Capítulo 04 No estoy loco

288AC

- Entonces me estás diciendo que quieren batirse en duelo por unos cerdos.

- Cinco cerdos, sí. Al parecer el dueño del cerdo macho exige que se le entreguen por lo menos la mitad de la camada. El otro sujeto asegura que su cerda fue preñada por otro cerdo macho.

Las disputas de la gente pequeña siempre sacaban lo peor de mi padre. Era común que muchas discusiones terminen con su noble paciencia y los castigos por hacerle perder su tiempo iban desde azotes a amputaciones y la horca en el peor de los casos.

En estos días de tranquilidad el señor de Dreadfort tomo la costumbre de enviar a su heredero a estos asuntos de menor importancia, en otras palabras, me había convertido en una mano de obra noble conveniente.

Locke a mi costado mostraba señales de aburrimiento. El carruaje destartalado, acompañado de un grupo de hombres, llegaría a su destino pronto. Dos aldeanos se batirían en duelo por cinco cerdos. Que gran forma de pasar el día.

Mirando el horizonte una vista inusual lleno el panorama.

- Los campos están inusualmente fértiles estos años. Dijo Locke

- ¿Así? El clima es propicio, la gente empezó a labrar con más ganas, parece que esta vez será un verano mucho más largo. Respondí.

Los campos en el norte era los más duros de todo poniente. Las personas que trabajaban la tierra apenas sacaban lo suficiente para alimentarse. Pagar el tributo, criar a los hijos y algunos animales. Era una vida simple y poco satisfactoria. Ahora era comprensible que dos aldeanos se enfrenten a un duelo por unos cerdos.

Mejorar sus vidas entro en mi mente, ¿Que puede ser más apropiado? Me pregunte.

La agricultura era un pilar en de la economía. Mejorar las técnicas de producción tendría consecuencia a largo plazo. Estaba seguro que en diez años todas las tierras de Westeros tendrían la noción de mis esfuerzos. Y que al imitarnos los campos del sur prosperarían con mayor rapidez. Era una cuestión de ventaja económica, cosa que muchos señores del norte restaban importancia.

- La tala de los boques han despejado mucho terreno. Nueva tierra cultivable. Lástima que no todos sean tan optimistas.

Otro factor importante para el aumento de la tierra de cultivo fue la tala. Algunas leyes tenían que crearse si se quería mantener la producción de madera en el largo plazo. El problema eran los nobles y su desinterés en estos asuntos.

- Hay suficientes bosques por todos lados, eliminar algunos no hace la diferencia. Dijo Locke

- ¿Te refieres a los boques vecinos? Espero no ver los límites de su paciencia, pronto.

Si bien no esperaba forzar una guerra, sabia de la enviada causada por la prosperidad ajena. Algo que probablemente pronto sucedería.

- Llegamos. Espero terminar esto pronto.

Bajando del carruaje destartalado, con un asentimiento mis hombres abrieron el camino. El lugar era un pueblo ordinario de las cercanías.

En la distancia un grupo de aldeanos se reunieron. Todos vestidos con harapos y algunos desnutridos. El espectáculo atrajo la atención de la muchedumbre, mi llegada solo hizo que las cosas se intensificaran. Muchos se congregaron y agacharon la cabeza, pero otros solo miraban con curiosidad poco disimulada. En el centro, los familiares de los involucrados y lo que supuse era el jefe de la aldea, nos esperaban.

- ¡Mi Lord!, es un honor que visite nuestra humilde comuna. Dijo el jefe de la aldea.

- Estoy cansado y aburrido. ¡Que empiece de una vez el duelo!

El jefe de la aldea y los dos combatientes se miraron, desconcertados por mi presentación. El resto de la gente vitoreaba por el espectáculo prometido. Poco tiempo después dos aldeanos con espadas oxidadas se batieron en un duelo, si es que se le puede llamar así. La mayor parte del tiempo pasaron corriendo, uno atrás del otro. El ganador se quedó con los cerdos. El perdedor herido fue llevado con el curador local, con la esperanza de salvar su vida. Fue otro gran fiasco de justicia.

El jefe de la aldea, que aparentemente se llamaba Domun nos invitó a romper el ayuno, en su casa. Cosa que acepte de buen gusto, por supuesto.

- Es conocimiento del pueblo, que el heredero de nuestro Lord es muy atento con el bienestar de la gente. Es un honor conocerlo en persona.

Mis manos se movían atreves de la mesa de madera. Carne de cerdo, leche de vaca y algunos panes duros. Era comida simple pero saludable.

Domun era un hombre muy lame botas, típico de aquellos que ocupan algún cargo de poca importancia. No era el primero que conocía. Cierto posadero me llego a la mente mientras respondía sus alabanzas.

