a aceptar a mi hermano Ikki aun cuando querías a Shun –se molestó Pandora, pero fue inmediatamente silenciada cuando la bañaron con lo que quedaba de una piña colada a medio beber, por lo que Pandora inmediatamente se retrajo y ocultó detrás de Saori.

-Eso se vio tan fresco, ¿te sobró un hielito para mí? Muero de calor –agregó Hilda mientras se abanicaba, y ofrecía su toalla a Pandora, quien la aceptó y comenzó a limpiarse el cuerpo- Precisamente por ti es que June decía que podría llegar a sonar hipócrita, pero a lo que June realmente se refiere es a que no se conformó con dejar que Ikki dominara la situación, y luchó por hacerse respetar –agregó Hilda, sorprendiendo a June-. Además de que vienen de portarse muy mal en el jacuzzi –se abanicó nuevamente Hilda.

-¿Cómo sabes…? ¡No hicimos nada malo en el jacuzzi! ¿Por qué siempre intentan hacerme ver como una pervertida? –se molestó June, Hilda miró a Ikki, y este desvió la mirada- Ikki… por favor dame espacio –pidió June mientras se cubría el rostro, Ikki alzó y bajó los hombros, pero se retiró a la zona de habitaciones-. Lo que intento decir es que, son vacaciones, cualquier plebeyo aprovecharía esta oportunidad para divertirse, ser feliz y hacer una que otra locura, pero aquí frente a mí hay tres nobles, una de las cuales ni se digna a vestir un traje de baño, dentro de un crucero, con 5 diferentes albercas, una de olas, tres jacuzzi, e incluso un bar bajo una cascada artificial. Además de que no necesitan un novio para las albercas –admitió.

-Para hacer lo del jacuzzi tal vez sí –agregó Hilda entusiasta, lo que incomodó a June-. Pero fuera de bromas, June. Aunque entiendo que intentas animar a Pandora y a Saori, y que yo aquí soy la colada, la verdad es que albercas y jacuzzis tenemos todo el tiempo, no hay nada excitante en este crucero, son nuestros mismos lujos, pero en altamar, donde la únicas dos ventajas son, no pagar impuestos, y la vista panorámica. Aunque seas noble de promesa, por tu trayectoria de plebeya no lo entenderías –admitió Hilda, y Pandora asintió.

-Y por eso me dan tanta pena ustedes tres, que viven la vida repleta de lujos, pero no pueden disfrutarla –continuó June, deprimiéndolas a las tres-. No te conozco mucho, Hilda, pero por tu forma de ser entiendo que buscas divertirte para escapar de la monotonía –apuntó June, y Hilda se apenó por la deducción-. A Pandora la conozco mejor, pero es tan orgullosa que se niega a divertirse, porque lo cree de plebeyos. Pues si divertirse es de plebeyos, agradezco ser una plebeya –admitió June, deprimiendo a Pandora esta vez-. Y Saori, tu situación es la peor de todas, encerrada en tu mansión por 12 años, y a los 13 esperando vivir toda clase de experiencias a alta velocidad sabiendo que la libertad se te escapaba, eso tampoco es vivir –terminó June, deprimiendo esta vez a Saori-. Pero podemos arreglar eso, dejen de pensar como nobles al menos por un día, mañana este barco toca tierra en Creta, y volverán a verse rodeadas de sus mayordomos. ¿No les gustaría pasar al menos un día sin las ataduras de un noble? Sé que suena descabellado considerando que, sin importar qué, estamos en un crucero de lujo. Pero es lo más cercano a la libertad plebeya a la que pueden aspirar de momento –les comentó June, y el trio de nobles intercambió miradas de curiosidad-. Confíen en mí. Solo deben tomarse unas vacaciones de ser nobles –sonrió June, y las tres pensaron al respecto, deseando por una vez dejar de ser vistas como unas nobles.

Gimnasio del Crucero Atlantis.

Como en todos los cruceros, había habilitada una zona de gimnasios, aunque no era muy común que los mismos se llenaran. Quienes acudían a los cruceros normalmente venían a vacacionar, y para pocos era atractivo el ejercicio durante el periodo vacacional. Solo los más disciplinados entrenaban incluso cuando se encontraban en un periodo de vacaciones. Sin embargo, quienes entrenaban en el gimnasio del crucero en ese momento, no podían concentrarse en sus respectivas rutinas, y más bien posaban su atención en una chica, que llevaba una rutina de entrenamiento bastante peculiar.

Geist entrenaba en esos momentos en el gimnasio, con un costal de boxeo amarrado a cada una de sus muñecas, mientras se encontraba atada por los pies de la parte más alta de la barra de dominadas, un instrumento que normalmente se utilizaba para, tomando de los mangos, tirar de tu propio cuerpo para tonificar tus músculos de los brazos, pero que Geist utilizaba para, de cabeza, y con los costales atados a sus muñecas, estirarse a sí misma, levantando ambos costales con el esfuerzo, y tomarse de las puntas de los pies, un ejercicio que se veía bastante difícil, y que tonificaba sus ya de por sí marcados abdominales, pero que al mismo tiempo, por su postura de cabeza, dejaba ver algo de su brasier cada vez que bajaba nuevamente, lo que mantenía a los varones en el gimnasio doblemente distraídos. Por una parte, el ejercicio de alto desgaste de Geist, que llevaba realizando al menos una hora, los tenía impresionados. Por otra parte, la figura de Geist les parecía muy atractiva, y verle el brasier los emocionaba bastante, o al menos esa era la emoción que desplegaron, cuando todos fueron golpeados con fuerza por una espada de madera, llamando la atención de Geist.

-Excaliburrrrr… -resonó la voz de Shura, mientras Geist dejaba caer los costales de boxeo, y respiraba pesadamente por el esfuerzo-. ¿Qué clase de entrenamiento indecoroso es ese? Si vas a entrenarte, haz el favor de fajarte la blusa –le apuntó Shura.

-Hay un problema con eso, la blusa no me llega al pantalón, que me la fajo que se me salen –comentó Geist, fastidiando a Shura, quien suspiró molesto por la forma de ser de Geist-. ¿Qué? –preguntó ella curiosa, pero regresando a su levantamiento de costales- No me diga que usted, al igual que el señor Aldebarán, va a reprenderme por mi habla tan vulgar. Lo siento por no ser la refinada señorita que todos esperan que sea –continuó Geist.

-Nadie te dice que seas femenina, pero ten algo de pudor –insistió Shura, mientras Geist se dejaba caer nuevamente, ya agotada por su entrenamiento-. Y si ya estás cansada, deja este ejercicio tan ridículo. ¿Quién te enseñó eso? ¿Milo? –preguntó Shura.

-¿Quién más? De todos en los Guerreros de los Abismos, me jacto de ser la única capaz de seguir al pie de la letra el entrenamiento diario de Milo, los sacos de boxeo incluso tienen tres de bloques de hormigón dentro cada uno –alzó un brazo Geist, y lo dejó caer, haciendo temblar el suelo, y preocupando a quienes entrenaban-. 35 kilos por costal de boxeo, 5 kilos cada bloque de hormigón, para un total de 15 kilos adicionales dentro de cada costal, en otras palabras, estoy haciendo abdominales invertidas con 100 kilos de peso combinados en ambos brazos –sonrió Geist divertida.

-No me sorprende que tengas a todo el gimnasio mirándote, pero estoy seguro de que les importa más la otra razón –se quejó Shura, apuntando a su brasier, Geist solo posó desvergonzadamente- No entiendo cómo es que Shaka terminó en una relación contigo –se molestó Shura.

-No me importa lo que diga, yo estoy orgullosa de mi atractivo sexual –agregó Geist divertida-. Y sobre Shaka, él es ciego y no puede ver mi atractivo, pero aun así me eligió, dígame usted si no me iba a interesar en una persona que se fijó antes en mi por mi forma de ser, que en mis atributos personales. Además, tiene el descaro de decir que soy hermosa aun cuando yo misma sé que soy un monstruo violento y que disfruta del sufrimiento ajeno, así que, ¿cómo no fijarme en Shaka? –sonrió ella.

-Perturbador… -aseguró Shura-. En todo caso, baja de allí, tenemos que hablar –pidió Shura, y Geist en respuesta solo hizo una mueca- No me digas que no puedes bajarte. ¿Cómo te subiste en primer lugar? –se quejó Shura.

-Aldebarán me subió, me lo topé cuando venía a cumplir con mi rutina de entrenamiento, se supone que me bajara a los 20 minutos de haber comenzado, pero creo que se encontró con alguien conocido y me dejó aquí abandonada –le explicó Geist, y Shura le dirigió una mirada de incredulidad, cuyo significado Geist intuyó-. Normalmente puedo desatarme sola, pero como Aldebarán se ofreció a ayudar, puse 10 kilos más de peso por brazo, así que ahora no me alcanzo yo sola para desatarme. Pensé en pedir ayuda a los demás, pero por la forma en que me miraban, bueno, intuí que me saldría contraproducente pedir ayuda y tendría que romper rostros a puñetazos con 50 kilos atados a cada brazo. Soy fuerte pero no al nivel: me enfrento a 800 pandilleros, como el señor Milo –aceptó ella.

-Le pediré cambio de criadas a Milo, seguro no le molesta cambiarte por Shoko –se molestó Shura, y Geist sintió una vena saltársele en la frente, Shura tan solo desamarró las piernas de Geist de un sablazo, por lo que la chica azotó al suelo con muy poca delicadeza.

-¡Soy una chica, imbécil! Por más violenta que me vea también me gusta que me traten con respeto –se sobó la cabeza Geist por la no tan gentil caída, y procedió a desamarrarse los costales de las muñecas, antes de salir detrás de Shura-. No tan rápido… hice 40 minutos más de lo pensado este ejercicio, me duelen los cuadritos –se quejó Geist, sobándose el abdomen, de fondo los que entrenaban intentaron levantar los costales, pero incluso los más fuertes lo hacían con demasiado esfuerzo-. ¿Qué ocurre? –preguntó Geist levantando sus cosas.

-Lo que ocurre, es que ya comenzó tu turno y el de Shaina, pero ninguna de las dos está atendiendo a la señorita, y como la dejaron sola, ya comenzó con sus locuras. A tal grado llegó el descontento de Mii por lo que hizo la señorita, que fue a por mí a pedirme poner orden a con mis criadas asignadas, y se supone que estoy de vacaciones –se fastidió Shura, preocupando a Geist-. ¿Por qué no estaban en su puesto? –le apuntó Shura con su espada a la nariz, molestando a Geist.

-Oiga, por nada del mundo me pierdo mi ejercicio matutino –se quejó Geist, lo que molestó a Shura nuevamente-. Pero para que le quede claro, tampoco soy una incompetente. Shaina estuvo de acuerdo de cuidar a Saori mientras yo me ejercitaba. Además, ¿qué tontería podría hacer Saori a tan tempranas horas de la mañana y sin supervisión? –preguntó Geist.

Zona de Camarotes.

-¿Recuerda cómo le preguntaba el qué tontería podría hacer Saori a tan tempranas horas de la mañana y sin supervisión? –preguntaba Geist, ya en su traje de criada, y con Shura a su lado asintiendo monótonamente- Si vuelvo a darle mi voto de confianza a Saori de esa manera, Excabuliariseme –pidió Geist, mientras veía a Saori caminando por los pasillos de la zona de camarotes en su traje de baño lila, sumamente ruborizada, y cubriéndose únicamente con un faldón blanco translucido como cubierta para su traje de baño, mientras Mii, Shoko y Kyoko la seguían por los pasillos, preocupadas.

-Te lo encargo entonces –comenzó Shura despreocupadamente, y Geist lo miró con curiosidad-. Como dije, estoy de vacaciones, podré tomarme libertades y ayudar a Mii por mi preocupación a con la señorita Depranon, pero sigo estando fuera de servicio. Cumplí mi parte, y se hace tarde para el desayuno, así que hazte cargo –terminó Shura, y se retiró sin más.

-¡Señorita! ¡No puede estar hablando enserio! ¿¡Debo recordarle el peligro de que se quede sola sin supervisión, en un crucero cuyo dueño es Julián Solo!? –preguntaba Mii escandalizada, y con varios papeles en sus manos, molestando sobremanera a Saori por la insistencia de su criada y mejor amiga, que se distrajo momentáneamente al ver a Geist- ¿¡Dónde estabas!? ¡Específicamente tenías que detener a Saori de tomar una decisión tan radical! ¿¡Y dónde está Shaina!? –preguntaba Mii sumamente molesta.

-En primer lugar, soy niñera de Saori, no de Shaina –agregó mientras se limpiaba los oídos con su dedo, sacándose la cerilla de forma muy poco femenina-. En segundo lugar, si bien Saori está haciendo una escena, como siempre, ¿qué es tan malo que están gritando en el pasillo como una bola de lunáticas? –insultó Geist.

-Geist… -comenzó Mii de forma molesta, encarando a Geist fijamente-. Sé que tienes poco tiempo de haberte unido a nuestra familia de servidumbre, pero reitero el que necesitas dejar de comportarte como una plebeya. Una vez te conviertes en una criada, se espera un comportamiento digno de tu parte. Por favor corrige el rumbo –reprendió Mii, y Saori se detuvo, pensativa, ante aquellas palabras- Por el descuido tuyo y de Shaina, Saori básicamente nos obligó a tomarnos un día de vacaciones –le mostró Mii, entregando a Geist una notificación de vacaciones firmada por Saori-. Como comprenderás, esto es inaceptable –admitió Mii.

-¿Dónde firmo? –preguntó Geist, sobresaltando a Mii- ¿Qué? Vacaciones sin cumplir el año, y ya estando dentro de un crucero de lujo, obvio no voy a negarme –le comentó Geist, y Saori se dio la vuelta, analizando las palabras de Geist- Además, si Saori se las arregló para obligar a toda su servidumbre a tomarse vacaciones, ¿no significa eso que la estamos molestando? Si ella quiere estar sola déjenla estar sola –admitió Geist.

-No lo entiendes porque no has pertenecido a la nobleza antes, ni has interactuado en nuestro circulo lo suficiente –le explicó Mii, pero Geist, o no entendía, o no quería entender-. Por este tipo de cosas es que llaman a Milo, Shura y Camus, mayordomos morosos. Si no quieres ganarte el título de Criada Morosa, por Cronos, pon de tu parte. A Shoko y a Kyoko les dimos la educación pertinente, contigo no es demasiado tarde, todavía eres salvable –agregó ella.

-Mira ricitos, que solo te la perdono porque además de que eres la Jefa de Personal, conoces muy poco del mundo plebeyo como para entender que me estás insultando –agregó Geist con malignas intenciones, preocupando a Mii-. Así que, dime Criada Morosa si quieres, es lo que soy, y mejor te vas acostumbrando o vamos a tener problemas tú y yo, y ni los tres osos te van a salvar –se tronó los nudillos Geist, forzando a Mii a optar una pose de combate.

