Capítulo 3: Realidad alterada
Ladybug no podía distraerse. Si bien era cierto que había peleado antes contra el señor Ramiere también era verdad que confiarse era uno de los pasos del fracaso, en conjunto con otra larga lista de otras cosas que podrían arruinar una batalla que ella creía ganada. Aun así, estaba preocupada, a cada minuto que pasaba los ataques de los pichones se hacían más recurrentes y aunque ella entendía que el gatito había ido a ayudar a quien fuera que iba cayendo desde lo alto de la torre Eiffel, empezaba a pensar que podría haberse tratado de una clase de trampa para mantenerlo lejos de la pelea y poder someterla con más facilidad. Cada cierto tiempo sus ojos se movían al techo en que le había visto caer, esperando que la rubia cabellera de su compañero asomara para saltar en dirección a ella. Un resoplido se escapó de los labios de la heroína mientras utilizaba su yoyo para alzarse de su lugar, apartándose del lugar del impacto de un nuevo ataque. Aquello se estaba poniendo ligeramente peligroso.
–Donde estás Chat Noir–murmuró ella para sí, apartándose de la vista del villano, escondiéndose detrás de una de las chimeneas, ladeando su cuerpo solo lo necesario para asegurarse de que el villano aún estaba allí–Esto está tomando más tiempo de lo esperado–la morena se mordió el labio inferior en un gesto nervioso y pensó en ir directamente al techo donde le había visto caer cuando un movimiento cercano a ella llamó su atención. Ladybug solo logró identificar la mata de pelo rubio cayendo un par de techos más allá y al instante se movió de su lugar, saltando y balanceándose hasta llegar allí–¿estás bien Chat Noir?–preguntó, corriendo hacia él.
Un segundo ante de llegar a él ladybug se detuvo, su brazo aún estirado en su dirección. La mata de pelo rubio era similar, inconfundible de hecho, pero el traje rojo y negro que llevaba no le pertenecía a Chat Noir, estaba moteado como el de ella, solo que contenía un poco más de negro. El ceño de la heroína se frunció bajo la máscara y, mientras los segundos se seguían uno detrás de otro, el muchacho se levantó despacio, uno de sus brazos elevándose hacia su cabeza mientras un gruñido de queja se escapaba de sus labios.
–¿Qué paso? –Le escuchó murmurar. Era una voz familiar, pero no encajaba con la imagen delante de ella.
–¿Chat Noir? –preguntó entonces recelosa, apretando el yoyo en sus manos lista para pelear cuando un nuevo ataque del señor pichón le recordó que estaba en una pelea. No pareció ser la única en reaccionar a ello, el chico se levantó tan rápido como su golpeado cuerpo se lo permitió, acomodando un yoyo igual de rojo y moteado que el propio en su mano. Ladybug frunció aún más el ceño, pero no tuvo tiempo de decir nada.
Una lluvia de pichones se precipitó hacia ellos. Ladybug se movió rápidamente para evitar los ataques, notando por el rabillo del ojo que el otro chico hacía lo mismo. Una parte de ella lo estudió con la mirada mientras esquivaba un golpe, tenía el mismo tipo de traje que había llevado Chat Noir cuando habían intercambiado sus miraculous por accidente, sin embargo, ella sabía perfectamente que ese no era el caso, ella aún estaba transformada ¿Sería aquello alguna clase de truco de Hawk Moth?
Misterbug se movía evitando ser tocado por los pichones. No sabía que estaba pasando, hacía tan solo unos minutos peleaba contra Jumper, preocupado por el paradero de su compañera cuando una de las bolas rojas había impactado contra él, lo siguiente que había sabido era que caía hacia un techo y se topaba con una versión femenina de sí mismo de pelo oscuro. No había tenido tiempo para reaccionar a nada de eso, no sabía dónde estaba el akuma del señor Ramiere esta vez y, sobretodo, no estaba seguro de que la chica peleando a su lado fuera una amiga.
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–¿Quién eres? –Chat Noir no tenía ni idea de quien era la muchacha delante de él, era claramente una portadora del miraculous de la destrucción, y sin embargo eso era imposible, él permanecía transformado. Podría decir que se trataba de alguna clase de trampa, pero la morena delante de él permanecía en la misma postura gatuna y amenazante que él habría adoptado de no haber tenido su bastón a mano, parecía fiera y una parte de su mente encajaba su imagen con la de ladybug con mucha facilidad.
