Capítulo 07 Improvisando el camino

Con una vista del precipicio, los caballos se tensaron. Ningún ejército en los siete reinos pretendería asediar en tal terreno.

El angosto camino hacia el Nido de Águilas, se hizo a un más angosto, al acercarse a la cima. Para entonces algunas águilas pasaban volando a simple vista.

Un hombre refinado nos esperó en la entrada del destino. Un sureño aparentemente. Cierto ambiente engañoso se respiraba en su entorno. Mostraba una sonrisa fingida y una respuesta corporal calculada. Aquel individuo sería difícil de engañar. Una clase de persona que siempre obtiene lo que quiere.

- ¡El heredero Bolton! Es un honor conocerlo en persona, mi lord.

- Usted debe ser… ¿Lord Baelish?, un gusto conocerlo también. Respondí

- Ohh, es un honor. Solo espero no incordiar su estancia.

Estaba lo suficientemente consciente de su persona. Supuso que Lord Baelish también.

El comercio ocasionaba amistades fatídicas y algunas enemistades útiles.

En mi caso, cierto Lord alzado, próspero con nuestro comercio en el sur. Uno que muchos subestiman. A pesar de todo, se volvió muy útil, a la hora de poner nuestra producción en "Desembarco del Rey". Una mano amiga, aprovechadora, pero útil ciertamente.

No era el único mercader que comerciaba a nuestras expensas, pero el sacaba más provecho de nuestra lejanía a ciertos mercados.

- Escuche que ahora eres maestro de la moneda, debo felicitarle por tal logro.

- Jamás lo hubiera logrado sin su patrocinio.

- No tuvimos nada que ver en ese asunto Lord Baelish.

- No directamente, por supuesto. Sin embargo, se a quien le debo mis méritos. Si esta en mi poder, puedo ayudar a sus propósitos aquí.

¿Propósitos? Los propósitos nos mueven a todos a todas partes, supongo.

Que Baelish supiera que tenía segundas intenciones, era revelador e intimidante en mismas proporciones. Aunque tenía razón, no solo vino a presentar sus respetos a Lord Arryn.

No tenía miedo de las espadas. Las personas que escondían sus motivos eran las más peligrosas. Sin embargo, los pocos que sabían manipular eran el verdadero dolor de cabeza.

- Entonces, lidere el camino Lord Baelish.

- Sígame por favor… Eh de confesar, mi Lord, que a pesar de lo que cuentan de usted es increíble verlo en persona.

- Tengo curiosidad ¿Y qué dicen de mí?

Pregunte con genuina curiosidad.

- Existen mentes privilegiadas en Westeros, mi Lord. Sin embargo, sus logros a su corta edad. Hacen pensar a uno ¿Qué está haciendo mal con su vida?

- La mayoría de mis logros se los debo a mi padre y aun maestre muy entusiasta, Lord Baelish.

- Comprendo.

Con la guía de Baelish llegamos a una antecámara donde se nos hizo esperar.

La estructura presentaba una notoria diferencia con el norte. Los cimientos eran más pulidos y retocados. Las armaduras de los hombres que protegían el lugar presentaban acabados detallados y hermosos.

Lord Baelish se detuvo y volvió a centrar su atención en mí.

- Las personas por acá anhelan la vida marcial.

Miro a los hombres que nos escoltaban.

- Siendo sincero, yo solo veo hombres en ataúdes de acero. Esperando su fin en algún momento de su corta existencia ¿No está de acuerdo? Dijo Lord Baelish

Coincidencia o no, era exactamente lo que había llegado a comprender de esta costumbre. Todo caballero había jurado proteger, pero muchos simplemente arrojaban su vida por la borda.

También había otros. Hacían su voto por conveniencia, por intereses más allá del honor. Fueras o no un caballero aun podías rechazan el honor, siempre y cuando no te importara cargar con el "deshonor".

- Lo que me mantiene en duda, sin embargo, es… ¿Porque buscaría tal modo de vida, siendo su casa ajena a todo ello?

Encontré difícil responder.

- No fue por decisión propia, se lo puedo asegurar. Además, nosotros en el norte, también sabemos del honor en la batalla.

- Honor… ¿Y vino hasta el Valle para demostrarlo, o vino por algo más?

- ¿Seguimos hablando de mi queriendo jugar con las espadas? Lord Baelish.

Hubo silencio, una pausa después Baelish volteo en mi dirección. Estaba sonriente como lo estaba desde el principio. Aquello dio una sensación de confianza poco habitual. Puso su mano sobre mi hombro. Llegue a pensar que quería manipular el entorno, pero inesperadamente retiro su mano.