-Basta las dos… -reprendió Saori, preocupando a Mii-. He pasado el suficiente tiempo entre los plebeyos para entender algunas cosas de las que dice Geist, pero fui educada en la aristocracia para también comprender lo que dice Mii, así que, tengo una propuesta que puede satisfacer a ambas –comenzó Saori con molestia, mirando a Mii, y después a Geist, prestándole más atención a esta última-. Geist, ¿saldrías en un día de plebeyas conmigo? –preguntó Saori, sobresaltando a Mii.

-¿Cómo en una cita o algo así? –preguntó Geist, y Saori asintió- Quiero decir, eres bonita, pero no sé si tan bonita para olvidarme de mi heterosexualidad –mencionó Geist, apenando a Saori, y enfureciendo a Mii-. Es broma, pero me fascina ver a Mii enojada. Pero más importante, ¿por qué yo? –preguntó Geist.

-Tú y Shaina cuando la encontremos –le respondió Saori, aún apenada por los burdos modales de Geist-. En parte es para calmar a Mii. No quiere dejarme sin protección alguna mientras exista la amenaza latente de un anuncio de matrimonio por parte de Julián Solo, pero la razón de obligarlas a todas a un día de vacaciones es precisamente para que me dejen disfrutar de un día sin servidumbre. Eres mi servidumbre, pero también eres una plebeya de corazón, y más importante, una persona a la que quiero conocer mejor, así que me sentiría agradecida si decidieras acompañarnos a June, Pandora, a Hilda y a mí, en un día como plebeyas, y de esa forma, Mii se calmaría –apuntó Saori.

-¡Esto no me calma en absoluto, señorita! –se quejó Mii- En realidad, lo hace peor. ¿Cómo pretende que la dejemos sola con Geist y Shaina, donde quiera que esté, como sus únicas criadas? No lo consiento –insistió Mii, preocupando a Saori-. Además, no es por menospreciar a Geist, pero ella no se preocupa por usted como nosotras lo hacemos. Insisto en que elija a alguien más, si gusta que no sea yo, pero tampoco Geist –pidió Mii.

-De verdad me estás molestando, ricitos de oro –se fastidió Geist, con una vena saltada en su frente-. Ya sé que no tengo una reputación perfecta, pero sí me preocupo por Saori… el que desconfíen tanto de mí es molesto –se rascó la cabeza Geist, confundida por sus propios sentimientos, Mii la miró, y se apenó de igual manera-. Aunque, no puedo decir que estando en tu lugar no dudaría de mí, hasta yo sé que soy mala influencia, pero lo estoy intentando, que fastidio –se confundió Geist.

-Tie-tiene razón, lo siento… -comenzó Mii, sorprendiendo a Geist, a Saori, y a Shoko y a Kyoko-. Es verdad que hago mal en juzgar… es solo que… el mundo plebeyo es un mundo que ni yo misma conozco perfectamente bien… y me asusta, liberar a Saori en ese mundo. No es nada contra ti, Geist, tan solo… bueno… son mundos tan distintos –insistió ella.

-Es un crucero… -se fastidió Geist-. Discúlpame, pero pretender ser una plebeya, en un crucero, no es ni remotamente parecido a hacerlo en la ciudad. Despreocúpate, me haré cargo –insistió Geist, y Mii suspiró, pero asintió-. Entonces… ¿qué hay que hacer? –preguntó Geist.

-Cosas de plebeyos claro, como pasearte en traje de baño sin vergüenza alguna –explicó Saori ruborizada, y Geist la observó de forma monótona, como si no se creyera lo que escuchaba-. ¿No es eso algo de plebeyos? –preguntó Saori.

-Hasta las chicas normales sienten vergüenza de pasearse en traje de baño por cualquier parte, el que a mí me importe un bledo, no significa que a las demás también –comentó Geist, entrando entonces en su habitación, mientras Saori se preguntaba lo que era un bledo, miró a sus criadas, y Kyoko sacó su diccionario de su maletín.

-Bledo: Planta de tallo rastrero de color verde o rojizo, pueden alcanzar los 30 centímetros y son comestibles –le explicó ella, pero Saori continuó con sus dudas sobre la palabra, mientras Geist salía de su habitación en un traje de baño morado, y short negro como única protección, lo que era demasiado atrevido para Saori.

-Es una expresión, significa que no me importa –comentó Geist, y el grupo de chicas admiró su abdomen-. ¿Les gusta? A mí me chifla que me lo miren, por cierto, este short hace que se me vean las alas del murciélago –se viró Geist, mostrándole a las criadas, y apenando a Saori.

-Señorita, ¿está segura? –preguntó Mii, Saori se viró para verla con una mueca de nerviosismo, Geist entonces se interpuso, tomó de la mano de Saori, y comenzó a retirarse con una mirada de picardía- ¡Si regresa con un tatuaje tendrás problemas Geist! –se quejó Mii, sumamente preocupada, mientras Geist se regocijaba en el descontento de la amiga de Saori.

Comedor Principal.

-Aioros, no desperdicies la comida y agarra solo lo que te vayas a comer –reprendía Yoshiko a Aioros, quien se paseaba con ella por las barras de buffet del comedor principal del Atlantis, que más parecía una especie de recepción en algún palacio, con los pisos de mármol, columnas talladas de madera muy bien barnizadas, y candelabros iluminando el lugar. Todo en el Atlantis denotaba exceso, y Aioros no había tardado en unirse a la cultura del exceso sirviéndose en su plato cada cosa cuyo nombre no sabía lo que significaba-. Aioros, te vas a enfermar, y no voy a estarte cuidando, es un crucero, oportunidad única en su tipo, y no me la voy a pasar atendiéndote si te indigestas –le apuntó Yoshiko molesta.

-Oh vamos Miko, nunca voy a poder pagar estas cosas, y aquí las ponen en bandeja de plata, literal son de plata –le mostró Aioros, impresionando a Yoshiko-. Si me indigesto, bien valdrá la pena, esta comida seguro vale más que la cuenta del hospital, ¿verdad Aioria? –preguntó él, Yoshiko se viró buscando a Aioria, y lo encontró con un plato igual de lleno que el de Aioros.

-Es físicamente imposible que te puedas comer todo eso, pequeño Leo –apuntó Yoshiko preocupada, fastidiando a Aioria por el apodo-. Se van a enfermar, e insisto en que no los voy a andar cuidando. Ni siquiera te puedes comer todo eso –insistió ella.

-Primero, no me digas pequeño Leo, me da penita –se ruborizó Aioria, pero Yoshiko no pretendía dejar de llamarlo como tal-. Segundo, al ingerir alimento, la señal de ingesta tarda 8 minutos en llegar al cerebro y decirle: "ya estoy lleno, no más comida por favor", así que lo que voy a hacer es comerme todo esto en menos de 8 minutos para que, aunque mi cerebro se queje, yo pueda disfrutar de uno de cada uno de todo lo que hay en el buffet –comentó Aioria, como si hubiera descubierto algún secreto del universo.

-Me rindo, hagan lo que quieran –se retiró Yoshiko con su plato, y fue a sentarse donde un aburrido Hypnos, quien picoteaba su comida con descontento, Aioros se sentó también en la mesa con él-. No te ves para nada bien, ¿Derbal ronca? –preguntó Yoshiko.

-No, Derbal no ronca… se podría decir que incluso al dormir lo hace con perfección –declaró Hypnos, mientras Saga y Dohko se sentaban también en su mesa-. Es solo que, estoy aburrido, no puedo creer lo que voy a decir, pero extraño las locuras de Thanatos –se quejó Hypnos.

-De qué te quejas, si tú vienes de colado –se fastidió Saga-. Vacaciones o no, hay uno entre los dorados que no está disfrutando, más bien se está esforzando más que nunca. Mi preocupación radica en si Thanatos se está tomando la enseñanza de Milo enserio o no –insistió Saga.

-Escuché que Thanatos forzó a Milo a ver Xtro 1, 2 y 3 –le comentó Dohko, preocupando a Saga-. Así que, puedes dar a Milo por mentalmente perturbado en estos momentos –le explicó Dohko, mientras un plato más era colocado en la mesa.

-Para su información, sí forcé a Milo a ver Xtro conmigo, pero no por las razones que ustedes creen –enunció Thanatos, llegando a la mesa, y alegrando a Hypnos, quien deseaba tortura-. Ahora no, Hypnos, esto es serio –comentó Thanatos.

-¿¡Desde cuando eres serio!? –se fastidió Hypnos- ¡Exijo algo de diversión inmediatamente! ¡Estoy tan aburrido que me la he pasado durmiendo todo el viaje! Lo que no es exactamente malo, lo he disfrutado mucho, ¡pero estamos en un crucero! ¡Imagina todo el caos que podemos traer! –insistía Hypnos, preocupando a Thanatos- Además con Derbal de compañero de cuarto, la aburrición es increíblemente más grave. Si vuelvo a escuchar la palabra: "perfección" te juro que me vuelvo loco –admitió Hypnos.

-Perfección –habló Thanatos, fastidiando a Hypnos, quien intentó saltar sobre la mesa y lastimar a Thanatos, pero Yoshiko lo sostuvo de su ropa y lo obligó a sentarse-. ¿De quién es la culpa de que el profesor Derbal sea como es? Te recuerdo que fuiste tú quien lo hipnotizó –le apuntó Thanatos.

-¡Porque él me lo pidió para ayudar a Mayu con lo de su discapacidad! –le respondió Hypnos, y ante el comentario, Yoshiko iluminó sus ojos, queriendo saber más, y todos en la mesa la voltearon a ver.

-¡Es verdad! ¡A mí todavía no me cuentan la historia de Mayu y el Profesor Derbal! ¿Dónde está? ¡Le voy a sacar la historia en este viaje! –enfureció Yoshiko, mirando en todas direcciones y buscando a Derbal.

-Ah, Derbal no está exactamente receptivo a hacer nada en estos momentos –apuntó Dohko a donde él ya había encontrado a Derbal, y todos viraron sus rostros en aquella dirección, encontrando a Derbal caminando solemnemente, acompañando a otra persona que, igual que Derbal, vestía de una forma bastante formal, siendo esta persona de tez morena y cabellera azul celeste brillante-. Ese es Pontos Arsmagna, el Presidente del Patronato de Mayordomos –les comentó Dohko, aunque aquello era algo que Yoshiko no comprendía bien-. Te explico rápidamente, Pontos es algo así como la eminencia en temas de mayordomos, es quien dictamina quien es digno de ser un mayordomo y quién no. Si Pontos te considera indigno, puedes despedirte de tu estatus de mayordomo, incluso mayordomos que pertenecen a la nobleza son auditados por Pontos –les explicó Dohko, y todos en la mesa se preocuparon por aquello, y viraron sus rostros a la mesa compartida por el resto de los Dorados-. Oh, yo no me preocuparía por ellos, están de vacaciones y Pontos no los conoce muy bien, pero hasta Pontos ha escuchado del famoso Mayordomo Moroso, y ese está por estrellarse con él –apuntó Dohko divertido, mientras un Milo con la mente perdida, caminaba ojeroso por el comedor, con solo una crema de verduras en su plato, mientras caminaba con la cabeza gacha peligrosamente cerca de donde Derbal y Pontos caminaban-. Que mal, como a Milo si lo va a reconocer, si baña a Pontos en la crema lo van a descalificar –se burló Dohko.

-¡Pues has algo! –se quejó Aioros, pero Dohko solo hizo una mueca y se rehusó- ¿Qué le tienes tanto miedo a Pontos que ni tú ayudarías a Milo? –preguntó, y Dohko asintió un par de veces- Yo lo arreglo entonces –comentó Aioros, tomó de la coleta de Yoshiko y le quitó su dona, liberándole el cabello, y estirando la liga mientras apuntaba como su tomara Arco y Flecha-. ¡Dona de la Esperanza! –lanzó Aioros, la liga voló y golpeó la cabeza de Milo, quien se viró buscando de donde había llegado el proyectil que lo había impactado, y evitando así colisionar con ese tal Pontos, aunque Derbal al parecer sí se dio cuenta de lo que ocurrió- Un tiro excelente –se enorgulleció Aioros.

-Pero mi donita… -lloró Yoshiko, preocupando a Aioros por ver sus reacciones- Aioros idiota, era mi donita favorita, ahora ve y búscala –apuntó Yoshiko, y Aioros, derrotado, fue a buscar la liga de Yoshiko.

-¿Habrá sido mi imaginación? -Milo, confundido por no encontrar quien lo había golpeado ni con qué, continuó con su camino a la mesa donde estaban el resto de los Mayordomos Dorados, aunque había una notable ausencia-. ¿Dónde quedó Aldebarán? –preguntó Milo a su llegada.

-No lo sabemos, y me tiene preocupado –comentó Shaka, mientras Milo se sentaba a su lado-. Pero más preocupado me tienes tú, Milo. Escucho tu ritmo cardiaco y tu respiración, estás agotado. Camus, ¿puedes ver ojeras en Milo? –preguntó Shaka.

-Si te refieres al mapache que se sienta a tu lado, sí Shaka, tiene ojeras –comentó Camus, molestando un poco a Milo-. Eso te ganas por compartir habitación con Thanatos. ¿Por qué es tan importante? –preguntó Camus.

-Porque las vacaciones me dan la excusa perfecta de concentrarme en mi tesis, y da la casualidad de que Thanatos es mi actual instructor de tesis –le comentó Milo, sabiendo que ya era inútil ocultarle al resto en la mesa sus acciones-. Aunque el problema en estos momentos no es la tesis en sí… sino mi estómago… -les explicó Milo, preocupando a Shaka aún más.

-Por supuesto que tu estómago es el problema, necesitas de un estómago de hierro para ser un doctor –le recriminó Mephisto, y deprimiendo a Milo, quien aparentemente estaba descubriendo que no tenía tan buen estómago para su elección de carrera-. Te daré un consejo, cuando tengas nauseas, toma un limón, pártelo a la mitad y huélelo. Los aceites del limón te quitarán las náuseas –comentó Mephisto.

-Es un buen consejo, pero Milo no puede ir por allí con un limón recién partido mientras hace una operación de cualquier tipo, menos una ocular –le explicó Afrodita, buscando en su mochila, y extrayendo un frasco con un líquido verde-. Extracto de limón, ¿verdad? Puedes quedarte con el mío. Puedo conseguirte más si lo necesitas –le comentó Afrodita.

-Gracias, pero… ¿cómo saben que estoy planeando hacer una operación? Ocular, además –se molestó Milo, y en la mesa todos sudaron frio, mientras Milo miraba en dirección a Shaka con molestia.

-Shaka no puede ver que lo estás mirando feo –le comentó Mu, y Shaka se sorprendió por las miradas de Milo gracias a la advertencia de Mu-. Escucha, todos estamos preocupados por ti. Shaka lo notó, y nos explicó la situación. Al menos en conjunto podemos admitir que, aunque no todos estemos de acuerdo, si Shaka te apoya en esto, nosotros también –admitió Mu.

-En otras palabras, no tienes que hacer todo solo, ¿Cuántas veces te lo tenemos que recordar? –se fastidió Aioria, mientras Milo se rascaba la nuca, estando demasiado cansado incluso para quejarse-. No es divertido si no me golpea –se quejó Aioria.

