AMOR A PRIMERA VISTA…

-… por lo visto, mi pequeño necesitara mas cuidados de ahora en adelante.- informa el capitán sin dejar de ver a su teniente.

-tu bebé es… lindo, Skipper.- alaga el teniente cuidando de no tartamudear.

-lo sé, es fruto del amor que Marlene y yo nos tenemos Kowalski.- agradece seguido de mirar a su esposa, que tragaba en seco disimuladamente.

-Skipper, me siento tan feliz por… nuestros hijos.

-yo también linda… yo también.

-ya es muy noche.- interrumpe el joven pingüino.- ¿por qué no mejor dejamos descansar a Marlene?, debe sentirse muy agotada al dar a luz.

-estoy de acuerdo contigo cabo.- lo apoya el teniente.- ¿nos vamos?

-váyanse ustedes, yo me quedare con mi esposa.- responde el líder.

-de acuerdo, es tu decisión.- acepta el teniente saliendo del cuidado animal junto con los demás. Ya al llegar a la base los tres pingüinos aguardaron a su capitán aun dentro de la base, ninguno se atrevía a salir a alguna otra parte.

-hace mucho que ya no te veo entusiasmado con Doris, Kowalski.- le habla el más joven encendiendo el televisor.

-la verdad… ya no me interesa, creo que por fin me di por vencido y acepte mi derrota de perderla, ella y yo no somos tal para cual.- responde.

-son muy lindos los hijos de Marlene…

-sí, estoy de acuerdo contigo.

-uno e pahece a ti.- le comenta el psicópata.

-ese niño… yo… no sé por qué el parecido conmigo… pero… eso no es mi problema.

-es cierto, pero en fin, ya se verá el peque.- Kowalski aun nervioso camina hacia su laboratorio y se encierra por completo.

-uno de mis hijos es idéntico a mi.- exclama con alegría mientras sonreía.- me siento tan feliz por mi pequeño… pero el que debe de estar también muy feliz es Skipper, el muy ingenuo piensa que son su sangre, ¡pero que se ha creído!, yo debería de estar ahí con Marlene como mi mujer y con mis hijos que si llevan mi sangre.- se queja hablando por sí solo, sentía dentro de él un tornado que lo molestaba, llenándolo de coraje.

A la mañana siguiente lograron dar a la nutria de alta, llevándola a su habitad con sus tres hijos, al meterse a su cueva se recostó sobre su cama y durmió un rato, que para ella fue como un milenio, mientras que las tres crías dormían en sus cunas. Poco tiempo después sintió como algo se posiciono sobre sus labios, despertó de un susto y miro a su amante sentado en su cama a un lado de ella.

-me asustaste.

-¿qué?, ¿no te agrada verme?

-por supuesto que si.- responde besándolo apasionadamente.-es solo que, no me avisaste con tiempo que vendrías, ¿Skipper no te vio?

-no, está muy ocupado revisando los expedientes confidenciales.- contesta levantándose y caminando hacia las cunas.- la verdad, quería ver a mis hijos.- los mira primero muy detenidamente.

-son muy lindos.- se acerca a él para susurrarle al oído.- por que se parecen a su papá.- Kowalski sonrió ante ese cumplido y la toma de la cintura con una aleta.- ¿quieres cargar a uno?

-si.- responde inmediatamente sin esconder la curiosidad que se presentaba en el por conocer a sus hijos. Toma uno entre sus brazos y lo destapa un poco de su manta para mirarlo mejor, cargaba entre sus brazos a la nutria, que poco a poco comenzaba a abrir sus ojos, ya que la había despertado al cargarla, tenía el color de ojos de la madre y su pelaje era más café oscuro que el de Marlene, en pocas palabras, era casi el vivo retrato de ella.- pero que hermosa es.

-la verdad sí, es tu hija…-lo toma de un hombro.- es nuestra hija.

-lo sé mi amor.- responde besándola delicadamente en los labios. Regresa la pequeña a la cuna y mira a los otros dos.- tratare de hacer todo lo que esté en mis manos para amar a mis hijos como se merecen, no dejare el papel paternal a Skipper por que se que son mis hijos en verdad.