- Lo siento, eso estuvo fuera de lugar. Solo me pregunta ¿Que motiva a un niño tan ingenioso como usted a recorrer su camino hasta nuestro Valle?

- No fue decisión propia se lo repito, pero no se preocupe Lord Baelish. No planeo quedarme mucho tiempo, solo el justo.

En el cruce de miradas que tuvimos supe que había cierta certeza en sus ojos. Baelish intuía los asuntos que traje.

Existía una sociedad mercantil. Sin embargo, el beneficio aumentaría, si usáramos nuestros propios canales de envió a Desembarco del Rey. Y quien mejor que los nobles Caballeros del Valle para llevar a cabo dicha tarea.

Los días del comercio a nuestras expensas estaban por terminar, aparentemente.

En ese momento, las puertas se abrieron, como para cortar el ambiente, algo tenso. Mis ojos arrastraron la mirada de Baelish, antes de girar y presentarme al Lord del "Nido de Águilas"

- ¡Mi lord, Domeric Bolton, hijo de Rose Bolton, señor de Dreadfort! ¡Presenta sus respetos!

Una presentación se escuchó en todo el lugar. Posiblemente también en la parte posterior. En ese mismo instante un leve suspiro llegó a mis oídos. Unos leves susurros alegraron mi día, más de lo que imaginaba.

- Quince por ciento… es lo mínimo que aceptare…

- ¡Trato hecho! Meñique.

POV Ramsay – Flash-Back

- Si digo que no te odio…seria mentira. Respondí

- Entiendo, de verdad lo hago. Sin embargo, la razón de tu odio, no soy yo.

- ¡Tú eres la razón de mis problemas! ¡Soy el bastardo al que todos odian!

- Jamás dejaras de ser un bastardo. Tiene que entender eso.

Mis pensamientos se volvieron fríos. Era una realidad que no podía cambiar.

Daria lo que fuera por destrozar el rostro que tenía frente a mí. Domeric Bolton, el legítimo hijo de mi padre. El verdadero heredero del Dreadfort.

- Te quedaras a cuidar el molino como lo hizo tu abuelo y morirás como el murió.

- ¡Eso no puedes saberlo! Respondí

En su rostro una sonrisa se dibujó sutilmente. Apreté el puño sin contemplación, pero una mirada al tipo que resguardaba la puerta, detuvo mi arrebato.

- Sé que quieres tener mejor suerte, pero mi padre jamás permitirá que un bastardo tome su lugar. Los niños como tu son problemas para sus padres.

- No soy un problema…! ¡Tú eres el problema!

La leve sonrisa que adornaba su rostro se ensancho. ¿Era una burla a sus ojos? Me pregunte. Sin contemplación, alcé los puños lo más rápido que pude. Esperaba con ansias conectar el golpe. Sin embargo, sin siquiera comprender lo sucedido, mi visión dio un giro rápido.

Me encontré en el suelo, boca arriba, y con un contundente dolor en la espalda.

- Comprendo. Tienes fuerza. Aun si optas por la espada, acabaras congelado en el muro o en el sur dentro de una pútrida zanja.

Estuve tentado a responder nuevamente, era lo que se merecía.

No tuve fuerzas para contradecir la maldita realidad.

- Esto, es una compensación y una oportunidad única. dijo

Una pequeña bolsa de cuero se estrelló contra mi estómago, el aire parecía escaso por unos segundos. La bolsa era suave y pesada, una idea absurda cobro fuerza en mis pensamientos.

- Pronto la Casa Bolton despertara el recelo de sus vecinos. Necesito toda la ayuda posible… hermano. dijo

- ¿Qué quieres? Respondí

No era lo que esperaba responder. Su maldita sonrisa aún seguía tan relajada como siempre. Pero sabía cuándo responder y cuando callar.

- Quiero que trabajes para la familia, por supuesto.

- ¿Me estás dando dinero? ¡Padre ya me da dinero!

- Que gracioso... ¿Crees que soy como él?

No respondí nada, no tenía las fuerzas.

- No importa la respuesta ahora, soy paciente. Debes buscarme después de tres años o cuando seas realmente útil.

- Se…Se lo diré a padre.

Contemple detenidamente su rostro. Era lo último que podía hacer. Un último esfuerzo en fastidiar los planes del causante de mi tormento.

- ¡Entonces díselo! ¡Sabes que te ignorara! ...Hasta entonces, busca al posadero llamado Arren, él sabrá que hacer contigo.