-¿Eres masoquista? Puedo golpearte yo si así lo prefieres –enunció Shura mientras llegaba con su plato-. Disculpen la tardanza, la ama Mii me pidió apoyo en poner orden en algo relacionado con mis criadas asignadas. Pero ya estoy de regreso al espíritu vacacional. ¿Y Aldebarán? –preguntó Shura tras no encontrarlo.

-No sabemos –le comentó Mu-. Shaka dice que lo escuchó levantarse temprano, pero nada más –le explicó, mientras Shura se frotaba la barbilla confundido-. Aunque, conociendo a Alde, le dio hambre y fue a buscar algo de desayunar sin esperar al buffet –le explicó Mu.

-No, curiosamente, Shaina también está desaparecida –le comentó Shura, sorprendiendo al grupo-. La razón de que me llamara Mii, fue porque el turno matutino para cuidar de Saori está asignado a Mayura, Shaina y Geist. Pero Mayura está muy ocupada con los preparativos de su boda, así que solo Shaina y Geist debían cuidar de Saori por la mañana, pero Geist es una maniaca del ejercicio, y dejó a Shaina sola con Saori… ah, eso me recuerda, que al parecer Geist se topó con Aldebarán en el gimnasio, pero la dejó colgada en la barra de dominadas –les explicó mientras miraba a Milo.

-La barra de… adivinaré… llevaba dos costales con ladrillos de hormigón dentro atados a las muñecas –preguntó Milo, y Shura asintió-. Increíble que esa boba haya insistido con tan brutal entrenamiento, no me sorprende que ni Kyoko pudiera seguirle el ritmo –comentó Milo, ganándose las miradas del grupo-. Kyoko es mi discípula de combate actualmente. Escuché que tuvo un enfrentamiento muy parejo con Geist cuando comenzaron las invitaciones a la Villa de Saori –recordó Milo.

-En estos momentos, la cantidad de discípulas violentas que tengas no es importante –recriminó Camus-. Sino sea lo que sea que Saori hizo mientras estuvo sin supervisión. Veo en la mesa a 6 criadas, todas deprimidas y aburridas –apuntó Camus, y quienes podían ver en el grupo se viraron encontrando una mesa al fondo donde Mii, Shoko, Kyoko, Erda, Xiaoling y Katya se encontraban-. Falta todo el equipo de Shura –les comentó Camus.

-Mayu está eligiendo liga para su boda en estos momentos, Mephisto y yo acordamos reunirnos con ella para ayudarle después del desayuno, así que es natural que no esté –agregó Afrodita-. Sobre Shaina, seguro donde quiera que esté estará con Aldebarán, eso deja como única desaparecida a Geist –dedujo Afrodita.

-Creo que ya encontré a Geist… y no va a gustarles… -comentó Mephisto, extrayendo su propia cámara de video, y apuntándola a una Geist que caminaba orgullosa y con muy poco pudor, pese a estar usando únicamente un short negro y su top de su bikini morado, y con una Saori sumamente apenada y cohibida siguiéndola de cerca, mientras el par se dirigía a una mesa donde estaba June, quien movía su brazo alegremente llamando la atención de Geist y de Saori, mesa en la que también se encontraban unas apenadas Hilda y Pandora, además de Ikki y Shun, también en traje de baño, y con camisas de playa cubriéndoles el pecho-. Oh… esto vale oro… -se emocionó Mephisto de forma pervertida.

-¿Qué está haciendo esa tonta? –se quejó Milo, específicamente hablando de Geist, pero Shura fue quien se molestó más que Milo, después de todo Geist era su responsabilidad, y dicha responsabilidad comenzaba a ganarse las atenciones de un trio de muchachos en una mesa anexa, un rubio de cabellera corta, otro de cabellera roja oscura, y por último, uno de cabellera verdosa pálida, quienes comenzaban a susurrar entre ellos impresionados por Saori, por Pandora, y por Hilda, lo que, al notarlo, también molestó a Camus- Considero que Geist se merece un castigo por sea lo que sea que está pasando –se molestó Milo.

-Les recuerdo a los mayordomos que no están en servicio –agregó Mu cruzándose de brazos-. Además de que tenemos dos misiones prioritarias auto impuestas, evitar algún anuncio de Julián solo sobre su matrimonio con Saori, y evitar que los Mayordomos Olímpus nos ataquen para lastimarnos. Fuera de eso, Saori puede hacer lo que quiera, ¿no es así? –preguntó Mu, pero Milo rugió al estilo Aioria, preocupándolo-. Supongo… que podemos poner como tercera misión el mantener a raya a los que se acerquen a Saori… -comenzó Mu, cuando sintió las miradas de Shura y de Camus también-… y a Pandora y/o Hilda… -terminó él, y el trio asintió.

-Aun así, no es pertinente actuar de momento –comentó Milo, mirando a la mesa de Derbal, e intuyendo quien era la persona que se sentaba a desayunar con él-. De vacaciones o no, esa es una carta que solo podemos usar en una emergencia. Así que tendremos que tragarnos nuestro orgullo de momento –pidió Milo, y tanto Shura como Camus asintieron, mientras a la distancia, Geist sentía una fría sensación en su espina.

-Acabo de sentir mi vida correr peligro –se quejó Geist, frotándose los brazos, y llamando la atención de Saori-. No es nada… seguro es el aire acondicionado –se quejó ella, frotándose con mayor fuerza.

-Pero aún con la escases de ropa no se siente tan frio el aire acondicionado –comentó Saori, Geist ignoró el comentario, y fue a sentarse a la mesa en la que se encontraba el grupo de amigos de Saori.

-Yo –saludó Geist de forma arrogante, confundiendo a Pandora y a Hilda, Ikki saludó silenciosamente y en "v" con sus dedos, aparentemente conociendo mejor la jerga de Geist, Shun y June solo intercambiaron miradas confundidos-. ¿Tan difícil de reconocer soy sin mi traje de criada? ¿O les distraen otros atributos? –preguntó ella con una sonrisa burlona.

-¿Geist? –se impresionó June, más por su abdomen marcado que nada- Pensé que tendríamos un día de plebeyos y sin servidumbre de por medio –agregó June preocupada, y notando a Saori aún parada, mientras Geist se columpiaba en su silla, desafiando a la gravedad.

-Estoy de vacaciones, y no soy una noble, pero si no me quieres cerca dilo sin rodeos –amenazó Geist, preocupando a June, Geist entonces se viró a ver a Saori, quien aún no se sentaba-. Jálate tu propia silla, Saori. ¿Acaso no eres una plebeya en estos momentos? –se burló Geist.

-Ah… cierto… -se apenó Saori por su descontento general sobre el cómo ser una plebeya, y terminó acomodándose su propia silla y sentándose-. Entonces… ¿cómo es ser un plebeyo? –preguntó Saori confundida.

-Principalmente, no nos llamamos a nosotros mismos plebeyos –continuó June cruzada de brazos-. Y en segunda instancia, solo se vive y listo. Nada de reglas absurdas de matrimonios arreglados, ni charlas de negocios millonarios, ni preocuparse sobre el qué pensarán los demás de uno, solo vives y listo. Puedes empezar tomando tu propio desayuno –sonrió June.

-Pero si me acabo de sentar –se quejó Saori, Geist desvió la mirada molesta por el comentario, se puso de pie, y pidió con la cabeza a Saori que la siguiera-. Pensé que no actuarías como mi criada –comentó ella curiosa.

-¿Qué tal como una amiga que también tiene hambre? Mueve el trasero princesita –agregó Geist, apenando a Saori por los burdos modales-. ¿Y ustedes qué? ¿Esperan invitación? Aquí nadie va a traerles el menú –insistió Geist, molestando sobremanera a Pandora.

-Ya, ya… Geist solo está sobre-reaccionando porque le divierte lo inútiles que le parecemos –le comentó Hilda, intentando tranquilizar el coraje de Pandora, quien se molestó aún más por el comentario de Hilda-. Yo solo te mencioné lo que pasa por la mente de Geist, en ningún momento he dicho que somos unas inútiles –aclaró Hilda, pero Pandora seguía molesta-. ¿Vienes o no? –preguntó Hilda.

-Esto es tan denigrante, no sé ni por qué accedí a esto –se levantó Pandora, ante las burlas tanto de June como de Ikki, quienes sabían que Pandora se sentía humillada-. Si yo tuve la fortuna de nacer en cuna de plata y oro, ¿por qué debo aprender a ser una plebeya? –se quejó Pandora, preocupando a Hilda.

-Porque, mi estimada Pandora, tu novio es un plebeyo, y esto te sirve para entender mejor sus fetiches extraños de lamidas de pies –bromeó Hilda, apenando sobremanera a Pandora-. Está bien, me pasé. Pero no bromeo cuando digo que esto te ayudará a comprender mejor a Shura, ánimo, será divertido –le ofreció su mano Hilda, Pandora se apenó, y se negó a tomarla-. La tomo yo entonces. ¡Vamos! –la jaloneó Hilda a la barra de comidas, mientras en la mesa de Derbal, el mayordomo y tutor legal de Hilda, la miraba con sentimientos encontrados.

-¿Ahora qué diantres está planeando esa Godi? –se quejó Derbal, mirando en todas direcciones, y encontrando a Geist con Saori, en prendas intolerables para Derbal, igual que las de Hilda y Pandora- No es perfecto ni elegante. Recordaré reprenderla severamente –admitió Derbal.

-¿Distraído con los plebeyos otra vez, Derbal? –le comentó Pontos, desayunando a su lado con excelsos modales, seleccionando entre su conjunto de tenedores el más apropiado para cada comida- Para ser el Campeón Regente de las Olimpiadas de Mayordomos, siempre me sorprende lo distraído que puedes llegar a ser. Aún no me has dicho las razones de tu viaje en este crucero. No eres del tipo que se toma vacaciones después de todo –le comentó Pontos, sospechando algo en el accionar de Derbal.

-Oh, es sencillo en realidad, voy de camino a mi boda –le explicó Derbal, mientras Pontos estuvo a punto de comer un trozo de carne, deteniéndose al escuchar aquello-. Aunque me hubiera gustado preparar las cosas de una manera diferente. Pero estando ocupado con las responsabilidades de crianza de Hilda y de Flare, además de mi nuevo empleo como profesor de la Academia Sanctuary, y siendo el anfitrión de las Olimpiadas de Mayordomo, no me esperaba terminar comprometido tan pronto. Pasaron algunas cosas, y bueno, heme aquí –comentó él.

-Así que, continuaste con esa ridícula idea tuya de obtener un título nobiliario para desposar a una simple criada –se fastidió Pontos, Derbal tan solo asintió-. Es ridículo. Te considero de los pocos plebeyos dignos de respeto, Derbal. Verte esforzarte tanto por tantos años para obtener un título de nobleza, es digno de respeto, pero una criada, no es una noble –le recordó Pontos.

-Tampoco es una plebeya, a decir verdad –alzó y bajó los hombros Derbal, dándole poca importancia, pero Pontos le dirigía miradas de molestia en todo momento-. Vamos Pontos, un plebeyo puede convertirse en un noble si tiene la suficiente determinación o la suficiente suerte, igual que una crisis económica muy grande puede derribar a un noble y volverlo un plebeyo. Yo soy la prueba de que un plebeyo puede volverse un noble –le recordó.

-Y solo por eso, tienes mi respeto –le mencionó Pontos, alzando su copa, y esperando a un mesero que fuera a servirle, siendo este mesero un mayordomo proporcionado por el crucero, quien, al servir la copa, salpicó un poco de vino sobre el traje de Pontos, una gota insignificante, a decir verdad, algo que no muchos siquiera hubieran notado, pero que Pontos notó, se puso de pie, y encaró al mayordomo, quien lo miró nervioso-. Inaceptable… -apuntó Pontos al mayordomo, quien nerviosamente retrocedió asustado-. Disfruta de este, tu ultimo día como mayordomo… ya que por este insulto, yo te niego tu título de mayordomo, ahora largo, plebeyo bien vestido –ordenó Pontos, el mayordomo miró al gerente en turno, quien movió su cabeza en negación, y con una reverencia en dirección a la salida, dio su silencioso veredicto, mientras el entristecido mayordomo, bajaba la cabeza, se quitaba su propio moño de mayordomo, y lo colocaba en la mesa, con una gentil reverencia, antes de retirarse cabizbajo.

-Eso fue muy extremo, Pontos –le comentó Derbal, mirándolo fijamente, pero Pontos no se tentaba el corazón en absoluto-. Comprendo que busques la perfección en la servidumbre, no por nada me tomó tantos intentos el que me aceptaras como mayordomo. Pero ahora que estoy del lado de la nobleza, y que sé que por ello me escucharás, no como cuando era un plebeyo, debo decírtelo. La clase social no significa que puedas menospreciar a los de abajo –le explicó.

-La clase social me permite menospreciar a quien yo quiera, Derbal –le respondió Pontos, lo que incomodaba a Derbal sobremanera-. La plebe, es repugnante. Dices que un plebeyo puede volverse un noble, y me lo demostraste, bravo Derbal, solo por eso tienes mi admiración, lograste vencer a todos los mayordomos de las Olimpiadas de Mayordomos y ganarte tu Título Nobiliario con esfuerzo, y solo por ello te perdono tu insulto de cuestionarme. Pero que no se te olvide, que lo ganaste porque un noble lo puso en la canasta de premios por diversión. De eso se trata todo, Derbal, diversión. Las Olimpiadas de Mayordomos no son más que eso, el circo de nosotros los nobles, y tú fuiste un muy buen payaso, que no se te olvide –terminó Pontos, poniéndose de pie, y retirándose sin más.

-12 payasos van a desmoronar tu circo, Pontos, eso te lo aseguro –susurró la última parte Derbal, y desvió la mirada a la entrada del restaurante, donde una criada de Saori, que no había recibido la instrucción de vacacionar, charlaba con un mayordomo, lo que intrigaba a Derbal-. Aunque estos 12 payasos, primero deberán probarse a sí mismos, ante cualquier adversidad –continuó Derbal, mientras miraba al mayordomo de piel morena, que invitaba a Shaina a seguirlo, fuera del restaurante, y lejos de Saori y el grupo de amigos, criadas y mayordomos que había construido-. La Familia Olímpus comienza a mover sus piezas –susurró Derbal, y disfrutó de su café.

Zona Comercial del Atlantis.

-Gracias por reunirte conmigo nuevamente, Aldebarán –ajeno a todo lo que ocurría entre la servidumbre de Saori, Aldebarán al parecer era el único Mayordomo Dorado que se había tomado enserio el papel de vacacionista, reuniéndose en un restaurante con Europa, a quien no se había esperado ver tras su ruptura con ella no hace mucho-. Veo que tu apetito sigue tan fuerte como siempre… me da gusto… -continuaba Europa, en un tono algo nostálgico, mismo tono de voz que le quitaba un poco el apetito a Aldebarán, quien dejaba de comer para verla directamente.