-¿estás celoso de él?.

-un poco, ¿por qué?

-solo curiosidad.- responde sonriendo un poco.

-oye, vamos al lago a…- la toma de la cintura y comienza a besar su cuello.- divertirnos un poco.

-pero si vamos, ¿Skipper no sospechara?

-no, está muy ocupado, vamos.- la anima dejando de besarla.

-está bien, vamos, pero solo por un rato.- acepta con condiciones, se toman de la pata y aleta, saliendo de la cueva, rumbo a su destino.

Caminaron muy poco tramo, pues el lugar al que querían llegar era al parque, donde ahí, buscaron un pequeño lago que se encontraba entre ese lugar, Kowalski lo conocía muy bien por la mamá de huevín. Primero se sentaron en el pasto que rodeaba el lago.

-es la primera vez que vengo acá.- confiesa la hembra mirando a su amante que se sentaba a su lado.

-¿enserio?, Skipper nunca te trajo aquí cuando te llevaba a citas o algo parecido?

-no, nunca, eres el primero que me muestra este bellísimo lugar, gracias.

-de nada mi amor.- agradece besándolo mientras sentía como la abrazaba por los costados y ella lo abraza por el cuello, poco a poco comenzaban a acostarse sobre el pasto, se mantuvieron así hasta que al macho se le había ocurrido una idea.

-¿qué pasa?.- pregunta la nutria sintiendo como el pingüino cortaba el beso.

-quiero que esto sea perfecto.- le habla acariciando uno de sus hombros.- ¿quieres nadar un poco?

-… creo que sería refrescante y… me sentaría muy bien.- acepta sonriéndole. Ambos animales se pusieron de pie y comenzaron por remojar sus patas en el agua, hasta que poco a poco comenzaron a entrar al lago refrescante, mojando casi por completo parte de sus piernas, seguido de la cadera y finalmente entrando por completo, nadaron un poco para acostumbrarse a la temperatura del agua. Kowalski la persiguió nadando hacia ella, hasta tomarla por sorpresa, aprisionándola contra él, tomándola de la cintura. Marlene no paraba de reír, enredo sus brazos en su cuello y comenzaron a besarse agresivamente.

Kowalski ante esto siguió con su juego, se separo un poco de ella para tomar aire y siguió besándola de esa manera, quito sus aletas de su cintura para después cargarla entre sus brazos, Marlene ante esto corto el beso y le sonrió muy picaronamente. El pingüino dejo de cargarla y con una aleta comenzó a acariciar su espalda de arriba abajo, mientras que con la otra comenzaba a acariciar una de sus piernas, mientras besaba su cuello. Marlene no evito gemir ante esa pequeña sensación de placer. Ella lo abrazo con las piernas por la cadera y con ambas patas comenzaba a arañar su espalda, sabía a la perfección que eso lo volvía loco, y pocos segundos después pudo aprobarlo, ya que comenzaba a escucharlo gemir al sentir sus garras sobre sus plumas.

Los amantes siguieron disfrutando de aquel momento, si saber que se acercaba a ellos una compañía.

-hola… ¿ha-hay alguien ahí?.- pregunta una voz femenina muy temerosa. Los amantes ante esa pregunta se separan y miran adelante de ellos a una pingüina que tenia la mirada perdida en el suelo, traía un palo de madera con una aleta que la apoyaba en el suelo a una gran distancia de ella, que le servía como una guía para saber a dónde caminar. Marlene miro a la hembra un poco disgustada, había algo en ella que en el interior le molestaba por completo aun sin saber que era, mientras que Kowalski por otra parte la miraba de arriba abajo sin parar, le parecía… atractiva, esa era la única palabra que se le venía a la mente al verla, sus ojos verdes esmeralda, una cintura perfecta y bien curveada. El pingüino sintió dentro de él una gran sensación que no había sentido antes al estar con Marlene, era algo muy diferente a tan solo sentirse como un simple amante.