Chapter III

Nota de la autora: Y, ahora un poco de cómo lo ve el profesor Snape ;)

I

Severus Snape pocas veces recurría a la ayuda de alguien más. Pero la situación lo demandaba.

─Tengo un problema ─dijo a regañadientes una vez que se encontró frente al escritorio del Director del colegio.

Albus Dumbledore era la única persona en la que Severus confiaba. Le confiaba su vida y le había confiado la vida del ser que más le importaba en el mundo: el hijo de Lilly.

─Todos tenemos problemas, Severus ─contestó el anciano juntando sus manos sobre la mesa─. Unos más grandes que otros.

─Hace más de una década que mi lazo se conectó. No le di importancia en el momento, pero encontré el final del hilo.

Hace años que Severus le había contado a Dumbledore que durante sus días de estudiante en Hogwarts había hecho la poción de las almas para saber si Lilly era su alma gemela. Cuando descubrió que su hilo rojo terminaba abruptamente a unos centímetros del inicio, lo había interpretado como que era libre de elegir a quien quisiera; y había elegido amar a Lilly.

─Todo este tiempo creías que no tenías alma gemela, ¿no te alegra encontrarla? ─preguntó Albus mirando a su amigo por encima de sus gafas de media luna.

─No. No solo es una niña, es una estudiante: Hermione Granger.

A pesar de que la noticia le había impactado horas antes cuando había visto el final del hilo en la ceremonia para los de primer año, su voz no denotaba nada. Había estado sentado en el comedor esperando ver a qué casa iba a mandar el sombrero seleccionador a Potter, pero se encontró con la pequeña leona de Gryffindor que estaba del otro lado de su hilo. No hacía falta decir que casi no había podido comer bocado durante el banquete.

─¡Ah! ─exclamó el Director y se levantó de su asiento para caminar hacia la pared y acomodar unos cuadros que, desde el punto de vista de Severus, no necesitaban acomodarse─. Las pociones del alma no tienen en cuenta la edad de las personas, es un vínculo que va más allá. Tiene más que ver con el impacto que tendrá esa persona en tu vida. Tus acciones repercutirán en la vida de tu alma gemela incluso si nunca llegaras a conocerla. En este caso seguramente existe una buena razón para que sea ella. ¿Has pensado qué harás al respecto? ─le preguntó fijando nuevamente su mirada en él.

Hasta la pregunta ofendía, por supuesto que lo había pensado.

─Lo mismo que he hecho todo este tiempo: ignorarlo.

II

Cuando llevas más de 20 años con un maldito hilo rojo colgando del dedo meñique de tu mano, eventualmente aprendes a ignorarlo. Lo que no estaba acostumbrado a ver era el final de dicho hilo. La verdad es que no tenía tiempo para preocuparse mucho por la leona; tenía su trabajo de tiempo completo como niñera de Potter y las cosas le parecían perfectas así.

La primera interacción que tuvo con Granger fue durante la clase de pociones con los de primer año. Por suerte Potter estaba ahí para distraerlo, pero la niña estaba haciendo su mejor esfuerzo por llamar su atención levantando la mano una y otra vez para contestar sus preguntas. Se acercó a ambos para intimidar al pelinegro y observó lo pequeño que se volvió el hilo al quedar frente a ellos.

—Baja la mano niña boba —le dijo a Granger inmediatamente y después de dejar en ridículo a Potter se retiró a su lugar frente a la clase.

Decidió que jamás quería que el hilo volviera a ser tan corto. Lamentablemente, las cosas jamás le salían como él quería. Trataba, realmente trataba, de alejarse lo más posible de la Gryffindor, pero parecía ser una tarea imposible.

El incidente con el Troll fue la primera vez que decidió seguir el hilo rojo. Tenía entendido que todos los alumnos deberían estar en sus respectivos aposentos, tal como había ordenado Dumbledore, pero el hilo rojo no se dirigía a la Torre de Gryffindor si no hacia los baños cercas del gran comedor. ¿Qué hacía Granger ahí? Cuando llegó y observó al Troll desmayado junto a Potter, Weasly y Granger tuvo el mal presentimiento de que solo era el principio de sus problemas.

Su teoría resultó ser correcta cuando su abrigo repentinamente se prendió fuego durante el primer juego de quidditch de Potter. Él estaba tratando de lanzar un contra maleficio para salvar al chico y Granger decidía prenderle fuego como agradecimiento. Realmente era fascinante cómo esa niña parecía estar dispuesta a sacarle su lado malo.

Si tan solo Potter hubiera elegido otra mejor amiga que no fuera Granger. Pero no, no le podía facilitar la vida ¿verdad? A mediados de segundo año se dio cuenta que Potter y Granger venían en un paquete, completado por el menor de los varones Weasley. Lo que era peor era la manía que tenían los tres para meterse en problemas.