-Europa… -comenzó entonces Aldebarán, incomodando a la chica, quien no tenía el valor de verle a los ojos-. Ayer… no logramos hablar sobre un tema que considero importante, yo quería –intentó decir Aldebarán.

-¿Sabes que logré inscribirme a Elysium? –preguntó Europa, interrumpiendo las intenciones de Aldebarán, y mientras la conversación ocurría, Shaina llegaba al restaurante junto con aquel mayordomo al que Derbal había identificado, el mayordomo tomó de la mano de Shaina, sorprendiéndola y rápidamente la llevó hasta una mesa cercana a la de Aldebarán y Europa, mesa que estaba separada por una columna adornada con macetas, por lo que, pese a no estar ocultándose realmente, ni Aldebarán ni Shaina podían ver bien detrás de aquella columna-. Cuando pedí mi transferencia, la Fundación Graude me dio algunas opciones, no es que sea huérfana, ni mucho menos, pero al parecer hay un programa de reubicación en la Academia Sanctuary… a todos los que piden reubicación, se les otorga la oportunidad de inscribirse a Elysium en Japón… siempre y cuando sepas japonés, y siempre y cuando pases los exámenes. No fueron exámenes tan complicados como los de la Academia Sanctuary… aunque… pertenezco al primer grupo de plebeyos aceptados en Elysium, algo sobre una nueva política del rector entendí. Somos muy pocos los plebeyos, y no nos miran con buenos ojos, pero estoy avanzando, poco a poco… -admitió Europa.

-Comprendo… -le respondió Aldebarán-. Aunque, no sé cómo sentirme al respecto… cambiaste no solo de escuela, sino de país… ¿por mí? –se apuntó Aldebarán, sintiéndose inmensamente culpable.

-Más bien es por Saori, no por ti… -le comentó Europa, con una frialdad indescriptible, misma que ni Aldebarán, ni Shaina quien lo escuchaba todo mientras el mayordomo de los Olímpus, de pelo largo, oscuro, y piel bronceada, bebía café tranquilamente a su lado-. Estaba muy molesta contigo… no lo niego. Pero al final me di cuenta de que no era contra ti mi enojo, sino contra Saori… ella te arrebató de mi lado… -agregó Europa.

-Saori no hizo tal cosa –defendió Aldebarán con brusquedad, hiriendo a Europa un poco, y realzando la curiosidad de Shaina-. Ella no tiene la culpa de los problemas en los que se mete –insistió Aldebarán.

-No, pero te está arrastrando a los mismos –insistió Europa, con una mirada determinada que Aldebarán no recordaba haber visto alguna vez adornándole el rostro-. Tenías una vida antes de Saori, pero ahora no tienes nada de eso… incluso ahora estás en un crucero de "vacaciones" -hizo comillas imaginarias Europa, aparentemente continuando con la conversación del día anterior, de la cual Shaina no tenía mucho detalle-. En lugar de vivir tu vida –le recordó Europa-. ¿O vas a decirme que no es cierto que has abandonado tus sueños por Saori? Que me has abandonado a mí por Saori –insistió Europa.

-Esa es la parte de la conversación que no me has dejado terminar de reiterar –intentó decir Aldebarán, y Shaina se mostró muy interesada en lo que Aldebarán pudiera decir, pero aparentemente, no era una conversación que Europa quisiera volver a tocar.

-No me interesa saber absolutamente nada de Saori –continuó ella, molestando a Aldebarán-. La elegiste por sobre mí, y me perdiste. La cosa debería haber terminado allí, pero no es así. Continúas humillándote ante ella, jugando a su mayordomo provisional, o lo que sea que eres ahora, sin darte cuenta de que no eres más que una marioneta que sirve a su amo cual perro emocionado viendo que tiene premios en la mano. Ustedes dicen que son sus mayordomos, que son su familia, pero yo solo veo a una docena de ilusos que piensan que Saori es su mundo, cuando ella solo está destruyendo sus propios mundos –le comentó ella.

-Tengo que decir, que me sorprende mucho ver esta faceta tuya, Europa –le comentó Aldebarán, molestando a Europa-. Tal parece que no te conocía lo suficientemente bien –admitió Aldebarán, tristeza evidente en el tono de su voz.

-Nunca me conociste bien, porque siempre que había la oportunidad, estabas muy ocupado con Saori y su grupo de Caballeros Dorados –declaró Europa, deprimiendo a Aldebarán aún más-. Lo único que hacíamos era comer juntos… y eso si había oportunidad. Que si quería salir, no podías porque de pronto a Saori le había pasado algo, que, si quería ver una película, no podíamos porque Saori necesitaba a un mayordomo, incluso si quería almorzar contigo, no podía porque siempre era más importante lo que los Caballeros Dorados estuvieran haciendo por Saori. Una vez lo entiendo, dos tal vez, pero lo hacías todo el tiempo, yo era tu novia, pero jamás estuve en tu lista de prioridades –insistió Europa, y aquellas palabras incomodaron a Shaina.

-Tus problemas no son ni remotamente similares a los de Saori… obviamente ella tenía prioridad –le comentó Aldebarán, y aquello deprimió un poco a Shaina-. De todas formas, sigues desviando la atención del tema. Lo que vine a decirte es que… -intentó decir Aldebarán.

-Que estás saliendo con Shaina, lo sé, y no sabes la pena que me da Shaina –continuó Europa fríamente-. Ella no tardará en enterarse también, de que no está dentro de tu lista de prioridades tampoco. Primero es Saori, siempre, y Shaina será la segunda, ¿no es así? –preguntó Europa con molestia.

-No metas palabras en mi boca, Europa… -le apuntó Aldebarán, pero Europa se mantuvo firme-. Me alegra que estés bien de salud, me alegra que estés bien alimentada, no me alegra que te hayas transferido y que no la estés pasando bien, pero no es mi problema –agregó Aldebarán, hiriendo a Europa en ese momento-. No te deseo ningún mal, pero tu situación actual no es de mi incumbencia –insistió.

-No fuera Saori, porque entonces sí que lo sería –insistió Europa, y del otro lado de la columna, Shaina pensó al respecto-. Incluso ahora, viajas en un crucero, a hacer no sé qué en el nombre de Saori. ¿Shaina está al tanto de lo que planeas? ¿O la dejaste en la incertidumbre como a mí? –preguntó de forma ofendida.

-Shaina sabe lo que tiene que saber, y sabe perfectamente que no necesito darle explicaciones –aclaró Aldebarán, aunque del otro lado de la columna, Shaina no estaba tan segura, y más bien se sentía ofendida por la resolución de Aldebarán-. Diferente de ti, Europa, Shaina entiende… a ella también le importa Saori después de todo –finalizó él.

-¿Estás seguro, Aldebarán? –se quejó Europa- Porque yo creo que solo sientes que la conoces, y que no entiendes sus verdaderos sentimientos, justo como pasó conmigo, soy más que solo una proveedora de alimentos, soy una chica, y quería, genuinamente, vivir un romance contigo. Pero sin importar cuantas vueltas le demos a esta conversación, siempre vamos a terminar donde mismo, en Saori. Y seguirá siendo así en la medida en que ustedes, docena de pensadores, se dé cuenta de que subordinar sus vidas a Saori, es patético. Es todo, no seguiré desperdiciando el aliento contigo, vive tu vida como gustes, Aldebarán, no siento odio por ti, más bien siento lástima por ti, y por Shaina, el odio se lo reservaré a Saori, así que, con tu permiso –reverenció Europa, y se retiró, dejando a Aldebarán pensativo en la mesa, y a una Shaina igualmente pensativa del otro lado de la columna. Tras unos minutos, Aldebarán se puso de pie, pagó la cuenta, y salió del restaurante.

-Pobre Europa –comenzó el Mayordomo Souma, disfrutando de su café, mientras Shaina lo miraba con curiosidad-. Seguramente, aún con toda esa plática, parte de ti incluso ahora piensa que Europa es la mala por negarse a comprender los sentimientos de Aldebarán, cuando ella es la víctima en todo esto, una chica que solo quería tener una vida normal, tener una relación normal, y vivir un romance normal. Dándose cuenta de que siempre será la segunda –bebió el mayordomo de su taza, inmensamente tranquilo.

-Con la diferencia de que yo sí conozco a Saori, Hyperión, y sé perfectamente lo especial que es ella –le recriminó Shaina, ganándose las burlas de Hyperión en ese momento-. No creo que Europa sea la mala en esto… su reacción es comprensible, demasiado comprensible… pero jamás desconfiaría de Aldebarán –insistió ella.

-¿Porqué? Porque Saori organizó toda una estúpida reunión navideña con un Santa Claus secreto, solo por un ridículo rumor –comentó Hyperión, impresionando a Shaina por sus conocimientos- ¿O porque te diste cuenta de que Milo jamás regresaría tus sentimientos e, igual que Aldebarán, estiraste la mano para tomar lo que tenías en frente, resignándote a aceptar las migas como Aldebarán hizo con Europa? –le espetó Hyperión cruelmente, lo que hirió bastante a Shaina- Además, Europa tiene razón, siempre vas a ser la segunda, no solo en el corazón de Milo, sino en el de Aldebarán. Su prioridad siempre será Saori –admitió él.

-Soy la criada de Saori ahora… -comentó Shaina con sus ojos entrecerrados-. Así que entiendo perfectamente el que Saori es la prioridad. La ama Mii siempre lo ha dicho, y lo ha aceptado, igual que mis compañeras criadas –insistió ella.

-Porque han sido criadas así, ¿el nombre criada no te suena? Doncellas entrenadas desde temprana edad para servir, sin conocer otra cosa que no sea eso, entrando en una relación de subordinación sin libre albedrío, no siendo más que simples marionetas de su ama –le comentó Hyperión soberbiamente.

-Lo dice un mayordomo –espetó Shaina violentamente-. Además, es un trabajo, no una responsabilidad genuina. En el momento en que a mí me plazca, puedo dejar de ser una criada. No me importa si las demás no piensan igual, este es un empleo, y atender a Saori es mi responsabilidad, no mi condena al libre albedrío –insistió ella.

-Para Aldebarán no parece ser el caso –continuó Hyperión, venciendo un poco la determinación de Shaina-. ¿O acaso no es cierto que Aldebarán suele subordinarse a Saori sin tener una relación laboral a con ella? La última vez que revisé, era un Mayordomo Cefius, pero a con la señorita Cefius no tiene estas atenciones como el tomarse unas vacaciones, para evitar la promesa de matrimonio de Julián Solo –sonrió Hyperión, sorprendiendo a Shaina-. Los Mayordomos Olímpus, estamos muy bien informados, y también tenemos a nuestros equipos con presta nombres distribuidos por todas partes. ¿Creías que solo Saori podía contar con este beneficio? Nos subestiman, y no deberían –aseguró Hyperión.

-¿Qué quieres realmente, Hyperión? –se quejó Shaina- Ayer que me abordaste cuando descubrí a Aldebarán hablando con Europa, además de burlarte de mí, me dijiste que tenías una oferta para mí. Si vas a hacer tu maldita oferta intentando utilizar a Aldebarán para engatusarme a traicionar a Saori, hazla de una buena vez para que pueda rechazarla y largarme de aquí, por si no te has dado cuenta, tengo trabajo de criada que realizar –insistió Shaina.

-Puedes pretender hacerte la fuerte todo lo que quieras, como mayordomo que soy, puedo ver tu verdadera naturaleza –la miró Hyperión, con aquellos penetrantes ojos rosados que la intimidaban bastante-. Ruda por fuera, pero con el corazón delicado. Pretendes que nada de lo que has escuchado te afecta, pero la verdad es que, te asusta saber si Aldebarán elegiría a Saori por sobre ti, ¿no es así? –comentó Hyperión, y Shaina se mordió el labio con molestia-. La respuesta es sí, Shaina… Aldebarán elegiría a Saori por sobre ti. ¿Quieres una prueba de ello? Todos los Caballeros Dorados están en estos momentos de vacaciones, y no es a ti a quien Aldebarán está buscando, sino a Saori. Tan solo no quieres verlo –le comentó, fastidiando a Shaina, quien se mordía los labios con desprecio-. Y sobre la oferta… aquí la tienes –le mostró Hyperión, sacando una carta de su saco, y posándola frente a Shaina-. Léela con atención, y si aceptas la oferta… déjala firmada dentro del bote de basura del comedor, cuando llegue la cena de gala, y Aldebarán no te invite a bailar –se burló Hyperión, retirándose, mientras Shaina abría la carta, y leía la oferta que le hacían.

Zona de Albercas del Atlantis.

-¿Entonces… solo vamos a relajarnos y ya? –preguntaba Aioria, acomodando sus cosas en un camastro, curioso mientras Mu hacía lo mismo con sus propias pertenencias, además de que ayudaba a Shaka con las suyas- No lo entiendo, normalmente las ridiculeces en las que nos metemos terminan en situaciones más estresantes que relajarse en unos camastros –comentó Aioria confundido.

-Normalmente las locuras en las que nos metemos ameritan eso precisamente, pero esta vez es diferente –le recordó Mu-. Se supone que estamos de vacaciones, mayordomos fuera de servicio, así que hay que comportarnos como tal –le explicó Mu.

-Admito que estoy con Aioria en esto –confesó Shaka-. El tirarme en un camastro y disfrutar del sol y las albercas, no es exactamente mi idea de ayudar a Saori, todo lo contrario, creo que me estresa más –confesó Shaka, cruzándose de brazos.

-Lo entiendo, pero así debe de ser –insistió Mu-. Según nos explicó Kyoko, los celulares no funcionan en altamar, y necesitamos distribuirnos a lo largo del crucero cerca de Saori, pero no tan cerca como para llamar la atención, por eso Saga, Dohko y Aioros están con la señorita Yoshiko, Hypnos y Thanatos en el bar del otro lado de la piscina, mientras Milo, Shura y Camus siguen a las señoritas de cerca por el área de toboganes. En cuanto a Mephisto y Afrodita, no estarán vigilando con nosotros, ellos están a cargo de todo lo referente a la boda junto con Mayura, así que recae en nosotros la labor de espionaje –le explicó Mu.

-¿¡Qué hacen ustedes aquí!? –escuchó de pronto Mu, se viró, y encontró a Sorrento en su traje de mayordomo, y con un aura sombría rodeándolo- ¿¡Son idiotas o no entendieron lo que Kanon, Tethis y yo les dijimos!? ¡Si el Presidente del Patronato de Mayordomos se entera de que están aquí, podría quitarles el título de Mayordomos antes de las Olimpiadas de Mayordomos! –recriminó Sorrento, y antes de que Mu pudiera decir algo, una Tethis en traje de baño rojo salió de la alberca distrayendo su mente, y enfureciendo a Sorrento aún más- ¿¡Sabías de esto, hermana!? –preguntó Sorrento.

-Hermanito querido, no puedo decirte que no, pero tampoco puedo decirte que sí –se apenó Tethis, aunque estaba inmensamente nerviosa al encontrarse entre su hermano y el chico que le gustaba-. Quiero decir, parte de mí sabía que Milo y los demás no estarían de acuerdo y que algo iban a hacer –aceptó Tethis.