Y sin contemplaciones se fue.

Tan rápido como se fue, mi vida cambiaria de rumbo, sin siquiera haberme dado cuenta.

POV Ramsay

Levante el escudo lo más rápido que pude. Era pesado como una roca, sin embargo, la espada oxidada pesaba a un más.

Un golpe rápido me sobrepaso en fuerza. Tuve determinación de mantener el equilibrio, pero no pude y caí nuevamente.

- Mientras más te caigas más difícil será levantarte.

- ¡Lo sé! Respondí

- ¿Ah, ¿sí? ¿Entonces porque no te levantas?

- ¡Maldición!

Porque acepte este maldito trato. Recordando ahora, tampoco dije que aceptaría. Simplemente supe que no tenía forma contradecir a Domeric. Era como… ¿Estar hablando con padre? Pero el parecía tener su edad.

- ¡Levántate bastardo! Sabes cuánto me pagan por enseñar a un bastardo con tu.

- ¡No señor!

Respondí diligentemente. Aprendí a no burlarme del maldito instructor. Luego de recibir varios castigos en el "entrenamiento".

- El mocoso se fue y me dejo con un grupo de niños ineptos, puedes creerlo. Después de tantos años de servicio. Al menos la paga es buena.

Mientras el instructor hacia su monologo de costumbre, recordé una reunión pendiente.

- Instructor Locke, ¿Puedo… retirarme?

- ¿Uhmm…? ¿Porque motivo?

- Lord Arren, dijo que coordinaría mi aprendizaje hoy.

- Ya veo, puedes retirarte, te veo mañana.

Con un saludo me retire del patio de la casa de Lord Arren. Era grande, espacioso y podía acomodar fácilmente a todos. En los cuartos, donde se habían improvisado pequeñas aulas, se dictaban las clases de llamado "aprendizaje básico".

Recorriendo el lugar pudo ver a los niños, escribiendo en sus pequeñas pizarras en las aulas. Eran hijos de comerciantes la gran mayoría, el resto eran hijos de espadas juradas o sirvientes de la Casa Bolton.

Por muy inspirador que fuera todo, no le gusto ver el retrato de Domeric ocasionalmente expuesto. Un sentimiento de resignación se fue abriendo paso en su razonamiento.

- ¡Ay, Maldición! Exclamó.

Con un suspiro siguió su camino.

Pronto llego al lugar donde se encontraba su segundo benefactor.

Lord Arren alguna vez fue un humilde posadero. Recientemente se enteró que ahora era el principal mercader del "nuevo pueblo" de Dreadfort.

El "nuevo pueblo" como lo llamaban. Estaba compuesto de comerciantes en su mayoría, apenas en los últimos años emergió como pueblo. Todo gracias al comercio, por supuesto.

- Lord Arren, es Ramsay Snow.

Dije, después de tocar la puerta.

- Adelante.

Empuje la puerta y mire a Lord Arren. Estaba sentado en un escritorio, con pluma en mano y un tintero en la mesa. Varias hojas y varios estantes adornaban el lúgubre lugar. Para sorpresa suya no era el único invitado.

- Ramsay te presento a mí hija. Su nombre es Ela. Se encargará de impartir clases desde la otra semana.

- Ramsay Snow, para servirle Lady Ela. Se presentó.

No tenía idea de la etiqueta que usaban los nobles. Sabía que no tenía sentido reprocharme por algo que no sabía. Sin embargo, en este mismo instante, estaba contemplando aprenderlo. La hija de Lord Arren era hermosa indiscutiblemente.

- Estarás en su clase, desde la próxima semana. Ya puse tu nombre, es todo lo que tenía que decirte. Puedes retirarte muchacho.

- Entiendo, con su permiso, Lord Arren. Lady Ela.

Sin mucha contemplación me retire. Era hora de volver a casa. Esperaba que su madre haya logrado reunir más carbón para esta noche. Con lo de ayer no iba ser suficiente.

Tomo una última mirada de la entrada del recinto. Varios padres llegaban para recoger a sus hijos. Se preguntó si algún día su padre podría…Eso es imposible. Se dijo.

POV 290 – 11 años

Pulir la espada, aceitar la coraza. Duelos de prueba. Fijar las monturas y salir a lomos de un caballo, lanzar algunas flechas, regresar y repetir.

Despejando los recuerdo, comprendió la importancia de una planificación detallada de la vida. ¿Por qué no planifico bien la suya? se preguntó.

En el último año, los días de progreso se truncaron. No era culpa de Lord Redfort, definitivamente no, solo era su modo de vida. Era injusto querer cambiar eso.

