AMAR SINCERAMENTE…
Kowalski comenzó a nadar hasta ella, haciendo ruido con el agua por supuesto al aletear, la pingüina alzo su palo de madera y se puso en guardia, aun con la misma mirada que antes. Kowalski logro salir del agua y se aproximo a ella, sin evitar hacer ruido al caminar, la pingüina en un acto de temor y desesperación comenzó a golpear con su palo, todo lo que estaba a su paso.
-tranquila, tranquila.- pide esquivando el palo de madera.- no te voy a hacer daño.- la hembra suelta el palo al suelo y da pasos hacia atrás para alejarse, pero cae al suelo al tropezarse con una roca.
-por favor no me haga daño, se lo suplico.- pide desesperadamente.
-tranquila.- Kowalski la toma de una aleta y la ayuda a levantarse.- jamás en mi vida te aíra daño.- aclara mirándola directamente a los ojos, comenzaba a hipnotizarse con esos ojos esmeralda que lograba apreciar a la perfección.- ¿cómo te llamas?.- pregunta agachándose hacia el suelo, toma el palo de la hembra y se lo entrega en una de sus aletas.
-A-Anastasia.-responde aun un poco temerosa.
-ya te dije que no tienes por qué temer… ¿eres ciega verdad?
-si… lamentablemente en un accidente, perdí la vista.
-¿tienes familia?
-no, no he sabido nada de mi familia desde que me quede ciega… pero, tu no me has dicho tu nombre.
-me llamo Kowalski.- se presenta acariciando una de sus aletas.- pero me puedes decir de cariño KoKo.
-¿KoKo?.-pregunta seguido de reírse un poco.- será muy extraño y divertido a la vez decirte así, jajaja aun así, gracias por tu amistad y tu confianza.
-no hay nada de que agradecer…
-Kowalski.- lo llama la nutria saliendo del agua y caminando hacia la hembra.
-¿quién es?.- pregunta la pingüina al oír la voz femenina.
-ella es…
-hola.- la saluda Marlene, tomando a Kowalski de la aleta.
-hola.- saluda ella también.
-¿puedo saber quién eres tú?.- le pregunta de mala gana.
-ella es Anastasia.- contesta Kowalski por ella.- es ciega y necesita de nuestra ayuda.- opina volteando a ver a la nutria, asombrándose así mismo al verla mirar a la pingüina de arriba abajo.
-bueno, yo no necesito la ayuda de nadie… pero…
-pero nada, necesitas de mi ayuda.- suelta la pata de la nutria y toma nuevamente la aleta de la pingüina.
-pero que no la oíste que no necesita la ayuda de nadie.- reclama el mamífero al pingüino, jalándolo nuevamente hacia ella.
-ella tiene razón Kowalski, te agradezco en verdad todo esto que haces por mí, pero…
-por favor Anastasia, ¿a dónde vas a ir?, ¿qué vas a comer?, ¿dónde vas a dormir y atajarte de la lluvia?
-no lo sé, pero… no quiero dar molestias.- responde un poco apenada y agachando la cabeza muy ligeramente.
-tu jamás me darías molestias Anastasia, al menos déjame ofrecerte algo para que puedas comer, ¿sí?.- la pingüina se queda callada por unos momentos, pensando en la proposición del pingüino. Kowalski rogaba en su mente su aprobación para llevarla al cuartel, presentarla ante todos y que ella a su vez, aceptara quedarse a vivir con ellos, ahora que sabía que era ciega, sentía más necesidad de tenerla cerca, para protegerla, ayudarla con su problema de la vista, pero sobre todo… para amarla, sentía amor sincero hacia ella.
-bueno… está bien.- acepta después de mucho haberla pensando. Kowalski sonríe para sí mismo y la toma nuevamente de la aleta.
-te ayudare con el camino.- se ofrece comenzando a caminar con ella, olvidándose por completo de la nutria, Marlene por otro lado comenzaba a sentir odio por aquella pingüina, la miraba con cara rabiosa y con mirada asesina. No podía soportar la idea de que se quedara a vivir con los pingüinos para siempre. Dejando atrás su envidia camina detrás de la pareja. Se les hizo largo el camino de regreso, ya que tenían que ayudar a Anastasia a caminar con cuidado para que no tropezara o tuviera problemas en el camino.
-Kowalski, ¿a dónde nos dirigimos?
-al zoológico de Central Park.
-¡al zoológico de central Park!.- repite asombrada con una sonrisa.
-sí, ¿por qué?, ¿lo conoces?
-si, solía venir cuando era niña con mi abuelo, pero esos paseos se acabaron cuando él murió.
-lo siento mucho.
-no te preocupes, después de todo, agradezco todo lo bueno que viví con el.- continuaron con su camino, Kowalski la llevo al interior de la base por la otra puerta.
-Kowalski, ¿dónde está…- el capitán interrumpe su pregunta al verlo entrar con la hembra.-¿quién es esa pingüina?
-Skipper.- voltea a ver a los otros dos machos.- cabo y rico, quiero presentarles a Anastasia.