-Ahora soy Milo y los demás –se molestó Mu, Tethis en respuesta comenzó a mover su mano rápidamente frente a su cuello pidiéndole a Mu que no continuara por ese camino-. En todo caso, Sorrento, creo que estás equivocado. Estamos de vacaciones, no tenemos nada que ver con nada de lo que pretendas acusarnos –le espetó Mu.

-¿De vacaciones? ¿Los 12? ¿¡Quien crees que les va a creer semejante barbaridad!? –se molestó Sorrento, tirándose del cabello con fuerza- Escuchen, docena de descerebrados. Ya les dijimos que estamos de su lado, no está dentro de nuestros intereses el que se concrete la promesa de matrimonio entre el amo Solo y la señorita Depranon, no bajo estos preceptos, ¿por qué no confían en nosotros? –insistió Sorrento.

-En primer lugar, me disculpo, pero no tenemos razones para confiar en ti –le apuntó Mu, molestando a Sorrento, y preocupando a Tethis, quien nuevamente veía sus intereses entrecruzados entre su hermano, y el chico que le gustaba-. En segundo lugar, no mentimos, estamos de vacaciones por la boda de Derbal, aquí está nuestra invitación –aclaró Mu, extrayendo su invitación de su mochila, y entregándosela a un confundido Sorrento.

-No lo creo… -agregó Tethis con una mirada monótona, y se viró a ver a Mu con molestia, antes de comenzar a mover los labios, sin emitir sonido alguno- ¿De verdad convencieron a Derbal de acceder a casarse para tener esta excusa? –preguntaba Tethis con solo el movimiento de sus labios, por lo que Mu sonrió.

-Básicamente… ¿y cómo sabías que podía leer los labios? –preguntó Mu curioso de lo que estaba ocurriendo, mientras Sorrento releía la invitación una y otra vez intentando razonar la tremenda coincidencia.

-Mayordomo que se respeta sabe leer los labios, es básico para cuidar de su señorita –le comentó Tethis, orgullosa por los avances de Mu, quien sonrió alegremente por saber que su entrenamiento de mayordomo rendía frutos.

-¿Por qué están haciendo muecas como pees fuera del agua? –preguntó Aioria, sobresaltando a Tethis y a Mu, ya que Aioria, aparentemente, no sabía leer los labios- Pensé que ustedes dos ya habían pasado por la etapa de sentir pena el uno del otro, ¿qué es eso de tartamudearse cuando a Tethis ya ni vergüenza le da presumirle su traje de baño a Mu? –se burló Aioria.

-¿¡Qué!? –reaccionó Sorrento con violencia, y encaró a Mu fijamente, mientras el peli rosado desviaba la mirada a Aioria con molestia- Escúchame bien, mayordomo Depranon, Ceifius, o como quieras llamarte. Si bien los mayordomos Solos preferimos eliminarlos en competencia en las Olimpiadas de Mayordomo, tocas a mi hermana y lo consideraré una afrenta de los Depranon o los Cefius ante la servidumbre de los Solo –sentenció Sorrento.

-Repito… estoy de vacaciones, ni Depranon ni Cefius, considérame parte de la familia Hamal, de un solo miembro, además, así que, enemístate con mi familia si quieres, no me importa –respondió Mu, enfureciendo a Sorrento aún más-. Te lo deletreo para que te sea más entendible… mientras esté de vacaciones, no puedes juzgarme por nada –amenazó Mu.

-Mientras esté de vacaciones no puede… -lo pensó Tethis, y entonces tuvo una idea, fue hasta un catre cercano, donde estaban sus cosas, y sacó un maletín, buscando en su interior unos papeles, y corriendo dentro del crucero y en dirección a la zona comercial, sin importarle que estaba en traje de baño, y buscando por la zona comercial a Kanon, quien en esos momentos era mayordomo activo de Julián Solo, quien se paseaba por la zona comercial con algunos accionistas. Tethis entonces se dirigió a Kanon, quien se viró a verla, y se sobresaltó al notarla con tan escasas prendas, pero Tethis lo silenció con su dedo, y le mostró una forma a Kanon, con quien comenzó a tener una discusión de lectura de labios, haciendo lo posible por que el distraído de Julián Solo no se enterara de lo que ocurría. Tras un par de minutos, Kanon, molesto, accedió a firmar los papeles de Tethis, quien reverenció, y regresó a la zona de albercas antes siquiera de que Julián requiriera de la ayuda de Kanon, y regresando a donde Mu y Sorrento se empujaban las frentes con desprecio.

-¡No me importa si estás de vacaciones, mayordomo de tercera! ¡Tethis no lo está! ¡Así que, si la tocas, considéralo un atentado contra los Solo! –insistía Sorrento, en los catres Aioria le cubría los oídos a Shaka para evitar que sus oídos se lastimaran por el aumento en el tono de voz en la discusión, que ya comenzaba a ganar la atención de los presentes.

-Hermano, dice Kanon que necesito tu firma aquí –pidió Tethis, mientras Sorrento, aun empujando frentes con Mu, sacaba un bolígrafo de su saco, y firmaba dónde Tethis apuntaba-. Gracias, ahora, con la firma del responsable de recursos humanos, que es Kanon, y con la firma de mi jefe directo, que eres tú al ser el Jefe de Personal, hermano Sorrento, estoy oficialmente de vacaciones –sonrió Tethis.

-Espera, ¿¡qué!? –preguntó Sorrento, mientras Tethis le mostraba el permiso de vacaciones firmado tanto por Kanon como Sorrento- ¿Vacaciones? ¿Para qué quieres vacaciones si ya estás dentro de un crucero y tienes periodos de descanso para disfrutarlo? –preguntó Sorrento.

-Para poder pasarla con mi novio sin que sea un atentado contra la Familia Solo –comentó Tethis, y Sorrento se petrificó frente a ella, mientras Mu hacía una mueca de preocupación-. Además, tengo 16, lo que significa que tengo la edad mínima requerida para poder salir con alguien, aunque sea mayor de edad y siempre y cuando no haya estupro –apuntó Tethis.

-¿¡Tu novio!? –enfureció Sorrento, y Tethis asintió, mientras Mu hacía una mueca de preocupación en dirección a Sorrento, quien parecía dispuesto a lastimar a Mu sin importarle que el Presidente del Patronato de Mayordomos pudiera verlo y desafiliarlo como Mayordomo- ¿Cuándo pasó esto? –se quejó Sorrento.

-No tengo que contestarle eso jefe, estoy de vacaciones –respondió Tethis, tomando de la mano de Mu, y saltando al agua, jalando a Mu con ella, lo que enfurecía a Sorrento aún más-. Por cierto, ya que estoy de vacaciones, mis funciones pasaron al jefe directo, le encargo la tintorería de la ropa del amo Solo, la dejé al lado de mi catre –sonrió Tethis divertida, mientras Sorrento continuaba con las miradas sombrías en dirección a Mu, ya bastante nervioso por el odio de Sorrento, aunque Tethis no dejaba de incinerarlo al tirar del brazo de Mu y obligarlo a nadar lejos de la orilla, y de un Sorrento que asesinaba a Mu con la mirada-. Entonces, ¿Cuál es el plan? –sonrió Tethis una vez que estaban lo suficientemente lejos de Sorrento.

-Evitar que tu hermano me asesine sería una buena idea –se preocupó Mu, pero Tethis le dio poca importancia a los temores de Mu, y en su lugar tiró de él hasta la otra orilla, donde hizo almohada con sus brazos y miró a Mu como toda una chica enamorada, mientras Mu continuaba observando a Sorrento haciendo rabietas, amenazar a Aioria por alguna razón, y retirarse con la ropa sucia de Julián mientras exclamaba sin emitir ruido alguno lo que Mu leyó en sus labios como: "te destruiré en las Olimpiadas de Mayordomos"-. Me acabas de meter en muchos problemas –aseguró Mu.

-Estoy de vacaciones, no es mi problema lidiar con Sorrento –se burló Tethis, y Mu sudó frio-. Así que… se tomaron vacaciones para evitar que Pontos los despida si cometen alguna barbaridad –dedujo Tethis.

-Básicamente –le respondió Mu-. Pero ahora, gracias a Shoko, sabemos que Febe Souma ha dado instrucciones a sus mayordomos de lastimarnos y dejarnos fuera de condiciones para asistir a las Olimpiadas de Mayordomos. Aunque no han intentado nada hasta ahora –aclaró él.

-Porque Febe no es una persona violenta realmente, y no actúa sin tener un plan bien marcado –le explicó ella, lo que Mu no comprendía-. Ni siquiera Febe se arriesgaría a que sus mayordomos fueran descubiertos por Pontos en alguna irregularidad. Si Febe va a hacerles daño, lo hará usando a terceros, como, por ejemplo, engatusando a una criada para hacer la voluntad de Febe, o convenciendo a los mayordomos de otras familias a actuar por ella. No sirve de nada espiar a los Mayordomos Olímpus… ellos usarán a otros para hacer el trabajo sucio –le explicó Tethis, lo que preocupó a Mu.

Zona de Toboganes.

-¡Más rápido! –gritaba June emocionada sobre uno de los toboganes, con Ikki y Shun compartiendo una dona doble para mayor velocidad, y estrellándose con fuerza en el agua, levantando una gran salpicadura que mojó a Saori, a Pandora y a Hilda, el trio de chicas que incómodamente se sentaba en las orillas de la alberca de toboganes cubriéndose el cuerpo con sus brazos, ya que Geist, en los catres tomando el sol en esos momentos, las había obligado a no cubrirse con nada mientras estuvieran en la zona de albercas alegando que: "a los plebeyos no les importa mostrar carne", lo que no era enteramente cierto, pero la única que sabía que Geist se estaba aprovechando del desconocimiento de las tres era Hilda-. Vamos, entren con nosotros –insistía June.

-Aún no pasa una hora desde que desayunamos, les va a dar un calambre –se quejó Pandora, mirando en todas direcciones, esperando encontrarse con Shura, y virando a ver a Hilda de tanto en tanto, al igual de Saori.

-Sé que me están usando de radar para saber si Milo y Shura están cerca, no necesito de poder leer las mentes para vérselos dibujado en sus caras –les apuntó Hilda con molestia-. Yo también quisiera encontrarme con Camus, pero por alguna razón, no puedo encontrarlo, probablemente porque hace demasiado calor –se quejó Hilda.

-No es el calor, Hilda –susurró Camus, oculto detrás de la barra de bebidas junto con Milo y Shura, ante las miradas de confusión del barman que servía bebidas a los turistas, a quien no solo le preocupaba que hubiera tres extraños del otro lado de su barra de bebidas, sino que estos tres extraños llevaban gorros de aluminio-. Gracias a estos gorros, Hilda no podrá leernos las mentes –sonrió Camus para sí mismo.

-Sí, pero parecemos unos lunáticos acosadores –se quejó Milo, sacando un billete de su traje de baño, y ofreciéndoselo al barman, quien miró en todas direcciones, y aceptó el soborno por su silencio-. ¿De verdad tenemos que usar estos ridículos sombreros? –pregunto Milo.

-Créeme, aunque Hilda esté de nuestro lado, para ella es más importante divertirse que ayudar a Saori. Estos sombreros nos hacen un favor –le comentó Camus, mientras unas chicas pasaban de fondo y se burlaban del trio, quienes se ruborizaron por escuchar las burlas de las chicas.

-No creo que Hilda se dé cuenta si… -comenzó Shura, quitándose el sombrero de aluminio, e inmediatamente entonces Hilda se viró descubriéndolo, y saludando ante ellos, incluso tiró un beso en dirección a Camus-. Retiro lo dicho… pero no voy a usar esta cosa, al menos no así –comentó Shura, arrugando su sombrero de aluminio e intentando darle una forma diferente.

-Ya nos descubrió por tu culpa Shura –se quejó Camus, mientras Hilda a la distancia posaba de forma seductora, apenando a Camus, quien entonces le tapó los ojos a Milo para que no mirara a Hilda, quien se divertía de lo lindo, mientras sus compañeras se debatían entre entras al agua o no-. Deja de hacer eso… -susurró Camus, mientras Hilda le tiraba otro beso.

-No me dejas ver –se quejó Milo, quien se quitó las manos de Camus de encima-. De todas formas, no ando mirando a tu físicamente atractivo amor no tan platónico, el mío está en frente –le comentó Milo, mientras Shura se las arreglaba para tomar un marcador negro de detrás de la barra, incomodando al barman, a quien Shura dio otro billete para que dejara de juzgarlos, y el barman accedió, entregándole un plumón negro, y uno rojo que Shura apuntó entonces-. Además, Hilda no es tan mala, no nos delataría ante Saori y Pandora –le comentó Milo.

-Créeme, si encuentra algo divertido en hacerlo, lo hará –así que ponte el maldito sombrero –comentó Camus, notando a Shura poniéndose un sombrero de alumino, pero pintado de negro y con pompones rojos colgándole del mismo. Los dobleces del aluminio además estaban tan bien hechos que el sombrero no parecía estar hecho de aluminio-. ¿Un copino español? –preguntó Camus apuntando al sombrero.

-Olé –bromeó Shura, Milo entonces le quitó los plumones a Shura, se quitó el gorro de aluminio, y comenzó a pintarse su propio sombrero siguiendo la idea de Shura-. Si voy a usar sombrero, que sea uno con el que pueda sentirme identificado, no uno que me haga ver como conspiranóico de la teoría alienígena –le comentó Shura, mientras Milo terminaba de confeccionarse un sombrero que, al igual que el de Shura, estaba muy bien doblado y no parecía hecho de aluminio, aunque el suyo estaba todo pintado de negro.

-¿Un pétaso? ¿Enserio? Solo te faltaron las alas, Hermes –le apuntó Camus, y Milo en respuesta apuntó a las chicas que los habían descubierto, y que se burlaban del sombrero de aluminio de Camus, quien suspiró, mientras Milo le entregaba unos plumones. Camus miró en dirección de Hilda, y esta sonrió con malicia.

-Lo haré rápido, pero no me juzgues –apuntó Camus a Milo, se quitó el sombrero de aluminio, y el rostro de Hilda se ruborizó sobremanera, por lo que Hilda se puso de pie, dio un paso adelante, y entró al agua, salpicando a Saori y a Pandora, la última molestándose por la salpicada directo al rostro.

-¿En qué estabas pensando que hasta Hilda cambió el blanco pálido por color tomate? –se quejó Milo, mientras Camus terminaba de armarse un sombrero muy bien pintado, aunque más parecía un gorro-. ¿Boina? –preguntó Milo.

-Faluche –apuntó Camus a su gorro faluche, pintándose de rojo lo que se supone que era un botón en la parte más alta del mismo-. Y lo que pensé fue un castigo para Hilda por andar de metiche en las mentes ajenas –le comentó Camus, mientras el grupo veía a Hilda, aún ruborizada, y soplando burbujas en el gua mientras mantenía la mirada fija en dirección al grupo-. Bien, ya que arreglamos lo de los estúpidos sombreros. ¿Qué hacemos? Julián Solo no está cerca, y no veo a ninguno de los mayordomos Olimpián que Kyoko fotografió por ninguna parte –comentó mientras recorría las fotos que Kyoko había dejado en las habitaciones de los dorados.