Esta vez Granger había sobrepasado un nuevo límite, primero el incidente que la hizo medio gato. Le dio un sermón sobre su incompetencia y su falta de visión al haber realizado una poción multijugos sin permiso y que además le había salido mal. No quería estar atado a una chica medio gato el resto de su vida; siendo humana ya daba demasiados problemas. Se dedicó a prepararle la poción para regresarla a su forma original y dejó que Madame Pomfrey se encargara de ella.

El segundo incidente fue considerablemente mayor que el primero, aunque no podía exactamente culparla: la habían petrificado.

—¿Cuánto tiempo falta para que las mandrágoras estén listas? —le preguntó a la maestra de herbolaria secamente.

—Un par de semanas, Severus.

Se giró haciendo sonar su capa al salir del invernadero. No estaba preocupado realmente, pero no le terminaba de gustar la idea de que Granger estuviera petrificada. Aunque podría ser peor, mucho peor. Fue a visitarla una sola vez a la enfermería y tuvo la increíble suerte de toparse con Dumbledore por lo que se quedó parado en la entrada sin saber realmente qué hacer. Podía inventar una excusa, pero probablemente era imposible engañar al Director.

—Deberías pasar Severus —le dijo el mago pero al ver que no se movió continúo— Puedo asegurarte que vamos a restaurar a Hermione sin problemas.

El profesor Snape lo pensó un momento y decidió regresar a las mazmorras. Si Albus decía que no tenía de qué preocuparse entonces ahí terminaba el asunto. Cuando para final de año la vio entrar al gran comedor y correr a abrazar a Potter algo en su interior se relajó, algo que no sabía que estaba tenso. Ese maldito hilo y esa niña iban a terminar por volverlo loco un día de estos.

III

Ahora su hilo se partía en dos y tenía una idea de a quién culpar.

─La profesora McGonagall le ha dado a Granger un Giratiempo ─soltó enojado. Últimamente pasaba mucho tiempo en los aposentos de Dumbledore.

─Ah, Severus, toma asiento ─el director señaló la silla frente a él.

─No ─respondió cortantemente y se cruzó de brazos.

─Estoy al tanto del Giratiempo de la señorita ─dijo enfatizando la palabra─ Granger. Está tomando varias clases que son en el mismo horario.

─Tengo demasiados problemas con un solo hilo, no necesito dos ─contestó mirando a Albus con algo de ira y giró rápidamente sobre sus talones para dirigirse a la salida.

─Ya te habrás dado cuenta, Severus, pero probablemente la razón por la que has podido cumplir con tu deber es gracias al lazo que te une a Hermione.

Severus se quedó unos segundos frente a la puerta, pero no contestó nada. Tampoco es como si Albus esperara que contestara algo. Salió de la oficina y se dirigió a su siguiente clase.

Muy a su pesar, quizá Albus tenía razón, para variar.

En momentos como este resultaba bastante fácil encontrar a Potter si seguía el hilo rojo. Las probabilidades de que Granger estuviera con él eran favorables, a lo mínimo. Que el hilo se internara en el sauce boxeador hacía que deseara que sus probabilidades estuvieran mal. Lamentablemente, no se equivocaba.

Que fuera luna llena solo hacía que Severus realmente deseara nunca haber hecho la maldita poción de joven. Quizá, algún día encontraría la forma de anularla.

Cuando la pequeña maga se aferraba a su manga, aun con el peligro corriendo hacia el bosque prohibido, le mandó una mirada inquisitiva. Últimamente las reacciones que Granger tenía cercas de él le llamaban la atención. Los lugares a los que su hipótesis podía llevar le aterraban, así que decidió ignorarlos.

Una vez que dejó al joven Weasley en la enfermería fue inmediatamente con Dumbledore.

─¿Estás seguro de que se removió hasta el último libro relacionado con hechizos de almas de la biblioteca? ─No había planeado que la pregunta saliera tan brusca, pero la idea de que Granger hubiera hecho un hechizo de almas le daba algo de pánico.

─Estoy seguro, Severus ─contestó tranquilamente Albus mientras dejaba caer otro de sus recuerdos en el Pensadero.

Severus se giró, sabiendo que Albus jamás le mentiría. Quizá solo estaba imaginándose cosas.

─Sin embargo ─Severus paró en seco escuchando esto─, ambos sabemos que el arte de las almas no es un arte perdida y seguramente los libros en Hogwarts no son los únicos con sus hechizos.

Instantáneamente el pelinegro volvió a mirar a su mayor. ─Pero Granger no tiene la habilidad para llevar a cabo esa poción.

─Tampoco para la poción multijugos.

El profesor de pociones maldijo internamente su suerte. ¿Por qué carajos tenía que ser Granger tan hábil?