-hola Anastasia.- la saluda cabo muy amistosamente como siempre.
-hola.
-Anastasia, quiero darte la bienvenida a nuestro cuartel.- se acerca a ella y le extiende su aleta para saludarla de otra manera.
-Skipper, Anastasia es ciega.- le informa haciéndolo bajar su aleta.
-¿ciega?... ¿y tienes familia o alguien que te cuide?.
-no, no cuento con nadie.
-decidí traerla para que pudiera comer algo.- lo toma del brazo y lo aleja un poco de la hembra.- Skipper por favor, debemos ayudarla, no tiene a nadie que vea por ella, no vive en ningún lugar, no hay que dejarla ir.- Skipper se queda pensativo en su proposición, dudaba en realidad el mantener a esa hembra adentro de la base, pero tampoco tenía el corazón tan duro para abandonarla en la calle a su suerte.
-está bien, pero si ella no desea quedarse aquí, tendremos que dejarla, no podemos obligarla a permanecer aquí si ella no quiere, ok.
-si Skipper, gracias.- agradece regresando de nuevo con Anastasia, la guía hasta la mesa y ya todos juntos se sientan a comer, por otro lado, la nutria nadaba molesta en el estanque de su habitad, sale de ella y entra al interior de su cueva, no podía sacarse de la cabeza a esa pingüina ciega, hermosa y atractiva para su amante.
-¿pero quién se ha creído?, ni que fuera tan hermosa y atractiva.- comienza a encelarse sentándose en la cama.- ¿pero que tiene ella que hizo a Kowalski olvidarse de mí por completo para irse con ella?... me molesta.- se queja por última vez frunciendo el seño.
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-la comida estuvo deliciosa, gracias.- agradece colocando la servilleta encima de la mesa.
-la comida siempre le queda deliciosa a rico, es un excelente soldado y cocinero.- admira a su experto en armas regalándole una sonrisa.
-jajaja es bueno contar con un soldado así… les agradezco todo lo que hacen por mi… supongo que ya es hora de retirarme.
-Anastasia por favor, lo más conveniente es que te quedes a dormir aquí con nosotros.
-pero Kowalski ya son muchas molestias.
-nada de eso, por favor no te vayas.- pide tomándola de ambas aletas.-te lo suplico, no me imagino dejarte ir sola a enfrentar el mundo.
-Kowalski…-pronuncia su nombre en un susurro al ver su preocupación por ella, podía darse cuenta en su voz que él la quería proteger de todo.- yo…
-Anastasia escucha a Kowalski, el tiene razón, como podrías irte tu sola.- pide el capitán.
-es que…- agacha su cabeza y suspira un poco.- está bien, solo por qué Kowalski me lo pide.- acepta sonriendo. El macho también sonríe y la sontnua mirando sin parar.
El día paso rápidamente, todos comenzaron a costarse en sus literas correspondientes, Skipper se retiro al habitad de la nutria y todos los demás se quedaron en la base.
-Kowalski, ¿a dónde voy a dormir?.- pregunta Anastasia con la mirada baja.
-en la litera de Skipper.- responde tomándola de la cintura, seguido de cargarla para ayudarla a subir a la litera de arriba.
-gracias.- agradece la hembra sonriéndole y ubicándose en la litera de cemento, se acuesta por completo y pronto, comienza a cerrar sus ojos para dormir, haciéndoles notar que ya estaba demasiado cansada.
3:25 pm, esa era la hora en la que el científico se despertó debido a un llanto que lo despertó, se sentó en la litera y se asomo a la litera de abajo, descubrió que era Anastasia llorando.
-Anastasia, ¿qué tienes?.- le pregunta sin dejar de observarla.
-es que… extraño a mi familia.- responde limpiándose sus lágrimas.
-no llores.- le pide bajando a su litera, se sienta en ella y le acaricia su cabeza.- no me gusta verte triste ni mucho menos escucharte llorar.- confiesa obteniendo la atención de la pingüina y se sienta ella también en la litera a su lado.- Anastasia, yo…
-yo también te amo Kowalski.- confiesa colocando ambas aletas en su pecho.- se que tu también me amas… ¿no es cierto?
-si es cierto mi amor.- confiesa el también colocado sus aletas en su cintura que siempre lo tentaba. La pingüina al sentir sus aletas, enreda sus aletas en su cuello y comienza a besarlo muy apasionadamente. Kowalski no se quedaba atrás y pronto comenzó a crear un camino de besos que conducía desde su pico hasta su cuello, continuando con los pellizcos sensuales, logrando escucharla gemir al empezarlos.
-Kowalski.- lo llama obteniendo su atención.- hazme el amor.- pide en un susurro. El pingüino al escuchar su petición perdió la cordura, empezó a cumplir lo pedido sin importar que cabo y rico dormían cerca de ellos. Comenzando a llenar el ambiente de calor, gemidos y jadeos de placer…
El pingüino despertó de su sueño, regresando a la realidad, se asomo a la litera de la hembra y la vio dormir, todo había sido un sueño, una simple fantasía, que tanto deseaba convertir en realidad.