-Supongo que no tenemos de otra que seguir escondiéndonos y mantenerlas vigiladas –le comentó Milo, mientras el barman colocaba una bebida frente a cada uno de ellos, y los tres lo miraron curiosos, mientras el barman apuntaba al trio de chicas en la barra que les dirigían miradas picaras mientras hablaban en otro idioma que el trio no conocía-. ¿Ruso? –preguntó.

-Me suena a rumano –respondió Shura, pero fue Camus quien le habló a las chicas en sueco, quienes se asquearon entonces, y se retiraron con las bebidas-. ¿Qué les dijiste? –preguntó Shura molesto.

-No quieres saberlo, pero tiene que ver con Afrodita –le comento Camus, molestando a Milo y a Shura, quienes miraron a Camus apenados-. Era la forma más rápida de libraros de ellas. Además, cómo quieren que andemos recibiendo coqueteos con nuestros prospectos a metros frente a nosotros –se quejó Camus.

-Excaliburrrrr… -susurró Shura molesto, Camus se preparó para el golpe, pero Shura no lo estaba atacando, más bien estaba haciendo corajes mientras veía a un joven de cabellera escarlata oscura sentándose al lado de Pandora, e invitarle una bebida, que Pandora no supo rechazar pues no se había esperado que un "plebeyo", se le apareciera de la nada y tan descaradamente comenzara a coquetearle.

-Ellas no parecen tener las mismas reservas que nosotros –se molestó Milo, mientras un joven de cabellera rubia verdosa, se sentaba junto a Saori en su traje de baño violeta, y le invitaba un refresco, que Saori entendió que era un inocente ofrecimiento amigable, y por ello accedió.

-Por favor, son un par de celosos, ni Pandora ni Saori realmente… -comenzó Camus, cuando notó la mirada de picardía desde el agua, mientras un joven rubio llegaba ante ella-. No te atrevas… -susurró Camus, pero Hilda tan solo se hizo a un lado, y permitió al joven entrar con ella al agua, aceptando de él una bebida-. Hilda… -se molestó Camus, y el trio de mayordomos miró a Hilda con molestia.

-Jo… -se burló Geist desde su catre, habiendo descubierto lo que Hilda hacía, y al trio de mayordomos espiándolos-. Me gusta como piensas, Hilda –susurró Geist, mientras Hilda sonreía divertida-. Oigan, trio de lujuriosos. ¿Qué es eso de andar coqueteándole a mis amigas tan descaradamente? –comentó Geist en dirección al trio de recién llegados, siendo la única que los había notado ya que June, Ikki y Shun, hacían fila para lanzarse del tobogán más alto.

-Oh, lo lamento, no sabíamos que estabas con este grupo –comentó el rubio verdoso-. Estás separada de las demás y todo eso. ¿Te molesta? –preguntó el joven un tanto brusco, como si estuviera muy poco interesado en la presencia de Geist.

-Nah, estas tres necesitan una distracción juvenil –comentó Geist, preocupando a Pandora y a Saori, la última de las cuales intentó excusarse y mostrarles su anillo, pero recordando que lo había dejado en su habitación para no perderlo en las albercas-. Son solo un trio de plebeyas sin ataduras sociales de ningún tipo, y sin pareja alguna, pero salvo la de cabellera platinada, son menores de edad, pásate de cariñoso y te rompo algo –amenazó Geist.

-No es nuestra intención propasarnos de ninguna manera, los tres trajimos refrescos –le mostró el joven-. Además, no es mi culpa el encontrarla tan atractiva, señorita, que me vi en la tremenda necesidad de venir en su encuentro. ¿Cuál es su nombre? Espere, que grosero he sido, mi nombre es Atlas –se presentó el joven ante Saori.

-A mí me llaman Belenike –se presentó el otro joven ante una Pandora sumamente preocupada por los acercamientos de otro hombre que no fuera Shura, además de que no había servidumbre que la protegiera si algo salía mal.

-A mí me conocen como Jao –ofreció su mano el joven de cabellera pelirroja oscura, e Hilda le ofreció su mano, permitiéndole besar la misma-. Y he de decirle que estoy completamente cautivado por su belleza –admitió él.

-Claro, claro, los tres se enamoraron a primera vista de mis tres amigas, no hay nada sospechoso en esto –se burló Geist, incomodando a los tres jóvenes-. No me hagan caso, estoy de su lado chicos, después de todo, es de plebeyos aceptar las invitaciones de otros plebeyos, es enteramente normal, muy plebeyo de hecho, los plebeyos incluso están obligados a salir con quienes llegan sin quejarse hasta al menos las diez de la noche –comentó Geist, Hilda se tragó la risa, y Pandora y Saori, evidentemente, se la creyeron. El trio de jóvenes, sin embargo, estaba incomodado.

-¿Por qué dices plebeyos todo el tiempo? –preguntó el rubio que hasta hace unos momentos le coqueteaba a Pandora, ese que se hacía llamar Belenike, mientras Geist sonreía de oreja a oreja.

-Tú cierra la boca e inviten a las señoritas a salir. Pero al primero que se propase… -se tronó los dedos Geist, y el trio intercambió miradas de confusión, pero los tres accedieron de todas formas-. Perfecto, yo seré la guardaespaldas, y lo juzgaré todo, pero no se fijen tanto, si los encuentro dignos, les daré libertades especiales –se burló Geist.

-No entiendo lo que está pasando, pero entiendo que no vas a detenernos –comentó Jao, y Geist asintió divertida-. Entonces, señorita Hilda –reverenció él, y Hilda, sumamente divertida, le ofreció su mano a Jao y se permitió ser sacada de la alberca-. Tiene una figura celestial… -susurró él.

-Señorita Pandora –prosiguió Belenike, preocupando a Pandora, quien se viró a buscar a June, pero al parecer, no solo June estaba al tanto de lo que pasaba pues sonreía a la distancia junto con un Ikki igual de burlesco, sino que, al parecer, no pretendía perder su lugar en la fila, mientras saludaba a Pandora divertida.

-Con su permiso –continuó Atlas, colocando sus manos sobre la cintura de Saori, lo que la apenó sobremanera, y puso a Geist a pensar sobre los límites del contacto físico, mientras Atlas la levantaba de la cintura para ayudarla a salir del agua, antes de salir él mismo-. Pasemos a los vestidores a cubrirnos un poco, solo lo suficiente, y vayamos a la zona de bares –declaró Atlas, Saori intentó decir algo, pero Atlas no se lo permitió al tomarle de la mano y tirar de ella a la zona de vestidores, todo mientras Geist los seguía, aunque se viró a ver a Milo e hizo una muesca de burla en su dirección al estirarse un párpado, enfureciéndolo tanto a él como a Shura, quien estaba a cargo de Geist.

-¡Esa pequeña sabandija! ¿Quién se ha creído? –se molestó Milo, mientras Shura preparaba su espada- Ya tendremos tiempo de castigarla, lo que no sé es si el castigo debería ser extensible a la señorita. ¿Cómo está eso de dejarse invitar por un aleatorio como ese? –se fastidió Milo.

-Lo hacen a propósito, se los dije, Hilda solo hace lo que más le divierte –se quejó Camus mientras apuntaba a su sombrero de aluminio-. Básicamente, al permitirnos leer la mente, le dimos carta libre a Hilda de hacer lo que le viniera en gana. Y como Geist no es exactamente material de criada modelo, tanto ella como Hilda acaban de hacer esto a propósito para mover nuestros hilos –explicó Camus.

-¡Y Pandora no hizo nada para evitarlo! –se fastidió Shura, con un aura oscura rodeándole- Tal parece que debo extender un recordatorio nuevamente. A una sobre mi autoridad, a la otra sobre quien le entregó su rosquilla –sentenció Shura, ganándose la mirada de preocupación tanto de Milo como de Camus.

-Perdona, ¿qué tiene que ver la repostería con esto? –comentó Milo, curioso por los comentarios de Shura- En todo caso, si bien Saori es demasiado inocente para dejarse llevar de esta forma, hay algo peculiar en ese trio –les comentó Milo, llamándoles la atención a Camus y a Shura-. Este no fue un acercamiento lujurioso de un trio de vacacionistas –concluyó Milo.

Zona Comercial del Atlantis.

-¿Qué se limpia solo o qué? ¿En qué mundo una mugrosa liga cuesta una cifra de 6 números? –se quejaba Mephisto ante un intranquilo vendedor, quien ya había sido advertido de los desvaríos de algunos de los clientes potenciales con escaso nivel adquisitivo, había inclusive en cada tienda de la zona comercial un afiche advirtiendo de los acompañantes de Mayura, quien en ese momento admiraba una bella liga de tela blanca con un moño negro.

-Oh vamos Mephisto, mira lo feliz que está Mayu. No la veía así de feliz desde la competencia de gimnasia artística de la Academia Sanctuary –comentó Afrodita, deleitándose ante las reacciones alegres de Mayura, quien estaba inmensamente feliz.

-Oye es cierto, Mayu estaba en gimnasia artística –enunció Yoshiko, quien en esos momentos caminaba junto a Aioros, Hypnos y Thanatos por fuera de la tienda en la cual Mephisto, Afrodita y Mayura, elegían liga para la boda, reuniéndose con ellos tras haberlos encontrado.

-¿Cómo? –se quejó Hypnos, a quien Mayura miró con molestia, aparentemente sintiendo descontento al verse con cualquiera de los dos hermanos lunáticos- La Mayura que yo recuerdo rara vez se veía por los pasillos sin sus muletas –recordó Hypnos.

-Pues a mí me gustaba jugar carreritas de sillas de ruedas con Mayura –recordó Thanatos, Mayura en respuesta, se quitó una de sus prótesis, y arremetió en contra de ambos con ella-. ¡Sigues siendo una molestia! –le apuntó Thanatos.

-¡Déjenla en paz! ¡Mayu siempre tuvo problemas motrices! ¡Y ustedes siempre la estaban molestando! –la defendió Yoshiko, abrazándola de manera sobreprotectora, y alejando tanto de Hypnos como Thanatos, aunque Yoshiko no tardó en posar su atención en las prótesis de Mayura- Yo aún quiero saber… -apuntó Yoshiko a sus prótesis.

-¿Qué exactamente…? –preguntó Mayura confundida, Yoshiko apuntó a las prótesis de Mayura, quien sudó frio por la curiosidad de Yoshiko- Son cómodas –fue su respuesta, lo que deprimió un poco a Yoshiko.

-No es eso –se quejó Yoshiko-. Fuimos compañeras de clases, ¿Cuántos años? ¿Tres? –preguntó, Mayura asintió- Y luego te desapareces durante toda la Academia Dorada, y nos volvemos a ver 5 años después, con piernas de madera. ¿Tan mal estabas? –preguntó Yoshiko.

-Es… complicado… -intentó decir ella tímidamente, Yoshiko solo mantuvo la mirada fija en Mayura-. No había nada que pudiera hacerse –insistió ella nerviosamente, pero Yoshiko continuaba con sus miradas de duda.

-¿Cuándo y cómo? Y más importante, ¿por qué? –preguntó Yoshiko, Mayura sudó frio, y se dio cuenta de que ahora era el centro de atención, con Mephisto, Aioros, Afrodita, Thanatos e Hypnos rodeándola con curiosidad- Tenemos tiempo, ya terminaron con todas las compras de la boda, ¿no es así? –preguntó Yoshiko.

-Llegando a tierra solo faltará ver lo del salón, pero básicamente sí, ya terminamos con las compras para la boda –les comentó Afrodita, y la sonrisa de Yoshiko creció sobremanera-. Eres una chismosa –dedujo Afrodita.

-Oye, en mis tiempos Saori todavía no había inventado los celulares, si mi amiga de la preparatoria dejaba la academia para irse a otro país, pensaba que no la volvería a ver nunca –le comentó Yoshiko molesta, y colocando sus manos sobre los hombros de Mayura, quien se mostró nerviosa por las intenciones de Yoshiko-. Además, yo sabía que te gustaba Derbal, pero jamás supe que te habías casado con él, ni divorciado de él, tienes años de chismes que contarme, querida Mayu –sonrió Yoshiko, y Mayura suspiró con molestia.

-No vas a dejarme en paz hasta que te cuente, ¿verdad? –preguntó Mayura, y Yoshiko asintió un buen número de veces ante aquello-. ¿Quieres saber cuando comenzamos a salir, y cuando perdí las piernas? ¿Algún orden en específico? –preguntó y los ojos de Yoshiko brillaron como estrellas- Está bien… comenzaré con el momento en que nos enamoramos, pero no fue en el Festival Escolar… -comenzó ella, y Yoshiko asintió emocionado-. En realidad fue el primer día de clases cuando… -intentó decir, cuando Mayura notó con el rabillo del ojo a Saori, caminando en traje de baño y con solo el faldón de ceda como protección, por el otro extremo del área comercial, y tomada del brazo por un joven a quien no conocía-. ¡Señorita! –canceló la historia Mayura, y comenzó a correr con sus piernas resonando por la zona comercial.

-¡Mayu! ¡Esto se está volviendo un muy mal chiste! –se quejó Yoshiko sonoramente, con el resto de sus acompañantes mirándola con preocupación y con sudor cayéndoles del rostro, mientras Mayura se movía rápidamente pese a no tener piernas reales, y apoyándose de su bastón para no perder el equilibrio. Tras pasar por una de las tiendas, sin embargo, alguien le puso el pie a Mayura, quien tropezó con su prótesis, y cayó muy mal al no poder sostenerse, rompiéndose ambas prótesis al no poder recobrar el equilibrio, y desmayando a algunos transeúntes cuando aquello pasó ya que, ante sus ojos, una mujer de la nada perdió sus piernas.

-¡Mayu! –gritó Yoshiko, corriendo tras ella, y ayudando a Mayura a incorporarse, la criada de inmediato miró a sus prótesis destrozadas, y su corazón se rompió, deprimiéndose sobremanera- Aioros, busca a Derbal –pidió Yoshiko, cuando de la nada, el mencionado apareció frente a ellos, y cargando a Mayura en sus brazos.

-Querida, ¿estás bien? –preguntó Derbal, pero la mirada de pena de Mayura no se dejó esperar, mientras Mayura apuntaba a las prótesis partidas a la mitad, y con las cuales Hypnos y Thanatos comenzaron un espontaneo combate de espadas de madera- ¿¡Qué hacen par de tarados!? –se quejó Derbal, mientras Aioros levantaba el bastón de Mayura y se lo ofrecía, y tras recibirlo, Mayura comenzaba a golpear el barandal con el mismo, intentando escuchar el sonido hueco de madera, sin lograrlo-. Si le hicieron algo a Mayura… -enfureció Derbal.

-No fueron ellos, Derbal –comenzó Aioros-. Mayura vio a Saori del otro lado de la zona comercial, y por alguna razón salió a buscarla. Solo que tropezó y rompió sus prótesis –le explicó Aioros.

