Chapter II

I

Hermione decidió que el mejor curso de acción era ignorar por completo el lazo. En realidad, resultó ser más fácil de lo que pensaba: el hilo rojo no lo sentía en su dedo meñique y atravesaba a cosas y personas por igual, lo cual le hacía ignorarlo bastante fácil. Excepto, por supuesto, en clase de pociones.

Observaba con curiosidad como el hilo se hacía más grande o pequeño dependiendo de la cercanía que tuviera el Profesor Snape a ella. Incluso había llegado en un momento a mover la mano hacia atrás y hacia adelante para ver si la mano del profesor se movía también; por suerte eso no pasó. Le costaba algo de trabajo concentrarse en cortar los ingredientes cuando veía el hilo flotando frente a ella y de vez en cuando se había reído cuando atravesaba la cabeza de alguien. Esto último le había costado en varias ocasiones puntos menos a su casa.

Había tratado, en medida de lo posible, no pensar mucho en el significado del hilo y el que su alma gemela fuera el profesor más temible del Colegio. Lo poco que había logrado encontrar al respecto confirmaba lo que Ginny le había dicho: que no es un hechizo de amor. Dos almas gemelas no tenían por qué enamorarse. Había estado en todas las secciones de la biblioteca intentando encontrar un libro sobre hechizos de almas, pero no había tenido suerte. Así que no le quedaba de otra más que pedir ayuda.

─Ginny, ¿sabes alguna forma de anular el efecto de la poción?

─No ─contestó la peliroja y tomó otro sorbo de su taza de té─. Nunca me dijiste quién era.

─¿Quién era qué? ─preguntó intentando hacerse la desentendida y encontrando repentinamente el pasto bastante interesante como para mirar a su amiga.

─Tu alma gemela, por supuesto.

Hermione podía sentir la mirada de Ginny atravesando su cabeza, pero intentaba con todas sus ganas no verla para que no descubriera lo nerviosa que la ponía la pregunta. Empezó a arrancar parches de pasto para distraerse.

─No, no sé. Es solo que me molesta verlo flotando por ahí.

─Bien, entonces no te digo nada ─respondió Ginny volviendo a su taza.

─El profesor Snape ─dijo rápidamente Hermione lo más bajo que pudo.

─¿Qué? ─la peliroja tomó el hombro de su amiga y la volteó hacia ella─ ¿Qué has dicho?

─Dije, que mi hilo está atado al profesor Snape ¿Ya? ─Hermione dijo lo último casi pegando un grito y aventando por los aires el último parche de pasto que había arrancado.

Ginny se quedó mirando a su amiga unos segundos.

─Estas bromeando.

─No ─dijo la castaña y soltó un suspiro. Luego se llevó las manos a la cara y fingió llorar─. Mi alma gemela es el Profesor Snape.

Tuvo que aguantar unos minutos a que la risa de la menor se acabara. Unos minutos que le parecieron eternos.

─Entiendo la necesidad de anularlo ─contestó finalmente─. No sé cómo hacerlo, pero puedo preguntar. ¿Ya has buscado en la biblioteca?

─No tienen nada sobre pociones de almas, ya probé todos los hechizos que se me han ocurrido de anulación y ninguno funciona ─frustrada se dejó caer sobre el pasto y admiró los patrones de luz que se colaban entre las hojas del árbol donde estaban sentadas.

─Bueno Hermione, si tú no lo puedes anular es probable que sea imposible.

Ya había pensado en eso y no le gustaba para nada que fuera cierto.

II

El profesor Snape siempre parecía tener algo horrible que contestarle, aunque desde su punto de vista nunca lo merecía. Esto ayudaba a respaldar su teoría de que la poción definitivamente se había equivocado. La única otra persona que parecía todavía odiar más era a Harry, por eso no le sorprendió cuando su amigo le atacó en la casa de los gritos.

De alguna forma, el profesor siempre se las apañaba para encontrarse con ellos, estuvieran donde estuvieran. Hermione pensó que quizá fuera algo relacionado al hilo, pero lo descartó recordando que desde primer año estas cosas pasaban.

Ahora estaba arrodillada asegurándole a Ron que no perdería la pierna por la mordedura de Sirius Black cuando escuchó los extraños ruidos que Remus Lupin estaba haciendo; claro, era luna llena ¿cómo se le había escapado esa vital información?

Lo que sucedió después la dejó atónita cuando el profesor Snape salió del pasadizo para dirigirse a ellos

—¡Ahí estás, Potter! —le dijo el profesor a Harry pero luego al darse cuenta de la situación se interpuso entre ellos y el hombre lobo.

"Es un profesor, es su deber protegernos" pensó Hermione, tratando de no leer más allá de lo que debería. Podía sentir el brazo de su profesor tomándola con fuerza para posicionarla detrás de él. El primer zarpazo apenas rozó la túnica del Profesor pero aún así, no pudo evitar que el pánico se apoderara de ella. Sin embargo, el Profesor se paró nuevamente y volvió a ponerse en su posición anterior. Hermione entendió que aun cuando las fauces del feroz animal se abrían y se cerraban delante de ellos, supo jamás llegaría a tocarla. Se aferró, con la mano que tenía el hilo, a la manga de la túnica negra del profesor mientras este la colocaba incluso más lejos del peligro. Cuando un aullido alejó al profesor Lupin se relajó, pero no soltó su agarre.

Ron estaba gimiendo en el suelo, lo que la sacó del trance y finalmente, con una mirada inquisitiva por parte del profesor, dejó libre su manga. Probablemente estaba ruborizada, pero esperaba que por la noche nadie pudiera notarlo.

Al final del curso, cuando Ginny le dijo que aparentemente no había forma de anular el hechizo, Hermione ya no pensaba que fuera realmente algo tan malo.