- Solo hacia lo que podía por mi gente. Dije

- Oh… Si mi señor. De hecho, estamos mejor que antes. La madera nunca fue tan accesible. Casas, carretas, barcos pesqueros e incluso el carbón. Es tan admirable que sus esfuerzos nos beneficien a todos nosotros.

- Es bueno saberlo, aunque creo que nuestros vecinos no estarían tan de acuerdo. Muchos están ansiosos con el tema.

Los Lores del norte aún tenían que aprender a diferenciar el poder militar del económico. Los Manderly por otro lado estaban más al tanto de la situación. Sea por su existencia, como la casa con la única ciudad en el norte o por su cercanía comercial. White Harbor siempre sería una espina difícil de tratar.

- ¡Solo un necio diría lo contrario mi señor! Mi espada está siempre a su servicio, si tiene problemas con los vecinos, por supuesto.

Antes de que el jefe de aldea se pusiera más belicoso. Pensé en un tema que había dejado de lado por un tiempo. Si había algo que pudiera cambiar el curso de nuestra prosperidad, eso era la guerra. Una guerra era mala para todos, pero siempre lo era más para el lado perdedor.

Como se decía, prepararse para la guerra si quieres paz. El jefe de la aldea tenía un poco de razón. Por otro lado, pocos sabían que no solo aumentaron los barcos pesqueros. Varios Drakkar empezaron a verse en nuestras costas. Eran barcos que servían para el comercio, pero que también se usaban en la guerra, por supuesto, no eran "nuestros". Cualquier poder naval requería el permiso de los señores del norte. Los Stark de Invernalia.

Era un hecho, los señores del norte se preocuparon por nuestra inminente prosperidad. Los tributos enviados siempre estaban muy bien contabilizados. Por otro lado, en esta era de hombres de honor y poca claridad fiscal, era fácil esconder algunos proyectos no tan honrados. Cierto hombre de negocios muy prospero estaba formando una flotilla de barcos comerciales. Era un hombre humilde que alguna vez fue un posadero de nuestras tierras.

Ahora que tenía una base sólida y tiempo libre, las cosas empezaron a funcionar por su cuenta. Los aserraderos funcionaban con indicaciones fáciles que hasta un niño podría hacerlos, claramente yo también podía, aunque no fuese por ser niño.

El maestre Uthor supervisaba los aserraderos periódicamente, cuando ninguno podía hacerlo. Estuvo feliz con sus nuevas responsabilidades, aunque la experiencia me dijo que no hacía tal supervisión de manera sensata. Por otro lado, tuve que soltar algunas monedas como recompensa por la educación de Ela.

Con más tiempo libre y un plan más fiable detuve la diatriba de Domun.

- Jefe Domun, quiero dirigir una cooperación entre la Casa Bolton y todos los pobladores de esta aldea.

- Claro, claro, cualquier cosa por mi señor.

Como buen lame botas no sabía decir que no. Bueno tampoco es que pueda, aunque, recomendaría preguntar primero antes de aceptar cualquier trato. Pero ese no era mi asunto.

Un abanico de posibilidades me vino a la mente. Las mejores formas de empezar nunca son las correctas, es un proceso error tras error. Si no estás dispuesto a fallar, entonces nunca podrás hacer nada. Expresando tanta autoridad como mi voz inmadura podía, dije.

- A partir de ahora se cultivará en dos de tres parcelas, ya no en una de dos.

Una duda marco el incómodo silencio en la habitación. Domun, tenía la vejez suficiente para reflexionar sobre mis palabras y con años de experiencia una respuesta incomoda fue todo lo que dijo.

- Creo no entender mi señor, ya se cultiva en tres parcelas. En tiempos pasados creería que se usaban dos.

- Ah…

Bueno el primer error ya se manifestó, solo queda seguir adelante.

- Entonces olvida lo que dije… ¿Me mostrarías tus herramientas de trabajo?

Con una breve, pero rápida respuesta, puse las condiciones necesarias para el siguiente paso de un lenta e inusitada revolución agrícola. Sería mejor empezar a pensar cómo organizar este nuevo esfuerzo.

Días después de regresar a Dreadfort, los planes que tenía intención de implementar fueron interrumpidos por una noticia prevista. Una mujer hermosa, pero descuidada, llego con un niño de aspecto claramente familiar.

Saber de los vicios que tenía mi padre fue la menor de mis preocupaciones. Un hermanastro, no cambiaría mis planes. Fuera para bien o para mal ahora tenía que cerciorarme de las intenciones del pequeño.

Una mirada peculiar y un tanto insensible fue todo lo que necesite para darme cuenta de las emociones negativas de aquel niño. Esa ambición hacia mi persona, esa necesidad indiscutible de anhelo y rechazo al mismo tiempo. Un pensamiento de "tengo que destruirte si quiero estar en tu posición" se hacía más claro sus intenciones bien disimulas. Era un objetivo por primera vez en mucho tiempo.