–¿Dónde está Misterbug?–preguntó ella a su vez, sus ojos estrechándose levemente. La confusión en el rostro del gato habría sido obvia no tener la máscara para ocultar su identidad, su rubia cabeza se ladeó levemente y perdió la postura por un instante.
–¿Quién?–preguntó. Estaba por dar un par de pasos hacia ella cuando un grito llamó la atención de ambos chicos. El señor Ramiere estaba lanzando un batallón de pichones desde lo alto de un edificio hacia abajo, ambos personajes de gato tenían una buena idea de hacia qué estaba apuntando. Chat Noir apretó su bastón, dudando entre si moverse para perder de vista a la desconocida o ir hacia Ladybug. El movimiento de la otra fue lo que lo hizo decidirse.
–Lo que sea que sea esto, puede esperar–murmuró ella, pasando rápidamente a su lado, balanceándose con elegancia ante un atento Chat Noir que reconoció, sin querer, algunos de los movimientos de su lado en ella. Un segundo después él también salía corriendo, llegando en el momento justo para sujetar a ladybug por la cintura, balancear su cuerpo a un lado y apartarla de uno de los ataques.
Los pichones no parecían dar tregua, se estrellaban contra todo y todos convirtiéndolos en enormes pájaros que, a su vez, se unían a la bandada con la intención de transformar a toda Paris. Chat Noir podía sentir la tensión en el cuerpo de ladybug cuando la dejó en el suelo, a buen resguardo lejos de la vista de un akumatizado señor Ramiere.
–Hay una chica muy rara vestida como yo–fue lo primero que dijo el rubio, señalando en la dirección en la que había venido como si estuviera acusando a otro niño de haber hecho una travesura.
–Eso podría decirlo yo–La agresividad en la voz detrás de ellos le resultó familiar al chico vestido de felino, y antes de darse cuenta estaba atrapado en una situación muy similar a la de antes, en posición de pelea esperando que la morena hiciera algún movimiento.
–Lady Noir ¿estás bien?–el sonido de pasos doblando para escudarse detrás del mismo edificio anunció la presencia de una segunda persona. Los ojos de Chat Noir no pudieron evitar recorrer al chico vestido de rojo que había aparecido frente a ellos. Mientras una escena conocida se desarrollaba frente a sus ojos, con una jovencita que asentía mientras invadía el espacio personal de su compañero, él no pudo evitar pensar que se vería justo así si aun estuviera usando el miraculous de Ladybug.
–No sé quiénes sean, pero no podemos perder más tiempo o esto se pondrá realmente feo–Fue la fina voz de Ladybug la que atrajo la atención de todos, sus claros ojos moviéndose ante la extraña escena que se desarrollaba frente a ella, saltando de un chico a otro como si no encontrara una manera de definirlo–El akuma está en la máscara de pichón que lleva.
Tres cabezas asintieron un segundo ante de que ladybug sacara su yoyo, haciéndolo girar sobre su cabeza. Parecía la parodia de una película ya vista, las palabras, el amuleto cayendo sobre las manos de la muchacha. Misterbug también lo intentó, repitiendo casi como un espejo cada uno de los movimientos de la otra. Chat Noir tuvo que pellizcarse para asegurarse de que no estaba soñando, y no era así, había dos amuletos mágicos frente a él, y ambos parecían demasiado legítimos.
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Si toda la escenografía de presentación, amuleto mágico y uso de habilidades especiales no era suficiente como para hacer que a uno se le crispara la piel, cuando Ladybug y Misterbug utilizaron sus respectivos amuletos para reducir al villano (creando una especie de nube de humo alrededor de la zona que les permitió obligarlo a bajar de las alturas para poder capturarlo) verlos lanzarlos al cielo para deshacer el daño en la ciudad había sido tan bizarro, que Chat y Lady Noir habían optado por el siempre útil silencio. Sus miraculous brillaban verde y rojo, emitiendo un pitido que les indicaba lo cerca que estaban de transformarse, pero, aunque la pelea había terminado, ellos aún tenían que resolver otro problema.
Las alcantarillas no eran el mejor lugar para hacer aquello, pero ofrecían el nivel de privacidad necesario como para que los Kwami descansaran. Adrien había apartado unas galletas de la panadería para Tikki y a pesar de que no tenía ni idea de donde estaban, el ver a la Kwami comer le brindaba cierta sensación de paz. El muchacho sonrió mientras esperaba a que el silencio en aquella zona se despejara, preguntándose que pensarían los dos desconocidos.