-¡Eso es imposible! ¡No con el entrenamiento que le di! –se quejó Derbal- ¿Saben lo difícil que es caminar con estas cosas solo utilizando un bastón como soporte? ¡Mayura recibió entrenamiento durante años de mi parte con tal de poder moverse como lo hace! ¡No puede tropezar con la perfección de sus movimientos! –admitió Derbal.

-Pero lo hizo, Derbal, y no se necesita ser perfecto todo el tiempo –le comentó Aioros-. Tú mismo lo dijiste, es inmensamente difícil que alguien se mueva como Mayura se mueve usando prótesis, es completamente entendible que se tropiece de cuando en cuando –insistió.

-No me estás entendiendo, es imposible que Mayura se haya tropezado con el entrenamiento que le di –insistió Derbal, sabiendo que la caída de Mayura no había sido un accidente-. Pero eso no es lo importante de momento –comentó él, mirando a Mayura con sus ojos humedecidos por lo ocurrido con sus prótesis-. Tranquila, creo que hay una tienda de prótesis del otro lado del barco, elijamos unas bonitas para la boda –sonrió Derbal, alegrando a Mayura en ese momento, quien ruborizada se dejó cargar por Derbal en búsqueda de aquella tienda de prótesis.

-¿Una tienda de prótesis en un crucero? ¿Es broma? ¡Oigan! ¡Esa es la excusa más ridícula para no contarme su historia! ¡Mayu! ¡Maestro Derbal! –insistía Yoshiko, Mephisto, Aioros, Afrodita, Hypnos y Thanatos suspiraron, y siguieron a Yoshiko en su búsqueda por respuestas, mientras de la tienda de venta se smokings frente a la cual Mayura se había tropezado, salía Shaina, mirando los pocos restos de prótesis destrozadas que se había olvidado el grupo.

-Lo lamento mucho… ama Mayura… -agregó Shaina deprimida, mientras reflexionaba en sus acciones-. Pero lo que hago… lo hago por… -se mordió los labios Shaina, mientras dentro de la tienda de smokings, Hyperión la miraba con una sonrisa malévola en sus labios.

Discoteca del Crucero Atlantis.

-¿Cuántas cosas hay dentro de este estúpido barco? –se quejaba Geist, en medio de un ambiente artificialmente nocturno, ya que apenas y había pasado la hora de la comida, pero dentro de la discoteca del crucero, se mantenía un ambiente de oscuridad, y de luces de neón que mantenían a todos los presentes divertidos, al menos a los que sí disfrutaban de este tipo de ambientes, no como el trio de nobles que se mostraban intranquilas.

-Por andar haciéndole bromas a Camus, me salió contraproducente –se quejaba Hilda, tapándose los oídos-. Aunque quisiera, no podría leer ninguna mente en este tipo de ambientes, no puedo escuchar ni mis propios pensamientos –se quejaba Hilda.

-Entonces no pienses, baila –le comentó Jao de forma seductora, apenando a Hilda por el comentario, no por sentirse apenada realmente, sino porque Hilda encontró la frase como un intento muy cliché y vergonzoso, pero Jao no permitió a Hilda realizar un contrarremate a la frase de coqueteo genérica, mientras la jalaba a la pista de baile, obligándola a unírsele en la misma, y poco a poco, Hilda fue dejándose llevar.

-¡Oye! ¡No nos dejes! –se quejó Pandora, encontrando a Belenike tomándole la mano, y tirando de ella a la pista de baile- Espera, ya he tenido suficiente. Si bien acordamos el comportarnos como plebeyas, la verdad es que –intentó defenderse Pandora, pero Belenike había tirado de ella hasta la sección de instrumentos musicales, por lo que Pandora no lograba hacerse escuchar, mientras Belenike se movía con movimientos bastante juveniles y gráciles en la pista, forzando a Pandora, incómodamente además, a intentar seguirle el paso ya que, pese a saber bailar, no era una música que le fuera atrayente en absoluto.

-Esto de ser una plebeyo es más difícil de lo que parece –comentó Saori, no solo intuyendo que la iban a sacar a bailar también, sino sabiendo que lo haría en traje de baño, como gran parte de los presentes en el bar a decir verdad, solo que ella no se sentía con semejante valor para hacerlo en absoluto-. Joven Atlas, la verdad yo no sé… -intentó decir Saori, cuando Atlas la tomó de la barbilla, y se la elevó un poco para forzarla a verle a los ojos, descubriendo Saori lo débil que era a las miradas penetrantes, ya que Atlas logró intimidarla hasta el grado de quedarse con las palabras atrapadas en la garganta.

-Cualquiera puede bailar, venga, yo le enseño –le respondió Atlas, jalando a Saori a la pista de baile, y ayudarle a mover su cintura rítmicamente, lo que era demasiado contacto físico para Saori, quien viró a ver a Geist, quien se debatía entre intervenir o no, analizando la situación, pero dando su visto bueno al final, mientras Atlas, ya con permiso, se adentraba más en la pista de baile.

-¡Buena suerte mi señorita! –se burlaba Geist, cuando sintió ambos brazos ser aprisionados por tanto Shura como por Camus, quienes la levantaron a la fuerza, y la llevaron a una parte del bar cercana al escenario, donde la sentaron frente a un Milo furiosa-. No me sentía tan el centro de su atención desde la Guerra de Pandillas, aunque se supone que ahora le rindo cuentas a este –apuntó Geist divertida.

-Ah, "este", tiene un sablazo con tu nombre esperando su turno –amenazó Shura, divirtiendo a Geist- Tan solo pienso que el Rey Escorpión podría resultarte ser más intimidante –apuntó Shura, a un Milo cruzado de brazos.

-Este no es el Rey Escorpión, además, el Rey Escorpión me amaba como a una hermana –apuntó Geist, apenando a Milo-. Aún lo hace, ¿no es así? –pregunto ella divertida, mientras Milo sentía su ceja bailarle con molestia- Aunque creo que su nueva hermana favorita es Kyoko. No creas que no me di cuenta de que la entrenaste. Ninguna criada me habría evadido como el día de la entrega de cartas para prospecto de mayordomos –se burló ella.

-Basta –le espetó Milo, y Geist, sonriente, le dirigió la mirada-. No seré el Rey Escorpión, pero aún puedo darte una paliza si considero que la mereces –le recordó Milo-. Ahora… ¿qué crees que haces? –preguntó Milo.

-¿Además de burlarme de sus ridículos sombreros? –apuntó a los sombreros de aluminio sobre las cabezas de cada uno- Básicamente les hago un favor, recordándoles que, sin importar lo metódico que todos ustedes sean con su planeación sobre el cómo y dónde proteger a sus respectivas señoritas, ellas no van a esperarlos por siempre si no las consienten de vez en cuando –agregó ella, llamando la atención de Milo-. El Rey Escorpión nos consentía a Shaina y a mí, ¿por qué a Saori no? –se burló ella.

-Niveles socioeconómicos abismalmente diferentes –le comentó Milo, y Geist asintió-. De modo que, ¿toda esta barbaridad era tu forma de molestarnos para que prestáramos más atención a Saori y a las demás? –preguntó, y Geist asintió-. No voy a hacerte favores con Shaka –comentó.

-Ya me hace suficientes favores haciendo lo posible por recuperarle la vista a mi novio –agregó ella, ya menos burlesca y más conmovida por aquello-. Así que considere esto mi regalo y, por cierto, esos tres son mayordomos –le susurró, sorprendiendo a Milo-. Atlas, Jao y Belenike, mayordomos de la Familia Apolon, aliados comerciales en Grecia de la Familia Souma, y con nexos comerciales a con la Familia Olímpus. ¿No le parecía sospechoso que, de la nada, tres guapos vinieran a coquetearles a tres de las señoritas nobles más importantes de Grecia? Su objetivo no son las señoritas, son ustedes. Después de todo, los Souma no se involucrarían violentamente contra otros mayordomos con Pontos presente en el mismo crucero, hemos perdido el tiempo espiando a los mayordomos contratados por la Familia Olímpus, ellos son la distracción, los caza recompensas que vienen a lastimarlos son los Mayordomos Apolon –terminó Geist divertida.

-¿Cómo es que sabes eso? –pregunto Milo, pero Geist colocó su dedo coquetamente sobre sus labios, indicando que aquello era un secreto- Sabes que puedo averiguarlo si me lo propongo –le comento Milo.

-Y usted sabe que me especializaba en encontrar los trapos sucios de nuestros enemigos, y que yo no soy su enemiga, ya no más –le recordó Geist, y Milo asintió-. Así que, voy a necesitar que confíe en mí. No puedo decirle, es peligroso de momento –admitió ella.

-Sospechoso… -se molestó Shura, Geist tan solo le sonrió mientras saludaba de forma militar en su dirección-. ¿Por qué me tocaron las criadas problemáticas? Te la cambio por Kyoko –pidió Shura sombríamente.

-Por Shoko… tómala o déjala –ofreció Milo, y Shura pensó al respecto, Geist se mostró inmensamente divertida, y Camus se dedicó a mirarlos a ambos con suma molestia.

-Eso podría considerarse trata de personas, dejen de intercambiar criadas –se fastidió Camus, y el par hizo una mueca ante su comentario-. En todo caso, Saori, Pandora e Hilda bailan en estos momentos en traje de baño, con los supuestos Mayordomos Apolon, lo que se suma a la lista de enemigos de la señorita. ¿Qué hacemos? Si mal no recuerdo, los Apolon son una familia peligrosa –comentó Camus.

-De momento, hay que actuar como si no supiéramos lo que Geist nos dijo –les explicó Milo, asomándose a la pista de baile, junto a Shura, Camus, y una sumamente divertida Geist-. Piensen, estamos de vacaciones, y no sabemos que ellos son Mayordomos Apolon –meditó Milo al respecto.

-Y las señoritas están pretendiendo ser plebeyas en estos momentos –comentó Geist, sorprendiendo al grupo-. Idea de June, yo solo les ayudé explicándoles como la buena criada plebeya que soy, que una plebeya no puede negarse a una cita con otros plebeyos –se burló.

-Y van y se la creen esas tres –se quejó Shura, pero Camus se viro a ver a Hilda, e hizo una mueca-. Lo de ella es a propósito, ¿cierto? –y Camus asintió- Pero entonces, si ellas son plebeyas, y nosotros estamos de vacaciones –comenzó Shura, mirando de reojo su sombrero-. Creo que ya sé cómo aprovecharme de la situación –sonrió Shura, mientras Geist metía las manos dentro del saco de Camus, incomodándola.

-¿Te importaría decirme qué estás haciendo? –preguntó Camus, mientras Geist encontraba la cámara de Camus, y comenzaba a filmar a las chicas bailando, algunas más incómodas que otras- Sabes qué, has lo que quieras. ¿Cuál es el plan, Shura? –preguntó Camus, y Shura comenzó a susurrarles el plan, lo que apenó a ambos mayordomos, y forzó a una carcajada de Geist, que llamó la atención de Saori en la pista.

-Creo que Geist me llama –mintió Saori, mientras Atlas la abrazaba de la cintura, obligándola a seguirle el paso en el baile de discoteca, que era demasiado incómodo para Saori, quien se viró a buscar a Geist, encontrándola con la cámara de Camus, lo que la confundió bastante- ¿Por qué está filmando? ¿Esa es la cámara de Camus? –preguntó Saori, mientras intentaba seguir el ritmo pactado en el baile por Atlas.

-¿Camus? –preguntó Hilda, mientras bailaba, ella más alegre que el otro par, con un Belenike que estaba impresionado por los movimientos agiles de Hilda, quien se había entregado a la música de discoteca por completo- no puedo leerle la mente por ese estúpido sombrero, pero Camus ni loco estaría dentro de una discoteca, lo suyo no es bailar –admitió Hilda, divirtiéndose de lo lindo-. La verdad es que, pese a que el ruido me lastima un poco, me estoy divirtiendo de lo lindo- le sonrió Hilda coquetamente.

-Habla por ti –se quejó Pandora, a quien Jao mantenía cerca de las bocinas, para que no pudiera quejarse lo suficiente para excusarse, ya que, si bien Hilda se estaba divirtiendo, y Saori era demasiado tímida para hacerse respetar, Pandora estaba llegando al límite de su paciencia, y esta se incineraba más cuando Jao le cortaba el camino de salida, y la tomaba de la cintura, girándola de regreso a la pista de baile, donde ella se obligaba a sí misma a bailar para no hacer el ridículo-. Me estás fastidiando, Jao... -comenzó Pandora, mientras Jao le guiñaba el ojo-. Tsk… resulta que soy inmune a cualquier tipo de coqueteo, nadie jamás ha logrado doblegarme –aseguró ella desafiante.

-¿Está segura señorita? –escuchó Pandora, escandalizándose en ese momento, mientras las luces de la discoteca se encendían de un solo tono ámbar, y la música cesaba, mientras el sonido de la trompeta y de la marimba comenzaba a resonar, y las luces apuntaban al escenario, donde un bailarín de flamenco llegaba tocando una guitarra barroca, acompañado de dos bailarines más, mientras la risa de Geist resonaba con fuerza, mientras intentaba concentrarse en grabar lo que acontecía. El guitarrista barroco era Shura, acompañado de Camus con el tambor, y Milo con las maracas, quienes estaban un poco incomodados por el plan de Shura, pero ya acostumbrados a las tonterías, siguieron el ritmo de Shura, quien confundía a los jóvenes en la discoteca, quienes no apreciaban la música clásica, aunque Shura, golpeando el suelo rítmicamente con sus zapatos de flamenco, comenzaba a contagiar a algunos jóvenes, quienes comenzaron a aplaudir al ritmo de la música- ¡Que siga la fiesta! –continuaba Shura, dejando a Pandora boquiabierta- ¡La música está en el alma! ¡Dejen sus almas brillar con el ritmo de la música latina! –proseguía Shura, mientras más músicos entraban detrás de ellos, y comenzaban con una fiesta muy diferente a lo que esperaban los presentes.

Los confundidos mayordomos Apolon no supieron cómo reaccionar ante algo tan estúpido como lo que estaba ocurriendo, y notaron que dejaron sus guardias bajas, mientras los músicos los rodeaban, confundiéndolos, y separándolos de sus respectivas señoritas, quienes fueron capturadas y obligadas a bailar con sus respectivas parejas, cortándoles las intenciones que tuvieran.

-¿¡Milo!? –preguntó Saori, mientras Milo la rodeaba y movía sus maracas al ritmo de la música pactada por Shura, ya sonriente y divertido al ver que pese a lo ridículo de la situación, la reacción de sorpresa de Saori, quien intentaba seguirle el ritmo a la danza, era sumamente divertida, aunque Saori parecía más conocedora de los bailes tradicionales internacionales que de la música de discoteca, por lo que movía su faldón al ritmo que le marcaba Milo- ¿Cómo pasó esto? ¿Bailas? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? –se confundió Saori.