Sabía por experiencia que una infancia en la miseria podía hacerte ambicioso. Aquel niño con ojos insensibles mostro su audacia hacia mi vida. Era el bastardo de mi padre, Ramsay Snow.

Lo que muchos ignoran es que los niños con tendencias asesinas y ambiciones desbordantes pueden moldearse. Son pequeños insensibles que con el pasar de los años se acostumbran a la sociedad, se camuflan y viven entre los que consideran inferiores. Pero un niño seguía siendo un niño después de todo.

- ¿Puede vivir aquí con nosotros?

Con la mano alzada, apunte al bastardo de mi padre.

Los ojos de su madre, la del bastardo, estallaron en alegría. Por su parte, Roose Bolton solo ignoro mi pregunta y llamo al sirviente más apestoso del fuerte, Hediondo.

- La crianza de mi bastardo no es el trato que tuvimos, pero hare una excepción. ¡Hediondo!, estarás a su cuidado hasta que tenga la edad adecuada.

La indiferencia de mi padre no me perturbo. Era normal que se reservara para asuntos tan personal incluso si era su heredero.

La mujer tampoco quiso probar la paciencia del Señor de Dreadfort. Una carreta se llevó a la madre, el bastardo y Hediondo. Después de mucho tiempo el hogar dejo de oler tan mal.

- Entonces, ahora que sabes que tienes un hermano bastardo, quieres que te sirva.

- Si, nunca está de más tener gente útil.

- Los bastardos pueden ser de ayuda, pero no olvides que hasta que no tengas un heredero, siempre está la posibilidad de que tome tu lugar.

Puse el rostro algo tenso. Sabía lo que mi padre decía. Estábamos en una sociedad que se regía por la fuerza y por el derecho de nacimiento.

- Comprendo, solo quería enseñarle su lugar, antes que su madre le de ideas.

- Eres muy joven para moldear personas, hijo. Por otro lado, el que debería empezar a moldearse eres tú.

- Me temo que no comprendo, padre.

Era mentira si sabía.

- Lord Horton Redfort de la Casa Redfort ha respondido a mi petición, está dispuesto a aceptarte como su escudero. Viajaras el próximo año una vez cumplido el décimo día de tu nombre.

Las posibilidades de discutir se fueron por la borda. Sabía que tarde o temprano llegaría la hora de mi formación marcial. Costumbre o no, lo Caballeros del Valle eran los mejores de poniente, saber que me formaría con ellos también estaba muy bien. Lo único que me preocupo fueron los proyectos que aún tenía en mente.

- Si padre.

Semanas después del encuentro con Ramsay, tuve una idea general de lo que iba a realizar. No era nada muy innovador. En las tierras del norte donde la tierra cultivable era escasa una tecnología sencilla iba hacer una gran diferencia. La escasez pronto acabaría.

Con una superficie comparable al resto de Westeros era irónico que el norte tenga una producción de alimentos tan escasa. Todos los inviernos grandes cantidades de alimentos son comprados, porque no se puede producir lo suficiente.

En el sur, en las tierras fértiles de la Casa Tyrell. Un arado no era más que una simple herramienta. Pero eso estaba por cambiar.

El arado pesado con vertedera era, por deducción, una tecnología clave en el desarrollo de la agricultura. Permitía sembrar campos que antes eran imposibles de arar, por su duro suelo, como la gran mayoría del norte.

Su utilización no solo permitía abriría el suelo, sino que también removía la tierra en mayor profundidad. Permitiendo una mayor oxigenación y porosidad, en consecuencia, una mayor fertilidad de la tierra.

Los campos que utilicen la nueva herramienta, serán fértiles nuevamente y un nuevo desarrollo seguiría su curso. Permitiría un aumento masivo de las tierras cultivables.

- Voy a dar una vuelta, tu padre quería verte, ¿vienes?

- Tu señor ha preguntado, responde niña. Dijo Locke

Mi compañero seguramente no tenía tacto con los menos favorecidos. Por lo poco que se, Ela estaba cada vez más cómoda con su nueva vida. No era plenamente mi sirvienta, pero sus quehaceres diarios incluían ordenar mis cosas y limpiar mi ropa. Sus clases con el maestre Uthor eran en la tarde.

- Si me gustaría mi señor.

- Entonces vamos.

En el transcurso del viaje, era común ver a los niños jugar. Las personas trabajando y uno que otro mendigo suplicando por unas monedas. Llegamos a una zona apartada del pueblo, que se encontraba a las fueras de Dreadfort. Era la zona donde los herreros trabajan. Grandes hombres sudorosos martillaban el metal hasta dar con la forma que buscaban.