Agradecí haber tenido compañía familiar todo este tiempo. En total éramos trece hombres Bolton, incluidos Drak, Dyron y un servidor. El resto tuvo que regresar a Dreadfort. Éramos extraños entre todos los hombres del Valle.

Los duelos se realizaban frecuentemente, eran propicios para desarrollar las habilidades del grupo. Muchos agradecieron poner a prueba sus habilidades.

En todo este tiempo, Lord Redfort siempre proyectaba una sombra de rectitud, en todos los ámbitos de su vida. No fue fácil de convencer. Al final los hombres pudieron quedarse como huéspedes.

Ser generoso con el estipendio que se le prometió, por mi estadía, fue un factor importante en su reticente hospitalidad.

Entonces aquí me encontraba nuevamente. Intentando convencer su proverbial ética y moralidad caballeresca.

No voy a mentir, toda la rectitud que mostraba al público, estaba sesgada. El ambiente de superioridad que emanaban, se lo ungían ellos mismos.

Estábamos con los grandiosos "Caballeros del Valle", después de todo.

- Entonces, ¿Estas abandonando?

- ¡No, mi lord! solo busco ampliar mis horizontes.

Respondí a Lord Redfort, tan agradecidamente como pude.

- Oldtown, solo son un grupo de ancianos presumidos. Todo futuro Lord debe entrenarse en la espada, guiar a su gente y dejar su huella en la historia. Historia que solo leerás, si te vas.

Era irónico, ver a un viejo presumido criticar a otros, viejos presumidos. Con todo, seguía siendo Lord Redfort. Algo de verdad puede tener sus palabras, sin embargo, tenía un camino que continuar.

- No abandono mi Lord, mi camino será siempre el de la lanza y la espada. Solo busco respuestas, el norte tiene mucho que aprender del sur.

- ¿Y qué puedes aprender de esos comedores de papel?

- Se dice que las tierras del sur siempre han sido más productivas, es de mi interés saber el porqué.

- La tierra es para los campesinos Domeric. Nosotros, nos debemos al honor…Como respetar el honor de nuestro adiestramiento.

Tenía intenciones egoístas en Oldtown. No por ello iba a contárselo a Lord Redfort, que creía en la superioridad de la fuerza. Pero podía darle a mi pedido un enfoque más honorifico, así la reticencia moralista de Lord Redfort caería por su propio peso.

- En mi tiempo aquí, he aprendido mucho, mi Lord. Ahora sé que, no hay mayor honor que ayudar a los desfavorecidos. Los campesinos del norte son los más desfavorecidos de todo Westeros.

- Eso puede ser cierto, pero, aun así…

- Mi Lord, es una misión que me impuse desde que tengo memoria. Traer bienestar a la gente menos favorecida de mis tierras.

Sus ojos se cruzaron con los míos por un breve momento. Un suspiro escapo de sus labios. Estaba acaso aliviado o era un suspiro de derrota, no lo sabía.

- Esta bien Domeric, tú ganas. Pero tu padre debe ser consciente de este trato. Además, estoy preocupado por tu adiestramiento. Eres mi escudero, después de todo.

- Dyron y Drak siempre tienen duelos conmigo.

- Eso espero. Doy por hecho que eres un muchacho muy disciplinado.

- Agradezco sus palabras.

- Bien, entonces, solo queda informárselo a tu padre.

Después de escuchar su conclusión, una sonrisa se dibujó en mi rostro.

Mis manos rebuscaron una carta bien resguardada en mi abrigo. Al ver la carta una expresión de incredulidad se pasmo en el rostro de Lord Redfort.

- ¡Debes estar bromeando! Dijo

- Lo siento, mi Lord. Mi padre es un hombre muy severo. Quería saber su opinión, antes de planteárselo a usted.

- Ya…no importa, solo dame el maldito mensaje, a todos esto… ¿Cuándo planeas emprender el viaje?

- ¿Talvez…Mañana?

¿Podría ser que Lord Redfort estuviera bajo mucho estrés últimamente? Juraría que sus arrugas se hicieron más notorias en su rostro, en ese instante.

Sinceramente quería emprender el viajar en ese mismo instante, pero tenía la duda ¿Sera esto lo correcto? Además, era mejor emprender el viaje al alba.

- Es muy pronto, supongo que ya no importa. Haremos una fiesta en tu honor.

- Se lo agradezco, lo espero con ansias.

- ¡Que no se diga que los Redfort somos malos anfitriones!

- Si, mi Lord.