-Señorita, le recuerdo que estoy de vacaciones, y esto es una terrible coincidencia –le respondía Milo, zapateando el piso, y alegrando a los jóvenes a su alrededor, quienes se entregaron también a la música, cortando el avance de Atlas en dirección a Saori-. Aunque debo de admitir, que pocas son las oportunidades de poder actuar con mayor soltura ante su presencia, y sí, si bailo, Geist me enseñó hace tiempo, no pregunte –apuntó Milo con la mirada, a una Geist que silbaba divertida, y apuntaba la cámara a una confundida Saori.

-Ni leyendo tu mente lo hubiera creído, Camus –sonrió Hilda para Camus, quien no estaba ni remotamente tan feliz como Milo o Shura, y estaba sumamente apenado, pero lograba concentrarse en los pasos que Shura le había explicado, y que había memorizado en pocos minutos al ser un prodigio, y a tocar al ritmo que Shura marcaba con su tambor-. Aunque deberías relajarte un poco, la música debe sentirse, no memorizarse –prosiguió Hilda, cambiando por completo el estilo del baile, adoptando el baile de flamenco como si lo conociera de toda la vida, lo que impresionaba a Camus- Aunque el simple hecho de que te hayas rebajado a este nivel, ya es bastante gratificante para mí –le ayudó un poco Hilda, bailando más ágilmente, marcando con el tacón de sus sandalias el ritmo del tap contra el suelo, apoyando en cambiar el ritmo del tambor de Camus a algo más ameno, lo que logró a atraer a más parejas alrededor de ambos, y cortar el avance de Berekine en su dirección.

-No estoy feliz de que hayas auxiliado en esto… puedes leer la mente, sabías quienes eran ellos –susurró Camus, Hilda asintió, y continuó con su danza, apenando a Camus, quien a penas y podía concentrarse por admirar su cuerpo ya sudoroso por el esfuerzo-. Debes estar inmensamente cansada, pero tú te lo buscaste –comentó él.

-Es cierto, yo me lo busqué –le sonrió Hilda, moviendo su rostro muy cerca de él, casi robándole un beso, y emocionando a las parejas cercanas-. Ser el centro de tu atención, siempre va a valer cualquier esfuerzo. Ya que eres mi físicamente, y mental mente, atractivo amor no tan platónico… -prosiguió ella, logrando que Camus sonriera-. Y hacerte sonreír es todo un logro, viva yo –alzó los brazos Hilda, pero no tardó en regresar al baile.

-¿¡Shura!? –se impresionó Pandora, incapaz de seguir el ritmo de la música por la sorpresa, mientras Shura la rodeaba en su danza, mientras seguía tocando su guitarra barroca, y los músicos tomaban mayor confianza, elevando el sonido de sus notas- ¿Cómo? ¿Por qué? No sabía que fueras tan… increíble… -se apenó Pandora.

-No es la primera vez que te atrapo con mi música, Pandora –continuó Shura, haciendo memoria, y Pandora logró recordar aquella vez, hace ya casi tres años, en la mansión de Saori, que Shura había encontrado una guitarra por aburrimiento, y Pandora se había entregado a aquella música, uniéndose a Shun en un baile espontaneo en medio de la mansión-. Me pregunto, ¿Qué pensará Pandora si le digo que, desde ese entonces, he practicado no solo la música, sino la danza? Ya que, Pandora, me fascinaría que tus pies se movieran al ritmo de los míos –susurró Shura.

-¿Sabes que no tengo la forma de saber si es una amenaza o un halago? Después de todo, mis pies fueron los que me metieron en esta relación –se apenó un poco Pandora, aunque sonreía mientras pensaba en ello-. ¿Qué se supone que pase ahora? –preguntó ella divertida.

-Baila. No hay más que eso –movió las caderas Shura a manera de invitación, mientras zapateaba incrementando el ritmo, y convenciendo a Pandora, quien tomó su tela negra como una falda, y comenzó a mover sus pies al ritmo pactado junto a Shura, con ambos bailando en reversa, evadiendo a Jao, quien se las había arreglado para casi llegar ante Pandora- Lo haces bien –sonrió Shura.

-Tengo un buen acosador pactando el ritmo –lo encaró Pandora, y comenzó a bailar en círculos con Shura, quien comenzaba con el doble tiempo, tocando más rápido, e invitando a Pandora a acelerar el ritmo, emocionando a los presentes, y cortando nuevamente los intentos de Jao por llegar ante Pandora, por lo que los tres Mayordomos Apolon se reunieron, y discutieron qué hacer, mientras en la pista de baile, las tres parejas que bailaban al ritmo de los bailarines de flamenco, se reunían, y danzaban en círculos alrededores unos de otros, e incluso se dignaron a cambiar de parejas divertidas, sabiendo que los tres mayordomos de Saori se las habían arreglado para planear tan divertida reunión.

-Saori, tus mayordomos, de vacaciones o no, son unos lunáticos –comentó Pandora sonriente, y tomada de la mano con Hilda, quien también tomaba de la mano de Saori, y las tres bailaban en el medio de los tres mayordomos, que tocaban la guitarra, los tambores, las maracas, y mantenían a los Mayordomos Apolon divididos, al rodearse de los jóvenes emocionados que aplaudían y disfrutaban del espectáculo, ya pensándolo un evento del crucero.

-¿Qué hacemos, Atlas? –preguntó Jao, notando que no había forma alguna de volver a reunirse con las señoritas a las que habían obligado a salir con ellos- El plan funcionó, los Mayordomos Depranon salieron en protección de sus señoritas, pero esto… -se quejó Jao.

-Se las arreglaron para convertirse en el centro de atención –comentó Belenike, esperando que Atlas diera instrucciones-. El plan era obligarlos a molestarse y tornarse violento contra nosotros, pero esto… -prosiguió él.

-Si entramos en provocación, esté o no esté Pontos cerca para presenciar el despliegue de violencia, no servirá de nada, ya que nosotros pareceríamos los que violentaron a los Mayordomos Depranon –concluyó Atlas, sabiendo que volver a actuar era inútil en esos momentos-. Tal parece que no estamos tan bien informados como pensábamos. Se suponía que al menos dos de esos tres serían tan violentos, que se entregarían a las amenazas y los golpes, uno inclusive se supone siempre carga una espada de madera dispuesto a lastimar a alguien a la mínima provocación –meditó al respecto Atlas, y se viró en ese momento, dándole la espalda a la fiesta en el centro de la zona de baile-. Parece que hemos perdido el primer intento, caballeros. Reagrupémonos, y volvámoslo a intentar otro día –les comentó, virando la vista un momento en dirección a Milo, a quien no reconocía por la alegría presente en su rostro-. El Rey Escorpión… no es como lo pintan… -se molestó Atlas, retirándose, y siendo acompañado del otro par de mayordomos.

Fuera de la pista de baile, Mu, Aioria y Shaka se encontraban reunidos, aunque Shaka más de fondo, ya que la música le lastimaba los oídos. El trio de mayordomos estaba sumamente impresionado por ver a tres de sus más frívolos compañeros bailando en medo de la pista de baile, sin inhibiciones algunas, y con sus tres prospectos bastante divertidas, como si no existieran divisiones de ningún tipo entre ellos.

-Bueno, parece que no requirieron de advertencia alguna –comentó Mu para sí mismo, mientras miraba a los Mayordomos Apolon salir del establecimiento, derrotados-. Aunque es curioso, Tethis dijo que nadie más que nosotros sabríamos de esto. ¿Cómo es que Milo y los otros se enteraron? –preguntó Mu curioso.

-Estás hablando de Milo, seguro lo averiguó por sí mismo de alguna forma –le comentó Aioria, pero Mu no estaba convencido, y mientras discutían aquello, Shaka, que no lograba concentrarse por el ruido de la música, salió de la discoteca, y se sobó los oídos, escuchando entonces algo curioso.

-Salió mejor de lo que había imaginado –escuchó Shaka, virándose en una dirección, y escuchando una voz femenina quejarse, no decir nada más, y retirarse con cuidado, como si la persona que había hablado supiera que Shaka podía reconocerla. Shaka comprendió entonces que alguien, una mujer, había alertado a Geist sobre los Mayordomo Apolon, por lo que no se requirió de que Mu les informara. De hecho, Shaka estaba seguro de que, sin la soplona informando a Geist con antelación, aquella fiesta que ahora se disfrutaba en el bar del crucero, hubiera terminado tal vez más violentamente. Shaka agudizó los oídos, pero fuera quien fuera quien había hablado, ya no estaba, y Shaka no había logrado reconocerla.

-¿Shaka? –escuchó el ciego, virándose, y descubriendo pese a su ceguera a Aldebarán- ¿Dónde estaban? Los he buscado por todas partes todo el día –le comentó Aldebarán, quien entonces se viró a ver los interiores del bar, encontrando a Milo, Saori, Shura, Pandora, Camus e Hilda bailando alegremente- ¿¡De qué me perdí!? –gritó Aldebarán impresionado, ganándose un bastonazo por parte de Shaka, quien escuchó un leve gritito, y se viró en la dirección que lo había escuchado.

-Comienzo a comprenderlo… -enunció Shaka, buscando en sus memorias, y haciendo conexiones mentales-. Te perdiste de mucho, Aldebarán, pero al parecer, hay más ángeles de la guarda velando por el bienestar de Saori, de los que habíamos imaginado –aclaró Shaka, sonriente-. Tu secreto está a salvo… -susurró Shaka, mientras sentía a Aldebarán rascarse la nuca confundido-. No tiene importancia –viró Shaka en dirección de la discoteca, imaginándose lo que pasaba en su interior-. Estoy seguro de que, algún día, podré ver la grabación de todas las tonterías que han acontecido a mi alrededor, y lo estaré viendo, con mis propios ojos –comentó sonriente, confundiendo a Aldebarán aún más, quien decidió no seguirle dando vueltas al asunto, y en su lugar, miró en dirección a la discoteca, y se deleitó del momento de debilidad de los mayordomos más frívolos, mientras continuaban bailando con unas nobles pretendiendo ser plebeyas, quienes no deseaban que el momento terminara nunca.

Mientras aquello pasaba, había un testigo adicional de todo lo que ocurría, Julán Solo, acompañado de sus mayordomos, Sorrento, Kanon y Krishna, quienes se mostraron preocupados por su señor, quien tan solo cerró los ojos, y continuó caminando en dirección contraria a la discoteca.

-Amo Solo… -comenzó Kanon, preocupado, pero en lugar de responder, Julián alzó su mano, pidiéndole silencio, lo que mantenía a Kanon confundido, quien entonces se sorprendió de ver a Pontos caminando por la avenida principal del crucero, y siguiendo la música-. Maldición… si Pontos descubre a los mayordomos Depranon… -se mordió los labios Kanon preocupado.

-No los descubrirán… -susurró Julián, impresionando a Kanon, mientras Julián se acercaba a Pontos, cortándole el camino-. Señor Pontos –comenzó Julián, sonriente, orgulloso-. Espero que esté disfrutando del crucero hasta ahora –comentó Julián, extendiendo los brazos con orgullo, como si tuviera el control perfecto de todo lo que ocurría dentro de su crucero-. Mañana llegaremos a Creta, y puedo asegurarle que, todo será tan perfecto como usted lo espera, señor Presidente de las Olimpiadas de Mayordomos. Si es tan amable, ¿me acompañaría a cenar? Hay bastante de lo que quisiera hablarle –continuó Julián, y Pontos, se mostró interesado, aceptó la invitación, y comenzó a seguir a Julián lejos de la zona de bares.

-Es increíble la suerte que tienen los mayordomos Depranon –dentro de una cafetería del otro lado de la zona de bares, Hyperión lo observó todo, divertido, y concentrado en observar a Saori con un par de binoculares, mientras ella se entregaba al baile, sumamente divertida-. Pero pese a la suerte que tienen, y lo ridículo de sus planes –continuó mirando, esta vez a Milo, por sus binoculares-. Todo esto reafirma mi desprecio ante esa chica Kido. Y lo patético de sus mayordomos. Mira que enamorarse de su señorita, es lo más bajo que puede hacer un mayordomo –aseguró Hyperión, y entonces miró al acompañante en su mesa-. Pero todo esto terminará pronto. El mundo de Saori está por desmoronarse, y tú serás la llave de ello, mi querida Shaina –sonrió Hyperión, mientras observaba el contrato de trabajo en la mesa, con la firma de Shaina en el mismo, aunque la persona frente a Hyperión, vestía una traje de mayordomo de color gris, y zapatos mocasines muy bien boleados, no un traje de criada-. Saori no volverá a arrebatarte a un ser amado. Tienes mi palabra –finalizó Hyperión, mientras Shaina observaba en dirección a la entrada de la zona de bares, y a Aldebarán, reunido con el resto de los Mayordomos de Saori, quienes habían sido atraídos por la música española que comenzaba a reunir más y más gente dentro del bar, con muchos interesados en el trio de bellezas que robaban los corazones de todos quienes los veían.

-Muchas gracias por su patrocinio, amo Hyperión –se puso de pie Shaina de forma elegante, y con un uniforme de mayordomo casi completo, Hyperión sonrió ante la reverencia, y entregó a Shaina una pequeña cajita de madera, misma que, al abrirla, reveló un cordón de mayordomo de plata, mismo moño que Shaina tomó-. Aunque, necesito un nombre de hombre. Shaina no es un nombre masculino, mi señor –le sonrió Shaina divertida.

-El nombre de tu señorita, es Eris Phantom, Shaina –apuntó Hyperión en el contrato, sonriendo con malicia-. Y tu nombre, será Dryad. Mayordomo de la Familia Phantom –apuntó con la vista Hyperión, a una señorita de cabellera rubia y china que llegaba, sumamente divertida, y mirando a Yoshiko, quien había llegado con Aioros a presenciar al trio de mayordomos flamencos.

-No te arrepentirás de tu elección, mi querida mayordomo –tomó la recién llegada el moño de mayordomo, y se lo colocó a Shaina alrededor del cuello-. Es hora de que reine el caos, y no hay caos más grande, que el que una criada ascendida a mayordomo puede llegar a causar. Confío en que me ayudarás a destruir a Saori, Shaina –le sonrió Eris.

-Por Aldebarán, mi señorita, considérelo hecho –reverenció Shaina, una mirada maligna en su rostro-. Yo no cometeré el error de Europa. Me convertiré en el centro único de la atención de Aldebarán, mientras destruyo a Saori y a su injusto equipo de mayordomos, desde dentro… criada Depranon de día, mayordomo Phantom de noche. Tiene razón, ama Phantom… –agregó ella con una mirada fiera, y observando a Geist, quien había sido obligada a bailar con Milo, con Shura, y con Camus, ante las quejas de la chica, quien no se esperaba que su travesura se le revertiera, y que incluso Saori, Pandora e Hilda la obligaran a bailar con ellas-. La era del caos… ha comenzado… y solo quienes atesoramos el caos… obtenemos lo que más anhelan nuestros corazones –sonrió Shaina, ofreciendo su mano a Eris, quien tomó la misma, y se dejó guiar en dirección a sus aposentos.