–¿Has pensado que podría ser una ilusión?–la voz, levemente más gruesa que la de Tikki provenía de un Kwami negro que flotaba alrededor de ellos. Lady Noir estaba cerca, aunque no podía verla, el hecho de que Plagg estuviera allí era la prueba concreta de que no lo había abandonado y la duda era razonable.
–Si lo es, entonces tenemos que encontrar la forma de salir, pero no estoy seguro de que sea el caso–murmuró a su vez–Jumper hablaba de mundos alternos…
–Sabemos que el viaje en el tiempo es posible, pero el viaje en el espacio-tiempo es…–la voz que vino desde detrás de la pared se parecía tanto a Lady Noir que Adrien por un momento pensó en ir hacia ella sin el traje. Era la única cosa constante y segura en toda esa locura, la única a parte de Tikki que pertenecía al lugar del que él venía–¿Es realmente posible que existan otras versiones de nosotros salvando Paris en otros universos?
–El amuleto encantado parecía real–sonó otra voz, una masculina, haciendo eco en el entorno–No lo sé mi Lady, hay algo en ellos que se siente…familiar.
Adrien no dijo nada, se limitó a escuchar la conversación con una ligera sensación de abandono, no era Lady Noir, y aunque comprendía perfectamente las dudas, resultaba un poco más terrorífico que no confiaran en él cuando era quien estaba perdido. Tikki voló directamente frente a su rostro, asintiendo levemente para darle a entender que estaba lista para volver a transformarlo. Cuando Misterbug estuvo por fin fuera de su escondite encontró a la gata. Lady Noir estaba caminando de un lado a otro, sumida en sus pensamientos y con lo que parecía ser una clara intención de hacer un agujero en el suelo. Al verlo su alivio fue absoluto y no dudó en ir hacia él a abrazarlo.
Lo agradeció profundamente, era un aroma familiar, una sensación de compañerismo que en ese momento realmente necesitaba. Saber que estaba bien, que era ella en verdad había sido un alivio tan grande que no se había percatado de que la apretaba con fuerza contra él hasta que la escuchó reír.
–Creo que dejaré que me envíen a otros universos más seguido–bromeó ella, arrancándole una sonrisa a Misterbug antes de que este se apartara.
–No sé cómo vamos a hacer esto–escuchó el suspiro. Los ojos verdes de Misterbug se elevaron para observar a la muchacha vestida de mariquita–tenemos que proteger nuestras identidades, pero me gustaría tenerlos bajo vigilancia–sus ojos pasaron de Misterbug a Lady Noir de forma automática–Tu podrías venir conmigo–murmuró, a pesar de todo no muy segura de ello–tengo la sospecha de que en ese mundo simplemente cambiamos de papel, pero seguimos siendo nosotros.
–¿Y si no es así?–cuestionó Misterbug, dando un paso al frente como si pretendiera proteger a Lady Noir de la chica. Ella volvió a suspirar, negando con la cabeza. Fue la mano de su compañera sobre su hombro la que le hizo retroceder.
–Tiene razón–murmuró Lady Noir, dando ella un paso al frente a su vez–además, no es como si tuviéramos más opciones–Terminó.
Misterbug no estaba de acuerdo con ello, no estuvo de acuerdo con ello cuando Lady Noir siguió a la mariquita, saliendo por fin de su campo de visión, no estuvo de acuerdo con perderla de vista, y no se movió de su lugar sino hasta una hora después, cuando una suave vibración le indicó que tenía un mensaje. Lo escueto de las palabras de Lady Noir lo sorprendió, se limitaba a un "estoy bien" no había dirección, ni detalles de su localización. Pensó por un instante en ir por ella, pero desistió de esa idea tan pronto como el muchacho delante de él se giró.
–No sé quiénes sean, y no sé qué pretenden hacer aquí, pero si esto es una trampa…–empezó–si de alguna forma lastiman a Ladybug, será mejor que existan universos infinitos, porque los cazaré como ratones. La amenaza también sorprendió a Misterbug, que se quedó observándolo en silencio por un largo rato. Había algo en el tono de su voz que le dijo que hablaba en serio, algo que provocó que Misterbug asintiera a pesar de que no lo veía.
Así ambos héroes desaparecieron en la noche cada uno con aquella sensación de incertidumbre aun apretando su pecho.