- ¿Mi padre está aquí? Pregunto Ela

- Iremos después, tengo un asunto que atender, esperas aquí. No tardo.

Con Locke a mi costado fui en busca de los herreros. Algunos seguían en su trabajo, pero otros, más atentos con su entorno, notaron mi presencia. En su momento fui un desconocido, incapaz de llamar la atención de la gente. Con el pasar de los años y mi incursión en asuntos de la gente pequeña, mi fama de entrometido se hacía más popular. Para bien o para mal estaba claro que la gente reconocía mi aspecto Bolton, heredado por mi padre.

- Mi lord que se le ofrece.

Un anciano de increíble musculatura se acercó a nuestro grupo. La apariencia era poco importante para el trabajo, pero definitivamente, el sujeto proyectaba confianza.

- Quería hacer un pedido.

- Tengo entendido que mi lord tiene al hermano Jorah trabajando en Dreadfort.

El herrero de Dreadfort era una buena opción, si lo que necesitaba era una espada.

- Es un pedido grande, necesito cien de estos.

Con unos movimientos saqué y desdoblé los diseños, era la vertedera. Sabía que el acero era muy costoso. Muchos señores, ni en los sueños más salvajes, jamás le darían otro uso que no sea espadas y armaduras. En mi caso, el precio valía su utilidad y mucho más.

- Quiero que se hagan en acero forjado, no te preocupes por el dinero, la casa Bolton paga.

- Mi lord no quiero ofenderlo, pero su padre…

- Mi padre no es el que te va a pagar, yo sí. Afirme.

Estuve tentado a continuar con su reto de miradas hasta que termino por desviar la mirada. Los segundos de silencio terminaron con las manos del hombre tomando los dibujos.

Esencialmente el único inconveniente era la cantidad. Las existencias de hierro tendrían que escasear en Dreadfort, después de realizado este pedido.

- Es mucho material, su padre no estará contento.

- Soy consciente, pero estoy seguro que será más feliz si no se entera, no cree.

- Mi lord eso es traición, es una locura…Susurro

- Ahhh…

Con un suspiro. Recordé que a veces era necesario fomentar mi carácter. Después de todo, tenía el cuerpo y la voz de un niño.

- Piensa que, si no me haces caso, tu futuro no será muy diferente de haber cometido traición.

Pude ver signos de preocupación en su rostro. Tenía que ser decisivo si quería mantener planes.

- Entiendo, será como usted ordene.

Resignado a mis palabras el herrero recibió mi pedido. Un mes de tiempo fue el plazo. No pregunto la función ni el propósito del aparato. Solo me dijo que le entregase la mitad del dinero. Locke no tardó en llegar con cincuenta dragones de oro.

Nuevamente en el carruaje destartalado. Los pensamientos de un futuro mejor se interrumpieron con las palabras de Ela.

- Mi señor ¿Es verdad que viajara al Valle en el décimo día de su nombre?

- No creo que sea un secreto, pero me sorprende que lo sepas.

- Muchas mujeres en Dreadfort hablan sobre usted, por su puesto, yo no.

- ¿Y qué dicen?

Algunas dudas llegaron de su respuesta. El rubor en sus mejillas me dio una pista de los chismes que rondaban en Dreadfort.

- Se preguntan cosas. Cosas impropias, pero creo que es mi deber informar.

- ¿Impropias de mí? ¿qué dicen?

- Es sobre usted, perdiendo la inocencia en el Valle.

- ¡Ah! Supongo que tiene sentido.

Sorprendentemente no tenía reparos en enfrentar la nueva realidad. Ela estuvo a punto de desmayarse luego de contar lo sucedido. Era normal en estos tiempos de castidad sagrada. Con el tiempo, tendría que recurrir a montones de cartas. Proponiendo y rechazando matrimonios, con todas las damas de la edad adecuada.

Se decía que las mujeres eran trofeos que los hombres debían procurar. Por mi parte, no me gustaría subestimar a nadie nunca más.

Por otra parte, al parecer, las mujeres de Dreadfort tenían mucho tiempo de sobra ¿Debería comprar algunos telares? ¿tal vez así ya pierdan el tiempo?

Con las preguntas inusitadas de Ela, llegamos a la posada donde aún residía su padre. Los encuentros familiares nunca fueron de mi agrado. Razón por la cual deje que el dúo tenga su momento de privacidad.

- Mi señor, con todo el hierro que se utilizara. Esta vez su padre no estará contento.

- Lo sé, algunas veces es mejor primero hacer y luego preguntar.

Si en algún momento el lord de Dreadfort se enterara que el acero, que se utiliza para armaduras y espadas, estaba siendo utilizado para arados; lo más probable es que pensaría que estoy loco. Por otro lado, es una locura hacer espadas cuando no hay guerra y tu pueblo se muere de hambre. Solo queda preguntarse quién estaba más loco.